Reflexiones a propósito del Documento Conclusivo no oficial de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe

Reflexiones a propósito del Documento Conclusivo no oficial de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe

 

P. Amatulli: Sé que recibió hace unos días, por correo electrónico, la versión no oficial del Documento Conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Pues bien, ¿cuáles son sus impresiones?

Quisiera iniciar señalando los aspectos positivos. El tema de la V Conferencia es sumamente significativo. Con esta Conferencia, la Iglesia católica aterriza en lo que es lo propio de la Iglesia. Divaga poco en aspectos marginales. Aterriza en lo propio, en lo específico de la Iglesia, que consiste, precisamente, en formar discípulos y misioneros de Cristo, para que en Él todos puedan tener vida. Esto es lo específico de la Iglesia. Para eso existe la Iglesia. Yo creo que, después de tantos titubeos y coqueteos, con esta Conferencia Episcopal se baja a lo concreto. Esto lo veo como un aspecto positivo, fundamental.

Otro aspecto positivo: noto la riqueza del documento, que abarca muchos aspectos. Sin embargo, e inicio aquí con los aspectos negativos, esta riqueza de contenidos no tiene un hilo conductor muy claro. Se ponen muchos conceptos, muchas ideas, yuxtapuestas, pero les falta una idea conductora, que parte de una conversión a Cristo y crea estructuras para llevar adelante este proceso.

Por otra parte, el estilo del documento no es operativo, es eminentemente teórico, exhortativo, como son en general los documentos de la Iglesia.

Otro aspecto negativo que yo noto, no sólo en este documento, sino en todos los documentos que vienen desde el Concilio, es que se dicen cosas, se señalan ciertas deficiencias, pero sin buscar las causas profundas. Se nota mucha capacidad de parte de la Iglesia para hacer análisis de la sociedad, del mundo, de los demás. Miran hacia la sociedad con una lupa para ver realmente cómo está, señalando prevalentemente los aspectos negativos. Pero al mismo no se examina a fondo la realidad eclesial. Se habla de marginación y de abandono, a nivel social, político y económico. ¿Por qué no se hace lo mismo a nivel de Iglesia?

Cuando se habla de la Iglesia se presentan aspectos negativos de una forma marginal, pero sin señalar sus causas más profundas. Esencialmente aquí está el problema. Se tocan estos aspectos como de pasada, sin profundización.

 

 

 

Según su opinión, ¿cuál es la razón fundamental de la marginación a nivel eclesial en que viven las masas católicas?

Se debe a que las estructuras pastorales de la Iglesia son de la Edad Media, una sociedad que ya no existe. En la Edad Media había un connubio muy estrecho entre la Iglesia y el Estado. En esta situación, la fe se respiraba por todos los poros. Había muchísimos sacerdotes: por cada 70-100 habitantes había por lo menos un sacerdote. En algunas partes de Europa, hasta hace unos 50 años, por cada 500 habitantes había un sacerdote. En este tipo de sociedad, era fácil que se bautizara a todos, que se casara a todos por la Iglesia, sin una preparación específica para cada sacramento, porque se vivía la fe, se respiraba la fe, se sentía la fe; no se necesitaba algo especial.

Pero ahora nos encontramos en una sociedad plural. En America Latina, por todos los problemas que se han suscitado desde la Independencia (expulsión de los misioneros españoles, largos periodos sin obispos…) la fe ha decaído muchísimo. La situación en que nos encontramos ahora es diferente a la situación en que se encontraba la Iglesia católica hace 200 años. Pero ¿qué pasa? Que ahora en América Latina se quiere seguir como antes: bautizar a todos, casar a todos por la Iglesia, cuando todo el contexto latinoamericano es un contexto contra la religión, contra la fe y la actitud contra España ha creado una mentalidad anticatólica a nivel general.

Lo que antes era un asunto de élite, ahora es de masas. A esto se añada la presencia de los grupos proselitistas, que van de casa en casa, uno por uno. Hoy, la sociedad latinoamericana está sumergida en un anticatolicismo muy generalizado. Toda la cultura es anticatólica o arreligiosa. En este contexto, hay que señalar que el alma del pueblo latinoamericano no es un alma plenamente católica, como se quiere dar a entender en el Documento. Hay que distinguir entre alma religiosa y alma católica. El catolicismo tiene contenidos bien precisos: Un solo Dios, la santísima Trinidad, la encarnación del Verbo, la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, el papel de María, la vida nueva… Mientras aquí, en América Latina, hay una enorme confusión, donde se toman elementos del catolicismo, pero se viven en otro contexto, en otra mentalidad. En esta situación se quiere seguir bautizando a todos, casando a todos por la Iglesia, etc.

El Documento presenta frases bonitas. Habla bonito de la Eucaristía. Pero no toma en cuenta que no hay un número suficiente de sacerdotes, que hay muchas comunidades que no tienen sacerdote y no se sabe cuándo podrán tenerlo. Cierto, de vez en cuando se les lleva la Eucaristía. Ahora bien, no se trata de distribuir la comunión, sino de celebrar la Eucaristía. Así que aquí hay un problema teológico fundamental: el papel de la Eucaristía en la vida de la comunidad cristiana y del presbítero en orden a la celebración de la Eucaristía, la formación de la comunidad y el pastoreo.

No podemos hacer depender el futuro de la Iglesia del número de los presbíteros. En otras palabras, no puede haber verdadera comunidad cristiana, si no hay un presbítero que celebre los sacramentos y la cuide. Donde hay una comunidad cristiana y, por lo tanto, se administran los sacramentos, tiene que haber un ministro ordenado. De otra manera no hay comunidad. Entre más comunidades cristianas hay, más presbíteros tiene que haber, pase lo que pase. Administrar los sacramentos, sin garantizar el crecimiento en la fe, me parece un absurdo. Es una forma de paternidad irresponsable.

De otra manera estamos protestantizando el continente latinoamericano, al dejar las comunidades bajo la responsabilidad de puros laicos, que manejan la Biblia y hacen lo que pueden.

Para mí esto es lo negativo fundamental: No haber tenido el valor, de parte de la jerarquía latinoamericana, de hacer un análisis serio de la realidad eclesial, para ver como ir solucionando este problema, poniéndose en otra perspectiva, no tratando de revivir aquí la Edad Media, sino inspirándose en la Iglesia primitiva, no solamente en las primeras comunidades, sino en todo el proceso de evangelización, de implantación del Evangelio, suscitando los ministerios y las estructuras necesarios. Si no logramos hoy actuar con la libertad de san Pablo, no podremos crear un auténtico catolicismo.

¿Dónde está la fuerza de los grupos proselitistas? En inspirarse en los Hechos de los Apóstoles, en la Iglesia primitiva, actuar con libertad y crear estructuras adecuadas para implantar la fe en este continente.

El mismo estilo tenemos que tomar nosotros: inspirarnos en la Iglesia primitiva y dejar a un lado el lenguaje filosófico-teológico de la Edad Media, un lenguaje y unas estructuras que no podemos revivir; estamos en otro contexto. Son lenguajes y estructuras propios de una época ya superada. No podemos evangelizar inspirándonos en esta época. Tenemos que mirar directamente a la Iglesia primitiva, que nos presenta el Nuevo Testamento, y a partir de ahí, recrear el lenguaje y recrear todo el sistema de evangelización.

 

Padre Amatulli, en el no. 11, el Documento señala que la Evangelización “no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos”. ¿Es posible evangelizar sin estructuras adecuadas?

No. Precisamente yo noto también en este aspecto cierta manera superficial, demagógica de tratar el asunto. Los hombres de gran capacidad, de gran iniciativa, sirven al empezar, como empezaron la evangelización en el Continente, pero la marcha de todo esto depende de las estructuras, para que los que vienen después puedan llevar adelante estos proyectos. Pero si toda esta acción se tiene que encasillar en las estructuras actuales, no funciona. Necesitamos estructuras nuevas. El Documento que nos ocupa habla un poco en este sentido, pero sólo lo enuncia, sin sugerir iniciativas concretas al respecto.

 

 

 

 

El Documento presenta una imagen muy positiva de la Iglesia, con aspectos negativos poco definidos. Me llamó la atención lo que se dice acerca de la piedad popular, considerada un espacio de encuentro con Cristo, una manera legítima de vivir la fe y de pertenecer a la Iglesia y como la expresión de un catolicismo inculturado. ¿Es así de positiva la piedad popular?

Yo no estoy de acuerdo con esta visión: considerar a la piedad popular casi como un camino paralelo. Aquí vemos la diferencia de criterio en el análisis de la realidad: cuando se trata de la sociedad civil, se fustiga el abandono y la marginación, en que viven las masas excluidas. Cuando se habla en la Iglesia, no se dice lo mismo. Sencillamente se habla de religiosidad popular. Así que hay una comida para los de arriba, los que conocen, los que participan plenamente de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía; y los que viven sin Eucaristía, sin conocimiento de la Palabra de Dios, pero que tienen grandes valores y recorren un camino de salvación a su manera.

Usemos el mismo criterio: si hablamos de marginación en el aspecto social y económico, hablemos el mismo lenguaje a nivel de Iglesia: los que están en la religiosidad popular son católicos marginados, abandonados, empobrecidos. La piedad popular es una mezcla, un auténtico sincretismo. Se necesita considerar la religiosidad, no como un camino de salvación a secas, sino como un camino truncado. La Iglesia tiene la obligación de anunciar el Evangelio a todos: este es el principio fundamental. Anunciar el Evangelio a los de otra religión: a los judíos, a los budistas, a los musulmanes, a todos. Así hicieron los Apóstoles, que evangelizaron a los judíos, a los griegos, a los romanos… todos tenían su religión y de todos modos los Apóstoles les anunciaron el Evangelio. Sin embargo, antes que nada, la Iglesia tiene la obligación de anunciar el Evangelio a los católicos alejados, que se encuentran en una religiosidad popular, que no presenta el auténtico catolicismo. Estos hermanos no pueden quedarse con las migajas de la fe. Nosotros tenemos la obligación de llevar a la plenitud este proceso que se encuentra ya en la piedad popular.

Así que este análisis que presenta el Documento conclusivo manifiesta una visión maquillada de la realidad eclesial; no se hace un análisis serio.

 

Padre Amatulli, usted señaló como algo positivo la intuición de esta V Conferencia, que habla de formar discípulos y misioneros de Cristo. ¿Es posible lograrlo sin tener en cuenta el problema del proselitismo religioso, que aqueja de manera alarmante a las comunidades católicas de América Latina?

Aquí está uno de los aspectos negativos que se nota desde los documentos conciliares, especialmente en Unitatis redintegratio, hasta la encíclica Ut unum sint de Juan Pablo II y también en aquella entrevista hecha a Juan Pablo II, titulada Cruzando el umbral de la Esperanza. Pero también en todos los documentos oficiales a nivel de la Santa Sede y a nivel regional. Aquí, en América Latina, en el Documento de Santo Domingo se habló más de las sectas, más explícitamente, pero no se le hizo caso. ¿Por qué? Porque la visión de los documentos oficiales y el papel de Juan Pablo II a nivel mundial, prevalecieron. Así que ahora hay un miedo, un pudor a tomar conciencia de la realidad. Yo noto que los Obispos que se reunieron en Aparecida, o no conocen la realidad, o la quieren maquillar. Pero, acuérdense bien: la realidad se impone. El estilo incisivo que tenemos a la hora de hacer análisis de la sociedad tenemos que emplearlo a nivel eclesial.

 

Según su opinión, ¿cuál es origen de esta actitud que prevalece en nuestros pastores?

Tengo la impresión de que la Iglesia quiere presentarse segura ante la opinión pública. Por eso los Obispos hablan de diálogo interreligioso, de ecumenismo, de situaciones que aquí no tenemos, para poder ser alabados cuando los de Europa y otros continentes lean este documento, que no tiene en cuenta la realidad de aquí. La realidad de América Latina es que el pueblo católico se siente acosado por los grupos proselitistas, que lo cuestionan de casa en casa, uno por uno, en el trabajo, en la calle… Y muchísimos, metidos en la religiosidad popular y los que han frecuentado nuestro sistema de evangelización y catequesis actual, al no tener bases firmes y una respuesta específica a los cuestionamientos, han dejado la Iglesia.

Así que, hoy en día, no es posible ningún tipo de evangelización dentro de la Iglesia sin tener en cuenta la realidad. Y, ¿cuál es la realidad? Que en América Latina hay grupos proselitistas que cuestionan sistemáticamente a los católicos. Hay que conocer a los grupos proselitistas y sus cuestionamientos, para que el católico se sienta seguro y pueda responder a las objeciones que se le presentan.

En conclusión, cada católico tiene que saber que la Iglesia católica es la Iglesia que fundó Cristo, donde está la plenitud del Evangelio y la plenitud de los medios de salvación, donde están los pastores que cuentan con los poderes que Cristo entregó a Pedro y los Apóstoles. Esta es la Iglesia católica. Habrá defectos, habrá problemas, pero la Iglesia católica es la Iglesia que fundó Cristo.

Todos los demás grupos tienen valores, pero son grupos particulares, donde no está la plenitud del Evangelio y sus pastores no cuentan con esos poderes que se transmiten dentro de la Iglesia. Hay que ser realistas. Y, ¿qué sucede actualmente? Que para no ofender, dejamos al pueblo católico en la ignorancia y después, claro, muchos se salen de la Iglesia.

En el pueblo católico hay mucha inseguridad, hasta en los católicos más preparados. No podemos formar debidamente al pueblo católico sin el conocimiento de la propia identidad.

 

 

 

Padre Amatulli, otro aspecto significativo es una idea que aparece en varios lugares del Documento. Me refiero a la siguiente expresión: «Recomenzar todo desde Cristo». ¿Qué le parece esta perspectiva?

Bien, recomenzar todo desde Cristo en el sentido de considerar a Cristo como centro de la vida cristiana. Correcto. Pero no basta hacer retiros, cursos y centrar en Cristo la salvación si no sigue a esto una estructura que dé seguimiento a todo este proceso. Mientras ahora se sacramentaliza sin tanta preparación, mañana podemos tener gente que conoce a Cristo, que se entrega a Cristo, pero con mucho parecido a los grupos proselitistas. La Iglesia debe tener estructuras que le permitan a todos los católicos participar seriamente de los sacramentos. Me parece, pues, una visión incompleta, fragmentaria y una expresión poética, más que un criterio de acción realista, por la manera en que se presenta.

 

En el Documento se habla también de que ha aumentado el número de diáconos permanentes, de que se avanzó en uno y otro sentido, pero faltan estadísticas. ¿Cuenta la Iglesia Católica con estos elementos de las ciencias sociales?

Precisamente un documento serio, un estilo nuevo que tiene que surgir en la Iglesia Católica es el que tenga como base la búsqueda de la verdad. Dijo Jesús “La verdad los hará libres” (Jn 8, 32). Pero ¿cuál verdad? En la Iglesia católica se ha manejado mucho la verdad teológica, filosófica…

Cuando hablamos de verdad, tenemos que hablar también de estadísticas, de números, de datos precisos, de situaciones reales. Y en este Documento no se manejan estadísticas. Su estilo es exhortativo; ciertamente no es triunfalista, pero no es realista. Tengo la impresión de que aquí hay manipulación, de que no se dice toda la verdad. ¿Cuál es la verdad? Hablando del diaconado permanente, hay que señalar que el Concilio lo estableció para América Latina y para África, donde se necesitan muchos ministros preparados, pero es en estos Continentes donde ha habido menos diáconos. ¿Por qué? Porque el clero se resiste. Actualmente el clero en América Latina es un factor de resistencia. Son los movimientos laicales los que están abriendo caminos nuevos y perciben los problemas reales de la Iglesia y buscan la manera de afrontarlos.

Hay que señalar también que las mismas comunidades eclesiales de base (CEB’s) son, en el fondo, una creación del clero; siguen la dinámica del clero, entendido como el sacerdote, considerado el centro de todo. De manera que, este tipo de comunidades, no tiene libertad ni capacidad de crear, de inventar. Están hechas a imagen y semejanza de los sacerdotes. Así que no tienen grandes posibilidades.

En esta línea, si no se ha desarrollado el diaconado permanente, es porque el clero no quiere competencia. Puesto que la economía está ligada a los sacramentos, el clero quiere acaparar la celebración de los sacramentos. No quiere competencia en este ámbito y por eso no promueve suficientemente el diaconado permanente.

Si queremos hacer las cosas en serio, yo diría que por cada sacerdote, por cada párroco, debe haber 10-15 diáconos permanentes. Al frente de cada pueblo de 2000-3000 habitantes debe haber un diácono permanente. Al frente de cada actividad parroquial (los jóvenes, los enfermos, la catequesis…) debe estar un diácono permanente.

¿Y pueden vivir? Este es el problema. ¿Puede obtenerse el dinero para que vivan honestamente, junto con su familia? Claro que puede obtenerse. Si los grupos proselitistas, por cada 50-60 feligreses tienen un ministro a tiempo completo, que vive de su ministerio, ¿por qué nosotros no vamos a lograrlo? Que cada diácono permanente, con sus catequistas y colaboradores, tenga a su cargo 1000 habitantes. Hoy, en la Iglesia católica, necesitamos más personal capacitado y estructuras adecuadas al interior de la parroquia. De otra manera el pueblo católico seguirá abandonado, con la recepción esporádica de los sacramentos, con motivo de la fiesta patronal o algún otro momento especial. Y el catolicismo seguirá en decadencia.

 

A propósito del aspecto económico, escuché en estos días que uno de los más grandes santuarios marianos de América Latina está por remodelarse. Hay millones de pesos destinados para este proyecto. ¿Hay recursos semejantes para el anuncio del Evangelio?

Aquí está un gran problema: aprovecharse de la religiosidad popular, de los santuarios marianos, para obtener dinero. Y ese dinero no se invierte en la evangelización ni en un esfuerzo por elevar el nivel cultural y religioso y la práctica cristiana de las masas populares. Sencillamente se les abandona a la religiosidad popular. Se saca dinero de allí (muchas misas de difuntos, de quince años, de presentación, bendiciones al por mayor de los más variados objetos), pero no se da. No se invierte, por ejemplo, en la formación de agentes de pastoral ni se invierte propiamente en la evangelización. Aquí está un gran problema, que no se resuelve en pocos días. Así que ésta es la problemática: se está sacando dinero de la religiosidad popular, pero no se está invirtiendo en ella.

 

Padre Amatulli, según su opinión, ¿Cómo tendrían que ser los documentos eclesiales, fruto de un magno acontecimiento como el que acaba de vivir la Iglesia latinoamericana?

Para mí, más que documentos tan largos, donde se diluyen las ideas. Se presenta pero no se da el valor correcto a las ideas, donde se pueden manipular las ideas, habría que hacer documentos más breves con algunos principios, donde se ven problemas como el diaconado permanente, la piedad popular… pero con frases breves, de donde se tome el sentido auténtico. No confundir todo con tantas palabras. Algo sencillo, con criterios de acción breves, que después, en cada lugar se trataría de poner en práctica. Fácilmente uno se acuerda de ellos y se puede reflexionar con facilidad para llegar a una toma de decisiones.

 

 

Leyendo los distintos servicios noticiosos eclesiales, las distintas intervenciones de los Señores Obispos, tanto en sus ponencias como en las ruedas de prensa, se notaba un énfasis especial en la problemática del proselitismo y en el éxodo masivo de católico a otras propuestas religiosas. Pues bien, ¿por qué no se refleja, proporcionalmente, esta preocupación en el Documento Conclusivo?

Por un estilo clásico de la Iglesia católica: (antes era un estilo triunfalista, ahora ya no es triunfalista) manifestar seguridad donde no hay seguridad. Una cosa es la seguridad doctrinal, y por eso se refugian en reflexiones de tipo doctrinal, teórico, pero no en aspectos prácticos. Si se hiciera un análisis serio de la realidad eclesial, con estadísticas, con encuestas entre el pueblo se manifestaría la inseguridad y la impotencia del pueblo católico en general, y de los mismos evangelizadores, ante el fenómeno de los grupos proselitistas. Para no manifestar inseguridad, no se presenta el problema de las sectas en sus justas dimensiones.

Se espera que aquellos que lean el documento, en otros continentes, tengan la impresión de que América Latina sigue siendo el Continente de la Esperanza. Por eso tratan, en el Documento, la problemática del proselitismo religioso de forma marginal y superficial. Yo lo había señalado desde hace tiempo: “Cuidado. Si no nos movemos, el Continente de la Esperanza puede convertirse en el Continente de la Pesadilla”. Según mi opinión ya estamos en el Continente de la pesadilla. Pero no se tiene el valor de decirlo, no se tiene el valor de pedir ayuda. Necesitamos libertad para crear un catolicismo al estilo de la Iglesia primitiva. No se dice nada. Se quiere dar la impresión de que todo va bien, por eso difícil que logremos arrancar con una evangelización auténtica.

 

Padre Amatulli, en el Documento conclusivo se habla de América Latina, no sólo como el Continente de la Esperanza sino, también, como el Continente del Amor. ¿Por qué esta manía de nuestros pastores de utilizar frases impactantes, pero que no reflejan la realidad?

Es un estilo publicitario. Se buscan frases bonitas, impactantes: remar mar adentro, el continente de la esperanza, construir la civilización de la amor, globalizar la solidaridad, etc. Si estas frases no tienen un contexto real, desvían, confunden, enredan. La evangelización no se puede enfrentar sólo a través de la invención de frases bonitas e impactantes.

Según mi opinión, esta situación se debe a un alejamiento fundamental de las Escrituras. Si nosotros no buscamos la inspiración en las Escrituras y no empezamos a ser realistas en los análisis de la realidad y eclesial y en la planeación pastoral, haremos sólo bonitos documentos, con frases llamativas e impactantes, pero sin frutos palpables.

Como en campo social no se quiere enfrentar seriamente el problema del narcotráfico y el problema de la pobreza, en la Iglesia no se quiere enfrentar con seriedad el problema de la Evangelización, porque implica poner todas las cartas sobre la mesa. Si se partiera de un análisis serio de la realidad eclesial, los instalados tendrían que renunciar a muchos privilegios.

Por eso el clero manifiesta su creatividad inventando frases impactantes y redactando bellos documentos. Hay que decirlo con todas sus letras: para el pueblo católico, que conoce la realidad, estas frases bonitas no dicen nada. De hecho, el pueblo se siente abandonado y marginado; no encuentra en la jerarquía el apoyo que necesita. Evidentemente, la culpa no es de la jerarquía, sino de las estructuras eclesiales que ya no funcionan. Por eso no se quiere iniciar un análisis de la realidad eclesial, que lleve a la creación de estructuras adecuadas, para iniciar una evangelización auténtica.

 

Padre Amatulli, una de las grandes preocupaciones de la Iglesia católica es la de la globalización y sus consecuencias. ¿Cuál es su opinión sobre este tema y cuáles son sus secuelas en el ámbito eclesial?

Con relación al tema de la globalización, sin duda hay aspectos positivos y aspectos negativos. Lo que a mí me extraña, en el ámbito eclesial, es que se subrayan los efectos negativos de la globalización a nivel social, mientras que a nivel de Iglesia no se mencionan las consecuencias negativas de este fenómeno al interior de la Iglesia católica.

Según mi opinión, una de las causas del deterioro de la pastoral en America Latina ha sido la aplicación de ciertos principios, de ciertas prioridades necesarias en otras partes. Es el caso del diálogo ecuménico, algo lógico y natural en Europa y en algunas regiones de los Estados Unidos y Asia, donde existe el fenómeno generalizado de las Iglesias históricas. O el diálogo interreligioso en los continentes donde hay las grandes religiones mundiales. Pero en América Latina, que es un continente casi todo católico y al mismo tiempo atacado por los más variados grupos proselitistas, se quiere utilizar la misma receta del diálogo ecuménico y del diálogo interreligioso.

Es como decir: que primero los católicos se salgan, que pertenezcan a otros grupos y luego empezamos a trabajar. No se hizo ninguna acción de prevención, de preservación de la fe, de ver cómo vivir y transmitir la fe en estas circunstancias, de cómo dar seguridad al pueblo católico. Y ¿por qué se llegó a esta situación? Porque se vio como anticuada la palabra “apologética” y la expresión “defensa de la fe”. El hecho es que muchos católicos están abandonando la Iglesia bajo el acoso sistemático de los grupos proselitistas.

Pues bien, en este contexto, se impone un método adecuado para dar seguridad al católico. Ahora se habla de seguridad en el campo económico, político y social. La seguridad es un objetivo fundamental para muchas instituciones. Pero cuando hablamos de seguridad no se entiende en el sentido de atacar a los demás, de eliminar a los demás. Seguridad en el sentido de fortalecer al católico para que no caiga ante el acoso de los grupos proselitistas. Y esto no se ha hecho. Se ha abandonado al pueblo católico. En los seminarios no se enseña apologética; en las casa de formación para religiosas, no se enseña apologética; en los centros catequísticos para laicos no se enseña apologética… Prácticamente, a todos los niveles, el pueblo católico está desprotegido.

Si uno se acerca a su párroco, a una religiosa, a un catequista para pedirle alguna explicación acerca de los ataques y de las ideas que andan difundiendo los grupos proselitistas, no encuentra respuesta: no están preparados. Y ¿por qué? Porque se considera que la apologética ha pasado de moda. Bueno, habrá pasado de moda en otros lados, pero no en América Latina. De hecho, es la primera vez en la historia de América Latina en que nos enfrentamos a este problema.

Este es sólo uno de los efectos de la globalización dentro de la Iglesia, que ha causado un daño enorme al pueblo católico.

 

Padre Amatulli, ¿qué características podría tener un estatuto jurídico para los ministros no ordenados?

Yo considero que es indispensable. Prácticamente la catequesis, el pastoreo de las pequeñas comunidades, que a veces implica la atención pastoral a pueblos enteros de más de cinco mil habitantes, está en manos de los laicos. A estos encargados se les denomina de los más variados modos: delegados de la Palabra, encargados de la vida cristiana, catequistas, etc.

Una cosa es cierta: actualmente, la mayor parte de las comunidades católicas está dirigida por laicos. Pues bien, estos laicos necesitan preparación, seguridad en su cargo, emolumentos para prepararse y para ejercer su actividad evangelizadora, de manera que el laico pueda meterse en esto con seriedad. Es necesario un estatuto para ellos, según el cargo que tengan (lector, acólito, delegado de la palabra, etc.), en que se especifique oficialmente lo relativo a la elección, la formación, la duración en el cargo, de manera tal que pudiera desarrollarse, a nivel de los agentes de pastoral, un cierto tipo de carrera, que les permitan adquirir experiencia y responsabilidad cada vez mayor, hasta poder llegar al diaconado permanente. Como un proceso de capacitación y de responsabilidades.

Al mismo tiempo, los mismos aspirantes al sacerdocio, los seminaristas, tendrían que tener algo parecido. Se necesita absolutamente que un seminarista haya sido catequista, dirigente de grupos, de otros catequistas, para poder entender mejor toda la problemática. Que no se llegue a ser sacerdote, a ser pastor de una parroquia, con grandes responsabilidades, pero sin conocer realmente todo el sistema, sin haber tenido experiencia práctica, solamente con títulos, porque ha estudiado. Se trata de pastoreo, no de un acto meramente académico.

 

Padre Amatulli, gracias por concederme esta entrevista, que sin duda nos ayudará a todos a mirar con mejores perspectivas la realidad eclesial. Hasta pronto.

 

 

 

Un ejercicio de corresponsabilidad

Como pudiste notar, este es el punto de vista del P. Amatulli, un misionero que trabaja en las fronteras de la Iglesia y que pone al descubierto un error de perspectiva en el proceso de la V Conferencia y, por tanto, en el Documento conclusivo. Como un ejercicio de corresponsabilidad, lo enviaremos a la Santa Sede, a diversos organismos vaticanos, como la Pontificia Comisión para América Latina y a los presidentes de las Conferencias episcopales.

Tú también puedes hacer tus reflexiones y observaciones para enviarlas a Roma, para influir en el documento definitivo, pues el Documento Conclusivo que nos ocupa, está aún en etapa de revisión por parte de la Santa Sede. Sería importante que hicieras llegar tus impresiones a tu Obispo y a diversos dicasterios romanos, interesados en este tema.

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