HOLOCAUSTO

HOLOCAUSTO
LA VOZ DE LA IGLESIA


El Oro de Pio XIISe han publicado los documentos de los archivos vaticanos sobre la Segunda Guerra Mundial.
Una entrevista exclusiva al padre Pierre Blet, el jesuita recopilador de la obra, muestra cómo la leyenda negra sobre el antisemitismo del Papa Pacelli carece de fundamento histórico.
El autor insinúa una hipótesis

A CARGO DE ANDREA TORNIELLI

A quien le preguntaba recientemente sobre los presuntos “silencios” de su predecesor el Papa Pacelli acerca del exterminio de los judíos, Juan Pablo II contestaba: “Leed al padre Blet”.
Es el mayor y más autorizado aval que se da a la labor “de hormiga” del anciano jesuita francés, que se ha ocupado de la publicación de los doce volúmenes de Actes et Documents du Saint-Siège relatifs à la Seconde Guerre Mondiale, es decir, de todos los documentos de los archivos del Vaticano relativos al periodo de la última guerra. Una iniciativa que nace de Pablo VI, que fue elegido Papa precisamente en el momento en que empezó a emerger la leyenda negra en torno a Pacelli. Una exhaustiva investigación histórica encaminada a restablecer la verdad sobre un Pontífice que próximamente será elevado al honor de los altares, pero cuya figura han puesto en entredicho ataques malintencionados. El padre Pierre Blet ha publicado recientemente un libro que resume y hace público el fruto de sus investigaciones. Se titula Pío XII e la Seconda Guerra mondiale negli archivi vaticani (Edizioni San Paolo). Entre estas páginas se encuentra la mejor respuesta al último ataque malintencionado contra Pío XII, que lanzó hace dos meses el escritor inglés John Corwell, autor de un volumen de casi 500 páginas, titulado Hitler´s Pope (El Papa de Hitler), que no contiene nada nuevo, sino que vuelve a proponer la vieja tesis de un Pacelli antisemita, por lo que ha obtenido un gran eco en los medios mundiales (cfr. El País, 6 de febrero de 2000, p.10).
En su despacho, como cada día, el padre Blet sacude la cabeza cuando le hablamos de los “silencios”. Él ha conseguido probar que Pío XII hizo todo lo que pudo para salvar a los judíos.¿Qué figura de Pío XII emerge en sus estudios?
Pacelli era un hombre que conocía bien su propio deber y lo cumplía escrupulosamente. No perdió un minuto, era un trabajador incansable. Puso todo su empeño, del el principio al fin, para salvar la vida de los inocentes, y trató de ayudar a los judíos perseguidos incluso antes del inicio de la guerra y del Holocausto.

¿Qué hizo la Santa Sede por los judíos antes del conflicto?
Los nazis trataron de expulsar a los judíos de Alemania y de los países que habían ocupado. El cardenal Pacelli, secretario de Estado de Pío XI, se dedicó a encontrarles acogida en otros estados. Hubo enormes dificultades: obtener el visado para EEUU requería dos años, además era complejo entrar en Inglaterra. Al final, Brasil concedió 3000 visados, una gota en el mar de esas necesidades…

En su libro, Cornwell publica una relación que la nunciatura de Berlín envió al Vaticano en 1919, cuando Pacelli era el nuncio. En ella se habla de una revuelta de bolcheviques a los que se alude como “judíos pálidos, sucios, repugnantes y vulgares”.
Este documento que Cornwell vende por inédito y como “prueba” del antisemitismo de Pacelli era ya conocido y se había publicado en un libro de 1992. Aquel texto no lo había redactado el nuncio, sino uno de los auditores de la nunciatura: fue éste y no Pacelli el que utilizó esas expresiones.

¿Fue Pío XII un Papa antisemita?
¡Pero cómo que antisemita! En 1943, los nazis exigieron a los judíos de Roma 50 kilos de oro a cambio de no deportarles al Ghetto, pero la comunidad israelita sólo había conseguido recoger 35. Los judíos, entonces, recurrieron a Pío XII, que puso a su disposición el oro que faltaba. ¿Usted cree que si Pacelli hubiese sido antisemita los judíos habrían recurrido a él?

Otra acusación hecha a Pacelli es el Concordato con la Alemania nazi, que habría ayudado a Hitler a consolidar su poder.
El Concordato se firmó en 1933, cuando Hitler ya estaba bien consolidado en el poder. El gobierno alemán ofreció a la Santa Sede algunas condiciones muy favorables, pero no las respetó. El propio cardenal Pacelli dijo: “Esperemos que estas nuevas reglas no se violen todas al mismo tiempo”. Aquel acuerdo debía garantizar solamente la libertad de culto para los católicos, que, sin embargo, no tuvo efectividad real: miles de curas y monjas fueron arrestados y el jefe de la Acción Católica, asesinado. Si el Vaticano no hubiese firmado el Concordato cuando se iniciaron las persecuciones contra los católicos, estos podían haber acusado a la Santa Sede de haberse equivocado en no suscribirlo.

Entre la multitud de documentos que usted ha podido examinar, ¿emergen episodios que pueden hacer pensar en un tipo de condescendencia de Pío XII con el nazismo?
No, ninguno. Pacelli era un gran amigo del pueblo alemán, porque admiraba su cultura, pero no ayudó de ninguna manera al nazismo. Hay un episodio iluminador al respecto. Bajo la indicación del Papa, la diplomacia de la Santa Sede se dedicó a hacer aceptar en los ambientes católicos americanos la alianza entre el presidente Franklin Delano Roosevelt con los soviéticos de Stalin, con una función antinazi. Pío XII hizo saber a su delegado apostólico en Washington que ese pacto estratégico para detener a Hitler se debía efectuar, a pesar de que la Santa Sede hubiese condenado firmemente el comunismo. En el 1940, cuando el Papa tuvo conocimiento de los planes de resistencia alemana para abatir a Hitler, decidió pasarlos secretamente a los ingleses, esperando que llegasen a buen puerto. No me parecen acciones de un amigo de los nazis.

¿Cómo se explican los “silencios” del Papa acerca del exterminio de los judíos?
Los así llamados “silencios” no lo fueron. De hecho, la voz del Papa fue la única que se alzó en defensa de cuantos eran perseguidos. En el mensaje de Navidad del 1942, cuando todos los jefes de Estado callaban, Pío XII denunció la persecución “contra cientos de miles de individuos que, sin culpa, en ocasiones por la sola razón de su raza o nacionalidad, han sido destinados a la muerte o a la extinción gradual”. El New York Times tuvo que admitir: “En esta Navidad, más que nunca, el Papa es una voz solitaria que grita en el silencio de un continente”. El 2 de junio de 1943, Pío XII pronunció otro discurso – que sus acusadores se guardan bien de citar – hablando de todos los que se volvían a él “porque a causa de su nacionalidad o de su estirpe estaban destinados al exterminio”.

Algunos dicen que el Papa podía haberse arriesgado más en su mensaje público.
Esta es la cuestión. Pío XII sabía que sus denuncias públicas habrían tenido un efecto devastador: no habría detenido a los nazis y habría vuelto aún más crueles las persecuciones contra los judíos y los católicos. En el mismo discurso de junio de 1943, el Papa explicó: “Cada palabra que dirigimos a la autoridad pública, y cada uno de nuestros discursos públicos, tiene que ser seriamente ponderado y comedido en interés de los que sufren, para no hacer, aun sin quererlo, más grave e insoportable su situación”.

Según usted, ¿el Vaticano sabía exactamente lo que estaba sucediendo en los campos de exterminio?
El conocimiento exacto de lo que había pasado se tuvo sólo después de que los aliados entrasen en los campos alemanes. Por eso, ni Winston Churchill ni el presidente americano Rooselvelt denunciaron el exterminio de los judíos, y tenían menos razones que Pío XII para callar: no tenían fieles esparcidos por todo el mundo que podían sufrir las crueles represiones nazis. El Papa decidió hablar de todos modos, lo hizo y fue el único en hacerlo. Pero más que con las palabras prefirió comprometerse concretamente a favor de los judíos. Todos los reconocimientos que recibió al final de la guerra por parte de altas personalidades del mundo judío dan testimonio de ello.

¿Entre los archivos vaticanos que usted ha examinado se halla el número de los judíos que fueron salvados gracias a la intervención de la Santa Sede?
No; este dato no aparece. El Papa abrió casas religiosas y conventos de clausura para acoger a los judíos y librarles de las deportaciones. Pero no tiene un cómputo de las vidas que salvó. Sin embargo, hay un cálculo y lo hizo un historiador israelita, el diplomático judío Emilio Pinchas Lapide, que en 1967 escribió: “Pío XII, la Santa Sede, los nuncios y toda la Iglesia católica salvaron de una muerte segura a entre 700.000 y 850.000 judíos”.

Padre Blet, ¿por qué aunque los documentos hablan con claridad sobre el papel que desarrolló Pío XII continúan los ataques contra él?
Yo creo que se trata de una campaña bien organizada. El libro de Cornwell está a punto de ser traducido a todas las lenguas…

¿Cree que los ataques provienen de ambientes judíos?
No lo sé. Me temo que algunos ámbitos judíos se han dejado manipular por otros. No es casual que dos periódicos cercanos al mundo judío, el New York Times y el Newsweek, hayan tratado con frialdad o hasta vapuleado el libro de Cornwell. Tenga en cuenta que la campaña contra Pacelli a gran escala comienza en 1963, con la representación de una obra que no quiero nombrar, de igual modo que no quiero nombrar al autor porque no es digno de ser nombrado…

¿Se refiere a El Vicario de Rolf Hochhuth?
Sí, exacto; pero no quiero ni pronunciar ese nombre. De todos modos, esa obra teatral venía de la Alemania oriental, venía del Este.

Padre, pero hoy el Este, entendido como el conjunto de países del bloque comunista, ya no existe.
Es cierto, ya no existe, pero me temo que todavía quedan muchos que no han perdonado a Pío XII la derrota en Italia del frente comunista. La derrota de 1948.

El prestigioso periódico The New York Times trató de muy diferente forma a Pío XII cuando éste vivía y cuando, cuarenta años después de su muerte, ha vuelto a tratar el asunto. He aquí unos pasajes del Editorial del 25. 12. 1941, que cobra hoy valor de documento histórico.

“La voz de Pío XII es una voz solitaria en el silencio y en la oscuridad en la que ha caído Europa en esta Navidad. Él es el único soberano del continente que tiene la valentía de levantar su voz… Sólo el Papa ha pedido el respeto a tratados, el fin de las agresiones, un trato igual para las minorías y el cese de la persecución religiosa. Nadie más que el Papa es capaz de hablar a favor de la paz”

Está disponible en castellano el libro de Antonio Gaspari, Los judíos, Pío XII y la leyenda negra (Ed. Planeta Testimonio, Madrid 1998). Entresacamos unos pasajes de la entrevista que el autor concedió al semanario Alfa y Omega.

La mayoría de los jóvenes españoles no han oído hablar de Pío XII, aunque el suyo fue uno de los pontificados más ricos de la era contemporánea. ¿Puede darnos una idea de cómo fue este hombre?
El caso de Pío XII es increíble. Ningún Papa en toda la historia recibió tantos testimonios de reconocimiento y de gratitud de parte de los hebreos como el Papa Pacelli. Albert Einstein; Golda Meir; y el rabino de Jerusalén, Isaak Herzog, entre otros, escribieron palabras de encomio por el valor de Pío XII. El historiador hebreo Pinchas Lapide, Cónsul General de Israel en Mílan, ha escrito que la Santa Sede, los Nuncios de la Iglesia Católica, salvaron de la muerte entre 700.000 y 850.000 hebreos. Y un artista judío, salvado gracias al auxilio de los padres orionistas, esculpió una enorme estatua de la Virgen María bajo la advocación de Salus Populi Romani (salvación del pueblo de Roma) que ahora domina la ciudad eterna desde la punta del Monte Mario. Isaías Levi, senador del Reino de Italia, se salvó de las leyes raciales y de la persecución nazifascista gracias a las hermanas de María niña que a indicación de Pío XII lo escondieron en un convento. Al final de la guerra, Levi regaló a Pío XII la villa Levi, actual sede de la Nunziatura de la Santa Sede en Italia.
Esta son algunas de las miles de historias de judíos salvados por la Iglesia Católica. El Papa Pacelli fue un Papa excepcional que guió a la Iglesia en un período trágico. Los soldados, los afligidos, los huérfanos, las viudas, los hambrientos, los prófugos, los sin hogar, todos iban a escuchar su palabra. Los jóvenes se agolpaban en la Plaza de San Pedro para expresar su reconocimiento a quien más había hecho para salvar Roma.
[…]

¿Qué lección saca de esta investigación?
Si se analizaran con serenidad los sucesos históricos, se obtendría una gran enseñanza, porque, no obstante las adversas condiciones políticas y religiosas que separaban a judíos y católicos, entre ellos se realizó una auténtica alianza común contra el racismo. Una alianza que hoy sería igual de necesaria, dado que el racismo resurge de todo el mundo.

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