LA MEDIACIÓN MATERNA DE MARÍA

La Mediación Materna de María

 

 

La lectura protestante de 1Tim 2, 5 excluye la posibilidad de cualquier otro mediador, aunque fuera subordinado a Cristo Jesús. Una exégesis cuidadosa del texto nos lleva a descubrir que el sentido del pasaje paulino no es propiamente que “el mediador es único”, sino que “uno solo (es decir, la misma persona) es mediador”. Es decir, el Apóstol no se está preguntando si hay uno o varios mediadores. San Pablo enfatiza que Aquél de quien escribe ha sido constituido mediador para todos.

Esta ha sido la exégesis de los Padres, que no han vacilado dar a María el título de medianera. ¿Qué ha entendido la tradición patrística cuando da este título a la Madre del Señor? Para los Padres, este título expresa la cooperación de María a la realización de la obra misma de la redención, sobre todo por el “sí” de la Anunciación.  Y lo piensan desde la perspectiva de la Nueva Eva, que dialoga con el Ángel, obedece a Dios y así nos trae al Salvador y con Él la salvación; esto en contraposición a la primera Eva, que dialogó con la serpiente, desobedeció a Dios y, con ello, nos trajo la muerte.

El Cardenal Mercier y la Iglesia belga solicitaron un nuevo dogma: el de la mediación universal de la Santísima Virgen, entendiendo la mediación como colaboración a la obra de la salvación por el consentimiento dado en la anunciación y por la compasión junto a la Cruz, que se interpretan a través de la categoría de mérito y como intervención en la dispensación de todas y cada una de las gracias.

En todo caso, se trata de una mediación subordinada, que no menoscaba ni le añade nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador (LG 62). Es decir, la mediación única del Redentor suscita una variada cooperación. La mediación intercesora de María, sin embargo, tiene un lugar propio con respecto a los santos.

Juan Pablo II ha dado aportaciones para comprender mejor la mediación intercesora de María, pues subraya que la mediación de María es universal, no por ser propia de Ella, sino por ser subordinada a la Mediación única de Cristo. De hecho, toda mediación subordinada, incluida la de los santos, es universal.

Pero el adjetivo que mejor expresa la mediación intercesora de María es el de “materna”, pues su mediación está íntimamente ligada a su maternidad: de su maternidad divina y de su maternidad en el orden de la gracia. Su mediación no se agota en su actividad intercesora, sino en su cooperación durante su vida terrena, que se inaugura en la Anunciación y se prolonga ante la Cruz. María es la Nueva Eva, la Madre de los vivientes.

Desde la época patrística se vio la Asunción de María como un presupuesto necesario para que María llegara a ser medianera de todos los hombres., pues la asunción significa una presencia nueva y más cercana a los hombres sobre la tierra.

La maternidad de María perdura incesantemente en la Iglesia como mediación intercesora. La Iglesia expresa su fe en esta verdad invocando a María con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora (RM 40, LG 62).

Se debe, pues, insistir en el carácter materno de la mediación de María, colocándolo en conexión con las verdades más fundamentales de la fe de la Iglesia sobre María, subrayando que María es la Madre del Redentor, pero también de todos los vivientes.

 

 

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