LA CONDICIÓN HUMANA ACTUAL, de Erich Fromm

LA CONDICIÓN HUMANA ACTUAL, de Erich Fromm

 

En este magnífico libro, Fromm examina con detalle algunos temas de fundamental importancia para el hombre moderno. He aquí una síntesis de sus siete capítulos.

 

La condición humana actual: el hombre enajenado

Para Fromm, el hombre actual es un hombre enajenado, determinado por el mercado y el modo de producción industrial que prevalece en Occidente. Es un consumidor eterno, moldeado según las necesidades de la sociedad, que necesita hombres que cooperen dócilmente en grupos numerosos, que deseen consumir más y más, y cuyos gustos estén estandarizados y puedan ser fácilmente influidos y anticipados. Por eso lo que consumimos es algo enajenado, pues está más determinado por las frases publicitarias, que por nuestras verdaderas necesidades. Esta tarea de consumir nos absorbe constantemente. La frase que puede definir nuestro comportamiento es “Nunca dejes para mañana el goce que puedes tener hoy”.

¿Qué alternativas hay? Superar la enajenación, emergiendo de una visión materialista y alcanzando los valores espirituales, mediante un cambio simultáneo en todas las esferas de la vida.

 

Sexo y carácter

El carácter típico de hombres y mujeres en Occidente, dice Fromm, está determinado pos sus respectivos papeles sociales; aunque este carácter lleve un tinte debido a la diferencia de los sexos. Es decir, hay una igualdad básica entre el hombre y la mujer; esta igualdad constituye la base para el desarrollo total de las diferencias y la individualidad.

Las diferencias biológicas más notorias son los roles que desempeñan hombre y mujer en el contacto sexual. El hombre requiere la erección y su manutención para llegar al orgasmo, de ahí que el hombre deba demostrar que cuenta con la capacidad de lograrlo. Esto le da cierta vulnerabilidad y le genera angustias: su yo, su prestigio, su valor. De ahí su búsqueda de prestigio en otras esferas de su vida y su marcado temor a hacer el ridículo. La mujer, por su parte, no necesita demostrar nada, pero su vulnerabilidad reside en su dependencia del hombre, por eso teme ser dejada sola y se preocupa por verse atractiva.

 

El psicoanálisis: ¿Ciencia o línea partidista?

Fromm deja en evidencia que los seguidores de Freud constituyeron un movimiento con espíritu partidista, basado en líneas estrictamente jerárquicas, estrictas normas de asociación y que, en muchas ocasiones, presentó rasgos de fanatismo e intolerancia. Para Fromm, lo que hizo posible esto, fue la actitud de Freud que no veía al psicoanálisis como una nueva terapia para curar las enfermedades mentales, sino como la “liberación del ser humano”. Incluso llegó a identificarse con Moisés. Por eso el psicoanálisis debe revisar desde un punto de vista humanista y dialéctico muchas de las teorías de Freud para poder seguir y desarrollar sus descubrimientos básicos. Esto sólo será posible si el psicoanálisis deja de ser gobernado por una burocracia estéril y recupera su osadía original para ir en pos de la verdad.

 

El carácter revolucionario

Fromm distingue varios caracteres: el carácter autoritario, el democrático, el rebelde y el revolucionario. El rasgo fundamental del carácter revolucionario es el independiente, esto es, ser libre. Tiene espíritu crítico, no es un fanático, aunque tiene convicciones. Es una persona capaz de desobedecer. Esta desobediencia es un proceso dialéctico, pues desobedece al Estado o a otras instancias para obedecer los propios principios. El que tiene carácter revolucionario es un ser humano plenamente desarrollado.

 

La medicina y el problema ético del hombre moderno

El problema de Occidente es el aburrimiento, por el cual la vida carece de sentido. Cada época y cada cultura tiene sus problemas particulares y por tanto sus particulares designios éticos. Así, los del Siglo XIX, según Fromm, fueron la explotación, el autoritarismo, la desigualdad y la mezquindad. No han desaparecido del todo. Uno de los problemas éticos de nuestro tiempo es que los hombres tienen opiniones pero no convicciones, tienen hechos pero no principios.

Hoy nuestra economía se basa en el gastar y toda la industria publicitaria nos induce a ello. Gastamos por el gusto de consumir. También hemos deformado la noción de igualdad, confundiéndola con la de uniformidad, que conduce a la pérdida de la individualidad. Por eso no es de extrañarse que el hombre se viva a sí mismo y a los demás como cosas, como artículos de consumo.

¿Qué tiene que hacer, en este contexto el médico? ¿Cuáles son las demandas éticas de nuestro tiempo? Superar esa “cosidad”. En este caso, el paciente no debe verse como cosa, sino como ser humano. Otra de las demandas éticas es la de educar a los seres humanos, es decir empezando desde nosotros mismos, para percatarse y responder. En definitiva, poner de nuevo las riendas en manos de los hombres.

 

Sobre las limitaciones y peligros de la psicología

Hoy vivimos una etapa en la que se pretende la manipulación del cliente, del obrero, del empleado y del ciudadano, pues nuestra sociedad se centra alrededor del mercado. Por eso la importancia de conocer al cliente, para que sea más fácil manipularlo. Por eso también tienen mucho auge las relaciones humanas, pues un obrero satisfecho y “feliz” trabaja de un modo más productivo. A todo esto contribuyen algunos psicólogos.

Por eso hay que reconocer que la psicología tiene sus limitaciones. En efecto, la psicología puede mostrarnos lo qué no es el hombre. Nunca podrá decirnos qué es el hombre, qué es cada uno de nosotros. Un servicio positivo que puede prestarnos es ayudarnos a despojarnos de muchos velos, ilusiones y deformaciones acerca de nosotros y acerca del prójimo.

Pero también tiene sus peligros, pues puede convertirse en un refugio del hombre enajenado y solitario en lugar de ser un paso que lo mueva a la acción, al acto de unión. Puede impedir que el hombre recorra la senda del amor, mediante la cual puedo conocerme más a mí mismo y a todos. La psicología, pues, no debe convertirse en un substituto del amor; de otra manera se convertirá en otro instrumento para automatizar más al hombre y ajustarlo mejor a una sociedad alienada como la que vivimos.

 

El concepto profético de paz

Se trata del retorno del hombre a sí mismo. En los profetas, tales como Isaías y otros del Antiguo Testamento, se vislumbra este retorno, esta paz (shalom) que el hombre puede conseguir y que no es la mera ausencia de guerras o de conflictos.

La paz implica superar la escisión que nos separa de nuestros semejantes y de la naturaleza misma. El hombre deja de destruir a otro hombre. Es volver a encontrar la armonía, superando la separación y la alienación. Esta armonía va más allá de las relaciones humanas; es armonía entre el hombre y la naturaleza.

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