Der Kulturkampf

Der Kulturkampf

Origen el término

Cuando hablamos de Kulturkampf[1] nos referimos a la lucha llevada a cabo por el canciller alemán Otto von Bismarck[2] de 1871 a 1878 en contra de la Iglesia Católica en Alemania y del partido político que algunos eclesiásticos sostenían: el Zentrum[3].

El origen del término tiene su origen en una consigna electoral de carácter anticlerical del partido progresista. En efecto, Rudolf Virchow[4], el gran médico e investigador y figura emblemática del nuevo Imperio alemán (II Reich), acuñó el término «lucha por la cultura», que luego, abreviado como «lucha cultural» o Kulturkampf[5], definió la guerra fría entre el Estado y la Iglesia católica[6].

En el contexto del liberalismo

Para Joseph Lortz[7], esta lucha por la cultura se da como consecuencia de un gran movimiento general, el liberalismo[8]. De hecho, la doctrina liberal era la propugnada por el partido[9] dominante en Alemania en la época que nos ocupa. Lo que le cuesta a entender a Lortz es el hecho de que el liberalismo, que señala la importancia de la libertad de conciencia y la libertad de pensamiento, haya manifestado un rechazo al catolicismo, llegando a negar la libertad a los católicos.

Lortz llega a enunciar tres razones para explicar esta situación: a) La razón filosófica, puesto que el concepto de libertad es muy diverso en el liberalismo y la idea católica de convicción, propia del catolicismo; b) la razón confesional, pues en el caso de Alemania hay aversión hacia el catolicismo; c) el factor psicológico, es decir la antipatía del no religioso contra el religioso.[10]

La Política del II Reich

Es imposible entender el problema de la Kulturkampf si no se la sitúa como una pieza -sólo una más- de la política interior y exterior que desarrolla el canciller de 1870 a 1890. Sus preocupaciones fueron ante todo de razón de Estado. En efecto, el interés de Bismarck era, ante todo, hacer lo más conveniente para la Nación, y dentro de este esquema, actuar en cada instante según su propio parecer. Esta mezcla de intereses públicos y cuestiones personales contribuyeron a confundir a los contemporáneos al creer ver un enemigo o en el hombre o en la Institución; cuando ni una cosa ni otra eran exactas: eran tan sólo necesidades de la situación.

La década 1870-80 se caracteriza por el gran problema de consolidar el Imperio tras la victoria de Sedán[11]. El modo de lograrlo era prusianizar el interior y buscar alianzas externas que aislasen internacionalmente a Francia, con la finalidad de tender un puente en el camino a Viena, sin debilitar el de San Petersburgo. Esto último se consigue en la «Entente de los 3 Emperadores»[12] de 1872.

Alemania en este periodo va a convertirse en una potencia industrial aprovechando una serie de elementos favorables:

a) la unificación del mercado nacional (Zollverein);

b) una coyuntura de expansión del comercio mundial;

c) la indemnización de cinco mil millones de francos que tiene que pagar Francia, permiten finalizar la construcción de ferrocarriles;

d) la anexión de Alsacia y Lorena, que aportan una potente industria y recursos minerales. A partir de 1890, el desarrollo cobra un ritmo más rápido. Alemania se convierte en la primera potencia industrial europea y la segunda tras los EE.UU. a nivel mundial. Esta expansión económica va a suscitar sueños de expansión imperialista.

Para lograr sus objetivos, Bismarck se apoyó en el partido mayoritario y dominante (liberal-nacional) y chocó contra el católico (el Zentrum) en el que creyó ver, junto a una ideología diferente al nacional-liberal, un obstáculo para la unificación. En efecto, durante la guerra franco-prusiana, el comportamiento de zonas católicas y de alguna parte del clero había sido desfavorable a la causa procurada por Bismarck (Westfalia y Renania simpatizaron con Francia; los bávaros fueron hostiles a la creación del Imperio; el clero francés era anti-prusiano…). El canciller alemán acudió al Papa Pío IX[13] para que mediara en estos problemas, pero Roma se desentendió[14].

La infalibilidad pontificia

y la escisión del catolicismo alemán

Estos hechos coincidieron con una seria escisión dentro del mundo católico alemán. Tras la declaración dogmática de la infalibilidad pontificia (18 de julio de 1870), algunos intelectuales decidieron no someterse. En Baviera, Berlín, Bonn, Brandemburgo, Colonia, menudearon actos de rebelión. Para Bismarck, la declaración conciliar, mal entendida, fue un grave síntoma de intolerancia y una muestra del posible peligro: la férrea disciplina que tal dogma exigiría, le pareció que iba a constituir un Estado dentro del propio Estado alemán que él había levantado. Por esto la política de la Kulturkampf tendrá dos frentes: legislación anti-católica y apoyo de los católicos escindidos de la Iglesia (viejo-católicos).

Se designa con el nombre de viejo-católicos a algunos grupos de cristianos, de proveniencia católica, pero que por varios motivos se han separado de la Santa Sede. Hay tres grupos principales:

a) La iglesia de Utrecht, en Holanda, con tres obispos, que se separó de Roma en 1724;

b) Las iglesias viejo-católicas de Alemania y Austria, y la cristiano-católica de Suiza;

c) Algunos grupos de origen eslava que forman la iglesia nacional polaca, sea en Polonia que en Estados Unidos. Hay además otras pequeñas comunidades semejantes como son la iglesia episcopal reformada española con 3.000 fieles y la iglesia lusitana católico-apostólica evangélica con 4.200 adherentes. Finalmente, hay que mencionar la iglesia filipina independiente.

Los viejo-católicos alemanes se separaron en Roma a raíz de la definición de la infalibilidad papal por el Conc. Vaticano I en 1870. Uno de los historiadores católicos alemanes más conocidos de la época, el Dr. Ignaz von Dillinger (1799-1890), con el apoyo de un grupo de sacerdotes y teólogos, mantuvieron su oposición a la definición hasta la excomunión por la Santa Sede. Los disidentes adoptaron el nombre de viejo-católicos, indicando así el programa de su movimiento: mantener la fe católica en el estado en que estaba antes de la promulgación del nuevo dogma. En un congreso llevado a cabo en Colonia en septiembre de 1892, los viejo-católicos se organizaron en Iglesia. Como entre los disidentes no había ningún obispo, se les planteó el problema de cómo asegurar la sucesión episcopal y sacerdotal. En este dilema recibieron la ayuda de la iglesia cismática de Utrecht, que había mantenido la sucesión apostólica desde su separación de Roma. En 1874 el arzobispo de Utrecht consagró un obispo viejo-católico para Alemania, J. H. Reinkens, con sede en Bonn, y en 1876 uno para Suiza, E. Hertzog, con sede en Berna[15].

El «Párrafo del Púlpito»

Hasta 1873 la lucha es de tono menor. El 28 de noviembre de 1871, por iniciativa del ministro de Cultos bávaro Lutz (anti-infalibilista) se vota y aprueba el llamado «párrafo del púlpito», consistente en dotar de poderes a las autoridades para evitar el posible abuso de un sacerdote que, desde el púlpito, predicase de política. Más sintomático que real, sólo se aplicó siete veces en cinco años y, por lo general de un modo correcto.

A los pocos meses se aprueba la ley de «control de escuelas», consistente en que los inspectores escolares serían nombrados sólo por el Gobierno, en vez de designarse, como hasta entonces, por mutuo acuerdo entre la Iglesia y el Estado. La aprobación de esta ley fue muy dificultosa. El propio ministro de Cultos (protestante convencido) no estaba de acuerdo con el texto, pero el partido nacional-liberal exigió su dimisión y fue sustituido por Adalberto Falk, quien se convirtió en el factótum de la nueva Kulturkampf.

Mientras tanto, en el frente anti-infalibilista, hubo novedades. En el Congreso de Munich (22 de septiembre de 1871) se reunieron representantes de más de 300 asociaciones que decidieron fundar una Iglesia, la de los «viejo-católicos», que pretendió ser reconocida oficialmente, como hemos apuntado anteriormente. No lo consiguió, pero sí logró ser apoyada por las autoridades civiles. Cuando Mons. Krementz excomulgó a Wollman y Michels, Falk afirmó que tales excomuniones carecían de valor. El ministro del Ejército, Roon, ordenó al General Castrense Mons. Namszanowski que permitiera el culto viejo-católico en una iglesia. Ante la negativa, fue sustituido.

Una característica de la Kulturkampf será que la Iglesia y los católicos opondrán una resistencia viva. En contraposición a lo ocurrido en diferentes países mediterráneos ante situaciones paralelas, la lucha finalizará con la derrota moral de Bismarck. En efecto, pasando al ataque el episcopado alemán se reunió en Fulda (1 abr. 1872) y envió una carta de protesta a Falk. El embajador prusiano en la Santa Sede fue trasladado a París por necesidades de política exterior. Bismarck quiso sustituirlo por Hohenlohe -«viejo católico» y regalista-, pero el Papa se negó. El 30 dic. 1872 se rompieron las relaciones. Acusados los jesuitas de promover el conflicto, fueron expulsados. «No iré a Canosa ni en carne ni en espíritu», dice Bismarck. Es el inicio de la fase remontante en la curva del conflicto.

A principios de 1873 se presentaba al Reichstag el proyecto Falk, compuesto de cuatro leyes. Tendía esencialmente a privar a los católicos prusianos de los derechos y libertades reconocidas en la Constitución de 1848, bajo el pretexto de que eran privilegios sin parecido en los otros estados germánicos (Modificación a los artículos 15, 16 y 18 de 1848). El proyecto, en su primera ley, introducía un control del Estado en la enseñanza del clero y en la provisión de cargos eclesiásticos. La segunda ley, dirigida especialmente contra el poder disciplinar del Papa, creaba un tribunal superior de apelación eclesiástica, con autoridad, igualmente para castigar a los clérigos desobedientes a las leyes civiles. Las otras dos leyes disminuían el alcance de la potestad episcopal y facilitaban el abandono de la Iglesia por parte de los fieles. La discusión del proyecto fue violentísima. En la sesión del 17 de enero, Virchow denominó a la batalla con el término Kulturkampf, lucha por la cultura. El proyecto fue aprobado el 9 mayo 1873. Invitados por Roma a seguir una línea común, los obispos se reunieron de nuevo en Fulda y decidieron una oposición, al menos pasiva, y la continuación normal de la vida habitual de la Iglesia. También redactaron y distribuyeron una carta a los fieles (20 de septiembre de 1873). Pero la autoridad estatal entró en juego. Varios obispos fueron encarcelados, escuelas y seminarios cerrados, se lanzaron campañas desde la prensa oficial…

Las elecciones para el nuevo Reichstag de 1874 fueron muy reñidas. Se pretendía una mayoría Zentrum que obligara a la revocación del proyecto Falk, llamado ahora las leyes de mayo. En efecto, los católicos doblaron su número (de 58 a 100 diputados), pero los nacional-liberales no disminuyeron (de 120 a 145) merced a haberse engrosado a costa del partido conservador.

La nueva legislatura será también difícil: el 2 de abril de 1875 se suspenden todas las ayudas del Estado a la Iglesia Católica («ley del hambre»), en mayo se ordena que el patrimonio eclesiástico sea administrado por un comité en el que el párroco sólo tendrá voto consultivo, y se suprimen todas las órdenes religiosas menos las que prestan servicios hospitalarios, que pasarán a estar sometidas a la inspección estatal.

Sólo el tiempo y el cambio de las circunstancias suavizó la cuestión. Conseguido básicamente el programa unificador del canciller, son otros los problemas que atraen su atención. Su preocupación ahora es el liberalismo y el socialismo. El socialismo que gana 10 escaños en las elecciones de 1877 y que perpetra dos atentados a la persona del Emperador en mayo y junio de 1878. El liberalismo también: el monopolio político ejercido por este partido ha llevado a un librecambismo económico de pésimos resultados para el Imperio. Bismarck se decide a cambiar. En 1879 impone aranceles al comercio. El partido en quien se va a apoyar para combatir a estas fuerzas será, precisamente el Zentrum, bien situado en las elecciones sucesivas. Al mismo tiempo la muerte de Pío IX (febrero 1878) y el entronizamiento de León XIII será otra causa más de distensión en las relaciones. Sustituido Falk por Puttkamer, las sucesivas leyes de 1880, 1886 y 1887, dejaron sin efecto a las de mayo de 1873.

La Kulturkampf y sus consecuencias

La Kulturkampf había amargado verdaderamente a los católicos alemanes. Las asociaciones católicas se constituyeron en adelante con un sentido más amplio que el meramente defensivo, algunas de ellas contribuyeron fundamentalmente a suavizar la situación: p. ej., la Asociación de Górres para el fomento de las ciencias, fundada en 1876. La apertura de la posición apologético-polémica de la ciencia católica en el debate referente a la historia de la Reforma protestante, del materialismo y del socialismo, se desarrolló en el curso de decenios. El problema social había sido tenido en cuenta por el catolicismo alemán ya antes de la fundación del Imperio. Junto a las tareas prácticosociales de las ya mencionadas asociaciones, pueden citarse las predicaciones sociales del obispo Ketteler (v.) de Maguncia (1848), y su escrito de orientación Die Arbeiterfrage und das Christentum (El problema laboral y el cristianismo), 1864. La ejecución práctica de estos principios intentaron conseguirla los católicos alemanes, a pesar de las grandes dificultades, por medio de su representación parlamentaria en la Dieta y en las cámaras de los Estados. Las encíclicas sociales de León XIII fueron consideradas como programa obligatorio; en la polémica doctrinal con el socialismo materialista lograron grandes éxitos los jesuitas Cathrein y H. Pesch, mientras que la Asociación popular en MunichGladbach se encargó de la instrucción políticosocial de otros sectores[16].

 


 

[1] El término alemán Kulturkampf puede ser traducido como “La lucha por la cultura”, Cfr. Diccionario compact Español-Alemán Alemán-Español, Larousse, México 2001, p. 297 y 327.

[2] Otto von Bismarck (Schoenhausen, Magdeburgo; 1 de abril de 1815 – Friedrichsruh; 30 de julio de 1898) llamado el canciller de Hierro, fue un político prusiano, artífice de la unidad alemana. Hijo de un capitán de caballería retirado que en su periodo universitario cursó derecho en Berlín y Gottingen. Desempeñó diferentes ocupaciones a lo largo de su vida. Cómo político perteneció al Parlamento de Prusia. Fue su representante en la Dieta de los países alemanes en Francfort. Como diplomático fue embajador de Prusia y Francia. Y por supuesto ejerció como militar. A finales de 1862 asumió los cargos de Primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores. En 1864 derrotó a Dinamarca quitándole los ducados de Schleswig y Holstein y en 1866 se enfrentó a Austria en la victoria de Sadowa. Entre 1870-71 la Confederación del Norte de Alemania, que el propio Bismarck había creado, derrotó a Francia en la Guerra Franco-Prusiana. Se configuró entonces el Gran Imperio Alemán del que fue nombrado primer canciller. Intentó aumentar el poder del Imperio por medio de ataques al partido socialdemócrata con leyes excepcionales, tomando algunas leyes sobre retiro obrero y luchando contra el partido católico (Kulturkampf). Esto ocurrió en torno a 1878. Se hubo de retirar del poder cuando Guillermo II accedió a la corona por problemas personales entre ambos. Recibió tanto honores militares como nobiliarios. Puede verse una biografía muy elocuente de Bismarck en J. L. COMELLAS GARCÍA-LLERA de la voz Bismarck en la Gran Enciclopedia Rialp (GER), Tomo II, Ediciones Rialp S.A. 1979.

[3] El Partido de Centro (Deutsche Zentrumspartei o solamente Zentrum), a menudo llamado Partido de Centro Católico, fue un partido político Católico en Alemania durante el Segundo Reich (Kaiserreich) y la República de Weimar. Fue fundado el 21 de marzo de 1871 para proteger los derechos de la minoría católica en la nueva Alemania, el partido ganó fuerza durante los años 70 (1870-1880) en su reacción contra la ‘lucha cultural’ (Kulturkampf) de Bismarck contra la Iglesia Católica. El partido destacó por la mezcla de clases a las que representó, yendo desde los trabajadores católicos hasta los aristócratas.

[4] Rudolf Virchow (Rudolf Ludwig Carl Virchow, 1821-1902) Anatomopatólogo, nacido en Schivelbein (Pomerania) y fallecido ochenta y un años después en la ciudad de Berlín. Estudió y ejerció en la Universidad de Berlín, concretamente anatomía. También desarrolló la cátedra de patología y anatomía patológica en la Universidad de Wurzburgo hasta 1856. En 1858 publicó “Die Cellularpathologie in ihrer Begründung auf physiologische und pathologische Gewebelehre”, donde continúa y amplía los estudios emprendidos por Bichat sobre las enfermedades de los tejidos. Su afirmación omnis cellula a cellula («toda célula proviene de otra célula») marca el inicio de la teoría de la continuidad germinal, punto de partida también de la teoría del germen-plasma de Weismann. Diagnosticó por primera vez la embolia cerebral y descubrió la neuroglia en la vaina de las arterias cerebrales. Fue el ganador de la Medalla Copley en 1892.

Dio nombre a: El ángulo de Virchow, La enfermedad de Virchow y La línea de Virchow. Obtenido de http://es.wikipedia.org/wiki/Rudolf_Virchow, consultada el 9 de febrero de 2006.

[5] Sigo en este trabajo de investigación la presentación y el esquema básico que hace J. Longares Alonso de la voz Kulturkampf en la Gran Enciclopedia Rialp (GER), Tomo XIII, Ediciones Rialp S.A. 1979, p. 802-804.

[6] Cfr. Ross, Werner, Friedrich Nietzsche. El águila angustiada, traducción de Ramón Hervás, Paidós, Barcelona, 1994, pp. 333-342. Es interesante esta obra puesto que nos describe la situación intelectual en Alemania en esta época, en la que vive y escribe Nietzsche, que se puede describir más o menos así: en el nuevo imperio alemán, los nacional-liberales constituyen la corriente y la voz dominante. Con ellas se corresponde el optimismo de la época fundacional, al que tampoco consigue dañar seriamente el crack bursátil de 1873. La intelectualidad de la época es «progresista», amiga del capital y de los judíos, contraria al socialismo, enemiga de los católicos. Ya en julio de 1871, se suprimió el Departamento católico del ministerio de Educación Pública prusiano; la Dieta del Imperio aprobó en noviembre de 1871 el artículo de cátedra y en junio de 1872 la ley de los jesuitas.

[7] Cfr. Lortz, Joseph, Historia de la Iglesia. Desde la perspectiva de la historia de las ideas. Ed. Guadarrama, Madrid, 1962, p. 585ss.

[8] El liberalismo es una corriente política que abraza varias ideologías históricas y actuales que demanden la defensa de la libertad individual como el propósito del gobierno.

[9] Se trata del Partido Nacional Liberal, representativo de la burguesía intelectual e industrial. Quizá la política de este partido pudiera explicar, más que la del propio canciller, el movimiento anticatólico de la Kulturkampf. Su verdadero artífice fue Adalbert Falk, ministro de Instrucción Pública.

[10] Cfr. Lortz, Joseph, Historia de la Iglesia. Desde la perspectiva de la historia de las ideas. Ed. Guadarrama, Madrid, 1962, p. 581.

[11] La Batalla de Sedán se libró el 1 de septiembre de 1870, durante la Guerra franco-prusiana. Fue una impresionante victoria para los prusianos, ya que no sólo habían capturado a todo el ejército francés, sino también a su emperador, Napoleón III. Dos días después de que estos llegaran a París, el Segundo Imperio Francés fue derrocado en una revolución pacífica, llevando a la creación de una junta de defensa nacional y a la Tercera República Francesa. La derrota de los franceses en Sedán y la captura de Napoleón III decidieron el resultado final de la guerra a favor de Prusia. Barral, María E. y otros. Historia: el mundo contemporáneo. Siglos XVIII, XIX y XX. Editorial Estrada. Diciembre. 1999.

[12] En 1872, se entrevistan los emperadores de tres estados europeos (Guillermo I de Alemania, Alejandro II de Rusia y Francisco José de Austria-Hungría), y al año siguiente firman una serie de acuerdos conocidos como la Entente de los Tres Emperadores. Dos fueron los acuerdos: a) una convención militar germano-rusa, por la que ambos jefes de estado, se prometían una ayuda recíproca de un contingente militar de 200.000 hombres, en caso de ser atacados por una potencia europea. b) Una convención política austro-rusa, en caso de agresión de una tercera potencia ambas permanecerían neutrales. Para lograr estas alianzas, Bismarck utilizó el argumento de la solidaridad monárquica frente al peligro republicano (Francia).

[13] De nombre Giovanni María Mastai-Ferretti, Pío IX nació en el seno de una familia de nobles. Desde su juventud muestra su inclinación por el estudio de las humanidades y en 1809 se traslada a Roma para cursar filosofía y teología. Debido a los acontecimientos políticos que asolaban Italia en ese momento no puede concluir su carrera hasta 1814. En este mismo año le ordenan sacerdote. En la década de los años veinte se traslada a América tras ser nombrado auditor del delegado apostólico de Chile. En este tiempo recorrió las principales ciudades del Sudamérica hasta que regresa a Roma. Allí pasó por varios cargos eclesiásticos hasta que en 1846 es nombrado pontífice, sucediendo a Gregorio XVI. Coincidiendo con su papado, los Estados Pontificios se anexionaron al resto del reino en 1870. Fue artífice del Concilio Vaticano Primero de 1869, donde se anunció el dogma de la Inmaculada Concepción. Publicó las encíclicas “Quanto conficiamur”, “Quanta cura”, “Syllabus errorum” y “Respicientes”.

[14] Para una visión más objetiva de las acciones de la Santa Sede y de Pío IX ante la cuestión alemana en este periodo, véase: Valente, Maximiliano, Diplomazia pontificia e Kulturkampf: la Santa Sede e la Prussia tra Pio IX e Bismarck (1862-1878), [prefazione di Lutz Klinkhammer] Roma: Studium, 2004.

[15] Gran Enciclopedia Rialp (GER), Tomo XIII, Ediciones Rialp S.A. 1979, p. 802-804.

[16] Hermann Tüchle voz Alemania. VI Historia de la Iglesia en la Gran Enciclopedia Rialp (GER), Tomo I, Ediciones Rialp S.A. 1979.

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