VATICANO II: El fin de la Contrarreforma

VATICANO II: El fin de la Contrarreforma

 

La convocación de este magno acontecimiento eclesial tuvo distintas lecturas y reacciones. Lo favorecieron y anticiparon diversos movimientos de renovación y se opusieron a él los sectores más inmovilistas y conservadores del catolicismo. Lo que hay que subrayar es que marcó el fin de la Contrarreforma.

El contexto en que se convocó el Concilio fue muy particular, a diferencia de los otros veinte concilios ecuménicos: la Iglesia estaba en paz, no había herejías en su interior y había algunos movimientos de renovación. No obstante, existían tensiones entre conservadores y progresistas.

El mundo estaba en una época de cambio muy vertiginosa, propio de la posguerra y del fin del colonialismo y de una urbanización creciente en el Norte Occidental.

En este contexto, el Concilio se planteó algunos objetivos, no para rechazar o condenar herejías. Su objetivo era el aggiornamento de la Iglesia, es decir, renovación y adaptación. Con G. Gutiérrez, podemos distinguir tres grandes objetivos del Concilio: a) apertura de la Iglesia al mundo moderno; b) la unidad de los cristianos (ecumenismo) y c) Ser la Iglesia de los pobres.

Pablo VI definió así los objetivos del Concilio: profundización de la naturaleza de la Iglesia, renovación interna de la Iglesia, reunión de los cristianos separados y diálogo de la Iglesia con el mundo.

En este magno evento, convocado “por una repentina inspiración de Dios”, estuvieron presentes unos 2500 obispos y teólogos de capital importancia: Congar, Chenu, De Lubac, Daniélou, Ranher, Schillebeeckx, Philips, entre muchos otros, cuyo influjo fue decisivo para la orientación del Concilio.

Las tendencias presentes en el Concilio fueron muy claras. Desde el principio estuvo la idea de que la Curia Romana no impusiera la línea a seguir. También desde el principio se evidenciaron dos grupos: la mayoría (progresistas) y la minoría (tradicionalistas). La mayoría era sensible a las realidades del mundo y a las necesidades de adaptación y estaba abierta al diálogo ecuménico, era partidaria de una teología pastoral basada en la Escritura y no tenían mucho interés en formulaciones exactas de doctrina y desconfiaban de la excesiva centralización de la Iglesia.

Hubo 4 sesiones conciliares que concluyeron con la promulgación de 16 documentos: 4 constituciones, 9 decretos y 3 declaraciones. Un hecho relevante fue el levantamiento de la excomunión mutua entre Roma y Constantinopla (6 de diciembre de 1965).

 

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