PADRE

PADRE

 

A. Milano nos hace una excelente presentación de la voz “Padre” en el Nuevo Diccionario Teológico[1], puesto que nos ofrece una muy documentada descripción de la crisis contemporánea de la figura paterna, en los planos fisiológico, psicológico y simbólico. Señala la importancia de esta figura para la constitución de la propia personalidad, pues tanto la relación del hijo con la madre y el padre desemboca en la constitución del inconsciente, del yo y del super-yo.

La crisis de la figura paterna consiste en que hoy existe una rebeldía contra el padre y contra su autoridad, por considerarla represiva. En efecto, la autoridad se relaciona con la represión, puesto que el padre introduce límites y restricciones, inhibe, prohíbe, introduciendo además al hijo en los rudimentos de la reflexión.

Es interesante la reflexión por la crítica de Freud a la religión va en la línea de considerarla desde el complejo de Edipo: Dios sería un padre sublimado, al que se venera por un sentido de culpa que lleva a esta veneración para reconciliarse con el padre asesinado. Freud interpreta el cristianismo (la religión del Hijo) como el Hijo que ocupa el lugar del Padre.

La Escuela de Francfort por su parte describe la crisis de la figura paterna como consecuencia de que la institución familiar burguesa, presidida por el padre, es una escuela para el comportamiento autoritario. Las modernas relaciones económicas, técnicas y sociales han debilitado el papel del padre y su autoridad como transmisor de riquezas, capacidades y experiencias: el padre tiene poco que ofrecer y muy poco que prohibir. Además, en la sociedad actual hay múltiples sustitutos del padre, más aún, se trata de una sociedad sin padre.

Esta reflexión sería estéril si olvidáramos que el ataque a la paternidad burguesa se lanza también contra el Dios Padre de la tradición judeocristiana, prevaleciente en la cultura occidental. Es interesante notar que la idea de Dios como padre es común a todas las formas religiosas de los cinco continentes. Sin embargo, Milano nos ayuda a descubrir la originalidad del camino de Israel, de Jesús y, por tanto, de la Iglesia, que van más allá del mito y del complejo del mito, para brindarnos la imagen positiva de la paternidad. Esta imagen brota de la noción de Alianza, un concepto que atraviesa el Antiguo y el Nuevo Testamento, y la noción del Reino de Dios.

A medida que leía el texto fui descubriendo la originalidad del acontecimiento judeocristiano, que no cae en la tentación del mito, sino que se arraiga en la historia, que ha devenido Historia Salutis. Tampoco la fe cristiana ha cedido a la tentación de utilizar la teología para fines políticos, liberándola del mito político y de la utilización del discurso teológico para legitimar la situación política imperante.

Creo necesario expresar a nuestros contemporáneos lo qué significa hoy la paternidad de Dios, que no sólo es autoridad, sino presencia amable. No es correcto proyectar en la paternidad divina los poderes actuales, como el del Estado, la ciencia, los partidos políticos, etc.

Es interesante notar que el camino de la conversión se nos ofrece en Lucas, no sólo como regreso a la Casa del Padre, sino como un regreso al Padre (“Me levantaré e iré a mi Padre”, dice el hijo pródigo). Esto incluye el descubrimiento del otro como hermano, en tanto que somos hijos de un mismo Padre. Este es, sin duda, el camino que está siguiendo la Iglesia, que es muy oportuno en el contexto ecuménico y en el diálogo interreligioso. Pero también en el anuncio del Evangelio a los evangelizados que aún no lo conocen plenamente.

Dios es nuestro Padre y nosotros somos su pueblo, el Pueblo de la Alianza. El Padre no es esa autoridad opresiva; no debemos proyectar en él nuestras malas experiencias de la paternidad humana. Sus características son el amor, la fidelidad y la misericordia; no la opresión ni el autoritarismo. Más aún, Él es comunidad de amor, pues es Padre, Hijo y Espíritu Santo y nos invita a entrar en comunión con Él y con los otros, en los que descubrimos un rostro nuevo: no son enemigos ni máscaras anónimas: somos hermanos.


[1] A.A.V.V., Nuevo Diccionario Teológico II, Ediciones Cristiandad, voz “Padre”, pp. 1240-1271.

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3 comentarios

  1. Es un artículo que me parece interesante; en especial por la aclaracion que se hace de como no relacionar la experiencia del padre terreno con la de Dios Padre. Estaba yo navegando en la red bucando el significado que los católicos damos a la palabra “Padre” y me encontré este blog que tiene grandes contenidos. Muchas felicidades.

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  2. Este artículo me pareció muy interesante; en especial por la recomendación de no relacionar nuestra imagen de nuestro padre terreno con nuentro Padre Dios .
    Estaba buscando el significado de la palabra Padre para los católicos y me encontré este blog que me parece muy bueno.
    Felicidades

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