La Iglesia ante el espejo

La Iglesia ante el espejo

 

Flaviano Amatulli Valente, Hacia un Nuevo Modelo de Iglesia. Propuesta-provocación, Ediciones Apóstoles de la Palabra, México, 2006, 256 pp.

 

El más reciente libro del P. Amatulli ofrece un nuevo punto de partida para delinear un nuevo modelo de Iglesia. A diferencia de otros modelos y escenarios que se plantean actualmente, el P. Amatulli parte de un hecho eclesial y sociológico por demás concreto: el abandono pastoral de las masas católicas, es decir, de casi el 90% de los católicos que viven ya al margen de la Iglesia.

No se trata de un modelo conservador; no pretende la restauración del Ancien Régime, que el P. Amatulli considera agotado, aunque hace evidente que muchos (clérigos, religiosos y laicos) aún tienen la mente, los ojos y el corazón en el régimen de cristiandad, y desde allí viven su adhesión a la Iglesia y su praxis pastoral. El P. Amatulli tampoco opta por la apertura indiscriminada, que parte de una noción errónea de ecumenismo y diálogo interreligioso, lleva al sincretismo y al relativismo y parece sugerir la disolución de la Iglesia. Tampoco opta por modelos centralizadores y excluyentes. Ni por aquellos que hacen de la lucha de clases el eje de su ser y quehacer.

El P. Amatulli no concibe a la Iglesia como un departamento de quejas, ni como una agencia de ceremonias religiosas, ni como una asociación de beneficencia ni como una ONG. Busca cómo lograr un catolicismo de convicción, capaz de vivir en un mundo plural con dignidad y seguridad, sin complejos de ningún tipo y respetuoso de todas las expresiones religiosas y culturales.

El libro está estructurado en cinco partes. La primera de ellas tiene un nombre sumamente revelador y provocativo: Y las masas católicas, ¿qué?, donde expone un plan global de evangelización masiva, que invita a dejar a un lado el determinismo histórico y a mirar la pastoral desde un punto de vista más evangélico: el pastor en función de la comunidad y no, como ocurre a menudo, la comunidad en función del pastor. Insiste en la importancia de la Palabra de Dios, que puede ayudarnos a descubrir el plan de Dios en las circunstancias actuales. La reflexión que hace sobre los huesos secos de los que habla el profeta Ezequiel (“el profeta habla y los huesos secos se juntan, recobran su carne y su espíritu y se transforma en un ejército”) y la multiplicación de los panes, tal como la presenta san Marcos (“Denles ustedes de comer”), son el punto de partida para lanzar este proyecto de evangelización que mira a formar y atender debidamente a todo el pueblo católico. Las propuestas son: purificar la religiosidad popular, nutriéndola de Sagrada Escritura, y la reestructuración de las fiestas religiosas patronales desde la perspectiva de la evangelización. Además, propone renovar la catequesis presacramental, que tiene que ser una catequesis personalizada, donde el diálogo personal y el testimonio de vida son fundamentales, dejando atrás la catequesis impersonal, rutinaria y masificante.

Por otra parte, propone que se ofrezca a todos la oportunidad de vivir la fe en comunidad, pues la comunidad está llamada a ser el espacio donde el bautizado puede aprender a vivir como hijo de Dios y el lugar donde el discípulo de Cristo recibe ayuda y se capacita para ayudar a otros.

Destaca la propuesta de un ministerio diversificado, con agentes de pastoral que pueden ser con ordenación o sin ella, a tiempo completo o limitado, con sueldo o sin él, en una parroquia llamada a ser comunidad de comunidades, no impuestas desde arriba, donde cada comunidad viva según el propio estilo y carisma.

Se trata, en suma, de un nuevo estilo eclesial, donde las principales líneas de acción son la primacía de la Palabra de Dios, en un clima de comunicación y participación, donde ya no tiene lugar el clericalismo y el acaparamiento de bienes y funciones, donde la preocupación principal son el cuidado del rebaño y la misión, y todo en un clima de búsqueda, creatividad y sana competencia al interior de la Iglesia.

La segunda parte (Parábolas) nos ofrece seis interesantes parábolas, que nos ayudan a ver la situación de la Iglesia desde una perspectiva nueva, superando la fuerza de la costumbre y la pereza intelectual, que impiden frecuentemente observar la realidad.

La tercera parte (Tuve un sueño) nos ofrece cuatro sueños, en forma novelada, en los que el P. Amatulli lanza propuestas en torno a múltiples temas: el ejercicio del ministerio petrino, la Colegialidad episcopal, la necesidad de que algunos casados puedan ser ordenados, la urgencia de un nuevo concilio ecuménico, que puede celebrarse en la Ciudad Santa, el celibato optativo, la elección de los Obispos con la participación de todo el Pueblo de Dios, el diálogo ecuménico, la nueva apologética… En fin, se trata de cuatro sueños que despiertan en el lector la conciencia de la necesidad de un cambio de paradigma.

La cuarta parte (Dibujando un nuevo rostro de Iglesia) ayudará al lector a definir la posición que tiene frente a tantos problemas eclesiales, que evidencian un modelo eclesial agotado. ¿Dónde estoy viviendo?, se preguntará el lector: ¿Vivo aún en el régimen de cristiandad o he dado el salto a la sociedad plural que caracteriza nuestra época? ¿Dónde están mis intereses, sueños e ilusiones? El agente de pastoral descubrirá cuál es su postura ante las relaciones que deben existir entre la Iglesia y el Estado, cómo debe ejercerse la autoridad en la Iglesia, cuál es el papel de las revelaciones públicas y privadas, el influjo real de la familia en la transmisión de la fe, el lugar del laicado en la comunidad eclesial, la relevancia y oportunidad de los documentos eclesiales…

En esta cuarta parte, el P. Amatulli propone diversas pinceladas que pueden contribuir a dibujar este nuevo rostro de Iglesia, pues muchas cosas y estructuras están en entredicho: la administración de los sacramentos, la religiosidad popular, el lenguaje eclesial en boga, la formación de los futuros sacerdotes, la ubicación del clero en el conjunto eclesial, el celibato… Conclusión: el modelo eclesial actual está agotado; si no nos permite atender debidamente a todos los feligreses, es tiempo de cambiarlo por otro.

La quinta y última parte es una reflexión sobre el Sacramento de la Reconciliación, un sacramento en crisis que debe celebrarse en un clima distinto, donde el confesor sea un amigo y un guía espiritual, pero donde también intervenga la comunidad en orden a contribuir a la restauración total del hombre.  Por lo que es necesario insistir en una auténtica inculturación y subrayar su valor terapéutico.

Se trata, pues, de una obra apasionante, que puede ayudarnos a descubrir que no debemos ser sólo espectadores. Este libro puede ayudarnos a dar nuestra aportación para delinear el rostro de la Iglesia del tercer milenio.

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