San Juan de la Cruz y su Cántico Espiritual

“Mil gracias derramando…”

San Juan de la Cruz y su Cántico Espiritual

I. Presentación del autor

Su verdadero nombre era Juan de Yepes y nació en Fontiveros (Ávila) en 1542, tercer hijo del pobre pero honrado matrimonio constituido por Gonzalo de Yepes y Catalina Álvarez. Siendo Juan de pocos meses murió su padre, y más tarde su segundo hermano Luis. La pobre viuda, sin medios de vida, hubo de trasladarse a Arévalo, y más tarde a Medina del Campo en busca de trabajo. Allí el pequeño Juan se ejercitó sin éxito en varios oficios: carpintero, sastre, entallador y pintor.

Favorecido por don Alonso Álvarez de Toledo, cursó humanidades en el colegio de los jesuitas de Medina del Campo entre 1559 y 1563. En este último año y a sus veintiuno de edad ingresó en los carmelitas de Medina. Entre 1564 y 1568 cursó sus estudios eclesiásticos en la Universidad de Salamanca. Fue ordenado sacerdote en 1567 en Salamanca y cantó su primera misa en Medina, donde tuvo su primera entrevista con Santa Teresa, que le ganó para su incipiente reforma cuando San Juan de la Cruz estaba decidido a ingresar en la Cartuja.

El 28 de noviembre de 1568 comenzó en Duruelo -en compañía del padre Antonio de Jesús- la reforma carmelitana de los frailes. Más tarde fue maestro de novicios en Mancera y Pastrana, rector de Alcalá, confesor y vicario del monasterio de la Encarnación en Ávila. Desempeñando este último cargo fue apresado por los calzados y llevado a Toledo (1577), donde después de nueve meses de duro cautiverio logró escapar descolgándose por el muro de su prisión (1578).

Unos años después, 1577, sus intentos reformistas de las órdenes monásticas, le llevaron a sufrir ocho meses de dura prisión en un convento de Toledo, acusado de apóstata. De su cautiverio en aquella cárcel-convento de Toledo, nace la composición de su obra cumbre: Cántico espiritual. En otras poesías se puede llegar a entrever en lenguaje subliminal, el relato que hace de su astuta y sorprendente huida en la madrugada del 15 de agosto de 1578, estando la fortaleza sobre un peligroso acantilado sobre el Tajo profundo que ciñe a Toledo.

Para huir de la prisión conventual toledana, contó con las influencias que ejerció santa Teresa de Jesús ante la duquesa de Alba. Con su huida dio en refugiarse en un convento de Jaén y continuó con la reforma carmelitana, fundando varios conventos por Andalucía. En esta región llegó a ser nombrado Vicario Provincial de la orden de Carmelitas Descalzos; pero el buen Juan siguió con su obstinación de la reforma, lo que le llevó a enfrentamientos con la jerarquía religiosa y a sufrir nueva prisión en el convento de la Peñuela, en plena Sierra Morena, en donde culminó la escritura de sus principales obras literarias.

Al año siguiente fundó el colegio de Baeza, del que fue primer rector. Más tarde fue nombrado definidor (1581), prior de Granada (1582) y vicario provincial de Andalucía (1585). En 1587 cesó como definidor y vicario de Andalucía y fue nombrado nuevamente prior de Granada. En 1588 fue elegido primer definidor general en el primer capítulo general de Madrid, tercer consejero de la consulta y prior de Segovia. En 1591, en el segundo capítulo general de Madrid, fue desposeído de todos sus cargos por el vicario general, el autoritario padre Nicolás de Jesús María Doria, por haber manifestado San Juan de la Cruz su opinión contraria a algunas ideas del padre Doria. Humillado, pero contento de poderse dedicar más de lleno a la oración, se retiró San Juan de la Cruz a la Peñuela, y poco después a Úbeda -donde estaba de prior uno de sus más encarnizados enemigos- y allí murió el 4 de diciembre del mismo año 1591, después de haber sufrido grandes dolores y humillaciones.

San Juan de la Cruz le había pedido al Señor «padecer y ser despreciado por Él», confirmando con su ejemplo la doctrina de sus libros. Fue beatificado por Clemente X en 1675 y canonizado por Benedicto XIII en 1726. Pío XI le declaró oficialmente doctor de la Iglesia en 1926. Su cuerpo incorrupto descansa en el convento carmelitano de Segovia, del que había sido prior.

De él llegó a decir Santa Teresa lo siguiente:

“El padre fray Juan de la Cruz es una de las almas más puras que Dios tiene en su Iglesia. Le ha infundido nuestro Señor grandes riquezas de sabiduría del cielo”.

“Aunque es chico, entiendo es grande en los ojos de Dios. No hay fraile que no diga bien de él, porque ha sido su vida de gran penitencia. Mucho me ha animado el espíritu que el Señor le ha dado y la virtud. Tiene harta oración y buen entendimiento”.

“A fray Juan de la Cruz todos le tienen por santo y todas, y creo no se lo levantan. En mi opinión es una gran pieza”.

Es el Doctor y la máxima figura mística del Carmelo, que a la vida junta la doctrina y la ciencia, vida santa y ciencia sagrada o mística teología, tan hermanadas como lo prueban sus magníficas obras. Pío XI, que lo nombró Místico Doctor de la Iglesia en 1926, bautizó sus obras como “Código y escuela del alma fiel que se propone emprender una vida más perfecta”. San Juan de la Cruz, en sus escritos, tiene siempre presente el fin de la vida espiritual, o sea, objetivamente Dios, llevar las almas a Dios. Y subjetivamente unirlas a él por amor, es decir, la transformación perfecta en Dios por amor cuanto se puede en esta vicia siguiendo a Jesucristo.

En su obra admirable recuerda a cada paso a sus lectores la cumbre de aquella montaña a la que quiere hacerlos subir, la sublime perfección a que los encamina con sus palabras y ejemplos convincentes. Su razonamiento se reducirá a demostrar que es necesaria esa subida porque es un indispensable medio parado y misterioso lazo y que es preciso para esto huir, apartarse y desnudarse de todas “esas otras cosas” porque son obstáculo para la suprema transformación del alma en Dios.

San Juan de la Cruz era un profundo conocedor del corazón humano. Por ello, “Como el amor de Dios y el amor de criatura sean opuestos, es preciso ir limpiando el alma del amor de criatura para que la gracia la embista y llene de amor divino. Y tanto mayor será este embestimiento y llenez, cuanto mayor sea el vacío de criatura que se haga en el alma: “Olvido de lo creado, memoria del criador, atención a lo interior y estarse amando al amado”.

A enseñar los métodos de conseguir este vacío en los sentidos y potencias del alma mediante ingeniosas purgaciones activas y pasivas se ordenan los tratados Subida al Monte Carmelo y Noche oscura del alma, ambos de profunda doctrina espiritual y fuerte trabazón lógica.

En el Cántico Espiritual y en la Llama del amor viva, entre metáforas y comparaciones espléndidas, tomadas las más de la naturaleza, va descubriendo en progresión ascendente las excelencias del amor divino en las almas desde los grados inferiores a los más altos del desposorio y matrimonio espiritual.

En síntesis, puede decirse que la gran originalidad del magisterio espiritual sanjuanista y como el secreto de su vitalidad estriba precisamente en la íntima relación entre abnegación y unión en la vida sobrenatural o, por usar su terminología ya clásica, entre la nada y el todo, que se funden en uno.

II. Presentación de la obra

Mientras trabajaba a la reforma de Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz fue detenido y recluido en Toledo, en 1578, por los carmelitas no reformados. Encarcelado durante nueve meses en condiciones muy fastidiosas, vivió en su calabozo grandes sufrimientos y grandes alegrías. Concibió entonces las treinta primeras estrofas de su Cántico. Como no tenía nada para escribirlas, las memorizó a medida que las componía. Las diez últimas fueron redactadas en Baeza y en Granada durante los años que siguieron su evasión. Es en 1584, mientras era prior en Granada, que compuso un comentario a este poema, a petición de Ana de Jesús. Es un sublime comentario a las cuarenta estrofas poéticas compuestas por el mismo santo en la cárcel de Toledo. Por acomodarse el comentario a la parte poética, esta obra no es tan orgánica y sistemática como las dos anteriores, pero en ella se contiene una de las más altas doctrinas místicas que nos han legado los siglos. El tema son las relaciones amorosas entre Dios y el alma, desde los comienzos de la vida espiritual hasta la unión transformativa o matrimonio espiritual. A todo lo largo del Cántico comenta San Juan de la Cruz gran número de versos del Cantar de los cantares con una elevación mística sublime.

San Juan de la Cruz redactó esta obra dos veces. En la primera comenta treinta y nueve canciones. En la segunda y definitiva, cuarenta, o sea todas las del poema. Durante algunos de estos últimos años se discutió mucho la autenticidad de la segunda redacción. Hoy todos los críticos la admiten.

El Cántico Espiritual (o las Canciones entre el alma y el Esposo, tal como san Juan de la Cruz tituló este poema), es considerado como el más elevado y el más hermoso poema de amor. Y es que no hay amor que pueda compararse al que Dios tiene y manifiesta hacia el hombre. San Juan de la Cruz hizo esta experiencia que no pudo callar. Desde su condición de poeta, quiso cantar ese AMOR, plasmándolo en estos versos que narran la más maravillosa historia de amor. Cuando le solicitaron a san Juan de la Cruz la explicación de estos versos, antes de iniciar el comentario él escribió: “Por haberse, pues, estas canciones compuesto en amor de abundante inteligencia mística, no se podrán declarar al justo, ni mi intento será tal,… porque los dichos de amor es mejor dejarlos en su anchura, para que cada uno de ellos se aproveche según su modo y caudal de espíritu…” (CB prólogo n. 2)

Esta es la estructura del Cántico: De las estrofas 1-11, nos presenta la búsqueda del amor impaciente; de las estrofas 12-26, la gracia del amor unitivo; y de las estrofas 27-40, la plenitud de la unión. En este Cántico San Juan de la Cruz invita a todas las almas generosas a alcanzar la soberana transformación en Dios, exponiendo la más alta filosofía del amor unitivo, pues pretende presentar todo el camino espiritual del hombre “desde que comienza a servir a Dios hasta que llega al último estado de perfección” (CB Argumento n. 1). El punto de partida para que el hombre se lance a la gran aventura del amor de Dios consistirá en la toma de conciencia de quién es él, del sentido o valor de su existencia y de cual es su meta: “Cayendo el alma en la cuenta de lo que está obligada a hacer, viendo que la vida es breve…; conociendo por otra parte, la gran deuda que a Dios debe en haberle criado solamente para sí…” (CB 1, 1). Sólo así, de lo más profundo del hombre, puede surgir el grito: “¿Adónde te escondiste, Amado?”

El hombre percibe que vive en la oscuridad y que desde la oscuridad de su fe tiene que iniciar su camino. Dirá san Juan de la Cruz: “el alma que le ha de hallar conviénele salir de todas las cosas según la afección y voluntad” (CB 1, 6). Por eso la actitud de apertura que manifiesta el hombre. Es más, el hombre se hace consciente de la cercanía de Dios: “grande contento es para el alma entender que nunca Dios falta del alma, aunque esté en pecado mortal, cuánto menos de la que está en gracia.” (CB 1, 8). Caer en la cuenta de esta verdad, es lo que va a mantener al hombre firme en su búsqueda de fe, a pesar de la oscuridad, a pesar de la noche en la que aún vive.

Iniciada la búsqueda de Dios, la gran aventura del amor, el hombre va experimentando que no está sólo, que su vida va cambiando, que cada vez se va conociendo más y mejor a sí mismo. Dios ha tocado su vida y su corazón. Ya no puede dudar de que Dios sea una simple ilusión, pues ha brillado e iluminado su corazón. El hombre clama “por qué, pues has llagado aqueste corazón no le sanaste”. “El que ama ya no posee su corazón, pues lo ha dado al Amado” (CB 9, 2). Se ha dado un cambio cualitativo en el camino. El hombre experimenta que, gracias a que se ha dispuesto a buscar a Dios, el mismo Dios es el que le va guiando en su oscuridad. San Juan de la Cruz comienza a hablar de una nueva etapa en la vida espiritual a partir de la canción 6 hasta la 13. “Cuanto más el alma conoce a Dios, tanto más le crece el apetito y pena por verle” (CB 6, 2). Y esta unión inicial, le hace descubrir, cómo unido a Dios, su oscuridad se va iluminando. No pierde su personalidad, y su humanidad comienza a ser iluminada de un modo nuevo. Ya no teme a Dios (ni “teme morir cuando ama” [CB 11, 10]), antes le pide “descubre tu presencia”, es decir, “que se la descubra y manifieste de manera que pueda verle en su divino ser y hermosura” (CB 11, 4), porque “la salud del alma es el amor” (CB 11, 11). En la canción 13 habla por primera vez el Esposo al alma, y con las palabras “Vuélvete paloma” la introduce en la vida mística, desposando al alma consigo. Sobre el desposorio espiritual habla San Juan de la Cruz hasta la canción 21.

Se trata de un desposorio que se realiza sobre el signo de la cruz, siempre presente: “se denota un alto estado y unión de amor, en que, después de mucho ejercicio espiritual, suele Dios poner al alma, al cual llaman desposorio espiritual con el Verbo, Hijo de Dios” (CB 14-15, 2). La luz va ganando espacio a la oscuridad, de tal modo que el hombre “halla verdadero sosiego y luz divina, y gusta altamente de la sabiduría de Dios, que en la armonía de las criaturas y hechos de Dios relucen” (CB 14-15, 4).

A partir de la canción 22 un nuevo paso se da en el camino espiritual: el Esposo, -que habla aquí nuevamente al alma-, la transforma en su esposa. ¡Es el matrimonio espiritual! “Tanto era el deseo que el Esposo tenía de acabar de libertar y rescatar esta su Esposa de las manos de la sensualidad y del demonio, que, ya que lo ha hecho, de la manera que el buen Pastor se goza con la oveja sobre sus hombros, que había perdido y buscado por muchos rodeos (Lc 15, 5)…, así este amoroso Pastor y Esposo del alma es admirable cosa de ver el placer que tiene y gozo de ver al alma ya así ganada y perfeccionad, puesta en sus hombros y asida con sus manos en esta deseada junta y unión” (CB 22, 1). A partir de ahora se va a ir consumando este matrimonio hasta la plenitud: “porque es una transformación total en el Amado, en que se entregan ambas las partes por total posesión de la una a la otra, con cierta consumación de unión de amor, en que está el alma hecha divina y Dios por participación, cuanto se puede en esta vida” (CB 22, 3). Esa “divinización” del hombre va a ser decisiva. Por un lado, ha alcanzado ya la auténtica libertad sobre sí mismo y sobre el mundo, y por otro lado, no se conforma con haber llegado hasta aquí. Quiere seguir avanzando y adentrándose cada vez más en ese Amor que ha colmado de plenitud y de sentido su vida y su existencia.

En definitiva, es el amor el que está pidiendo el desenlace definitivo: “Esta pretensión del alma es la igualdad de amor con Dios,…, porque el amante no puede estar satisfecho si no siente que ama cuanto es amado. Y como el alma ve que, con la transformación que tiene en Dios en esta vida, aunque es inmenso el amor, no puede llegar a igualar con perfección de amor con que de Dios es amada, desea la clara transformación de gloria en que llegará a igualar con el dicho de amor.” (CB 38, 3).

No hay distinción en el amor, aunque cada uno mantiene su identidad. El hombre se ha despojado de todo aquello que limitaba su capacidad infinita de amar. Y la cruz, como signo de mediación, desaparece también. Ya no hay huella de sufrimiento y no hay mediación. El hombre contempla cara a cara la misma Trinidad, en la que vive sumergido y transformado en fuego de amor: “Este aspirar del aire es una habilidad que el alma dice que le dará Dios allí en la comunicación del Espíritu Santo; el cual, a manera de aspirar, con aquella su aspiración divina muy subidamente levanta el alma y la informa y habilita para que ella aspire en Dios la misma aspiración de amor que el Padre aspira en el Hijo y el Hijo en el Padre, que es el mismo Espíritu Santo que a ella la aspira en el Padre y el Hijo en la dicha transformación, para unirla consigo. Porque no sería verdadera y total transformación si no se transformase el alma en las tres personas de la Santísima Trinidad en revelado y manifiesto grado” (CB 39, 3).

El camino ha llegado a su meta. Y no se trata sólo del camino de un místico o de algunas personas privilegiadas. Esta es la meta a la que todo hijo de Dios ha sido llamado. San Juan de la Cruz no se cansa de repetirlo: “Porque esto es estar transformada en las tres Personas en potencia y sabiduría y amor, y en esto es semejante el alma a Dios, y para que pudiese venir a esto la crió a su imagen y semejanza (Gn 1, 26)” (CB 39, 4). Se trata, en definitiva, de que el hombre realice el fin para el cual ha sido creado, su vocación más íntima y elevada, inscrita en su ser. Ahí radica, además, la dignidad de los Hijos de Dios: “Un solo pensamiento del hombre vale más que todo el mundo; por tanto sólo Dios es digno de él” (Av 1, 35).

III. Ideas fuerza

Enlisto aquí las ideas-fuerza más sobresalientes:

¿Adónde te escondiste,

Amado, y me dejaste con gemido?

salí tras ti clamando, y eras ido.

aquél que yo más quiero

ni cogeré las flores,

ni temeré las fieras,

y pasaré los fuertes y fronteras.

¡Oh bosques y espesuras,

plantadas por la mano del Amado!

¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?

Acaba de entregarte ya de vero;

no quieras enviarme

de hoy más ya mensajero

que no saben decirme lo que quiero.

Está, pues, Dios en el alma escondido, y ahí le ha de buscar con amor el buen contemplativo…

Fe y amor son los mozos de ciego que te giuarán por donde no sabes, allá a lo escondido de Dios… Pues es Dios inaccesible y escondido…

Decidle que adolezco, peno y muero, es de notar que el alma no hace más que representar su necesidad y pena al Amado, porque el que discretamente ama no cura de pedir lo que le falta y desea, sino de representar su necesidad para que el Amado haga lo que fuere servido.

Por los montes, que son altos, entiende aquí las virtudes… Por las riberas, que son bajas, entiende los ejercicios espirituales, por los cuales también dice que irá ejercitando en ellas la vida activa, junto con la contemplativa… Es, pues, tanto como decir : Buscando a mi Amado, iré poniendo por obra las altas virtudes y humillándome en las bajas mortificaciones y ejercicios humildes.

Por las fieras entiende el mundo, por los fuertes el demonio y por las fronteras la carne.

Cuanto más el alma conoce a Dios, tanto más le crece el apetito y pena por verle, y… pídele le entregue posesión de su presencia… diciéndole de entregarse a ella ya de veras en acabado y perfecto amor.

Yo a ti todo quiero, y ellos no me saben ni pueden decir a ti todo… En lugar, pues, de estos mensajeros, tú seas el mensajero y los mensajes.

Y todos cuantos vagan

de ti me van mil gracias refiriendo,

y todos más me llagan,

y déjame muriendo

un no sé qué que quedan balbuciendo.

Estas dos maneras de penas de amor, es a saber, la llaga y el morir, dice el alma en esta canción que la causan estas criaturas racionales… : porque en cuanto los ángeles me inspiran y los hombres de ti me enseñan, de ti más me enamoran, y así todos de amor más me llagan.

Descubre tu presencia,

y máteme tu vista y hermosura ;

mira que la dolencia

de amor, que no se cura

sino con la presencia y la figura.

¡Oh cristalina fuente,

si en esos tus semblantes plateados

formases de repente

los ojos deseados

que tengo en mis entrañas dibujados !

Tal manera de semejanza hace el amor en la transformación de los amados, que se puede decir que cada uno es el otro y que entrambos son uno… Cuando este dibujo de transformación en esta vida se alcanza es grande buena dicha, porque con eso se contenta grandemente el Amado.

la cena que recrea y enamora

La cena a los amados hace recreación, hartura y amor… En la Escritura divina este nombre cena se entiende por la visión divina.

Detente, cierzo muerto;

ven, austro, que recuerdas los amores,

aspira por mi huerto

y corran sus olores,

y pacerá el Amado entre las flores.

El alma hace dos cosas en esta canción : la primera, impedir la sequedad, cerrándole la puerta por medio de la continua oración y devoción ; la segunda cosa que hace es invocar al Espíritu santo, que es el que ha de ahuyentar esta sequedad del alma y el que sustenta en ella y aumenta el amor del Esposo.

Entrado se ha la esposa

en el ameno huerto deseado,

y a su sabor reposa,

el cuello reclinado

sobre los dulces brazos del Amado

Habiendo ya la esposa puesto diligencia en que las raposas se cazasen y el cierzo se fuese y las ninfas se sosegasen, que eran estorbos e inconvenientes que impedían el acabado deleite del estado del matrimonio espiritual, y también habiendo invocado y alcanzado el aire del Espíritu Santo como en las precedentes canciones ha hecho, el cual es propia disposición e instrumento para la perfección de el tal estado, resta ahora tratar de él en esta canción.

sobre los dulces brazos del Amado

Reclinar el cuello en los brazos de Dios es tener ya unida su fortaleza, o, por mejor decir, su flaqueza, en la fortaleza de Dios… que es la fortaleza y dulzura del alma, en que está guarecida y amparada de todos los males y saboreada en todos los bienes.

A zaga de tu huella

las jóvenes discurren al camino

al toque de centella,

al adobado vino ;

emisiones de bálsamo divino.

Allí me dio su pecho,

allí me enseñó ciencia muy sabrosa,

y yo le dí de hecho

a mí, sin dejar cosa ;

allí le prometí de ser su esposa.

En esta canción cuenta la esposa la entrega que hubo de ambas partes en este espiritual desposorio de ella y de Dios.

Allí me dio su pecho,

Dar el pecho uno a otro es darle su amor y amistad y descubrirle sus secretos como a amigo.

allí me enseñó ciencia muy sabrosa,

La ciencia sabrosa que dice aquí que la enseñó, es la Teología mística, que es ciencia secreta de Dios, que llaman los espirituales contemplación ; la cual es muy sabrosa, porque es ciencia por amor, el cual es el maestro della y el que todo lo hace sabroso.

Mi alma se ha empleado

y todo mi caudal en su servicio ;

ya no guardo ganado,

ni ya tengo otro oficio,

que ya sólo en amar es mi ejercicio.

Cuando tú me mirabas,

tu gracia en mí tus ojos imprimían ;

por eso me adamabas,

y en eso merecían

los míos adorar lo que en ti vían.

Es propriedad del amor perfecto no querer admitir ni tomar nada para sí ni atribuirse a sí nada, sino todo al Amado… En las dos canciones pasadas parece se atribuía a sí alguna cosa la esposa… quiere ahora en la presente canción declarar su intención y deshacer el engaño que en esto se puede entender… Atribuyéndolo todo a El y regraciándoselo juntamente, le dice que la causa de prendarse El de el cabello de su amor y llagarse de el ojo de su fe fue por haberle hecho la merced de mirarla con amor, en lo cual la hizo graciosa y agradable a sí mismo.

Gocémonos, Amado,

y vámonos a ver en tu hermosura

al monte y al collado,

do mana el agua pura ;

entremos más adentro en la espesura.

Ella es la que habla en esta canción con el esposo pidiéndole tres cosas que son proprias del amor : la primera quiere recebir el gozo y sabor del amor, y ésa le pide cuando dice : Gocémonos, Amado ; la segunda es desear hacerse semejante al Amado, y ésta le pide cuando dice: vamonos a ver en tu hermosura ; y la tercera es escudriñar y saber las cosas y secretos del mismo Amado, y ésta le pide cuando dice : entremos más adentro en la espesura.

Allí me mostrarías

aquello que mi alma pretendía,

y luego me darías

allí tú, ¡ vida mia !,

aquello que me diste el otro día :

El alma dice en esta canción al Esposo que allí le mostrará él esto que tanto ha siempre pretendido en todos sus actos y ejercicios, que es mostrarla a amar al Esposo con la perfección que él se ama.

Allí me mostrarías

aquello que mi alma pretendía,

Esta pretensión del alma es la igualdad de amor con Dios que siempre ella natural y sobrenaturalmente apetece, porque el amante no puede estar satisfecho si no siente que ama cuanto es amado; y como el alma ve que con la transformación que tiene en Dios en esta vida, aunque es inmenso el amor, no puede llegar a igualar con la perfección de amor con que de Dios es amada, desea la clara transformación de gloria en que llegará a igualar con el dicho amor.

IV. Opinión personal

Es una aventura espiritual acercarse a san Juan de la Cruz. En este trabajo escolar me he sumergido en el Cántico espiritual, que me ha parecido fascinante desde que lo leí la primera vez. Al leer el Comentario, escrito por el mismo san Juan de la Cruz, me pude aproximar a su rica doctrina mística, pues él nos descubre lo que ha querido expresar en este poema. Me llama la atención que haya logrado resumir en bellísimos poemas su doctrina espiritual y que la haya comentado abundantemente.

Me ayudó mucho releer a Royo Marín, que resume notablemente la doctrina espiritual de san Juan de la Cruz. Sobre todo me agradó descubrir en el Cántico espiritual la familiaridad de nuestro santo con la Biblia. El poema tiene muchísimas reminiscencias bíblicas, especialmente del Cantar de los Cantares. Como dice Royo Marín, el texto bíblico le sirvió a San Juan de la Cruz para bordar sobre él los conceptos místicos más sublimes.

Además, como soy un amante de la poesía, pues me gusta leer y escribir poesía, me llamó la atención el uso que hace del estilo de Garcilaso de la Vega, especialmente en nuestro Cántico. Seguramente san Juan de la Cruz leyó a Garcilaso, cuyos producción poética fue publicada en forma póstuma (en 1543) por Juan Boscán, amigo de Garcilaso. Recordemos que san Juan de la Cruz nació en 1542 y que Garcilaso revolucionó la poesía en España, inspirándose abundantemente en Petrarca y otros poetas italianos, pues con Garcilaso la literatura española entra en un nuevo periodo en el que se introducen una serie de novedades que rompen con la estética medieval: nuevos metros de origen italiano como el soneto, la canzone, las octavas, la rima interior y el verso libre; por los temas mitológicos, arcádicos y discursivos y por su lenguaje hecho de frases cortas, imágenes plásticas y una gran musicalidad. Este estilo lo asimiló y lo hizo propio san Juan de la Cruz.

Pero sobre todo, me ha llamado la atención caer en la cuenta que San Juan de la Cruz expresa su propia experiencia. Me recuerda a los Hechos de los Apóstoles, donde éstos dicen que: “No podemos hablar de lo que hemos visto y oído”. O a san Juan, que al inicio de su primera carta afirma:

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo.

San Juan es un testigo; no un mero repetidor de ideas. Es alguien que ha recorrido el camino que nos presenta en sus poemas y en los demás escritos. Es un místico, que nos invita a iniciar en serio una relación con Dios, desprendiéndose totalmente de las criaturas, que son la nada, para unirse totalmente a Dios por el amor, pues Él es el Todo. Esto implica, obviamente, el desprendimiento afectivo de todo lo creado, que nos llevará a la unión de Dios por el amor.

El fallo es de parte nuestra, mejor aún, de parte mía, en mi cobardía y en mi falta de generosidad, que no me decido del todo a emprender esta ruta. ¡Cómo me gustaría decir con San Juan de la Cruz lo siguiente:

Mi alma se ha empleado

y todo mi caudal en su servicio ;

ya no guardo ganado,

ni ya tengo otro oficio,

que ya sólo en amar es mi ejercicio.

Por otra parte, la lectura de la rica poesía de san Juan de la Cruz me ayudó a valorar la poesía como un vehículo importante para comunicar mi experiencia de Dios, mi búsqueda diaria, mi anhelo no siempre constante por crecer en la fe, la esperanza y la caridad.

Además, veo la pertinencia de conocer y dar a conocer la rica doctrina mística de San Juan de la Cruz, pero ante todo de vivirla. Si es verdad que “el cristiano de mañana será un místico o no será nada”, como lo ha dicho Karl Rahner, es más verdad aún que el evangelizador, el pastor de almas de mañana será un místico o su labor no tendrá relevancia ni trascendencia. No comunicará al Amado, no logrará que el Amor sea amado.

La gente dirá a Dios:

no quieras enviarme

de hoy más mensajero

que no saben decirme lo que quiero.

V. Bibliografía

López-Melús, Rafael María. Los santos carmelitas. Zaragoza 1989.

Martí Ballester, Jesús. San Juan de la Cruz. Cántico espiritual leído hoy. Ediciones Paulinas Madrid 1977.

Royo Marín, Antonio. Los grandes maestros de la vida espiritual. Historia de la espiritualidad cristiana, BAC Madrid 1973, 345-361.

San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia. Obras completas. Edición crítica preparada por Lucinio Ruano de la Iglesia. BAC Madrid 1991.

Royo Marín, Antonio. Los grandes maestros de la vida espiritual. Historia de la espiritualidad cristiana, BAC Madrid 1973, 345-361.

LÓPEZ-MELÚS, Rafael María. Los santos carmelitas. Zaragoza 1989.

LÓPEZ-MELÚS, Rafael María. Los santos carmelitas. Zaragoza 1989.

Royo Marín, Antonio. Los grandes maestros de la vida espiritual. Historia de la espiritualidad cristiana, BAC Madrid 1973, 345-361.

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