El sacrificio

En este artículo sobre el Sacrificio es interesante tener presenta algunas ideas que nos permiten entrar en una reflexión más profunda en el misterio de Cristo, ya que Él es el sacrificio más perfecto en la historia de la salvación, porque es enviado al mundo a cumplir la misión que el Padre celestial le ha confiado; ahora hay que profundizar sobre la eucaristía como sacrificio o por qué para nosotros católicos la eucaristía es un sacrificio.

Ante todo, la eucaristía es sacrificio no propiamente en cuanto “ofrenda de dones”, sino en cuanto ofrenda del corazón. Es la entrega de la persona, la entrega total de sí que hace Cristo y que el hombre, a causa del pecado, no puede hacer.

Así que mediante la persona de Cristo nos hacemos merecedores de la gracia de Dios, pues nos santificamos por medio de su Hijo, que dio la vida por la salvación de todo el género humano

El Padre lo ha enviado al mundo y lo ha entregado a nuestra libertad, que es la que lo ha sacrificado llevándolo a la cruz. Por tanto, Jesús no es víctima de Dios, sino de nosotros los hombres.

Efectivamente, en los cuatro relatos de la institución que hallamos tanto en el Nuevo Testamento como en las anáforas, se alude, bien en relación con el pan-cuerpo de Cristo, bien a propósito del cáliz-sangre, a esta ofrenda de la persona de Jesús hecha “por vosotros”, la expresión de Marcos dice “por muchos” y Mateo añade “para el perdón de los pecados”.

Un discípulo que quiera ser el primero o el mayor ha de hacerse el servidor, el esclavo de los demás, a ejemplo del Hijo del hombre, que entrega su vida al servicio de los otros y como rescate por quienes son esclavos.

“Servir”, “da su vida”, muere “como rescate”, para provecho de la multitud, estas frases son propiamente elementos que nos permiten entender como es que Jesús se ofrece en sacrificio. La idea anterior nos permite comprender a la misión que todos los cristianos estamos llamados ha realizar dentro de nuestra Iglesia, ser servidores de los demás en la medida que logramos entender nosotros futuros pastores esta misión nuestra servicio será sin limites, ni reservas o poniendo excusas como muchas veces puede suceder en nuestra Iglesia. Es interesante ver como la Iglesia sigue reflexionando sobre el sacrificio de Jesús, es decir del sacrificio del Calvario a la comida eucarística, no nos quedamos en la muerte sino vamos más allá. Jesús es nuestro alimento espiritual que nos sigue fortaleciendo cada día que participamos del banquete eucarístico.

 Jesús sabe que Dios no quiere sacrificios sino en el sentido expresado por los salmistas y otros autores del AT: “Ni sacrificio ni oblación querías, pero el oído me has abierto; no pedías holocaustos ni victimas, dije entonces: Heme aquí, que vengo. Se me ha prescrito en el rollo del libro hacer tu voluntad”, (Sal 40, 7-8).

Toda la entrega de Jesús va dirigida a suscitar en nosotros la conversión libre, a despertar nuestra responsabilidad. Él aporta al común destino humano su victoria. Y quien se une a él comparte esa victoria.

Los cristianos no somos receptores pasivos del don sacrificial de Jesús, sino que nos incorporamos a Aquel que es nuestra Cabeza, para participar en su ofrenda al Padre. Nosotros los cristianos tenemos que tener presente lo que dice san Pedro, “también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo. (1 Pe 2, 5).

 

Comentario personal:

El presente artículo de Maldonado me parece significativo, pues me parece que ayuda a tener presente la dimensión de sacrificio, que de hecho se encuentra a lo largo de toda la historia de la salvación.

Algo que siempre me ha llamado la atención en la Eucaristía es la alusión al Cordero de Dios. Pienso que es uno de los elementos muy ricos que nos ayuda a descubrir y a vivir la dimensión sacrificial de la Eucaristía, que hemos descuidado para favorecer la dimensión convivial.

En efecto, el título Cordero y Cordero de Dios se aplican a Jesús casi exclusivamente en los libros del NT que se atribuyen a Juan: el Cuarto Evangelio y el Apocalipsis. Aunque otros libros del NT (cf. Hch 8, 32-35; 1Pe 1, 19) dicen que Jesús es como un cordero en ciertos aspectos,, sólo Juan se atreve a llamar a Jesús el Cordero (Jn 1, 36 y a lo largo de todo el Apocalipsis). Pues bien, sabemos por los escritos veterotestamentarios que el cordero se identifica con el sacrificio.

Pienso que el sacrificio es una necesidad del corazón humano, como se observa en la religiosidad de nuestro pueblo, que en muchos aspectos refleja la conciencia veterotestamentaria. Recuerdo que Mahatma Gandhi mencionó alguna vez que un culto sin sacrificio es una de las absurdas pretensiones de la edad moderna. La noción de sacrificio es una corriente que fluye del mundo bíblico y también del mundo no bíblico, en al alma israelita y en el alma de los gentiles. Es decir, fluye del corazón de cada ser humano. Pienso que la Biblia lo expresa bellamente en estas frases:

«¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor» (Sal 116, 13).

En efecto, no es suficiente con que Cristo derramase su sangre y muriese por nosotros. Ahora nos toca cumplir nuestra parte en la Alianza que renovamos en cada Eucaristía: es necesario comer el Cordero pascual para tener vida en nosotros (Cf. Jn 6, 53).

 

 

Maldonado, L., Eucaristía en devenir, Santander, Sal Terrae, 1997, 187-194.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s