EL TEATRO: LA ESPECIALIDAD DE LOS APÓSTOLES DE LA PALABRA

EL TEATRO:

LA ESPECIALIDAD DE LOS APÓSTOLES DE LA PALABRA

Impacto duradero

Todos los Apóstoles de la Palabra hemos tenido la experiencia de lo impactante que resulta para los católicos el sociodrama que presentamos en los cursos y conferencias, en el que intervienen dos Apóstoles de la Palabra que actúan como testigos de Jehová: el pastor (o dirigente) y el aprendiz.

Todo mundo se involucra: los asistentes se ponen nerviosos, aplauden, intervienen cuestionando a los supuestos testigos de Jehová, aportan testimonios, se enojan, ríen, gritan… y aprenden. Un hecho es cierto: nadie queda indiferente. Al final, aún después de aclarar que todo fue una obra de teatro, no falta quien felicite al “convertido” por haber regresado a la Iglesia y los que felicitan a los dos actores por la excelente actuación.

Es que el teatro representa una manera privilegiada para impactar y trasmitir una enseñanza duradera. En el caso de este sociodrama, hay gente que lo guarda como un buen recuerdo para toda la vida, porque le ayudó a descubrir la importancia de pertenecer a la única Iglesia fundada por Cristo. Gracias a esta representación, muchos han descubierto que también los católicos podemos aprender citas bíblicas de memoria y responder a los distintos cuestionamientos que hacen los grupos proselitistas.

Ya quedó atrás el tiempo en que el no católico hablaba, “apantallando” a los fieles católicos. En suma, el sociodrama ha contribuido grandemente a aumentar la autoestima de los católicos.

 

Recurso pedagógico

Como pueden ver, el teatro representa un excelente recurso pedagógico. Es algo que debe caracterizar a los Apóstoles de la Palabra, puesto que, por la problemática que enfrentamos (Biblia y Apologética) y nuestro enfoque (eminentemente popular y catequético), el teatro representa uno de los medios más adecuados para transmitir nuestros ideales y la enseñanza de la Iglesia.

 

Entrenamiento

Evidentemente, para que el sociodrama funcione, es necesario un entrenamiento adecuado. Aquí es donde debemos enfocar la puntería, dedicando tiempo y esfuerzo a preparar adecuadamente los sociodramas.

Es una labor en la que tenemos que intervenir todos los Apóstoles de la Palabra: sacerdotes, seminaristas, hermanas y hermanos consagrados, laicas y laicos de todos los Departamentos.

Para lograrlo es conveniente reservar algún tiempo para ensayar el sociodrama, añadiéndole los elementos necesarios para que resulte impactante: chistes, preguntas para involucrar al auditorio, frases cuestionantes, retos, etc.

Es tiempo de dejar atrás la improvisación, el descuido en el vestuario y la búsqueda de utilería para el último momento.

 

Cassettes y folleto “Aprendiendo a dialogar con las Sectas”

Para asimilar bien los contenidos de los sociodramas que se refieren a las objeciones de los grupos proselitistas, contamos ya con dos audiocassettes y el folleto titulados “Aprendiendo a dialogar con las Sectas”. Escucharlos constantemente puede ser una excelente forma para tener una idea más clara de cómo debe presentarse cada sociodrama, añadiendo cada equipo los elementos más convenientes para adaptarlo al propio ambiente.

Es muy recomendable también la lectura del folleto, en el que se presentan las objeciones de los no católicos y la respuesta a cada una de ellas. Al leerlo, asimilaremos mejor la doctrina de la Iglesia católica sobre estos temas tan controvertidos.

En algunos casos, si así se cree conveniente, se puede presentar el sociodrama con el folleto en las manos, señalando a los asistentes la importancia de adquirir el folleto.

 

Biblia y sociodramas

Pero las objeciones de las sectas no son lo único que podemos presentar mediante obras de teatro. También muchos pasajes de la Biblia, pueden ser convenientemente actualizados y presentados mediante sociodramas: las parábolas y los milagros de Jesús (el hijo pródigo, el buen samaritano, la curación del leproso o del ciego de nacimiento…), la historia de los héroes bíblicos (David y Goliat, los siete mártires Macabeos y su madre, Juan Bautista, San Pablo…) y tantas enseñanzas más presentes en la Sagrada Escritura.

La Biblia es una verdadera mina en la que podemos buscar los tesoros maravillosos que el Padre ha preparado para nosotros, de tal manera que luego podamos hacer que el Pueblo de Dios desee buscar por sí mismo estas perlas preciosas, introduciéndolo en el extraordinario mundo de la Biblia. Se trata, pues, de un ideal que bien vale la pena cualquier sacrificio.

 

Algunas apreciaciones necesarias

En lo personal me resultan preocupantes algunos aspectos que deseo enlistar para una presentación más o menos exhaustiva, en espera de una profundización en este foro.

 

Improvisación

El diccionario define este término como “hacer algo de pronto, sin estudio ni preparación”. Y esta es, frecuentemente, la manera en que presentamos nuestras obras de teatro. Claro que hay también lo que se llama “preparación remota”, que consiste en ese bagaje cultural que nos proporciona ciertas aptitudes para armar una buena obra en poco tiempo. Sin embargo no todos contamos con ella. ¿Qué hacer entonces? Prepararse oportunamente.

 

Vestuario más adecuado

Es otro aspecto que hemos descuidado. Como que no hemos entendido que para representar a Jesús o a los Apóstoles no es suficiente cubrirse con una sábana.

 

Cultura de muerte

Está presente en muchas de las obras de teatro que se presentan por aquí y por allá en las Casas del Apóstol. Siempre se da en un contexto de lágrimas, dolor y muerte, sin una perspectiva más amplia en la línea de la esperanza cristiana y los valores evangélicos.

 

Humorismo excesivo

Es el extremo contrario. Como que resulta más fácil presentar alguna obra de teatro que divierta. Claro que en una convivencia católica hay que equilibrar adecuadamente los contenidos, presentando obras de teatro con finalidades distintas: transmitir una enseñanza, divertir, crear conciencia, etc.

El asunto es que no basta con que el pueblo se divierta. Además, en muchas ocasiones el pueblo se ríe más de la manera poco profesional en que actuamos o de la forma poco apropiada en que vestimos. Resulta patético que, cuando tratamos de presentar una obra de teatro con un asunto serio, los asistentes se rían porque no lo hacemos adecuadamente.

 

Propuestas

Para aportar alguna solución a toda la problemática planteada, hago las siguientes propuestas.

 

Taller de teatro

Sería conveniente organizar un taller de teatro, al que asistieran representantes de los Apóstoles de la Palabra de los distintos departamentos y las dos sociedades de vida apostólica. Estos serían los instructores para las zona o la diócesis en la que realizan su apostolado.

En este sentido, a reserva de lo que aquí se acuerde, el Departamento Editorial podría buscar a algún instructor adecuado. Los demás detalles (fecha más conveniente, lugar, costos, etc., asistentes) pueden definirse en este mismo foro.

 

Obras de teatro por escrito

Hay buena madera en algunos Apóstoles de la Palabra para la preparación de obras de teatro. ¿Por qué no recopilarlas para darles forma escrita, añadiendo algunas acotaciones o recomendaciones a tener en cuenta por los actores?

 

Vestuario más adecuado

Puesto que, generalmente, las obras de teatro que presentamos son en la línea bíblica o apologética, podría tenerse en las Casas del Apóstol un vestuario adecuado, mandado hacer ex profeso (a propósito).

 

Utilería

Lo mismo por lo que se refiere a otros accesorios: barbas, bigotes, etc., que pueden adquirirse en alguna tienda de disfraces. En este sentido es muy importante tener preparado todo lo que vaya a necesitarse para la escenografía (sillas, mesas, floreros, manteles, etc.) o representar mejor la obra (por ejemplo, si uno de los personajes va a pagar algo, necesita tener billetes de utilería).

 

Conclusión

Pongo estas ideas a su consideración, en espera de que lleguemos a algún acuerdo que resulte en beneficio de la evangelización y de un mayor profesionalismo entre nosotros.

Muchas gracias por su atención.

DESFILE DE ESCENAS BÍBLICAS

DESFILE DE ESCENAS BÍBLICAS

La Sagrada Escritura contiene una enorme riqueza, que en gran parte es desconocida por el pueblo católico. Estamos muy lejos de vivir según el deseo de los Padres conciliares, que deseaban “que todos los fieles tengan un fácil acceso a la Escritura” (DV 22).

Pues bien, para despertar el interés en el pueblo católico por conocer la Biblia, es necesario utilizar todos los medios que tenemos a nuestro alcance. ¿Cómo lograr que nuestro pueblo se entusiasme por las Sagradas Escrituras, de modo tal que inicie la gran aventura de estudiarla? Entre otras iniciativas, podemos lograrlo organizando desfiles de escenas bíblicas.

¿En qué consisten? Se trata de hacer un desfile en el que se vayan representando las escenas más significativas de la Historia de la Salvación, las parábolas, los milagros y los momentos importantes en la vida de Jesús y de la Iglesia primitiva, tal como la presentan los Hechos de los Apóstoles y las Cartas paulinas y católicas.

¿Quiénes pueden intervenir? Todos aquellos que hayan hecho un curso bíblico y deseen compartir lo que han aprendido con las demás personas de la comunidad.

Pueden ser los niños que asisten a la catequesis presacramental o a la catequesis de perseverancia, los catequistas, los integrantes del grupo juvenil, los jóvenes y adultos que participan en algún círculo bíblico o en un grupo de estudio de la Biblia, los miembros de algún movimiento laical, los seminaristas, las religiosas… En fin, personas que estén enamoradas de la Biblia y deseen enamorar a otros de la Palabra de Dios.

¿Cómo se procede? Primero viene la formación de los equipos y la selección de las escenas bíblicas que se representarán y su consiguiente preparación. Conviene tomar en cuenta el vestuario apropiado a la escena que se representará.

Para el desfile, se planeará la ruta que debe recorrerse. Los actores van desfilando por equipos y en los lugares señalados representarán la escena bíblica correspondiente. En un letrero visible se señalará la cita bíblica y la escena que se está representando, ejemplo: “Jn 2,1-11. Las Bodas de Caná”.

Evidentemente, hay que hacer la difusión del desfile, de manera tal que haya el mayor número de espectadores, avisando oportunamente que todos los que la tengan, traigan el propio ejemplar de la Biblia.

Al finalizar la representación de la escena bíblica, es oportuno reflexionar el pasaje bíblico. ¿Cómo hacerlo? He aquí algunas sugerencias:

a)      Una breve reflexión de alguien que la ha preparado oportunamente, utilizando la Biblia.

b)      Pasan al frente los actores y cada uno comparte su experiencia.

c)      Pasan al frente los artistas. El público les hace preguntas, sea sobre sus palabras, sus actitudes o sentimientos.

¿Cuándo puede realizarse? En la fecha que se considere más oportuna: con ocasión de la fiesta patronal, cada 2 o 3 meses con los niños que asisten a la catequesis presacramental, al finalizar la catequesis, durante el mes de Mayo, con ocasión del rezo del Santo Rosario; durante la realización de una misión popular, en el Mes de la Biblia (septiembre), etc.

Ex abundantia cordis os loquitur

Presentación del libro más reciente del P. Amatulli,

titulado “¡Ánimo! Yo estoy con ustedes”‏

¡ANIMO! YO ESTOY CON USTEDES

¡ANIMO! YO ESTOY CON USTEDES

Ex abundantia cordis os loquitur

Un estilo ameno y sugestivo caracteriza a este nuevo libro del P. Amatulli. Es como una bocanada de aire fresco en el mar de la bibliografía católica contemporánea, en la que se privilegia un estilo académico, muy lejano de la sensibilidad contemporánea y de la formación específica y los intereses de amplios sectores del catolicismo.

Al leerlo no pude evitar pensar: “Realmente Jesús tiene razón: ‘De la abundancia del corazón habla la boca’ (Lc 6, 45c).” En efecto, en este libro están presentes los diversos temas que han preocupado y ocupado al P. Amatulli a lo largo de su vida y su ministerio; están presentes los aspectos que ha reflexionado largamente con el único afán de hacer todo lo posible para lograr que la Iglesia esté en condiciones de atender debidamente a todos y cada uno de los miembros del pueblo de Dios.

Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que este es el leitmotiv y la clave para interpretar toda su titánica actividad apostólica y su vasta producción literaria.

 

Historia magistra vitae

El estilo escogido por el P. Amatulli es el narrativo, donde él asume el papel del narrador y del cronista, que parece relatar a partir de sus recuerdos. Esto se nota en los tres relatos que componen el presente folleto, que inician respectivamente con estas frases tan sugerentes: “Recuerdo cuando vi a don Filemón por primera vez”, “Recuerdo cuando lo vi por primera vez”, refiriéndose al padre José Luis, y “Mis primeros recuerdos acerca de esta historia son muy vagos”, cuando alude a la historia de doña Raquel y sus tres hijos, Jorge, Felipe y Armando.

En este sentido, su folleto es una anamnesis, un traer a la memoria las vicisitudes que han vivido diversos personajes, significativos por su actividad pastoral y su papel en la comunidad eclesial, para aprender de ellas y sacar lecciones y aportaciones para la vida y el quehacer de la Iglesia.

No olvidemos que el P. Amatulli es un testigo privilegiado de la vida eclesial en las últimas décadas, particularmente en el posconcilio. Esto le permite remontarse a las alturas para ver los distintos modelos pastorales que se han propuesto y ensayado en el siglo XX, especialmente en América Latina, y examinar sus secuelas: el catolicismo preconciliar (representado por doña Raquel y don Filemón, el antiguo sinarquista), la aplicación polémica de las propuestas de las teologías de la liberación y la puesta en práctica, no siempre afortunada, de las directrices del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965), especialmente en el tema del ecumenismo, vivido tan ingenuamente en Iberoamérica.

Los géneros que habitualmente ha cultivado el P. Amatulli son el ensayo teológico-pastoral y el artículo de opinión. Pero el estilo que utiliza en este folleto le permite a nuestro autor presentar, con mayor contundencia, sus múltiples propuestas y planteamientos para hacer realidad un nuevo modelo de Iglesia y, por tanto, los elementos esenciales de su eclesiología y los métodos pastorales que sugiere para lograrlo.

Esto requiere, por tanto, saber leer entre líneas sus propuestas, sin dejar de disfrutar la interesante trama, pero sin dejarse atrapar por lo meramente anecdótico, olvidando lo que el autor quiere comunicarnos y proponernos para ser llevado a la práctica.

En este folleto, el P. Amatulli utiliza una forma de hablar plástica e penetrante. Usa imágenes, metáforas y simbolismos. Así pues, invito al lector a meditar en el significado más profundo de personajes como don Filemón, doña Raquel, Armando, el “convertido”, los padres José Luis, Felipe y Jorge, que representan distintas formas de entender y vivir la fe católica y de enfrentar los retos pastorales. Los invito también a profundizar en el significado más hondo de instituciones como “La Casona” y la congregación religiosa, que parecen representar, en distintos planos, a la parroquia, a la Iglesia universal y a sus instituciones, a veces en franca decadencia y otras en todo su esplendor. Analicemos también con ojo clínico las distintas situaciones que se presentan. Tal es el caso de la esquizofrenia, que no es exclusiva del padre Felipe, o del proceso de evangelización vivido por el padre José Luis. Los invito, por tanto, a leer entre líneas e ir más allá de lo evidente.

 

“Durus est hic sermo! Quis potest eum audire?”

Uno de los comentarios recurrentes sobre la más reciente producción literaria del P. Amatulli es que es muy dura. Por lo que sé, la actitud de nuestro autor entronca con una línea muy consistente en la tradición bíblica, que continúa a lo largo de la historia de la Iglesia. Está presente en la tradición profética (¿Quién no recuerda, a este propósito, el capítulo 34 del libro del profeta Ezequiel?), se desarrolla en los salmos, particularmente los de tipo penitencial, se halla presente en el Nuevo Testamento (es útil recordar, por ejemplo, las cartas a las siete comunidades cristianas de Asia menor que encontramos en los capítulos dos y tres del libro del Apocalipsis y algunas intervenciones de Jesús y san Pablo) y se prolonga en los escritos de los Padres, que lo han aplicado a la vida de la Iglesia.

Se trata de un género denominado admonición profética y lo encontramos, no sólo en la Biblia.  Lo utilizan san Agustín (véase, por ejemplo su Sermón sobre los pastores), san Máximo el Confesor, san Alberto Magno, san Buenaventura, por citar los más significativos. Lo hallamos en Dante (en el Canto 32 de su Purgatorio), Erasmo de Rotterdam (¿Cómo no recordar su célebre “Elogio de la locura”?), Santo Tomás Moro (ahí está a la mano su “Utopía”). Uno de los más representativos es, sin duda, Antonio Rosmini, con su polémico pero atinado “De las cinco llagas de la Iglesia. Tratado dedicado al clero”. Pues bien, el P. Amatulli aporta su palabra a esta venerable tradición de la Iglesia para seguir enriqueciéndola y contribuir a la reforma de la Iglesia. No aplica, por tanto, esa frase que dice: “Los trapos sucios se lavan en casa”.

 

Agenda

Presento aquí una lista no exhaustiva de los temas que presenta y las sugerencias que propone el P. Amatulli:

  • Diaconado permanente. Es uno de los temas más queridos por el P. Amatulli, que ve en los diáconos permanentes, por su equilibrio psicológico, su formación, su experiencia vital y su contacto más cercano con el pueblo de Dios, un elemento fundamental para la reestructuración pastoral que la Iglesia tanto necesita. Señala, al mismo tiempo, el invierno que vive en numerosas diócesis este ministerio tan necesario y pide que se promueva más ampliamente, señalando un oportuno perfil del diácono permanente.
  • La vida religiosa. Uno de los enigmas que más le intrigan desde hace tiempo es el papel de la vida religiosa, volcada en su compromiso con la justicia social y la problemática de los pobres, pero que olvida fácilmente los valores eminentemente espirituales y el anuncio explícito del Evangelio, optando generalmente por una presencia testimonial centrada en la promoción humana. Una cosa es cierta: muchas congregaciones religiosas parecen más partidos políticos, sindicatos o agrupaciones filantrópicas.
  • Evangelización. Es lo propio de la Iglesia. En este sentido, el P. Amatulli ha asimilado plenamente lo que escribió Pablo VI en su Evangelii Nuntiandi (1975): “Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa” (EN 14). En este tenor, el P. Amatulli señala que, como Iglesia, debemos dedicarnos a lo propio, que es la evangelización. Es lo que dice también el Santo Padre: “No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios” (EN 22).
  • Una nueva apologética y un sano ecumenismo. No son tareas excluyentes. Se trata de un doble esfuerzo para hacer posible la unidad entre los discípulos de Cristo: Unitatis redintegratio (restablecimiento de la unidad = Ecumenismo) y Unitatis praeservatio (preservación de la unidad = Apologética). Si el P. Amatulli promueve la Apologética no es por el afán de pelear, sino para fortalecer la fe de los católicos y detener la actual desbandada hacia otras propuestas religiosas.
  • Auténticos ciudadanos y hombres de fe. Es lo que se pretende formar, pues el drama de nuestro tiempo, como lo recordó en su momento Pablo VI, es el divorcio entre fe y vida.
  • El secreto paulino del éxito apostólico. “Lo que aprendiste de mí, confirmado por numerosos testigos, confíalo a hombres que merezcan confianza, capaces de instruir después a otros” (2Tim 2, 2). Es una prioridad: buscar colaboradores y formarlos integralmente, para hacer de ellos verdaderos agentes de pastoral. En este sentido conviene tener en cuenta la regla de oro del P. Amatulli: En lugar de trabajar por diez, pon diez a trabajar. Ministros laicos a tiempo completo. Sólidamente formados, metidos de lleno en la actividad evangelizadora, remunerados económicamente (Cfr. CIC 231 § 2 y 281 § 3) y protegidos con un marco jurídico específico.
  • Cuidado con las utopías fatuas. No a los estados alterados de conciencia en la actividad evangelizadora de la Iglesia ni a los coqueteos con las guerrillas.
  • Un trinomio imposible. Unir fama, dinero y salvación de las almas. Este es el sueño de Simón el Mago (Hch 8, 9-24), no el de los auténticos discípulos de Cristo.
  • Un trinomio necesario. Equilibrar el culto, la enseñanza y el pastoreo. En este aspecto, la postura del P. Amatulli se encuadra en la tradición joánica, para quien lo característico del pastoreo no es tanto el ejercicio de la autoridad o el poder que se ejerce sobre las ovejas, sino el conocimiento íntimo y profundo que se tiene de ellas. En efecto, el buen pastor conoce a cada una por su nombre y está dispuesto a dar la vida por ellas. Si una oveja se pierde, no escatima ningún esfuerzo para ir a buscarla.
  • Transparencia. No a la falta de transparencia en los asuntos eclesiales, particularmente en el aspecto económico.
  • Relaciones clero-laicado. Requieren un giro copernicano: El pastor al servicio de las ovejas, en un clima de respeto y corresponsabilidad, sin acaparamiento ni confusión de funciones, haciendo realidad la doctrina paulina del Cuerpo Místico de Cristo (1Cor 12, 4-31).
  • Análisis de la realidad eclesial. Hacer énfasis en lo propio: la dimensión espiritual, que permeará todas las áreas de la vida. Es necesario detectar las necesidades más apremiantes de nuestro pueblo para remediarlas.

 

Ressourcement y aggiornamento

Son los dos ejes de la propuesta teológico-pastoral del P. Amatulli. Se trata de un “retorno a las fuentes” (ressourcement) de nuestra fe, a la Sagrada Escritura, nuestra principal fuente de inspiración, y a la experiencia de las comunidades eclesiales de los primeros siglos del Cristianismo, cristalizada no sólo en los escritos de los Padres de la Iglesia, sino también en las instituciones a las que dieron origen, con una creatividad pastoral que tiene presente la fidelidad a Dios y su proyecto salvífico y la fidelidad al hombre concreto.

Al mismo tiempo se busca una “puesta al día” (aggiornamento) en las estructuras, prácticas y métodos de encuentro de la Iglesia con el hombre de hoy, con la finalidad de que Cristo sea comprendido por las nuevas generaciones, máxime ahora que vivimos este cambio de época que se ha dado en llamar postmodernidad y que el modelo eclesial predominante en el régimen de cristiandad ha manifestado grandemente su agotamiento.

Se trata, por tanto, de una asignatura pendiente, pues aún no hemos logrado que el pueblo católico entre en contacto con los bellísimos tesoros de nuestra Tradición bíblica y patrística para apropiárselas de forma tal que nutran, fortalezcan y orienten su vida de fe. En este contexto se inscribe la insistencia del P. Amatulli en señalar que la Palabra de Dios, contenida en la Biblia y en la Tradición, e interpretada auténticamente por el Magisterio de la Iglesia (DV 10), es para todos y debe estar al alcance de todos.

 

In mundo pressuram habetis,

sed confidite, ego vici mundum

Una lectura de este folleto no estaría completa sin la lectura del folleto precedente: “¡Alerta! La Iglesia se desmorona”. En efecto, este primer folleto es un análisis exhaustivo de la realidad eclesial y la presenta con toda su crudeza, no para desmoralizarnos. Es cierto, se presenta una Iglesia en franca bancarrota, pero no para sembrar desesperanza, sino para invitarnos a la reflexión y a la acción en un clima de corresponsabilidad.

Este nuevo folleto, con el sugestivo título “¡Ánimo! Yo estoy con ustedes” presenta la otra cara de la medalla y nos revela que Dios escribe derecho en renglones torcidos, por lo que, a pesar de un panorama tan desolador, la Iglesia sigue avanzando. De tantas experiencias fallidas quedan pepitas de oro, que nos hacen recordar que Dios nunca abandona a la Iglesia. El es el Emmanuel, el Dios que siempre está con nosotros (Is 7, 14; Mt 1, 21.23; 28, 20). Es, por tanto, una invitación a la esperanza. Escuchemos a través del P. Amatulli las palabras de Jesús:

 

“Les he dicho estas cosas para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).

 

Estimado lector: Espero que estas claves de lectura te ayuden a leer con mayor provecho este folleto. No olvides que nos interesa conocer tus comentarios y aportaciones.

 

Afectuosamente en Cristo,

 

P. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap

22 de julio de 2009, Memoria de santa María Magdalena.

 

Notas:

  • Ex abundantia cordis os loquitur = De la abundancia del corazón habla la boca (Lc 6, 45c).
  • Leitmotiv = asunto central, motivo recurrente. Es la idea central o que se repite insistentemente en una obra, en una conversación o en el transcurso de un hecho.
  • Historia magistra vitae = La historia es maestra de la vida (La frase es de Cicerón)
  • “Durus est hic sermo! Quis potest eum audire?” = “Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?”(Jn 6, 60)
  • Agenda = Cosas que se han de hacer.
  • Ressourcement y aggiornamento = “Volver a las fuentes” y “puesta al día”
  • In mundo pressuram habetis, sed confidite, ego vici mundum = En el mundo tendrán tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo (Jn 16, 33b).

Un nuevo estilo en la catequesis presacramental

Un nuevo estilo

en la catequesis presacramental

Un misterio sin resolver

Uno de los más grandes «misterios sin resolver» en la pastoral católica es el hecho de que muchos niños y adolescentes no sigan frecuentando la Santa Misa ni recibiendo la Eucaristía después de hacer la Primera Comunión.

A este hecho evidente se le ha tratado de dar diversas soluciones, poco afortunadas:

a) Aumentar el tiempo invertido en la catequesis presacramental, llegando incluso a adoptar el sistema escolarizado, copiado de la educación primaria.

b) Se ha insistido en la así llamada «catequesis de perseverancia», donde, curiosamente, pocos perseveran.

c) Otra solución es el uso de «señuelos», tratando de atraer a los niños con diversos «trucos»: boletos que podrán canjear por diversos premios en una de tantas kermesses parroquiales, ofreciéndoles golosinas, etc. Nada parece dar resultado.

Pues bien, ¿qué se esconde detrás de estas «soluciones»? La convicción de que a mayor conocimiento doctrinal, corresponde una mayor vivencia de la fe. Los hechos nos invitan a buscar en otra dirección.

Un nuevo estilo

Urge ensayar nuevos estilos en la manera de compartir la fe (no sólo «dar catecismo») con los niños y adolescentes que se preparan a recibir los sacramentos de iniciación cristiana.

He aquí algunas pistas al respecto.

a) Uso abundante de la Biblia. Lo primero que el niño católico debe conocer es la Biblia, iniciando con la Historia de la Salvación, sin distraerse por el momento en temas tales como naturaleza, características y transmisión de la Revelación, división y número de los libros, canonicidad, la verdad de la Biblia… (perspectiva científica). Además, el niño debe recibir la Biblia, no el día en que recibe la Primera Comunión, sino cuando empiece el proceso catequético, empleándola todos los días, incluso en la Santa Misa.

b) Pequeña comunidad cristiana. La catequesis debe ser vivencial, no al estilo de un salón escolar, sino al estilo de una pequeña comunidad cristiana (perspectiva de fe y vida = Palabra de Dios, reflexión, cantos, oración y compromiso concreto), en la que se viva la fe y no sólo se aprendan algunas nociones doctrinales y las oraciones más comunes. Lo más recomendable es que pudiera encomendarse la catequesis de iniciación cristiana a los miembros de movimientos laicales (Renovación carismática, Cursillos, etc.).

c) Dinámicas, obras de teatro y concursos bíblicos. El uso de la Biblia en la catequesis nos da la oportunidad de que los alumnos se entrenen en en el conocimiento y vivencia de la fe. Para potenciar ambos aspectos, se hace necesario el uso de dinámicas, obras de teatro basadas en los pasajes de la Biblia y concursos bíblicos, que favorezcan que la Palabra de Dios se arraigue y dé fruto en cada uno.

A sus órdenes

Los Apóstoles de la Palabra estamos incursionando en esta línea. Si lo deseas, podemos asesorarte. Esperamos tu llamada.

¡Se me subió el muerto!

¡Se me subió el muerto!

 

Algunas veces, en nuestras giras apostólicas por diversas parroquias, no falta alguien que se acerca para hacer una consulta: «¡Padre, fíjese que se me subió el muerto y no sé qué hacer!»

¿Qué es eso de que «se me subió el muerto»? Las señales para reconocerlo son inequívocas: sucede cuando estás dormido y de repente te despiertas sin poder moverte. Nada. No puedes mover ni un brazo ni una pierna, y ni siquiera puedes hablar. Extrañamente puedes respirar con dificultad, pues sientes una opresión en el pecho (y en todo el cuerpo) y de ahí que algunos digan «se me subió un muerto», pues es como si tuvieras un cuerpo invisible cubriéndote.

Pues bien, ¿a qué se debe? Aunque no lo creas, esto tiene una explicación médica. Se le llama Parálisis del sueño. ¿En qué consiste? Al momento de dormirnos, nuestro cerebro se va desenchufando poco a poco y no de golpe. Las ondas cerebrales empiezan a funcionar de manera diferente, y pasamos por diferentes etapas. Eso es claro de ver, pues cuando alucinamos por algo o estamos adormilados, nuestro cuerpo no responde igual porque nuestro cerebro no está al 100%. Bueno, pues sucede que cuando nos dormimos, nuestro cerebro anda en capacidad muy baja, y cuando nos despertamos de golpe o porque hay algún ruidito que nos moleste, el cerebro tarda en arrancar del todo, y nuestro cuerpo no responde como debiera. Esa es la razón por la que no nos podemos mover. No por algún muerto travieso.

¿Qué se puede hacer cuando uno se encuentra consciente durante la parálisis del sueño?

a) Tranquilizarse, el miedo no hará más que prolongar este desagradable estado;

b) Respirar profundamente, la parálisis del sueño no controla la respiración;

c) Mover los ojos, la parálisis tampoco controla los ojos;

d) Intentar mover los dedos, tanto de las manos como de los pies. El movimiento producido será real, y puede ayudar a despertarse;

e) Realizar un movimiento brusco.

Hacia la creación de nuevas estructuras pastorales

Hacia la creación

de nuevas estructuras pastorales

Recensión del folleto

«Extracto del Documento de Aparecida».

«Extracto del Documento de Aparecida» es uno de los más reciente libros escritos por el P. Amatulli y es extremadamente cuestionante pues, aunque reconoce la relevancia y la novedad del Documento de Aparecida, lo acertado de su punto de partida (su insistencia en formar discípulos y misioneros de Cristo) y la pertinencia del llamado a la Misión Continental, señala su falla de origen: el Documento de Aparecida se centra y parte sobre todo de la realidad social y no examina con detenimiento la compleja realidad eclesial; más aún, el Documento en cuestión ofrece una realidad eclesial maquillada, para decirlo en una de las frases más polémicas y certeras utilizadas por el P. Amatulli.

En efecto, el Documento de Aparecida es muy incisivo cuando examina la compleja realidad socio-económica y política, en la que están inmersos los discípulos de Cristo, pero la falta esa garra cuando habla de la realidad eclesial, que presenta en forma idílica. Recuerda esos documentos y discursos gubernamentales que, cuando uno los escucha, inmediatamente piensa: “¿De qué país está hablando el presidente de la República?”.

Parece que se da más importancia a un eventual pacto de no agresión entre las distintas tendencias presentes en el Episcopado de América Latina y el Caribe, que a un esfuerzo sincero por conocer la realidad eclesial en que viven los católicos de nuestro Continente, para responder a sus desafíos pastorales. Hasta la así llamada teología de la liberación dejó su huella en el documento conclusivo, como signo de apertura a todas las líneas pastorales y tendencias de pensamiento.

Pues bien, el P. Amatulli toma como punto de partida el éxodo masivo de católicos hacia las más variadas propuestas religiosas y hacia el indiferentismo religioso como una clave fundamental para examinar la realidad eclesial, no sólo por el creciente avance de estas tendencias en la sociedad contemporánea, sino por lo que revela acerca de la situación de la Iglesia católica en general.

Hoy que hablamos tanto de los signos de los tiempos, que hay que examinar a la luz del Evangelio y de la actividad pastoral de la Iglesia, no hemos tomado en cuenta uno de los signos más relevantes y reveladores: millones de católicos han abandonado la Iglesia y un alto porcentaje de los que permanecen en ella viven al margen de la institución eclesial.

Esto nos revela que la actividad de la Iglesia ha sido sumamente deficiente, pues sólo atiende a un reducido número de su feligresía; la catequesis parece más una escuela de desertores que una actividad que forme discípulos de Cristo; la escasez de ministros ordenados y de catequistas laicos competentes es preocupante; las suspicacias sobre la administración de los dineros de la Iglesia; el clericalismo que campea en las relaciones entre los pastores de la Iglesia y los fieles es endémico y se traduce en autoritarismo e imposición, que provoca profundos malestares en la feligresía.

El folleto resulta sumamente útil, porque nos ofrece líneas de acción pastoral para que podamos atender debidamente al pueblo de Dios.

RENOVARSE O MORIR

RENOVARSE O MORIR. HE AHÍ EL DILEMA

El primer paso para resolver cualquier problema es el reconocimiento de su naturaleza específica y hacer los cambios oportunos.

Por el P. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap

 

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El más reciente libro del P. Flaviano Amatulli Valente, titulado “CAMBIAR O MORIR. LA IGLESIA ANTE EL FUTURO” es una aplicación muy interesante del método ver, juzgar y actuar, empleado en diversos documentos eclesiásticos.

“Este método —dice el Documento de Aparecida, n. 19— nos permite articular, de modo sistemático, la perspectiva creyente de ver la realidad; la asunción de criterios que provienen de la fe y de la razón para su discernimiento y valoración con sentido crítico; y, en consecuencia, la proyección del actuar como discípulos misioneros de Jesucristo”.

El P. Amatulli lo resume en estas interrogantes: ¿Dónde estamos? ¿Adónde vamos? ¿Por cuáles caminos queremos llegar?, que señalan el itinerario de este folleto, dividido en tres partes, que corresponden a los tres momentos del método ver, juzgar y actuar.

 

VER

Un modelo eclesial agotado

Echando un vistazo al índice podemos tener una idea clara de la lectura de la realidad que hace el P. Amatulli. Como sabemos, lo que privilegia el P. Amatulli es la realidad eclesial, pero sin infravalorar la realidad en sus aspectos socio-económicos y políticos.

Es la mirada del pastor, siempre dispuesto a dar la vida por las ovejas (Jn 10, 11); es el examen minucioso del misionero llamado a anunciar las insondables riquezas de Cristo (Ef 3,8); es la exploración que realiza el presbítero, llamado a cuidar el rebaño que el Espíritu Santo le encomendó (Hch 20, 28).

¿Qué es lo que observa al analizar la compleja realidad eclesial desde la perspectiva de quien está consciente de haber sido llamado a anunciar la Buena Noticia (1Cor 1, 17)?

El abandono pastoral en que se encuentran amplios sectores del Pueblo de Dios; la profunda ignorancia religiosa de las masas católicas, el autoritarismo que se niega a desaparecer en una institución con una estructura piramidal, donde la autoridad se ejerce de modo discrecional; la corrupción, la explotación, el poco respeto a los derechos humanos y a la dignidad de la persona, que también están presentes en la relaciones entre los miembros de la Iglesia, puesto que el pensamiento autoritario se cristaliza en formas autoritarias de gobierno.

He aquí un párrafo revelador:

De hecho, en la Iglesia se habla más de obediencia que de búsqueda o concertación, de unidad que de diversidad, de monopolio que de libre competencia. Basta ver el asunto de la catequesis. Texto único, sin importar las diferencias existentes entre los distintos destinatarios, que viven en ambientes muy diferentes o cuentan con diferente tipo de compromiso cristiano (católicos de la masa y católicos integrados a los grupos apostólicos). Yo mando y ya. Lo que vale es la ley, no la persona (Cambiar o Morir. La Iglesia ante el Futuro, p. 9).

 

¿Qué más se observa cuando se mira con los ojos del pastor, para quien la salus animarum es la ley suprema de todo el quehacer eclesial (Código de Derecho Canónico, c. 1752)? Un panorama bastante desolador con respecto a la religiosidad popular, a contracorriente de lo que dicen los documentos eclesiales.

“La piedad popular —dice el Documento de Aparecida, n. 264— es una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia y una forma de ser misioneros, donde se recogen las más hondas vibraciones de la América profunda”.

De acuerdo, pero la religiosidad popular no representa el non plus ultra del catolicismo, la forma más acabada de vivir la fe católica. Como lo reconocen diversos documentos eclesiales: “hay que evangelizarla o purificarla”. Es que se trata, en muchos casos, de un auténtico paganismo con pantalla cristiana, pero que es intocable en vistas a su utilidad para llenar las arcas de la Iglesia y acrecentar las finanzas del clero.

También salta a la vista el éxodo masivo de católicos hacia las más variadas propuestas religiosas, la vocación de suicidio de algunos sectores de la Iglesia, que están volcados en una forma ingenua de vivir el ecumenismo y el diálogo interreligioso, mientras dejan al pueblo católico en el más absoluto desamparo.

En suma, se observa un catolicismo en bancarrota. ¿La causa? El problema es multicausal, pero una cosa es cierta: existe actualmente un modelo eclesial agotado.

Es inútil que nos hagamos ilusiones: nos encontramos en caída libre y nadie sabe cuándo nos vamos a parar. Templos que se cierran, parroquias que se juntan, seminarios vacíos, órdenes y congregaciones religiosas de puros ancianos, gente que cada día más se va alejando de nosotros sin despedirse siquiera. Hay que estar ciegos para seguir pensando que todo anda bien en nuestra casa, mientras tratamos de apuntalar un andamio que ya se nos está cayendo encima a la vista de todos.

Es inútil tratar de maquillar, camuflar o esconder una realidad eclesial, extremadamente precaria. Lo mejor es tomar conciencia de ella y tratar de intervenir con sentido de responsabilidad y audacia cristiana. De otra manera, me temo que, de seguir así, nuestro changarrito poco a poco se va a reducir a los mínimos términos (Cambiar o Morir. La Iglesia ante el Futuro, p. 19-20).

 

Juzgar

El plan de Dios

El proyecto salvífico de Dios es la medida para calificar la realidad eclesial, para descubrir qué tanto nos falta para llegar a la meta que Dios nos propone. Pues bien, ¿cuál es el proyecto de Dios para su pueblo? Vida abundante en Cristo y su Iglesia (Jn 10, 10b; 1Tim 3, 15).

Por eso, en esta segunda parte, el P. Amatulli nos presenta a Cristo y a la Iglesia católica como lo que realmente son: a Cristo como el único salvador del mundo (Hch 4, 12; Jn 14, 6) y a la Iglesia como un camino privilegiado de salvación.

Por lo tanto, ser discípulo de Cristo en la Iglesia fundada por Él, representa lo máximo para el ser humano, un enorme privilegio, que hay que agradecer a Dios constantemente. Es otra manera, muy diferente, de pensar, vivir y situarse en el mundo. Es otra manera de ver el más allá y prepararse al encuentro definitivo con Dios. Es otra manera de establecer, vivir y sentir la propia relación con la divinidad: “Miren qué amor tan grande nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!” (1Jn 3, 1) (Cambiar o Morir. La Iglesia ante el Futuro, p. 27).

 

Además, en este contexto, el P. Amatulli nos ayuda a descubrir con nuevos ojos la excelencia de la fe católica, que no es una invención humana, sino algo que viene de Dios. Al mismo tiempo, a la luz de la Sagrada Escritura, nos lleva a examinar diversas imágenes de la Iglesia que presentan lo que Dios quiere para su pueblo, el sueño que debe hacerse realidad en la historia de la salvación.

En efecto, la Iglesia está llamada a ser el rebaño de Dios, donde las ovejas estén seguras y tranquilas, bajo el cuidado de un pastor dispuesto a dar la vida para protegerlas; la viña, donde Dios es el viñador, que la cuida de la mejor manera posible para que dé frutos; la familia y el templo de Dios.

Este es el ideal. Pero, ¿cuál es la realidad concreta? Ovejas dispersas y errantes (Ez 34, 5-6); viña que, en lugar de dar uvas, da racimos amargos (Is 5, 2); y templo en que se honra a Dios solamente con los labios (Is 29, 13).

¿La culpa? De todos, pero de una manera especial de:

• los encargados, que se adueñan de la viña (Lc 20, 9-19);

• los malos pastores, que se apacientan a sí mismos y descuidan a las ovejas (Ez 34, 2), volviéndose mercenarios (Jn 10, 12; Os 4, 6);

• los mayordomos, que, en lugar de proporcionar a la servidumbre el alimento a su debido tiempo, se aprovechan de su cargo para tener una vida disoluta, descuidando gravemente su deber (Mt 24, 49; Lc 12, 45) (Cambiar o Morir. La Iglesia ante el Futuro, p. 33).

 

Y todo esto se debe a que existe en la Iglesia una verdadera casta sacerdotal, poco sensible a las necesidades espirituales del pueblo, y que dedica mucho tiempo a buscar y conservar privilegios.

 

Actuar

Hacia un Nuevo Modelo de Iglesia

¿Qué hacer para acortar las distancias entre el plan de Dios y la situación actual de la Iglesia? Una restructuración general de la vida de la Iglesia. La idea-fuerza que sugerirá las estrategias a seguir es muy sencilla, pero desafiante: luchar para garantizar la atención personalizada de todos y cada uno de los bautizados.

• Estructurar la comunidad cristiana, haciendo de ella una comunidad de servidores, en la que todos están llamados a dar y recibir, y donde esté garantizado el pastoreo y la evangelización, donde se viva la autoridad como un servicio y no como poder y privilegio y se pueda garantizar la celebración eucarística a todas y cada una de las comunidades, resolviendo la falta de ministros ordenados para confeccionar la Eucaristía. Esto implica también la presencia de ministros no ordenados, para quienes es necesario un marco jurídico que les dé un mínimo de garantías y salvaguarde su dignidad como agentes de pastoral, al mismo tiempo que contemple recompensarlos económicamente.

• Descentralizar el culto, delegando funciones y haciendo realidad en la praxis el concepto de Iglesia doméstica, al mismo tiempo que la capilla se vuelve en lugar de encuentro y celebración cultual a nivel de pueblo en general y de los diversos grupos humanos (asociaciones, gremios, etc.), favoreciendo que la celebración de la fe se haga más cercana al pueblo y, por lo tanto, más participativa, mientras se da un mayor margen de intervención a los laicos comprometidos.

• Reorganizar el proceso formativo, superando el desfase cultural y utilizando los moldes culturales contemporáneos (psicología, oratoria, comunicación, literatura, etc.), equilibrando el aspecto intelectual y el aspecto práctico, viendo la formación como un camino de fe y no como un medio para transmitir meros conocimientos. Por otra parte, teniendo presente la realidad latinoamericana, es importante implementar cursos de Biblia y apologética para enfrentar el proselitismo religiosos y formar auténticos discípulos y misioneros de Cristo.

• Organizar la misión, haciendo realidad la evangelización de nuestro pueblo, mediante un anuncio acompañado siempre del testimonio y la oración, dirigido a todos, sin excepción. Para lograrlo, es necesario favorecer el surgimiento de un carisma especial, el carisma misionero, cuya tarea es ensanchar los confines de la comunidad cristiana y cuyos destinatarios son los católicos alejados o no practicantes y los no católicos, sean ateos, indiferentes religiosamente, ex católicos o miembros de otra religión. Evidentemente, es algo que supone el don de Dios, ciertas dotes naturales, una debida preparación teórica y muchos ensayos con entrenamiento práctico. Sólo así será posible que la Misión Continental no se quede en el papel y en uno más de múltiples intentos fallidos.

• Impulsar los carismas, evitando el clericalismo, que consiste en acaparamiento de funciones de parte del clero. Es tiempo de volver al estilo que vivieron las primeras comunidades cristianas, impulsando, como ocurrió en la Iglesia primitiva, los más variados carismas. Para hacerlo realidad es insustituible la labor de las asociaciones y movimientos apostólicos, en un clima de sana competencia y espíritu de colaboración.

• Crear una cultura católica, aprendiendo a manejar el lenguaje cultural actual (novela, cuento, telenovela, película, teatro, etc.) y haciendo realidad una organización al estilo empresarial y utilizando los innumerables recursos de la tecnología moderna.

• Informes oficiales. Se requiere un formato más adecuado, con los indicadores que permitan conocer la situación real en que se encuentra la parroquia, el decanato, la diócesis, etc., y favorezca una adecuada organización pastoral.

 

Concientizar la Iglesia

y alentar la esperanza

Es la tarea de este folleto y de los recientes libros publicados por el P. Amatulli: La Iglesia y las Sectas, México 1993; La Iglesia ante la Historia, México 2004; Hacia un Nuevo Modelo de Iglesia, México 2006; Documento de Aparecida. Extracto operativo, México 2007; Charlas de Sobremesa entre Curas, México 2007; Inculturar la Iglesia, México 2008; ¡Alerta! La Iglesia se desmorona, México 2008; Vino nuevo en odres nuevos, de próxima aparición.

 

Es algo realmente triste: por lo general, el clero y la vida consagrada, que tendrían que representar la vanguardia en la acción evangelizadora de la Iglesia, se han vuelto en el principal factor de resistencia ante el cambio. Es que representan los más favorecidos en el actual modelo eclesial. Por eso su visión de la realidad es muy diferente, se niegan a reconocer su fracaso pastoral y se cierran ante la perspectiva del cambio.

El laicado, al contrario, por lo general ve con buenos ojos el esfuerzo que se está haciendo por profundizar la realidad eclesial y anhela el cambio. Pues bien, para alentar esta esperanza, no dejo de pensar, escribir y correr por todos lados, luchando para que no se apague la llama que aún humea (Is 42, 3) (Cambiar o Morir. La Iglesia ante el Futuro, p. 62).