Experiencia espiritual en la Biblia

Experiencia espiritual en la Biblia

 

Maggioni expone magistralmente en este denso artículo la experiencia espiritual que se asoma a cada página de la Sagrada Escritura. Me gustó mucho acercarme a la Biblia desde esta perspectiva, pues recién caigo en la cuenta que cada libro o conjunto de libros de la Biblia son el fruto de las corrientes espirituales que se han dado en el seno del Pueblo de Dios.

Si bien es cierto que me acerqué así a la historia bimilenaria de la espiritualidad cristiana, no supuse que eso se realizara entre nuestros hermanos mayores.

Así pues, las páginas sagradas no son fruto de individuos aislados, desconectados de los hombres de su tiempo o de las vicisitudes de su época. Cada texto sagrado es fruto de la experiencia espiritual de las comunidades judías y/o cristianas, de las que formaban parte personas especiales con la capacidad de presentar coherentemente las intuiciones y conquistas de cada época, respondiendo así a los retos y desafíos.

Además, queda muy claro en la experiencia espiritual, tal como se presenta en la Biblia, que la relación con Dios no es excluyente, puesto que genera una serie de relaciones que abarcan todo el propio entorno, en el proceso de la incesante búsqueda de la voluntad de Dios. No es sólo vertical y descendente, es también horizontal y ascendente, sumamente incluyente. Más aún, cada experiencia espiritual nos proporciona la luz que ilumina la existencia histórica y las claves para interpretarla.

Lo que me queda claro es que a Dios se le experimenta en la Historia, que se transforma en Historia de la Salvación, y nos permite descubrir los atributos de Dios y su manera propia de actuar. De esta manera descubrimos en la Biblia que quién toma siempre la iniciativa es Dios. Se trata de una iniciativa libre y gratuita, a la que el hombre responde con la fe y cumpliendo la misión que Dios exige. Por eso Él es el Dios de todos. Algo que destaca en la espiritualidad bíblica es el recurso a la memoria. El espacio privilegiado para hacerlo es la liturgia, dónde no sólo se recuerda, sino que se actualiza la experiencia salvífica. Este recurso a la memoria le permite también tener una gran apertura hacia el futuro, que Israel mira con confianza, rompiendo el círculo sinfín del eterno retorno, puesto que confía en YHWH, el Dios que es siempre fiel a sus promesas y que no dejará nunca de sorprendernos.

Lo que me sorprendió más en la lectura de Maggioni es que nos des-vela que Israel es extremadamente fiel a sus orígenes pero con una apertura a lo nuevo. Es una conjugación especial de memoria y futuro. Maggioni la describe como una “espiritualidad nómada” y, por tanto, siempre en camino, jamás instalada, persistentemente en búsqueda. Por lo tanto, no sorprende que esta experiencia se viva en comunidad, bajo el signo del diálogo, no sólo con los de la propia comunidad, si no con los de afuera, asimilando lo mejor de las culturas contemporáneas, que llega así a formar parte del propio patrimonio. Israel está radicalmente encarnado en su ambiente. Por dos motivos:

a) la asimilación de toda experiencia y de su expresión que son propias de su ambiente vital. Esto se convierte en un poderoso instrumento de diálogo entre Israel y los pueblos contemporáneos, que en determinados momentos (el libro de la Sabiduría es un caso típico) llega a una intensidad extraordinaria.

b) Las vicisitudes históricas que vivió Israel en su interior y en sus relaciones con los demás pueblos son un estímulo importante (asumido por la revelación de Dios) en el progreso de la experiencia espiritual de Israel.

Los protagonistas de esta experiencia salvífica son Dios y el hombre. En la espiritualidad bíblica se da una conjunción armónica del primado de Dios y, al mismo tiempo, del primado del hombre.

La riqueza del Nuevo Testamento salta a la vista, pues nos ofrece las corrientes teológicas y espirituales de los cristianos de origen judío palestinense, los de la diáspora y los que vienen más allá de las fronteras afectivas de Israel. Se trata de la vivencia del Evangelio en los más variados entornos, en una sorprendente continuidad (con la consiguiente discontinuidad) con la experiencia de Israel, pero centrada en una persona: Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, perfecto revelador del Padre, imagen de Dios invisible, que ha hecho la experiencia de la kenosis por su perfecta Encarnación.

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