Abundancia de sauces

Blog del P. Jorge Luis Zarazúa

El diálogo entre católicos y protestantes entra en una nueva fase

El diálogo entre católicos y protestantes entra en una nueva fase

Afirma el cardenal Kasper, al presentar un libro sobre los 40 años de diálogo

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 15 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- El diálogo oficial entre la Iglesia católica y las comunidades protestantes históricas -anglicana, luterana, reformada y metodista- está entrando en una nueva fase, tras cerrar la primera etapa que recorre los últimos cuarenta años, desde el final del Concilio Vaticano II hasta hoy.

Así lo señaló el presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (CPPUC), el cardenal Walter Kasper, al presentar, este jueves en la Sala de Prensa de la Santa Sede, un libro que reúne y presenta los resultados de ese diálogo.

“Con este libro, nos encontramos en el fin de una primera etapa que ha estado llena de frutos, y al mismo tiempo, estamos entrando en una nueva fase, que auguramos será tan fructuosa y se podrán resolver los difíciles problemas que quedan pendientes”, declaró.

El volumen, realizado por el Consejo Pontificio para la Promoción en colaboración con esas comunidades protestantes, se titula “Harvesting the Fruits. Basic Aspects of Christian Faith in Ecumenical Dialogue” (Recogiendo los frutos. Aspectos básicos de la fe cristiana en el diálogo ecuménico).

El CPPUC ha analizado, durante dos años, el diálogo con las principales comunidades protestantes, porque éstas fueron las primera en establecer un diálogo oficial con la Iglesia católica tras el Concilio.

Logros

Ahora, afirmó el cardenal Kasper, es el momento de hacer balance de la situación del diálogo, y añadió: “Nosotros mismos estamos gratamente sorprendidos por cuanto se ha logrado en estos años”.

Respecto a la recogida de los frutos del diálogo, a los que se refiere el título del libro, el cardenal Kasper indicó que “se trata de una recogida verdaderamente muy rica, que supera las numerosas polémicas y grandes problemas históricos de la Reforma”.

“Esto -prosiguió- puede representar una clara respuesta a opiniones que se están difundiendo, a veces también en la Curia Romana, o a la injustificada acusación de que el ecumenismo con las autoridades protestantes no había cosechado frutos hasta ahora y nos había dejado con las manos vacías”.

“No queremos que la riqueza de los resultados conseguidos sea olvidada y que se deba recomenzar desde cero”, dijo.

Comportamiento ecuménico”

“Deseamos iniciar un proceso de recepción de estos ricos frutos en el cuerpo de la misma Iglesia para llegar a un nuevo tipo de comportamiento ecuménico”, reveló.

El cardenal Kasper señaló que actualmente, en el ámbito ecuménico, como en todos los demás, se producen rápidos cambios en Occidente.

En este sentido, indicó que, tras el entusiasmo de los primeros años tras el Concilio, hoy se experimenta en el diálogo ecuménico un cierto cansancio.

“Sin embargo, la nueva sobriedad instaurada puede ser también un signo de mayor madurez” – indicó-. Probablemente, el camino ecuménico será más largo de lo que parecía después del Concilio”.

El libro constata los que las comunidades eclesiales en diálogo desde el Concilio Vaticano II han cambiado a lo largo de estos cuarenta años.

“Quizás nuestros interlocutores ya no son los mismos, son más diversos que los que encontramos durante y después del Concilio -explicó-. Hay fragmentaciones internas, nuevos problemas en el campo de la ética, problemas desconocidos en el pasado”.

Y prosiguió: “También en la Iglesia católica ha habido cambios; a veces nuestros documentos son difíciles de digerir para nuestros interlocutores”.

“Con este libro queremos fomentar un nuevo impulso -afirmó-. Ilustrando los numerosos resultados positivos de estos cuarenta años, queremos mostrar que somos capaces de conseguir cualquier cosa si seguimos comprometidos con el ecumenismo”.

El volumen pone de relieve, por primera vez, los resultados de los cuatro diálogos bilaterales con esas cuatro confesiones protestantes, agrupados por temas, para permitir la comparación y una visión más clara del alcance de lo logrado en cuarenta años de diálogo.

El libro también dedica un espacio a las zonas de convergencia ecuménica que podrían ayudar en el proceso de recepción de los resultados en las distintas confesiones.

Sobre los problemas por resolver, el cardenal explica: “Hemos identificado problemas en la hermenéutica, en la antropología, en la eclesiología y también en la comprensión de la Eucaristía”.

Simposio en 2010

Las Iglesia católica y las comunidades protestantes tienen la intención de organizar un simposio, en febrero de 2010, en el que debatirán el futuro del ecumenismo occidental, anuncio el cardenal.

El libro presentado este jueves en el Vaticano servirá de base para las conversaciones de ese encuentro.

Además del cardenal Kasper, en la rueda de prensa intervino también monseñor Mark Langham, oficial del CPPUC y uno de los principales colaboradores del purpurado en la elaboración del libro.

Monseñor Langham destacó que el cardenal Kasper “ha querido dar a conocer de esta manera el fruto de cuarenta años de diálogo ecuménico a una nueva generación que creció en el post-concilio y probablemente no conoce a fondo lo que se ha logrado”.

Temas de diálogo

El oficial explicó que el libro se estructura en cuatro capítulos: “Fundamentos de nuestra fe común”, “Salvación, justificación y santificación”, “La Iglesia”, y “Bautismo y Eucaristía”.

Aplicando la metodología del mismo diálogo ecuménico, el primer capítulo aborda las bases comunes a todas las partes en diálogo.

El segundo se ocupa de una cuestión central para la Reforma -la salvación, la justificación y la santificación-, en la que “se ha logrado un acuerdo significativo que constituye un hito en las relaciones ecuménicas”, explicó monseñor Langham.

Sin embargo, añadió, “quedan todavía cuestiones que requieren ulteriores aclaraciones, como la que se refiere a la función de la doctrina de la justificación en el seno de la eclesiología entera”.

El tercer capítulo, el más largo, examina la misión, autoridad y ministerio de la Iglesia, partiendo de la manera como estos aspectos están presentados en las declaraciones comunes cristianas en estos años.

“En este sentido, las polémicas y malentendidos del siglo XVI han sido reexaminadas y en parte superadas”, dijo el experto, aunque permanecen los problemas en cuestiones centrales como “qué es” o “dónde está” la Iglesia.

En opinión de monseñor Langham, “esto demuestra que la relación entre los elementos espirituales y concretos que definen la Iglesia deberá ser estudiada de manera más profunda”.

En el cuarto capítulo se habla, por ejemplo, de la controversia sobre la Eucaristía que existió durante la Reforma, sobre la que “gracias a un intenso diálogo y sobre todo a un renovado énfasis sobre la función del Espíritu Santo, ha sido posible llegar a una importante convergencia”, afirmó el oficial.

De todas maneras, añadió, “se deberán estudiar ulteriormente algunas cuestiones sobre ese sacramento, así como el carácter de sacrificio de la Misa, la presencia real del Señor en la Eucaristía y el significado de “transubstanciación””.

En el capítulo final, el cardenal Kasper aborda la síntesis de los cuatro diálogos y la importancia de todo lo logrado.

[Por Patricia Navas]

octubre 16, 2009 Publicado por | Ecumenismo, Historia Eclesiástica, Superstición | , | Dejar un comentario

¡Se me subió el muerto!

¡Se me subió el muerto!

 

Algunas veces, en nuestras giras apostólicas por diversas parroquias, no falta alguien que se acerca para hacer una consulta: «¡Padre, fíjese que se me subió el muerto y no sé qué hacer!»

¿Qué es eso de que «se me subió el muerto»? Las señales para reconocerlo son inequívocas: sucede cuando estás dormido y de repente te despiertas sin poder moverte. Nada. No puedes mover ni un brazo ni una pierna, y ni siquiera puedes hablar. Extrañamente puedes respirar con dificultad, pues sientes una opresión en el pecho (y en todo el cuerpo) y de ahí que algunos digan «se me subió un muerto», pues es como si tuvieras un cuerpo invisible cubriéndote.

Pues bien, ¿a qué se debe? Aunque no lo creas, esto tiene una explicación médica. Se le llama Parálisis del sueño. ¿En qué consiste? Al momento de dormirnos, nuestro cerebro se va desenchufando poco a poco y no de golpe. Las ondas cerebrales empiezan a funcionar de manera diferente, y pasamos por diferentes etapas. Eso es claro de ver, pues cuando alucinamos por algo o estamos adormilados, nuestro cuerpo no responde igual porque nuestro cerebro no está al 100%. Bueno, pues sucede que cuando nos dormimos, nuestro cerebro anda en capacidad muy baja, y cuando nos despertamos de golpe o porque hay algún ruidito que nos moleste, el cerebro tarda en arrancar del todo, y nuestro cuerpo no responde como debiera. Esa es la razón por la que no nos podemos mover. No por algún muerto travieso.

¿Qué se puede hacer cuando uno se encuentra consciente durante la parálisis del sueño?

a) Tranquilizarse, el miedo no hará más que prolongar este desagradable estado;

b) Respirar profundamente, la parálisis del sueño no controla la respiración;

c) Mover los ojos, la parálisis tampoco controla los ojos;

d) Intentar mover los dedos, tanto de las manos como de los pies. El movimiento producido será real, y puede ayudar a despertarse;

e) Realizar un movimiento brusco.

julio 16, 2009 Publicado por | Pastoral, Superstición | , | Dejar un comentario

RENOVARSE O MORIR

RENOVARSE O MORIR. HE AHÍ EL DILEMA

El primer paso para resolver cualquier problema es el reconocimiento de su naturaleza específica y hacer los cambios oportunos.

Por el P. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap

 

http://zarazua.wordpress.com

 

El más reciente libro del P. Flaviano Amatulli Valente, titulado “CAMBIAR O MORIR. LA IGLESIA ANTE EL FUTURO” es una aplicación muy interesante del método ver, juzgar y actuar, empleado en diversos documentos eclesiásticos.

“Este método —dice el Documento de Aparecida, n. 19— nos permite articular, de modo sistemático, la perspectiva creyente de ver la realidad; la asunción de criterios que provienen de la fe y de la razón para su discernimiento y valoración con sentido crítico; y, en consecuencia, la proyección del actuar como discípulos misioneros de Jesucristo”.

El P. Amatulli lo resume en estas interrogantes: ¿Dónde estamos? ¿Adónde vamos? ¿Por cuáles caminos queremos llegar?, que señalan el itinerario de este folleto, dividido en tres partes, que corresponden a los tres momentos del método ver, juzgar y actuar.

 

VER

Un modelo eclesial agotado

Echando un vistazo al índice podemos tener una idea clara de la lectura de la realidad que hace el P. Amatulli. Como sabemos, lo que privilegia el P. Amatulli es la realidad eclesial, pero sin infravalorar la realidad en sus aspectos socio-económicos y políticos.

Es la mirada del pastor, siempre dispuesto a dar la vida por las ovejas (Jn 10, 11); es el examen minucioso del misionero llamado a anunciar las insondables riquezas de Cristo (Ef 3,8); es la exploración que realiza el presbítero, llamado a cuidar el rebaño que el Espíritu Santo le encomendó (Hch 20, 28).

¿Qué es lo que observa al analizar la compleja realidad eclesial desde la perspectiva de quien está consciente de haber sido llamado a anunciar la Buena Noticia (1Cor 1, 17)?

El abandono pastoral en que se encuentran amplios sectores del Pueblo de Dios; la profunda ignorancia religiosa de las masas católicas, el autoritarismo que se niega a desaparecer en una institución con una estructura piramidal, donde la autoridad se ejerce de modo discrecional; la corrupción, la explotación, el poco respeto a los derechos humanos y a la dignidad de la persona, que también están presentes en la relaciones entre los miembros de la Iglesia, puesto que el pensamiento autoritario se cristaliza en formas autoritarias de gobierno.

He aquí un párrafo revelador:

De hecho, en la Iglesia se habla más de obediencia que de búsqueda o concertación, de unidad que de diversidad, de monopolio que de libre competencia. Basta ver el asunto de la catequesis. Texto único, sin importar las diferencias existentes entre los distintos destinatarios, que viven en ambientes muy diferentes o cuentan con diferente tipo de compromiso cristiano (católicos de la masa y católicos integrados a los grupos apostólicos). Yo mando y ya. Lo que vale es la ley, no la persona (Cambiar o Morir. La Iglesia ante el Futuro, p. 9).

 

¿Qué más se observa cuando se mira con los ojos del pastor, para quien la salus animarum es la ley suprema de todo el quehacer eclesial (Código de Derecho Canónico, c. 1752)? Un panorama bastante desolador con respecto a la religiosidad popular, a contracorriente de lo que dicen los documentos eclesiales.

“La piedad popular —dice el Documento de Aparecida, n. 264— es una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia y una forma de ser misioneros, donde se recogen las más hondas vibraciones de la América profunda”.

De acuerdo, pero la religiosidad popular no representa el non plus ultra del catolicismo, la forma más acabada de vivir la fe católica. Como lo reconocen diversos documentos eclesiales: “hay que evangelizarla o purificarla”. Es que se trata, en muchos casos, de un auténtico paganismo con pantalla cristiana, pero que es intocable en vistas a su utilidad para llenar las arcas de la Iglesia y acrecentar las finanzas del clero.

También salta a la vista el éxodo masivo de católicos hacia las más variadas propuestas religiosas, la vocación de suicidio de algunos sectores de la Iglesia, que están volcados en una forma ingenua de vivir el ecumenismo y el diálogo interreligioso, mientras dejan al pueblo católico en el más absoluto desamparo.

En suma, se observa un catolicismo en bancarrota. ¿La causa? El problema es multicausal, pero una cosa es cierta: existe actualmente un modelo eclesial agotado.

Es inútil que nos hagamos ilusiones: nos encontramos en caída libre y nadie sabe cuándo nos vamos a parar. Templos que se cierran, parroquias que se juntan, seminarios vacíos, órdenes y congregaciones religiosas de puros ancianos, gente que cada día más se va alejando de nosotros sin despedirse siquiera. Hay que estar ciegos para seguir pensando que todo anda bien en nuestra casa, mientras tratamos de apuntalar un andamio que ya se nos está cayendo encima a la vista de todos.

Es inútil tratar de maquillar, camuflar o esconder una realidad eclesial, extremadamente precaria. Lo mejor es tomar conciencia de ella y tratar de intervenir con sentido de responsabilidad y audacia cristiana. De otra manera, me temo que, de seguir así, nuestro changarrito poco a poco se va a reducir a los mínimos términos (Cambiar o Morir. La Iglesia ante el Futuro, p. 19-20).

 

Juzgar

El plan de Dios

El proyecto salvífico de Dios es la medida para calificar la realidad eclesial, para descubrir qué tanto nos falta para llegar a la meta que Dios nos propone. Pues bien, ¿cuál es el proyecto de Dios para su pueblo? Vida abundante en Cristo y su Iglesia (Jn 10, 10b; 1Tim 3, 15).

Por eso, en esta segunda parte, el P. Amatulli nos presenta a Cristo y a la Iglesia católica como lo que realmente son: a Cristo como el único salvador del mundo (Hch 4, 12; Jn 14, 6) y a la Iglesia como un camino privilegiado de salvación.

Por lo tanto, ser discípulo de Cristo en la Iglesia fundada por Él, representa lo máximo para el ser humano, un enorme privilegio, que hay que agradecer a Dios constantemente. Es otra manera, muy diferente, de pensar, vivir y situarse en el mundo. Es otra manera de ver el más allá y prepararse al encuentro definitivo con Dios. Es otra manera de establecer, vivir y sentir la propia relación con la divinidad: “Miren qué amor tan grande nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!” (1Jn 3, 1) (Cambiar o Morir. La Iglesia ante el Futuro, p. 27).

 

Además, en este contexto, el P. Amatulli nos ayuda a descubrir con nuevos ojos la excelencia de la fe católica, que no es una invención humana, sino algo que viene de Dios. Al mismo tiempo, a la luz de la Sagrada Escritura, nos lleva a examinar diversas imágenes de la Iglesia que presentan lo que Dios quiere para su pueblo, el sueño que debe hacerse realidad en la historia de la salvación.

En efecto, la Iglesia está llamada a ser el rebaño de Dios, donde las ovejas estén seguras y tranquilas, bajo el cuidado de un pastor dispuesto a dar la vida para protegerlas; la viña, donde Dios es el viñador, que la cuida de la mejor manera posible para que dé frutos; la familia y el templo de Dios.

Este es el ideal. Pero, ¿cuál es la realidad concreta? Ovejas dispersas y errantes (Ez 34, 5-6); viña que, en lugar de dar uvas, da racimos amargos (Is 5, 2); y templo en que se honra a Dios solamente con los labios (Is 29, 13).

¿La culpa? De todos, pero de una manera especial de:

• los encargados, que se adueñan de la viña (Lc 20, 9-19);

• los malos pastores, que se apacientan a sí mismos y descuidan a las ovejas (Ez 34, 2), volviéndose mercenarios (Jn 10, 12; Os 4, 6);

• los mayordomos, que, en lugar de proporcionar a la servidumbre el alimento a su debido tiempo, se aprovechan de su cargo para tener una vida disoluta, descuidando gravemente su deber (Mt 24, 49; Lc 12, 45) (Cambiar o Morir. La Iglesia ante el Futuro, p. 33).

 

Y todo esto se debe a que existe en la Iglesia una verdadera casta sacerdotal, poco sensible a las necesidades espirituales del pueblo, y que dedica mucho tiempo a buscar y conservar privilegios.

 

Actuar

Hacia un Nuevo Modelo de Iglesia

¿Qué hacer para acortar las distancias entre el plan de Dios y la situación actual de la Iglesia? Una restructuración general de la vida de la Iglesia. La idea-fuerza que sugerirá las estrategias a seguir es muy sencilla, pero desafiante: luchar para garantizar la atención personalizada de todos y cada uno de los bautizados.

• Estructurar la comunidad cristiana, haciendo de ella una comunidad de servidores, en la que todos están llamados a dar y recibir, y donde esté garantizado el pastoreo y la evangelización, donde se viva la autoridad como un servicio y no como poder y privilegio y se pueda garantizar la celebración eucarística a todas y cada una de las comunidades, resolviendo la falta de ministros ordenados para confeccionar la Eucaristía. Esto implica también la presencia de ministros no ordenados, para quienes es necesario un marco jurídico que les dé un mínimo de garantías y salvaguarde su dignidad como agentes de pastoral, al mismo tiempo que contemple recompensarlos económicamente.

• Descentralizar el culto, delegando funciones y haciendo realidad en la praxis el concepto de Iglesia doméstica, al mismo tiempo que la capilla se vuelve en lugar de encuentro y celebración cultual a nivel de pueblo en general y de los diversos grupos humanos (asociaciones, gremios, etc.), favoreciendo que la celebración de la fe se haga más cercana al pueblo y, por lo tanto, más participativa, mientras se da un mayor margen de intervención a los laicos comprometidos.

• Reorganizar el proceso formativo, superando el desfase cultural y utilizando los moldes culturales contemporáneos (psicología, oratoria, comunicación, literatura, etc.), equilibrando el aspecto intelectual y el aspecto práctico, viendo la formación como un camino de fe y no como un medio para transmitir meros conocimientos. Por otra parte, teniendo presente la realidad latinoamericana, es importante implementar cursos de Biblia y apologética para enfrentar el proselitismo religiosos y formar auténticos discípulos y misioneros de Cristo.

• Organizar la misión, haciendo realidad la evangelización de nuestro pueblo, mediante un anuncio acompañado siempre del testimonio y la oración, dirigido a todos, sin excepción. Para lograrlo, es necesario favorecer el surgimiento de un carisma especial, el carisma misionero, cuya tarea es ensanchar los confines de la comunidad cristiana y cuyos destinatarios son los católicos alejados o no practicantes y los no católicos, sean ateos, indiferentes religiosamente, ex católicos o miembros de otra religión. Evidentemente, es algo que supone el don de Dios, ciertas dotes naturales, una debida preparación teórica y muchos ensayos con entrenamiento práctico. Sólo así será posible que la Misión Continental no se quede en el papel y en uno más de múltiples intentos fallidos.

• Impulsar los carismas, evitando el clericalismo, que consiste en acaparamiento de funciones de parte del clero. Es tiempo de volver al estilo que vivieron las primeras comunidades cristianas, impulsando, como ocurrió en la Iglesia primitiva, los más variados carismas. Para hacerlo realidad es insustituible la labor de las asociaciones y movimientos apostólicos, en un clima de sana competencia y espíritu de colaboración.

• Crear una cultura católica, aprendiendo a manejar el lenguaje cultural actual (novela, cuento, telenovela, película, teatro, etc.) y haciendo realidad una organización al estilo empresarial y utilizando los innumerables recursos de la tecnología moderna.

• Informes oficiales. Se requiere un formato más adecuado, con los indicadores que permitan conocer la situación real en que se encuentra la parroquia, el decanato, la diócesis, etc., y favorezca una adecuada organización pastoral.

 

Concientizar la Iglesia

y alentar la esperanza

Es la tarea de este folleto y de los recientes libros publicados por el P. Amatulli: La Iglesia y las Sectas, México 1993; La Iglesia ante la Historia, México 2004; Hacia un Nuevo Modelo de Iglesia, México 2006; Documento de Aparecida. Extracto operativo, México 2007; Charlas de Sobremesa entre Curas, México 2007; Inculturar la Iglesia, México 2008; ¡Alerta! La Iglesia se desmorona, México 2008; Vino nuevo en odres nuevos, de próxima aparición.

 

Es algo realmente triste: por lo general, el clero y la vida consagrada, que tendrían que representar la vanguardia en la acción evangelizadora de la Iglesia, se han vuelto en el principal factor de resistencia ante el cambio. Es que representan los más favorecidos en el actual modelo eclesial. Por eso su visión de la realidad es muy diferente, se niegan a reconocer su fracaso pastoral y se cierran ante la perspectiva del cambio.

El laicado, al contrario, por lo general ve con buenos ojos el esfuerzo que se está haciendo por profundizar la realidad eclesial y anhela el cambio. Pues bien, para alentar esta esperanza, no dejo de pensar, escribir y correr por todos lados, luchando para que no se apague la llama que aún humea (Is 42, 3) (Cambiar o Morir. La Iglesia ante el Futuro, p. 62).

julio 16, 2009 Publicado por | Uncategorized | Dejar un comentario

Los jóvenes: obreros del Evangelio

Los jóvenes: obreros del Evangelio

Voluntariado Misionero Apóstoles de la Palabra

Fortalecer la fe de los católicos  

y dar a conocer a todos la Sagrada Escritura

 

Quienes son

Son jóvenes y muchachas, orgullosos de ser católicos, que aman la Palabra de Dios y desean fortalecer la fe de sus hermanos utilizando abundantemente la Biblia.

Para lograrlo, forman pequeñas comunidades cristianas, realizan visitas domiciliarias, imparten charlas, cursos y retiros espirituales, distribuyen literatura católica formativa, haciendo uso abundante del canto y las obras de teatro.

 

Finalidad

Es hacer de los jóvenes verdaderos “obreros del Evangelio”, teniendo presente que la cosecha es abundante y los misioneros son pocos (cfr. Lc 10, 2). La experiencia dice que los jóvenes católicos pueden dedicar parte de su tiempo y su entusiasmo para llevar el Evangelio a los más necesitados.

 

Modalidades

-Un  año de servicio a tiempo completo.

Después de cuatro meses de formación y capacitación teórica y práctica, los jóvenes hacen la promesa de servir a la Iglesia durante un año a tiempo completo. Esto implica dejar la propia casa e ir a los lugares más necesitados del anuncio del Evangelio.

La formación que reciben les permite ser rezanderos, celebradores de la Palabra, catequistas y misioneros parroquiales. Al concluir la promesa, pueden renovar su compromiso o regresar a la propia parroquia para colaborar en la evangelización de sus comunidades.

Esta modalidad es, de una manera especial, para los jóvenes que quieren discernir mejor la vocación. En este caso, los jóvenes con inquietudes de ingresar al seminario o las jóvenes con inquietudes hacia la vida consagrada, pueden integrarse, respectivamente, a la Fraternidad Misionera Apóstoles de la Palabra o al Instituto Misionero Apóstoles de la Palabra.

 

-Menos de un año.

Es para los jóvenes que no pueden regalar un año completo al servicio de la Iglesia por motivos de trabajo o de estudio. Después del periodo formativo, hacen la promesa por el tiempo que consideren oportuno (seis meses, por ejemplo).

 

-Jóvenes que estudian o trabajan.

Aprovechan algunas tardes, los fines de semana, las vacaciones y el tiempo disponible para capacitarse y realizar apostolado. Por lo menos dedican un fin de semana al mes para estudio, retiro espiritual y convivencia fraterna y otro fin de semana para distribuir literatura formativa de casa en casa y en las misas dominicales.

 

Nuestros centros de formación

Los centros de formación están ubicados en los siguientes lugares:

 

MUJERES

Calle La Rosas, 79 Lote 10 Mza. 12

Col. Agrícola La Venta

21210 Acapulco, Gro.

Tel. 01744/403-25-27

 

Niños Héroes # 18

Entre Felipe Ángeles y Fco. I. Madero

Col. Sta. Cruz de las Huertas

45410 Tonalá, Jal (Guadalajara)

Tel. 01/33/3691-2521

 

Av. 3 de Octubre

entre 15 de Septiembre y 10 de Mayo

Col. Guadalupe Xonacatepec, Puebla, Pue.

Tel. 01 22 2218 9545

 

Col. Moderna

Sección La Mediana

A. P. # 136 Tuxtepec, Oax.

Tel. 01/287/871-7071

 

VARONES

Calle Las Parotas S/N Col. Nuevo Amanecer

41100 Chilapa de Álvarez Gro.

Tel: 01 756 475 30 84

 

16 de Septiembre #1304

Col. Centro

72000 Puebla, Pue.

Tel. 01/222/232 40 40

 

Av. Yucatán Nº 43

Barrio Las Flores

68400 Loma Bonita, Oax.

 

Calle 62 S/N por 85 y 87

Col. Nueva Santa Isabel

97370 Kanasin, Yucatán

Cel. 045/999/991 58 05

 

MUJERES  Y VARONES

Calle José Martí Nº 123

Col. Reforma Agraria

68000 Oaxaca, Oax.

Tel: 01/951/516 20 07

 

Diagonal S. Pedro de Verona Mártir

Avenida Central 6

29770 Bochil, Chiapas

Tel: 01/ 91965301509 (Parroquia)

Cel. 045919/100 96 21

 

julio 16, 2009 Publicado por | Uncategorized | 7 comentarios

¿Por qué dice la Biblia que los borrachos “no heredarán el Reino de Dios”?

¿Por qué dice la Biblia

que los borrachos “no heredarán el Reino de Dios”?

 

El Reino de Dios es el mundo como lo quiere Dios, un mundo donde se vive la voluntad de Dios, sintetizada en que debemos amar a Dios con todo nuestro corazón, nuestra mente, nuestra alma y nuestras fuerzas, y al prójimo como a nosotros mismos (Cfr. Mc 12, 29).

Pues bien, nuestra participación en el Reino de Dios, aunque tiene su realización plena en la eternidad junto a Dios, la vivimos desde ahora, en nuestra vida cotidiana.

Teniendo presente todo esto, retomemos lo que dice san Pablo en su carta a los Gálatas, resaltando el problema de emborracharse:

19 Las acciones que proceden de los bajos instintos son manifiestas: fornicación, indecencia, libertinaje, 20 idolatría, superstición, enemistades, peleas, envidia, cólera, ambición, discordias, sectarismos, 21 celos, borracheras, comilonas y cosas semejantes. Les prevengo, como ya los previne, que quienes hacen esas cosas no heredarán el Reino de Dios (Gál 5, 19-21).

 

En la carta a los Gálatas, san Pablo considera que la persona humana es como un campo de batalla, donde dos fuerzas opuestas libran un combate: las fuerzas del instinto (san Pablo dice, literalmente, “las obras de la carne”) y la fuerza del Espíritu con su fruto, el amor, y todo lo que éste trae consigo: alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí mismo (cfr. Gál 5, 22-24).

Para san Pablo (y lo experimentamos en la vida cotidiana), el instinto mata la libertad y conduce a la esclavitud; por eso nos invita a dejar una serie de vicios que nos alejan del proyecto salvífico de Dios, de su Reino.

Pues bien, en Gál 5, 19-21 san Pablo presenta una lista de vicios, que podemos dividir en dos categorías:

a) los vicios que pisotean y destruyen la libertad del otro, de nuestro prójimo, haciendo imposible la convivencia humana: violencia, envidias, divisiones, ambición, etc.

b) las pasiones que encadenan a la persona a la tiranía del sexo y a los excesos del alcohol y la comida: fornicación, desenfrenos, borracheras y comilonas.

Por eso en Gál 6, 8, san Pablo afirma lo siguiente:

8 Quien siembra para los bajos instintos, de ellos cosechará corrupción; quien siembra para el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna (Gál 6, 8).

 

La experiencia de las borracheras, algo frecuente en nuestro pueblo, es causa de esclavitud para quien se emborracha y motivo de innumerables sufrimientos para sus seres queridos.

Debido al abuso de bebidas embriagantes, el ser humano, llamado a construir paraísos y a alegrar la vida de los demás, construye infiernos, donde sufre más la propia familia: violencia física y verbal, pobreza, hambre y tantas cosas más, que favorecen que haya relaciones conflictivas y destructivas que dañan seriamente a la esposa y a los hijos, además de la autodestrucción que la embriaguez constante trae consigo.

Por el P. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap

julio 16, 2009 Publicado por | Uncategorized | 12 comentarios

La formación intelectual del sacerdote

La formación intelectual del sacerdote

 

Este artículo de Barrajón me parece pertinente, pues presenta las motivaciones más profundas para la formación permanente del presbítero, aunque el artículo insiste en la formación intelectual, partiendo de la encíclica Pastores dabo vobis, particularmente de los números 51-56 y 72. El tema está englobado en la reflexión sobre la identidad y la misión del sacerdote, elemento importante para la renovación, siempre necesaria, de la Iglesia.

Por ser hombre, dice Barrajón, el sacerdote está llamado a formar su inteligencia, abierta ésta a la verdad completa. Es más, la inteligencia firma parte de la humanidad del sacerdote, que debe ponerla al servicio de Cristo y de la Iglesia. Implica, también, la búsqueda incesante de la verdad.

Además, el sacerdote está llamado a predicar el Evangelio de la verdad y a Cristo, que es la verdad misma. Se trata del servicio de la verdad, que está íntimamente ligado al servicio de la caridad, por lo que es un deber irrenunciable. Esto requiere estudio, no sólo en el caso del sacerdote sino en el caso del candidato al sacerdocio, quienes deben dedicar algún tiempo al estudio para la eficacia en el apostolado.

Esto que siempre ha sido necesario, es urgente en las circunstancias actuales, en un mundo donde crece la influencia del relativismo, que alimenta la cultura actual, por lo que el sacerdote debe caracterizarse por ser el hombre de la verdad, el hombre de la inteligencia perspicaz, el creador de cultura humanista; lo que requiere de una será preparación intelectual, que le permita ser un interlocutor de este mundo al que debemos evangelizar, máxime ahora que se requiere evangelizar la cultura, para que ésta responda a la vocación divina del hombre.

 

Comentario. Pienso que Barrajón trata un tema de grandísima actualidad. En este sentido, me gustaría aportar algunas reflexiones y experiencias. He iniciado, junto con algunos integrantes de mi comunidad, algo denominado Café Teológico. Se trata de un espacio para reflexionar sobre los desafíos de la sociedad actual, que parte del acercamiento a diversos temas y la discusión en grupo. Es un ejercicio mensual, que resulta sumamente revelador, porque nos permite estar al día y enfrentar los retos pastorales con mayor eficacia.

Por otra parte, he iniciado en la ciudad de México y en la ciudad de Puebla un grupo parecido, pero con énfasis en la cultura. El objetivo de estos encuentros es tratar de entender la cultura actual, leyendo la literatura contemporánea, mirando el cine actual y acercándose a otros géneros como el teatro y las artes plásticas en general. El reto a enfrentar es aprender a expresarse en la cultura contemporánea, utilizando el teatro, la novela, el cuento, la poesía, etc.

Evidentemente, la formación intelectual requiere tiempo y esfuerzo, por lo que es conveniente programar los tiempos y las actividades. Otro elemento importante: la participación del laicado es imprescindible. Ellos están más sumergidos en la cultura actual, pues no están en el gueto que representan instituciones como los seminarios y los centros de formación eclesiásticos.

El artículo me ayudó a fundamentar más estas inquietudes y suscitar el interés de trabajar con mayor intensidad en mi formación intelectual. El estudio no es tiempo perdido. Es una herramienta para el sacerdote del tercer milenio, que se manifestará en una mejor planeación y una más amplia eficacia pastoral, que partirá de un mayor conocimiento de la cultura contemporánea.

 

BIBLIOGRAFÍA

 Barrajón, Pedro, La formación intelectual del sacerdote, en Ecclesia XVI, ene-mar, 2002, 43-62.

julio 1, 2009 Publicado por | Uncategorized | Dejar un comentario

Síntesis de la Piedad Popular en el Documento de Aparecida

Síntesis de la Piedad Popular en el Documento de Aparecida

El Documento de Aparecida, en los números 258 al 265 nos presenta lo relacionado a la piedad popular. Se trata de ricas aportaciones para comprender la riqueza de la religiosidad popular, a la que se nos presenta como el precioso tesoro de la Iglesia en América Latina, un tesoro que se tiene que promover y proteger en tanto que es expresión de la fe católica y un catolicismo profundamente inculturado. El DA nos señala las expresiones de la piedad popular, que constituyen verdaderas profesiones de fe, entre las que destaca la veneración a Cristo Crucificado, María, las imágenes y las peregrinaciones.

A través de ella se vive la experiencia de un misterio que nos supera. No se trata de una espiritualidad de masas; es una espiritualidad comunitaria, con amplios espacios a la vivencia personal, en tanto que nos posibilita la vivencia de la fe y la integración de lo .

Debemos valorar la piedad popular positivamente, puesto que ha sido sembrada por el Espíritu Santo, por lo que constituye un importante punto de partida para llevar la fe de nuestro pueblo a la madurez a la que ha sido llamado. Además, la piedad popular tiene una fecundidad sorprendente, que facilita la actividad misionera y nos hace tener presente la primacía de la acción del Espíritu Santo y que Dios siempre es el que toma la iniciativa de llamar a los hombres y, por tanto, la primacía de la Gracia.

¿Cómo enriquecerla? Indudablemente, nutriéndola de la savia evangélica, de la fuerza de la Palabra de Dios, de tal manera que también se llegue a la recepción de los Sacramentos, especialmente los Domingos y a la vivencia de la caridad.

junio 28, 2009 Publicado por | Uncategorized | Dejar un comentario

DESFILE DE ESCENAS BÍBLICAS

La Sagrada Escritura contiene una enorme riqueza, que en gran parte es desconocida por el pueblo católico. Estamos muy lejos de vivir según el deseo de los Padres conciliares, que deseaban “que todos los fieles tengan un fácil acceso a la Escritura” (DV 22).

Pues bien, para despertar el interés en el pueblo católico por conocer la Biblia, es necesario utilizar todos los medios que tenemos a nuestro alcance. ¿Cómo lograr que nuestro pueblo se entusiasme por las Sagradas Escrituras, de modo tal que inicie la gran aventura de estudiarla? Entre otras iniciativas, podemos lograrlo organizando desfiles de escenas bíblicas.

¿En qué consisten? Se trata de hacer un desfile en el que se vayan representando las escenas más significativas de la Historia de la Salvación, las parábolas, los milagros y los momentos importantes en la vida de Jesús y de la Iglesia primitiva, tal como la presentan los Hechos de los Apóstoles y las Cartas paulinas y católicas.

¿Quiénes pueden intervenir? Todos aquellos que hayan hecho un curso bíblico y deseen compartir lo que han aprendido con las demás personas de la comunidad.

Pueden ser los niños que asisten a la catequesis presacramental o a la catequesis de perseverancia, los catequistas, los integrantes del grupo juvenil, los jóvenes y adultos que participan en algún círculo bíblico o en un grupo de estudio de la Biblia, los miembros de algún movimiento laical, los seminaristas, las religiosas… En fin, personas que estén enamoradas de la Biblia y deseen enamorar a otros de la Palabra de Dios.

¿Cómo se procede? Primero viene la formación de los equipos y la selección de las escenas bíblicas que se representarán y su consiguiente preparación. Conviene tomar en cuenta el vestuario apropiado a la escena que se representará.

Para el desfile, se planeará la ruta que debe recorrerse. Los actores van desfilando por equipos y en los lugares señalados representarán la escena bíblica correspondiente. En un letrero visible se señalará la cita bíblica y la escena que se está representando, ejemplo: “Jn 2,1-11. Las Bodas de Caná”.

Evidentemente, hay que hacer la difusión del desfile, de manera tal que haya el mayor número de espectadores, avisando oportunamente que todos los que la tengan, traigan el propio ejemplar de la Biblia.

Al finalizar la representación de la escena bíblica, es oportuno reflexionar el pasaje bíblico. ¿Cómo hacerlo? He aquí algunas sugerencias:

a)      Una breve reflexión de alguien que la ha preparado oportunamente, utilizando la Biblia.

b)      Pasan al frente los actores y cada uno comparte su experiencia.

c)      Pasan al frente los artistas. El público les hace preguntas, sea sobre sus palabras, sus actitudes o sentimientos.

¿Cuándo puede realizarse? En la fecha que se considere más oportuna: con ocasión de la fiesta patronal, cada 2 o 3 meses con los niños que asisten a la catequesis presacramental, al finalizar la catequesis, durante el mes de Mayo, con ocasión del rezo del Santo Rosario; durante la realización de una misión popular, en el Mes de la Biblia (septiembre), etc.

junio 27, 2009 Publicado por | Uncategorized | Dejar un comentario

Reflexiones a propósito del Documento Conclusivo no oficial de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe

Reflexiones a propósito del Documento Conclusivo no oficial de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe

 

P. Amatulli: Sé que recibió hace unos días, por correo electrónico, la versión no oficial del Documento Conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Pues bien, ¿cuáles son sus impresiones?

Quisiera iniciar señalando los aspectos positivos. El tema de la V Conferencia es sumamente significativo. Con esta Conferencia, la Iglesia católica aterriza en lo que es lo propio de la Iglesia. Divaga poco en aspectos marginales. Aterriza en lo propio, en lo específico de la Iglesia, que consiste, precisamente, en formar discípulos y misioneros de Cristo, para que en Él todos puedan tener vida. Esto es lo específico de la Iglesia. Para eso existe la Iglesia. Yo creo que, después de tantos titubeos y coqueteos, con esta Conferencia Episcopal se baja a lo concreto. Esto lo veo como un aspecto positivo, fundamental.

Otro aspecto positivo: noto la riqueza del documento, que abarca muchos aspectos. Sin embargo, e inicio aquí con los aspectos negativos, esta riqueza de contenidos no tiene un hilo conductor muy claro. Se ponen muchos conceptos, muchas ideas, yuxtapuestas, pero les falta una idea conductora, que parte de una conversión a Cristo y crea estructuras para llevar adelante este proceso.

Por otra parte, el estilo del documento no es operativo, es eminentemente teórico, exhortativo, como son en general los documentos de la Iglesia.

Otro aspecto negativo que yo noto, no sólo en este documento, sino en todos los documentos que vienen desde el Concilio, es que se dicen cosas, se señalan ciertas deficiencias, pero sin buscar las causas profundas. Se nota mucha capacidad de parte de la Iglesia para hacer análisis de la sociedad, del mundo, de los demás. Miran hacia la sociedad con una lupa para ver realmente cómo está, señalando prevalentemente los aspectos negativos. Pero al mismo no se examina a fondo la realidad eclesial. Se habla de marginación y de abandono, a nivel social, político y económico. ¿Por qué no se hace lo mismo a nivel de Iglesia?

Cuando se habla de la Iglesia se presentan aspectos negativos de una forma marginal, pero sin señalar sus causas más profundas. Esencialmente aquí está el problema. Se tocan estos aspectos como de pasada, sin profundización.

 

 

 

Según su opinión, ¿cuál es la razón fundamental de la marginación a nivel eclesial en que viven las masas católicas?

Se debe a que las estructuras pastorales de la Iglesia son de la Edad Media, una sociedad que ya no existe. En la Edad Media había un connubio muy estrecho entre la Iglesia y el Estado. En esta situación, la fe se respiraba por todos los poros. Había muchísimos sacerdotes: por cada 70-100 habitantes había por lo menos un sacerdote. En algunas partes de Europa, hasta hace unos 50 años, por cada 500 habitantes había un sacerdote. En este tipo de sociedad, era fácil que se bautizara a todos, que se casara a todos por la Iglesia, sin una preparación específica para cada sacramento, porque se vivía la fe, se respiraba la fe, se sentía la fe; no se necesitaba algo especial.

Pero ahora nos encontramos en una sociedad plural. En America Latina, por todos los problemas que se han suscitado desde la Independencia (expulsión de los misioneros españoles, largos periodos sin obispos…) la fe ha decaído muchísimo. La situación en que nos encontramos ahora es diferente a la situación en que se encontraba la Iglesia católica hace 200 años. Pero ¿qué pasa? Que ahora en América Latina se quiere seguir como antes: bautizar a todos, casar a todos por la Iglesia, cuando todo el contexto latinoamericano es un contexto contra la religión, contra la fe y la actitud contra España ha creado una mentalidad anticatólica a nivel general.

Lo que antes era un asunto de élite, ahora es de masas. A esto se añada la presencia de los grupos proselitistas, que van de casa en casa, uno por uno. Hoy, la sociedad latinoamericana está sumergida en un anticatolicismo muy generalizado. Toda la cultura es anticatólica o arreligiosa. En este contexto, hay que señalar que el alma del pueblo latinoamericano no es un alma plenamente católica, como se quiere dar a entender en el Documento. Hay que distinguir entre alma religiosa y alma católica. El catolicismo tiene contenidos bien precisos: Un solo Dios, la santísima Trinidad, la encarnación del Verbo, la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, el papel de María, la vida nueva… Mientras aquí, en América Latina, hay una enorme confusión, donde se toman elementos del catolicismo, pero se viven en otro contexto, en otra mentalidad. En esta situación se quiere seguir bautizando a todos, casando a todos por la Iglesia, etc.

El Documento presenta frases bonitas. Habla bonito de la Eucaristía. Pero no toma en cuenta que no hay un número suficiente de sacerdotes, que hay muchas comunidades que no tienen sacerdote y no se sabe cuándo podrán tenerlo. Cierto, de vez en cuando se les lleva la Eucaristía. Ahora bien, no se trata de distribuir la comunión, sino de celebrar la Eucaristía. Así que aquí hay un problema teológico fundamental: el papel de la Eucaristía en la vida de la comunidad cristiana y del presbítero en orden a la celebración de la Eucaristía, la formación de la comunidad y el pastoreo.

No podemos hacer depender el futuro de la Iglesia del número de los presbíteros. En otras palabras, no puede haber verdadera comunidad cristiana, si no hay un presbítero que celebre los sacramentos y la cuide. Donde hay una comunidad cristiana y, por lo tanto, se administran los sacramentos, tiene que haber un ministro ordenado. De otra manera no hay comunidad. Entre más comunidades cristianas hay, más presbíteros tiene que haber, pase lo que pase. Administrar los sacramentos, sin garantizar el crecimiento en la fe, me parece un absurdo. Es una forma de paternidad irresponsable.

De otra manera estamos protestantizando el continente latinoamericano, al dejar las comunidades bajo la responsabilidad de puros laicos, que manejan la Biblia y hacen lo que pueden.

Para mí esto es lo negativo fundamental: No haber tenido el valor, de parte de la jerarquía latinoamericana, de hacer un análisis serio de la realidad eclesial, para ver como ir solucionando este problema, poniéndose en otra perspectiva, no tratando de revivir aquí la Edad Media, sino inspirándose en la Iglesia primitiva, no solamente en las primeras comunidades, sino en todo el proceso de evangelización, de implantación del Evangelio, suscitando los ministerios y las estructuras necesarios. Si no logramos hoy actuar con la libertad de san Pablo, no podremos crear un auténtico catolicismo.

¿Dónde está la fuerza de los grupos proselitistas? En inspirarse en los Hechos de los Apóstoles, en la Iglesia primitiva, actuar con libertad y crear estructuras adecuadas para implantar la fe en este continente.

El mismo estilo tenemos que tomar nosotros: inspirarnos en la Iglesia primitiva y dejar a un lado el lenguaje filosófico-teológico de la Edad Media, un lenguaje y unas estructuras que no podemos revivir; estamos en otro contexto. Son lenguajes y estructuras propios de una época ya superada. No podemos evangelizar inspirándonos en esta época. Tenemos que mirar directamente a la Iglesia primitiva, que nos presenta el Nuevo Testamento, y a partir de ahí, recrear el lenguaje y recrear todo el sistema de evangelización.

 

Padre Amatulli, en el no. 11, el Documento señala que la Evangelización “no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos”. ¿Es posible evangelizar sin estructuras adecuadas?

No. Precisamente yo noto también en este aspecto cierta manera superficial, demagógica de tratar el asunto. Los hombres de gran capacidad, de gran iniciativa, sirven al empezar, como empezaron la evangelización en el Continente, pero la marcha de todo esto depende de las estructuras, para que los que vienen después puedan llevar adelante estos proyectos. Pero si toda esta acción se tiene que encasillar en las estructuras actuales, no funciona. Necesitamos estructuras nuevas. El Documento que nos ocupa habla un poco en este sentido, pero sólo lo enuncia, sin sugerir iniciativas concretas al respecto.

 

 

 

 

El Documento presenta una imagen muy positiva de la Iglesia, con aspectos negativos poco definidos. Me llamó la atención lo que se dice acerca de la piedad popular, considerada un espacio de encuentro con Cristo, una manera legítima de vivir la fe y de pertenecer a la Iglesia y como la expresión de un catolicismo inculturado. ¿Es así de positiva la piedad popular?

Yo no estoy de acuerdo con esta visión: considerar a la piedad popular casi como un camino paralelo. Aquí vemos la diferencia de criterio en el análisis de la realidad: cuando se trata de la sociedad civil, se fustiga el abandono y la marginación, en que viven las masas excluidas. Cuando se habla en la Iglesia, no se dice lo mismo. Sencillamente se habla de religiosidad popular. Así que hay una comida para los de arriba, los que conocen, los que participan plenamente de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía; y los que viven sin Eucaristía, sin conocimiento de la Palabra de Dios, pero que tienen grandes valores y recorren un camino de salvación a su manera.

Usemos el mismo criterio: si hablamos de marginación en el aspecto social y económico, hablemos el mismo lenguaje a nivel de Iglesia: los que están en la religiosidad popular son católicos marginados, abandonados, empobrecidos. La piedad popular es una mezcla, un auténtico sincretismo. Se necesita considerar la religiosidad, no como un camino de salvación a secas, sino como un camino truncado. La Iglesia tiene la obligación de anunciar el Evangelio a todos: este es el principio fundamental. Anunciar el Evangelio a los de otra religión: a los judíos, a los budistas, a los musulmanes, a todos. Así hicieron los Apóstoles, que evangelizaron a los judíos, a los griegos, a los romanos… todos tenían su religión y de todos modos los Apóstoles les anunciaron el Evangelio. Sin embargo, antes que nada, la Iglesia tiene la obligación de anunciar el Evangelio a los católicos alejados, que se encuentran en una religiosidad popular, que no presenta el auténtico catolicismo. Estos hermanos no pueden quedarse con las migajas de la fe. Nosotros tenemos la obligación de llevar a la plenitud este proceso que se encuentra ya en la piedad popular.

Así que este análisis que presenta el Documento conclusivo manifiesta una visión maquillada de la realidad eclesial; no se hace un análisis serio.

 

Padre Amatulli, usted señaló como algo positivo la intuición de esta V Conferencia, que habla de formar discípulos y misioneros de Cristo. ¿Es posible lograrlo sin tener en cuenta el problema del proselitismo religioso, que aqueja de manera alarmante a las comunidades católicas de América Latina?

Aquí está uno de los aspectos negativos que se nota desde los documentos conciliares, especialmente en Unitatis redintegratio, hasta la encíclica Ut unum sint de Juan Pablo II y también en aquella entrevista hecha a Juan Pablo II, titulada Cruzando el umbral de la Esperanza. Pero también en todos los documentos oficiales a nivel de la Santa Sede y a nivel regional. Aquí, en América Latina, en el Documento de Santo Domingo se habló más de las sectas, más explícitamente, pero no se le hizo caso. ¿Por qué? Porque la visión de los documentos oficiales y el papel de Juan Pablo II a nivel mundial, prevalecieron. Así que ahora hay un miedo, un pudor a tomar conciencia de la realidad. Yo noto que los Obispos que se reunieron en Aparecida, o no conocen la realidad, o la quieren maquillar. Pero, acuérdense bien: la realidad se impone. El estilo incisivo que tenemos a la hora de hacer análisis de la sociedad tenemos que emplearlo a nivel eclesial.

 

Según su opinión, ¿cuál es origen de esta actitud que prevalece en nuestros pastores?

Tengo la impresión de que la Iglesia quiere presentarse segura ante la opinión pública. Por eso los Obispos hablan de diálogo interreligioso, de ecumenismo, de situaciones que aquí no tenemos, para poder ser alabados cuando los de Europa y otros continentes lean este documento, que no tiene en cuenta la realidad de aquí. La realidad de América Latina es que el pueblo católico se siente acosado por los grupos proselitistas, que lo cuestionan de casa en casa, uno por uno, en el trabajo, en la calle… Y muchísimos, metidos en la religiosidad popular y los que han frecuentado nuestro sistema de evangelización y catequesis actual, al no tener bases firmes y una respuesta específica a los cuestionamientos, han dejado la Iglesia.

Así que, hoy en día, no es posible ningún tipo de evangelización dentro de la Iglesia sin tener en cuenta la realidad. Y, ¿cuál es la realidad? Que en América Latina hay grupos proselitistas que cuestionan sistemáticamente a los católicos. Hay que conocer a los grupos proselitistas y sus cuestionamientos, para que el católico se sienta seguro y pueda responder a las objeciones que se le presentan.

En conclusión, cada católico tiene que saber que la Iglesia católica es la Iglesia que fundó Cristo, donde está la plenitud del Evangelio y la plenitud de los medios de salvación, donde están los pastores que cuentan con los poderes que Cristo entregó a Pedro y los Apóstoles. Esta es la Iglesia católica. Habrá defectos, habrá problemas, pero la Iglesia católica es la Iglesia que fundó Cristo.

Todos los demás grupos tienen valores, pero son grupos particulares, donde no está la plenitud del Evangelio y sus pastores no cuentan con esos poderes que se transmiten dentro de la Iglesia. Hay que ser realistas. Y, ¿qué sucede actualmente? Que para no ofender, dejamos al pueblo católico en la ignorancia y después, claro, muchos se salen de la Iglesia.

En el pueblo católico hay mucha inseguridad, hasta en los católicos más preparados. No podemos formar debidamente al pueblo católico sin el conocimiento de la propia identidad.

 

 

 

Padre Amatulli, otro aspecto significativo es una idea que aparece en varios lugares del Documento. Me refiero a la siguiente expresión: «Recomenzar todo desde Cristo». ¿Qué le parece esta perspectiva?

Bien, recomenzar todo desde Cristo en el sentido de considerar a Cristo como centro de la vida cristiana. Correcto. Pero no basta hacer retiros, cursos y centrar en Cristo la salvación si no sigue a esto una estructura que dé seguimiento a todo este proceso. Mientras ahora se sacramentaliza sin tanta preparación, mañana podemos tener gente que conoce a Cristo, que se entrega a Cristo, pero con mucho parecido a los grupos proselitistas. La Iglesia debe tener estructuras que le permitan a todos los católicos participar seriamente de los sacramentos. Me parece, pues, una visión incompleta, fragmentaria y una expresión poética, más que un criterio de acción realista, por la manera en que se presenta.

 

En el Documento se habla también de que ha aumentado el número de diáconos permanentes, de que se avanzó en uno y otro sentido, pero faltan estadísticas. ¿Cuenta la Iglesia Católica con estos elementos de las ciencias sociales?

Precisamente un documento serio, un estilo nuevo que tiene que surgir en la Iglesia Católica es el que tenga como base la búsqueda de la verdad. Dijo Jesús “La verdad los hará libres” (Jn 8, 32). Pero ¿cuál verdad? En la Iglesia católica se ha manejado mucho la verdad teológica, filosófica…

Cuando hablamos de verdad, tenemos que hablar también de estadísticas, de números, de datos precisos, de situaciones reales. Y en este Documento no se manejan estadísticas. Su estilo es exhortativo; ciertamente no es triunfalista, pero no es realista. Tengo la impresión de que aquí hay manipulación, de que no se dice toda la verdad. ¿Cuál es la verdad? Hablando del diaconado permanente, hay que señalar que el Concilio lo estableció para América Latina y para África, donde se necesitan muchos ministros preparados, pero es en estos Continentes donde ha habido menos diáconos. ¿Por qué? Porque el clero se resiste. Actualmente el clero en América Latina es un factor de resistencia. Son los movimientos laicales los que están abriendo caminos nuevos y perciben los problemas reales de la Iglesia y buscan la manera de afrontarlos.

Hay que señalar también que las mismas comunidades eclesiales de base (CEB’s) son, en el fondo, una creación del clero; siguen la dinámica del clero, entendido como el sacerdote, considerado el centro de todo. De manera que, este tipo de comunidades, no tiene libertad ni capacidad de crear, de inventar. Están hechas a imagen y semejanza de los sacerdotes. Así que no tienen grandes posibilidades.

En esta línea, si no se ha desarrollado el diaconado permanente, es porque el clero no quiere competencia. Puesto que la economía está ligada a los sacramentos, el clero quiere acaparar la celebración de los sacramentos. No quiere competencia en este ámbito y por eso no promueve suficientemente el diaconado permanente.

Si queremos hacer las cosas en serio, yo diría que por cada sacerdote, por cada párroco, debe haber 10-15 diáconos permanentes. Al frente de cada pueblo de 2000-3000 habitantes debe haber un diácono permanente. Al frente de cada actividad parroquial (los jóvenes, los enfermos, la catequesis…) debe estar un diácono permanente.

¿Y pueden vivir? Este es el problema. ¿Puede obtenerse el dinero para que vivan honestamente, junto con su familia? Claro que puede obtenerse. Si los grupos proselitistas, por cada 50-60 feligreses tienen un ministro a tiempo completo, que vive de su ministerio, ¿por qué nosotros no vamos a lograrlo? Que cada diácono permanente, con sus catequistas y colaboradores, tenga a su cargo 1000 habitantes. Hoy, en la Iglesia católica, necesitamos más personal capacitado y estructuras adecuadas al interior de la parroquia. De otra manera el pueblo católico seguirá abandonado, con la recepción esporádica de los sacramentos, con motivo de la fiesta patronal o algún otro momento especial. Y el catolicismo seguirá en decadencia.

 

A propósito del aspecto económico, escuché en estos días que uno de los más grandes santuarios marianos de América Latina está por remodelarse. Hay millones de pesos destinados para este proyecto. ¿Hay recursos semejantes para el anuncio del Evangelio?

Aquí está un gran problema: aprovecharse de la religiosidad popular, de los santuarios marianos, para obtener dinero. Y ese dinero no se invierte en la evangelización ni en un esfuerzo por elevar el nivel cultural y religioso y la práctica cristiana de las masas populares. Sencillamente se les abandona a la religiosidad popular. Se saca dinero de allí (muchas misas de difuntos, de quince años, de presentación, bendiciones al por mayor de los más variados objetos), pero no se da. No se invierte, por ejemplo, en la formación de agentes de pastoral ni se invierte propiamente en la evangelización. Aquí está un gran problema, que no se resuelve en pocos días. Así que ésta es la problemática: se está sacando dinero de la religiosidad popular, pero no se está invirtiendo en ella.

 

Padre Amatulli, según su opinión, ¿Cómo tendrían que ser los documentos eclesiales, fruto de un magno acontecimiento como el que acaba de vivir la Iglesia latinoamericana?

Para mí, más que documentos tan largos, donde se diluyen las ideas. Se presenta pero no se da el valor correcto a las ideas, donde se pueden manipular las ideas, habría que hacer documentos más breves con algunos principios, donde se ven problemas como el diaconado permanente, la piedad popular… pero con frases breves, de donde se tome el sentido auténtico. No confundir todo con tantas palabras. Algo sencillo, con criterios de acción breves, que después, en cada lugar se trataría de poner en práctica. Fácilmente uno se acuerda de ellos y se puede reflexionar con facilidad para llegar a una toma de decisiones.

 

 

Leyendo los distintos servicios noticiosos eclesiales, las distintas intervenciones de los Señores Obispos, tanto en sus ponencias como en las ruedas de prensa, se notaba un énfasis especial en la problemática del proselitismo y en el éxodo masivo de católico a otras propuestas religiosas. Pues bien, ¿por qué no se refleja, proporcionalmente, esta preocupación en el Documento Conclusivo?

Por un estilo clásico de la Iglesia católica: (antes era un estilo triunfalista, ahora ya no es triunfalista) manifestar seguridad donde no hay seguridad. Una cosa es la seguridad doctrinal, y por eso se refugian en reflexiones de tipo doctrinal, teórico, pero no en aspectos prácticos. Si se hiciera un análisis serio de la realidad eclesial, con estadísticas, con encuestas entre el pueblo se manifestaría la inseguridad y la impotencia del pueblo católico en general, y de los mismos evangelizadores, ante el fenómeno de los grupos proselitistas. Para no manifestar inseguridad, no se presenta el problema de las sectas en sus justas dimensiones.

Se espera que aquellos que lean el documento, en otros continentes, tengan la impresión de que América Latina sigue siendo el Continente de la Esperanza. Por eso tratan, en el Documento, la problemática del proselitismo religioso de forma marginal y superficial. Yo lo había señalado desde hace tiempo: “Cuidado. Si no nos movemos, el Continente de la Esperanza puede convertirse en el Continente de la Pesadilla”. Según mi opinión ya estamos en el Continente de la pesadilla. Pero no se tiene el valor de decirlo, no se tiene el valor de pedir ayuda. Necesitamos libertad para crear un catolicismo al estilo de la Iglesia primitiva. No se dice nada. Se quiere dar la impresión de que todo va bien, por eso difícil que logremos arrancar con una evangelización auténtica.

 

Padre Amatulli, en el Documento conclusivo se habla de América Latina, no sólo como el Continente de la Esperanza sino, también, como el Continente del Amor. ¿Por qué esta manía de nuestros pastores de utilizar frases impactantes, pero que no reflejan la realidad?

Es un estilo publicitario. Se buscan frases bonitas, impactantes: remar mar adentro, el continente de la esperanza, construir la civilización de la amor, globalizar la solidaridad, etc. Si estas frases no tienen un contexto real, desvían, confunden, enredan. La evangelización no se puede enfrentar sólo a través de la invención de frases bonitas e impactantes.

Según mi opinión, esta situación se debe a un alejamiento fundamental de las Escrituras. Si nosotros no buscamos la inspiración en las Escrituras y no empezamos a ser realistas en los análisis de la realidad y eclesial y en la planeación pastoral, haremos sólo bonitos documentos, con frases llamativas e impactantes, pero sin frutos palpables.

Como en campo social no se quiere enfrentar seriamente el problema del narcotráfico y el problema de la pobreza, en la Iglesia no se quiere enfrentar con seriedad el problema de la Evangelización, porque implica poner todas las cartas sobre la mesa. Si se partiera de un análisis serio de la realidad eclesial, los instalados tendrían que renunciar a muchos privilegios.

Por eso el clero manifiesta su creatividad inventando frases impactantes y redactando bellos documentos. Hay que decirlo con todas sus letras: para el pueblo católico, que conoce la realidad, estas frases bonitas no dicen nada. De hecho, el pueblo se siente abandonado y marginado; no encuentra en la jerarquía el apoyo que necesita. Evidentemente, la culpa no es de la jerarquía, sino de las estructuras eclesiales que ya no funcionan. Por eso no se quiere iniciar un análisis de la realidad eclesial, que lleve a la creación de estructuras adecuadas, para iniciar una evangelización auténtica.

 

Padre Amatulli, una de las grandes preocupaciones de la Iglesia católica es la de la globalización y sus consecuencias. ¿Cuál es su opinión sobre este tema y cuáles son sus secuelas en el ámbito eclesial?

Con relación al tema de la globalización, sin duda hay aspectos positivos y aspectos negativos. Lo que a mí me extraña, en el ámbito eclesial, es que se subrayan los efectos negativos de la globalización a nivel social, mientras que a nivel de Iglesia no se mencionan las consecuencias negativas de este fenómeno al interior de la Iglesia católica.

Según mi opinión, una de las causas del deterioro de la pastoral en America Latina ha sido la aplicación de ciertos principios, de ciertas prioridades necesarias en otras partes. Es el caso del diálogo ecuménico, algo lógico y natural en Europa y en algunas regiones de los Estados Unidos y Asia, donde existe el fenómeno generalizado de las Iglesias históricas. O el diálogo interreligioso en los continentes donde hay las grandes religiones mundiales. Pero en América Latina, que es un continente casi todo católico y al mismo tiempo atacado por los más variados grupos proselitistas, se quiere utilizar la misma receta del diálogo ecuménico y del diálogo interreligioso.

Es como decir: que primero los católicos se salgan, que pertenezcan a otros grupos y luego empezamos a trabajar. No se hizo ninguna acción de prevención, de preservación de la fe, de ver cómo vivir y transmitir la fe en estas circunstancias, de cómo dar seguridad al pueblo católico. Y ¿por qué se llegó a esta situación? Porque se vio como anticuada la palabra “apologética” y la expresión “defensa de la fe”. El hecho es que muchos católicos están abandonando la Iglesia bajo el acoso sistemático de los grupos proselitistas.

Pues bien, en este contexto, se impone un método adecuado para dar seguridad al católico. Ahora se habla de seguridad en el campo económico, político y social. La seguridad es un objetivo fundamental para muchas instituciones. Pero cuando hablamos de seguridad no se entiende en el sentido de atacar a los demás, de eliminar a los demás. Seguridad en el sentido de fortalecer al católico para que no caiga ante el acoso de los grupos proselitistas. Y esto no se ha hecho. Se ha abandonado al pueblo católico. En los seminarios no se enseña apologética; en las casa de formación para religiosas, no se enseña apologética; en los centros catequísticos para laicos no se enseña apologética… Prácticamente, a todos los niveles, el pueblo católico está desprotegido.

Si uno se acerca a su párroco, a una religiosa, a un catequista para pedirle alguna explicación acerca de los ataques y de las ideas que andan difundiendo los grupos proselitistas, no encuentra respuesta: no están preparados. Y ¿por qué? Porque se considera que la apologética ha pasado de moda. Bueno, habrá pasado de moda en otros lados, pero no en América Latina. De hecho, es la primera vez en la historia de América Latina en que nos enfrentamos a este problema.

Este es sólo uno de los efectos de la globalización dentro de la Iglesia, que ha causado un daño enorme al pueblo católico.

 

Padre Amatulli, ¿qué características podría tener un estatuto jurídico para los ministros no ordenados?

Yo considero que es indispensable. Prácticamente la catequesis, el pastoreo de las pequeñas comunidades, que a veces implica la atención pastoral a pueblos enteros de más de cinco mil habitantes, está en manos de los laicos. A estos encargados se les denomina de los más variados modos: delegados de la Palabra, encargados de la vida cristiana, catequistas, etc.

Una cosa es cierta: actualmente, la mayor parte de las comunidades católicas está dirigida por laicos. Pues bien, estos laicos necesitan preparación, seguridad en su cargo, emolumentos para prepararse y para ejercer su actividad evangelizadora, de manera que el laico pueda meterse en esto con seriedad. Es necesario un estatuto para ellos, según el cargo que tengan (lector, acólito, delegado de la palabra, etc.), en que se especifique oficialmente lo relativo a la elección, la formación, la duración en el cargo, de manera tal que pudiera desarrollarse, a nivel de los agentes de pastoral, un cierto tipo de carrera, que les permitan adquirir experiencia y responsabilidad cada vez mayor, hasta poder llegar al diaconado permanente. Como un proceso de capacitación y de responsabilidades.

Al mismo tiempo, los mismos aspirantes al sacerdocio, los seminaristas, tendrían que tener algo parecido. Se necesita absolutamente que un seminarista haya sido catequista, dirigente de grupos, de otros catequistas, para poder entender mejor toda la problemática. Que no se llegue a ser sacerdote, a ser pastor de una parroquia, con grandes responsabilidades, pero sin conocer realmente todo el sistema, sin haber tenido experiencia práctica, solamente con títulos, porque ha estudiado. Se trata de pastoreo, no de un acto meramente académico.

 

Padre Amatulli, gracias por concederme esta entrevista, que sin duda nos ayudará a todos a mirar con mejores perspectivas la realidad eclesial. Hasta pronto.

 

 

 

Un ejercicio de corresponsabilidad

Como pudiste notar, este es el punto de vista del P. Amatulli, un misionero que trabaja en las fronteras de la Iglesia y que pone al descubierto un error de perspectiva en el proceso de la V Conferencia y, por tanto, en el Documento conclusivo. Como un ejercicio de corresponsabilidad, lo enviaremos a la Santa Sede, a diversos organismos vaticanos, como la Pontificia Comisión para América Latina y a los presidentes de las Conferencias episcopales.

Tú también puedes hacer tus reflexiones y observaciones para enviarlas a Roma, para influir en el documento definitivo, pues el Documento Conclusivo que nos ocupa, está aún en etapa de revisión por parte de la Santa Sede. Sería importante que hicieras llegar tus impresiones a tu Obispo y a diversos dicasterios romanos, interesados en este tema.

junio 26, 2009 Publicado por | Uncategorized | Dejar un comentario

La Iglesia ante el espejo

La Iglesia ante el espejo

 

Flaviano Amatulli Valente, Hacia un Nuevo Modelo de Iglesia. Propuesta-provocación, Ediciones Apóstoles de la Palabra, México, 2006, 256 pp.

 

El más reciente libro del P. Amatulli ofrece un nuevo punto de partida para delinear un nuevo modelo de Iglesia. A diferencia de otros modelos y escenarios que se plantean actualmente, el P. Amatulli parte de un hecho eclesial y sociológico por demás concreto: el abandono pastoral de las masas católicas, es decir, de casi el 90% de los católicos que viven ya al margen de la Iglesia.

No se trata de un modelo conservador; no pretende la restauración del Ancien Régime, que el P. Amatulli considera agotado, aunque hace evidente que muchos (clérigos, religiosos y laicos) aún tienen la mente, los ojos y el corazón en el régimen de cristiandad, y desde allí viven su adhesión a la Iglesia y su praxis pastoral. El P. Amatulli tampoco opta por la apertura indiscriminada, que parte de una noción errónea de ecumenismo y diálogo interreligioso, lleva al sincretismo y al relativismo y parece sugerir la disolución de la Iglesia. Tampoco opta por modelos centralizadores y excluyentes. Ni por aquellos que hacen de la lucha de clases el eje de su ser y quehacer.

El P. Amatulli no concibe a la Iglesia como un departamento de quejas, ni como una agencia de ceremonias religiosas, ni como una asociación de beneficencia ni como una ONG. Busca cómo lograr un catolicismo de convicción, capaz de vivir en un mundo plural con dignidad y seguridad, sin complejos de ningún tipo y respetuoso de todas las expresiones religiosas y culturales.

El libro está estructurado en cinco partes. La primera de ellas tiene un nombre sumamente revelador y provocativo: Y las masas católicas, ¿qué?, donde expone un plan global de evangelización masiva, que invita a dejar a un lado el determinismo histórico y a mirar la pastoral desde un punto de vista más evangélico: el pastor en función de la comunidad y no, como ocurre a menudo, la comunidad en función del pastor. Insiste en la importancia de la Palabra de Dios, que puede ayudarnos a descubrir el plan de Dios en las circunstancias actuales. La reflexión que hace sobre los huesos secos de los que habla el profeta Ezequiel (“el profeta habla y los huesos secos se juntan, recobran su carne y su espíritu y se transforma en un ejército”) y la multiplicación de los panes, tal como la presenta san Marcos (“Denles ustedes de comer”), son el punto de partida para lanzar este proyecto de evangelización que mira a formar y atender debidamente a todo el pueblo católico. Las propuestas son: purificar la religiosidad popular, nutriéndola de Sagrada Escritura, y la reestructuración de las fiestas religiosas patronales desde la perspectiva de la evangelización. Además, propone renovar la catequesis presacramental, que tiene que ser una catequesis personalizada, donde el diálogo personal y el testimonio de vida son fundamentales, dejando atrás la catequesis impersonal, rutinaria y masificante.

Por otra parte, propone que se ofrezca a todos la oportunidad de vivir la fe en comunidad, pues la comunidad está llamada a ser el espacio donde el bautizado puede aprender a vivir como hijo de Dios y el lugar donde el discípulo de Cristo recibe ayuda y se capacita para ayudar a otros.

Destaca la propuesta de un ministerio diversificado, con agentes de pastoral que pueden ser con ordenación o sin ella, a tiempo completo o limitado, con sueldo o sin él, en una parroquia llamada a ser comunidad de comunidades, no impuestas desde arriba, donde cada comunidad viva según el propio estilo y carisma.

Se trata, en suma, de un nuevo estilo eclesial, donde las principales líneas de acción son la primacía de la Palabra de Dios, en un clima de comunicación y participación, donde ya no tiene lugar el clericalismo y el acaparamiento de bienes y funciones, donde la preocupación principal son el cuidado del rebaño y la misión, y todo en un clima de búsqueda, creatividad y sana competencia al interior de la Iglesia.

La segunda parte (Parábolas) nos ofrece seis interesantes parábolas, que nos ayudan a ver la situación de la Iglesia desde una perspectiva nueva, superando la fuerza de la costumbre y la pereza intelectual, que impiden frecuentemente observar la realidad.

La tercera parte (Tuve un sueño) nos ofrece cuatro sueños, en forma novelada, en los que el P. Amatulli lanza propuestas en torno a múltiples temas: el ejercicio del ministerio petrino, la Colegialidad episcopal, la necesidad de que algunos casados puedan ser ordenados, la urgencia de un nuevo concilio ecuménico, que puede celebrarse en la Ciudad Santa, el celibato optativo, la elección de los Obispos con la participación de todo el Pueblo de Dios, el diálogo ecuménico, la nueva apologética… En fin, se trata de cuatro sueños que despiertan en el lector la conciencia de la necesidad de un cambio de paradigma.

La cuarta parte (Dibujando un nuevo rostro de Iglesia) ayudará al lector a definir la posición que tiene frente a tantos problemas eclesiales, que evidencian un modelo eclesial agotado. ¿Dónde estoy viviendo?, se preguntará el lector: ¿Vivo aún en el régimen de cristiandad o he dado el salto a la sociedad plural que caracteriza nuestra época? ¿Dónde están mis intereses, sueños e ilusiones? El agente de pastoral descubrirá cuál es su postura ante las relaciones que deben existir entre la Iglesia y el Estado, cómo debe ejercerse la autoridad en la Iglesia, cuál es el papel de las revelaciones públicas y privadas, el influjo real de la familia en la transmisión de la fe, el lugar del laicado en la comunidad eclesial, la relevancia y oportunidad de los documentos eclesiales…

En esta cuarta parte, el P. Amatulli propone diversas pinceladas que pueden contribuir a dibujar este nuevo rostro de Iglesia, pues muchas cosas y estructuras están en entredicho: la administración de los sacramentos, la religiosidad popular, el lenguaje eclesial en boga, la formación de los futuros sacerdotes, la ubicación del clero en el conjunto eclesial, el celibato… Conclusión: el modelo eclesial actual está agotado; si no nos permite atender debidamente a todos los feligreses, es tiempo de cambiarlo por otro.

La quinta y última parte es una reflexión sobre el Sacramento de la Reconciliación, un sacramento en crisis que debe celebrarse en un clima distinto, donde el confesor sea un amigo y un guía espiritual, pero donde también intervenga la comunidad en orden a contribuir a la restauración total del hombre.  Por lo que es necesario insistir en una auténtica inculturación y subrayar su valor terapéutico.

Se trata, pues, de una obra apasionante, que puede ayudarnos a descubrir que no debemos ser sólo espectadores. Este libro puede ayudarnos a dar nuestra aportación para delinear el rostro de la Iglesia del tercer milenio.

junio 23, 2009 Publicado por | Uncategorized | Dejar un comentario

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.