EL HOMBRE LIGHT

Prólogo

A Enrique Rojas le preocupan sobremanera los derroteros de las sociedades occidentales; especialmente la sociedad española en la que él vive y que considera una sociedad enferma y de la que emerge el ser humano light con estas características: hedonismo, consumismo, permisividad y relatividad, enhebradas por el materialismo.

He aquí una de las características de este ser humano light:


q  Carece de referentes

q  Tiene un gran vacío moral

q  No es feliz, aun teniendo materialmente todo

q  Vive en una cultura del instante

q  Carece de vínculos


 

Se trata, pues, de un diagnóstico certero y realista que considera al ser humano light como un ser humano sin sustancia, sin contenido, entregado:


q  Al dinero

q  Al poder

q  Al éxito

q  Al gozo ilimitado y sin restricciones


 

Capítulo I: El hombre light

Su perfil psicológico:

 

  • Bien informado
  • Pero con escasa educación humana
  • Entregado al pragmatismo
  • Y a bastantes tópicos
  • Todo le interesa
  • Pero a un nivel superficial, por lo que no es capaz de hacer síntesis de aquello que percibe.
  • Lo acepta todo
  • Pero carece de criterios sólidos en su conducta
  • Ha visto tantos cambios, tan rápidos y en tan corto tiempo
  • Que hace suyas estas afirmaciones: “Todo vale”, “Qué mas da”, “Las cosas han cambiado”
  • Aunque sea un profesional en su área
  • En otros contextos va a la deriva, sin ideas claras, atrapado en un mundo de información

Todo lo que hemos enunciado en el cuadro anterior, propicia que el ser humano light, es decir, nosotros, muchos de nosotros, seamos seres humanos superficiales, indiferentes, permisivos, en quienes anida un gran vacío moral.

La sociedad contemporánea presenta dos caras de la moneda: muchos aspectos positivos, pero también rasgos negativos.

Entre las conquistas de nuestro tiempo, podemos señalar la revolución informática que ha transformado al mundo en una aldea global, los avances de la ciencia que han mejorado la calidad de vida de muchos seres humanos, un orden social más justo, la preocupación operativa por los derechos humanos, la democratización de tantos países… por señalar sólo algunos.

 

Pero también hay aspectos de la realidad que son preocupantes:

v  El materialismo, por el cual consideramos que el dinero da el reconocimiento social: vales por lo que tienes.

v  El hedonismo, por el cual deseamos siempre pasarla bien. El placer por el placer.

v  La permisividad, que hace a un lado los mejores propósitos y pisotea los ideales.

v  La revolución sin finalidad y sin programa.

v  El relativismo, en el que rige la sola subjetividad.

v  El consumismo, por el cual si compro, existo; si consumo, soy. Se trata de la fórmula posmoderna de la libertad.

 

Ingredientes del ser humano light:


q  Pensamiento débil

q  Convicciones sin firmeza


q  asepsia en sus compromisos

q  Indiferencia sui generis hecha de curiosidad y relativismo

q  Su ideología es el pragmatismo

q  Su norma de conducta la vigencia social, lo que está de moda

q  Su ética se fundamenta en la estadística

q  Su moral está repleta de neutralidad, falta de compromiso y superficialidad, pero relegada a la intimidad.

 

El ideal aséptico

 

El ser humano light carece de entusiasmos desmedidos y heroísmos. El ideal aséptico es la nueva utopía, cuyo modelo es el telespectador con su control remoto en la mano.

A este ser humano resulta más fácil manipularlo, porque su búsqueda es la del placer y del bienestar a toda costa. Estamos en la era del úselo y tírelo, en la que el ser humano es rebajado a la categoría de objeto, repleto de consumo y bienestar, cuyo fin es despertar admiración y envidia.

Nuestra sociedad es paradójica, puesto que nunca antes había sido tan abundante la información y sin embargo, nunca había existido tanta ignorancia. El ser humano es cada vez menos sabio.

 

Capítulo II: Hedonismo y permisividad

 

El final de una civilización:

Estamos en la posmodernidad, la era psicológica o la era posindustrial. En esta era el panorama es por demás interesante: en la política hay vuelta a posiciones moderadas; la economía es conservadora; la ciencia tiene múltiples aplicaciones prácticas; el arte carece de normas estéticas definidas. Hemos llegado a un eclecticismo evidente.

Las notas dominantes de esta era es el hedonismo y la permisividad, enhebradas por el materialismo. La ley máxima es el hedonismo y su código es la permisividad, la búsqueda ávida del placer. Esto conduce irremediablemente al consumismo, que es experimentado como libertad.

 

Revolución sin finalidad y sin proyecto:

La publicidad nos bombardea y nos crea falsas necesidades que suscitan el deseo compulsivo de comprar, que genera un individualismo a ultranza y un escepticismo creciente. Es la metafísica de la nada, existencia sin aspiraciones ni denuncias. “Aquí no pasa nada”.

El nuevo código ético es el relativismo: nada es totalmente bueno ni malo, depende de los fines. Si hay consenso, la cuestión es válida. Lo importante es lo que opine la mayoría.

Un ser humano así es sumamente vulnerable, fácilmente manipulable…

 

Capítulo III: ¿Qué es el ser humano?

 

El ser humano buscador de libertad:

El ser humano es libre porque no es un animal. Animalizarlo en aras de no sé que libertad es uno de los mayores engaños que puede sufrir el ser humano. El ser humano es capaz de tomar distancia de sus instintos más primarios y elevarse de nivel.

Por eso se dice que la pieza clave para entender al ser humano es la libertad. Ser humano es amar la verdad y la libertad, pero una libertad para aspirar a lo mejor, no sólo utilitariamente sino a lo más noble y hermoso que hay en la vida humana, que tiene que ser abierta y argumental y en la que es necesaria una jerarquía de valores, sustentada por ideas, creencias y opiniones, es decir, por un sistema de convicciones, un conjunto de certidumbres que forman una totalidad coherente.

En esta época parece que el ser humano no sabe a dónde va y podemos constatarlo en dos hechos: en los jóvenes, la droga; en los adultos, las rupturas conyugales.

 

¿Para qué sirve la verdad?

Los seres humanos somos capaces de lo mejor y de lo peor. Nuestra vida se desliza por lo hilos que tejen las circunstancias, que nos proporcionan múltiples posibilidades. Por eso es necesario buscar criterios sólidos, entre ellos debemos preguntarnos en qué consiste la verdad.

He aquí un esquema que presenta Enrique Rojas:

 

 

La verdad de uno mismo: Aquí se articulan el pasado y el presente. Puede hacerse un estudio prospectivo: qué será del futuro, según los datos que tenemos.

La verdad de las cosas con las que nos encontramos. Expresa lo externo.

La verdad de las circunstancias, que nos lleva al conocimiento de la complejidad de la situación y al perímetro en que ese individuo o esa realidad se encuentran inmersos.

La verdad como coherencia: brota del idealismo del siglo XIX. Nos muestra una existencia con el menor número posible de contradicciones: es la vida como armonía, como equilibrio entre la teoría y la práctica.

 

El ocaso de los valores

La búsqueda de la verdad es una pasión por la libertad y sus consecuencias. En nuestra época hay quienes son atraídos por el nihilismo y la subjetividad entronizada, por eso hay la pérdida de sentido del mundo y de la vida. Pareciera que nada vale ya la pena. Por eso los valores se diluyen y no interesan. ¿Cuáles valores? Verdad, libertad, razón, humanidad, Dios… Desaparecen y no son sustituidos por otros valores igualmente significativos. Es el ocaso de los valores, sustituidos por antivalores, como el hedonismo, el consumismo, la permisividad, el subjetivismo y el materialismo.

 

Verdad y libertad

El hombre juega con las palabras, las acomoda a sus intereses. Por eso llama amor a las relaciones sexuales sin más, haciendo a la verdad hija de nuestros deseos, tergiversando, adulterando las palabras y manipulando sus contenidos.

 

Sólo un río de datos

Llegamos así a la farsa de la información, que nos ofrece sólo un gran cúmulo de datos, procedentes de distintos puntos del planeta, que nos hacen sentir ya en la aldea global predicha por algunos teóricos de la comunicación. Sin embargo la información que nos llega no es formativa, ni constructiva, ni busca el bien del hombre ni lo conduce a comprenderse mejor a sí mismo y estar más cerca de los demás. Se trata de un río de datos y noticias, dónde sólo importa lo anecdótico, que nos insensibiliza.

 

HOMBRE LIGHT

HOMBRE SÓLIDO

·         Se alimenta de noticias

·         Procura hacer síntesis de ellas, buscando su sentido.

·         Se queda en el se dice, del se piensa

·         Va más allá del se dice, del se piensa

·         Favorece la victoria del consenso

·         Busca el sentido de las cosas.

 

El hombre, un animal descontento

No tiene cerca nunca ni felicidad ni alegría; tiene bienestar y placer. Sólo pretende lo inmediato, la satisfacción rápida y sin problemas. Curiosea por aquí y por allá, pero no se vincula a nada. Desemboca en un cinismo práctico, después de haber suprimido los más dignos anhelos. Todo es negociable. Se es pragmático: el fin justifica los medios. Por eso se hace lo contrario de lo que se piensa (disonancia cognitiva). No se tiene fidelidades permanentes.

 

 

Capítulo IV: El camino del nihilismo

 

Sobre la palabra “libertad”:

El término libertad es polisémico. Para los clásicos el término se refería al hombre no esclavizado, no sometido; implicaba ser capaz de decidir por sí mismo; evidentemente justificaban la esclavitud como base del sistema socioeconómico.

Sócrates, Platón y Aristóteles distinguieron entre libertad de la voluntad, que se refiere al proceso de educar la propia voluntad para que ésta se incline hacia metas más amplias; y libertad de elección, que implica la búsqueda de la felicidad. Es decir, implican ambas autodeterminación y responsabilidad, por lo que se ha clasificado a la libertad en, por lo menos, unos tres grandes rubros: libertad natural, libertad política o social y libertad personal.

La permisividad es otra cosa. Es dejar todo de lado y pretender que ya no existen las prohibiciones, que no hay territorios vedados ni impedimentos que frenen nuestros deseos. Se llega a una tolerancia total, porque se carece de referentes. Desembocamos en la pasión por la nada en una sociedad en la que todo invita al descompromiso y al relativismo. Dejar hacer y dejar pasar.

No es de extrañar, pues, que todo esto desemboque en el escepticismo: no somos capaces de alcanzar la verdad. Este razonamiento es fruto de un hombre pesimista, desilusionado, que llega a optar por el consenso. Es abdicar las propias decisiones en algo que llamamos la mayoría, la sociedad civil, la opinión pública…

¿Qué salida queda? Hay dos: la primera consiste en zambullirse en lo inmediato, buscando el bienestar, considerando el confort como la meta y la filosofía máxima.

La otra es la búsqueda de la felicidad, es decir, en el estado de ánimo satisfecho, contento, alegre, a través del cual manifiesto mi dicha por vivir de acuerdo con lo que había proyectado. Es decir, implica paz interior, aún en medio de las dificultades, goza, serenidad, armonía con uno mismo y equilibrio. Esto requiere que me encuentre a mí mismo y que tenga un proyecto coherente de vida con tres ingredientes imprescindibles: amor, trabajo y cultura.

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