Hacia el IV Centenario de la muerte del Padre Ricci
Décimo Aniversario de la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación
Décimo Aniversario
de la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación
Han pasado exactamente diez años desde que, el 31 de octubre de 1999, en Augsburgo, altos representantes de la Federación luterana mundial y de la Iglesia católica firmaron la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación. Más tarde, en 2006, también se adhirió a ella el Consejo metodista mundial. Ese documento confirmó que existía un consenso entre luteranos y católicos sobre algunas verdades fundamentales de la doctrina de la justificación, verdades que nos llevan al corazón mismo del Evangelio y a cuestiones esenciales de nuestra vida. Dios nos acoge y nos redime; nuestra existencia se inscribe en el horizonte de la gracia, es dirigida por un Dios misericordioso, que perdona nuestro pecado y nos llama a una nueva vida en el seguimiento de su Hijo; vivimos de la gracia de Dios y estamos llamados a responder a su don; todo esto nos libera del miedo y nos infunde esperanza y valentía en un mundo lleno de incertidumbre, inquietud y sufrimiento. El día de la firma de la Declaración conjunta, el siervo de Dios Juan Pablo II la definió “una piedra miliar en el arduo camino del restablecimiento de la unidad plena entre los cristianos” (Ángelus, 31 de octubre de 1999: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 5 de noviembre de 1999, p. 1). Este aniversario es una ocasión para recordar la verdad sobre la justificación del hombre, testimoniada juntos, para reunirnos en celebraciones ecuménicas y para seguir profundizando en esta temática y otras que son objeto del diálogo ecuménico. Espero de corazón que este importante aniversario contribuya a hacernos avanzar por el camino de la unidad plena y visible de todos los discípulos de Cristo.
Benedicto XVI
¿Por qué el Vaticano se interesa de Astrobiología?
PONTIFICIA ACADEMIA CIENCIAS: SEMINARIO ASTROBIOLOGIA
CIUDAD DEL VATICANO, 10 NOV 2009 (VIS).-Esta mañana, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, se presentaron las conclusiones de “Astrobiology”, la Semana de Estudio organizada por la Pontificia Academia de las Ciencias y el Observatorio Astronómico Vaticano.
Intervinieron en el acto el padre José Funes, S.I., director de la Specola Vaticana (Observatorio astronómico), los profesores Jonathan Lunine, del Departamento de Física de la Universidad romana de Tor Vergata (Italia); Chris Impey, del Departamento de Astronomía y del Observatorio de Steward, de la Universidad de Tucson (Arizona, EE.UU.) y Athena Coustenis, del Observatorio de París-Meudon, LESIA/CNRS (Francia).
“¿Por qué el Vaticano se interesa de Astrobiología?”, se preguntó el Padre Funes en su intervención, y respondió que si bien esta ciencia abarque “un ámbito nuevo y todavía en estudio, las cuestiones de los orígenes de la vida y de su existencia en otros lugares del universo son muy interesantes y merecen gran atención, además de presentar implicaciones filosóficas y teológicas”.
“La astrobiología es el estudio de las relaciones de la vida con el resto del cosmos: sus temas principales abarcan el origen de la vida, sus antecedentes, la evolución de la vida en la tierra, sus perspectivas futuras fuera y dentro de este planeta. (…) La Semana de Estudio brinda a los científicos de diferentes disciplinas básicas la oportunidad de comprender cómo el trabajo en sus especialidades particulares puede repercutir en otros ámbitos. Esto es evidente, más que en ningún otro sector, en el estudio de cómo se formó la vida en la Tierra y evolucionó con los diversos cambios de ambiente”, explicó el profesor Lunine.
El profesor Impey observó que “si la biología no es una exclusividad de la Tierra, o si la vida en otros lugares es distinta de la nuestra, o si incluso llegamos a entrar en contacto con especies inteligentes en la inmensidad del espacio, las implicaciones para la imagen que tenemos de nosotros mismos serán profundas. Es muy oportuno que la Pontificia Academia de las Ciencias dé cabida a un encuentro sobre este tema fronterizo. La metodología y los argumentos pueden diferir, pero la ciencia y la religión consideran la vida como un logro especial en un vasto y en su mayor parte inhóspito universo. Hay un terreno fértil para el diálogo entre los expertos de astrobiología y los que quieren entender el significado de nuestra existencia en un universo biológico”.
La conferencia sobre la Semana de Estudio (6-10 noviembre, Casina Pío IV, Vaticano), terminó con la intervención de Athena Coustenis, dedicada a la exploración de otros planetas y sus sistemas
ACLARACION SOBRE LA PIEDRA:
ACLARACION SOBRE LA PIEDRA:
Algunos hermanos cristianos argumentan que el griego en Mt 16,18 presenta dos diferentes palabras: “Tú eres Pedro (Petros), y sobre esta piedra (petra) edificaré mi Iglesia”. Dicen que petros es una piedra pequeña, distinta a petra que es una roca. Por lo tanto, cuando Jesús dice: “sobre esta «petra» edificaré mi Iglesia”, se está refiriendo a sí mismo, puesto que habla de «petra» y no de «petros». ¿Qué decir al respecto?
R E S P U E S T A :
Ni la secuencia del discurso, ni el texto ni el contexto nos permiten aceptar eso:
1)Secuencia del discurso. Después de que Simón ha dicho lo que es Jesús (“Tú eres el Cristo” v. 16), ahora es Jesús quien responde diciendo quién es Simón (vv. 17-19): “Tú eres bienaventurado”…, “Tú eres Pedro”…, “A ti te daré”… refiriendo a Pedro todo lo que está diciendo. Resultaría extraño que a medio discurso Jesús hiciera referencia a sí mismo. Si después de “Tú eres Pedro” Jesús dijera: sobre mí edificaré mi Iglesia, se rompería el ritmo y la secuencia lógica, pues aparecería un tema nuevo desconectado de las frases aledañas.
2)En el contexto de Mt 16,18, es decir los vv. 17 a 19, vemos que Jesús dice tres cosas, y todas están dirigidas a Pedro. La primera comienza con “Bienaventurado eres”, la segunda: “Tú eres Pedro”, y la tercera con “A ti te daré las llaves del reino”. La primera y la tercera son honores que Jesús le otorga a Pedro. En este contexto, la segunda frase ubicada entre estas dos va a ser un honor también: Tú eres la Piedra. Note usted que la segunda parte de cada una de estas frases tiene que ver con la primera mitad, y la explica: Pedro es bienaventurado (v. 17) ¿por qué?, porque el Padre le reveló que Jesús era el Mesías. La tercera frase: te daré las llaves del reino, ¿por qué? porque lo que ate en la tierra quedará atado en el cielo. Entonces, la segunda frase tiene que seguir el mismo patrón: Jesús le llama Piedro (=Pétros), ¿por qué? porque… sobre esa piedra edificará Cristo su Iglesia.
3)El texto griego emplea para sobre esta piedra el adjetivo demostrativo, caso dativo TAUTEE (ταύτη) con el artículo dativo TEE (τη) para mostrar la fuerza implicada en la cualidad demostrativa. Por eso esta frase puede traducirse como ESTA MISMA. Entonces Mt 16,18 en realidad dice: “Tú eres Pedro y sobre ESTA MISMA PIEDRA edificaré mi Iglesia”. El uso del TAUTEE TEE nos aclara que Jesús está hablando de la misma piedra que acaba de mencionar. ¿Hay otros casos en el NT en que se repita ese uso del Tautee tee? Sí, Véase el uso del Tautee tee en Mc 14,30: “esta misma noche… me negarás”; y en Hch 27,23: “esta noche se me ha presentado un ángel… [1][1] ¿cuál noche? Esta misma, no la de ayer o de otro día. Entonces, basándonos en el texto griego no podemos pensar que Jesús haya movido el dedo diciendo: Tú eres Pedro… y luego señalándose a sí mismo dijera… y sobre esta piedra…”.
4)Con todo lo anterior, entendemos que no se está hablando de dos piedras, sino solamente de una…de Pedro. Al ser las cosas así, el alegato anunciado al principio sobre los significados de “Petros” y “petra” carece de sentido, ya que es al mismo sujeto al que se aplican ambas palabras… Con Petros no se está queriendo decir “piedrecita”, sino que sencillamente se quiere evitar poner a un hombre/masculino el nombre de Petra que es femenino. Aquí Petros funciona como nombre personal. Si se hubiera escrito en francés, no hubiera habido ningún problema, ya que «Pedro» y «piedra» se escriben exactamente igual: “pierre”. Y en el idioma de Jesús, el arameo, sucedía exactamente lo mismo: Jesús le dijo… “Tú eres Kéfa y sobre esta misma kéfa edificaré mi Iglesia”. Subrayemos además que la palabra “kéfa” significa tanto “piedra” como “roca”; pues en arameo no existe distinción entre «piedra» y «roca», como a veces lo hacemos en español.
5)Pedro es la Piedra, ese es su nombre, no un simple apodo. Y el nombre de las personas en la Biblia es muy importante: Dios se llama “Yo Soy”, porque es el que existe por sí mismo; Cristo se llamó “Jesús”, porque es el Salvador, el Ángel defensor de Dios es “Micuel” (=quien como Dios), etc. Si Jesús le cambió el nombre a Simón y le puso Piedra, es precisamente porque va a tener una nueva misión o identidad, tal como lo hizo Dios con Abraham (Gn 17,5).
Veamos el texto, Jn 1,42:
Tú eres Simón, hijo de Jonás;
tu serás llamado Cefas (que quiere decir Pedro)[2][2]
Fíjese que hasta se pone en boca de Jesús la pronunciación aramea Kefas (=Piedra, roca, peña) trasliterada en griego como Cefas, señalando así la importancia que dieron los primeros cristianos a esa palabra de Jesús[3][3]. San Pablo mismo se dirigirá al hijo de Jonás llamándolo casi siempre “Cefas” (=Petros).
CONCLUSION: Mt 16,18 sólo está hablando de Pedro. Estamos de acuerdo con los hermanos “esperados” de que Cristo es la piedra angular de la Iglesia, pero Pedro es piedra fundamental de la Iglesia; no como los demás Apóstoles (que también son fundamento[4][4]), sino de un modo muy especial, ya que solamente Pedro es Pedro, es decir: La Piedra.
Esta información esta basada casi en su totalidad en el libro del P. Daniel Gagnon, OMI, “No todo el que dice: Señor. Señor”. Yo sólo le di un nuevo orden y algunas anotaciones personales.
Atte. P. Miguel A. Vega León, de Mexicali, B.C.
Si lo consideraran conveniente quizás podría publicarse en el Boletin. Gracias por hacer tanto bien a la Iglesia.
[1][1] Estos textos son de la Biblia de Jerusalén, nótese como en Mc 14,30 al traducir sí se pone la palabra “misma”, mientras que en Hech 27,23 se omite, tal como sucede en Mt 16,18. Por eso es muy importante revisar lo que dice el texto griego, ya que las traducciones difícilmente pueden reflejar con exactitud la idea original.
[2][2] La Biblia protestante Reina-Valera pone en esta cita bíblica una nota al pie diciendo que “Cefas” y “Petros” significa piedra en arameo y griego, respectivamente.
[3][3] Tal como sucede con la palabra Abbá: Mc 14,36; Gal 4,6
[4][4] Ef 2,20 y Ap 21,14
Sepa lo que debe y no debe hacerse en la celebración de la Misa
Sepa lo que debe y no debe hacerse
en la celebración de la Misa
La instrucción Redemptionis Sacramentum, describe detalladamente cómo debe celebrarse la Eucaristía y lo que puede considerarse como “abuso grave” durante la ceremonia. Aquí les ofrecemos un resumen de las normas que el documento recuerda a toda la Iglesia.
En el Capítulo I sobre la “ordenación de la Sagrada Liturgia” se señala que:
- Compete a la Sede Apostólica ordenar la sagrada Liturgia de la Iglesia universal, editar los libros litúrgicos, revisar sus traducciones a lenguas vernáculas y vigilar para que las normas litúrgicas se cumplan fielmente.
- Los fieles tienen derecho a que la autoridad eclesiástica regule la sagrada Liturgia de forma plena y eficaz, para que nunca sea considerada la liturgia como propiedad privada de alguien.
- El Obispo diocesano es el moderador, promotor y custodio de toda la vida litúrgica. A él le corresponde dar normas obligatorias para todos sobre materia litúrgica, regular, dirigir, estimular y algunas veces también reprender.
- Compete al Obispo diocesano el derecho y el deber de visitar y vigilar la liturgia en las iglesias y oratorios situados en su territorio, también aquellos que sean fundados o dirigidos por los citados institutos religiosos, si los fieles acuden a ellos de forma habitual.
- Todas las normas referentes a la liturgia, que la Conferencia de Obispos determine para su territorio, conforme a las normas del derecho, se deben someter a la recognitio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, sin la cual, carecen de valor legal.
En el Capítulo II sobre la “participación de los fieles laicos en la celebración de la Eucaristía”, se establece que:
- La participación de los fieles laicos en la celebración de la Eucaristía, y en los otros ritos de la Iglesia, no puede equivaler a una mera presencia, más o menos pasiva, sino que se debe valorar como un verdadero ejercicio de la fe y la dignidad bautismal.
- Se debe recordar que la fuerza de la acción litúrgica no está en el cambio frecuente de los ritos, sino, verdaderamente, en profundizar en la palabra de Dios y en el misterio que se celebra.
- Sin embargo, no se deduce necesariamente que todos deban realizar otras cosas, en sentido material, además de los gestos y posturas corporales, como si cada uno tuviera que asumir, necesariamente, una tarea litúrgica específica; aunque conviene que se distribuyan y realicen entre varios las tareas o las diversas partes de una misma tarea.
- Se alienta la participación de lectores y acólitos que estén debidamente preparados y sean recomendable por su vida cristiana, fe, costumbres y fidelidad hacia el Magisterio de la Iglesia.
- Se alienta la presencia de niños o jóvenes monaguillos que realicen un servicio junto al altar, como acólitos, y reciban una catequesis conveniente, adaptada a su capacidad, sobre esta tarea. A esta clase de servicio al altar pueden ser admitidas niñas o mujeres, según el juicio del Obispo diocesano y observando las normas establecidas.
En el Capítulo 3, sobre la “celebración correcta de la Santa Misa” se especifica sobre:
La materia de la Santísima Eucaristía
- El pan a consagrar debe ser ázimo, de sólo trigo y hecho recientemente. No se pueden usar cereales, sustancias diversas del trigo. Es un abuso grave introducir en su fabricación frutas, azúcar o miel.
- Las hostias deben ser preparadas por personas honestas, expertas en la elaboración y que dispongan de los instrumentos adecuados.
- Las fracciones del pan eucarístico deben ser repartidas entre los fieles, pero cuando el número de estos excede las fracciones se deben usar sobre todo hostias pequeñas.
- El vino del Sacrificio debe ser natural, del fruto de la vid, puro y sin corromper, sin mezcla de sustancias extrañas. En la celebración se le debe mezclar un poco de agua. No se debe admitir bajo ningún pretexto otras bebidas de cualquier género.
La Plegaria Eucarística
- Sólo se pueden utilizar las Plegarias Eucarísticas del Misal Romano o las aprobadas por la Sede Apostólica. Los sacerdotes no tienen el derecho de componer plegarias eucarísticas, cambiar el texto aprobado por la Iglesia, ni utilizar otros, compuestos por personas privadas.
- Es un abuso hacer que algunas partes de la Plegaria Eucarística sean pronunciadas por el diácono, por un ministro laico, o bien por uno sólo o por todos los fieles juntos. La Plegaria Eucarística debe ser pronunciada en su totalidad, y solamente, por el sacerdote.
- El sacerdote no puede partir la hostia en el momento de la consagración.
- En la Plegaria Eucarística no se puede omitir la mención del Sumo Pontífice y del Obispo diocesano.
Las otras partes de la Misa
- Los fieles tienen el derecho de tener una música sacra adecuada e idónea y que el altar, los paramentos y los paños sagrados, según las normas, resplandezcan por su dignidad, nobleza y limpieza.
- No se pueden cambiar los textos de la sagrada Liturgia.
- No se pueden separar la liturgia de la palabra y la liturgia eucarística, ni celebrarlas en lugares y tiempos diversos.
- La elección de las lecturas bíblicas debe seguir las normas litúrgicas. No está permitido omitir o sustituir, arbitrariamente, las lecturas bíblicas prescritas ni cambiar las lecturas y el salmo responsorial con otros textos no bíblicos.
- La lectura evangélica se reserva al ministro ordenado. Un laico, aunque sea religioso, no debe proclamar la lectura evangélica en la celebración de la Misa.
- La homilía nunca la hará un laico. Tampoco los seminaristas, estudiantes de teología, asistentes pastorales ni cualquier miembro de alguna asociación de laicos.
- La homilía debe iluminar desde Cristo los acontecimientos de la vida, sin vaciar el sentido auténtico y genuino de la Palabra de Dios, por ejemplo, tratando sólo de política o de temas profanos, o tomando como fuente ideas que provienen de movimientos pseudo-religiosos.
- No se puede admitir un “Credo” o Profesión de fe que no se encuentre en los libros litúrgicos debidamente aprobados.
- Las ofrendas, además del pan y el vino, sí pueden comprender otros dones. Estos últimos se pondrán en un lugar oportuno, fuera de la mesa eucarística.
- La paz se debe dar antes de distribuir la sagrada Comunión, y se recuerda que esta práctica no tiene un sentido de reconciliación ni de perdón de los pecados.
- Se sugiere que el gesto de la paz sea sobrio y se dé a sólo a los más cercanos. El sacerdote puede dar la paz a los ministros, permaneciendo en el presbiterio, para no alterar la celebración y del mismo modo si, por una causa razonable, desea dar la paz a algunos fieles. El gesto de paz lo establece la Conferencia de Obispos, con el reconocimiento de la Sede Apostólica, “según la idiosincrasia y las costumbres de los pueblos”.
- La fracción del pan eucarístico la realiza solamente el sacerdote celebrante, ayudado, si es el caso, por el diácono o por un concelebrante, pero no por un laico. Ésta comienza después de dar la paz, mientras se dice el “Cordero de Dios”.
- Es preferible que las instrucciones o testimonios expuestos por un laico se hagan fuera de la celebración de la Misa. Su sentido no debe confundirse con la homilía, ni suprimirla.
Unión de varios ritos con la celebración de la misa
- No se permite la unión de la celebración eucarística con otros ritos cuando lo que se añadiría tiene un carácter superficial y sin importancia.
- No es lícito unir el Sacramento de la Penitencia con la Misa y hacer una única acción litúrgica. Sin embargo, los sacerdotes, independientemente de los que celebran la Misa, sí pueden escuchar confesiones, incluso mientras en el mismo lugar se celebra la Misa. Esto debe hacerse de manera adecuada.
- La celebración de la Misa no puede ser intercalada como añadido a una cena común, ni unirse con cualquier tipo de banquete. No se debe celebrar la Misa, a no ser por grave necesidad, sobre una mesa de comedor, o en el comedor, o en el lugar que será utilizado para un convite, ni en cualquier sala donde haya alimentos. Los participantes en la Misa tampoco se sentarán en la mesa, durante la celebración.
- No está permitido relacionar la celebración de la Misa con acontecimientos políticos o mundanos, o con otros elementos que no concuerden plenamente con el Magisterio.
- No se debe celebrar la Misa por el simple deseo de ostentación o celebrarla según el estilo de otras ceremonias, especialmente profanas.
- No se debe introducir ritos tomados de otras religiones en la celebración de la Misa.
En el capítulo 4, sobre la “Sagrada Comunión”, se ofrecen disposiciones como:
- Si se tiene conciencia de estar en pecado grave, no se debe celebrar ni comulgar sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse.
- Debe vigilarse para que no se acerquen a la sagrada Comunión, por ignorancia, los no católicos o, incluso, los no cristianos.
- La primera Comunión de los niños debe estar siempre precedida de la confesión y absolución sacramental. La primera Comunión siempre debe ser administrada por un sacerdote y nunca fuera de la celebración de la Misa.
- El sacerdote no debe proseguir la Misa hasta que haya terminado la Comunión de los fieles.
- Sólo donde la necesidad lo requiera, los ministros extraordinarios pueden ayudar al sacerdote celebrante.
- Se puede comulgar de rodillas o de pie, según lo establezca la Conferencia de Obispos, con la confirmación de la Sede Apostólica.
- Así pues, no es lícito negar la sagrada Comunión a un fiel, por ejemplo, sólo por el hecho de querer recibir la Eucaristía arrodillado o de pie.
- Los fieles tienen siempre derecho a elegir si desean recibir la Comunión en la boca, pero si el que va a comulgar quiere recibir el Sacramento en la mano, se le debe dar la Comunión.
- Si existe peligro de profanación, el sacerdote no debe distribuir a los fieles la Comunión en la mano.
- Los fieles no deben tomar la hostia consagrada ni el cáliz sagrado por uno mismo, ni mucho menos pasarlos entre sí de mano en mano.
- Los esposos, en la Misa nupcial, no deben administrarse de modo recíproco la sagrada Comunión.
- No debe distribuirse a manera de Comunión, durante la Misa o antes de ella, hostias no consagradas, otros comestibles o no comestibles.
- Para comulgar, el sacerdote celebrante o los concelebrantes no deben esperar que termine la comunión del pueblo.
- Si un sacerdote o diácono entrega a los concelebrantes la hostia sagrada o el cáliz, no debe decir nada, es decir, no pronuncia las palabras “el Cuerpo de Cristo” o “la Sangre de Cristo”.
- Para administrar a los laicos Comunión bajo las dos especies, se deben tener en cuenta, convenientemente, las circunstancias, sobre las que deben juzgar en primer lugar los Obispos diocesanos.
- Se debe excluir totalmente la administración de la Comunión bajo las dos especies cuando exista peligro, incluso pequeño, de profanación.
- No debe administrarse la Comunión con el cáliz a los laicos donde: 1) sea tan grande el número de los que van a comulgar que resulte difícil calcular la cantidad de vino para la Eucaristía y exista el peligro de que sobre demasiada cantidad de Sangre de Cristo, que deba sumirse al final de la celebración»; 2) el acceso ordenado al cáliz sólo sea posible con dificultad; 3) sea necesaria tal cantidad de vino que sea difícil poder conocer su calidad y proveniencia; 4) cuando no esté disponible un número suficiente de ministros sagrados ni de ministros extraordinarios de la sagrada Comunión que tengan la formación adecuada; 5) donde una parte importante del pueblo no quiera participar del cáliz por diversos motivos.
- No se permite que el comulgante moje por sí mismo la hostia en el cáliz, ni reciba en la mano la hostia mojada. La hostia que se debe mojar debe hacerse de materia válida y estar consagrada. Está absolutamente prohibido el uso de pan no consagrado o de otra materia.
En el capítulo 5, sobre “otros aspectos que se refieren a la Eucaristía”, se aclara que:
- La celebración eucarística se ha de hacer en lugar sagrado, a no ser que, en un caso particular, la necesidad exija otra cosa.
- Nunca es lícito a un sacerdote celebrar la Eucaristía en un templo o lugar sagrado de cualquier religión no cristiana.
- Siempre y en cualquier lugar es lícito a los sacerdotes celebrar el santo sacrificio en latín.
- Es un abuso suspender de forma arbitraria la celebración de la santa Misa en favor del pueblo, bajo el pretexto de promover el “ayuno de la Eucaristía”.
- Se reprueba el uso de vasos comunes o de escaso valor, en lo que se refiere a la calidad, o carentes de todo valor artístico, o simples cestos, u otros vasos de cristal, arcilla, creta y otros materiales, que se rompen fácilmente.
- La vestidura propia del sacerdote celebrante es la casulla revestida sobre el alba y la estola. El sacerdote que se reviste con la casulla debe ponerse la estola.
- Se reprueba no llevar las vestiduras sagradas, o vestir solo la estola sobre la cogulla monástica, o el hábito común de los religiosos, o la vestidura ordinaria.
En el capítulo 6, el documento trata sobre “la reserva de la Santísima Eucaristía y su culto fuera de la Misa”. Se recuerda que:
- El Santísimo Sacramento debe reservarse en un sagrario, en la parte más noble, insigne y destacada de la iglesia, y en el lugar más apropiado para la oración.
- Está prohibido reservar el Santísimo Sacramento en lugares que no están bajo la segura autoridad del Obispo o donde exista peligro de profanación.
- Nadie puede llevarse la Sagrada Eucaristía a casa o a otro lugar.
- No se excluye el rezo del rosario delante de la reserva eucarística o del santísimo Sacramento expuesto.
- El Santísimo Sacramento nunca debe permanecer expuesto sin suficiente vigilancia, ni siquiera por un tiempo muy breve.
- Es un derecho de los fieles visitar frecuentemente el Santísimo Sacramento.
- Es conveniente no perder la tradición de realizar procesiones eucarísticas.
El capítulo 7 versa sobre “los ministerios extraordinarios de los fieles laicos”. Allí el documento especifica que:
- Las tareas pastorales de los laicos no deben asimilarse demasiado a la forma del ministerio pastoral de los clérigos. Los asistentes pastorales no deben asumir lo que propiamente pertenece al servicio de los ministros sagrados.
- Solo por verdadera necesidad se puede recurrir al auxilio de ministros extraordinarios en la celebración de la Liturgia.
- Nunca es lícito a los laicos asumir las funciones o las vestiduras del diácono o del sacerdote, u otras vestiduras similares.
- Si habitualmente hay un número suficiente de ministros sagrados, no se pueden designar ministros extraordinarios de la sagrada Comunión. En tales circunstancias, los que han sido designados para este ministerio, no deben ejercerlo.
- Se reprueba la costumbre sacerdotes que, a pesar de estar presentes en la celebración, se abstienen de distribuir la comunión, encomendando esta tarea a laicos.
- Al ministro extraordinario de la sagrada Comunión nunca le está permitido delegar en ningún otro para administrar la Eucaristía.
- Los laicos tienen derecho a que ningún sacerdote, a no ser que exista verdadera imposibilidad, rechace nunca celebrar la Misa en favor del pueblo, o que ésta sea celebrada por otro sacerdote, si de diverso modo no se puede cumplir el precepto de participar en la Misa, el domingo y los otros días establecidos.
- Cuando falta el ministro sagrado, el pueblo cristiano tiene derecho a que el Obispo, en lo posible, procure que se realice alguna celebración dominical para esa comunidad.
- Es necesario evitar cualquier confusión entre este tipo de reuniones y la celebración eucarística.
- El clérigo que ha sido apartado del estado clerical está prohibido de ejercer la potestad de orden. No le está permitido celebrar los sacramentos. Los fieles no pueden recurrir a él para la celebración.
El capítulo 8 está dedicados a los Remedios:
- Cualquier católico tiene derecho a exponer una queja por un abuso litúrgico, ante el Obispo diocesano o el Ordinario competente que se le equipara en derecho, o ante la Sede Apostólica, en virtud del primado del Romano Pontífice.
Para leer el texto completo puede visitar: http://www.aciprensa.com/Docum/redemptoris04.htm
Fenómeno en España: convento de clausura atrae a decenas de jóvenes profesionales
Fenómeno en España:
convento de clausura atrae a decenas de jóvenes profesionales
Una religiosa de 43 años, convertida en una de las prioras más jóvenes de su orden religiosa, ha revolucionado un antiguo convento de contemplativas Clarisas en España, convirtiéndolo en un imán para decenas de jóvenes mujeres profesionales.
Sor Verónica ingresó al convento de monjas Clarisas de clausura de la Ascensión fundado en Lerma (España) en 1604, cuando éste se encontraba en una crisis vocacional.
Era el 22 de enero de 1984 y Marijose Berzosa –el nombre de Sor Verónica en el mundo- decidió, a los 18 años, dejar atrás la carrera de medicina, los amigos, las discotecas de los 80 y el baloncesto.
“Nadie me entendió. Hubo apuestas de que no iba a durar nada. Pero ellos no sentían la fuerza del huracán que me arrastraba”, cuenta Sor Verónica. “Era la clásica adolescente en busca de una salida… y tomé la decisión en apenas quince días”.
Sor Verónica ingresó así a un convento donde hacía 23 años no entraba una novicia.
Sor Pureza de María Lubián, de 70 años, hoy abadesa del convento en Burgos, fue su formadora, y la recuerda como “una chiquilla encantadora. Muy noble y muy buena. Tenía 18 años y un porvenir. Todo lo abandonó. Siguió la llamada de Dios. Tenía una personalidad muy rica. Siempre fue líder. Y, espiritualmente, con una gran vocación. Tuvo luchas y dificultades. Hizo un gran esfuerzo. Pero actuó la gracia del Espíritu. Y ella se dejó hacer”.
El diario español El País, uno de los más favorables a la actual campaña socialista contra la Iglesia Católica en España, no pudo resistir publicar un extenso reportaje a Sor Verónica, quien según el diario, “se ha convertido en el mayor fenómeno de la Iglesia desde Teresa de Calcuta“; pues “ha hecho de aquel vetusto convento de Lerma un atractivo banderín de enganche para vocaciones femeninas que cuenta con 135 monjas con carrera y una media de edad de 35 años y un centenar más en lista de espera. Y ya ha abierto una sucursal en la localidad de La Aguilera, a 40 kilómetros de Lerma, en un enorme monasterio cedido por sus hermanos franciscanos.”
“Un boom insospechado de vocaciones cuando los jesuitas tienen apenas 20 novicios en toda España; los franciscanos, cinco, y los paúles, dos. En un momento en que se importan monjas de la India, Kenia o Paraguay para evitar el cierre de conventos habitados por ancianitas, y que la mayoría de nuestros sacerdotes superan los 60 años”, dice el reportaje.
El convento, durante los fines de semana, se ha convertido en un punto de acogida de centenares de peregrinos: familias numerosas, jóvenes miembros de movimientos eclesiales y grupos parroquiales llegan en autobuses para participar de las oraciones, las obras teatrales y las exhortaciones a una vida cristiana plena.
Según El País, la mayoría de las religiosas jóvenes que se han visto atraídas por la vocación de Sor Verónica “ha tenido pareja y empleo… No son monjitas de escasa teología… han sido educadas en la Iglesia de resistencia de Juan Pablo II. Son militantes… Son urbanas y con estudios. Ninguna es inmigrante. Hay cinco hermanas de la misma familia; 11 parejas de hermanas de sangre y unas gemelas. Abunda la clase media. Y los títulos universitarios. Esta comunidad ofrece un completo catálogo de abogadas, economistas, físicas y químicas; ingenieras de caminos, industriales, agrícolas y aeronáuticas; arquitectas, médicas, farmacéuticas, biólogas y fisioterapeutas; bibliotecarias, filólogas, pedagogas y fotógrafas”.
Una de las hermanas de la comunidad entrevistada por El País define su clausura como “una casa abierta a los que llaman a nuestra puerta. Queremos compartir nuestra fe, dar a conocer lo que nos está pasando. Y si ven a Jesús en nosotras, adelante. España está tan pagana que hace falta que compartamos nuestra fe, no que la vivamos a solas. Es el momento de actuar”.
El crecimiento del convento desde la llegada de Sor Verónica ha sido explosivo: en 1994, cuando fue nombrada maestra de novicias con sólo 28 años, ingresaron 27 hermanas. En 2002 eran 72; en 2004, 92; en 2005, 105. Y 134 a finales del pasado mes de septiembre. Todas viviendo en un convento del siglo XVI construido para albergar a 32 religiosas.
Pero las religiosas cuentan ahora con un lugar dónde seguir creciendo: los Franciscanos de Lerma han prestado por 30 años el monasterio de La Aguilera, contiguo al santuario y a la tumba de San Pedro Regalado.
El monasterio se encuentra en un acelerado proceso de construcción para proporcionar un espacio moderno, funcional y bien iluminado, con energía obtenida mediante paneles solares.
El nuevo convento cuenta con 100 celdas Poco tiempo atrás, el P. Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, predicó a las 140 monjas clarisas de Lerma. La visita del Capuchino italiano fue ocasión para un emotivo reportaje emitido por la RAI (Radio y Televisión Italiana) en hora de máxima audiencia, en Italia.
Una religiosa de 43 años, convertida en una de las prioras más jóvenes de su orden religiosa, ha revolucionado un antiguo convento de contemplativas Clarisas en España, convirtiéndolo en un imán para decenas de jóvenes mujeres profesionales.
Sor Verónica ingresó al convento de monjas Clarisas de clausura de la Ascensión fundado en Lerma (España) en 1604, cuando éste se encontraba en una crisis vocacional.
Era el 22 de enero de 1984 y Marijose Berzosa –el nombre de Sor Verónica en el mundo- decidió, a los 18 años, dejar atrás la carrera de medicina, los amigos, las discotecas de los 80 y el baloncesto.
“Nadie me entendió. Hubo apuestas de que no iba a durar nada. Pero ellos no sentían la fuerza del huracán que me arrastraba”, cuenta Sor Verónica. “Era la clásica adolescente en busca de una salida… y tomé la decisión en apenas quince días”.
Sor Verónica ingresó así a un convento donde hacía 23 años no entraba una novicia.
Sor Pureza de María Lubián, de 70 años, hoy abadesa del convento en Burgos, fue su formadora, y la recuerda como “una chiquilla encantadora. Muy noble y muy buena. Tenía 18 años y un porvenir. Todo lo abandonó. Siguió la llamada de Dios. Tenía una personalidad muy rica. Siempre fue líder. Y, espiritualmente, con una gran vocación. Tuvo luchas y dificultades. Hizo un gran esfuerzo. Pero actuó la gracia del Espíritu. Y ella se dejó hacer”.
El diario español El País, uno de los más favorables a la actual campaña socialista contra la Iglesia Católica en España, no pudo resistir publicar un extenso reportaje a Sor Verónica, quien según el diario, “se ha convertido en el mayor fenómeno de la Iglesia desde Teresa de Calcuta“; pues “ha hecho de aquel vetusto convento de Lerma un atractivo banderín de enganche para vocaciones femeninas que cuenta con 135 monjas con carrera y una media de edad de 35 años y un centenar más en lista de espera. Y ya ha abierto una sucursal en la localidad de La Aguilera, a 40 kilómetros de Lerma, en un enorme monasterio cedido por sus hermanos franciscanos.”
“Un boom insospechado de vocaciones cuando los jesuitas tienen apenas 20 novicios en toda España; los franciscanos, cinco, y los paúles, dos. En un momento en que se importan monjas de la India, Kenia o Paraguay para evitar el cierre de conventos habitados por ancianitas, y que la mayoría de nuestros sacerdotes superan los 60 años”, dice el reportaje.
El convento, durante los fines de semana, se ha convertido en un punto de acogida de centenares de peregrinos: familias numerosas, jóvenes miembros de movimientos eclesiales y grupos parroquiales llegan en autobuses para participar de las oraciones, las obras teatrales y las exhortaciones a una vida cristiana plena.
Según El País, la mayoría de las religiosas jóvenes que se han visto atraídas por la vocación de Sor Verónica “ha tenido pareja y empleo… No son monjitas de escasa teología… han sido educadas en la Iglesia de resistencia de Juan Pablo II. Son militantes… Son urbanas y con estudios. Ninguna es inmigrante. Hay cinco hermanas de la misma familia; 11 parejas de hermanas de sangre y unas gemelas. Abunda la clase media. Y los títulos universitarios. Esta comunidad ofrece un completo catálogo de abogadas, economistas, físicas y químicas; ingenieras de caminos, industriales, agrícolas y aeronáuticas; arquitectas, médicas, farmacéuticas, biólogas y fisioterapeutas; bibliotecarias, filólogas, pedagogas y fotógrafas”.
Una de las hermanas de la comunidad entrevistada por El País define su clausura como “una casa abierta a los que llaman a nuestra puerta. Queremos compartir nuestra fe, dar a conocer lo que nos está pasando. Y si ven a Jesús en nosotras, adelante. España está tan pagana que hace falta que compartamos nuestra fe, no que la vivamos a solas. Es el momento de actuar”.
El crecimiento del convento desde la llegada de Sor Verónica ha sido explosivo: en 1994, cuando fue nombrada maestra de novicias con sólo 28 años, ingresaron 27 hermanas. En 2002 eran 72; en 2004, 92; en 2005, 105. Y 134 a finales del pasado mes de septiembre. Todas viviendo en un convento del siglo XVI construido para albergar a 32 religiosas.
Pero las religiosas cuentan ahora con un lugar dónde seguir creciendo: los Franciscanos de Lerma han prestado por 30 años el monasterio de La Aguilera, contiguo al santuario y a la tumba de San Pedro Regalado.
El monasterio se encuentra en un acelerado proceso de construcción para proporcionar un espacio moderno, funcional y bien iluminado, con energía obtenida mediante paneles solares.
El nuevo convento cuenta con 100 celdas de 10 metros cuadrados, con cama, mesa y reclinatorio; mientras se construye un locutorio con capacidad para 400 personas, una hospedería, aseos para los visitantes, y una nueva capilla.
Poco tiempo atrás, el P. Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, predicó a las 140 monjas clarisas de Lerma. La visita del Capuchino italiano fue ocasión para un emotivo reportaje emitido por la RAI (Radio y Televisión Italiana) en hora de máxima audiencia, en Italia.
«JESÚS DE NAZARETH» DE JOSEPH RATZINGER
«JESÚS DE NAZARETH» DE JOSEPH RATZINGERMauro MattheiHUMANITAS NRO. 47 |
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«Por cierto que no necesito decir que este libro no representa de manera alguna un pronunciamiento del magisterio de la Iglesia, sino únicamente una expresión de mi búsqueda personal del ‘rostro del Señor’ (Sal 27,8). Por ello quienquiera que opte por contradecirme, podrá hacerlo libremente. Tan sólo solicito de los lectores aquel anticipo de simpatía sin el cual no se logra comprensión alguna». Con este sorprendente y humilde gesto de bajar la guardia concluye Benedicto XVI su prólogo al primer tomo de su libro sobre Jesús de Nazaret, que en diez iluminados capítulos se aboca al tiempo desde el bautismo en el Jordán hasta la transfiguración en el Tabor. No obstante tal modestia, en la primera semana de su aparición se vendieron 50 mil ejemplares del libro y hasta la fecha las primeras ediciones en alemán, inglés e italiano van por el millón y medio de ejemplares. La edición griega mereció el público elogio del mismísimo patriarca de Constantinopla, Bartolomé I, y no hace falta hablar de la avalancha de traducciones en las más diversas lenguas que se están preparando. Con este libro Benedicto XVI incontestablemente ha lanzado una piedra al lago, que producirá muchos e imprevisibles círculos. |
Descubrir al Creador a través de la creación
Descubrir al Creador a través de la creación
Discurso que Benedicto XVI dirigió a un grupo de astrónomos de todo el mundo, que participan en un encuentro promovido por el Observatorio Astronómico Vaticano con motivo del Año Internacional de la Astronomía.
Ciudad del Vaticano, viernes 30 de octubre de 2009.
Eminencia,
Señoras y Señores,
Me complace saludar a esta asamblea de astrónomos distinguidos de todo el mundo, reunidos en el Vaticano para la celebración del Año Internacional de la Astronomía, y doy las gracias al cardenal Giovanni Lajolo por sus amables palabras de introducción. Esta celebración, que conmemora el cuarto centenario de las primeras observaciones de Galileo Galilei del cielo con telescopio, nos invita a considerar los grandes progresos del conocimiento científico en la edad moderna y, de modo particular, a dirigir la mirada nuevamente a los cielos con un espíritu de asombro, contemplación y compromiso con la búsqueda de la verdad, dondequiera que se encuentre.
Esta reunión coincide también con la inauguración de las nuevas instalaciones del Observatorio Vaticano en Castel Gandolfo. Como ustedes saben, la historia del Observatorio está vinculada de una forma muy real a la figura de Galileo, a las controversias que rodearon su investigación, y al intento de la Iglesia por lograr una comprensión correcta y fructífera de la relación entre ciencia y religión. Aprovecho esta ocasión para expresar mi gratitud no sólo por los cuidadosos estudios que han aclarado el contexto histórico preciso de la condena de Galileo, sino también por los esfuerzos de todos aquellos comprometidos con el diálogo permanente y la reflexión sobre la complementariedad de la fe y la razón, al servicio de la una comprensión integral del hombre y de su lugar en el universo. Estoy especialmente agradecido al personal del Observatorio, y al Grupo de Amigos y Benefactores de la Fundación Observatorio del Vaticano, por sus esfuerzos para promover la investigación, las oportunidades de educación y el diálogo entre la Iglesia y el mundo de la ciencia.
El Año Internacional de la Astronomía pretende nada menos que recuperar para las personas en todo el mundo la maravilla y el asombro extraordinario que caracterizaron la gran época de los descubrimientos, en el siglo XVI. Pienso, por ejemplo, en la alegría que sintieron los científicos del Colegio Romano, que a pocos pasos de aquí desarrolló las observaciones y los cálculos que llevaron a la adopción a nivel mundial del calendario gregoriano. Nuestra propia época, situada en el umbral descubrimientos científicos que quizá tienen un alcance aún mayor, podría beneficiarse de la misma sensación de admiración y el deseo de alcanzar una síntesis verdaderamente humanista del conocimiento, que inspiró a los padres de la ciencia moderna. ¿Quién puede negar que la responsabilidad del futuro de la humanidad, e incluso el respeto por la naturaleza y el mundo que nos rodea, demanda – hoy más que nunca – la observación cuidadosa, el juicio crítico, la paciencia que son esenciales al método científico moderno? Al mismo tiempo, los grandes científicos de la era de los descubrimientos también nos recuerdan que el verdadero conocimiento se dirige siempre a la sabiduría, y, en lugar de restringir los ojos de la mente, nos invita a levantar nuestra mirada hacia el reino superior del espíritu .
El conocimiento, en una palabra, debe ser entendido y aplicado en toda su amplitud liberadora. Ciertamente puede reducirse al cálculo y la experimentación, pero si aspira a ser sabiduría, capaz de dirigir al hombre a la luz de sus primeros inicios y sus fines últimos, debe estar comprometida con la búsqueda de esa verdad última que, aunque esté más allá de nuestro completo alcance, sin embargo, es nada menos que la clave de nuestra auténtica felicidad y libertad (cf. Jn 8,32), la medida de nuestra verdadera humanidad, y el criterio para una relación justa con el mundo físico y con nuestros hermanos y hermanas en la gran familia humana.
Queridos amigos, la cosmología moderna nos ha demostrado que ni nosotros, ni la tierra que pisamos, es el centro de nuestro universo, compuesto por miles de millones de galaxias, cada una de ellas con miríadas de estrellas y planetas. Sin embargo, al tratar de responder al reto de este año -el de levantar los ojos al cielo para redescubrir nuestro lugar en el universo – ¿cómo no podemos quedar atrapados en la maravilla expresada por el salmista hace tanto tiempo? Contemplando el cielo estrellado, exclamó con admiración al Señor: “Al ver tu cielo, hechura de tus dedos, la luna y las estrellas que fijaste tú, ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán para que de él te cuides? ” (Salmo 8,4-5). Mi esperanza es que el asombro y exaltación que están destinados a ser los frutos de este Año Internacional de la Astronomía lleve más allá de la contemplación de las maravillas de la creación a la contemplación del Creador, y del amor, que es el motivo subyacente de la creación – el amor que, en las palabras de Dante Alighieri, “mueve el sol y las estrellas” (Paraíso XXXIII, 145). El Apocalipsis nos dice que, en la plenitud de los tiempos, la Palabra por quien todo fue hecho vino a habitar entre nosotros. En Cristo, el nuevo Adán, reconocemos el verdadero centro del universo y de toda la historia, y en él, el Logos encarnado, podemos ver la mayor medida de nuestra grandeza como seres humanos, dotados de razón y llamados a un destino eterno.
Con estas reflexiones, queridos amigos, les saludo a todos ustedes con respeto y estima, y les ofrezco mis oraciones de buenos deseos por su investigación y enseñanza. Sobre ustedes, sus familias y sus seres queridos, invoco de corazón las bendiciones del Dios Todopoderoso de sabiduría, el gozo y la paz.
Conocido cineasta abandona la Cienciología y publica sus razones
Conocido cineasta abandona la Cienciología y publica sus razones
Paul Haggis, guionista de Million Dollar Baby, Casino Royale; y guionista y director de Crash y En el Valle de Elah ha abandonado la Iglesia de la Cienciología en la que ha participado durante 35 años, acusando al grupo de defender la llamada Proposition 8 (que restringe gravemente los derechos de los homosexuales en Estados Unidos), de desmentir la existencia de la llamada “práctica de la desconexión” por la que la Cienciología insta a sus correligionarios a evitar todo contacto con amigos o familiares que no tengan la misma creencia, y de divulgar información personal de sus antiguos practicantes. Lo cuentan varias agencias de prensa y blogs dedicados al cine.
La misiva va dirigida al portavoz nacional de la Iglesia de la Cienciología en Estados Unidos, Tommy Davis. “Tommy, hace diez meses te escribí para que hicieras una declaración pública en denuncia de las acciones de la rama de San Diego de la Iglesia de la Cienciología. Su apoyo público a la Proposition 8, una legislación llena de odio que ha conseguido exitosamente restringir los derechos de los gays y lesbianas de California nos avergüenza a todos. Te he llamado, te he escrito, te he implorado que condenaras sus acciones. Te dije que, con toda honestidad, no podía ser miembro de una organización que tolerara el maltrato a los homosexuales”.
“La negativa de la iglesia a denunciar las acciones de estos fachas, hipócritas y homófobos es un acto de cobardía. El silencio es consentimiento, Tommy. Y me niego a consentir”, apunta el guionista. “Has permitido que nuestro nombre sea relacionado con los peores elementos de la Ultraderecha Cristiana”. Ahora habla sobre la llamada “desconexión”, una práctica que Davis negó en público durante una entrevista con la cadena CNN. “Me quedé anonadado cuando lo desmentiste. Todos sabemos que esta práctica existe. No tenía que buscar pruebas, porque estaban en mi propia casa”, indicó Haggis.
“Ordenasteis a mi mujer que se ‘desconectara’ de sus padres por una cosa absolutamente trivial que hicieron hace 25 años, cuando abandonaron la iglesia. Tommy, sus padres son una pareja encantadora de jubilados que jamás han dicho nada malo sobre la iglesia. No son ni maníacos a favor ni enemigos en contra de la Cienciología. Bien, mi mujer rompió contacto con ellos a instancias de un terrible dolor personal. Yo me negué a hacerlo. Nunca se me ha dado bien seguir órdenes, especialmente cuando son moralmente condenables. Durante un año y medio, una época terrible, mi mujer no habló con sus padres y se vio obligada, a pesar de sus continuas protestas, a restringirles el acceso a su nieto”.
Haggis menciona a continuación una serie de artículos demoledores recogidos en el diario St. Petersburg Times, centrados en torno al caso de Lisa McPherson –fallecida de un tromboembolismo pulmonar mientras estaba al cuidado de Flag Service Organization, una organización parte de la estructura de la Iglesia de la Cienciología. Según un primer informe del médico forense, Lisa estaba muy delgada, severamente deshidratada, y tenía contusiones y mordeduras de insectos–. Los artículos cuentan con información de primera mano procedentes de altos miembros de la Iglesia que habían abandonado la práctica. La Cienciología desmintió los artículos revelando información restringida sobre sus practicantes.
Para Haggis fue la gota que colmó el vaso. “Me perturbó sobremanera, Tommy, ver cómo dabas a la prensa detalles de confesiones en un intento para avergonzar y desacreditar a los ejecutivos que hablaron en el artículo. Un sacerdote iría a la cárcel antes de revelar esta clase de secretos, sin importarle el daño que pudiera hacerle a él mismo o a su Iglesia. Esa es la clase de integridad que creía que teníamos, pero es obvio que nuestro estándar es bastante más bajo”, lamenta el guionista y director.
Haggis concluye su misiva con un rotundo párrafo de disociación antes de enumerar la larga lista de menciones que se le han dedicado a lo largo de su vida en defensa de los Derechos Humanos. “La gran mayoría de los cienciólogos que conozco son buena gente, genuinamente interesada en mejorar las condiciones de este planeta y ayudar a los demás. Pero ahora creo que si supieran lo que yo sé, se quedarían horrorizados. Qué fácil me resultaba defender a esta organización, sin darme cuenta de lo que decía. Así, tras escribir esta carta, soy consciente de que algunos de mis amigos se verán obligados a renunciar a todo contacto conmigo. En otros casos, incluso se negarán a trabajar conmigo. Siempre les cogeré el teléfono, como siempre te lo he cogido a ti, Tommy. Sin embargo, he llegado a la conclusión de que ya no puedo seguir formando parte de este grupo, basándome, francamente, en tu negativa a denunciar la posición de la Iglesia contra los homosexuales, las acciones o inacciones de aquellos que condonan este comportamiento. Me avergüenza haber esperado tantos meses para actuar. Presento, por lo tanto, mi renuncia a la membresía de la Iglesia”.
Biblia y Tradición, inseparables
Biblia y Tradición, inseparables
Discurso pronunciado por el Papa Benedicto XVI al recibir en audiencia a los profesores, estudiantes y personal del Pontificio Instituto Bíblico, en el centenario de su fundación.
DISCURSO DEL PAPA BENEDICTO XVI
AL PONTIFICO INSTITUTO BÍBLICO
EN EL CENTENARIO DE SU FUNDACIÓN
Sala Clementina
Lunes 26 de octubre de 2009
Señores cardenales;
reverendísimo prepósito general de la Compañía de Jesús;
ilustre rector;
ilustres profesores y queridos alumnos del Pontificio Instituto Bíblico:
Con verdadero placer me encuentro con vosotros con ocasión del 100° aniversario de la fundación de vuestro Instituto, querido por mi santo predecesor Pío X con el fin de constituir en la ciudad de Roma —como se ha dicho— un centro de estudios especializados sobre la Sagrada Escritura y las disciplinas relacionadas con ella. Saludo con deferencia al cardenal Zenon Grocholewski, al que expreso mi agradecimiento por las corteses palabras que me ha querido dirigir en vuestro nombre. Saludo igualmente al prepósito general, padre Adolfo Nicolás Pachón, y aprovecho con gusto la ocasión que se me ofrece para manifestar sincera gratitud a la Compañía de Jesús, la cual, no sin notable esfuerzo, despliega inversiones financieras y recursos humanos en la gestión de la Facultad del Oriente antiguo, de la Facultad bíblica aquí en Roma y de la sede del Instituto en Jerusalén. Saludo al rector y a los profesores, que han consagrado la vida al estudio y a la investigación escuchando constantemente la Palabra de Dios. Saludo y agradezco al personal, a los empleados y a los trabajadores su apreciada colaboración, así como a los bienhechores que han puesto y siguen poniendo a disposición los recursos necesarios para el mantenimiento de las instalaciones y para las actividades del Pontificio Instituto Bíblico. Saludo a los ex alumnos unidos espiritualmente a nosotros en este momento, y especialmente os saludo a vosotros, queridos alumnos, que procedéis de todas las partes del mundo.
Han transcurrido cien años desde el nacimiento del Pontificio Instituto Bíblico. En el transcurso de este siglo, ha aumentado ciertamente el interés por la Biblia y, gracias al concilio Vaticano II, sobre todo a la constitución dogmática Dei Verbum —de cuya elaboración fui testigo directo participando como teólogo en los debates que precedieron su aprobación— se ha percibido mucho más la importancia de la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia. Esto ha favorecido en las comunidades cristianas una auténtica renovación espiritual y pastoral, que ha afectado sobre todo a la predicación, a la catequesis, al estudio de la teología y al diálogo ecuménico. A esta renovación vuestro Pontificio Instituto ha dado una significativa contribución con la investigación bíblica científica, con la enseñanza de las disciplinas bíblicas y la publicación de estudios cualificados y revistas especializadas. En el transcurso de las décadas se han sucedido varias generaciones de ilustres profesores —quisiera recordar aquí, entre otros, al cardenal Bea—, que han formado a más de siete mil profesores de Sagrada Escritura y promotores de grupos bíblicos, así como a muchos expertos que colaboran actualmente en diversos servicios eclesiásticos en todas las regiones del mundo. Damos gracias al Señor por esta actividad vuestra orientada a interpretar los textos bíblicos según el espíritu en el que fueron escritos (cf. Dei Verbum, 12), y abierta al diálogo con las demás disciplinas, con las distintas culturas y religiones. Aunque ha conocido momentos de dificultad, se ha realizado con fidelidad constante al Magisterio según las finalidades propias de vuestro Instituto, surgido precisamente “ut in Urbe Roma altiorum studiorum ad Libros sacros pertinentium habeatur centrum, quod efficaciore, quo liceat, modo doctrinam biblicam et studia omniaeidem adiuncta, sensu Ecclesiae catholicaepromoveat”(Pius PP. X, Litt. Ap. Vinea electa, 7 de mayo de 1909: AAS 1 [1909], 447-448).
Queridos amigos, la celebración del centenario constituye una meta y al mismo tiempo un punto de partida. Enriquecidos con la experiencia del pasado, proseguid vuestro camino con renovado empeño, conscientes del servicio a la Iglesia que se os requiere: acercar la Biblia a la vida del pueblo de Dios, para que sepa afrontar de forma adecuada los desafíos inéditos que los tiempos modernos plantean a la nueva evangelización. Es deseo común que en este mundo secularizado la Sagrada Escritura se convierta no sólo en el alma de la teología, sino también en la fuente de la espiritualidad y del vigor de la fe de todos los creyentes en Cristo. Que el Pontificio Instituto Bíblico siga, por tanto, creciendo como centro eclesial de estudio de alta calidad en el ámbito de la investigación bíblica, utilizando las metodologías críticas modernas y en colaboración con los especialistas en dogmática y en otras áreas teológicas; que asegure una esmerada formación a los futuros profesores de Sagrada Escritura para que, valiéndose de las lenguas bíblicas y de las distintas metodologías exegéticas, puedan acceder directamente a los textos bíblicos.
La ya citada constitución dogmática Dei Verbum, al respecto, subrayó la legitimidad y la necesidad del método histórico-crítico, reconduciéndolo a tres elementos esenciales: la atención a los géneros literarios, el estudio del contexto histórico y el examen de lo que se suele llamar Sitz im Leben. El documento conciliar, al mismo tiempo, mantiene firme el carácter teológico de la exégesis indicando los puntos de fuerza del método teológico en la interpretación del texto. Esto porque el presupuesto fundamental sobre el que se asienta la comprensión teológica de la Biblia es la unidad de la Escritura, y a este presupuesto corresponde como camino metodológico la analogía de la fe, es decir, la comprensión de cada texto a la luz del conjunto. El texto conciliar añade otra indicación metodológica. Al ser la Escritura una sola cosa a partir del único pueblo de Dios, que ha sido su portador a lo largo de la historia, en consecuencia leer la Escritura como una unidad significa leerla a partir del pueblo de Dios, de la Iglesia como de su lugar vital, y considerar la fe de la Iglesia como la verdadera clave de interpretación. Si la exégesis quiere ser también teología, debe reconocer que la fe de la Iglesia es la forma de “sim-patía” sin la cual la Biblia sería un libro sellado: la Tradición no cierra el acceso a la Escritura, sino que más bien lo abre; por otro lado, la palabra decisiva en la interpretación de la Escritura corresponde a la Iglesia, en sus organismos institucionales, pues de hecho es a la Iglesia a quien se le ha encomendado el oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios escrita y transmitida, ejerciendo su autoridad en nombre de Jesucristo (cf. Dei Verbum, 10)
Queridos hermanos y hermanas, a la vez que os agradezco vuestra grata visita, os animo a proseguir vuestro servicio eclesial, en constante adhesión al magisterio de la Iglesia; y, asegurando a cada uno de vosotros el apoyo de la oración, os imparto de corazón, como prenda de los favores divinos, la bendición apostólica.
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