Balbuceos

Balbuceos

 

Como un puño cerrado,

tenso, presuroso

caminas por la calle.

 

Neurótico,

como el conejo de Alicia,

tienes prisa y corres,

guiado por un reloj que consultas frecuentemente.

 

La prisa y el hastío

se asoman por tu cara

y en las ventanas de tus ojos.

 

Y yo,

que te observo sin prisa,

no logro descifrar tus anhelos

ni tus motivaciones.

 

Sobrevivir parece ser la única consigna

en este mar de gente.

 

Por eso esta fuga permanente,

esta prisa constante

y multitudinaria

donde tú y yo no somos más que un número.

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