En la Santa Misa todos con la Biblia en la mano

La Biblia al alcance de todos

La Constitución dogmática sobre la divina revelación, popularmente conocida como Dei Verbum, señala que los fieles católicos “han de tener fácil acceso a la Sagrada Escritura” (DV 22). Sin embargo este ideal, propuesto por los Padres conciliares, está lejos de hacerse realidad. En efecto, se ha hecho poco para que la Sagrada Escritura esté al alcance de todos los católicos.

¿Cómo lograr que la Biblia pueda ser un libro familiar para cada católico? De una manera muy sencilla. Primero hay que favorecer que cada católico tenga su propia Biblia y que su lectura se haga imprescindible. No se trata nada más que el católico la compre para guardarla en algún rincón de su casa. Se trata de lograr que la Biblia sea el libro de cabecera de todo católico, que nutrirá de savia evangélica su espiritualidad y, por tanto,  todos los aspectos de su vida.

Por eso es importante empezar a darle a la Biblia, de una vez por todas, el lugar que le corresponde en la vida de la Iglesia y de cada católico.

He aquí algunas iniciativas prácticas.

 

Promover que los fieles católicos vayan a Misa

con la Biblia en la mano

Los Apóstoles de la Palabra proponemos que las lecturas de la Santa Misa, especialmente de la Misa Dominical, se hagan desde la Biblia, no desde el leccionario o el misal anual o mensual.

O, por lo menos, que la homilía esté centrada completamente en la Biblia. Así, el sacerdote indicará qué versículo está comentando, para que todos puedan ir siguiendo la reflexión y las aplicaciones a las situaciones actuales, puesto que se promoverá que todos los católicos acudan a Misa con su Biblia en la mano.

Para que los católicos sepan de antemano qué lecturas corresponden, sería conveniente colocar alguna pizarra para anotar las citas bíblicas de cada lectura y del salmo responsorial.

 

La Biblia en la procesión de entrada

Para que el católico note de una manera visual e impactante que la Biblia es el libro fundamental de la Iglesia, es recomendable que, en la procesión de entrada que se hace al inicio de la Misa, se lleve en alto el libro de la Biblia. Que no se lleve el Evangeliario, ni el Leccionario, ni ningún otro subsidio. De preferencia debe llevarse la Biblia más común en la parroquia, la que lleve la mayoría de los asistentes.

Lo importante es que el católico vea con sus propios ojos que la Biblia que se lleva en procesión es la misma, o muy parecida, a la que él lleva en sus manos. De esta misma Biblia puede hacerse la proclamación de cada una de las lecturas. Esto servirá para que el católico asimile visualmente la importancia de la Sagrada Escritura. En realidad el católico generalmente no tiene una conciencia clara de que en la Iglesia se lea la Biblia.

En efecto, muchos hermanos que anteriormente eran católicos y que ahora forman parte de algún grupo proselitista, dicen que en la Iglesia católica nunca se utiliza la Biblia, porque nunca lo percibieron visualmente.

Para que esto sea aún más visible, el sacerdote y quienes le ayudan en el altar, también deben llevar su propia Biblia. Cuando el sacerdote predique la homilía, debe tenerla en sus manos, indicando el versículo que comenta, leyendo algunos versículos en voz alta, explicándolos… es decir, utilizando ampliamente la Biblia.

 

Una revolución en la vida de la Iglesia

Los Apóstoles de la Palabra estamos convencidos que este pequeño, pero significativo cambio, puede revolucionar la vida de la Iglesia. En realidad, en las comunidades donde los Apóstoles de la Palabra estamos trabajando, lo estamos implementando con bastante éxito.

Los fieles católicos acuden a la Santa Misa, no sólo con la Biblia en la mano. Acuden también con alguna pequeña libreta y un lapicero para tomar apuntes, que seguramente le ayudarán a asimilar mejor el mensaje de la Escritura.

Hemos notado también que la aplicación de esta iniciativa mejora la predicación del sacerdote y potencia la comprensión del mensaje por parte de los fieles. Se logra también que la predicación sea más dinámica y eficaz, puesto que cada fiel católico va siguiendo atentamente la homilía, puesto que se hace un uso abundante de la Biblia.

 

Una iniciativa sumamente económica

Así, sin necesidad de implementar campañas muy costosas para la difusión de la Biblia, podremos hacer posible que la Sagrada Escritura esté al alcance de todos. Como pueden notar, no se necesitan grandes gastos para hacer realidad el sueño de los Padres conciliares. Sólo se requiere que cada sacerdote y cada obispo tengan en cuenta la importancia de esta iniciativa y la promueva en la parroquia o la diócesis a su cargo.

 

Cursos bíblicos antes o después de la Misa

Si queremos ir más lejos en esta iniciativa, podría impartirse un breve curso bíblico unos 10 o 15 minutos antes o después de la Santa Misa. Puede utilizarse nuestro folleto “Curso Bíblico para Niños”, un práctico folleto que consta de catorce lecciones y sumamente accesible por el estilo y el precio (cuesta apenas unos $7.00 [pesos mexicanos]).

Algo que se debe tener en cuenta es que aún no es el momento de hablar a la gente de inerrancia, canonicidad y tantos otros temas que es conveniente tratar después para los que se interesen en profundizar más el dato bíblico. Se trata, más bien, de que el católico se aproxime a la Biblia para tener una idea general de la Historia de la Salvación. Después, hay que aplicar este principio: “el que tenga más saliva, que coma más pinole”

Para los que deseen profundizar más otros aspectos relacionados con la Biblia, se pueden organizar cursos en el horario y los días más convenientes. En este sentido, los Apóstoles de la Palabra tenemos material didáctico apropiado.

A sus órdenes

Amigo sacerdote: ¿te gustaría empezar esta iniciativa en tu parroquia? Los Apóstoles de la Palabra podemos asesorarte en esta noble tarea. Comunícate  con nosotros. Estamos a tu disposición.

Amigos celebradores de la Palabra y agentes de pastoral, ¿te gustaría que esta idea se implementara en tu parroquia o diócesis? Anímate a hablar con las personas indicadas.

Acuérdate: tú puedes contribuir a que todo católico tenga “fácil acceso a la Sagrada Escritura” (DV 22). Ayúdanos a hacer realidad este sueño. Únete a nuestra revolución.

Síntesis de la Piedad Popular en el Documento de Aparecida

Síntesis de la Piedad Popular en el Documento de Aparecida

El Documento de Aparecida, en los números 258 al 265 nos presenta lo relacionado a la piedad popular. Se trata de ricas aportaciones para comprender la riqueza de la religiosidad popular, a la que se nos presenta como el precioso tesoro de la Iglesia en América Latina, un tesoro que se tiene que promover y proteger en tanto que es expresión de la fe católica y un catolicismo profundamente inculturado. El DA nos señala las expresiones de la piedad popular, que constituyen verdaderas profesiones de fe, entre las que destaca la veneración a Cristo Crucificado, María, las imágenes y las peregrinaciones.

A través de ella se vive la experiencia de un misterio que nos supera. No se trata de una espiritualidad de masas; es una espiritualidad comunitaria, con amplios espacios a la vivencia personal, en tanto que nos posibilita la vivencia de la fe y la integración de lo .

Debemos valorar la piedad popular positivamente, puesto que ha sido sembrada por el Espíritu Santo, por lo que constituye un importante punto de partida para llevar la fe de nuestro pueblo a la madurez a la que ha sido llamado. Además, la piedad popular tiene una fecundidad sorprendente, que facilita la actividad misionera y nos hace tener presente la primacía de la acción del Espíritu Santo y que Dios siempre es el que toma la iniciativa de llamar a los hombres y, por tanto, la primacía de la Gracia.

¿Cómo enriquecerla? Indudablemente, nutriéndola de la savia evangélica, de la fuerza de la Palabra de Dios, de tal manera que también se llegue a la recepción de los Sacramentos, especialmente los Domingos y a la vivencia de la caridad.

DESFILE DE ESCENAS BÍBLICAS

La Sagrada Escritura contiene una enorme riqueza, que en gran parte es desconocida por el pueblo católico. Estamos muy lejos de vivir según el deseo de los Padres conciliares, que deseaban “que todos los fieles tengan un fácil acceso a la Escritura” (DV 22).

Pues bien, para despertar el interés en el pueblo católico por conocer la Biblia, es necesario utilizar todos los medios que tenemos a nuestro alcance. ¿Cómo lograr que nuestro pueblo se entusiasme por las Sagradas Escrituras, de modo tal que inicie la gran aventura de estudiarla? Entre otras iniciativas, podemos lograrlo organizando desfiles de escenas bíblicas.

¿En qué consisten? Se trata de hacer un desfile en el que se vayan representando las escenas más significativas de la Historia de la Salvación, las parábolas, los milagros y los momentos importantes en la vida de Jesús y de la Iglesia primitiva, tal como la presentan los Hechos de los Apóstoles y las Cartas paulinas y católicas.

¿Quiénes pueden intervenir? Todos aquellos que hayan hecho un curso bíblico y deseen compartir lo que han aprendido con las demás personas de la comunidad.

Pueden ser los niños que asisten a la catequesis presacramental o a la catequesis de perseverancia, los catequistas, los integrantes del grupo juvenil, los jóvenes y adultos que participan en algún círculo bíblico o en un grupo de estudio de la Biblia, los miembros de algún movimiento laical, los seminaristas, las religiosas… En fin, personas que estén enamoradas de la Biblia y deseen enamorar a otros de la Palabra de Dios.

¿Cómo se procede? Primero viene la formación de los equipos y la selección de las escenas bíblicas que se representarán y su consiguiente preparación. Conviene tomar en cuenta el vestuario apropiado a la escena que se representará.

Para el desfile, se planeará la ruta que debe recorrerse. Los actores van desfilando por equipos y en los lugares señalados representarán la escena bíblica correspondiente. En un letrero visible se señalará la cita bíblica y la escena que se está representando, ejemplo: “Jn 2,1-11. Las Bodas de Caná”.

Evidentemente, hay que hacer la difusión del desfile, de manera tal que haya el mayor número de espectadores, avisando oportunamente que todos los que la tengan, traigan el propio ejemplar de la Biblia.

Al finalizar la representación de la escena bíblica, es oportuno reflexionar el pasaje bíblico. ¿Cómo hacerlo? He aquí algunas sugerencias:

a)      Una breve reflexión de alguien que la ha preparado oportunamente, utilizando la Biblia.

b)      Pasan al frente los actores y cada uno comparte su experiencia.

c)      Pasan al frente los artistas. El público les hace preguntas, sea sobre sus palabras, sus actitudes o sentimientos.

¿Cuándo puede realizarse? En la fecha que se considere más oportuna: con ocasión de la fiesta patronal, cada 2 o 3 meses con los niños que asisten a la catequesis presacramental, al finalizar la catequesis, durante el mes de Mayo, con ocasión del rezo del Santo Rosario; durante la realización de una misión popular, en el Mes de la Biblia (septiembre), etc.

Reflexiones a propósito del Documento Conclusivo no oficial de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe

Reflexiones a propósito del Documento Conclusivo no oficial de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe

 

P. Amatulli: Sé que recibió hace unos días, por correo electrónico, la versión no oficial del Documento Conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Pues bien, ¿cuáles son sus impresiones?

Quisiera iniciar señalando los aspectos positivos. El tema de la V Conferencia es sumamente significativo. Con esta Conferencia, la Iglesia católica aterriza en lo que es lo propio de la Iglesia. Divaga poco en aspectos marginales. Aterriza en lo propio, en lo específico de la Iglesia, que consiste, precisamente, en formar discípulos y misioneros de Cristo, para que en Él todos puedan tener vida. Esto es lo específico de la Iglesia. Para eso existe la Iglesia. Yo creo que, después de tantos titubeos y coqueteos, con esta Conferencia Episcopal se baja a lo concreto. Esto lo veo como un aspecto positivo, fundamental.

Otro aspecto positivo: noto la riqueza del documento, que abarca muchos aspectos. Sin embargo, e inicio aquí con los aspectos negativos, esta riqueza de contenidos no tiene un hilo conductor muy claro. Se ponen muchos conceptos, muchas ideas, yuxtapuestas, pero les falta una idea conductora, que parte de una conversión a Cristo y crea estructuras para llevar adelante este proceso.

Por otra parte, el estilo del documento no es operativo, es eminentemente teórico, exhortativo, como son en general los documentos de la Iglesia.

Otro aspecto negativo que yo noto, no sólo en este documento, sino en todos los documentos que vienen desde el Concilio, es que se dicen cosas, se señalan ciertas deficiencias, pero sin buscar las causas profundas. Se nota mucha capacidad de parte de la Iglesia para hacer análisis de la sociedad, del mundo, de los demás. Miran hacia la sociedad con una lupa para ver realmente cómo está, señalando prevalentemente los aspectos negativos. Pero al mismo no se examina a fondo la realidad eclesial. Se habla de marginación y de abandono, a nivel social, político y económico. ¿Por qué no se hace lo mismo a nivel de Iglesia?

Cuando se habla de la Iglesia se presentan aspectos negativos de una forma marginal, pero sin señalar sus causas más profundas. Esencialmente aquí está el problema. Se tocan estos aspectos como de pasada, sin profundización.

 

 

 

Según su opinión, ¿cuál es la razón fundamental de la marginación a nivel eclesial en que viven las masas católicas?

Se debe a que las estructuras pastorales de la Iglesia son de la Edad Media, una sociedad que ya no existe. En la Edad Media había un connubio muy estrecho entre la Iglesia y el Estado. En esta situación, la fe se respiraba por todos los poros. Había muchísimos sacerdotes: por cada 70-100 habitantes había por lo menos un sacerdote. En algunas partes de Europa, hasta hace unos 50 años, por cada 500 habitantes había un sacerdote. En este tipo de sociedad, era fácil que se bautizara a todos, que se casara a todos por la Iglesia, sin una preparación específica para cada sacramento, porque se vivía la fe, se respiraba la fe, se sentía la fe; no se necesitaba algo especial.

Pero ahora nos encontramos en una sociedad plural. En America Latina, por todos los problemas que se han suscitado desde la Independencia (expulsión de los misioneros españoles, largos periodos sin obispos…) la fe ha decaído muchísimo. La situación en que nos encontramos ahora es diferente a la situación en que se encontraba la Iglesia católica hace 200 años. Pero ¿qué pasa? Que ahora en América Latina se quiere seguir como antes: bautizar a todos, casar a todos por la Iglesia, cuando todo el contexto latinoamericano es un contexto contra la religión, contra la fe y la actitud contra España ha creado una mentalidad anticatólica a nivel general.

Lo que antes era un asunto de élite, ahora es de masas. A esto se añada la presencia de los grupos proselitistas, que van de casa en casa, uno por uno. Hoy, la sociedad latinoamericana está sumergida en un anticatolicismo muy generalizado. Toda la cultura es anticatólica o arreligiosa. En este contexto, hay que señalar que el alma del pueblo latinoamericano no es un alma plenamente católica, como se quiere dar a entender en el Documento. Hay que distinguir entre alma religiosa y alma católica. El catolicismo tiene contenidos bien precisos: Un solo Dios, la santísima Trinidad, la encarnación del Verbo, la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, el papel de María, la vida nueva… Mientras aquí, en América Latina, hay una enorme confusión, donde se toman elementos del catolicismo, pero se viven en otro contexto, en otra mentalidad. En esta situación se quiere seguir bautizando a todos, casando a todos por la Iglesia, etc.

El Documento presenta frases bonitas. Habla bonito de la Eucaristía. Pero no toma en cuenta que no hay un número suficiente de sacerdotes, que hay muchas comunidades que no tienen sacerdote y no se sabe cuándo podrán tenerlo. Cierto, de vez en cuando se les lleva la Eucaristía. Ahora bien, no se trata de distribuir la comunión, sino de celebrar la Eucaristía. Así que aquí hay un problema teológico fundamental: el papel de la Eucaristía en la vida de la comunidad cristiana y del presbítero en orden a la celebración de la Eucaristía, la formación de la comunidad y el pastoreo.

No podemos hacer depender el futuro de la Iglesia del número de los presbíteros. En otras palabras, no puede haber verdadera comunidad cristiana, si no hay un presbítero que celebre los sacramentos y la cuide. Donde hay una comunidad cristiana y, por lo tanto, se administran los sacramentos, tiene que haber un ministro ordenado. De otra manera no hay comunidad. Entre más comunidades cristianas hay, más presbíteros tiene que haber, pase lo que pase. Administrar los sacramentos, sin garantizar el crecimiento en la fe, me parece un absurdo. Es una forma de paternidad irresponsable.

De otra manera estamos protestantizando el continente latinoamericano, al dejar las comunidades bajo la responsabilidad de puros laicos, que manejan la Biblia y hacen lo que pueden.

Para mí esto es lo negativo fundamental: No haber tenido el valor, de parte de la jerarquía latinoamericana, de hacer un análisis serio de la realidad eclesial, para ver como ir solucionando este problema, poniéndose en otra perspectiva, no tratando de revivir aquí la Edad Media, sino inspirándose en la Iglesia primitiva, no solamente en las primeras comunidades, sino en todo el proceso de evangelización, de implantación del Evangelio, suscitando los ministerios y las estructuras necesarios. Si no logramos hoy actuar con la libertad de san Pablo, no podremos crear un auténtico catolicismo.

¿Dónde está la fuerza de los grupos proselitistas? En inspirarse en los Hechos de los Apóstoles, en la Iglesia primitiva, actuar con libertad y crear estructuras adecuadas para implantar la fe en este continente.

El mismo estilo tenemos que tomar nosotros: inspirarnos en la Iglesia primitiva y dejar a un lado el lenguaje filosófico-teológico de la Edad Media, un lenguaje y unas estructuras que no podemos revivir; estamos en otro contexto. Son lenguajes y estructuras propios de una época ya superada. No podemos evangelizar inspirándonos en esta época. Tenemos que mirar directamente a la Iglesia primitiva, que nos presenta el Nuevo Testamento, y a partir de ahí, recrear el lenguaje y recrear todo el sistema de evangelización.

 

Padre Amatulli, en el no. 11, el Documento señala que la Evangelización “no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos”. ¿Es posible evangelizar sin estructuras adecuadas?

No. Precisamente yo noto también en este aspecto cierta manera superficial, demagógica de tratar el asunto. Los hombres de gran capacidad, de gran iniciativa, sirven al empezar, como empezaron la evangelización en el Continente, pero la marcha de todo esto depende de las estructuras, para que los que vienen después puedan llevar adelante estos proyectos. Pero si toda esta acción se tiene que encasillar en las estructuras actuales, no funciona. Necesitamos estructuras nuevas. El Documento que nos ocupa habla un poco en este sentido, pero sólo lo enuncia, sin sugerir iniciativas concretas al respecto.

 

 

 

 

El Documento presenta una imagen muy positiva de la Iglesia, con aspectos negativos poco definidos. Me llamó la atención lo que se dice acerca de la piedad popular, considerada un espacio de encuentro con Cristo, una manera legítima de vivir la fe y de pertenecer a la Iglesia y como la expresión de un catolicismo inculturado. ¿Es así de positiva la piedad popular?

Yo no estoy de acuerdo con esta visión: considerar a la piedad popular casi como un camino paralelo. Aquí vemos la diferencia de criterio en el análisis de la realidad: cuando se trata de la sociedad civil, se fustiga el abandono y la marginación, en que viven las masas excluidas. Cuando se habla en la Iglesia, no se dice lo mismo. Sencillamente se habla de religiosidad popular. Así que hay una comida para los de arriba, los que conocen, los que participan plenamente de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía; y los que viven sin Eucaristía, sin conocimiento de la Palabra de Dios, pero que tienen grandes valores y recorren un camino de salvación a su manera.

Usemos el mismo criterio: si hablamos de marginación en el aspecto social y económico, hablemos el mismo lenguaje a nivel de Iglesia: los que están en la religiosidad popular son católicos marginados, abandonados, empobrecidos. La piedad popular es una mezcla, un auténtico sincretismo. Se necesita considerar la religiosidad, no como un camino de salvación a secas, sino como un camino truncado. La Iglesia tiene la obligación de anunciar el Evangelio a todos: este es el principio fundamental. Anunciar el Evangelio a los de otra religión: a los judíos, a los budistas, a los musulmanes, a todos. Así hicieron los Apóstoles, que evangelizaron a los judíos, a los griegos, a los romanos… todos tenían su religión y de todos modos los Apóstoles les anunciaron el Evangelio. Sin embargo, antes que nada, la Iglesia tiene la obligación de anunciar el Evangelio a los católicos alejados, que se encuentran en una religiosidad popular, que no presenta el auténtico catolicismo. Estos hermanos no pueden quedarse con las migajas de la fe. Nosotros tenemos la obligación de llevar a la plenitud este proceso que se encuentra ya en la piedad popular.

Así que este análisis que presenta el Documento conclusivo manifiesta una visión maquillada de la realidad eclesial; no se hace un análisis serio.

 

Padre Amatulli, usted señaló como algo positivo la intuición de esta V Conferencia, que habla de formar discípulos y misioneros de Cristo. ¿Es posible lograrlo sin tener en cuenta el problema del proselitismo religioso, que aqueja de manera alarmante a las comunidades católicas de América Latina?

Aquí está uno de los aspectos negativos que se nota desde los documentos conciliares, especialmente en Unitatis redintegratio, hasta la encíclica Ut unum sint de Juan Pablo II y también en aquella entrevista hecha a Juan Pablo II, titulada Cruzando el umbral de la Esperanza. Pero también en todos los documentos oficiales a nivel de la Santa Sede y a nivel regional. Aquí, en América Latina, en el Documento de Santo Domingo se habló más de las sectas, más explícitamente, pero no se le hizo caso. ¿Por qué? Porque la visión de los documentos oficiales y el papel de Juan Pablo II a nivel mundial, prevalecieron. Así que ahora hay un miedo, un pudor a tomar conciencia de la realidad. Yo noto que los Obispos que se reunieron en Aparecida, o no conocen la realidad, o la quieren maquillar. Pero, acuérdense bien: la realidad se impone. El estilo incisivo que tenemos a la hora de hacer análisis de la sociedad tenemos que emplearlo a nivel eclesial.

 

Según su opinión, ¿cuál es origen de esta actitud que prevalece en nuestros pastores?

Tengo la impresión de que la Iglesia quiere presentarse segura ante la opinión pública. Por eso los Obispos hablan de diálogo interreligioso, de ecumenismo, de situaciones que aquí no tenemos, para poder ser alabados cuando los de Europa y otros continentes lean este documento, que no tiene en cuenta la realidad de aquí. La realidad de América Latina es que el pueblo católico se siente acosado por los grupos proselitistas, que lo cuestionan de casa en casa, uno por uno, en el trabajo, en la calle… Y muchísimos, metidos en la religiosidad popular y los que han frecuentado nuestro sistema de evangelización y catequesis actual, al no tener bases firmes y una respuesta específica a los cuestionamientos, han dejado la Iglesia.

Así que, hoy en día, no es posible ningún tipo de evangelización dentro de la Iglesia sin tener en cuenta la realidad. Y, ¿cuál es la realidad? Que en América Latina hay grupos proselitistas que cuestionan sistemáticamente a los católicos. Hay que conocer a los grupos proselitistas y sus cuestionamientos, para que el católico se sienta seguro y pueda responder a las objeciones que se le presentan.

En conclusión, cada católico tiene que saber que la Iglesia católica es la Iglesia que fundó Cristo, donde está la plenitud del Evangelio y la plenitud de los medios de salvación, donde están los pastores que cuentan con los poderes que Cristo entregó a Pedro y los Apóstoles. Esta es la Iglesia católica. Habrá defectos, habrá problemas, pero la Iglesia católica es la Iglesia que fundó Cristo.

Todos los demás grupos tienen valores, pero son grupos particulares, donde no está la plenitud del Evangelio y sus pastores no cuentan con esos poderes que se transmiten dentro de la Iglesia. Hay que ser realistas. Y, ¿qué sucede actualmente? Que para no ofender, dejamos al pueblo católico en la ignorancia y después, claro, muchos se salen de la Iglesia.

En el pueblo católico hay mucha inseguridad, hasta en los católicos más preparados. No podemos formar debidamente al pueblo católico sin el conocimiento de la propia identidad.

 

 

 

Padre Amatulli, otro aspecto significativo es una idea que aparece en varios lugares del Documento. Me refiero a la siguiente expresión: «Recomenzar todo desde Cristo». ¿Qué le parece esta perspectiva?

Bien, recomenzar todo desde Cristo en el sentido de considerar a Cristo como centro de la vida cristiana. Correcto. Pero no basta hacer retiros, cursos y centrar en Cristo la salvación si no sigue a esto una estructura que dé seguimiento a todo este proceso. Mientras ahora se sacramentaliza sin tanta preparación, mañana podemos tener gente que conoce a Cristo, que se entrega a Cristo, pero con mucho parecido a los grupos proselitistas. La Iglesia debe tener estructuras que le permitan a todos los católicos participar seriamente de los sacramentos. Me parece, pues, una visión incompleta, fragmentaria y una expresión poética, más que un criterio de acción realista, por la manera en que se presenta.

 

En el Documento se habla también de que ha aumentado el número de diáconos permanentes, de que se avanzó en uno y otro sentido, pero faltan estadísticas. ¿Cuenta la Iglesia Católica con estos elementos de las ciencias sociales?

Precisamente un documento serio, un estilo nuevo que tiene que surgir en la Iglesia Católica es el que tenga como base la búsqueda de la verdad. Dijo Jesús “La verdad los hará libres” (Jn 8, 32). Pero ¿cuál verdad? En la Iglesia católica se ha manejado mucho la verdad teológica, filosófica…

Cuando hablamos de verdad, tenemos que hablar también de estadísticas, de números, de datos precisos, de situaciones reales. Y en este Documento no se manejan estadísticas. Su estilo es exhortativo; ciertamente no es triunfalista, pero no es realista. Tengo la impresión de que aquí hay manipulación, de que no se dice toda la verdad. ¿Cuál es la verdad? Hablando del diaconado permanente, hay que señalar que el Concilio lo estableció para América Latina y para África, donde se necesitan muchos ministros preparados, pero es en estos Continentes donde ha habido menos diáconos. ¿Por qué? Porque el clero se resiste. Actualmente el clero en América Latina es un factor de resistencia. Son los movimientos laicales los que están abriendo caminos nuevos y perciben los problemas reales de la Iglesia y buscan la manera de afrontarlos.

Hay que señalar también que las mismas comunidades eclesiales de base (CEB’s) son, en el fondo, una creación del clero; siguen la dinámica del clero, entendido como el sacerdote, considerado el centro de todo. De manera que, este tipo de comunidades, no tiene libertad ni capacidad de crear, de inventar. Están hechas a imagen y semejanza de los sacerdotes. Así que no tienen grandes posibilidades.

En esta línea, si no se ha desarrollado el diaconado permanente, es porque el clero no quiere competencia. Puesto que la economía está ligada a los sacramentos, el clero quiere acaparar la celebración de los sacramentos. No quiere competencia en este ámbito y por eso no promueve suficientemente el diaconado permanente.

Si queremos hacer las cosas en serio, yo diría que por cada sacerdote, por cada párroco, debe haber 10-15 diáconos permanentes. Al frente de cada pueblo de 2000-3000 habitantes debe haber un diácono permanente. Al frente de cada actividad parroquial (los jóvenes, los enfermos, la catequesis…) debe estar un diácono permanente.

¿Y pueden vivir? Este es el problema. ¿Puede obtenerse el dinero para que vivan honestamente, junto con su familia? Claro que puede obtenerse. Si los grupos proselitistas, por cada 50-60 feligreses tienen un ministro a tiempo completo, que vive de su ministerio, ¿por qué nosotros no vamos a lograrlo? Que cada diácono permanente, con sus catequistas y colaboradores, tenga a su cargo 1000 habitantes. Hoy, en la Iglesia católica, necesitamos más personal capacitado y estructuras adecuadas al interior de la parroquia. De otra manera el pueblo católico seguirá abandonado, con la recepción esporádica de los sacramentos, con motivo de la fiesta patronal o algún otro momento especial. Y el catolicismo seguirá en decadencia.

 

A propósito del aspecto económico, escuché en estos días que uno de los más grandes santuarios marianos de América Latina está por remodelarse. Hay millones de pesos destinados para este proyecto. ¿Hay recursos semejantes para el anuncio del Evangelio?

Aquí está un gran problema: aprovecharse de la religiosidad popular, de los santuarios marianos, para obtener dinero. Y ese dinero no se invierte en la evangelización ni en un esfuerzo por elevar el nivel cultural y religioso y la práctica cristiana de las masas populares. Sencillamente se les abandona a la religiosidad popular. Se saca dinero de allí (muchas misas de difuntos, de quince años, de presentación, bendiciones al por mayor de los más variados objetos), pero no se da. No se invierte, por ejemplo, en la formación de agentes de pastoral ni se invierte propiamente en la evangelización. Aquí está un gran problema, que no se resuelve en pocos días. Así que ésta es la problemática: se está sacando dinero de la religiosidad popular, pero no se está invirtiendo en ella.

 

Padre Amatulli, según su opinión, ¿Cómo tendrían que ser los documentos eclesiales, fruto de un magno acontecimiento como el que acaba de vivir la Iglesia latinoamericana?

Para mí, más que documentos tan largos, donde se diluyen las ideas. Se presenta pero no se da el valor correcto a las ideas, donde se pueden manipular las ideas, habría que hacer documentos más breves con algunos principios, donde se ven problemas como el diaconado permanente, la piedad popular… pero con frases breves, de donde se tome el sentido auténtico. No confundir todo con tantas palabras. Algo sencillo, con criterios de acción breves, que después, en cada lugar se trataría de poner en práctica. Fácilmente uno se acuerda de ellos y se puede reflexionar con facilidad para llegar a una toma de decisiones.

 

 

Leyendo los distintos servicios noticiosos eclesiales, las distintas intervenciones de los Señores Obispos, tanto en sus ponencias como en las ruedas de prensa, se notaba un énfasis especial en la problemática del proselitismo y en el éxodo masivo de católico a otras propuestas religiosas. Pues bien, ¿por qué no se refleja, proporcionalmente, esta preocupación en el Documento Conclusivo?

Por un estilo clásico de la Iglesia católica: (antes era un estilo triunfalista, ahora ya no es triunfalista) manifestar seguridad donde no hay seguridad. Una cosa es la seguridad doctrinal, y por eso se refugian en reflexiones de tipo doctrinal, teórico, pero no en aspectos prácticos. Si se hiciera un análisis serio de la realidad eclesial, con estadísticas, con encuestas entre el pueblo se manifestaría la inseguridad y la impotencia del pueblo católico en general, y de los mismos evangelizadores, ante el fenómeno de los grupos proselitistas. Para no manifestar inseguridad, no se presenta el problema de las sectas en sus justas dimensiones.

Se espera que aquellos que lean el documento, en otros continentes, tengan la impresión de que América Latina sigue siendo el Continente de la Esperanza. Por eso tratan, en el Documento, la problemática del proselitismo religioso de forma marginal y superficial. Yo lo había señalado desde hace tiempo: “Cuidado. Si no nos movemos, el Continente de la Esperanza puede convertirse en el Continente de la Pesadilla”. Según mi opinión ya estamos en el Continente de la pesadilla. Pero no se tiene el valor de decirlo, no se tiene el valor de pedir ayuda. Necesitamos libertad para crear un catolicismo al estilo de la Iglesia primitiva. No se dice nada. Se quiere dar la impresión de que todo va bien, por eso difícil que logremos arrancar con una evangelización auténtica.

 

Padre Amatulli, en el Documento conclusivo se habla de América Latina, no sólo como el Continente de la Esperanza sino, también, como el Continente del Amor. ¿Por qué esta manía de nuestros pastores de utilizar frases impactantes, pero que no reflejan la realidad?

Es un estilo publicitario. Se buscan frases bonitas, impactantes: remar mar adentro, el continente de la esperanza, construir la civilización de la amor, globalizar la solidaridad, etc. Si estas frases no tienen un contexto real, desvían, confunden, enredan. La evangelización no se puede enfrentar sólo a través de la invención de frases bonitas e impactantes.

Según mi opinión, esta situación se debe a un alejamiento fundamental de las Escrituras. Si nosotros no buscamos la inspiración en las Escrituras y no empezamos a ser realistas en los análisis de la realidad y eclesial y en la planeación pastoral, haremos sólo bonitos documentos, con frases llamativas e impactantes, pero sin frutos palpables.

Como en campo social no se quiere enfrentar seriamente el problema del narcotráfico y el problema de la pobreza, en la Iglesia no se quiere enfrentar con seriedad el problema de la Evangelización, porque implica poner todas las cartas sobre la mesa. Si se partiera de un análisis serio de la realidad eclesial, los instalados tendrían que renunciar a muchos privilegios.

Por eso el clero manifiesta su creatividad inventando frases impactantes y redactando bellos documentos. Hay que decirlo con todas sus letras: para el pueblo católico, que conoce la realidad, estas frases bonitas no dicen nada. De hecho, el pueblo se siente abandonado y marginado; no encuentra en la jerarquía el apoyo que necesita. Evidentemente, la culpa no es de la jerarquía, sino de las estructuras eclesiales que ya no funcionan. Por eso no se quiere iniciar un análisis de la realidad eclesial, que lleve a la creación de estructuras adecuadas, para iniciar una evangelización auténtica.

 

Padre Amatulli, una de las grandes preocupaciones de la Iglesia católica es la de la globalización y sus consecuencias. ¿Cuál es su opinión sobre este tema y cuáles son sus secuelas en el ámbito eclesial?

Con relación al tema de la globalización, sin duda hay aspectos positivos y aspectos negativos. Lo que a mí me extraña, en el ámbito eclesial, es que se subrayan los efectos negativos de la globalización a nivel social, mientras que a nivel de Iglesia no se mencionan las consecuencias negativas de este fenómeno al interior de la Iglesia católica.

Según mi opinión, una de las causas del deterioro de la pastoral en America Latina ha sido la aplicación de ciertos principios, de ciertas prioridades necesarias en otras partes. Es el caso del diálogo ecuménico, algo lógico y natural en Europa y en algunas regiones de los Estados Unidos y Asia, donde existe el fenómeno generalizado de las Iglesias históricas. O el diálogo interreligioso en los continentes donde hay las grandes religiones mundiales. Pero en América Latina, que es un continente casi todo católico y al mismo tiempo atacado por los más variados grupos proselitistas, se quiere utilizar la misma receta del diálogo ecuménico y del diálogo interreligioso.

Es como decir: que primero los católicos se salgan, que pertenezcan a otros grupos y luego empezamos a trabajar. No se hizo ninguna acción de prevención, de preservación de la fe, de ver cómo vivir y transmitir la fe en estas circunstancias, de cómo dar seguridad al pueblo católico. Y ¿por qué se llegó a esta situación? Porque se vio como anticuada la palabra “apologética” y la expresión “defensa de la fe”. El hecho es que muchos católicos están abandonando la Iglesia bajo el acoso sistemático de los grupos proselitistas.

Pues bien, en este contexto, se impone un método adecuado para dar seguridad al católico. Ahora se habla de seguridad en el campo económico, político y social. La seguridad es un objetivo fundamental para muchas instituciones. Pero cuando hablamos de seguridad no se entiende en el sentido de atacar a los demás, de eliminar a los demás. Seguridad en el sentido de fortalecer al católico para que no caiga ante el acoso de los grupos proselitistas. Y esto no se ha hecho. Se ha abandonado al pueblo católico. En los seminarios no se enseña apologética; en las casa de formación para religiosas, no se enseña apologética; en los centros catequísticos para laicos no se enseña apologética… Prácticamente, a todos los niveles, el pueblo católico está desprotegido.

Si uno se acerca a su párroco, a una religiosa, a un catequista para pedirle alguna explicación acerca de los ataques y de las ideas que andan difundiendo los grupos proselitistas, no encuentra respuesta: no están preparados. Y ¿por qué? Porque se considera que la apologética ha pasado de moda. Bueno, habrá pasado de moda en otros lados, pero no en América Latina. De hecho, es la primera vez en la historia de América Latina en que nos enfrentamos a este problema.

Este es sólo uno de los efectos de la globalización dentro de la Iglesia, que ha causado un daño enorme al pueblo católico.

 

Padre Amatulli, ¿qué características podría tener un estatuto jurídico para los ministros no ordenados?

Yo considero que es indispensable. Prácticamente la catequesis, el pastoreo de las pequeñas comunidades, que a veces implica la atención pastoral a pueblos enteros de más de cinco mil habitantes, está en manos de los laicos. A estos encargados se les denomina de los más variados modos: delegados de la Palabra, encargados de la vida cristiana, catequistas, etc.

Una cosa es cierta: actualmente, la mayor parte de las comunidades católicas está dirigida por laicos. Pues bien, estos laicos necesitan preparación, seguridad en su cargo, emolumentos para prepararse y para ejercer su actividad evangelizadora, de manera que el laico pueda meterse en esto con seriedad. Es necesario un estatuto para ellos, según el cargo que tengan (lector, acólito, delegado de la palabra, etc.), en que se especifique oficialmente lo relativo a la elección, la formación, la duración en el cargo, de manera tal que pudiera desarrollarse, a nivel de los agentes de pastoral, un cierto tipo de carrera, que les permitan adquirir experiencia y responsabilidad cada vez mayor, hasta poder llegar al diaconado permanente. Como un proceso de capacitación y de responsabilidades.

Al mismo tiempo, los mismos aspirantes al sacerdocio, los seminaristas, tendrían que tener algo parecido. Se necesita absolutamente que un seminarista haya sido catequista, dirigente de grupos, de otros catequistas, para poder entender mejor toda la problemática. Que no se llegue a ser sacerdote, a ser pastor de una parroquia, con grandes responsabilidades, pero sin conocer realmente todo el sistema, sin haber tenido experiencia práctica, solamente con títulos, porque ha estudiado. Se trata de pastoreo, no de un acto meramente académico.

 

Padre Amatulli, gracias por concederme esta entrevista, que sin duda nos ayudará a todos a mirar con mejores perspectivas la realidad eclesial. Hasta pronto.

 

 

 

Un ejercicio de corresponsabilidad

Como pudiste notar, este es el punto de vista del P. Amatulli, un misionero que trabaja en las fronteras de la Iglesia y que pone al descubierto un error de perspectiva en el proceso de la V Conferencia y, por tanto, en el Documento conclusivo. Como un ejercicio de corresponsabilidad, lo enviaremos a la Santa Sede, a diversos organismos vaticanos, como la Pontificia Comisión para América Latina y a los presidentes de las Conferencias episcopales.

Tú también puedes hacer tus reflexiones y observaciones para enviarlas a Roma, para influir en el documento definitivo, pues el Documento Conclusivo que nos ocupa, está aún en etapa de revisión por parte de la Santa Sede. Sería importante que hicieras llegar tus impresiones a tu Obispo y a diversos dicasterios romanos, interesados en este tema.

Ordenación diaconal

México, D.F.; a 21 de enero de 2008,

Fiesta de Santa Inés, virgen y mártir.

 

Estimados hermanos y hermanas:

Quiero compartir con ustedes estos apuntes en el horizonte de mi reciente ordenación diaconal, el 28 de diciembre de 2007.

 

Los días previos a mi ordenación diaconal los viví en los Ejercicios Espirituales, que dirigió nuestro Padre Fundador, con la colaboración de los padres apóstoles de la Palabra, P. Octavio Díaz Villagrana, P. Martín Solórzano Solórzano, P. Ramiro Albíter Albíter, P. Clemente Adelfo Velázquez Agustín, y las Hermanas que integran el Consejo general del Instituto Misionero “Apóstoles de la Palabra”: Hna. Magdalena Gamboa Pacheco (Directora general), Hna. María del Pilar Benítez G. (primera consejera), Hna. Alejandrina Ponce Ortega (segunda consejera), Hna. Virginia Garibay Delgado (tercera consejera) y Hna. Silvia Ortega Ortega (cuarta consejera). Además, contamos con la siempre agradable presencia de la Hna. Julia Valencia Márquez, que compartió con nosotros un interesante tema.

Que Dios siga iluminando a cada uno de ellos, para que puedan conducirnos a la meta anhelada, por los caminos siempre nuevos de nuestra actividad apostólica.

 

Los Ejercicios Espirituales tuvieron ese ingrediente especial que ha sabido imprimirles nuestro Padre Fundador y que los Padres y las Hermanas han asimilado satisfactoriamente. Se trata de charlas sumamente interesantes y pertinentes, que cuestionan profundamente la propia vida y nos ayudan a confrontarnos con nosotros mismos, con nuestra realidad y con la realidad eclesial, en un diálogo constante con las hermanas y los hermanos. La Sagrada Escritura fue imprescindible en cada uno de los temas y los momentos para reflexionar en silencio y los instantes para compartir fueron un plus que nos ayudaron a vivir los Ejercicios, con ese dinamismo y esa riqueza que caracteriza a nuestro Padre Fundador.

Esta experiencia me permitió palpar la vitalidad y la riqueza que existen en la Familia Misionera “Apóstoles de la Palabra”, a la que indignamente pertenezco. Me impactaron especialmente los momentos en que muchos hermanos y hermanas compartían con nosotros sus ricas experiencias en la vida espiritual y apostólica, sus opiniones sobre los diversos temas tratados y lo que el Señor les sugería en sus momentos de oración personal y de reflexión particular y comunitaria.

Una cosa es cierta: la Palabra de Dios ha penetrado las mentes y los corazones de cada uno de los hermanos. Bien lo dice Jesús en el Evangelio: Ex abundantia cordis os loquitur, es decir, “De la abundancia del corazón habla la boca” (Lc 6, 45c). Me cuestionó profundamente este clima de apertura y de fraternidad, que a mí me cuesta notablemente.

 

Doy gracias al Señor porque me ha enriquecido ampliamente en los días previos a la Ordenación diaconal, de manera especial porque pude convivir con la flor y nata de la Fraternidad Misionera y el Instituto Misionero, de diversas culturas y con una rica variedad de experiencias espirituales y apostólicas.

 

El día miércoles 19 de diciembre visité, acompañado del Hno. Mayolo Cruz Hernández,  a Mons. Felipe Aguirre Franco, arzobispo de Acapulco, para ver algunas cuestiones relacionadas con la Ordenación, especialmente con el Celibato Eclesiástico. Como podrán imaginarse, el tema del celibato es un tema de primerísimo orden en la vida de la Iglesia, puesto que en el rito latino, al que pertenecemos en virtud de nuestro bautismo (cfr. CIC c. 1), los ministros están llamados a vivir el celibato.

De ahí el interés de los Señores Obispos en que los que hemos sido admitidos a la Ordenación diaconal tengamos la firme y recta intención de vivir el Celibato sacerdotal. Me parece algo sumamente necesario y conveniente, especialmente si lo vemos a la luz de numerosos problemas en la vida de la Iglesia relacionados con la no vivencia del compromiso celibatario.

Pues bien, Mons. Felipe Aguirre Franco me convocó a hacer el compromiso público a vivir el celibato en la Santa Iglesia Catedral el 25 de diciembre de 2007, en la Solemnidad de la Natividad del Señor Jesús, Salvador del Mundo. Fue un momento sumamente significativo, en el que pude contar con la presencia de los hermanos David Aurelio Ku Yam, Mayolo Cruz Hernández, Manuel Koh May y Héctor Arista, y ante Mons. Felipe Aguirre Franco y Mons. Rafael Bello Ruiz, Arzobispo emérito de Acapulco.

Pido, por tanto, sus oraciones para que pueda vivir este solemne compromiso, hecho no sólo ante el Arzobispo de Acapulco y la comunidad cristiana, reunida para celebrar la Eucaristía, sino “delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos” (2Tim 4, 1).

 

El 26 de diciembre tuvimos un rico esparcimiento en Coyuca de Benítez, la patria chica de la Hna. María del Pilar. Fue un momento de sana convivencia entre las dos sociedades de vida apostólica, donde pudimos nadar, comer, platicar y descansar confortablemente. Al finalizar el paseo, el P. Amatulli nos habló sobre nuestra labor apostólica en esta hora de gracia, ayudándonos a comprender las razones por las cuales debemos intensificar nuestra actividad en las calles, más allá de las paredes de los templos, para llegar a los católicos más alejados de la acción eclesial.

 

El 28 de diciembre fue mi ordenación diaconal. Se trató de un momento que viví intensamente, como un don inmerecido de Aquel que me formó en el vientre de mi madre y que me llamó a servirle más de cerca. ¿Con qué palabras lo describiré? Sólo sé decir que el Señor pobló mi existencia de una manera radicalmente nueva. Su presencia amorosa invadió mis valles y colinas, despertó canciones olvidadas y suscitó un canto nuevo, para cantar que su amor perdura para siempre.

 

Recuerdo particularmente el momento en que estaba postrado, mientras la Asamblea cantaba la Letanía de los Santos. Mi alabanza al Señor estaba tejida de salmos, especialmente el Salmo 63 (62) y el Salmo 138 (137), dos de mis salmos favoritos. En mi corazón resonaban esas bellas palabras, a manera de invocación: “Señor, tu amor es eterno. ¡No abandones la obra de tus manos!” y la rica oración que compuso el P. Charles de Foucauld.

También hice memoria de muchos hermanos y hermanas que me pidieron que orara por ellos. Fue un momento bellísimo, de alabanza, de intercesión y de una alegría desbordante. Que el Señor bendiga a todos los que hicieron posible este momento de gracia.

 

 

Afectuosamente,

 

 

 

P.D. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap

La Iglesia ante el espejo

La Iglesia ante el espejo

 

Flaviano Amatulli Valente, Hacia un Nuevo Modelo de Iglesia. Propuesta-provocación, Ediciones Apóstoles de la Palabra, México, 2006, 256 pp.

 

El más reciente libro del P. Amatulli ofrece un nuevo punto de partida para delinear un nuevo modelo de Iglesia. A diferencia de otros modelos y escenarios que se plantean actualmente, el P. Amatulli parte de un hecho eclesial y sociológico por demás concreto: el abandono pastoral de las masas católicas, es decir, de casi el 90% de los católicos que viven ya al margen de la Iglesia.

No se trata de un modelo conservador; no pretende la restauración del Ancien Régime, que el P. Amatulli considera agotado, aunque hace evidente que muchos (clérigos, religiosos y laicos) aún tienen la mente, los ojos y el corazón en el régimen de cristiandad, y desde allí viven su adhesión a la Iglesia y su praxis pastoral. El P. Amatulli tampoco opta por la apertura indiscriminada, que parte de una noción errónea de ecumenismo y diálogo interreligioso, lleva al sincretismo y al relativismo y parece sugerir la disolución de la Iglesia. Tampoco opta por modelos centralizadores y excluyentes. Ni por aquellos que hacen de la lucha de clases el eje de su ser y quehacer.

El P. Amatulli no concibe a la Iglesia como un departamento de quejas, ni como una agencia de ceremonias religiosas, ni como una asociación de beneficencia ni como una ONG. Busca cómo lograr un catolicismo de convicción, capaz de vivir en un mundo plural con dignidad y seguridad, sin complejos de ningún tipo y respetuoso de todas las expresiones religiosas y culturales.

El libro está estructurado en cinco partes. La primera de ellas tiene un nombre sumamente revelador y provocativo: Y las masas católicas, ¿qué?, donde expone un plan global de evangelización masiva, que invita a dejar a un lado el determinismo histórico y a mirar la pastoral desde un punto de vista más evangélico: el pastor en función de la comunidad y no, como ocurre a menudo, la comunidad en función del pastor. Insiste en la importancia de la Palabra de Dios, que puede ayudarnos a descubrir el plan de Dios en las circunstancias actuales. La reflexión que hace sobre los huesos secos de los que habla el profeta Ezequiel (“el profeta habla y los huesos secos se juntan, recobran su carne y su espíritu y se transforma en un ejército”) y la multiplicación de los panes, tal como la presenta san Marcos (“Denles ustedes de comer”), son el punto de partida para lanzar este proyecto de evangelización que mira a formar y atender debidamente a todo el pueblo católico. Las propuestas son: purificar la religiosidad popular, nutriéndola de Sagrada Escritura, y la reestructuración de las fiestas religiosas patronales desde la perspectiva de la evangelización. Además, propone renovar la catequesis presacramental, que tiene que ser una catequesis personalizada, donde el diálogo personal y el testimonio de vida son fundamentales, dejando atrás la catequesis impersonal, rutinaria y masificante.

Por otra parte, propone que se ofrezca a todos la oportunidad de vivir la fe en comunidad, pues la comunidad está llamada a ser el espacio donde el bautizado puede aprender a vivir como hijo de Dios y el lugar donde el discípulo de Cristo recibe ayuda y se capacita para ayudar a otros.

Destaca la propuesta de un ministerio diversificado, con agentes de pastoral que pueden ser con ordenación o sin ella, a tiempo completo o limitado, con sueldo o sin él, en una parroquia llamada a ser comunidad de comunidades, no impuestas desde arriba, donde cada comunidad viva según el propio estilo y carisma.

Se trata, en suma, de un nuevo estilo eclesial, donde las principales líneas de acción son la primacía de la Palabra de Dios, en un clima de comunicación y participación, donde ya no tiene lugar el clericalismo y el acaparamiento de bienes y funciones, donde la preocupación principal son el cuidado del rebaño y la misión, y todo en un clima de búsqueda, creatividad y sana competencia al interior de la Iglesia.

La segunda parte (Parábolas) nos ofrece seis interesantes parábolas, que nos ayudan a ver la situación de la Iglesia desde una perspectiva nueva, superando la fuerza de la costumbre y la pereza intelectual, que impiden frecuentemente observar la realidad.

La tercera parte (Tuve un sueño) nos ofrece cuatro sueños, en forma novelada, en los que el P. Amatulli lanza propuestas en torno a múltiples temas: el ejercicio del ministerio petrino, la Colegialidad episcopal, la necesidad de que algunos casados puedan ser ordenados, la urgencia de un nuevo concilio ecuménico, que puede celebrarse en la Ciudad Santa, el celibato optativo, la elección de los Obispos con la participación de todo el Pueblo de Dios, el diálogo ecuménico, la nueva apologética… En fin, se trata de cuatro sueños que despiertan en el lector la conciencia de la necesidad de un cambio de paradigma.

La cuarta parte (Dibujando un nuevo rostro de Iglesia) ayudará al lector a definir la posición que tiene frente a tantos problemas eclesiales, que evidencian un modelo eclesial agotado. ¿Dónde estoy viviendo?, se preguntará el lector: ¿Vivo aún en el régimen de cristiandad o he dado el salto a la sociedad plural que caracteriza nuestra época? ¿Dónde están mis intereses, sueños e ilusiones? El agente de pastoral descubrirá cuál es su postura ante las relaciones que deben existir entre la Iglesia y el Estado, cómo debe ejercerse la autoridad en la Iglesia, cuál es el papel de las revelaciones públicas y privadas, el influjo real de la familia en la transmisión de la fe, el lugar del laicado en la comunidad eclesial, la relevancia y oportunidad de los documentos eclesiales…

En esta cuarta parte, el P. Amatulli propone diversas pinceladas que pueden contribuir a dibujar este nuevo rostro de Iglesia, pues muchas cosas y estructuras están en entredicho: la administración de los sacramentos, la religiosidad popular, el lenguaje eclesial en boga, la formación de los futuros sacerdotes, la ubicación del clero en el conjunto eclesial, el celibato… Conclusión: el modelo eclesial actual está agotado; si no nos permite atender debidamente a todos los feligreses, es tiempo de cambiarlo por otro.

La quinta y última parte es una reflexión sobre el Sacramento de la Reconciliación, un sacramento en crisis que debe celebrarse en un clima distinto, donde el confesor sea un amigo y un guía espiritual, pero donde también intervenga la comunidad en orden a contribuir a la restauración total del hombre.  Por lo que es necesario insistir en una auténtica inculturación y subrayar su valor terapéutico.

Se trata, pues, de una obra apasionante, que puede ayudarnos a descubrir que no debemos ser sólo espectadores. Este libro puede ayudarnos a dar nuestra aportación para delinear el rostro de la Iglesia del tercer milenio.

EL CERILLO FRATERNO

EL CERILLO FRATERNO

¿En qué consiste?

Es una dinámica en la que los miembros del grupo se sientan en círculo alrededor de una mesa. Uno de los integrantes enciende un cerillo y lo pasa al que está a su derecha. El que lo recibe lo pasa a su compañero, siempre a la derecha. Va a llegar el momento en que a uno de los integrantes se le apague el cerillo. Pues bien, la dinámica consiste en que los demás participantes van a hacerle preguntas, que el hermano deberá responder.

Dependiendo del número de participantes, las preguntas las pueden hacer todos (si el grupo es pequeño) o uno si y otro no (si el grupo es numeroso). Una vez que acabó la ronda de preguntas, el hermano al que se le apagó el cerillo, enciende otro y lo pasa al que está a su derecha. El ciclo se repite las veces que permita el tiempo destinado a esta dinámica.

Una regla básica: no se permite soplarle al cerillo para que se le apague al compañero de al lado. Si alguien apaga el cerillo soplándole, a ese vamos a hacerle las preguntas.

 

¿Qué clase de preguntas pueden hacerse?

Aquellas preguntas que nos permitan conocer más al hermano. Sus intereses, sus gustos, anécdotas, dificultades, ideales, anhelos, etc. Es decir, todo aquello que nos interese conocer del hermano.

He aquí algunos ejemplos de preguntas que se han hecho en las dinámicas entre nosotros Apóstoles de la Palabra: ¿Qué es lo que más te ha costado en la Misión?, ¿Qué piensa tu familia del hecho que estés en el Movimiento?, ¿Qué experiencias te han motivado a continuar en nuestra Familia Misionera?, ¿Qué aspectos te gustan más de nuestro carisma?, ¿Cómo te ves de aquí a unos cinco años?, ¿Cuál crees que es tu vocación?, ¿Cuál es tu temperamento?, ¿Puedes decirnos algún pasaje bíblico que te da ánimo en los ratos de desaliento?, etc.

Como pueden ver, se trata de preguntas que nos permiten conocer aspectos de los hermanos que normalmente no tratamos en una conversación informal. Sin embargo, son preguntas que nos permiten hacer un triple ejercicio:

 

a)      Interesarnos por el hermano

Esta dinámica exige una mínima preocupación por conocer a cada uno de los hermanos, en una actitud creativa para hacer la pregunta adecuada, sin repetir la que ya le han hecho otros o preguntar de manera superficial, sólo para salir del paso.

Esta dinámica puede ayudarnos a comprender, no a justificar, algunas actitudes que vemos en los hermanos que conviven con nosotros. Este interés puede manifestarse en el tipo de preguntas que hago.

 

 

b)      Escuchar al hermano

Es una actitud fundamental en esta dinámica. Se trata de una escucha activa, en la que debemos involucrar el oído, la vista, la mente y el corazón. No se trata nada más de estar ahí. Se trata de participar activamente en este proceso de irnos conociendo mejor.

 

c)      Hablar a los hermanos

El hermano pregunta y yo respondo. La respuesta no debe ser sólo con monosílabos (si, no) o contestando en forma telegráfica. Aquí se trata de aprender a expresarse con toda libertad, exponiendo a los hermanos nuestros puntos de vista e intereses, nuestras anécdotas y vivencias, en un clima de respeto y escucha activa.

 

Un verdadero taller de diálogo

Podemos considerar esta dinámica como un verdadero taller de diálogo, en que nos entrenamos a hablar y a escuchar, en forma interpersonal (tú-yo) o grupal (nosotros). Poco a poco las preguntas irán creciendo en profundidad. Al mismo tiempo, nos iremos preparando para un diálogo más fecundo.

Al principio cuesta un poco de trabajo, pero a medida que vamos repitiendo estas experiencias, vamos valorando la importancia de esta dinámica. Así, la relación va adquiriendo más profundidad, pues vamos descubriendo que no somos tan diferentes y descubrimos cosas del hermano que nunca habíamos imaginado.

En realidad el diálogo implica escuchar al otro, tratando de entender bien lo que quiere decirnos. Por eso se requiere sinceridad, saber escoger el momento y el lugar más oportuno, es decir, el que más conviene a quienes van a entablar este diálogo.

En fin, es una actitud de vida que nos permitirá conocernos y, eventualmente, resolver los problemas de una manera más respetuosa para la dignidad de todos y cada uno de nosotros.

 

Hacia una calendarización

En algunas Casas del Apóstol se ha calendarizado esta dinámica, puesto que permite estrechar los lazos entre los miembros de la comunidad. La calendarización es muy importante, puesto que se reserva un día de la semana o del mes y un momento del día escogido para realizar esta dinámica.

En realidad es muy fácil dejarse llevar por el ritmo de la vida moderna o la urgencia del apostolado y las responsabilidades personales, que corremos el riesgo de no dedicar tiempo suficiente al conocimiento de los hermanos.

 

Conclusión

Anímate a realizarla al interior de tu grupo, comunidad o movimiento. Pronto te darás cuenta que se trata de una dinámica fascinante, que te llevará de la mano en esta aventura interesantísima de conocer a los hermanos y de ir descubriendo facetas nuevas de su personalidad y de la tuya.

Si lo haces, no dudes en escribirnos. En realidad nos interesa conocer tus comentarios, opiniones y experiencias. He aquí algunas preguntas que pueden ayudarte en tu reflexión:

1. ¿Les ayudó en algo esta dinámica?

¿En qué les ayudó?

Explica el por qué.

2. ¿Qué aspectos descubriste en tus hermanos que no te habías imaginado? Enlístalos.

3. A nivel personal, ¿en qué te ha ayudado esta dinámica?