Pablo de Tarso y los orígenes cristianos

Pablo de Tarso y los orígenes cristianos

 

Giuseppe Barbaglio nos ofrece un magnífico libro para conocer a san Pablo, el Apóstol por excelencia, y el mundo que quiso conducir a la fe en Jesucristo. Nos habla de los múltiples retratos y acercamientos que su figura ha suscitado, que van desde el más perfecto revelador del misterio de Cristo, hasta el que lo consideró ¡el primer hereje de la historia!

Barbaglio nos presenta también las fuentes literarias, con las que podemos establecer un diálogo para conocer a san Pablo: en primer lugar sus siete cartas auténticas (Se trata de 1Tes, 1 y 2Cor, Gál, Rm, Flp y Flm), pero también las pseudoepigráficas. También están los Hechos de los Apóstoles, escritos por el primero de los múltiples biógrafos de san Pablo, aunque hay notables contrastes entre el Pablo de las cartas y el Pablo que aparece retratado en los Hechos. ¿La causa? Más que una biografía de Pablo, Hechos es ante todo la historia de la carrera del mensaje evangélico hasta el último rincón de la tierra (cfr. Hch 1, 8).

Una cosa es cierta, Hechos manifiesta que san Pablo garantiza la legitimidad y la genuinidad del cristianismo primitivo, de cuño greco-romano, conjuntando la intención teológica con la histórica. Otras fuentes nos sirven para conocer el mundo que Pablo evangelizó, aunque no hablen propiamente de él (Filón de Alejandría, Flavio Josefo y escritores greco-romanos).

Sobre la cronología de Pablo, se trata de un asunto “espinoso” que la Carta a los Gálatas inigualablemente a determinar, con una hipótesis respetable, que deja en claro que Pablo entró a formar parte del cristianismo pocos años después de la muerte de Jesús (hacia el año 30 d.C), hacia el año 35, en el periodo creativo y entusiasta de la Iglesia naciente.

Barbaglio nos recuerda con qué orgullo habla Pablo de sus orígenes judíos. Nos precisa la cultura urbana a la que pertenecía y su preferencia por anunciar el Evangelio en los ambientes citadinos del Imperio. Su pertenencia a tres mundos: al judaísmo (aspecto religioso), al helenismos (por la lengua) y al Imperio Romano (aspecto político). Tres patrias que lo marcaron notablemente, por si profunda identidad judía (su monoteísmo, su recurso a la red sinanogal), su pertenencia a la Diáspora, aunque formado en Jerusalén en la tradición rabínica. Pablo también es griego con los griegos, conocedor de su filosofía, de su literatura, de la diatriba. Como ciudadano romano, lo que le daba derechos civiles y jurídicos.

Barbaglio nos recuerda que Pablo era un trabajador manual, seguramente de las capas más bajas de la escala social, a los humiliores, aunque no de los incultos. Su trabajo manual, por otro lado, le permitía la propaganda capilar, codo a codo, en el contexto de una comunidad de vida y de trabajo.

Con respecto a su estado civil, Barbaglio nos presenta tres hipótesis, igualmente probables: o bien, fue célibe, o permaneció viudo, o abandonó a (o fue abandonado por) su esposa. Una cosa cierta: hacia los años 50 no estaba ligado a ninguna mujer. Con respecto a la iconografía de san Pablo, Barbaglio nos informa que la calvicie y la barba, característicos de los retratos del Apóstol, se remontan al siglo IV, seguramente por la intención de presentar a Pablo como el filósofo cristiano por excelencia, con influencia de los retratos de filósofos antiguos como Plotino y de afirmaciones como las siguientes: “La barba es señal de los fuertes”, “es para el hombre lo que la cresta para el gallo y la melena para el león”.

Con relación a su etapa de inquisidor de los nazarenos, Barbaglio informa que los testimonios convergentes de las cartas y de Hechos nos lo presentan como un fanático, como un obsesionado, lo que posiblemente refleja una secreta debilidad hacia las perspectivas innovadoras y alternativas que combatía con tanta saña.

Con relación a lo acontecido en el Camino de Damasco, se trata de una conversión a Cristo, no de forma moralista. Pablo descubre que los caminos que no parten de Jesús y los que no conducen a él son equivocados. Su conversión es del código de lo debido al código de la gratuidad, que vemos en la parábola del fariseo y el publicano.

Pablo, nos dice Barbaglio, muestra la psicología del convertido: adhesión totalizante a la nueva causa y denuncia polémica de la falsedad de la causa que antes había abrazado; conciencia fuerte e inquebrantable de haber hecho una opción justa; seguridad y coraje en medio de las adversidades y las críticas tenaces. Y una buena dosis de intolerancia.

Por otra parte, Barbaglio nos recuerda que Pablo fue ante todo un hombre de acción, además de ser un teólogo genial y un escritor vivaz, cuya teología se aplicaba a los problemas vitales del anuncio del Evangelio y de la vida de cada comunidad. Pablo era un misionero itinerante, como tantos otros en la época, como predicadores estoicos y aún predicadores judíos y cristianos anteriores a Pablo, especialmente el ala emprendedora del primer cristianismo. Hechos de los Apóstoles nos ofrece informaciones de la actividad misionera de Pablo, pero en tanto que es obra teológica y no meramente biográfica. Tiene el mérito de exaltar la figura de Pablo y con él al cristianismo de habla griega, separado de la sinagoga y presente en el vasto mundo del Imperio romano.

Barbaglio nos ofrece un itinerario de la actividad apostólica de Pablo: las etapas principales, su estrategia misionera y nos lo presenta como un hombre del Evangelio, de la salvación por medio de Jesucristo. Intenta asomarse en la organización misionera de Pablo de la que no hay suficiente información en las cartas paulinas, aunque si la necesaria para trazarla a grandes líneas, que estaban pensadas para llegar a las localidades previstas por el plan misionero, que implicaba escoger los sitios más adecuados, y los ayudantes y los medios necesarios para la eficacia en la misión.

Destacan elementos como los viajes, sea por las calzadas romanas o por medios marítimos, frecuentemente peligrosos; búsqueda de alojamiento; el recurso a las sinagogas o lugares de oración de las ciudades que visitaba y, por supuesto, a las casas privadas. Otro medio era la propaganda de tú a tú e incluso un salón público, como el que tuvo en Éfeso (Hch 19, 9). Junto a él trabajaban un centenar de personas, incluyendo personas de confianza, y contó con el apoyo de las comunidades ya evangelizadas. Sin embargo, hay que concluir señalando que Pablo realizó una amplia acción misionera con pocos medios y, sobre todo, con modestos recursos financieros.

Barbaglio nos acerca también a las comunidades evangelizadas por Pablo, que tenía una forma de actuar muy distinta de otros predicadores itinerantes, que se limitaban a propagar las más diversas doctrinas y no formaban comunidades de discípulos. Pablo y Epicuro son la excepción. Pablo intentó formar comunidades de personas, así que prolongaba su estancia en los grandes centros urbanos de Gracia y Anatolia y mantuvo una comunicación constante y continua con sus comunidades, a través de visitas personales, cartas y enviados. Es, por tanto, un verdadero pastor de almas, que exhorta, ruega, desea, estimula, amonesta, enseña, indica caminos a recorres, responde a preguntas, alaba, intenta colmar las lagunas de la fe, etc.

Una actividad incesante que despertó recelos y críticas, dudas y rechazos, hasta excomuniones. Pablo tuvo ciertos problemas con la Iglesia-madre de Jerusalén. Pablo tuvo incluso rivales, como lo dice él mismo en la Carta a los Filipenses, y opositores. En ocasiones su existencia se volvió en un auténtico vía crucis, pues tuvo que padecer mucho: incomprensiones, abandonos, maledicencias, rebeliones… hasta sufrir un final trágico, en Roma en tiempos de Nerón, lo que tiene una certeza histórica, posiblemente en los años 50.

 

Bibliografía
G. BARBAGLIO
, Pablo de Tarso y los orígenes cristianos, Sígueme, Salamanca 1997.

 

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