A George W. Bush

A George W. Bush

 

Tú no eres el dueño del planeta.

Sólo eres un tirano vestido con piel de oveja

a la cabeza de la nación más poderosa de la tierra.

 

Escúchame bien:

No tienes el derecho de decirnos:

“El que no está con nosotros, está en contra de nosotros”.

 

No tienes la legitimidad

para vendernos la democracia “made in USA”,

ni a nosotros ni a los que llamas,

sin demostrarlo,

los países del “eje del mal”.

 

No tienes ninguna autoridad para decirnos lo que tenemos qué hacer.

No hemos votado por ti

ni te hemos elegido emperador del mundo.

 

¿Acaso no escuchas el repudio de los que trabajan por la paz

alrededor del mundo?

 

¿No te dicen nada las marchas y las manifestaciones multitudinarias

de todos aquellos que se oponen a tu agresión cobarde?

 

¿No te informan tus asesores

de lo que pasa en las ciudades más importantes de tu país?

¿No te has dado cuenta que muchos de tus conciudadanos

no están a favor de tu invasión sangrienta?

 

Quiero que sepas una cosa:

Aunque pronuncies el nombre de Dios en cada uno de tus discursos,

no pienses que él apoya cada una de tus agresiones.

 

Él es el Dios de la vida

y tú estás al servicio de la muerte.

 

Afirmas que Cristo ha cambiado tu vida.

Presumes que has experimentado un “renacimiento espiritual”.

¿Así es como lo demuestras?

¿Asesinando inocentes y mutilando a seres humanos indefensos?

 

Eres tan listo

como tus bombas “inteligentes”.

Por eso nunca darás en el blanco

y errarás en tus apreciaciones.

 

 

Sabemos bien cuál es tu manera de proceder.

No puedes ocultar más que eres un represor y un asesino.

 

La sociedad civil internacional

ya no está dispuesta a quedarse callada.

 

Sumaremos esfuerzos

y saldremos a las calles y a las plazas

para manifestar nuestro rechazo a lo que tú llamas “guerra”

y nosotros llamamos invasión.

 

Nos expresaremos en todos los idiomas

contra tu terrorismo de Estado.

 

No somos títeres que puedas mover a tu antojo.

No nos engañarás con tus argumentos.

 

No dejaremos que tú y tu gabinete de guerra

decidan el futuro del planeta y lo moldeen a su antojo.

 

Escúchanos bien:

Tú no decidirás el “nuevo orden mundial”.

 

No dejaremos que continúes por el camino del unilateralismo.

A tus pretensiones hegemónicas,

opondremos nuestra lucha por un mundo más justo y solidario,

en el que podamos vivir todos,

sin exclusiones ni desigualdades de ningún tipo.

 

A tus ansias de dominar el mundo,

opondremos nuestros desvelos por conservar la libertad de nuestras naciones

y de nuestras conciencias.

 

Si algún mérito tienes

es el de haber suscitado con tu belicismo

una nueva conciencia por la paz

de dimensiones planetarias.

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