Ordenación diaconal

México, D.F.; a 21 de enero de 2008,

Fiesta de Santa Inés, virgen y mártir.

 

Estimados hermanos y hermanas:

Quiero compartir con ustedes estos apuntes en el horizonte de mi reciente ordenación diaconal, el 28 de diciembre de 2007.

 

Los días previos a mi ordenación diaconal los viví en los Ejercicios Espirituales, que dirigió nuestro Padre Fundador, con la colaboración de los padres apóstoles de la Palabra, P. Octavio Díaz Villagrana, P. Martín Solórzano Solórzano, P. Ramiro Albíter Albíter, P. Clemente Adelfo Velázquez Agustín, y las Hermanas que integran el Consejo general del Instituto Misionero “Apóstoles de la Palabra”: Hna. Magdalena Gamboa Pacheco (Directora general), Hna. María del Pilar Benítez G. (primera consejera), Hna. Alejandrina Ponce Ortega (segunda consejera), Hna. Virginia Garibay Delgado (tercera consejera) y Hna. Silvia Ortega Ortega (cuarta consejera). Además, contamos con la siempre agradable presencia de la Hna. Julia Valencia Márquez, que compartió con nosotros un interesante tema.

Que Dios siga iluminando a cada uno de ellos, para que puedan conducirnos a la meta anhelada, por los caminos siempre nuevos de nuestra actividad apostólica.

 

Los Ejercicios Espirituales tuvieron ese ingrediente especial que ha sabido imprimirles nuestro Padre Fundador y que los Padres y las Hermanas han asimilado satisfactoriamente. Se trata de charlas sumamente interesantes y pertinentes, que cuestionan profundamente la propia vida y nos ayudan a confrontarnos con nosotros mismos, con nuestra realidad y con la realidad eclesial, en un diálogo constante con las hermanas y los hermanos. La Sagrada Escritura fue imprescindible en cada uno de los temas y los momentos para reflexionar en silencio y los instantes para compartir fueron un plus que nos ayudaron a vivir los Ejercicios, con ese dinamismo y esa riqueza que caracteriza a nuestro Padre Fundador.

Esta experiencia me permitió palpar la vitalidad y la riqueza que existen en la Familia Misionera “Apóstoles de la Palabra”, a la que indignamente pertenezco. Me impactaron especialmente los momentos en que muchos hermanos y hermanas compartían con nosotros sus ricas experiencias en la vida espiritual y apostólica, sus opiniones sobre los diversos temas tratados y lo que el Señor les sugería en sus momentos de oración personal y de reflexión particular y comunitaria.

Una cosa es cierta: la Palabra de Dios ha penetrado las mentes y los corazones de cada uno de los hermanos. Bien lo dice Jesús en el Evangelio: Ex abundantia cordis os loquitur, es decir, “De la abundancia del corazón habla la boca” (Lc 6, 45c). Me cuestionó profundamente este clima de apertura y de fraternidad, que a mí me cuesta notablemente.

 

Doy gracias al Señor porque me ha enriquecido ampliamente en los días previos a la Ordenación diaconal, de manera especial porque pude convivir con la flor y nata de la Fraternidad Misionera y el Instituto Misionero, de diversas culturas y con una rica variedad de experiencias espirituales y apostólicas.

 

El día miércoles 19 de diciembre visité, acompañado del Hno. Mayolo Cruz Hernández,  a Mons. Felipe Aguirre Franco, arzobispo de Acapulco, para ver algunas cuestiones relacionadas con la Ordenación, especialmente con el Celibato Eclesiástico. Como podrán imaginarse, el tema del celibato es un tema de primerísimo orden en la vida de la Iglesia, puesto que en el rito latino, al que pertenecemos en virtud de nuestro bautismo (cfr. CIC c. 1), los ministros están llamados a vivir el celibato.

De ahí el interés de los Señores Obispos en que los que hemos sido admitidos a la Ordenación diaconal tengamos la firme y recta intención de vivir el Celibato sacerdotal. Me parece algo sumamente necesario y conveniente, especialmente si lo vemos a la luz de numerosos problemas en la vida de la Iglesia relacionados con la no vivencia del compromiso celibatario.

Pues bien, Mons. Felipe Aguirre Franco me convocó a hacer el compromiso público a vivir el celibato en la Santa Iglesia Catedral el 25 de diciembre de 2007, en la Solemnidad de la Natividad del Señor Jesús, Salvador del Mundo. Fue un momento sumamente significativo, en el que pude contar con la presencia de los hermanos David Aurelio Ku Yam, Mayolo Cruz Hernández, Manuel Koh May y Héctor Arista, y ante Mons. Felipe Aguirre Franco y Mons. Rafael Bello Ruiz, Arzobispo emérito de Acapulco.

Pido, por tanto, sus oraciones para que pueda vivir este solemne compromiso, hecho no sólo ante el Arzobispo de Acapulco y la comunidad cristiana, reunida para celebrar la Eucaristía, sino “delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos” (2Tim 4, 1).

 

El 26 de diciembre tuvimos un rico esparcimiento en Coyuca de Benítez, la patria chica de la Hna. María del Pilar. Fue un momento de sana convivencia entre las dos sociedades de vida apostólica, donde pudimos nadar, comer, platicar y descansar confortablemente. Al finalizar el paseo, el P. Amatulli nos habló sobre nuestra labor apostólica en esta hora de gracia, ayudándonos a comprender las razones por las cuales debemos intensificar nuestra actividad en las calles, más allá de las paredes de los templos, para llegar a los católicos más alejados de la acción eclesial.

 

El 28 de diciembre fue mi ordenación diaconal. Se trató de un momento que viví intensamente, como un don inmerecido de Aquel que me formó en el vientre de mi madre y que me llamó a servirle más de cerca. ¿Con qué palabras lo describiré? Sólo sé decir que el Señor pobló mi existencia de una manera radicalmente nueva. Su presencia amorosa invadió mis valles y colinas, despertó canciones olvidadas y suscitó un canto nuevo, para cantar que su amor perdura para siempre.

 

Recuerdo particularmente el momento en que estaba postrado, mientras la Asamblea cantaba la Letanía de los Santos. Mi alabanza al Señor estaba tejida de salmos, especialmente el Salmo 63 (62) y el Salmo 138 (137), dos de mis salmos favoritos. En mi corazón resonaban esas bellas palabras, a manera de invocación: “Señor, tu amor es eterno. ¡No abandones la obra de tus manos!” y la rica oración que compuso el P. Charles de Foucauld.

También hice memoria de muchos hermanos y hermanas que me pidieron que orara por ellos. Fue un momento bellísimo, de alabanza, de intercesión y de una alegría desbordante. Que el Señor bendiga a todos los que hicieron posible este momento de gracia.

 

 

Afectuosamente,

 

 

 

P.D. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap

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3 comentarios en “Ordenación diaconal

  1. hola! felicidades p. luis ,me encanta su manera de expresarse, acerca de la PALABRA DE DIOS
    me fascina la forma de trabajo de ustedes los misioneros
    apostoles de la palabra.
    pero tambien la entrega que dan en la iglesia y sobre toda la sencillez que los distingue, lo digo por que mas o menos conozco , el apostolado de ustedes y tube la oportunidad de conocerlos en el DF.
    bayy p. que la santisima virgen ,proteja su vocacion.

  2. Hola P. Martín, estaba por aqui navegando y me encontre este blog y como se me hizo conocido el nombre pues empece a leer. Muchas felicidades por su ordenación, seguro que Dios lo Fortalecera y Cuidara para que su labor misionera siga adelante dando frutos. vaya que tiene una excelente manera de redactar, me agrada como comparte su experiencia de ordenacion- seguro que es una experiencia unica e incomparable y una de las más impactantes-Bueno ke la Virgen lo cuide.

    Teresita Sampedro (Tabasco)
    Posdata: A usted lo conoci, cuando yo tenia como 8 años, ahora ya tengo 20, creo que fue el puebla, en una reunión con estrellita y berna.

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