ORACIÓN

ORACIÓN

 

G. Moioli nos ofrece en este artículo una presentación de la oración, sus características, clasificaciones, tipologías, etc. Esencialmente, Moioli nos dice que, se llega a contraponer dos formas de orar (Heiler): la oración mística y la oración profética. Estas dos formas representarían dos formas de religión: por un lado, la aspiración a la unión, propia de la oración mística, y el recurso a Dios como salvador o revelador, que se manifiesta en la vida y la historia. Esta tipología se corresponde con una que nos viene desde la Patrística (Evagrio y Clemente de Alejandría), que hablan de la oración como homilía (conversación) y como ascensión del entendimiento a Dios. Se llega a oponer también la oración vocal y la mental, y se llega a hablar de la oración vocal como propedéutica a la oración real, que sería la mental o contemplativa.

Moioli señala que no hay nada en el NT que pueda parecerse a esta contraposición entre formas inferiores y superiores de la oración y señala que la tensión estaría más bien entre la existencia que conoce al Señor y la que no lo conoce. La oración cristiana, de la que trata el artículo más propiamente, se caracteriza por ser filial, pneumática y cristológica. En el NT aparecen dos formas fundamentales de la oración: la eucaristía y la petición. La oración de petición no es una forma inferior de oración, que quedaría superada al alcanzar el nivel de contemplación o unión con Dios. Por otra parte, la acción de gracias y la petición se entrecruzan naturalmente. Se trata, por tanto, de dos funciones diversas de la acogida de la iniciativa salvífica. Ambas acogen, en un ámbito festivo y gratuito. De hecho, la oración es la primera expresión, básica y connatural de la fe. No es por tanto, propio de la oración cristiana diluir la oración de petición, pues esta dimensión expresa una visión de Dios y del hombre, de manera tal que eliminar este aspecto trae serias consecuencias prácticas. Es una tentación que debe superarse.

Moioli da cuenta de diversas reducciones antropológicas de la oración, que presentan la oración, no como un hablar con Dios, si no como un hablar consigo mismo, pues consideran que la religión como un mero sentimiento en la que el hombre adora a su propio corazón (Kant, Feuerbach). Marx y Freud van más lejos, pues consideran a la religión como una ilusión, que lleva consigo a la radical supresión de la oración. Mejor aún, la religión es el deseo del padre. Esto lo presenta el psicoanálisis, para quien la oración es tan ilusoria como la religión.

Pero también hay reduccionismo en el ámbito teológico. Robinson y Söle consideran que la oración (intercesión) es un compromiso o apertura incondicionada a los demás. Se llega incluso a una interpretación política del evangelio y la oración que llevan a una lectura política de la Biblia que llevan a la acción transformadora de la sociedad.

Comentario personal: el artículo es sumamente revelador pues presenta las diversas tentaciones que puedo vivir como cristiano en mi vida de oración. Por un lado, las dicotomías entre oración vocal y mental, entre acción y contemplación, consideradas como formas inferiores y superiores y no como elementos constitutivos del cristiano, que no se contraponen sino que se suponen mutuamente. Por otra parte, las antropologías contemporáneas que pueden apartarme de una vida orante, que implica la acción de gracias permanente y la petición constante, no alienación o mera ilusión.

Personalmente he conocido a personas que menosprecian o infravaloran la oración de petición, pues la consideran egoísta. Se quejan de que la gente sólo acude a Dios para pedirle algo. Afirman que sólo la gente se acuerda de Dios cuando tienen alguna necesidad. Yo pienso que no es así. Posiblemente la gente tenga una dimensión de mayor confianza con Dios, pues continuamente se “encomiendan” (oran) a él con diversos signos y posturas, que involucran a toda la persona. Es el misterio de la piedad popular.

Desde hace algunos años he descubierto que la oración de petición me ayuda mucho a perseverar en la oración. Especialmente la oración de intercesión, pues conozco a muchas personas que me piden que ore por ellas, por alguna dificultad o situación complicada. Esto me ayuda a mantener una relación con Dios y los hermanos a nivel afectivo y experiencial. Puedo decir que no sólo es apertura al prójimo; es ante todo apertura a Dios, a quien me acerco confiadamente, pues sé que tengo un sumo sacerdote en el Cielo, que intercede por mí y que inclina su oído a mi súplica. Sé que quién confía en Él no queda defraudado.

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