San Cipriano: La Unidad de la Iglesia

San Cipriano: La Unidad de la Iglesia

 

En De Unitate, san Cipriano se nos presenta como un apasionado de la unidad eclesial y nos ofrece una eclesiología muy rica por sus implicaciones, especialmente en el ámbito de la colegialidad episcopal y el primado pontificio (ministerio petrino) del Obispo de Roma.

Además de la persecución que se da en el Imperio Romano, san Cipriano ve otra clase de peligros más insidiosos, porque no se hacen abiertamente: se trata de las herejías y los cismas. Son peligros furtivos y llevan a alejarse de las huellas de Cristo Salvador. Solución: hay que mantenerse en el verdadero camino para avanzar en la salvación. Hay herejías, dice san Cipriano, por no volver a las Escrituras, que él llama el origen de la verdad, por no acudir a la cabeza ni observar la doctrina del maestro celestial.

Nos habla del episcopado uno e indiviso y del primado de Pedro, es decir, de que existe un solo rebaño que ha de ser apacentado de común acuerdo por todos los apóstoles, que tienen la misma potestad y añade que quien se separa de la cátedra de Pedro se aparta de la unidad. Afirma que una sola es la cabeza, uno solo el origen y una sola la madre (…) De su seno naemos, con su leche nos alimentamos y por su espíritu somos vivificados.

Para san Cipriano, en la Iglesia está la salvación. El que abandona a la Iglesia, afirma, no alcanzará los premios de Cristo. Acuña incluso esta frase lapidaria, rica por su contenido eclesiológico: No puede ya tener a Dios por padre quien no tiene a la Iglesia por madre.

Para descubrir la unidad originaria y fundamental de la Iglesia nos presenta reflexiones sobre diversos símbolos del Antiguo y Nuevo Testamento. Destaca la aplicación que hace a la túnica inconsútil de Cristo, símbolo de la unidad de la Iglesia y llama a no desgarrarla ni dividirla. Insiste en la existencia de un solo rebaño bajo un solo pastor. La figura de Rahab y su familia y la fiesta de la pascua le sirven para insistir en que nadie debe apartarse de la Iglesia, so pena de perecer. El ejemplo de la paloma y de los corderos y ovejas le sirve para ilustrar las actitudes básicas del cristiano: sencillez, caridad, amor fraterno, mansedumbre y dulzura.

Descubre la utilidad de las herejías para cribar la fe de los creyentes y descubre falsas interpretaciones a la afirmación del Señor en Mt 18, 19-20. Invita a la unanimidad. Dice que aquellos que no son unánimes con la Iglesia no pueden tener unanimidad entre si. No se puede aludir a este texto para justificar la existencia de grupitos, de herejías y cismas. Un principio importante: no pueden permanecer en comunión con Dios los que no quisieron permanecer unánimes en la Iglesia de Dios ni pueden estos considerarse cristianos, pues no permanecen en la verdad ni en el Evangelio de Cristo.

El deber de los cristianos es apartarse de los cismáticos y los disidentes, es decir, de todo el que se ha apartado de la Iglesia. Insiste en el castigo que recibieron Coré, Datán y Abirón y otros personajes del Antiguo Testamento e insiste en la gravedad del pecado contra la unidad. Insiste en que aquel que se separa del tronco vital (la Iglesia) no podrá vivir ni respirar por su cuenta, porque le falta el soporte de la vida y propone en ideal de la paz y de la concordia, que representan la herencia del Señor, invita a mantener la unanimidad que se vivió en la época apostólica.

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