San Juan de la Cruz y su Cántico Espiritual

“Mil gracias derramando…”

San Juan de la Cruz y su Cántico Espiritual

I. Presentación del autor

Su verdadero nombre era Juan de Yepes y nació en Fontiveros (Ávila) en 1542, tercer hijo del pobre pero honrado matrimonio constituido por Gonzalo de Yepes y Catalina Álvarez. Siendo Juan de pocos meses murió su padre, y más tarde su segundo hermano Luis. La pobre viuda, sin medios de vida, hubo de trasladarse a Arévalo, y más tarde a Medina del Campo en busca de trabajo. Allí el pequeño Juan se ejercitó sin éxito en varios oficios: carpintero, sastre, entallador y pintor.

Favorecido por don Alonso Álvarez de Toledo, cursó humanidades en el colegio de los jesuitas de Medina del Campo entre 1559 y 1563. En este último año y a sus veintiuno de edad ingresó en los carmelitas de Medina. Entre 1564 y 1568 cursó sus estudios eclesiásticos en la Universidad de Salamanca. Fue ordenado sacerdote en 1567 en Salamanca y cantó su primera misa en Medina, donde tuvo su primera entrevista con Santa Teresa, que le ganó para su incipiente reforma cuando San Juan de la Cruz estaba decidido a ingresar en la Cartuja.

El 28 de noviembre de 1568 comenzó en Duruelo -en compañía del padre Antonio de Jesús- la reforma carmelitana de los frailes. Más tarde fue maestro de novicios en Mancera y Pastrana, rector de Alcalá, confesor y vicario del monasterio de la Encarnación en Ávila. Desempeñando este último cargo fue apresado por los calzados y llevado a Toledo (1577), donde después de nueve meses de duro cautiverio logró escapar descolgándose por el muro de su prisión (1578).

Unos años después, 1577, sus intentos reformistas de las órdenes monásticas, le llevaron a sufrir ocho meses de dura prisión en un convento de Toledo, acusado de apóstata. De su cautiverio en aquella cárcel-convento de Toledo, nace la composición de su obra cumbre: Cántico espiritual. En otras poesías se puede llegar a entrever en lenguaje subliminal, el relato que hace de su astuta y sorprendente huida en la madrugada del 15 de agosto de 1578, estando la fortaleza sobre un peligroso acantilado sobre el Tajo profundo que ciñe a Toledo.

Para huir de la prisión conventual toledana, contó con las influencias que ejerció santa Teresa de Jesús ante la duquesa de Alba. Con su huida dio en refugiarse en un convento de Jaén y continuó con la reforma carmelitana, fundando varios conventos por Andalucía. En esta región llegó a ser nombrado Vicario Provincial de la orden de Carmelitas Descalzos; pero el buen Juan siguió con su obstinación de la reforma, lo que le llevó a enfrentamientos con la jerarquía religiosa y a sufrir nueva prisión en el convento de la Peñuela, en plena Sierra Morena, en donde culminó la escritura de sus principales obras literarias.

Al año siguiente fundó el colegio de Baeza, del que fue primer rector. Más tarde fue nombrado definidor (1581), prior de Granada (1582) y vicario provincial de Andalucía (1585). En 1587 cesó como definidor y vicario de Andalucía y fue nombrado nuevamente prior de Granada. En 1588 fue elegido primer definidor general en el primer capítulo general de Madrid, tercer consejero de la consulta y prior de Segovia. En 1591, en el segundo capítulo general de Madrid, fue desposeído de todos sus cargos por el vicario general, el autoritario padre Nicolás de Jesús María Doria, por haber manifestado San Juan de la Cruz su opinión contraria a algunas ideas del padre Doria. Humillado, pero contento de poderse dedicar más de lleno a la oración, se retiró San Juan de la Cruz a la Peñuela, y poco después a Úbeda -donde estaba de prior uno de sus más encarnizados enemigos- y allí murió el 4 de diciembre del mismo año 1591, después de haber sufrido grandes dolores y humillaciones.

San Juan de la Cruz le había pedido al Señor «padecer y ser despreciado por Él», confirmando con su ejemplo la doctrina de sus libros. Fue beatificado por Clemente X en 1675 y canonizado por Benedicto XIII en 1726. Pío XI le declaró oficialmente doctor de la Iglesia en 1926. Su cuerpo incorrupto descansa en el convento carmelitano de Segovia, del que había sido prior.

De él llegó a decir Santa Teresa lo siguiente:

“El padre fray Juan de la Cruz es una de las almas más puras que Dios tiene en su Iglesia. Le ha infundido nuestro Señor grandes riquezas de sabiduría del cielo”.

“Aunque es chico, entiendo es grande en los ojos de Dios. No hay fraile que no diga bien de él, porque ha sido su vida de gran penitencia. Mucho me ha animado el espíritu que el Señor le ha dado y la virtud. Tiene harta oración y buen entendimiento”.

“A fray Juan de la Cruz todos le tienen por santo y todas, y creo no se lo levantan. En mi opinión es una gran pieza”.

Es el Doctor y la máxima figura mística del Carmelo, que a la vida junta la doctrina y la ciencia, vida santa y ciencia sagrada o mística teología, tan hermanadas como lo prueban sus magníficas obras. Pío XI, que lo nombró Místico Doctor de la Iglesia en 1926, bautizó sus obras como “Código y escuela del alma fiel que se propone emprender una vida más perfecta”. San Juan de la Cruz, en sus escritos, tiene siempre presente el fin de la vida espiritual, o sea, objetivamente Dios, llevar las almas a Dios. Y subjetivamente unirlas a él por amor, es decir, la transformación perfecta en Dios por amor cuanto se puede en esta vicia siguiendo a Jesucristo.

En su obra admirable recuerda a cada paso a sus lectores la cumbre de aquella montaña a la que quiere hacerlos subir, la sublime perfección a que los encamina con sus palabras y ejemplos convincentes. Su razonamiento se reducirá a demostrar que es necesaria esa subida porque es un indispensable medio parado y misterioso lazo y que es preciso para esto huir, apartarse y desnudarse de todas “esas otras cosas” porque son obstáculo para la suprema transformación del alma en Dios.

San Juan de la Cruz era un profundo conocedor del corazón humano. Por ello, “Como el amor de Dios y el amor de criatura sean opuestos, es preciso ir limpiando el alma del amor de criatura para que la gracia la embista y llene de amor divino. Y tanto mayor será este embestimiento y llenez, cuanto mayor sea el vacío de criatura que se haga en el alma: “Olvido de lo creado, memoria del criador, atención a lo interior y estarse amando al amado”.

A enseñar los métodos de conseguir este vacío en los sentidos y potencias del alma mediante ingeniosas purgaciones activas y pasivas se ordenan los tratados Subida al Monte Carmelo y Noche oscura del alma, ambos de profunda doctrina espiritual y fuerte trabazón lógica.

En el Cántico Espiritual y en la Llama del amor viva, entre metáforas y comparaciones espléndidas, tomadas las más de la naturaleza, va descubriendo en progresión ascendente las excelencias del amor divino en las almas desde los grados inferiores a los más altos del desposorio y matrimonio espiritual.

En síntesis, puede decirse que la gran originalidad del magisterio espiritual sanjuanista y como el secreto de su vitalidad estriba precisamente en la íntima relación entre abnegación y unión en la vida sobrenatural o, por usar su terminología ya clásica, entre la nada y el todo, que se funden en uno.

II. Presentación de la obra

Mientras trabajaba a la reforma de Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz fue detenido y recluido en Toledo, en 1578, por los carmelitas no reformados. Encarcelado durante nueve meses en condiciones muy fastidiosas, vivió en su calabozo grandes sufrimientos y grandes alegrías. Concibió entonces las treinta primeras estrofas de su Cántico. Como no tenía nada para escribirlas, las memorizó a medida que las componía. Las diez últimas fueron redactadas en Baeza y en Granada durante los años que siguieron su evasión. Es en 1584, mientras era prior en Granada, que compuso un comentario a este poema, a petición de Ana de Jesús. Es un sublime comentario a las cuarenta estrofas poéticas compuestas por el mismo santo en la cárcel de Toledo. Por acomodarse el comentario a la parte poética, esta obra no es tan orgánica y sistemática como las dos anteriores, pero en ella se contiene una de las más altas doctrinas místicas que nos han legado los siglos. El tema son las relaciones amorosas entre Dios y el alma, desde los comienzos de la vida espiritual hasta la unión transformativa o matrimonio espiritual. A todo lo largo del Cántico comenta San Juan de la Cruz gran número de versos del Cantar de los cantares con una elevación mística sublime.

San Juan de la Cruz redactó esta obra dos veces. En la primera comenta treinta y nueve canciones. En la segunda y definitiva, cuarenta, o sea todas las del poema. Durante algunos de estos últimos años se discutió mucho la autenticidad de la segunda redacción. Hoy todos los críticos la admiten.

El Cántico Espiritual (o las Canciones entre el alma y el Esposo, tal como san Juan de la Cruz tituló este poema), es considerado como el más elevado y el más hermoso poema de amor. Y es que no hay amor que pueda compararse al que Dios tiene y manifiesta hacia el hombre. San Juan de la Cruz hizo esta experiencia que no pudo callar. Desde su condición de poeta, quiso cantar ese AMOR, plasmándolo en estos versos que narran la más maravillosa historia de amor. Cuando le solicitaron a san Juan de la Cruz la explicación de estos versos, antes de iniciar el comentario él escribió: “Por haberse, pues, estas canciones compuesto en amor de abundante inteligencia mística, no se podrán declarar al justo, ni mi intento será tal,… porque los dichos de amor es mejor dejarlos en su anchura, para que cada uno de ellos se aproveche según su modo y caudal de espíritu…” (CB prólogo n. 2)

Esta es la estructura del Cántico: De las estrofas 1-11, nos presenta la búsqueda del amor impaciente; de las estrofas 12-26, la gracia del amor unitivo; y de las estrofas 27-40, la plenitud de la unión. En este Cántico San Juan de la Cruz invita a todas las almas generosas a alcanzar la soberana transformación en Dios, exponiendo la más alta filosofía del amor unitivo, pues pretende presentar todo el camino espiritual del hombre “desde que comienza a servir a Dios hasta que llega al último estado de perfección” (CB Argumento n. 1). El punto de partida para que el hombre se lance a la gran aventura del amor de Dios consistirá en la toma de conciencia de quién es él, del sentido o valor de su existencia y de cual es su meta: “Cayendo el alma en la cuenta de lo que está obligada a hacer, viendo que la vida es breve…; conociendo por otra parte, la gran deuda que a Dios debe en haberle criado solamente para sí…” (CB 1, 1). Sólo así, de lo más profundo del hombre, puede surgir el grito: “¿Adónde te escondiste, Amado?”

El hombre percibe que vive en la oscuridad y que desde la oscuridad de su fe tiene que iniciar su camino. Dirá san Juan de la Cruz: “el alma que le ha de hallar conviénele salir de todas las cosas según la afección y voluntad” (CB 1, 6). Por eso la actitud de apertura que manifiesta el hombre. Es más, el hombre se hace consciente de la cercanía de Dios: “grande contento es para el alma entender que nunca Dios falta del alma, aunque esté en pecado mortal, cuánto menos de la que está en gracia.” (CB 1, 8). Caer en la cuenta de esta verdad, es lo que va a mantener al hombre firme en su búsqueda de fe, a pesar de la oscuridad, a pesar de la noche en la que aún vive.

Iniciada la búsqueda de Dios, la gran aventura del amor, el hombre va experimentando que no está sólo, que su vida va cambiando, que cada vez se va conociendo más y mejor a sí mismo. Dios ha tocado su vida y su corazón. Ya no puede dudar de que Dios sea una simple ilusión, pues ha brillado e iluminado su corazón. El hombre clama “por qué, pues has llagado aqueste corazón no le sanaste”. “El que ama ya no posee su corazón, pues lo ha dado al Amado” (CB 9, 2). Se ha dado un cambio cualitativo en el camino. El hombre experimenta que, gracias a que se ha dispuesto a buscar a Dios, el mismo Dios es el que le va guiando en su oscuridad. San Juan de la Cruz comienza a hablar de una nueva etapa en la vida espiritual a partir de la canción 6 hasta la 13. “Cuanto más el alma conoce a Dios, tanto más le crece el apetito y pena por verle” (CB 6, 2). Y esta unión inicial, le hace descubrir, cómo unido a Dios, su oscuridad se va iluminando. No pierde su personalidad, y su humanidad comienza a ser iluminada de un modo nuevo. Ya no teme a Dios (ni “teme morir cuando ama” [CB 11, 10]), antes le pide “descubre tu presencia”, es decir, “que se la descubra y manifieste de manera que pueda verle en su divino ser y hermosura” (CB 11, 4), porque “la salud del alma es el amor” (CB 11, 11). En la canción 13 habla por primera vez el Esposo al alma, y con las palabras “Vuélvete paloma” la introduce en la vida mística, desposando al alma consigo. Sobre el desposorio espiritual habla San Juan de la Cruz hasta la canción 21.

Se trata de un desposorio que se realiza sobre el signo de la cruz, siempre presente: “se denota un alto estado y unión de amor, en que, después de mucho ejercicio espiritual, suele Dios poner al alma, al cual llaman desposorio espiritual con el Verbo, Hijo de Dios” (CB 14-15, 2). La luz va ganando espacio a la oscuridad, de tal modo que el hombre “halla verdadero sosiego y luz divina, y gusta altamente de la sabiduría de Dios, que en la armonía de las criaturas y hechos de Dios relucen” (CB 14-15, 4).

A partir de la canción 22 un nuevo paso se da en el camino espiritual: el Esposo, -que habla aquí nuevamente al alma-, la transforma en su esposa. ¡Es el matrimonio espiritual! “Tanto era el deseo que el Esposo tenía de acabar de libertar y rescatar esta su Esposa de las manos de la sensualidad y del demonio, que, ya que lo ha hecho, de la manera que el buen Pastor se goza con la oveja sobre sus hombros, que había perdido y buscado por muchos rodeos (Lc 15, 5)…, así este amoroso Pastor y Esposo del alma es admirable cosa de ver el placer que tiene y gozo de ver al alma ya así ganada y perfeccionad, puesta en sus hombros y asida con sus manos en esta deseada junta y unión” (CB 22, 1). A partir de ahora se va a ir consumando este matrimonio hasta la plenitud: “porque es una transformación total en el Amado, en que se entregan ambas las partes por total posesión de la una a la otra, con cierta consumación de unión de amor, en que está el alma hecha divina y Dios por participación, cuanto se puede en esta vida” (CB 22, 3). Esa “divinización” del hombre va a ser decisiva. Por un lado, ha alcanzado ya la auténtica libertad sobre sí mismo y sobre el mundo, y por otro lado, no se conforma con haber llegado hasta aquí. Quiere seguir avanzando y adentrándose cada vez más en ese Amor que ha colmado de plenitud y de sentido su vida y su existencia.

En definitiva, es el amor el que está pidiendo el desenlace definitivo: “Esta pretensión del alma es la igualdad de amor con Dios,…, porque el amante no puede estar satisfecho si no siente que ama cuanto es amado. Y como el alma ve que, con la transformación que tiene en Dios en esta vida, aunque es inmenso el amor, no puede llegar a igualar con perfección de amor con que de Dios es amada, desea la clara transformación de gloria en que llegará a igualar con el dicho de amor.” (CB 38, 3).

No hay distinción en el amor, aunque cada uno mantiene su identidad. El hombre se ha despojado de todo aquello que limitaba su capacidad infinita de amar. Y la cruz, como signo de mediación, desaparece también. Ya no hay huella de sufrimiento y no hay mediación. El hombre contempla cara a cara la misma Trinidad, en la que vive sumergido y transformado en fuego de amor: “Este aspirar del aire es una habilidad que el alma dice que le dará Dios allí en la comunicación del Espíritu Santo; el cual, a manera de aspirar, con aquella su aspiración divina muy subidamente levanta el alma y la informa y habilita para que ella aspire en Dios la misma aspiración de amor que el Padre aspira en el Hijo y el Hijo en el Padre, que es el mismo Espíritu Santo que a ella la aspira en el Padre y el Hijo en la dicha transformación, para unirla consigo. Porque no sería verdadera y total transformación si no se transformase el alma en las tres personas de la Santísima Trinidad en revelado y manifiesto grado” (CB 39, 3).

El camino ha llegado a su meta. Y no se trata sólo del camino de un místico o de algunas personas privilegiadas. Esta es la meta a la que todo hijo de Dios ha sido llamado. San Juan de la Cruz no se cansa de repetirlo: “Porque esto es estar transformada en las tres Personas en potencia y sabiduría y amor, y en esto es semejante el alma a Dios, y para que pudiese venir a esto la crió a su imagen y semejanza (Gn 1, 26)” (CB 39, 4). Se trata, en definitiva, de que el hombre realice el fin para el cual ha sido creado, su vocación más íntima y elevada, inscrita en su ser. Ahí radica, además, la dignidad de los Hijos de Dios: “Un solo pensamiento del hombre vale más que todo el mundo; por tanto sólo Dios es digno de él” (Av 1, 35).

III. Ideas fuerza

Enlisto aquí las ideas-fuerza más sobresalientes:

¿Adónde te escondiste,

Amado, y me dejaste con gemido?

salí tras ti clamando, y eras ido.

aquél que yo más quiero

ni cogeré las flores,

ni temeré las fieras,

y pasaré los fuertes y fronteras.

¡Oh bosques y espesuras,

plantadas por la mano del Amado!

¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?

Acaba de entregarte ya de vero;

no quieras enviarme

de hoy más ya mensajero

que no saben decirme lo que quiero.

Está, pues, Dios en el alma escondido, y ahí le ha de buscar con amor el buen contemplativo…

Fe y amor son los mozos de ciego que te giuarán por donde no sabes, allá a lo escondido de Dios… Pues es Dios inaccesible y escondido…

Decidle que adolezco, peno y muero, es de notar que el alma no hace más que representar su necesidad y pena al Amado, porque el que discretamente ama no cura de pedir lo que le falta y desea, sino de representar su necesidad para que el Amado haga lo que fuere servido.

Por los montes, que son altos, entiende aquí las virtudes… Por las riberas, que son bajas, entiende los ejercicios espirituales, por los cuales también dice que irá ejercitando en ellas la vida activa, junto con la contemplativa… Es, pues, tanto como decir : Buscando a mi Amado, iré poniendo por obra las altas virtudes y humillándome en las bajas mortificaciones y ejercicios humildes.

Por las fieras entiende el mundo, por los fuertes el demonio y por las fronteras la carne.

Cuanto más el alma conoce a Dios, tanto más le crece el apetito y pena por verle, y… pídele le entregue posesión de su presencia… diciéndole de entregarse a ella ya de veras en acabado y perfecto amor.

Yo a ti todo quiero, y ellos no me saben ni pueden decir a ti todo… En lugar, pues, de estos mensajeros, tú seas el mensajero y los mensajes.

Y todos cuantos vagan

de ti me van mil gracias refiriendo,

y todos más me llagan,

y déjame muriendo

un no sé qué que quedan balbuciendo.

Estas dos maneras de penas de amor, es a saber, la llaga y el morir, dice el alma en esta canción que la causan estas criaturas racionales… : porque en cuanto los ángeles me inspiran y los hombres de ti me enseñan, de ti más me enamoran, y así todos de amor más me llagan.

Descubre tu presencia,

y máteme tu vista y hermosura ;

mira que la dolencia

de amor, que no se cura

sino con la presencia y la figura.

¡Oh cristalina fuente,

si en esos tus semblantes plateados

formases de repente

los ojos deseados

que tengo en mis entrañas dibujados !

Tal manera de semejanza hace el amor en la transformación de los amados, que se puede decir que cada uno es el otro y que entrambos son uno… Cuando este dibujo de transformación en esta vida se alcanza es grande buena dicha, porque con eso se contenta grandemente el Amado.

la cena que recrea y enamora

La cena a los amados hace recreación, hartura y amor… En la Escritura divina este nombre cena se entiende por la visión divina.

Detente, cierzo muerto;

ven, austro, que recuerdas los amores,

aspira por mi huerto

y corran sus olores,

y pacerá el Amado entre las flores.

El alma hace dos cosas en esta canción : la primera, impedir la sequedad, cerrándole la puerta por medio de la continua oración y devoción ; la segunda cosa que hace es invocar al Espíritu santo, que es el que ha de ahuyentar esta sequedad del alma y el que sustenta en ella y aumenta el amor del Esposo.

Entrado se ha la esposa

en el ameno huerto deseado,

y a su sabor reposa,

el cuello reclinado

sobre los dulces brazos del Amado

Habiendo ya la esposa puesto diligencia en que las raposas se cazasen y el cierzo se fuese y las ninfas se sosegasen, que eran estorbos e inconvenientes que impedían el acabado deleite del estado del matrimonio espiritual, y también habiendo invocado y alcanzado el aire del Espíritu Santo como en las precedentes canciones ha hecho, el cual es propia disposición e instrumento para la perfección de el tal estado, resta ahora tratar de él en esta canción.

sobre los dulces brazos del Amado

Reclinar el cuello en los brazos de Dios es tener ya unida su fortaleza, o, por mejor decir, su flaqueza, en la fortaleza de Dios… que es la fortaleza y dulzura del alma, en que está guarecida y amparada de todos los males y saboreada en todos los bienes.

A zaga de tu huella

las jóvenes discurren al camino

al toque de centella,

al adobado vino ;

emisiones de bálsamo divino.

Allí me dio su pecho,

allí me enseñó ciencia muy sabrosa,

y yo le dí de hecho

a mí, sin dejar cosa ;

allí le prometí de ser su esposa.

En esta canción cuenta la esposa la entrega que hubo de ambas partes en este espiritual desposorio de ella y de Dios.

Allí me dio su pecho,

Dar el pecho uno a otro es darle su amor y amistad y descubrirle sus secretos como a amigo.

allí me enseñó ciencia muy sabrosa,

La ciencia sabrosa que dice aquí que la enseñó, es la Teología mística, que es ciencia secreta de Dios, que llaman los espirituales contemplación ; la cual es muy sabrosa, porque es ciencia por amor, el cual es el maestro della y el que todo lo hace sabroso.

Mi alma se ha empleado

y todo mi caudal en su servicio ;

ya no guardo ganado,

ni ya tengo otro oficio,

que ya sólo en amar es mi ejercicio.

Cuando tú me mirabas,

tu gracia en mí tus ojos imprimían ;

por eso me adamabas,

y en eso merecían

los míos adorar lo que en ti vían.

Es propriedad del amor perfecto no querer admitir ni tomar nada para sí ni atribuirse a sí nada, sino todo al Amado… En las dos canciones pasadas parece se atribuía a sí alguna cosa la esposa… quiere ahora en la presente canción declarar su intención y deshacer el engaño que en esto se puede entender… Atribuyéndolo todo a El y regraciándoselo juntamente, le dice que la causa de prendarse El de el cabello de su amor y llagarse de el ojo de su fe fue por haberle hecho la merced de mirarla con amor, en lo cual la hizo graciosa y agradable a sí mismo.

Gocémonos, Amado,

y vámonos a ver en tu hermosura

al monte y al collado,

do mana el agua pura ;

entremos más adentro en la espesura.

Ella es la que habla en esta canción con el esposo pidiéndole tres cosas que son proprias del amor : la primera quiere recebir el gozo y sabor del amor, y ésa le pide cuando dice : Gocémonos, Amado ; la segunda es desear hacerse semejante al Amado, y ésta le pide cuando dice: vamonos a ver en tu hermosura ; y la tercera es escudriñar y saber las cosas y secretos del mismo Amado, y ésta le pide cuando dice : entremos más adentro en la espesura.

Allí me mostrarías

aquello que mi alma pretendía,

y luego me darías

allí tú, ¡ vida mia !,

aquello que me diste el otro día :

El alma dice en esta canción al Esposo que allí le mostrará él esto que tanto ha siempre pretendido en todos sus actos y ejercicios, que es mostrarla a amar al Esposo con la perfección que él se ama.

Allí me mostrarías

aquello que mi alma pretendía,

Esta pretensión del alma es la igualdad de amor con Dios que siempre ella natural y sobrenaturalmente apetece, porque el amante no puede estar satisfecho si no siente que ama cuanto es amado; y como el alma ve que con la transformación que tiene en Dios en esta vida, aunque es inmenso el amor, no puede llegar a igualar con la perfección de amor con que de Dios es amada, desea la clara transformación de gloria en que llegará a igualar con el dicho amor.

IV. Opinión personal

Es una aventura espiritual acercarse a san Juan de la Cruz. En este trabajo escolar me he sumergido en el Cántico espiritual, que me ha parecido fascinante desde que lo leí la primera vez. Al leer el Comentario, escrito por el mismo san Juan de la Cruz, me pude aproximar a su rica doctrina mística, pues él nos descubre lo que ha querido expresar en este poema. Me llama la atención que haya logrado resumir en bellísimos poemas su doctrina espiritual y que la haya comentado abundantemente.

Me ayudó mucho releer a Royo Marín, que resume notablemente la doctrina espiritual de san Juan de la Cruz. Sobre todo me agradó descubrir en el Cántico espiritual la familiaridad de nuestro santo con la Biblia. El poema tiene muchísimas reminiscencias bíblicas, especialmente del Cantar de los Cantares. Como dice Royo Marín, el texto bíblico le sirvió a San Juan de la Cruz para bordar sobre él los conceptos místicos más sublimes.

Además, como soy un amante de la poesía, pues me gusta leer y escribir poesía, me llamó la atención el uso que hace del estilo de Garcilaso de la Vega, especialmente en nuestro Cántico. Seguramente san Juan de la Cruz leyó a Garcilaso, cuyos producción poética fue publicada en forma póstuma (en 1543) por Juan Boscán, amigo de Garcilaso. Recordemos que san Juan de la Cruz nació en 1542 y que Garcilaso revolucionó la poesía en España, inspirándose abundantemente en Petrarca y otros poetas italianos, pues con Garcilaso la literatura española entra en un nuevo periodo en el que se introducen una serie de novedades que rompen con la estética medieval: nuevos metros de origen italiano como el soneto, la canzone, las octavas, la rima interior y el verso libre; por los temas mitológicos, arcádicos y discursivos y por su lenguaje hecho de frases cortas, imágenes plásticas y una gran musicalidad. Este estilo lo asimiló y lo hizo propio san Juan de la Cruz.

Pero sobre todo, me ha llamado la atención caer en la cuenta que San Juan de la Cruz expresa su propia experiencia. Me recuerda a los Hechos de los Apóstoles, donde éstos dicen que: “No podemos hablar de lo que hemos visto y oído”. O a san Juan, que al inicio de su primera carta afirma:

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo.

San Juan es un testigo; no un mero repetidor de ideas. Es alguien que ha recorrido el camino que nos presenta en sus poemas y en los demás escritos. Es un místico, que nos invita a iniciar en serio una relación con Dios, desprendiéndose totalmente de las criaturas, que son la nada, para unirse totalmente a Dios por el amor, pues Él es el Todo. Esto implica, obviamente, el desprendimiento afectivo de todo lo creado, que nos llevará a la unión de Dios por el amor.

El fallo es de parte nuestra, mejor aún, de parte mía, en mi cobardía y en mi falta de generosidad, que no me decido del todo a emprender esta ruta. ¡Cómo me gustaría decir con San Juan de la Cruz lo siguiente:

Mi alma se ha empleado

y todo mi caudal en su servicio ;

ya no guardo ganado,

ni ya tengo otro oficio,

que ya sólo en amar es mi ejercicio.

Por otra parte, la lectura de la rica poesía de san Juan de la Cruz me ayudó a valorar la poesía como un vehículo importante para comunicar mi experiencia de Dios, mi búsqueda diaria, mi anhelo no siempre constante por crecer en la fe, la esperanza y la caridad.

Además, veo la pertinencia de conocer y dar a conocer la rica doctrina mística de San Juan de la Cruz, pero ante todo de vivirla. Si es verdad que “el cristiano de mañana será un místico o no será nada”, como lo ha dicho Karl Rahner, es más verdad aún que el evangelizador, el pastor de almas de mañana será un místico o su labor no tendrá relevancia ni trascendencia. No comunicará al Amado, no logrará que el Amor sea amado.

La gente dirá a Dios:

no quieras enviarme

de hoy más mensajero

que no saben decirme lo que quiero.

V. Bibliografía

López-Melús, Rafael María. Los santos carmelitas. Zaragoza 1989.

Martí Ballester, Jesús. San Juan de la Cruz. Cántico espiritual leído hoy. Ediciones Paulinas Madrid 1977.

Royo Marín, Antonio. Los grandes maestros de la vida espiritual. Historia de la espiritualidad cristiana, BAC Madrid 1973, 345-361.

San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia. Obras completas. Edición crítica preparada por Lucinio Ruano de la Iglesia. BAC Madrid 1991.

Royo Marín, Antonio. Los grandes maestros de la vida espiritual. Historia de la espiritualidad cristiana, BAC Madrid 1973, 345-361.

LÓPEZ-MELÚS, Rafael María. Los santos carmelitas. Zaragoza 1989.

LÓPEZ-MELÚS, Rafael María. Los santos carmelitas. Zaragoza 1989.

Royo Marín, Antonio. Los grandes maestros de la vida espiritual. Historia de la espiritualidad cristiana, BAC Madrid 1973, 345-361.

I Domingo de Adviento

FELIZ AÑO NUEVO LITÚRGICO

Los Cuatro Domingos de Adviento

1. Cada año, la elección de los evangelios nos hace seguir una progresión en los 4 domingos de Adviento:

– El primer domingo nos orienta hacia la Venida del Señor al final de la historia y el mensaje es el de la vigilancia;

– El segundo domingo está centrado en la figura de Juan Bautista y el mensaje es el de la paciencia y de la preparación activa para la Venida del Señor;

– El tercer domingo, también centrado en el Bautista, nos orienta con más fuerza hacia la persona de Aquél que viene; el mensaje es el de la alegría por la venida muy cercana;

– El cuarto domingo contempla el misterio de la Encarnación de Dios en María; el mensaje: una preparación profunda del misterio de la Navidad.

2. El Adviento no es, pues, una simple preparación de Navidad. Celebra a la vez la última Venida del Señor que dará todo su sentido a nuestra historia; pero también celebra al Señor que viene cada día a nosotros con una presencia muy real, pero que nos da la sed de Él, más fuerte y palpable.

He aquí el prefacio propio del I Domingo de Adviente y el resto de sus textos eucológicos. Creo que nos dan la tónica para reflexionar y crecer en nuestra vida espiritual, entrando a velas desplegadas en el espíritu y la espiritualidad del Adviento:

Prefacio I de Adviento
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro. Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Antífona de entrada
A ti, Señor, levanto mi alma; DIos mío, en ti confío, no quede yo defraudado. Que no se burlen de mí mis enemigos; pues los que esperan en ti, no quedan defraudados (Sal 24, 1-3).

Oración colecta
Señor, despierta en nosotros el deseo de prepararnos a la venida de Cristo con la práctica de las obras de misericordia para que, puestos a su derecha el día del juicio, podamos entrar al Reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo… Amén.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, estas ofrendas que hemos tomado de tus mismos dones, y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos alcance la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
 
Antífona de la comunión
El Señor nos mostrará su misericordia y nuestra tierra producirá su fruto (Sal 84, 13).
 
Oración después de la comunión
Por nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos, Señor, a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino en los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

  

A propósito de Twilight. Conversación con Ana Belén Chávez Estrella

Estimada Ana Belén:
(…)
Con relación a la película, como dices, es una novela de amor entre teenagers (adolescentes) norteamericanos, pero con la peculiaridad de que uno de ellos es un vampiro “vegetariano”, que lucha contra un fuerte impulso por extraerle la sangre a su amada.

Voy a leer los libros de la saga para ver qué más cuestiones tiene, especialmente porque me llama la atención el gusto contemporáneo por este tipo de temáticas: vampiros, magos, brujas, etc.; es decir, el gusto por lo oscuro.

¿Sabías de la conversión a la fe católica de una popular escritora, Ann Rice (http://www.annerice.com/)?
Ella ha escrito novelas que se han llevado a la pantalla grande (Entrevista con el Vampiro, por ejemplo) y ha contribuido mucho para este tipo de novelas y películas y en general a la subcultura gótica contemporánea.
Pues bien, ahora está escribiendo sobre Jesús.

A mí me ha llamado la atención que los temas que los cristianos católicos hemos descuidado, están siendo retomados por el ser humano que es un hombre profundamente religioso. Cuando la Iglesia descuida aspectos importantes, estos reaparecen en el mundo laico, al margen de la Iglesia.

Cuando la Iglesia descuida la razón y se centra en el dogmatismo, el ser humano toma conciencia de la importancia de la razón humana y de sus inmensas posibilidades. Ahora que estamos más imbuidos por el racionalismo, resurge la emotividad y el sentido de lo sagrado en todas las cosas (ecología, New Age, etc). Cuando la praxis de la confesión sacramental es decuidada, surge el psicoanálisis y todas las terapias donde la oralidad tiene mucha importancia.
Cuando la Iglesia descuida el papel de los ángeles y de los santos y cuando la Jerarquía parecía hasta avergonzarse de este tipo de doctrinas, surge el culto a los ángeles y a pseudo santos y sus imágenes, no sólo al margen de la Iglesia sino en franca competencia frente a ella.

En fin, en el caso de la película, surge el tema de la inmortalidad, a la que estamos llamados en Cristo. Pero si no se tiene el sentido de la vida, la inmortalidad es una carga y no una bendición, como lo nota muy bien Edward Cullen; la inmortalidad y la posesión de poderes sobrehumanos son más bien una fuente de infelicidad, para uno mismo y para los seres humanos.
El ser humano está deseoso de inmortalidad y de capacidades que nos hagan mejores seres humanos, pero hemos dejado de predicar esto en nuestras iglesias. Ya no insistimos en que Dios quiere que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Ya hablamos poco de que Él quiere darnos vida eterna

Espero algunos comentarios tuyos al respecto.

Experiencia humana y comunicación de la fe

Experiencia humana y comunicación de la fe

«Un Dieu défini, c’est un Dieu fini».

«El Dios que puede señalarse con el dedo es un ídolo».

«Dios es aquel que siempre calla desde el principio del mundo;

este es el fondo de la tragedia».

Miguel de Unamuno.

Estas palabras de Miguel de Unamuno (1864-1936), vertidas en diversos escritos suyos, quieren servir de pórtico a este ensayo, en el que tengo la pretensión de apuntar algunos aspectos sobre Dios, la experiencia humana y la comunicación de la fe; algo sumamente pertinente en esta hora de gracia que hemos llamado “secularización” y que se nos presenta con enormes desafíos y oportunidades.

Contra el pesimismo de algunas voces frente a este fenómeno, el P. Ignacio Larrañaga sugiere lo siguiente:

“La secularización podría equipararse a la noche oscura de los sentidos. Es la purificación más radical de la imagen de Dios. Como consecuencia, el creyente de la era secularizada podrá vivir – ¡por fin! – la fe pura y desnuda, sin falsos apoyos”.[1]

Sin embargo, a pesar del necesario optimismo, conviene destacar un signo de nuestros tiempos[2], expresado magistralmente por los Padres conciliares del más reciente Concilio ecuménico:

“Unos niegan expresamente la existencia de Dios; otros se contentan con decir que el hombre no puede afirmar nada absolutamente sobre El; otros someten a examen el problema de Dios con tal método, que concluyen que es inútil el planteamiento mismo del problema”.[3]

Gelabert Ballester resume estas actitudes en unas cuantas líneas, presentando las corrientes principales: “el materialismo niega la existencia de Dios y el existencialismo ateo proclama su sin sentido, su inutilidad y su inoperancia, aun en el caso de que existiera”.[4]

Pues bien, ¿a qué se deben estas actitudes?

Los Padres conciliares se atreven a señalar algunas de ellas. He aquí lo que escriben:

“(…) pueden tener orígenes muy diversos: la rebelión contra el mal en el mundo, la ignorancia o la indiferencia religiosas, los afanes del mundo y de las riquezas, el mal ejemplo de los creyentes, las corrientes de pensamiento hostiles a la religión, y finalmente esa actitud del hombre pecador que, por miedo, se oculta de Dios y huye de su llamada”.[5]

Pretensiones probativas

Hay ante Dios, pues, dos actitudes básicas: los que niegan su existencia y los que la afirman. Ambas posturas tienen la pretensión de probar sus conclusiones. Sin embargo, como apunta Gelabert, “cuando se trata de Dios, para afirmarlo o para negarlo, el lenguaje de las pruebas es inadecuado”.

¿Dónde está la limitación de las así llamadas “pruebas de la existencia de Dios”? En que se pretende deducir a Dios del mundo y del hombre. Es más, la sola pretensión de probar a Dios lo empequeñece, pues Dios está más allá del terreno empírico-racional. Por lo demás, querer demostrar la no existencia de Dios en este mismo terreno es olvidar los límites de la razón, señalados oportunamente por Kant, pues ésta sólo puede acceder a la certeza fenoménica y no a lo nouménico.

Más allá del terreno empírico-racional

Hay que ir más allá, buscando en nuestra basta experiencia humana, otro camino en el que el habla sobre Dios tenga sentido, buscando en ella la posibilidad de experimentar a Dios (experiencia interpretativa) y descubriremos que a Dios no lo podemos probar, pero que si podemos justificar humanamente la fe en El. Pues bien, a este ir más allá Gelabert le denomina camino “existencial”, diverso del camino racional o directo. Cierto, reconoce Gelabert, “perderemos la exactitud del álgebra; pero si ganamos la profundidad de lo humano quedaremos compensados”.

No es que se trata de rechazar plenamente el camino racional, pues el haberlo recorrido primero nos ha ayudado a darnos cuenta de sus limitaciones y de la necesidad de buscar un camino diverso, que abarque la existencia total y que nos de la certeza de la existencia de un Dios personal, es decir, sólidas y objetivas razones para creer en El.

Evidentemente este camino, que debe mostrarnos la validez y coherencia de nuestra fe, parte desde la experiencia, pues ésta es el único camino de acceso a la realidad. Haremos, pues, un análisis “existencial” del dinamismo de la realidad contingente, que apunta a un horizonte infinito, gracias a nuestra capacidad de abstracción. Gracias a esta capacidad, los seres humanos apreciamos la limitación de las cosas que nos ayuda y nos motiva a abrirnos al Absoluto, hacia un horizonte de totalidad.

Un lenguaje indirecto y simbólico

Esta insatisfacción de lo contingente, que hace que nos abramos al Absoluto, es decir, al origen omnisustentador de todas las cosas, no se satisface con realidades meramente físicas, ni se explican sólo por ellas, pues no todas las dimensiones pueden reducirse a las ideas claras y distintas propuestas por Descartes. Santo Tomás de Aquino nos descubre que hay un tipo de conocimiento “que mira la cosa como es en sí”, que no es un tipo de conocimiento irracional.

Reconozcámoslo: los creyentes podemos llegar a una justificación coherente de nuestra fe en Dios, pero no podemos ofrecer pruebas absolutamente evidentes. Este reconocimiento nos debe ayudar a adoptar una actitud distinta con relación a los que no comparten nuestra fe y nuestras convicciones: Más que dueños de la verdad, nos sabemos poseídos por ella, eternos peregrinos en su búsqueda, hombro a hombro con otros buscadores, en una búsqueda constante.

En esta búsqueda y en nuestros hallazgos, necesitamos otro lenguaje, el lenguaje de los místicos y de los artistas. No en balde uno de los teólogos más influyentes de nuestro tiempo (me refiero a Kart Ranher), ha escrito lo siguiente:

“El cristiano del mañana será un místico, uno que ha experimentado algo, o ya no será nada”.[6]

De allí que se haga necesario el entrenamiento del teólogo, del pastor de almas, del agente de pastoral y del creyente en general en este tipo de lenguaje, más sugestivo, más dinámico y más entusiasmante que el lenguaje de los dogmas, de la Academia y de los documentos oficiales pontificios y episcopales, estableciendo así un diálogo auténtico, que debe tener estas características: espíritu de apertura y humildad de parte de los interlocutores.

No hay duda de que el místico y el artista serán los grandes misioneros del futuro. En un mundo pluralista, la mística y el arte representarán el lenguaje universal, capaz de asombrar, suscitar estupor, cuestionar… en fin crear las condiciones para que el hombre pueda rebasar los estrechos horizontes de lo contingente para vislumbrar otros mundos, más allá de toda experiencia tangible o esfuerzo intelectual.[7]

Oscureciendo el Rostro de Dios

Además de argumentos filosóficos y existenciales, lo que ha oscurecido la imagen de Dios y la posibilidad de descubrirlo y creerle, hay que reconocer que la imagen de Dios ha sido presentada de modo inadecuada y en su nombre, se han cometido graves injusticias, por las que recientemente el Obispo de Roma ha pedido perdón.

He aquí las palabras del P. Larrañaga:

La imagen de Dios había estado revestida frecuentemente de múltiples ropajes: nuestros miedos e inseguridades, nuestros intereses y sistemas, nuestras ambiciones, impotencias, ignorancias y limitaciones; para muchos, Dios era la solución mágica de todos los imposibles, la explicación de todo cuanto ignorábamos, el refugio para los derrotados e impotentes.

Sobre estas muletas se apoyaban la fe y la “religiosidad” de muchos cristianos.[8]

El silencio de Dios

Si añadimos a este proceso de oscurecimiento del Rostro de Dios, realizado por no pocos creyentes, el silencio de Dios, no hay que extrañarse si tantos seres humanos viven en situación de ateísmo en sus dos vertientes: ateísmo asumido como postura intelectual y filosófica y ateísmo vivido en la praxis diaria.

Y es que el Dios en el que creemos, es eminentemente paradójico, pues a la vez que se oculta, se revela, por esta opción suya de no apabullar al hombre, de no imponerse, que provoca que la fe no sea una evidencia inevitable, sino, más bien, un acto verdaderamente libre. Todo esto nos dice mucho más de Quien es El.

Por eso, a pesar de este silencio de Dios, que permite negarlo y afirmarlo, el creyente tiene una certeza moral de la existencia de Dios, no basada en experiencias medibles, propias de las ciencias empíricas, sino en el testimonio del Espíritu de Dios. Se trata, en definitiva, de una certeza de la fe.

Conclusión

Deseo concluir estas reflexiones, citando a A. Hortelano, espigadas por el P. Larrañaga:

“Hoy el mundo necesita más que nunca de una vuelta a la contemplación… El verdadero profeta de la Iglesia del futuro será aquel que venga del “desierto” como Moisés, Elías, el Bautista, Pablo y sobre todo Jesús, cargados de mística y con ese brillo especial que sólo tienen los hombres acostumbrados a hablar con Dios cara a cara.

[1] LARRAÑAGA, Ignacio, Muéstrame tu rostro, San Pablo, México 2000, p. 9. Énfasis del autor.

[2] El Concilio dice expresamente: “(…) el ateísmo se deb[e] considerar entre los más graves problemas de nuestro tiempo y deb[e] ser examinado con suma atención.” LG 19.

[3] LG 19.

[4] GELABERT BALLESTER, Martín, Experiencia humana y Comunicación de la fe. Ensayo de Teología Fundamental, Ed. Paulinas, Col. “Teología y pastoral”, Madrid 1983, p. 84.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica (en adelante, lo abreviaré de la siguiente manera: CEC), n. 29.

[6] LARRAÑAGA, Ignacio, op. cit., p. 9.

[7] Para una perspectiva más amplia de este planteamiento, cfr. AMATULLI VALENTE, Flaviano, Diálogo cultural, en A.A.V.V. La Iglesia ante la Historia. En el pasado y el presente, Ediciones Apóstoles de la Palabra, México, DF 2004.

[8] LARRAÑAGA, Ignacio, op. cit., p. 9-10.


LA FÓRMULA DEL BAUTISMO

¿Cuál es la fórmula más apropiada? ¿En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo o en el nombre de Jesús, como sugieren algunos grupos proselitistas?

 

 

Necesidad del bautismo

El que crea y se bautice se salvará (Mc 16,16).

 

Necesitan nacer de nuevo, desde arriba (Jn 3,7).

 

Bautícenlos en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (Mt 28,19b).

 

En estos tres pasajes del Evangelio se ve la necesidad del bautismo. San Juan lo subraya también con estas palabras:

 

El que no renace del agua y del Espíritu

no puede entrar en el Reino de Dios (Jn 3,5).

 

¿Distintas fórmulas?

En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo…

Sin embargo, como puede verse, sólo en el Evangelio de san Mateo se nos presenta una fórmula para administrar el bautismo (Mt 28,19b) y es una fórmula trinitaria.

Si tenemos en cuenta que este Evangelio fue escrito en su forma actual hacia los años 80, podemos decir que refleja la fórmula que se usaba en el bautismo por esos años en las distintas comunidades cristianas.

Esta fórmula también está atestiguada en otros documentos del siglo I y II. Uno de estos testimonios es sumamente significativo pues aparece en la Didajé (Didach) o Enseñanza de los Doce Apóstoles, un documento escrito hacia el año 70 d.C., cuando aún vivían algunos cristianos de la generación apostólica. El documento dice lo siguiente:

 

Bauticen en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua viva. Si no tienes agua viva, bautiza con otra agua. Si no puedes hacerlo con agua fría, hazlo con agua tibia. Derrama tres veces agua sobre la cabeza en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (Capítulo 7).

 

Es decir, está atestiguado en la Sagrada Escritura y en escritos del siglo I que la fórmula utilizada en el bautismo es la misma que se utiliza hoy en día en la Iglesia Católica, en la Iglesia Ortodoxa, en las diversas Iglesias surgidas de la Reforma (luteranos, calvinistas (Reformados), anglicanos, etc.) y en la gran mayoría de los grupos proselitistas, pues proviene de un mandato concreto de Jesús, revelado antes de su Ascensión.

 

o en el Nombre de Jesús

Sin embargo, conviene notar que hay textos bíblicos en el Nuevo Testamento que nos hacen pensar en otra fórmula, que sería la más indicada puesto que es mencionada mayor número de veces que la fórmula trinitaria. De hecho, hay grupos proselitistas que piensan que la fórmula más apropiada para administrar el bautismo es en el nombre de Jesús y no con la fórmula que aparece en Mt 28,19b. Es el caso de “La Luz del Mundo”, “El Buen Pastor” y “Sólo Jesús”, entre otros. ¿Qué podemos decir al respecto?

Hay que decir que no se refleja en los Hechos de los Apóstoles una fórmula única, expresada en los distintos pasajes con las mismas palabras, por lo que no puede considerarse sin más como una fórmula bautismal. Veamos los textos dónde aparece la expresión.

 

Que cada uno de ustedes se haga bautizar en el nombre de Jesús (Hch 2,38).

 

Sólo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús (Hch 8,16).

 

Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo (Hch 10,48).

 

Al oír esto se hicieron bautizar en el nombre del Señor Jesús (Hch 19,5).

 

Levántate, recibe el bautismo

y lava tus pecados invocando su Nombre (Hch 22,16).

 

San Pablo nos dice en sus cartas algunas cosas acerca de la importancia del bautismo y los frutos que produce en el cristiano, pero no nos proporciona una fórmula para administrarlo, puesto que la considera conocida por sus destinatarios.

 

Al ser bautizados en Cristo Jesús,

hemos sido sumergidos en su muerte (Rm 6,3).

 

Todos se han revestido de Cristo,

pues todos fueron entregados a Cristo por el bautismo (Gál 3, 27).

 

Sin embargo estas palabras del Apóstol nos ayudan a entender las aparentes fórmulas bautismales que encontramos en Hechos de los Apóstoles.

 

 

Bautismo de Juan y bautismo de Jesús

Hay que señalar que en los tiempos apostólicos había, además del bautismo cristiano, el bautismo administrado por los discípulos de Juan Bautista y el bautismo administrado por otros grupos judíos de la época, que se administraba a los nuevos prosélitos. El caso de Apolo es muy ilustrativo pues su encuentro con el matrimonio conformado por Aquila y Priscila y, después, con el Apóstol san Pablo se realiza durante el tercer viaje misionero de san Pablo, es decir, entre el 56 y 57 d. C., acontecimiento que nos narra san Lucas en Hechos de los Apóstoles, redactado hacia el año 70 d.C.

 

Un judío, llamado Apolo, originario de Alejandría, hombre elocuente que dominaba las Escrituras, llegó a Éfeso. Había sido instruido en el Camino del Señor y con fervor de espíritu hablaba y enseñaba con todo esmero lo referente a Jesús, aunque solamente conocía el bautismo de Juan (Hch 18,24-25).

 

No es el único caso, como puede verse en el siguiente texto bíblico:

 

Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó las regiones altas y llegó a Éfeso donde encontró algunos discípulos; les preguntó: “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando abrazasteis la fe?” Ellos contestaron: “Pero si nosotros no hemos oído siquiera que exista el Espíritu Santo”. Él replicó: “¿Pues qué bautismo habéis recibido?” “El bautismo de Juan”, respondieron. Pablo añadió: “Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, o sea en Jesús.” Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús (Hch 19,1-5).

 

Se trata, por tanto, de dos bautismos diferentes (el bautismo de Juan y el bautismo de Jesús), que se administraban por la misma época, es decir, más de veinte años después de la muerte y resurrección del Señor.

Que estos dos bautismos son distintos, lo podemos deducir de las palabras de Jesús al inicio de los Hechos de los Apóstoles:

 

Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días (Hch 1,5).

 

Por eso es comprensible que san Lucas, autor de los Hechos de los Apóstoles, subrayara que los discípulos de Cristo habían recibido el bautismo en el nombre de Jesús, para distinguirlo del bautismo de Juan y de otros bautismos administrados por otros grupos religiosos judíos de la época, como los esenios.

En efecto, el bautismo era una práctica común en el siglo I y no es exclusivo ni original de Juan Bautista o de Jesús. El bautismo se practicaba entre los judíos como un rito de entrada en una comunidad. Así, Jesús establece también el bautismo para integrarse al nuevo pueblo del Mesías. Sin embargo, se trata de un bautismo muy distinto, pues es un bautismo en el Espíritu Santo, que trae consecuencias muy importantes para el que lo recibe: Dios ofrece nada menos que el perdón de los pecados, derribando todas las barreras que mantenían al hombre lejos de él.

 

Conclusión

Como lo vimos al principio, la fórmula del bautismo más autorizada desde la generación apostólica es la fórmula trinitaria, que encontramos en Mt 28, 19b. Es la fórmula utilizada por la inmensa mayoría de las Iglesias cristianas y los grupos proselitistas. Así que, el supuesto “gran descubrimiento” que han hecho algunos pastores de los grupos pentecostales de que debe bautizarse en el nombre de Jesús, debe entenderse en el conjunto de los libros del Nuevo Testamento y en el contexto histórico.

Tanto la Biblia, como los documentos de la época post-apostólica y la práctica de la gran mayoría de iglesias y grupos cristianos presentan un testimonio unánime. Por eso la Iglesia católica sólo considera válido el bautismo que se administra “en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” y considera inválido el bautismo administrado por los grupos proselitistas que no creen en la Santísima Trinidad, como los testigos de Jehová y “La Luz del mundo”.

Concluyamos esta reflexión con este pasaje de la Escritura, donde se ve la dimensión trinitaria del Bautismo y la relación que tenemos con Dios Uno y Trino al recibir este sacramento:

 

En el bautismo volvimos a nacer y fuimos renovados por el Espíritu Santo que Dios derramó sobre nosotros por Cristo Jesús, nuestro salvador (Tit 3,5-6).

Desafíos pastorales del culto a la Santa Muerte

Desafíos pastorales del culto a la Santa Muerte

La expansión del culto a la Santa Muerte evidencia necesidades apremiantes de muchos mexicanos, que no son satisfechas por las instituciones tradicionales. En nuestro caso, pareciera que la Iglesia católica no logra ofrecer los bienes simbólicos que amplios sectores de la feligresía esperan de ella.

En este contexto, creo necesario reflexionar sobre estos puntos:

Diferencias entre pensamiento religioso y pensamiento mágico
Diferencias entre oración y conjuro
Diferencias entre ídolos e imágenes
Sentido del culto católico a los santos
Diferencia entre amuletos y sacramentales
Diferencia entre devoción y superstición

Mito y Realidad

H. y H.A. Frankfort nos ofrecen en el ensayo titulado “Mito y Realidad” una serie de reflexiones entorno a la diferencia y la relación entre mito y realidad.

 

¿Ausencia del pensamiento especulativo

en los documentos antiguos?

De entrada empiezan a señalar las características del “pensamiento especulativo”, que se desprende por entero de la experiencia e intenta explicarla, unificarla y ordenarla. Además, se caracteriza por hacer uso de la hipótesis. Así que, según estos autores, de este tipo de pensamiento “hay muy poco” en los documentos antiguos. Por lo general, señalan, el pensamiento del antiguo Cercano Oriente se nos presenta envuelto en imaginación y mezclado con la fantasía.

Además nos señalan que hoy en día el pensamiento especulativo concentra su principal interés en el hombre:

·         su naturaleza

·         sus problemas

·         sus valores

·         su destino

 

Diferencias fundamentales

entre el hombre antiguo y el moderno

Para el hombre antiguo, el mundo de los fenómenos es enteramente personal y se le trata de “tú”; además, considera que el ser humano es parte integrante de la sociedad y ésta totalmente inmersa en la naturaleza y, por lo tanto, en dependencia de las fuerzas cósmicas. Es decir, no hay oposición entre la naturaleza y el hombre.

Para el hombre moderno, el mundo de los fenómenos es algo impersonal; es ante todo un “ello”, es decir, algo impersonal.

Algunos párrafos más adelante creo entender que los autores señalan algunas características, que enlisto a continuación:

 

El “tú”:

·         es único

·         es experimentado emocionalmente

·         es una presencia viva

 

El “ello”:

·         forma parte de una serie

·         puede vincularse científicamente con otros objetos

 

Dos tipos de conocimiento

De ahí que los autores distingan de estas actitudes dos tipos de conocimiento; uno considerado directo, emotivo y desarticulado (el que producto de las impresiones) y otro (el conocimiento científico), articulado e indiferente (desde el punto de vista emotivo).

 

¿Tres tipos de hombres?

En los párrafos siguientes (pp. 17ss de las copias) creo distinguir que los autores hacen referencia a tres tipos de hombre:

·         el emotivo

·         el intelectual

·         el imaginativo (¿especulativo?)

 

El pensamiento creador de mitos

Esta categoría me pareció muy interesante. Los autores empiezan dándonos a conocer algunas de las características del mito.

En efecto, el mito

·         revela una verdad significativa, aunque no verificable.

·         carece de universalidad de una aseveración teórica

·         es concreto

·         exige reconocimiento por la fe

·         no pretende justificarse ante la crítica

 

Pues bien, los autores señalan la especulación como un elemento más dentro del dominio del pensamiento creador de mitos. De hecho, según ellos, en el antiguo cercano Oriente encontramos el pensamiento especulativo bajo la forma de mito. Aunque reconocen que había la posibilidad de razonar lógicamente, normalmente se hacía sin rigor.

Presentan como en confrontación el pensamiento emotivo, el especulativo y el intelectual.

En primer lugar, para el hombre primitivo, no hay contraste entre la realidad y la apariencia. En efecto,  para la mente creadora de mitos, todo lo que ocurre en su mundo tiene la misma realidad, sin importar si son sueños o sucesos reales.

Puedo reconocer las siguientes características en este tipo de pensamiento:

·         existe un enlace entre el símbolo y lo que éste significa

·         tendencia hacia lo concreto

·         convierte sus propios conceptos en realidades existentes per se

·         es el mundo de las experiencias inmediatas

·         carácter impersonal de sus explicaciones

·         se recurre a la personificación de las fuerzas cósmicas, de la muerte, del mal, del bien, etc.

 

Por otra parte, las diferencias entre el hombre antiguo ( o más bien, el pensamiento creador de mitos) y el moderno (considerado científico), se manifiestan sobre todo a través de la búsqueda y concepción de las causas. Ante un fenómeno se hacen diferentes tipos de preguntas: es decir, cuando se busca una causa, no se pregunta “¿cómo?”, sino “¿quién?”.

Esto mismo puede observarse en relación  a otras categorías: el tiempo y el espacio. En efecto, el pensamiento creador de mitos considera el espacio por el reconocimiento emotivo de valores. Así, por su relación aparente con el sol, el oriente significa vida y el occidente, muerte.

La concepción del tiempo, por su parte, era cualitativa y concreta, era experimentado en la periodicidad y el ritmo de la vida y biológico.

Para este tipo de pensamiento, cuando había un cambio hay una causa, pero esta era invariablemente “una voluntad” de alguien superior. De ahí la concepción dramática de la naturaleza y el anhelo del hombre de contribuir con las fuerzas benéficas en contra de las maléficas en la naturaleza, mediante la creación y formulación de ritos y ceremonias, entendidas como una manera de participación del hombre en el acontecimiento cósmico.

 

Es una lectura interesante, porque nos ayuda a entender la manera de pensar y actuar de los hombres que nos precedieron. Sólo de esta manera podemos entender y aprovechar el legado que nos dejaron.