Las cartas sobre la mesa

Un género que ha hecho historia

La carta abierta es un género literario y periodístico que ha hecho historia y es sumamente socorrido. Émile Zola lo utilizó a propósito del Caso Dreyfus, el 13 de enero de 1898, titulándolo «J’Acusse» (es decir «Yo acuso»), dirigiéndola a Félix Faure, presidente de Francia, y publicándola en el diario L’Aurore. Lo utilizó también Martin Luther King, el activista y mártir de los derechos civiles. Su Carta desde la Cárcel Birmingham, escrita el 16 de abril de 1963, es una apasionada declaración de su cruzada por la justicia y por la vida, y a favor de los derechos civiles.

Hasta Bill Gates, el co-fundador de Microsoft, ha hecho lo propio, enviando una carta abierta a los usuarios de computadoras (la célebre “Open Letter to Hobbyists”) a favor de aquellos que desarrollan el software y lamentando la piratería.

En el ámbito eclesiástico, Mons. Albino Luciani (nuestro querido Juan Pablo I, el Papa de la sonrisa) lo utilizó ampliamente cuando era Patriarca de Venecia, titulándolas “Ilustrísimos señores” y dirigiéndolas a los más dispares personajes de la historia y la ficción literaria (cuarenta destinatarios), desde Dickens a Goethe, pasando por Marconi, San Bernardino de Siena, Pinocho, Figaro, Teresa de Ávila, Teresa de Lisieux, María Teresa de Austria y, obviamente, Jesucristo (Cfr. Luciani, Albino, Ilustrísimos señores. Cartas del patriarca de Venecia, Biblioteca de autores cristianos, Madrid 1978, 325 pp.).

Un destinatario concreto: ¡la opinión pública!

¿Cuáles son los motivos para escribir una Carta Abierta? Pueden ser los siguientes: la intención de mostrar al público la opinión del autor sobre un tema particular, el deseo de comenzar el debate público sobre determinado tema, o el propósito de atraer a la opinión pública hacia cierta cuestión, con la intención de promover acciones concretas. Otra motivación, no menos importante, puede ser el humorismo.

Una cosa es cierta: si bien es innegable que las cartas abiertas tienen un destinatario concreto, se escriben con la finalidad de que sean leídas por una amplia audiencia, por lo que regularmente se dan a conocer a través de los medios de comunicación masiva, pues se quiere compartir el propio punto de vista a un extenso público, para generar opinión y poner sobre la mesa de discusión un asunto específico.

Pensando en voz alta

El P. Amatulli ha cultivado en varias ocasiones este género literario. Echemos una rápida mirada a este aspecto de su bibliografía.

El 4 de septiembre de 1974 escribió una carta abierta a algunos amigos sacerdotes de la Diócesis de Conversano, titulada “Pensando ad alta voce”, para contribuir con su granito de arena a la búsqueda de formas siempre más adecuadas de apostolado, proporcionando iniciativas oportunas, como favorecer el diálogo entre sacerdotes, especialmente en lo que se refiere a los problemas comunes que se presentan actualmente para la encarnación del mensaje de Cristo, un llamado a un sano pluralismo al interior de la Iglesia, sin integrismos ni radicalismos de ninguna especie, pero abiertos a los dones del Espíritu, para descubrir juntos formas nuevas de ser cristianos.

Algo parecido hizo en junio de 1975, en una carta abierta dirigida a sus compañeros de ordenación sacerdotal, en el décimo aniversario de tan importante acontecimiento (26 de junio de 1965). La carta se titula “Carissimi confratelli del ‘65” y quiere presentar, aunque sea brevemente, la experiencia de diez años de sacerdocio, algunos de estos vividos en América Latina. Allí da cuenta de sus estudios de periodismo en Bérgamo y su partida a México, para dirigir una revista de animación misionera, “Esquila Misional”; su labor apostólica en la periferia de la Ciudad de México, que le permitió discernir que el fundamento de una auténtica liberación no pueden ser ni Mao, ni Marx, ni ningún otro personaje, optando por Cristo y por la Palabra de Dios. Narra también su actividad entre los indígenas chinantecos, que inició a principios de 1972, su contacto cotidiano con la Palabra de Dios y su plena confianza en los otros, que lo lleva siempre a sugerir y jamás a imponer nada.

Una carta abierta muy significativa es la que escribió el 10 de octubre de 1969, con un título sumamente revelador: “Un esercito in marcia”, donde manifiesta su profunda convicción de la urgencia de preparar e impulsar a los laicos, a quienes considera insustituibles e indispensables para la Evangelización. Su confianza plena en los laicos se manifiesta en que llama a algunos de ellos a colaborar activamente en las dos revistas que dirige: “Esquila Misional” y “Aguiluchos”. Una visita por el sureste mexicano en agosto de 1969 le impacta profundamente, por la triste situación de muchas poblaciones y por la notable escasez de sacerdotes, que le hacen anhelar el día en que pueda dedicarse de lleno a la actividad evangelizadora, lo que le ayuda a tomar la decisión de dedicarse más de lleno al apostolado directo en el Vaso de Texcoco, en la periferia de la Ciudad de México. La experiencia lo ayuda a darse cuenta de la importancia del laicado, por lo que enfrenta el reto de capacitarlo para la evangelización, luchando contra la ignorancia religiosa y la inconstancia de muchos e impulsando las más variadas iniciativas: la buena prensa, la Virgen Peregrina, la proyección de filminas catequísticas, los círculos juveniles, la formación de líderes, etc. Aquí se va perfilando ya el futuro apóstol de la Palabra y su apuesta por el laicado, un auténtico ejército en marcha.

Poniendo puntos sobre las íes

Más recientemente, P. Amatulli ha escrito sendas cartas abiertas dirigidas a los Señores Obispos Mons. Samuel Ruiz García (1994) y Mons. Raúl Vera López, o.p. (1999).

La carta abierta dirigida a Mons. Ruiz, en ese entonces obispo residencial de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, se titula “Sr. Don Samuel Ruiz: No estoy de acuerdo con Usted” y fue dada a conocer el 22 de marzo de 1994. En ella el P. Amatulli le señala a Don Samuel que la manera que tiene de ver la liberación no ha dado buenos resultados, que en su diócesis no hay libertad, que algunos sacerdotes y religiosas han sido obligados a dejar la diócesis, que los laicos reciben amenazas en el sentido de privarlos de la recepción de los sacramentos si no aceptan la línea oficial, y que muchos agentes de pastoral se han metido directamente en la política partidista y en la lucha armada. La trascendencia de esta carta, a las pocas semanas de iniciarse el levantamiento zapatista, es significativa, aunque su difusión fue opacada por el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el 23 de marzo de 1994.

A Fray Raúl Vera López, op, en su calidad de obispo coadjutor de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, le escribió dos cartas abiertas, tituladas “De la esperanza a la paciencia y a la decepción” I y II Parte. La primera está fechada el 17 de febrero de 1999 y la segunda el 28 de febrero de ese mismo año. En ambas pide que no se nieguen los sacramentos a quienes no aceptan ciertas enseñanzas de algunos sacerdotes y catequistas de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, con una formación y mentalidad muy discutibles. Además, para poner el asunto en su justa perspectiva, pues Mons. Vera plantea, en una carta dirigida a Mons. Talavera, en su calidad de presidente de la Comisión Episcopal para el Apostolado de los Laicos, como si se tratara de un conflicto del Movimiento Eclesial “Apóstoles de la Palabra” y la diócesis, señala contactos de la diócesis en cuestión con el sandinismo, la eliminación sistemática del pluralismo al interior de la diócesis, que se caracterizó por el sistema de “partido único”, puesto que se prohibió la presencia de los diversos movimientos apostólicos, y la expulsión de los disidentes; se señala también que el proceso diocesano está completamente al margen del proceso que se vive, por lo general, en la Iglesia católica.

Estas tres cartas abiertas fueron publicadas en un libro titulado «Chiapas, Sectas y Evangelización», que trata ampliamente la cuestión de la Teología de la Liberación y la situación eclesial en la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, más la problemática del proselitismo religioso con el consiguiente éxodo de católicos, con líneas concretas para hacerle frente.

Preocupación por todas las Iglesias

La motivación de estas Cartas es una sincera preocupación por todas las Iglesias (Sollicitudo omnium Ecclesiarum, 2Cor 11, 28), apoyando a los que no tienen voz, ayudándolos a salir de la marginación eclesial, dando a conocer su situación, ignorada por amplios sectores de la Iglesia y la sociedad. Se trata, en suma, de ejercer el ministerio profético y de influir positivamente en la resolución de múltiples conflictos al interior de la comunidad eclesial, desde un punto de vista más evangélico, favoreciendo el diálogo sereno, en lugar del monólogo y la indiferencia, y practicando la corrección fraterna, incluso con los pastores de la Iglesia.

En este contexto se inscriben las cartas abiertas que presentamos en el segundo número de nuestra Revista “Café Teológico”, a saber: Carta Abierta a los Señores Curas, Carta Abierta a los Rectores de Seminario, Carta Abierta a los Maestros de Seminario y Carta Abierta a los Señores Obispos.

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3 comentarios

  1. Hola:

    Sin duda alguna, me parece súmamente interesante lo que comenta sobre el Padre Amatulli y sus cartas, desconocía la publicación de las mismas y ahora me insta a tratar de leerlas y por supuesto, me interesa mucho en lo que respecta a la teología de la liberación, ojalá pueda decirme a dónde puedo remitirme para encontrar dichas cartas, además de la mencionada revista e incluso, ojalá pueda enviármelas. Excelente reflexión sobre las “cartas abiertas”. De la misma manera, quisiera que por favor me informara sobre cursos de teología para laicos pues estoy muy interesada en ingresar a alguno, pero aquí en el DF desconozco a dónde recurrir.

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