TEOLOGÍA PASTORAL:

TEOLOGÍA PASTORAL:

Entre el pragmatismo y la falta de especificidad

 

La Teología Pastoral está permanentemente ante un dilema: tiene que aparecer como una teoría científica, para no ser marginada, o ser vista como la que ofrece ayudas concretas que faciliten la acción pastoral.

Este dilema motiva que no haya podido progresar como la teología histórica y sistemática.

La Teología Pastoral, por otra parte, ha tenido un desarrollo desigual: en los países de habla alemana la Teología Pastoral nació como disciplina universitaria desde fines del s. XVIII. En otros países, incluyendo los países latinos, se trataba más bien de una aplicación práctica de la casuística, más que una ciencia teológica. En los países latinos sólo ha cobrado importancia después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y se ha abierto gradualmente al cultivo sistemático y científico después del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965).

Sin embargo, conviene apuntar que las obras teológico-pastorales han surgido desde mucho antes, aunque sin criterios de metodología científica. Desde la antigüedad también hubo una teología pastoral para preparar al sacerdote, al ministro pastoral, que se potenció a partir del Concilio de Trento.

1585 es el año en que J. Molanus publica Theologiae practicae Compendium, separando de la Teología especulativa una teología práctica. Este proceso llevó a la separación de dos disciplinas distintas la Teología moral y la Teología Pastoral.

Una fecha relevante para la Teología Pastoral lo constituye el año 1591, el año en que aparece el Enchiridion Theologiae Pastorales, aunque la expresión Teología Pastoral fue utilizada primero por san Pedro Canisio.

En 1778 es el nacimiento de la Teología Pastoral como disciplina universitaria gracias al canonista F.S. Rautenstrauch, director de la facultad de Teología de Praga, que reformó el plan de estudios teológicos, aprobados posteriormente por la emperatriz María Teresa (1774). El proyecto consistía en añadir un año más a los estudios teológicos, en el que se impartirían todas las asignaturas prácticas bajo el nombre de Teología Pastoral. Incluía: homilética, catequética, liturgia, rúbricas, ascética y retórica.

Rautenstrauch consideraba a la Teología Pastoral como la conclusión lógica de la ciencia teológica y le atribuía el objeto de ofrecer “una enseñanza de los deberes del oficio pastoral”, lo que consideraba como verdadero centro de gravedad de los estudios teológicos, pues estos debían formar dignos pastores de almas (Pastor bonus).

 Conviene decir, sin embargo, que se consideraba a la Teología Pastoral un arte y una técnica más que una ciencia y tenía más un enfoque antropocéntrico y se dirigía preferentemente al maestro de religión.

J.M. Sailer, a principios del siglo XIX, inicia un nuevo enfoque, que podemos llamar enfoque bíblico-teológico, aunque centrado también en la figura del pastor; es decir, la Teología Pastoral es una doctrina sobre el pastor, tendencia que concluye con A. Graf, que da inicio a la orientación eclesiológica de la Teología Pastoral, que el denomina como Teología práctica. La idea básica de esta orientación es que la auto-edificación de la Iglesia no es tarea exclusiva del pastor de almas. Además de él, existen muchos otros factores, que Graf clasifica en factores trascendentales, las Instituciones y los factores personales y sociales. La novedad de Graf es que tiene presente el conjunto de la Iglesia.

Con Amberger se reinicia la orientación clerical (1850-57), pues divide la Teología práctica en dos grandes ramas: a) Derecho canónico y b) Teología Pastoral, centrándose nuevamente en el pastor y con un énfasis fuerte en el clero. Con este precedente, se empieza a entender la Teología Pastoral como una colección de recetas para la vida práctica del pastor de almas.

Echemos un vistazo ahora a algunas de las corrientes modernas. Noppel toma conciencia de algunos defectos de la Teología Pastoral de la época: el alejamiento del concepto global de Iglesia y la disolución de la Teología Pastoral en disciplinas. Al mismo tiempo, la Teología Pastoral está centrada en el sacerdocio ministerial. Noppel da un giro de 180º al colocar como tema de la Teología Pastoral la edificación del cuerpo místico de Cristo y a dar lugar a la colaboración de los seglares.

Con F.X. Arnold hay un avance cualitativo al considerar que el objeto de la Teología Pastoral es “la figura total de la Iglesia” y se considera que la meta de la Teología Pastoral es de naturaleza científica y práctica, noción ratificada después en el Concilio Ecuménico Vaticano II. Esta manera de concebir a la Teología Pastoral tiene algunas características notables: se respeta en toda actividad pastoral la parte de Dios y la del hombre, ocupando la acción divina el primer lugar. La Iglesia está al servicio del encuentro entre Dios y el hombre.

En Innsbruck inicia un proyecto de teología kerigmática en el que la Teología Pastoral toma distintos nombres: Teología de la Misión, Teología del Apostolado, etc.

Con el Concilio Ecuménico Vaticano II inició una nueva Teología Pastoral.

La publicación de un Manual de Teología Pastoral es el primer intento de construir la Teología Pastoral con categoría científica y se presenta como una teología existencial a partir de esta pregunta: ¿Qué tiene que hacer hoy la Iglesia?

La Teología Pastoral se presenta como una disciplina autónoma que, a partir de un análisis metodológico de la situación actual, desarrolla normas para la misión de la Iglesia.

La reflexión sobre la situación actual con ayuda de ciencias humanas, vista también con los ojos de la fe. El objeto material de la Teología Pastoral es, por tanto, toda la vida de la Iglesia (no las actividades del clero), por eso se estudian separadamente: a) Todos los miembros de la Iglesia y sus tareas, funciones y papeles para edificar la Iglesia; b) las funciones fundamentales: predicación, liturgia, sacramentos, etc.; c) el ser y quehacer de la Iglesia (conceptos sociales y sociológicos) y d) las principales estructuras formales.

Es decir, antes de que la Teología Pastoral dé indicaciones para la realización concreta de la Iglesia, se ha de aclarar qué puede y qué quiere alcanzar la Iglesia con su acción.

El objeto formal de la Teología Pastoral queda marcado por la situación actual. Su metodología es empírica y teológica, inductiva y deductiva.

A pesar de sus limitaciones, este manual marca un hito en el desarrollo de la Teología Pastoral.

Veamos ahora algunas teorías recientes:

La teología pastoral desde la realidad de Jesús. Desplaza el centro desde la eclesiología a la realidad de Jesús en la búsqueda de un criterio de lo que la Iglesia debe ser y debe hacer. Así, la Iglesia existe donde hay hombres que se comprometen con la realidad y dan testimonio de esperanza a todos los hombres. La praxis de los cristianos es el principal lugar teológico de esta teoría.

La teología pastoral como ciencia de la acción. Es un intento de legitimar la colaboración entre las ciencias de la acción (sociología, psicología, pedagogía, ciencias políticas y económicas y ciencias de la comunicación) y la teología pastoral. Las dimensiones fundamentales son organización, comunicación y pastoreo.

La teología pastoral como teoría funcional. La actuación de la Iglesia se presenta en dos campos fundamentales: la presentación y comunicación de sistemas fundamentales de valoración e interpretación y la ayuda en las situaciones de crisis y en los puntos cruciales de la vida. Su marco teórico lo proporciona la sociología de la religión.

La teología pastoral como teoría del pastor. Se renuncia a una teoría de conjunto a favor de una orientación pragmática, es decir, como una teoría del ejercicio del oficio del pastor.

La teología pastoral como teoría de la praxis de la Iglesia y de los cristianos. Su planteamiento básico es el binomio teoría-praxis. Esto supone y exige a) analizar la praxis de la Iglesia y de los cristianos con la ayuda de criterios previos y análisis de las ciencias psico-sociales; b) esclarecer la praxis de Jesús y a Iglesia primitiva y c) actualizar este conocimiento en la praxis actual.

LA MEDIACIÓN MATERNA DE MARÍA

La Mediación Materna de María

 

 

La lectura protestante de 1Tim 2, 5 excluye la posibilidad de cualquier otro mediador, aunque fuera subordinado a Cristo Jesús. Una exégesis cuidadosa del texto nos lleva a descubrir que el sentido del pasaje paulino no es propiamente que “el mediador es único”, sino que “uno solo (es decir, la misma persona) es mediador”. Es decir, el Apóstol no se está preguntando si hay uno o varios mediadores. San Pablo enfatiza que Aquél de quien escribe ha sido constituido mediador para todos.

Esta ha sido la exégesis de los Padres, que no han vacilado dar a María el título de medianera. ¿Qué ha entendido la tradición patrística cuando da este título a la Madre del Señor? Para los Padres, este título expresa la cooperación de María a la realización de la obra misma de la redención, sobre todo por el “sí” de la Anunciación.  Y lo piensan desde la perspectiva de la Nueva Eva, que dialoga con el Ángel, obedece a Dios y así nos trae al Salvador y con Él la salvación; esto en contraposición a la primera Eva, que dialogó con la serpiente, desobedeció a Dios y, con ello, nos trajo la muerte.

El Cardenal Mercier y la Iglesia belga solicitaron un nuevo dogma: el de la mediación universal de la Santísima Virgen, entendiendo la mediación como colaboración a la obra de la salvación por el consentimiento dado en la anunciación y por la compasión junto a la Cruz, que se interpretan a través de la categoría de mérito y como intervención en la dispensación de todas y cada una de las gracias.

En todo caso, se trata de una mediación subordinada, que no menoscaba ni le añade nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador (LG 62). Es decir, la mediación única del Redentor suscita una variada cooperación. La mediación intercesora de María, sin embargo, tiene un lugar propio con respecto a los santos.

Juan Pablo II ha dado aportaciones para comprender mejor la mediación intercesora de María, pues subraya que la mediación de María es universal, no por ser propia de Ella, sino por ser subordinada a la Mediación única de Cristo. De hecho, toda mediación subordinada, incluida la de los santos, es universal.

Pero el adjetivo que mejor expresa la mediación intercesora de María es el de “materna”, pues su mediación está íntimamente ligada a su maternidad: de su maternidad divina y de su maternidad en el orden de la gracia. Su mediación no se agota en su actividad intercesora, sino en su cooperación durante su vida terrena, que se inaugura en la Anunciación y se prolonga ante la Cruz. María es la Nueva Eva, la Madre de los vivientes.

Desde la época patrística se vio la Asunción de María como un presupuesto necesario para que María llegara a ser medianera de todos los hombres., pues la asunción significa una presencia nueva y más cercana a los hombres sobre la tierra.

La maternidad de María perdura incesantemente en la Iglesia como mediación intercesora. La Iglesia expresa su fe en esta verdad invocando a María con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora (RM 40, LG 62).

Se debe, pues, insistir en el carácter materno de la mediación de María, colocándolo en conexión con las verdades más fundamentales de la fe de la Iglesia sobre María, subrayando que María es la Madre del Redentor, pero también de todos los vivientes.