¿Qué dice el libro del P. Pierre Blet sobre Pío XII?

¿Qué dice el libro del P Blet sobre Pío XII?

Documentos sobre la actuación de Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial.

ACI Digital

El libro del Padre Pierre Blet, S.J., “Pío XII y la Segunda Guerra Mundial en los Archivos vaticanos”, que se presentó ayer en la Sala de Prensa de la Santa Sede, resume la obra de 12 tomos que el sacerdote francés, junto a otros famosos historiadores, publicara en 1982, recogiendo testimonios del archivo secreto vaticano sobre la actividad del Papa Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial.

La obra se basa en los documentos originales que daban a conocer día a día, y en ocasiones hora a hora, la acción de Pío XII.

El primer capítulo, titulado “La diplomacia vaticana contra la guerra”, detalla todos los medios diplomáticos que la Santa Sede usó para lograr la calma en 1939 cuando la situación del mundo empeoraba rápidamente. Además, explica las iniciativas secretas con los distintos gobiernos, discursos solemnes, llamados vibrantes a los pueblos y a sus dirigentes. En un primer momento Pío XII intenta una conferencia entre Inglaterra, Francia, Italia, Alemania y Polonia. La tentativa falla pero – como explica Blet – todas las potencias comprenden el valor que puede tener la mediación del Papa en los momentos más críticos.

En el segundo capítulo, “Pío XII, Roosevelt y Mussolini”, Blet explica el nuevo papel que asume la Santa Sede de “limitar el conflicto, restaurar lo más rápido posible la paz fundada en la justicia y la seguridad” y los intentos de Pío XII para evitar que Italia entre en guerra. También narra la protesta de la Santa Sede por la invasión alemana a los Países Bajos, pese al disgusto de los fascistas italianos y sus amenazas. “Con calma, Pío XII respondió que, si llegase el caso, no tendría ningún temor de acabar en un campo de concentración y refiriéndose a los momentos más críticos pasados en la nunciatura en Munich agregó: ‘No hemos tenido temor de las revueltas dirigidas contra nosotros una primera vez, ni lo tendremos una segunda'”, explica Blet.

En el tercer capítulo, “El Papa y la Iglesia en Alemania”, Blet expone la grave situación de los fieles católicos en Alemania y la preocupación de Pío XII. “Nosotros queremos ver, hacer un intento. Si quieren el combate nosotros no lo tememos. Pero queremos ver sin no existe alguna manera para alcanzar la paz … Los principios no se pueden sacrificar. Cuando hayamos dado todos los pasos posibles y ellos persistan en su deseo de guerra, entonces Nosotros nos defenderemos, pero el mundo debe tomar nota que Nosotros hemos hecho todo tentativo posible para vivir en paz en Alemania”, señaló el Pontífice.     El cuarto capítulo corresponde a la situación de la Iglesia en Polonia. “La Iglesia en la Polonia invadida” se refiere a la evidente estrategia de exterminar la religión y la firme actitud de la Santa Sede.

En el quinto capítulo sobre “La época del Triunfo del Reich”, Blet analiza la situación de la Santa Sede frente a lo que en 1940 parecía el triunfo nazi y cómo las relaciones diplomáticas se tornaban por momentos en una verdadera cruz para Pío XII, que nunca cedió a las presiones. El siguiente capítulo “De la guerra europea a la guerra mundial”, en la misma línea que el anterior, ilustra el paulatino empeoramiento de la situación: Estados Unidos y Japón entraban también a la guerra.

El capítulo siete, “Leyes y persecuciones raciales”, Blet lo dedica a profundizar en la acción de la Iglesia frente a los perseguidos. El sacerdote explica que “habiendo constatado los fracasos de los esfuerzos realizados por evitar la guerra y dándose cuenta que las perspectivas de una restauración de la paz se disolvían en un futuro lleno de sombras, la Santa Sede decide que su tarea sería la de llevar ayuda a las víctimas del conflicto, aliviando sus sufrimientos materiales y morales”.

Con respecto a los judíos, los primeros tentativos del Papa y de la Santa Sede apuntaban a facilitar la emigración de los hebreos a otros países aunque no siempre se tuvo éxito por la intransigencia alemana que llevó a Holanda a deportar religiosas católicas de raza judía a los campos de concentración como la actual patrona de Europa, Santa Edith Stein.

La Sede Apostólica se concentró en bloquear en la medida de lo posible dichas deportaciones. Italia aseguró a Pío XII que los hebreos refugiados en territorios bajo su control no serían entregados a Alemania y estas palabras se mantuvieron hasta el último momento.

Pío XII terminaba su discurso de Navidad en diciembre de 1942 deseando el fin de la guerra y afirmando al respecto: “Este deseo, la humanidad lo debe a los centenares de millares de personas a las cuales, sin ninguna verdadera culpa propia, a veces por razones de nacionalidad o de estirpe, son destinados a la muerte y a un progresivo degradamiento”. Blet añade a esta declaración el comentario que los servicios secretos nazis hacían del discurso pontificio: “Él [el Papa] acusa virtualmente al pueblo alemán de injusticia contra los hebreos y se hace portavoz de los hebreos, criminales de guerra”.

El Papa se concentraba en actuar. En Eslovaquia, Rumania, Croacia y Hungría el Vaticano aún podida ejercer su influencia. Los capítulos ocho y nueve los dedica Blet a ilustrar la acción del Santo Padre a favor de los hebreos en estos territorios. Los nuncios en algunos casos lograron bloquear las deportaciones.

El nuncio en Bucarest el 14 de febrero de 1943 trasmitía los agradecimientos del Presidente de la comunidad hebrea rumana: “El Presidente de la comunidad israelita de Rumania …  ha venido ya dos veces a agradecerme por la asistencia y la protección de la S. Sede a favor de sus correligionarios”. Dos semanas después, el doctor Safran, rabino jefe de Bucarest, le pide “trasmitir al S. Padre el homenaje de devoción y los saludos sinceros, respecto de toda la comunidad, que sabe ser objeto de tan paterna solicitud por parte del augusto Pontífice”.

El representante de la Santa Sede en Croacia más o menos por la misma época escribía también a Roma: “El rabino mayor de Zagreb me ha pedido trasmitir su vivísimo agradecimiento a la S. Sede por la ayuda eficaz de parte de ésta al lograr transferir un grupo de muchachos hebreos”. Mons. Roncalli -el futuro Papa Juan XXIII- desde Turquía a su vez refería: “Hoy mismo, el secretario de la Agencia Judía para Palestina, señor Ch. Barlas, ha venido a agradecerme y a agradecer a la Santa Sede por sus acciones en favor de los israelitas de Eslovaquia”; y el mismo Mons. Roncalli en junio trasmitía dos cartas que le habían sido enviadas, una en la que se le agradecía por lo hecho a favor de los hebreos y la otra en que se agradecía por la obra de socorro realizada por el Arzobispo de Zagreb, Cardenal Stepinac – beatificado en 1998 por Juan Pablo II -.

El capítulo diez se titula “El destino de la Ciudad Eterna”. El desembarco de los aliados en Sicilia, el bombardeo de Roma, el relevo de Mussolini y el control de las tropas alemanas sobre Roma, llevaban al Vaticano – según Blet – a una “confrontación directa con las fuerzas del Reich, con su ejército, con la Wermacht, con su policía de Estado, con la Gestapo”. El embajador alemán ante la Santa Sede explicó la nueva política: neutralidad absoluta del Papa o las represalias de Hitler serían violentísimas.

A pesar de las amenazas, una de las primeras preocupaciones de Pío XII fueron los hebreos que se encontraban en la ciudad. Antes que las deportaciones comenzaran, ya el Santo Padre había levantado las disposiciones canónicas a los conventos de clausura; en estos y en cientos de iglesias y comunidades se refugiaron millares de hebreos. Las enérgicas intervenciones del Papa a favor de la ciudad dieron buenos resultados y los alemanes decidieron salir de ella sin convertirla en un campo de batalla. Entre el 4 y el 5 de junio las tropas americanas ocupaban la ciudad.

El capítulo once del libro de Blet, “Los sucesos en Francia”, analiza el papel de la Santa Sede en Francia, donde el nuncio se preocupaba más por la situación interna de la Iglesia y por ayudar a los perseguidos. El último capítulo está dedicado a las preocupaciones de Pío XII en los últimos meses de la guerra. Los polacos se dirigieron al Santo Padre y a los aliados occidentales oponiéndose a las pretensiones rusas. El Papa se esforzó por comprometer al Departamento de Estado y a la opinión pública católica norteamericana sobre la suerte del pueblo polaco, pero en Yalta, no obstante las intenciones iniciales de Roosevelt y Churchill, la misma Polonia y toda la Europa del Este fue abandonada al poder soviético.

Blet concluye comentando la frase que De Gaulle usa para contar la audiencia que tuvo en junio de 1944, en sus Mémoires de guerre: “Pío XII juzgaba cada cosa desde un punto de vista que trasciende a los hombres, sus sucesos y conflictos”. “Esta visión trascendente, más allá de todo interés opuesto y de los conflictos de las pasiones, hará siempre ardua la tarea de comprender a fondo la política y la personalidad del Papa Pío XII”, afirma el sacerdote.

EL P. BLET EXPLICA POR QUÉ UN LIBRO SOBRE PÍO XII

VATICANO, 9 (ACI).- Ayer en la Sala de Prensa de la Santa Sede, durante la presentación de su obra “Pío XII y la Segunda Guerra Mundial en los Archivos Vaticanos”, que presidió el Cardenal Pio Laghi, Prefecto de la Congregación para la Educación Católica, el Padre Pierre Blet explicó porqué es importante hoy publicar esta obra.

El Padre Blet explicó que su libro era un compendio de la información recopilada por él y otros tres jesuitas en los Archivos Secretos del Vaticano y que publicaron entre 1965 y 1981 en 12 volúmenes titulados “Actos y documentos de la Santa Sede relativos a la segunda guerra mundial”.

“Es notorio que varios años después de la muerte de Pío XII se desencadenase una campaña contra el Pontífice cuyos fines distan mucho de conocerse”, dijo el P. Blet; y explicó que “para contraponer la historia a la leyenda, Pablo VI, que había sido uno de los más estrechos colaboradores de Pío XII decidió que fueran publicados los documentos de los Archivos Vaticanos relativos a la guerra”.

“Sin embargo, constatando que después de 15 años nuestros volúmenes permanecían desconocidos para muchos historiadores, he querido sintetizar el contenido en un volumen de pequeña dimensión”.

En la presentación de la obra, el sacerdote destacó tres puntos relativos a la conducta y actividad de Pío XII durante la guerra mundial: sus esfuerzos para salvaguardar la paz y limitar la guerra, su postura frente al poder nacional-socialista y su acción en favor de las víctimas de la guerra; ilustrando con ejemplos del libro cada uno de esos tres puntos, enumerando los encuentros, telegramas, cartas y otros mensajes entre Pío XII y sus nuncios y entre el Papa y los diplomáticos de Europa y Estados Unidos.

“La acusación que se repite más a menudo contra Pío XII es la de haber permanecido en silencio frente a las persecuciones raciales contra los judíos, a los que una denuncia pública por parte del Pontífice podría haber salvado del exterminio, de la ‘solución final’ llevada a cabo por el régimen nazi y que comenzó en 1942”.

El sacerdote concluyó su presentación recordando que el “silencio público (del Papa) encubría una acción secreta a través de las nunciaturas y las sedes episcopales para intentar impedir las deportaciones”. “Mediante los pasos dados continuamente ante los gobiernos de las naciones que mantenían algún margen de autonomía -Rumania, Eslovaquia, Croacia, Hungría- a través de los nuncios y los representantes diplomáticos de esas naciones, consiguieron salvarse miles de judíos”. “Hay que recordar que fue un historiador israelí el que dio la cifra de 850.000 judíos salvados”.

HOLOCAUSTO

HOLOCAUSTO
LA VOZ DE LA IGLESIA


El Oro de Pio XIISe han publicado los documentos de los archivos vaticanos sobre la Segunda Guerra Mundial.
Una entrevista exclusiva al padre Pierre Blet, el jesuita recopilador de la obra, muestra cómo la leyenda negra sobre el antisemitismo del Papa Pacelli carece de fundamento histórico.
El autor insinúa una hipótesis

A CARGO DE ANDREA TORNIELLI

A quien le preguntaba recientemente sobre los presuntos “silencios” de su predecesor el Papa Pacelli acerca del exterminio de los judíos, Juan Pablo II contestaba: “Leed al padre Blet”.
Es el mayor y más autorizado aval que se da a la labor “de hormiga” del anciano jesuita francés, que se ha ocupado de la publicación de los doce volúmenes de Actes et Documents du Saint-Siège relatifs à la Seconde Guerre Mondiale, es decir, de todos los documentos de los archivos del Vaticano relativos al periodo de la última guerra. Una iniciativa que nace de Pablo VI, que fue elegido Papa precisamente en el momento en que empezó a emerger la leyenda negra en torno a Pacelli. Una exhaustiva investigación histórica encaminada a restablecer la verdad sobre un Pontífice que próximamente será elevado al honor de los altares, pero cuya figura han puesto en entredicho ataques malintencionados. El padre Pierre Blet ha publicado recientemente un libro que resume y hace público el fruto de sus investigaciones. Se titula Pío XII e la Seconda Guerra mondiale negli archivi vaticani (Edizioni San Paolo). Entre estas páginas se encuentra la mejor respuesta al último ataque malintencionado contra Pío XII, que lanzó hace dos meses el escritor inglés John Corwell, autor de un volumen de casi 500 páginas, titulado Hitler´s Pope (El Papa de Hitler), que no contiene nada nuevo, sino que vuelve a proponer la vieja tesis de un Pacelli antisemita, por lo que ha obtenido un gran eco en los medios mundiales (cfr. El País, 6 de febrero de 2000, p.10).
En su despacho, como cada día, el padre Blet sacude la cabeza cuando le hablamos de los “silencios”. Él ha conseguido probar que Pío XII hizo todo lo que pudo para salvar a los judíos.¿Qué figura de Pío XII emerge en sus estudios?
Pacelli era un hombre que conocía bien su propio deber y lo cumplía escrupulosamente. No perdió un minuto, era un trabajador incansable. Puso todo su empeño, del el principio al fin, para salvar la vida de los inocentes, y trató de ayudar a los judíos perseguidos incluso antes del inicio de la guerra y del Holocausto.

¿Qué hizo la Santa Sede por los judíos antes del conflicto?
Los nazis trataron de expulsar a los judíos de Alemania y de los países que habían ocupado. El cardenal Pacelli, secretario de Estado de Pío XI, se dedicó a encontrarles acogida en otros estados. Hubo enormes dificultades: obtener el visado para EEUU requería dos años, además era complejo entrar en Inglaterra. Al final, Brasil concedió 3000 visados, una gota en el mar de esas necesidades…

En su libro, Cornwell publica una relación que la nunciatura de Berlín envió al Vaticano en 1919, cuando Pacelli era el nuncio. En ella se habla de una revuelta de bolcheviques a los que se alude como “judíos pálidos, sucios, repugnantes y vulgares”.
Este documento que Cornwell vende por inédito y como “prueba” del antisemitismo de Pacelli era ya conocido y se había publicado en un libro de 1992. Aquel texto no lo había redactado el nuncio, sino uno de los auditores de la nunciatura: fue éste y no Pacelli el que utilizó esas expresiones.

¿Fue Pío XII un Papa antisemita?
¡Pero cómo que antisemita! En 1943, los nazis exigieron a los judíos de Roma 50 kilos de oro a cambio de no deportarles al Ghetto, pero la comunidad israelita sólo había conseguido recoger 35. Los judíos, entonces, recurrieron a Pío XII, que puso a su disposición el oro que faltaba. ¿Usted cree que si Pacelli hubiese sido antisemita los judíos habrían recurrido a él?

Otra acusación hecha a Pacelli es el Concordato con la Alemania nazi, que habría ayudado a Hitler a consolidar su poder.
El Concordato se firmó en 1933, cuando Hitler ya estaba bien consolidado en el poder. El gobierno alemán ofreció a la Santa Sede algunas condiciones muy favorables, pero no las respetó. El propio cardenal Pacelli dijo: “Esperemos que estas nuevas reglas no se violen todas al mismo tiempo”. Aquel acuerdo debía garantizar solamente la libertad de culto para los católicos, que, sin embargo, no tuvo efectividad real: miles de curas y monjas fueron arrestados y el jefe de la Acción Católica, asesinado. Si el Vaticano no hubiese firmado el Concordato cuando se iniciaron las persecuciones contra los católicos, estos podían haber acusado a la Santa Sede de haberse equivocado en no suscribirlo.

Entre la multitud de documentos que usted ha podido examinar, ¿emergen episodios que pueden hacer pensar en un tipo de condescendencia de Pío XII con el nazismo?
No, ninguno. Pacelli era un gran amigo del pueblo alemán, porque admiraba su cultura, pero no ayudó de ninguna manera al nazismo. Hay un episodio iluminador al respecto. Bajo la indicación del Papa, la diplomacia de la Santa Sede se dedicó a hacer aceptar en los ambientes católicos americanos la alianza entre el presidente Franklin Delano Roosevelt con los soviéticos de Stalin, con una función antinazi. Pío XII hizo saber a su delegado apostólico en Washington que ese pacto estratégico para detener a Hitler se debía efectuar, a pesar de que la Santa Sede hubiese condenado firmemente el comunismo. En el 1940, cuando el Papa tuvo conocimiento de los planes de resistencia alemana para abatir a Hitler, decidió pasarlos secretamente a los ingleses, esperando que llegasen a buen puerto. No me parecen acciones de un amigo de los nazis.

¿Cómo se explican los “silencios” del Papa acerca del exterminio de los judíos?
Los así llamados “silencios” no lo fueron. De hecho, la voz del Papa fue la única que se alzó en defensa de cuantos eran perseguidos. En el mensaje de Navidad del 1942, cuando todos los jefes de Estado callaban, Pío XII denunció la persecución “contra cientos de miles de individuos que, sin culpa, en ocasiones por la sola razón de su raza o nacionalidad, han sido destinados a la muerte o a la extinción gradual”. El New York Times tuvo que admitir: “En esta Navidad, más que nunca, el Papa es una voz solitaria que grita en el silencio de un continente”. El 2 de junio de 1943, Pío XII pronunció otro discurso – que sus acusadores se guardan bien de citar – hablando de todos los que se volvían a él “porque a causa de su nacionalidad o de su estirpe estaban destinados al exterminio”.

Algunos dicen que el Papa podía haberse arriesgado más en su mensaje público.
Esta es la cuestión. Pío XII sabía que sus denuncias públicas habrían tenido un efecto devastador: no habría detenido a los nazis y habría vuelto aún más crueles las persecuciones contra los judíos y los católicos. En el mismo discurso de junio de 1943, el Papa explicó: “Cada palabra que dirigimos a la autoridad pública, y cada uno de nuestros discursos públicos, tiene que ser seriamente ponderado y comedido en interés de los que sufren, para no hacer, aun sin quererlo, más grave e insoportable su situación”.

Según usted, ¿el Vaticano sabía exactamente lo que estaba sucediendo en los campos de exterminio?
El conocimiento exacto de lo que había pasado se tuvo sólo después de que los aliados entrasen en los campos alemanes. Por eso, ni Winston Churchill ni el presidente americano Rooselvelt denunciaron el exterminio de los judíos, y tenían menos razones que Pío XII para callar: no tenían fieles esparcidos por todo el mundo que podían sufrir las crueles represiones nazis. El Papa decidió hablar de todos modos, lo hizo y fue el único en hacerlo. Pero más que con las palabras prefirió comprometerse concretamente a favor de los judíos. Todos los reconocimientos que recibió al final de la guerra por parte de altas personalidades del mundo judío dan testimonio de ello.

¿Entre los archivos vaticanos que usted ha examinado se halla el número de los judíos que fueron salvados gracias a la intervención de la Santa Sede?
No; este dato no aparece. El Papa abrió casas religiosas y conventos de clausura para acoger a los judíos y librarles de las deportaciones. Pero no tiene un cómputo de las vidas que salvó. Sin embargo, hay un cálculo y lo hizo un historiador israelita, el diplomático judío Emilio Pinchas Lapide, que en 1967 escribió: “Pío XII, la Santa Sede, los nuncios y toda la Iglesia católica salvaron de una muerte segura a entre 700.000 y 850.000 judíos”.

Padre Blet, ¿por qué aunque los documentos hablan con claridad sobre el papel que desarrolló Pío XII continúan los ataques contra él?
Yo creo que se trata de una campaña bien organizada. El libro de Cornwell está a punto de ser traducido a todas las lenguas…

¿Cree que los ataques provienen de ambientes judíos?
No lo sé. Me temo que algunos ámbitos judíos se han dejado manipular por otros. No es casual que dos periódicos cercanos al mundo judío, el New York Times y el Newsweek, hayan tratado con frialdad o hasta vapuleado el libro de Cornwell. Tenga en cuenta que la campaña contra Pacelli a gran escala comienza en 1963, con la representación de una obra que no quiero nombrar, de igual modo que no quiero nombrar al autor porque no es digno de ser nombrado…

¿Se refiere a El Vicario de Rolf Hochhuth?
Sí, exacto; pero no quiero ni pronunciar ese nombre. De todos modos, esa obra teatral venía de la Alemania oriental, venía del Este.

Padre, pero hoy el Este, entendido como el conjunto de países del bloque comunista, ya no existe.
Es cierto, ya no existe, pero me temo que todavía quedan muchos que no han perdonado a Pío XII la derrota en Italia del frente comunista. La derrota de 1948.

El prestigioso periódico The New York Times trató de muy diferente forma a Pío XII cuando éste vivía y cuando, cuarenta años después de su muerte, ha vuelto a tratar el asunto. He aquí unos pasajes del Editorial del 25. 12. 1941, que cobra hoy valor de documento histórico.

“La voz de Pío XII es una voz solitaria en el silencio y en la oscuridad en la que ha caído Europa en esta Navidad. Él es el único soberano del continente que tiene la valentía de levantar su voz… Sólo el Papa ha pedido el respeto a tratados, el fin de las agresiones, un trato igual para las minorías y el cese de la persecución religiosa. Nadie más que el Papa es capaz de hablar a favor de la paz”

Está disponible en castellano el libro de Antonio Gaspari, Los judíos, Pío XII y la leyenda negra (Ed. Planeta Testimonio, Madrid 1998). Entresacamos unos pasajes de la entrevista que el autor concedió al semanario Alfa y Omega.

La mayoría de los jóvenes españoles no han oído hablar de Pío XII, aunque el suyo fue uno de los pontificados más ricos de la era contemporánea. ¿Puede darnos una idea de cómo fue este hombre?
El caso de Pío XII es increíble. Ningún Papa en toda la historia recibió tantos testimonios de reconocimiento y de gratitud de parte de los hebreos como el Papa Pacelli. Albert Einstein; Golda Meir; y el rabino de Jerusalén, Isaak Herzog, entre otros, escribieron palabras de encomio por el valor de Pío XII. El historiador hebreo Pinchas Lapide, Cónsul General de Israel en Mílan, ha escrito que la Santa Sede, los Nuncios de la Iglesia Católica, salvaron de la muerte entre 700.000 y 850.000 hebreos. Y un artista judío, salvado gracias al auxilio de los padres orionistas, esculpió una enorme estatua de la Virgen María bajo la advocación de Salus Populi Romani (salvación del pueblo de Roma) que ahora domina la ciudad eterna desde la punta del Monte Mario. Isaías Levi, senador del Reino de Italia, se salvó de las leyes raciales y de la persecución nazifascista gracias a las hermanas de María niña que a indicación de Pío XII lo escondieron en un convento. Al final de la guerra, Levi regaló a Pío XII la villa Levi, actual sede de la Nunziatura de la Santa Sede en Italia.
Esta son algunas de las miles de historias de judíos salvados por la Iglesia Católica. El Papa Pacelli fue un Papa excepcional que guió a la Iglesia en un período trágico. Los soldados, los afligidos, los huérfanos, las viudas, los hambrientos, los prófugos, los sin hogar, todos iban a escuchar su palabra. Los jóvenes se agolpaban en la Plaza de San Pedro para expresar su reconocimiento a quien más había hecho para salvar Roma.
[…]

¿Qué lección saca de esta investigación?
Si se analizaran con serenidad los sucesos históricos, se obtendría una gran enseñanza, porque, no obstante las adversas condiciones políticas y religiosas que separaban a judíos y católicos, entre ellos se realizó una auténtica alianza común contra el racismo. Una alianza que hoy sería igual de necesaria, dado que el racismo resurge de todo el mundo.

El Papa justo

El Papa justo

¿Fue Pío XII un pronazi y un antisemita? Este Papa y la Iglesia católica, ¿no hicieron nada para salvar la vida de judíos y no judíos del exterminio a manos de los nazis? Ante las acusaciones que se han lanzado por parte de autores cuyos libros han sido muy publicitados, ofrecemos un artículo de un historiador judío, que ha pedido que Pío XII sea declarado “Justo entre las Naciones”.

 

David G. Dalin *

Ya antes de la muerte de Pío XII en 1958, en Europa se le acusaba de haber sido favorable al nazismo, un lugar común de la propaganda comunista contra occidente.

La acusación quedó sepultada durante algunos años bajo la oleada de homenajes que siguió a la muerte del Papa, procedentes tanto del ámbito judío como de los gentiles, para reaparecer de nuevo en 1963 con la publicación de Il Vicario, una pieza teatral de un escritor alemán de izquierdas (que perteneció a la Hitler Jugend), llamado Rolf Hochhuth.

Il Vicario era una obra muy fantasiosa y polémica, en la que se sostenía que la preocupación de Pío XII por las finanzas vaticanas le había dejado indiferente ante el exterminio de la población judía de Europa. La obra de Hochhuth despertó un notable interés en la opinión pública, desencadenando una controversia que se prolongó a lo largo de los años 60. Ahora, transcurridas tres décadas, aquella controversia ha vuelto a estallar de repente por razones que no resultan del todo claras.

Pero la palabra “estallar” no describe suficientemente la actual marejada de polémicas. En los últimos dieciocho meses han salido a la luz nueve libros que hablan de Pío XII: Hitler’s Pope de John Cornwell, Pius XII and the Second World War de Pierre Blet** , Papal Sin de Garry Wills, Pope Pius XII de Margherita Marchione, Hitler, the War and the Pope de Ronald J. Rychlak, The Catholic Church and the Holocaust, 1930-1965, de Michael Phayer, Under His Very Windows de Susan Zuccotti, The Deformation of Pius XII de Ralphy McInerny y, recientemente, Constantine’s Sword de James Carroll.

Dado que cuatro de estos volúmenes – los de Blet, Marchione, Rychlak y McInerny – se alinean en defensa del Papa (y dos, los de Wills y Carroll, implican a Pío XII sólo como una parte de un más amplio ataque contra el catolicismo), el cuadro puede parecer equilibrado. Además, leyendo detenidamente los nueve libros, se puede concluir que las argumentaciones de quienes defienden a Pío XII son las más convincentes.

Y, sin embargo, los libros que difaman al Papa han sido los que han centrado la atención mayoritaria.

Einstein, Golda Meir, Herzog…

Curiosamente, casi todos los que hoy están en esta línea difamatoria – desde los ex seminaristas John Cornwell y Garry Wills, hasta el ex cura James Carroll – son ex católicos o católicos heterodoxos. A los líderes judíos de la generación precedente la campaña contra Pío XII les resultó, en el mejor de los casos, sorprendente. Durante la posguerra muchos judíos famosos – Albert Einstein, Golda Meir, Moshe Sharett, Rabí Isaac Herzog y muchos otros – expresaron públicamente su gratitud hacia Pío XII. En su libro de 1967, Three Popes and the Jews, el diplomático Pinchas Lapide (que prestó servicio como cónsul de Israel en Milán y entrevistó a los italianos supervivientes del Holocausto), declaró que Pío XII «contribuyó sustancialmente a salvar a 700.000 judíos, y tal vez a otros 860.000, de la muerte segura a manos de los nazis».

La verdad es que el libro de Lapide sigue siendo la obra más seria escrita por un judío sobre este asunto, y en los treinta y cuatro años que han transcurrido desde su publicación se ha podido acceder a muchos materiales, tanto de los archivos vaticanos como de otras fuentes. Se han recogido muchos testimonios directos y un número impresionante de entrevistas con supervivientes del Holocausto, capellanes militares y civiles católicos. En vista de los recientes ataques, ha llegado la hora de salir nuevamente en defensa de Pío XII.

En enero de 1940, por ejemplo, el Papa dio instrucciones a la Radio Vaticana para que revelara la «espantosa crueldad de la tiranía salvaje» que los nazis estaban inflingiendo a los judíos y a los católicos polacos. Al recibir noticia de dicha transmisión una semana más tarde, el Defensor Público de los judíos de Boston la apreció por lo que era: «Una denuncia explícita de las atrocidades perpetradas por los alemanes en la Polonia ocupada por los nazis, declarándolas abiertamente como una ofensa a la conciencia moral de toda la humanidad». El New York Times escribió en su editorial: «Ahora el Vaticano ha hablado, con una autoridad indiscutible, y ha confirmado los peores presagios de terror que emergen de las tinieblas de Polonia». En Inglaterra, el Manchester Guardian elogió al Vaticano como «el más enérgico defensor de la Polonia torturada».

«Espiritualmente semitas»

Cualquier lectura honesta y minuciosa de los hechos demuestra que Pío XII no dejó nunca de expresar su crítica al nazismo. Basta con tener en cuenta algunos puntos destacados de su oposición antes de la guerra. De los cuarenta y cuatro discursos pronunciados por Pacelli en Alemania como nuncio apostólico entre 1917 y 1929, cuarenta denunciaban algún aspecto de la pujante ideología nazi.

En marzo de 1935 Pacelli escribió una carta abierta al obispo de Colonia definiendo a los nazis como «falsos profetas con el orgullo de Lucifer». Ese mismo año arremetió contra las ideologías «poseídas por la superstición de la raza y la sangre» ante una muchedumbre de peregrinos en Lourdes. Dos años más tarde, en Notre Dame de París, llamó a Alemania «esa noble y poderosa nación que será conducida fuera de su camino por malos pastores, abrazando una ideología racista».

En privado, les decía a sus amigos que los nazis eran «diabólicos». A sor Pascalina, que fue su secretaria durante muchos años, le dijo que Hitler estaba «totalmente obsesionado». «Todo esto no es un obstáculo para él, es un destructor… este hombre es capaz de caminar sobre cadáveres». En 1935, durante una entrevista con el heroico antinazi Dietrich von Hildebrand, Pío XII declaró: «No hay posibilidad de conciliación» entre el cristianismo y el racismo nazi porque «son como fuego y agua».

En el periodo en que Pacelli fue consejero particular de su predecesor, Pío XI, el pontífice hizo la famosa declaración de 1938 ante un grupo de peregrinos belgas en la que afirmó que «el antisemitismo es inadmisible; espiritualmente nosotros somos todos semitas». Y el mismo Pacelli escribió el borrador de la encíclica de Pío XI Mit brennender Sorge, una condena de Alemania que se cuenta entre las más ásperas que ha pronunciado la Santa Sede. Como consecuencia, en los años 30 Pacelli fue extensamente difamado por la prensa nazi como el cardenal de Pío XI «amigo de los judíos», a causa de las más de cincuenta cartas de protesta que les envió a los alemanes como secretario de estado vaticano. A estos se pueden añadir algunos episodios sobresalientes de la acción de Pío XII durante la guerra.

El New York Times

Su primera encíclica, Summi Pontificatus, publicada apresuradamente en 1939 para impetrar la paz, era en buena parte una declaración de que la tarea propia del Papado era la mediación entre las partes beligerantes, más que el decantarse por una u otra. Pero citaba con agudeza a san Pablo: «Ya no hay judíos ni gentiles», utilizando significativamente la palabra “judíos” en el contexto de un rechazo de la ideología racista. El New York Times recibió la encíclica con un artículo en primera página el 28 de octubre de 1939: «El Papa condena a los dictadores, los violadores de los tratados y el racismo». Fuerzas aéreas aliadas arrojaron miles de copias del periódico sobre tierra alemana en un intento de avivar los sentimientos antinazis.

En 1939-40 Pío XII hizo de intermediario secreto entre los miembros de una conjura alemana antihitleriana y los ingleses. Y corrió no pocos riesgos advirtiendo a los aliados de la inminente invasión alemana de Holanda, Bélgica y Francia.

Cuando en 1942 los obispos franceses publicaron varias cartas pastorales contra las deportaciones, Pío XII envió a su nuncio a protestar ante el gobierno de Vichy contra «los arrestos inhumanos y las deportaciones de los judíos de la Francia ocupada a la Silesia y a algunas partes de Rusia». Radio Vaticana comentó durante seis días seguidos las cartas de los obispos, en unos años en los que en Alemania y Polonia escuchar Radio Vaticana era un crimen que algunos pagaron con la pena capital. («Parece que el Papa intercede por los judíos inscritos en las listas de deportación de Francia» era el titular del New York Times del 6 de agosto de 1942. «Vichy captura a los judíos; ignorado el llamamiento del Papa Pío», recogía el Times tres semanas más tarde).

En el verano de 1944, tras la liberación de Roma, pero antes del fin de la guerra, Pío XII dijo a un grupo de judíos romanos que fueron a darle las gracias por su protección: «Durante siglos los judíos habéis sido tratados injustamente y despreciados. Ya es hora de que se os trate con justicia y humanidad, Dios lo quiere y la Iglesia lo quiere. San Pablo nos dice que los judíos son nuestros hermanos. Pero deberíamos acogeros también como amigos».

Ya que estos ejemplos y otros centenares más son desacreditados uno por uno en los libros que recientemente atacaban la figura de Pío XII, el lector puede perder de vista su peso específico, su carácter general, que no deja resquicio a la duda sobre la posición del Papa, y menos que a nadie a los nazis. En el editorial del día siguiente [a la Navidad de 1941], el New York Times declaraba: «La voz de Pío XII es una voz solitaria en el silencio y la oscuridad que envuelve a Europa en esta Navidad… Pidiendo un “nuevo orden auténtico” basado en la “libertad, justicia y amor”, el Papa se ha alineado abiertamente contra el hitlerismo».

En la valoración de las acciones que Pío XII hubiera podido llevar a cabo, muchos (entre los que me encuentro) habrían deseado verlo pronunciar excomuniones explícitas. Los nazis, de tradición católica, ya habían incurrido automáticamente en la excomunión con todos sus actos, desde la casi nula participación en la misa, a la inexistente confesión de homicidios y el repudio público al cristianismo. Y, como se deduce claramente de sus escritos y de sus conversaciones, Hitler había dejado de considerarse católico -es más, se consideraba un anticatólico- mucho tiempo antes de llegar al poder.

“Suicidio voluntario”

Los supervivientes del Holocausto, como Marcus Melchior, rabino jefe de Dinamarca, observaban que «si el Papa hubiera tomado posición abiertamente, probablemente Hitler habría exterminado a más de seis millones de judíos y tal vez a diez veces diez millones de católicos, si hubiera tenido la posibilidad». Robert M.W. Kempner, refiriéndose a su experiencia durante el proceso de Nüremberg, afirmó en una carta a la redacción después de que el Commentary publicara un extracto de Guenter Lewy en 1964: «Cualquier movimiento propagandístico de la Iglesia Católica contra el Reich hitleriano no sólo habría significado un “suicidio voluntario”, sino que hubiera acelerado la ejecución capital de un mayor número de judíos y de sacerdotes».

No se trata de una cuestión puramente especulativa. Una carta pastoral de los obispos holandeses que condenaba «el despiadado e injusto trato reservado a los judíos» fue leída en todas las iglesias católicas holandesas en julio de 1942. La carta, a pesar de sus buenas intenciones, y probablemente inspirada por Pío XII, tuvo consecuencias inesperadas. Como observa Pinchas Lapide: «La conclusión más triste y que da más que pensar es que, mientras el clero de Holanda protestaba con más fuerza, más abiertamente y con mayor frecuencia contra las persecuciones a los judíos que la jerarquía religiosa de cualquier otra nación ocupada por los nazis, el contingente más numeroso de judíos deportados a los campos de exterminio procedía precisamente de Holanda – casi 110.000, el 79% del total -.

Nos podríamos preguntar qué podría ser peor que el genocidio de seis millones de judíos y la respuesta es: la masacre de otros cientos de miles. El Vaticano trabajó para salvar a todos los que pudo. Y los datos son elocuentes: mientras que el 80% de los judíos europeos halló la muerte durante la Segunda Guerra Mundial, el 80% de los judíos italianos se salvó.

En los meses en los que Roma estuvo bajo la ocupación alemana, Pío XII dio instrucciones al clero italiano sobre cómo salvar vidas por todos los medios a su alcance. Desde octubre de 1943, Pío XII dispuso que iglesias y conventos de toda Italia sirvieran de escondite a los judíos. Como resultado – y a pesar de que Mussolini y los fascistas habían cedido ante la exigencia de Hitler de comenzar la deportación de los judíos de Italia – muchos católicos italianos desobedecieron las órdenes de los alemanes.

Rabat-Fohn

 

Sólo en Roma 155 conventos y monasterios dieron asilo a casi cincuenta mil judíos. Al menos treinta mil hallaron refugio en la residencia estival del pontífice en Castel Gandolfo. Sesenta judíos vivieron durante nueve meses dentro de la Universidad Gregoriana y muchos fueron escondidos en el sótano del Pontificio Istituto Bíblico. Varios centenares se refugiaron dentro del mismo Vaticano. Siguiendo las instrucciones de Pío XII, muchos sacerdotes, monjes, monjas, cardenales y obispos italianos se emplearon a fondo para salvar miles de vidas judías. El cardenal Boetto de Génova salvó a al menos ochocientos; el obispo de Asís escondió a trescientos judíos durante más de dos años; el obispo de Campagna y dos de sus parientes salvaron a 961 en Fiume.

Pero, una vez más, el testimonio más elocuente es el de los propios nazis. Documentos fascistas publicados en 1998 (y recogidos en el libro Papa Pio XII de Marchione) revelan la existencia de un plan alemán, denominado “Rabat-Fohn”, que hubiera debido llevarse a cabo en enero de 1944. El plan preveía que la octava división de caballería de las SS, disfrazados de soldados italianos, conquistara San Pedro y «eliminara a Pío XII con todo el Vaticano» y apunta explícitamente a la «protesta del Papa a favor de los judíos» como la causa de tal represalia.

Una historia análoga se puede dibujar a través de toda Europa.

Pero el punto de partida de esta discusión radica en la verdad incontestable de que, tanto los nazis como los judíos de aquella época, consideraban al Papa como el más importante opositor de la ideología nazi en el mundo.

Ya en diciembre de 1940, en un artículo aparecido en el Time magazine, Albert Einstein rendía homenaje a Pío XII: «Sólo la Iglesia se ha declarado abiertamente contra la campaña de Hitler por la supresión de la verdad. Nunca antes había tenido un amor especial por la Iglesia, pero ahora siento un gran afecto y admiración porque sólo la Iglesia ha tenido el coraje y la tenacidad de alinearse en defensa de la verdad intelectual y de la libertad moral. Por ello, me veo obligado a confesar que ahora aprecio sin reservas lo que durante mucho tiempo desprecié».

En 1943 Chaim Weizmann, que llegaría a ser el primer presidente del estado de Israel, escribió que «la Santa Sede está prestando su poderosa ayuda donde es posible, para aliviar la suerte de mis correligionarios perseguidos».

Moshe Sharett, viceprimer ministro israelí, se entrevistó con Pío XII al término de la guerra: «le dije que mi primer deber era darle las gracias a él, y a través de él a toda la Iglesia católica, en nombre del pueblo judío, por todo lo que han hecho en diversos países para proteger a los judíos».

El rabino Isaac Herzog, rabino jefe de Israel, envió un mensaje en febrero de 1944 declarando: «El pueblo de Israel no olvidará nunca lo que Su Santidad y sus ilustres delegados, inspirados por los principios eternos de la religión que se hallan en la base de la auténtica civilización, están haciendo por nuestros desventurados hermanos y hermanas en la hora más trágica de nuestra historia, una prueba viviente de la Divina Providencia en este mundo».

En septiembre de 1945, Leon Kubowitzky, secretario general del Congreso judío mundial, agradeció personalmente al Papa sus intervenciones, y este organismo donó 20,000 dólares al Óbolo de San Pedro «como signo de reconocimiento por la obra desarrollada por la Santa Sede salvando a los judíos de las persecuciones fascistas y nazis».

Benevolencia y magnanimidad

En 1955, cuando Italia celebró el décimo aniversario de su liberación, la Unión de las comunidades judías italianas proclamó el 17 de abril “Jornadas de agradecimiento” por la asistencia recibida del Papa durante la guerra.

Negar la legitimidad de la gratitud expresada hacia Pío XII equivale a negar la credibilidad de los testimonios personales y de los juicios expresados acerca del mismo Holocausto. «Más que de ningún otro», señalaba Elio Toaff, un judío italiano que sobrevivió al Holocausto y llegó a ser rabino jefe de Roma, «hemos tenido la oportunidad de experimentar la gran y compasiva benevolencia y la magnanimidad del Papa durante los años infelices de la persecución y del terror, cuando parecía que para nosotros ya no había salida alguna».

 

* Véase la entrevista de Andrea Tornielli al P. Pierre Blet, encargado de la publicación de los documentos de los archivos vaticanos sobre la Segunda Guerra Mundial, en Huellas n. 2 – 2000.

 
 

Fuente: Revista Internacional de Comunión y Liberación Huellas-Litterae Communionis, No. 4, Abril 2001.


* Rabino de Nueva York, David Dalin es una de las personalidades de relieve del mundo judío estadounidense. Uno de sus libros, Religion and State in the American Jewish Experience ha sido destacado como uno de los mejores trabajos académicos de 1998. Ha dictado conferencias sobre las relaciones judeo-cristianas en las universidades de Hartford Trinity College, George Washington y Queens College de Nueva York. En el artículo que extractamos ampliamente en estas páginas, publicado en The Weekly Standard (semanario que representa la máxima expresión de la elite neoconservadora americana), el rabino David Dalin pide que Pío XII sea reconocido como “justo”, en virtud de cuanto hizo por salvar a los judíos del Holocausto.

 **  Véase la entrevista de Andrea Tornielli al P. Pierre Blet, encargado de la publicación de los documentos de los archivos vaticanos sobre la Segunda Guerra Mundial, en Huellas n. 2 – 2000.

Del ADN a Dios: la conversión intelectual de Antony Flew

Del ADN a Dios:

la conversión intelectual de Antony Flew

Autor: Antony Flew

Fecha de publicación: Abril 26, 2009 por Revista Per Se

El debate sobre la existencia de Dios constituye una de las disputas más ásperas y duraderas de la historia de la filosofía. Pero seguramente uno de los hitos más significativos en esa larga historia ha sido el brusco y reciente cambio de postura del filósofo inglés Antony Flew que fue, durante más de medio siglo, uno de los más vehementes ateos del mundo.

Durante más de cinco décadas escribió libros y debatió con conocidos pensadores creyentes, entre otros con el célebre apologista cristiano C. S. Lewis. Algunos de sus debates tuvieron audiencias multitudinarias. Pero en el último, celebrado en la Universidad de Nueva York en 2004, Flew anunció, ante la sorpresa de todos, que ahora aceptaba la existencia de Dios. Aunque se considera deísta –sin haber abrazado ninguna religión en particular– dice sentirse especialmente impresionado por el testimonio del cristianismo.

En su libro There is a God. How the world’s most notorious atheist changes his mind (Nueva York: Harper One, 2007), Flew no sólo desarrolla sus propios argumentos sobre la existencia de Dios, sino que argumenta frente a los puntos de vista de importantes científicos y filósofos acerca de la cuestión de Dios. En su investigación, examina el auge y la caída de la escuela filosófica del positivismo lógico, la crítica de David Hume al principio de causalidad y los argumentos de importantes científicos como Richard Dawkins, Paul Davies y Stephen Hawking. También se fija en el pensamiento de
Einstein sobre Dios, pues Albert Einstein, frente a lo que afirman ateos como Dawkins, fue claramente creyente.

De la mano de la ciencia

Para valorar el significado de la conversión intelectual de Flew, resulta útil considerar la amplitud de sus escritos como uno de los grandes sacerdotes del ateísmo filosófico. Comenzó con la publicación de God and Philosophy en 1966, considerada un clásico de la filosofía de la religión. En 1976 publicó The Presumption of Atheism, que fue reeditada como God, Freedom and Immortality en 1984 en EE. UU. Entre otras publicaciones posteriores, destacan obras como Hume’s Philosophy of Belief, Darwinian Evolution o The Logic of Mortality.

¿Por qué ha cambiado Flew su parecer? La principal razón, dice, nace de las recientes investigaciones científicas sobre el origen de la vida que, según explica Flew, muestran la existencia de una “inteligencia creadora”. Como dijo en el simposio de 2004, su cambio de postura fue debido “casi enteramente a las investigaciones sobre el ADN”: “Lo que creo que el ADN ha demostrado, debido a la increíble complejidad de los mecanismos que son necesarios para generar vida,es que tiene que haber participado una inteligencia superior en el funcionamiento unitario de elementos extraordinariamente diferentes entre sí. Es la enorme complejidad del gran número de elementos que participan en este proceso y la enorme sutileza de los modos que hacen posible que trabajen juntos. Esa gran complejidad de los mecanismos que se dan en el origen de la vida es lo que me llevó a pensar en la participación de una inteligencia”.

Atención a la naturaleza

Flew rechaza la teoría de Richard Dawkins de que el llamado “gen egoísta” es el responsable de la vida humana, algo que califica de “ejercicio supremo de mixtificación popular”. “Los genes, por supuesto, ni pueden ser egoístas ni no egoístas, de igual modo que cualquier otra entidad no consciente no puede ni entrar en competencia con otra ni hacer elecciones”.

Volviendo sobre su itinerario intelectual, señala: “Ahora creo que el universo fue fundado por una Inteligencia infinita y que las intrincadas leyes del universo ponen de manifiesto lo que los científicos han llamado la Mente de Dios. Creo que la vida y la reproducción se originaron en una fuente divina.

¿Por qué sostengo esto, después de haber defendido el ateísmo durante más de medio siglo? La sencilla respuesta es que esa es la imagen del mundo, tal como yo la veo, que emerge de la ciencia moderna. La ciencia destaca tres dimensiones de la naturaleza que apuntan a Dios. La primera es el hecho de que la naturaleza obedece leyes. La segunda, la existencia de la vida, organizada de manera inteligente y dotada de propósito, que se originó a partir de la materia. La tercera es la mera existencia de la naturaleza. Pero en este recorrido no me ha guiado solamente la ciencia. También me ayudó el estudio renovado de los argumentos filosóficos clásicos. “Mi salida del ateísmo no fue provocada por ningún fenómeno nuevo ni por un argumento particular. En realidad, en las dos últimas décadas todo el marco de mi pensamiento se ha trastocado. Esto fue consecuencia de mi permanente valoración de las pruebas de la naturaleza. Cuando finalmente reconocí la existencia de Dios no fue por un cambio de paradigma, porque mi paradigma permanece”.

Flew señala que es, sobre todo, un filósofo que aplica el razonamiento filosófico a los hallazgos científicos. Como Einstein, lamenta que muchos científicos (como Dawkins) resulten malos filósofos. Al tiempo, subraya que sus puntos de vista se sustentan en la razón, no en la fe. Sin embargo ahora se muestra más abierto a los argumentos en favor de Dios de las religiones reveladas.

A George W. Bush

A George W. Bush

 

Tú no eres el dueño del planeta.

Sólo eres un tirano vestido con piel de oveja

a la cabeza de la nación más poderosa de la tierra.

 

Escúchame bien:

No tienes el derecho de decirnos:

“El que no está con nosotros, está en contra de nosotros”.

 

No tienes la legitimidad

para vendernos la democracia “made in USA”,

ni a nosotros ni a los que llamas,

sin demostrarlo,

los países del “eje del mal”.

 

No tienes ninguna autoridad para decirnos lo que tenemos qué hacer.

No hemos votado por ti

ni te hemos elegido emperador del mundo.

 

¿Acaso no escuchas el repudio de los que trabajan por la paz

alrededor del mundo?

 

¿No te dicen nada las marchas y las manifestaciones multitudinarias

de todos aquellos que se oponen a tu agresión cobarde?

 

¿No te informan tus asesores

de lo que pasa en las ciudades más importantes de tu país?

¿No te has dado cuenta que muchos de tus conciudadanos

no están a favor de tu invasión sangrienta?

 

Quiero que sepas una cosa:

Aunque pronuncies el nombre de Dios en cada uno de tus discursos,

no pienses que él apoya cada una de tus agresiones.

 

Él es el Dios de la vida

y tú estás al servicio de la muerte.

 

Afirmas que Cristo ha cambiado tu vida.

Presumes que has experimentado un “renacimiento espiritual”.

¿Así es como lo demuestras?

¿Asesinando inocentes y mutilando a seres humanos indefensos?

 

Eres tan listo

como tus bombas “inteligentes”.

Por eso nunca darás en el blanco

y errarás en tus apreciaciones.

 

 

Sabemos bien cuál es tu manera de proceder.

No puedes ocultar más que eres un represor y un asesino.

 

La sociedad civil internacional

ya no está dispuesta a quedarse callada.

 

Sumaremos esfuerzos

y saldremos a las calles y a las plazas

para manifestar nuestro rechazo a lo que tú llamas “guerra”

y nosotros llamamos invasión.

 

Nos expresaremos en todos los idiomas

contra tu terrorismo de Estado.

 

No somos títeres que puedas mover a tu antojo.

No nos engañarás con tus argumentos.

 

No dejaremos que tú y tu gabinete de guerra

decidan el futuro del planeta y lo moldeen a su antojo.

 

Escúchanos bien:

Tú no decidirás el “nuevo orden mundial”.

 

No dejaremos que continúes por el camino del unilateralismo.

A tus pretensiones hegemónicas,

opondremos nuestra lucha por un mundo más justo y solidario,

en el que podamos vivir todos,

sin exclusiones ni desigualdades de ningún tipo.

 

A tus ansias de dominar el mundo,

opondremos nuestros desvelos por conservar la libertad de nuestras naciones

y de nuestras conciencias.

 

Si algún mérito tienes

es el de haber suscitado con tu belicismo

una nueva conciencia por la paz

de dimensiones planetarias.

EL CERILLO FRATERNO

EL CERILLO FRATERNO
Una dinámica que nos puede ayudar grandemente al conocimiento mutuo al interior de los grupos apostólicos, preparándonos para realizar un diálogo fecundo.

Por Jorge Luis Zarazúa Campa
jorgeluiszarazua@hotmail.com

¿En qué consiste?
Es una dinámica en la que los miembros del grupo se sientan en círculo alrededor de una mesa. Uno de los integrantes enciende un cerillo y lo pasa al que está a su derecha. El que lo recibe lo pasa a su compañero, siempre a la derecha. Va a llegar el momento en que a uno de los integrantes se le apague el cerillo. Pues bien, la dinámica consiste en que los demás participantes van a hacerle preguntas, que el hermano deberá responder.
Dependiendo del número de participantes, las preguntas las pueden hacer todos (si el grupo es pequeño) o uno si y otro no (si el grupo es numeroso). Una vez que acabó la ronda de preguntas, el hermano al que se le apagó el cerillo, enciende otro y lo pasa al que está a su derecha. El ciclo se repite las veces que permita el tiempo destinado a esta dinámica.
Una regla básica: no se permite soplarle al cerillo para que se le apague al compañero de al lado. Si alguien apaga el cerillo soplándole, a ese vamos a hacerle las preguntas.

¿Qué clase de preguntas pueden hacerse?
Aquellas preguntas que nos permitan conocer más al hermano. Sus intereses, sus gustos, anécdotas, dificultades, ideales, anhelos, etc. Es decir, todo aquello que nos interese conocer del hermano.
He aquí algunos ejemplos de preguntas que se han hecho en las dinámicas entre nosotros Apóstoles de la Palabra: ¿Qué es lo que más te ha costado en la Misión?, ¿Qué piensa tu familia del hecho que estés en el Movimiento?, ¿Qué experiencias te han motivado a continuar en nuestra Familia Misionera?, ¿Qué aspectos te gustan más de nuestro carisma?, ¿Cómo te ves de aquí a unos cinco años?, ¿Cuál crees que es tu vocación?, ¿Cuál es tu temperamento?, ¿Puedes decirnos algún pasaje bíblico que te da ánimo en los ratos de desaliento?, etc.
Como pueden ver, se trata de preguntas que nos permiten conocer aspectos de los hermanos que normalmente no tratamos en una conversación informal. Sin embargo, son preguntas que nos permiten hacer un triple ejercicio:

a) Interesarnos por el hermano
Esta dinámica exige una mínima preocupación por conocer a cada uno de los hermanos, en una actitud creativa para hacer la pregunta adecuada, sin repetir la que ya le han hecho otros o preguntar de manera superficial, sólo para salir del paso.
Esta dinámica puede ayudarnos a comprender, no a justificar, algunas actitudes que vemos en los hermanos que conviven con nosotros. Este interés puede manifestarse en el tipo de preguntas que hago.

b) Escuchar al hermano
Es una actitud fundamental en esta dinámica. Se trata de una escucha activa, en la que debemos involucrar el oído, la vista, la mente y el corazón. No se trata nada más de estar ahí. Se trata de participar activamente en este proceso de irnos conociendo mejor.

c) Hablar a los hermanos
El hermano pregunta y yo respondo. La respuesta no debe ser sólo con monosílabos (si, no) o contestando en forma telegráfica. Aquí se trata de aprender a expresarse con toda libertad, exponiendo a los hermanos nuestros puntos de vista e intereses, nuestras anécdotas y vivencias, en un clima de respeto y escucha activa.

Un verdadero taller de diálogo
Podemos considerar esta dinámica como un verdadero taller de diálogo, en que nos entrenamos a hablar y a escuchar, en forma interpersonal (tú-yo) o grupal (nosotros). Poco a poco las preguntas irán creciendo en profundidad. Al mismo tiempo, nos iremos preparando para un diálogo más fecundo.
Al principio cuesta un poco de trabajo, pero a medida que vamos repitiendo estas experiencias, vamos valorando la importancia de esta dinámica. Así, la relación va adquiriendo más profundidad, pues vamos descubriendo que no somos tan diferentes y descubrimos cosas del hermano que nunca habíamos imaginado.
En realidad el diálogo implica escuchar al otro, tratando de entender bien lo que quiere decirnos. Por eso se requiere sinceridad, saber escoger el momento y el lugar más oportuno, es decir, el que más conviene a quienes van a entablar este diálogo.
En fin, es una actitud de vida que nos permitirá conocernos y, eventualmente, resolver los problemas de una manera más respetuosa para la dignidad de todos y cada uno de nosotros.

Hacia una calendarización
En algunas Casas del Apóstol se ha calendarizado esta dinámica, puesto que permite estrechar los lazos entre los miembros de la comunidad. La calendarización es muy importante, puesto que se reserva un día de la semana o del mes y un momento del día escogido para realizar esta dinámica.
En realidad es muy fácil dejarse llevar por el ritmo de la vida moderna o la urgencia del apostolado y las responsabilidades personales, que corremos el riesgo de no dedicar tiempo suficiente al conocimiento de los hermanos.

Conclusión
Anímate a realizarla al interior de tu grupo, comunidad o movimiento. Pronto te darás cuenta que se trata de una dinámica fascinante, que te llevará de la mano en esta aventura interesantísima de conocer a los hermanos y de ir descubriendo facetas nuevas de su personalidad y de la tuya.
Si lo haces, no dudes en escribirnos. En realidad nos interesa conocer tus comentarios, opiniones y experiencias. He aquí algunas preguntas que pueden ayudarte en tu reflexión:

1. ¿Les ayudó en algo esta dinámica?
¿En qué les ayudó?
Explica el por qué.
2. ¿Qué aspectos descubriste en tus hermanos que no te habías imaginado? Enlístalos.
3. A nivel personal, ¿en qué te ha ayudado esta dinámica?
 

La Corrección Fraterna

La Corrección Fraterna

Un espacio y una dinámica para favorecer la sana convivencia
y limar las asperezas al interior de los grupos apostólicos.

Cuando un grupo de personas convive, pueden surgir una serie de problemas, a causa del temperamento de cada uno de los integrantes o de la manera en que cada uno se siente en un momento determinado. No puede ser de otra manera. Si deseamos encontrar un grupo en el que no haya conflictos, lo más recomendable sería cambiar de planeta.
Sin embargo al interior de los grupos apostólicos no podemos resolver nuestros conflictos a la manera en que se nos plantea en las películas y las telenovelas. La violencia siempre genera más violencia.
En el caso de nosotros, católicos comprometidos, tenemos que encontrar formas más adecuada de resolver nuestros conflictos y limar asperezas, teniendo presentes las enseñanzas de Jesús y los Apóstoles en el Nuevo Testamento, especialmente en las Cartas del Apóstol San Pablo a diversas comunidades.

¿En qué consiste la corrección fraterna?
Consiste en un espacio calendarizado (cada mes o cada dos meses, según lo decidan todos de común acuerdo) al interior del grupo para presentar la propia situación y escuchar la situación de cada uno de los hermanos. Se inicia con una oración, en que se reflexionan algunos salmos y otros textos bíblicos adecuados, en un clima de comprensión, perdón y reconciliación.
No consiste en atacar o humillar a los hermanos. La perspectiva no es culpar al hermano por los conflictos que pudieran haberse suscitado, sino presentar la propia situación frente a toda la comunidad.
Puesto que somos una familia, la familia de los hijos de Dios, debemos tener una actitud de apertura, de escucha, de diálogo y de respeto. Hay que evitar siempre juzgar las intenciones del prójimo, puesto que no las conocemos suficientemente.

No poner etiquetas
Hay que evitar también ponerle etiquetas al prójimo. Por ejemplo, si en alguna ocasión el hermano llegó tarde a alguna charla o a otra actividad del apostolado, no caigamos en la tentación de decirle: “Tú siempre llegas tarde” o expresiones como la siguiente: “Tú nunca colaboras”. Más bien hay que señalar: “Tal día tú llegaste tarde y nos afectaste, porque no podíamos iniciar las charlas”, o algo parecido.

Pasos para la corrección fraterna
He aquí los pasos más significativos de la corrección fraterna, que deben hacerse en un clima de reflexión y con la finalidad de ayudar a cada uno de los hermanos. Cada grupo escoge la forma más adecuada de aplicarla. Puede hacerse por escrito o en forma hablada, o combinando los dos. Una manera muy eficaz consiste en hacerla como un momento de un retiro espiritual.
Como podrá notarse, se trata de pasos que hay que ir dando después de una atenta reflexión.

1. Señala lo que más te agrada (motiva, estimula, anima, etc.), en la manera de ser y de actuar de cada uno de los miembros de la comunidad.
Todos los seres humanos tenemos virtudes y cualidades. En la convivencia diaria podemos ir descubriéndolas en cada uno de los que nos rodean. Sin embargo también hay que decirlas al hermano. Además de hacerlas en el diálogo interpersonal, debemos hacerlo en este momento privilegiado, que llamamos corrección fraterna.
Por lo general, los seres humanos tendemos a fijarnos más en los defectos, que en las cualidades del hermano. ¿Por qué no decirle al hermano las cualidades que hemos descubierto en él? Seguramente le llenarán de ánimo y favorecerán su autoestima.

2. Señala lo que más te desagrada (molesta, saca de quicio o de onda, lo que te confunde, etc.), en la manera de ser o de actuar de cada uno de los miembros de la comunidad.
No debe hacerse en la línea de atacar al hermano. Se trata más bien de presentar la propia situación. Ejemplo: “Algo que me saca de quicio en tu manera de ser es que me hagas algunas bromas pesadas”. No se trata, pues, de poner el acento en el hermano, sino en nuestra manera de percibir las cosas. Seguramente el hermano hace ese tipo de bromas a otros miembros de la comunidad, sin ocasionarles el menor problema. Tal vez a ti te sacó de quicio porque tenías algún problema familiar, porque estabas fatigado o porque sencillamente en ese momento no estabas para bromas. Tu reacción, pues, no es sólo fruto de la actuación del hermano; también es producto de tu estado de ánimo, tu temperamento. ¿Te has fijado que, en  ocasiones, las mismas bromas que te molestan si son hechas por otra persona, no te provocan ningún conflicto?
En este primer paso yo presento lo que yo percibo, sin culpar al hermano. La ventaja es que él aprende también a distinguir que debe tratar de una manera distinta a cada uno de los miembros de la comunidad.

3. ¿Qué le sugieres a cada uno de los miembros de la comunidad para su bien y el bien de la comunidad?
Teniendo en cuenta lo que te agrada del hermano (primer paso) y lo que te saca de quicio en su manera de ser y actuar, le haces alguna sugerencia o recomendación. Puede ser animándolo a seguir actuando de la manera en que te agrada o pidiéndole que haga el esfuerzo en cambiar en alguna actitud que a ti te produce algún problema..
Sobra decir que debe hacerse teniendo en cuenta que la finalidad de esta dinámica es ayudar al hermano, no hacerlo sentir mal. No hay que pedirle, pues, cosas exageradas.

4. Señala a qué te comprometes para el bien de la comunidad.
Teniendo presente lo que te indicó cada uno de los miembros de la comunidad, tú haces el compromiso de tener en cuenta algunas de sus recomendaciones y sugerencias. Si son muchas, no es necesario que tomes en cuenta todas y cada uno de ellas. Sólo debes señalar aquellas que está más a tu alcance realizar. En este paso no se vale decir: Así soy ¿y qué?
Sin embargo es necesario tomar nota en alguna libreta, especialmente destinada para la corrección fraterna, de todo lo que te sugieren, para que lo vayas tomando en cuenta en tu manera de relacionarte con los demás.

Conclusión
Como puedes ver, se trata de una dinámica que puede ayudar a mejorar las relaciones entre todos los miembros de la comunidad. Se trata de una manera más evangélica para resolver los conflictos, que van a presentarse continuamente en nuestras relaciones con los que nos rodean. Es que no somos máquinas o robots, que puedan programarse. Somos seres humanos, hechos de barro y buenas intenciones, que a menudo se nos olvidan.
Hagan la prueba al interior de sus grupos y envíenos sus experiencias a la redacción de este boletín informativo, señalando en qué aspectos de su vida, personal y comunitaria, les ayudó a mejorar. No olviden que esta dinámica no sirve exclusivamente para los grupos apostólicos. También puede ayudar a mejorar la integración al interior de la propia familia o con los compañeros de trabajo. Esperamos tus comentarios.