Comunidad, comunión, «koinonía»

En este capítulo, Maldonado subraya la comunidad como la realidad central de la celebración eucarística. Maldonado profundiza este aspecto a partir de 1Cor 10 que presenta la comunidad personal con Cristo crucificado y resucitado, que posibilita la comunión con los hermanos, pues «somos un solo pan y un solo cuerpo, aun siendo muchos».

A través de una teología bíblica-litúrgica, Maldonado nos expone que las comunidades eucarísticas neotestamentarias eran comunidades domésticas, que se reunían en la casa de una familia pudiente. Por eso se habla de un único pan, que se partía y repartía.

Para estas comunidades, la Cena del Señor es el principio unificador básico. De aquí vienen consecuencias eclesiológicas, pues del único pan nace el cuerpo eclesial de Cristo. Este encuentro en la Cena del Señor es un encuentro reconciliador, redistribuidor, igualitario entre pobres y ricos.

Esto es posible por la múltiple realidad de la liturgia eucarística, que es Koinonía, soma, klasis y participación (metojé). Maldonado nos descubre que el pan y el vino no son sólo el cuerpo y la sangre del Señor, sino también son la comunidad-comunión con el Cuerpo de Cristo, un aspecto en el que no se ha insistido en la catequesis ni en la liturgia, lo que no ha favorecido el sentido comunitario-eclesial de la Eucaristía, que parece ser más individualista y objetivista.

Maldonado nos vuelve a recordar la comunidad con el Espíritu, o que posibilita no ser ya un cristiano anónimo sino un cristiano explícito, que celebra la fe. Es el Espíritu que nos permite celebrar la fe (Cf. 1Cor 12, 3), el acceso al amor del Padre y a la filiación del Hijo primogénito y la comunión de los santos y la comunión de las cosas santas.

Comentario personal:

Este texto de Maldonado me ayuda a reflexionar sobre la importancia de ir más allá de los textos más comunes sobre la Eucaristía, para descubrir la riqueza de la celebración eucarística. Como lo señala el mismo Maldonado, esto llevará a no fragmentar a la asamblea eclesial, pues en la celebración eucarística la asamblea debe estar constituida por niños, jóvenes y adultos.

Se trata, pues, de un texto que me ayudará en mi ministerio y que debo releer para tenerlo presente. Realmente he disfrutado la lectura de Eucaristía en devenir, porque me ha permitido tener una visión orgánica del Sacramento que me ha alimentado en los últimos años y que me ha permitido ser un miembro vivo de la Iglesia de Cristo. Recuerdo que, cuando conocí a la Iglesia, fue precisamente a través de la celebración eucarística, donde la asamblea reunida proclamaba, cantaba y celebraba su fe. Fue un momento decisivo para que yo redescubriera mi inserción en la Iglesia, después de años de alejamiento.

Es la Eucaristía donde yo me he descubierto como hijo del Padre en Cristo y en el Espíritu. Pero también he descubierto al otro como hermano, no sólo como un paseante más que está sentado a mi lado, sino como alguien que come del mismo pan y que reza conmigo el Padre nuestro, donde descubrimos que somos hermanos, puesto que somos hijos del mismo Padre. Descubro en el que está a mi lado a alguien que tiene mis mismas debilidades pero también el mismo interés por servir al Señor resucitado.

Maldonado, L., Eucaristía en devenir, Santander, Sal Terrae, 1997, 195-202.

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