El “pecado social” y su confesión

El “pecado social” y su confesión

 

M. Sievernich da cuenta del recorrido histórico del “pecado social”, una noción que fue duramente criticada, pero que ha adquirido carta de ciudadanía en la reflexión y en la praxis teológica. Su clarificación ha motivado que la noción sea aceptada incluso en el Magisterio de la Iglesia, como puede verse en Reconciliatio et Paenitentia, donde Juan Pablo II señala lo siguiente: “Hablar de pecado social quiere decir, ante todo, reconocer que, en virtud de una solidaridad humana tan misteriosa e imperceptible como real y concreta, el pecado de cada uno repercute en cierta manera en los demás. Es ésta la otra cara de aquella solidaridad que, a nivel religioso, se desarrolla en el misterio profundo y magnífico de la comunión de los santos…” (no. 16).

Otro texto significativo lo constituye el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, que tiene párrafos significativos sobre el pecado social, como los siguientes: El misterio del pecado comporta una doble herida, la que el pecador abre en su propio flanco y en su relación con el prójimo. Por ello se puede hablar de pecado personal y social: todo pecado es personal bajo un aspecto; bajo otro aspecto, todo pecado es social, en cuanto tiene también consecuencias sociales. (n. 117). “Algunos pecados, además, constituyen, por su objeto mismo, una agresión directa al prójimo. Estos pecados, en particular, se califican como pecados sociales” (no. 118).

Algunos pecados, además, constituyen, por su objeto mismo, una agresión directa al prójimo. Estos pecados, en particular, se califican como pecados sociales.

M. Sievernich nos descubre que la tradición cristiana siempre ha sido consciente de la dimensión social del pecado, pero subraya que en distintos periodos ha faltado destacarla suficientemente. Un ejemplo paradigmático de alguien que ha subrayado la dimensión social del pecado, del pecado que se incrusta en las estructuras sociales, haciéndolas estructuras de pecado lo constituye fray Bartolomé de Las Casas.

Lo novedoso de los tiempos recientes es que esta noción se relaciona más conscientemente con los ordenamientos y estructuras sociales, poniendo de relieve algo que en la doctrina de la gracia y en la eclesiología se ha siempre señalado: que la existencia humana tiene una estructura personal y social. En este contexto, hablar de pecado social significa señalar la relación mutua igualmente originaria entre persona y sociedad, entre pecado personal y pecado social.

El mérito de este artículo es poner algunas bases para que el discurso sobre el pecado social no se quede en el lenguaje profético; aporta, por tanto, criterios de acción para su aplicación a determinadas situaciones y los elementos para su atribución a las personas.

Sin duda se trata de una reflexión muy pertinente. Recientemente el obispo Gianfranco Girotti, regente del Tribunal de la Penitenciaría Apostólica, señaló que existen “actitudes pecaminosas” que afectan los derechos individuales y sociales. “Ante todo, en el campo de la bioética, donde no podemos dejar de denunciar algunas violaciones de fundamentales derechos de la naturaleza humana a través de experimentos y manipulaciones genéticas de los cuales es muy difícil controlar los resultados”.

Otra área social es la de la droga, “a través de la cual se debilita la psiquis y se oscurece la inteligencia, dejando a muchos jóvenes más allá del circuito eclesial”.

Los fieles perciben con más sensibilidad que nunca las desigualdades sociales y económicas “en las cuales los pobres son cada vez más pobres y los ricos siempre más ricos, alimentando una insostenible injusticia social”, denunció el Penitenciario Apostólico vaticano.

Monseñor Girotti dijo también que uno de los nuevos males que la Iglesia quiere combatir como pecados sociales abarcan las cuestiones ecológicas. “No contaminarás” es un nuevo mandamiento que el Papa ha esgrimido en varios de sus discursos. Benedicto XVI pidió la protección del medio ambiente y afirmó que los cambios climáticos se han convertido en una cuestión de gran importancia para la humanidad.

“Uno no ofende a Dios sólo al robar, blasfemar, o desear la mujer del prójimo. También lo hace cuando daña el medio ambiente, participa en experimentos científicos dudosos y de manipulación genética; cuando acumula excesivas riquezas, consume o trafica drogas; y cuando ocasiona pobreza, injusticia y desigualdad social”, expresó Monseñor Girotti.

 

Bibliografía
M. Sievernich, El “pecado social” y su confesión, en: Concilium No. 210 (1987) 251-265.

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