Orientación para alguien que desea recurrir a la fecundación in vitro

Orientación para alguien

que desea recurrir

a la fecundación in vitro

 

Estimada Angélica:

Te agradezco tu confianza, pues me consultas sobre un tema sumamente delicado, por las diversas circunstancias que existen en torno a la fecundación in vitro. Conozco tu situación de infertilidad y el deseo enorme que tienes de tener un hijo propio, alguien que sea verdaderamente “carne de tu carne y hueso de tus huesos”, según la feliz expresión del Génesis. Como sabes, personalmente aprecio mucho el don de la maternidad y añoro muchísimo la relación filial, por mi condición de huérfano desde una edad muy temprana.

Pues bien, te pido que leas con paciencia las consideraciones que plantearé, después de haber meditado seriamente el tema.

Sé que estás muy bien informada, al menos a nivel técnico, sobre lo que significa la fecundación in vitro, por lo que no me detendré a explicarlo. Bástenos decir que se trata de una más de las técnicas de reproducción asistida para ayudar, especialmente, a la reproducción humana. Lo que la caracteriza es que la concepción del ser humano (procreación) no se realiza en el aparato reproductor femenino, sino que se produce en el laboratorio.

Aquí viene mi primera consideración. ¿Estamos hablando de procreación o de producción? Los hijos, ¿se procrean o se producen? Recuerdo el entusiasmo que manifestaste cuándo me decías que la fecundación in vitro tiene muchísimas ventajas, “puesto que es técnicamente posible elegir el sexo del bebé”. ¿Estamos hablando de un bebé, que se recibe como don, o de un producto, que se puede ordenar y recibir a la carta?

Me hablabas también de la posibilidad que existe de estudiar las características genéticas del embrión antes de que se produzca su implantación en el útero, lo que da la posibilidad de detectar enfermedades causadas por alteraciones cromosómicas. Me decías que así se podía elegir el mejor embrión desde el punto de vista genético.

Me surge, pues, una pregunta: ¿Qué ocurrirá con los otros embriones? ¿Llegarás al extremo de considerarlos desechos industriales, que se congelan o se destruyen con suma facilidad, o que servirán para realizar experimentos en pro del avance del conocimiento científico-técnico, o para satisfacer la voluntad de lucro o de poder sobre la vida humana?

¿Cuáles serán los criterios que emplearán Miguel y tú para elegir al “mejor” embrión? ¿Asistiremos así a un nuevo tipo de discriminación, basada en la información genética? Perdona mi crudeza, pero quiero exponerte lo que me motiva a escribir de esta manera.

Como sabes, el origen del ser humano se encuentra en dos células especializadas y dedicadas a la función generadora: el gameto femenino (óvulo) y el gameto masculino (espermatozoide). Pues bien, unas veinte horas después de la relación sexual, se finaliza la fusión de las dos células y de su estructura cromosómica, que lleva a la construcción de un nuevo sistema genético, con 46 cromosomas: es el cigoto. Este nuevo ser no es la simple suma de los códigos genéticos de los padres. Es un ser con un proyecto y un programa nuevos, que nunca antes ha existido y no se repetirá jamás.

Es decir, después de la fecundación del óvulo (concepción), el cigoto inicia un complejo y maravilloso desarrollo, multiplicando el número de sus células, pasando por diversas etapas, descritas por la ciencia médica, formándose los tejidos y los diversos órganos. Y aquí está lo maravilloso del proceso: desde el primer momento en que se forma el cigoto hasta la conclusión del ciclo vital (es decir, la inevitable muerte) estamos siempre delante del mismo sujeto. Y esto ocurre con todos los embriones humanos, no unos sí y otros no.

Y pensar que la mayoría de los embriones humanos son desechados, destruidos o empleados en las más variadas experimentaciones, sin caer en cuenta que nos encontramos ante un individuo humano, cuya vida se debe proteger en cada una de sus etapas.

Seguramente habías pensado sólo en las implicaciones técnicas del proceso. Como ves, se trata de una situación más compleja de la que habías imaginado.

Recuerdo que me dijiste que Miguel y tú también tienen el derecho a tener hijos. Angélica, déjame decirte con toda la seriedad que merece el comentario: No existe un derecho a tener hijos. Tenemos derecho a las cosas, a los objetos, a una vivienda digna, a una educación, pero… ¿Cómo se puede tener derecho a un hijo? Un hijo es un sujeto, un ser humano, y no un objeto y precisamente la fecundación in vitro lo que hace es convertir a los hijos en objetos. ¿Piensas que tu situación sería distinta, porque consideras que un hijo consolidaría tu amor conyugal? Entonces, ¿por qué el “control de calidad” al elegir entre un embrión y otro, como si se tratara de un producto industrial? ¿No es esto “cosificar” a un ser humano, aunque se encuentre en las etapas iniciales de vida?

Creo que por el momento es suficiente. Espero que podamos encontrarnos para continuar este diálogo.

 

Atentamente,

 

Jorge Luis Zarazúa Campa.

 

 

 

 

 

 

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6 comentarios

  1. Quisiera agradecerte que trates temas tan profudos y que alimentan el alma como el Cántico Espiritual “Mil gracias derramando”, de San Juan de la Cruz, y como este de la fecundación in vitro que es tan actual y del que en lo personal habia escuchado tanto pero sin reflexionarlo lo bastante. Además tus preguntas son lo suficientemente claras y concretas con las que los cristianos podemos dar razón ante temas tan controvertidos y en los que a algunos agentes de pastoral podrían estar tan desinformados y que sin enbargo son necesarios para la evangelización del mundo de hoy y,que mejor de una forma tan sencilla y concisa como lo expones. Gracias

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  2. No toda reproduccion asistida es un pecado. Creo en la ayuda y no en la manipulación. ¿por qué unas buenas personas no pueden tener un hijo con ayuda de la ciencia? Esos padres pueden ver cumplido su sueño y ser unos padres fantasticos y convertir con esa educación un mundo mejor.

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  3. Hola padre Jorge, navegando por internet di con esta pagina y en verdad me interesa muchisimo su poinion pues mi esposo y yo tenemos 10 años de casados y aun no hemos podido concebir…..tenemos mucha inquietud con el tratamiento in vitro y fuimos a hablar con el medico para q nos explicara bien de q se trata. Efectivamente todo lo q dice respecto a esta practica es cierto, sin embargo yo le dije al medico q soms catolicos y q de ninguna manera aceptaria q se quedaran embriones congelados, definitivamente no estoy de acuerdo por lo que el me sugirio lo sig…..extraer los ovulos adecuados y fecundar solamente los embriones q se puedan implantar, dejar congelados los ovulos, no los embriones (durante el periodoo menstrual los ovulos se desechan naturalmente) y si funciona ya no quedan embriones congelados y los ovulos se tiran, de lo contrario se vuelven a fecundar solamente los q se puedan implantar…..agradezco de antemano su orientacion, Dios le bendiga

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