El segundo libro del Papa sobre Jesús, a la venta el 13 de m arzo

El segundo libro del Papa sobre Jesús, a la venta el 13 de marzo

Presentadas las “Opera Omnia” de Ratzinger sobre la liturgia cristiana

RÍMINI, martes 24 de agosto de 2010 (ZENIT.org).- El próximo volumen de Benedicto XVI sobre la vida de Jesús saldrá a la venta, en varios idiomas, el primer domingo de Cuaresma, 13 de marzo. Así lo anticipó ayer a Radio Vaticano Giuseppe Costa, director de la Libreria Editrice Vaticana.
Este esperado segundo volumen, que se centra en la pasión y muerte de Jesús, se encuentra actualmente en proceso de traducción a los distintos idiomas, y será entregado a los editores el próximo 15 de enero, para preparar las respectivas ediciones nacionales.
Según explicó Costa a Radio Vaticano, por el momento se ha llegado a un acuerdo con 18 casas editoriales, aunque “no se descarta que haya más peticiones” en los próximos meses.
Por el momento, y según confirmó el portavoz vaticano Federico Lombardi el pasado 23 de julio, el Papa Benedicto XVI está actualmente escribiendo el tercer volumen sobre la vida de Jesús, que dedica a la infancia de Cristo.
El responsable de los derechos de autor de los textos vaticanos se encontraba estos días en la ciudad italiana de Rímini, en el norte de Italia, para la presentación del primer volumen de la Opera Omnia de Joseph Ratzinger.
La presentación tuvo lugar durante la celebración del festival anual conocido como Meeting de Rímini, que organiza el movimiento católico Comunión y Liberación, y que cada año reúne a miles de personas.
Esta Opera Omnia consta de 16 volúmenes que recogen todos los escritos e intervenciones de Joseph Ratzinger, antes de ser elegido Papa, sobre la importancia de la liturgia en la vida cristiana.
La obra recoge, explicó Costa, “no sus enseñanzas como Pontífice, sino sus escritos, sus enseñanzas, sus entrevistas como cardenal. Esta Opera Omnia termina cuando fue elegido Papa”.
Sobre el contenido de esta Opera, el obispo de Ratisbona, monseñor Gerhard Müller, encargado de la edición alemana, explicó a la emisora vaticana la importancia que la liturgia tiene en el pensamiento de Joseph Ratzinger.
“La liturgia es la participación sacramental en la vida de Dios. Por esto, no es solo un ‘teatro’, una autoexpresión del corazón o de la idea de la subjetividad, sino que es la expresión objetiva, real, concreta del contacto con el mismo Dios, que quiere convivir con nosotros, sus criaturas”, afirmó el prelado.

La sana laicidad no vacía los valores de una nación

La sana laicidad no vacía los valores de una nación
Aclaración del cardenal Péter Erdö, presidente del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa

RÍMINI, martes 24 de agosto de 2010 (ZENIT.org).- En estos momentos en los que en muchos países del mundo se propone la laicidad como modelo en las relaciones Iglesia-Estado, renunciando a formas precedentes, ¿cuáles son los valores que pueden unir a esas sociedades?
Esta es la pregunta a la que ha respondido el cardenal Péter Erdö, presidente del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y primado de Hungría, con motivo del “Meeting” que organiza Comunión y Liberación del 22 al 28 de agosto, en un artículo publicado por la revista “Atlantide” y por “L’Osservatore Romano”.
Después de dejar claro que la Iglesia defiende el concepto de sana laicidad el arzobispo de Esztergom-Budapest aclara que “la visión del mundo y la del ser humano no deben ser obra de los Estados, ni de las autoridades políticas”.

Una clave: la subsidiaridad
“Siguiendo una justa subsidiaridad, la visión del mundo constituye un hecho personal, pero también comunitario, transmitido y compartido por otras personas, por diferentes grupos, o también por toda la sociedad”, añade el arzobispo de 58 años de edad, uno de los mayores expertos en Derecho Canónico de la historia de Hungría.
“Las comunidades religiosas transmiten de manera eminente la visión comunitaria del mundo –sigue aclarando el purpurado–. Por tanto, la sana laicidad del Estado significa precisamente que las autoridades estatales y políticas, así como las internacionales o continentales, no pueden definir la visión del mundo de los ciudadanos, sino que deben hacer referencia a los elementos fundamentales de estos valores de la sociedad, en el marco de una clara subsidiaridad”.

El denominador común
Pero en virtud de esta visión del mundo, “¿es posible llegar a un denominador común que pueda ofrecer lo mínimo necesario para la convivencia y la colaboración de las personas y de los pueblos?”, se pregunta Erdö.
“Según la convicción cristiana, todos los hombres pueden conocer las verdades esenciales sobre Dios a través e la realidad concreta –responde–. Creemos por tanto en la fuerza cognoscitiva humana incluso de los principios fundamentales de la vida”.
“Esta es la base también de la moral revelada –añade–. La gracia, también en este ámbito, presupone la naturaleza. La condición de una sinfonía sobre los principios fundamentales de la moralidad en los diferentes Estados es, por tanto, el conocimiento o el reconocimiento –abierto al progreso de la investigación y del razonamiento– de la plena realidad de las cosas objetivamente existentes”.
“La verdad, por tanto, nos libera también en la vida social –sigue aclarando el cardenal húngaro–. De este modo, se delinea la posibilidad de un equilibrio entre la ‘sana’ laicidad del Estado, basada en la subsidiaridad, en las cuestiones de la visión del mundo, y la posibilidad de un amplio consenso sobre los principios fundamentales”.
“Precisamente esta búsqueda de equilibrio puede ser una tarea histórica de la Europa multicultural”, sugiere el cardenal.

Nueva evangelización
“En este contexto, los cristianos del continente, que hace veinte años reencontraron muchos valores de la propia unidad, están llamados a dar testimonio de la plena verdad de Cristo, de la esperanza que quiere abrirse a todos y que invita a todos a una reflexión común”, afirma.
“Nueva evangelización, por tanto, en el contexto de la pluralidad, del mutuo respeto, y sobre todo, de la apertura ecuménica, que debe hacer más fuerte la voz del Evangelio con el testimonio común y que debe ser un gimnasio del diálogo que nos prepara también para el diálogo con las demás religiones, y con los no creyentes en el espíritu de la caridad y de la verdad”, concluye.
La intervención del cardenal será publicada por ZENIT el próximo sábado.

Porque miles de personas abandonan la iglesia Catolica? (via Historias, Relaciones, Personajes, Y todo para expandir nuestra vision)

Interesante.

Porque miles de personas abandonan la iglesia Catolica? Cuales son las razones de que miles de personas abandonan la iglesia Catolica. El sacerdote de origen Italiano Flaviano Amatulli Valente, critica al actual sistema de la Iglesia Católica, que ha ocasionado que no reaccione ante la pérdida de creyentes, la cual es cada vez más fuerte. Investigacion Por : Pancholon El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) reconoció que por dia 10 mil personas abandonan la Iglesia Catolica en Latinoamérica, al e … Read More

via Historias, Relaciones, Personajes, Y todo para expandir nuestra vision

Esquila Misional (via Esquila Misional Blog)

Me llama la atencion este post porque presenta las fechas en que el P. Amatulli dirigio ESQUILA MISIONAL.

Esquila Misional: La revista Esquila Misional es una publicación mensual enfocada la información y animación misionera de la Iglesia. Editada y publicada por los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús, busca cumplir estos objetivos mediante esfuerzo y profesionalismo así como de otros elementos que son estrictamente necesarios para lograr nuestro cometido: a) un profundo amor por las misiones y por el diálogo interreligioso, b) respeto por l … Read More

via Esquila Misional Blog

SITUACIÓN ACTUAL DE LA IGLESIA EN MÉXICO

SITUACIÓN ACTUAL DE LA IGLESIA EN MÉXICO

Encuentro Nacional

de Responsables de Comunicación Social

24 de septiembre del 2001.

Pbro. Dr. Mario Ángel Flores Ramos

Hablar de la situación de la Iglesia en el México de hoy, supone, en gran medida, hablar de México y los mexicanos. Somos un pueblo con diferentes estilos de ser, de trabajar y de analizar la realidad. Con diferentes ejes de desarrollo cultural y con un centralismo secular que nos caracteriza como nación. Todo esto se ve reflejado de muchas formas en nuestra Iglesia católica mexicana en donde se identifica nuestra idiosincrasia.

LA IGLESIA EN MÉXICO Y LAS ESTADÍSTICAS

Comencemos señalando algunos datos numéricos que siempre son útiles para conocer y valorar la realidad. Se trata de los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI).

En el Censo General de Población y Vivienda del 2000: se dan los números y los porcentajes referentes a las prácticas religiosas de los mexicanos. Llama la atención que los niños menores de cinco años no son tomados en cuenta en esta estadística. No hay una explicación al respecto del porque se siguió este criterio. Así, sobre un total de 85 931 732 habitantes MAYORES DE 5 AÑOS, el 88.22 se confiesa población católica; el 5.22 evangélica; el 2.13 cristianos no evangélicos, entre ellos destacan los mormones con un 11.57% y los Testigos de Jehová con 58.85%., naturalmente del 2,13% del total ; 0.37 otras religiones (judaísmo 0.06 %); finalmente, sin religión 3.49.

Nuestra primera observación es que, a pesar de todo, México sigue siendo un país mayoritariamente católico, muy cercano al 90% de su población total, por lo que conviene hacer notar que la pretensión de los evangélicos, de ser ya el 20% de la población está muy lejos de la realidad, el censo arroja apenas el 5.22%, además, dentro de este 5.22 hay que tomar en cuenta a las iglesias históricas: ortodoxos, luteranos, anglicanos y otros, aunque debemos decir que son una proporción insignificante en ese 5.22%. Por otra parte, debemos añadir el 2,13% de los mal llamados en el censo “cristianos no evangélicos”, dado que, en sentido estricto, ni los mormones ni mucho menos los Testigos de Jehová pueden considerarse cristianos, sino sectas derivadas del cristianismo. Acumulando a todos llegan a ser apenas el 7.35% de la población total.

La Iglesia católica sigue siendo, sin duda alguna, expresión de la cultura religiosa del mexicano y el cristianismo, en sentido más amplio, abarca prácticamente la totalidad; habría que restar cerca de un 3.65% entre otras religiones no cristianas y los que se declaran increyentes o agnósticos. Esto nos hace ver la gran responsabilidad que tiene la jerarquía en la formación de la cultura, los valores y el carácter del mexicano. Muchas de las virtudes de nuestra cultura brotan de la fe católica, pero también debemos reconocer que muchos de los vicios imperantes se deben a una incorrecta evangelización.

Desde los números generales podríamos ir recorriendo cada estado de la república, lo que nos permitiría acercarnos a la realidad que vive cada diócesis. Hagamos, por brevedad de tiempo, solo el recuento de los datos más sobresalientes: El estado de la república donde hay más católicos es Guanajuato, empatado con Aguascalientes con un 96.07%, seguidos por Jalisco, Michoacán y Zacatecas con un poco más de 95%; Los estados del norte se mantienen en la media nacional con un promedio de 88%.El estado de la república donde menos católicos hay es Chiapas con 64.46%, seguido de Tabasco con 72.26% y Campeche con 75.04%. En Chiapas es el lugar donde hay más evangélicos con un 14.5% de la población, en Tabasco 13.01% y en Campeche casi 12%. Finalmente, el Distrito Federal 90.57% católicos, 3.61 evangélicos, 1.37 no evangélicos, 2.95 sin religión.

Podríamos hacer aquí una segunda observación, la más obvia, es que todo el centro de la república, incluida la zona metropolitana, es la que conserva con mayor vigor el catolicismo. Los estados del norte están siendo objeto de una fuerte presión por la línea fronteriza y el constante flujo migratorio, pero no llega a ser todavía importante. Muy distinta es la realidad del sureste mexicano incluyendo Yucatán y, en el Golfo, a Veracruz donde podemos ver signos muy preocupantes. Por ejemplo, Chiapas con el 14.5% de evangélicos a los que debemos agregar un 8% más de mormones y, sobre todo Testigos de Jehová.

Para interpretar correctamente el hecho, siguiendo con el ejemplo de Chiapas, debemos señalar que el 12% de la población se declara sin religión. Recordemos que fue en el sureste mexicano donde influyeron más los caciques en tiempos de la persecución religiosa y donde fue más prolongada su influencia, llegando más allá de los años treinta del siglo pasado. Por otra parte, de manera simultanea, fue en esa zona, donde los gobiernos revolucionarios y especialmente el de Lázaro Cárdenas, permitieron la creación de las llamadas “escuelas de verano” donde amplios grupos de norteamericanos podían internarse entre las distintas etnias para conocer sus culturas y aprender sus lenguas. Pronto terminó también en la difusión de nuevas religiones. El caso más dramático es el de Guatemala, donde funcionaron también las “escuelas de verano” y hoy, en la zona maya, tiene ya una población evangélica cercana al 50%. Hay quienes han interpretado la situación de Chiapas como responsabilidad de la pastoral de Don Samuel Ruiz, sin embargo, como podemos notar, el problema es mucho más amplio geográficamente hablando que la diócesis de san Cristóbal de las Casas y de más largo tiempo en su origen.

Podríamos concluir de manera muy optimista. Nuestros números estadísticos sin duda son alegres, son buenos, de tal forma que confirman aquella expresión de Juan Pablo II: México semper fidelis; pero no nos dejemos llevar por un entusiasmo desmedido, hay mucho por hacer. Las comparaciones nos ayudan a poner los pies en la tierra. Quiero poner un solo ejemplo: Nadie identifica a la India como un país católico porque apenas representan el 5% de la población total, sin embargo, estamos hablando de una comunidad cercana a los cuarenta millones. En una ciudad como Bombay existen 115 parroquias sin contar otro número importante de capillas. Como todos los grupos minoritarios, los católicos de la India son sumamente activos, viven con mayor intensidad la fe, hay mucha presencia de laicos bien formados, están abiertos a un compromiso fuerte con el entorno, baste recordar a la Madre Teresa de Calcuta… sólo quiero mencionar dos datos: en la India hay 23 000 sacerdotes diocesanos y religiosos y 80 000 religiosas. En México, con el doble de población católica, los sacerdotes somos la mitad.

Respuesta pastoral a esta situación: Una vez que una familia o un grupo adopta una expresión religiosa, será muy difícil que vuelva hacia la anterior. El camino más adecuado pastoralmente hablando ha de ser, primero, fortalecer a los propios integrantes de la comunidad. El fenómeno de la difusión y crecimiento en México de los evangélicos y pentecostales se dio con mucho éxito desde finales de los años setenta hasta principios de los años noventa del siglo XX. La Iglesia parecía adormilada, fue tomada por sorpresa sin que se supiera bien a bien de que se trataba ni cómo reaccionar. Ha venido la propuesta general, por parte del Papa Juan Pablo II, desde 1983 de una Nueva Evangelización como para recordarnos que ya no podemos vivir sólo de las glorias del pasado, porque toda riqueza y toda fortuna, a fuerza de ocuparla, se agota. También ha sido fuerte la llamada de Santo Domingo en 1992 a una evangelización de la cultura a fin de iluminar las expresiones de nuestro pueblos con el Evangelio; pero finalmente, en el Sínodo de América se da en la clave del proceso evangelizador para lograrlo: El encuentro con Jesucristo vivo en el hoy de América. Más claro no se podía señalar: nuestra Iglesia católica en México es expresión de una fuerte experiencia de fe de generaciones pasadas, pero no es todavía garantía de que sea nuestra propia experiencia. Se ha llegado a decir, y no sin razón, que después de muchos años de seminario, con muchos “diéces” en teología y hasta largo tiempo de vida sacerdotal, hay algunos que no han tenido una fuerte y verdadera experiencia personal de fe y si esto pasa con la leña verde, que no podríamos decir de nuestros hermanos laicos. De allí el relativo éxito de las comunidades evangélicas, que han sabido reavivar la experiencia personal del creyente, saliendo de esquemas y rutinas, o de tradiciones vacías.

LA IGLESIA EN MÉXICO Y EL EPISCOPADO

Estamos en la Casa del episcopado mexicano y por ese solo hecho debemos ser prudentes en nuestros comentarios. Todos conocemos la susceptibilidad episcopal y tal vez hasta la hemos experimentado en carne propia. Pero en este foro de madurez y siendo cercanos colaboradores en muchas tareas, hagamos un comentario que trate de ser respetuoso sin dejar de ser objetivo.

El “Epíscopo” es fundamental en la estructuración y en el dinamismo de la Iglesia. Ahora mismo se preparan para realizar el Sínodo de obispos sobre los obispos que tuvo que ser pospuesto en el año dos mil por las intensas celebraciones jubilares. El tema elegido para este Sínodo, de acuerdo al “Instrumentum laboris”, es muy revelador: El Obispo, servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo”. Si algo necesita el mundo de hoy es esperanza auténtica. Parece que el desplome de dos torres de babel juntas, es decir de ese mundo construido por el hombre sin mucha perspectiva de trascendencia, ha hecho que recorra un sentimiento exagerado de temor de oriente a occidente, como cuando en el imperio romano los bárbaros destruían Roma y muchos llegaron a pensar que era el fin del mundo. En realidad fue el comienzo de un nuevo mundo. Cómo no recordar en este mismo sentido la caída de Tenochtitlán y el imperio Azteca. Ser servidores de esperanza con el Evangelio de Cristo para el mundo, tarea de nuestros obispos.

El episcopado mexicano está conformado prácticamente en su totalidad por obispos postconciliares, de acuerdo a los tiempos, no era posible de otra forma. Aquellos que hicieron posible el Concilio Vaticano II o ya han muerto o están retirados. Además una gran parte son jóvenes en el ministerio y algunos incluso jóvenes de edad. Sin embargo, todavía no es garantía de que sean plenamente conciliares el vivir después del Gran Concilio.

Debemos reconocer el espíritu de unidad con el Primado de Roma, tan claro y tan firme como siempre. Debemos señalar también la búsqueda constante y el dinamismo desplegado para encontrar respuestas pastorales a los desafíos de nuestro tiempo. El Obispo mexicano suele ser fraterno y cercano a su presbiterio –claro, siempre hay excepciones-, y a los fieles. Sigue teniendo una alta consideración y estima en los ambientes eclesiásticos y sociales. Las encuestas señalan siempre que la Iglesia sigue siendo la institución de mayor credibilidad para el mexicano y esto, en gran parte, también es obra de los obispos.

Sin embargo, no es un episcopado que brille por su preparación teológica, lo que le hace estar en desventaja con el exigente mundo de la especialización. Claro que siempre es necesario echar mano del teólogo, del moralista, del estudioso de la bioética, del especializado en medios de comunicación, y tantas otras cosas, pero mucho se ganaría con un episcopado fuerte no sólo en Derecho Canónico, sino también en Escritura y Teología. De allí puede venir cierta desconfianza hacia el teólogo y el especialista.

Por otra parte, siendo postconciliar, hay elementos que no corresponden a la actitud colegial que impulsó el Concilio. Por supuesto que las reuniones de la Conferencia del Episcopado Mexicano han dado como resultado grandes iniciativas comunes, pero la estructura colegial está muy lejos de ser un ejemplo de trabajo conjunto. Demos tres ejemplos.

La Universidad Pontificia de México. Una institución que hoy está celebrando sus 450 años de fundación como Real y Pontificia, por cierto tomada por la UNAM como celebración propia, fue reabierta hace 20 años por el episcopado como Universidad bajo su responsabilidad. Hoy está en una verdadera encrucijada: Los obispos de México no la han tomado suficientemente en serio al no enviar profesores ni alumnos suficientes, al no apoyarla económicamente como debe ser una institución de esas dimensiones, más aún, hay quienes la han impugnado en la misma Roma para que todavía no tenga su estatuto jurídico de UNIVERSIDAD, en realidad se trata de dos facultades pontificias (filosofía y teología) y un Instituto, el de Derecho. Una institución del Episcopado que no madura para tener en México un centro de alta calidad de estudios eclesiásticos y ya hay quienes están pensando en abrir, por aquí y por allá, por su cuenta, otras instituciones que sin duda restarán fuerza y eficacia al proyecto colegiado. Será en la próxima Asamblea de noviembre donde, finalmente, habrán de abordar el tema con mayor profundidad, esperamos un crecimiento en su experiencia conciliar y menos una búsqueda del libre mercado y libre competencia en tareas de Iglesia.

El documento Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos. Una extraordinaria reflexión sobre el momento que vivimos. Haciendo un recuento histórico (capítulo primero), una lúcida autocrítica sobre el desempeño de la Iglesia en nuestro tiempo (capítulo segundo) y una propuesta para la transición política que estamos viviendo (capítulo tercero). No cabe duda que se trata de uno de los grandes documentos colegiados del episcopado mexicano; sin embargo, no lo han tomado suficientemente en serio. En muchas diócesis no se conoce, en muchas otras no ha sido tomado como inspirador de los procesos pastorales. Cada región lleva sus propios proyectos, poco hay de trabajo en conjunto. El episcopado se reúne, trabaja, logra acciones concretas y valiosas, pero cada obispo no le da seguimiento. Hay un gran trecho entre ser postconciliar en el tiempo y postconciliar en la mentalidad.

Los medios de comunicación. Tocamos aquí una llaga episcopal. Se han dado tensiones fuertes en este tema, desde los organismos encargados de la comunicación social del episcopado, hasta la tarea que se realiza en cada diócesis. En primer lugar, no tenemos como fruto del esfuerzo común, una presencia actualizada y completa en la red informática. Faltan portales, páginas, correos, etcétera. Pero los más importante, no tenemos un medios de comunicación que este a la altura de lo que representa la Iglesia católica en esta nación. Basta mirar el ejemplo de Francia, España, Italia, Estados Unidos, Australia, y tantos otros lugares donde, además de un semanario local, se tienen distintas experiencias de órganos de comunicación impresos a nivel nacional. En algunos casos como diarios, en otros como ediciones mensuales o quincenales. Hay de todo. Aquí sólo tenemos algunas experiencias regionales y todos los demás son estrictamente locales.

No hay ni siquiera un Órgano de comunicación interna al propio episcopado, como ha sido por algún tiempo el rudimentario DIC, sería mucho pedir que hubiera una agencia de noticias del mismo episcopado. En este punto los proyectos han fallado por el afán de trabajar cada quien por su parte, sin un deseo de potenciar con la colegialidad las experiencias comunes. Ha dicho hace poco el Arzobispo de Baltimore William Henry Keeler que preside actualmente la Catedral Fondation encargada de la distribución de la prensa católica en los Estados Unidos (Ver revista 30 DIAS 6 (2001) p 12.) que no se trata de crear estaciones de televisión o de radio para llenarlas de verborrea o espectáculos a toda costa, son de estar presentes en todos los medios, especialmente los impresos, con pocas palabras, pero siempre arraigadas en el Evangelio.

LA IGLESIA EN MEXICO Y EL PROCESO DEMOCRATICO

Se ha dado una postura contrastante en este camino que estamos recorriendo. Por una parte se ha dicho que el actual gobierno es el primer gobierno abiertamente católico desde los tiempos de la reforma del XIX. Los símbolos religiosos católicos no han estado ausentes en el proceso y en el inicio del actual régimen, sin duda una gran parte del apoyo ha sido de los fieles católicas que se han sentido agradecidos con el simple detalle de una oración delante del más grande símbolo popular como lo es la Virgen de Guadalupe. El Episcopado ha difundido con mucha oportunidad, desde marzo del 2000 su Carta pastoral Del Encuentro con Jesucristo a la Solidaridad con Todos, donde abiertamente apoya el proceso precisando que se necesita un cambio al más alto nivel de gobierno para que en México se alcance plenamente la democracia. Sin embargo, la actitud episcopal hacia el cambio ha sido temerosa y el inicial apoyo al antiguo régimen no se ha ocultado.

Los políticos católicos en el poder en muchas partes de la república no sólo están demostrando una comprensible falta de oficio, ya que se trata de una nueva clase política, algo que se puede aprender y superar con el tiempo, sino, lo más preocupante, es que en una gran parte de ellos está faltando una sensibilidad social y una decidido compromiso con la justicia. Si bien debemos evitar a toda costa la tentación de querer buscar ventajas y beneficios, tal como lo advertía hace poco el historiador Jean Meyer en una Conferencia impartida en la Universidad Pontificia, si debemos preocuparnos porque tengamos un laicado político mejor formado en la Doctrina Social de la Iglesia. Un gobierno de católicos, con todo y sus incongruencias personales propias de todos, debe distinguirse por su honestidad y por su compromiso con la justicia social. Aquí hay una tarea importante por delante. Por lo pronto la Iglesia debe ser garante de que el cambio no produzca el desencanto sino la maduración: un pueblo más participativo, más responsable, un político mejor formado, más confiable.

El escenario que todos tenemos por delante es el de la división partidista. Demasiada preocupación por los puntos de vista de grupos y poca visión sobre las necesidades de la Nación en su conjunto. La Iglesia como institución en una nación católica, tiene la misión de ser intermediaria y propiciatoria del diálogo entre todos. De ninguna forma podemos caer, hoy menos que nunca, en partidismos y radicalismos.

LA IGLESIA EN MEXICO Y LA PASTORAL

Para este tema vale la pena releer el segundo capítulo de la Carta Pastoral ya mencionada. Esta redactado bajo el entusiasmo de la conclusión del Sínodo de América y las emotivas intervenciones de Juan Pablo II en el Tepeyac y en el Estadio Azteca. Decía el Papa al despedirse de su visita pastoral que estaba convencido de la vocación universalista de nuestra Iglesia mexicana, de tal forma que contemplaba “un futuro en el que México, cada vez más evangelizado y más cristiano, sea un país de referencia en América y el mundo” (discurso de despedida #4). Es así como la Carta Pastoral expresa: “Esta amplia perspectiva eclesial implica revisar mentalidades, actitudes y conductas pastorales, y ampliar los horizontes según la medida del amor de Cristo, para trabajar de una forma más creativa y participativa, con todas las Iglesias de América.” (#145). La meta es alta, ser un ejemplo, un apoyo y un impulso, al menos, continental. El trabajo, ineludible es la mejor evangelización de esta Iglesia mexicana.

Hay una sincera actitud de autocrítica. Llama la atención en este documento del episcopado que la Iglesia se analice a sí misma con rigor. No es fácil mirar hacia dentro, mucho menos reconocer lo que hay allí. ¿Qué hay en la Iglesia mexicana? Inercias: En algunos se percibe un cansancio que no corresponde a las exigencias de la hora presente y las propuestas del magisterio conciliar. Hay quienes llegan a formular que es mejor lo que ha funcionado antes. La rutina y la resistencia a los cambios pastorales debe ser superada con la apertura sincera al dinamismo del Espíritu y de la fuerza creadora de la Palabra de Dios. Formación y atención a los presbíteros: Hay una conciencia de que no estamos bien preparados y no siempre queremos adherirnos a la formación permanente, no como distracción semanal, sino como actualización exigente. Es enorme la vitalidad de los presbiterios, pero no debemos cerrar los ojos a los problemas concretos del Presbítero que humana y espiritualmente no puede ser descuidado. Es el centro del testimonio y de la formación en la Iglesia. Por otra parte, hace falta una mayor solidaridad en cuanto a la adecuada distribución del clero dentro y fuera de las diócesis. Falta de unidad en los criterios pastorales: desde el nivel episcopal hasta los distintos movimientos y grupos falta tener una más clara visión orgánica de la acción evangelizadora. Es tal el campo de trabajo que sin prioridades y criterios claros no se logra avanzar. Clericalismo: La actitud del clero de no permitir que crezca como adulto el laico, y particularmente la mujer, no sólo es una discriminación injustificada sino una falta de visión pastoral. Falta de integración de los consagrados a la pastoral: Es una verdadero dilema, porque una de las fuerzas activas más importantes de la Iglesia son los religiosos y religiosas, sin embargo, no superamos el esquema de distanciamiento e indiferencia de unos, diocesanos y, otros, religiosos. Una eclesiología renovada nos lleva a comprender que la unidad y la comunión con la Iglesia universal se expresa en la participación en la vida de la Iglesia local. Cuando se toma la vía directa de comunión con el Papa, no se está entendiendo correctamente lo que es la Iglesia. Carencia de conciencia secular de los laicos: Un error común es pensar que el laico está más comprometido en tanto está más al servicio del presbítero. Se trata de situaciones distintas, una es la promoción de ministerios laicales, donde nunca hay que exagerar porque caemos nuevamente en clericalismo y otra, es formar al laico y hacerlo consciente de su tarea real y concreta de evangelizar el mundo de la cultura, la política y la economía con su propia actividad. El laico, dice al Vaticano II tiene la tarea de transformar las estructuras temporales según Dios. Algunos otros señalamientos del Documento episcopal: Autosuficiencia y marginación de movimientos; desarticulación eclesial; estructuras precarias de trabajo; debilitamiento del sentido de comunión y carencia de sentido misionero.

OPORTUNIDADES

Lancemos nuestra mirada desde la realidad de la Iglesia en México hasta la Iglesia toda, las diferencias no serán muchas. Pero para quienes viven iluminados por el don de la fe, nada de todo esto puede llevarle al desaliento; al contrario, debe saber leer confiadamente los signos de los tiempos, consciente de que todo contribuye para el bien de los que aman a Dios. El cristiano vive también de la virtud de la esperanza en la realización de Cristo: “Quienes poseen esta fe, dice san Pablo, viven con la esperanza de la revelación de los hijos de Dios, acordándose de la cruz y de la resurrección del Señor… En medio de las adversidades de esta vida, hallan fortaleza en la esperanza, pensando que los padecimientos del tiempo presente no son nada en comparación con la gloria que ha de manifestarse en nosotros” (Rom 8,18)

Nuestros límites como Iglesia y como personas son muchos, pero la vida es una oportunidad que Dios nos da para desarrollar sus propios dones, es un tiempo siempre propicio para la conversión. He aquí algunas consideraciones finales sobre nuestro compromiso como Iglesia en el mundo actual.

Testimonio de sencillez

Ante determinados círculos sociopolíticos que empujan a la Iglesia hacia el poder y los privilegios, debemos ser capaces de tomar distancia y de renunciar abiertamente a todo ello. Esto nos hace más auténticos en el sentido del Evangelio. Por otra parte, la tarea de la Iglesia no va a ser más plena simplemente por adecuarse a la “eficacia” en el sentido utilitarista, o la “excelencia” concepto con el que el mundo moderno disfraza nuevas formas de discriminación, haciendo a un lado a los menos aptos o a los menos útiles o a los menos desarrollados. Lo que realmente propiciará la acción de Cristo es la Gracia que nos viene de Él: “No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno”. (Lc 9,3).

Compromiso con la unidad

En medio del sectarismo creciente, la Iglesia está llamada a renovar su fe en Jesucristo Vivo. Nos preocupa como a todos la constante deserción de católicos que van directamente a engrosar las filas de los nuevos movimientos religiosos, relativistas y, en muchos casos, fanáticos. Las estadísticas dicen que el 60 por ciento de los intergrantes de las sectas, fueron bautizados en la Iglesia Católica. Antes que nada, debemos ver aquí un signo de los tiempos, una llamada del Señor a mejorar nuestro compromiso para con nosotros mismos y con la comunidad cristiana. La amenaza se vuelve una oportunidad de definición. No es importante el número, sino el compromiso que tenemos con Cristo y nuestros hermanos. Cuando la sal pierde su sabor, decía Jesús, no sirve para nada, sólo para que la gente la pise.

Por otra parte, aún en medio de ese gran desafío sectario, del que debemos preservar a nuestros fieles con mayor empeño, tenemos la gran responsabilidad de seguir trabajando por la unidad, en el espíritu ecuménico del Concilio Vaticano II. Dice la Carta Apostólica de Juan Pablo II para clausurar el Jubileo que debemos hacer “hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo” (Novo Millennio Ineunte #43). A menudo, grandes iniciativas de la Iglesia se ven ensombrecidas, o se pueden venir abajo por una visión egoísta y miope que no considera ni valora la aportación de los demás. Debemos reconocer que somos los primeros llamados a vivir este espíritu de unidad a fin de comunicarlo como testimonio a un mundo marcado por la división: “antes de programar iniciativas concretas, hace falta promover una espiritualidad de comunión, proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades” (Novo Millennio Ineunte #43).

Testimonio de nuestra fe

Un mundo que renuncia a los valores más auténticos se ha quedado vacío. Las generaciones anteriores han echado por la borda el patrimonio de siglos de riqueza espiritual. Las nuevas generaciones buscan ávidamente respuestas trascendentes aún en los lugares más inimaginables y absurdos como son el esoterismo, la astrología o la vana ilusión de la reencarnación. La Iglesia tiene una riqueza de respuestas desde el Evangelio de Cristo. Este mundo secularizado y vacío necesita nuevamente de trascendencia y como discípulos de Cristo tenemos esa riqueza. La Iglesia es “experta” en humanidad, decía Pablo VI , porque es “experta” en experiencia de Dios, debemos añadir.

La cultura de la vida y el compromiso con la paz

La violencia llega a su límite: la capacidad de autodestrucción de la raza humana. Las guerras selectivas, los combates teledirigidos a distancia para destruir con precisión milimétrica los objetivos están a la vista en las guerras más recientes. Queda como temor permanente la capacidad de destrucción total por las armas químicas y atómicas. Por otra parte, el progreso se vuelve contra el hombre, la industrialización se ha convertido en la mayor amenaza para la naturaleza: Ante este panorama debemos volver a considerar la fuerza moral de la Iglesia para ser mediadora de Paz en medio de los conflictos y para formar la conciencia del hombre. Debemos contemplar aquí una oportunidad más, y una exigencia del Señor, a desarrollar nuestra vocación de servicio humilde y generoso. Una oportunidad inmensa para entrar a todo este ámbito de la realidad humana es nuestro compromiso con los derechos humanos. Es tarea nuestra educar para una mayor conciencia y respeto de estos derechos. “El primer objetivo de la pastoral de los derechos humanos –decía el Papa Juan Pablo II en el Congreso organizado por la Santa Sede en julio 1998- es lograr que la aceptación de los derechos humanos “en la letra” lleve a la puesta en práctica de su “espíritu”, en todas partes y con la mayor eficacia, a partir de la verdad sobre el hombre, de la igual dignidad de toda persona, hombre o mujer, creado a imagen de Dios y convertido en hijo de Dios en Cristo”. Hay que recordar la advertencia que en ese mismo congreso hacia el Cardenal Etchegaray, quien fuera Presidente del Consejo Pontificio de Justicia y paz y de la Comisión para el Jubileo del 2000: Hemos llegado al tiempo, dice el Cardenal, en que junto a la defensa de los derechos humanos, debemos ser también solidarios con los defensores de estos derechos, ya que a menudo su trabajo es incomprendido y frecuentemente peligroso.

Catolicidad de la salvación

Finalmente, en un mundo cada vez más comunicado y cada vez más interdependiente por los medios de comunicación y por las nuevas reglas del comercio, la Iglesia tiene la enorme oportunidad de desempeñar su tarea fundamental: la Evangelización. El uso de los poderosos medios de comunicación para evangelizar, será la gran oportunidad de revertir la tendencia de hegemonía económica de una sola nación en detrimento del desarrollo de la mayoría; a este atropello se le llama eufemísticamente como “globalización”. La verdadera “globalización” debe ser de la solidaridad nos decía el Papa en la Exhortación Apostólica Ecclesia in America. La propuesta de la Nueva Evangelización nos lleva a desarrollar el verdadero sentido de catolicidad en el que, respetando las culturas y las lenguas, los hombres encuentran caminos más profundos de unidad y justicia. Conociendo el amor de Dios manifestado en Cristo, nos descubrimos como hermanos, hijos de un mismo Padre, capaces de creer en un mundo mejor.

El Señor de la historia nos coloca en el inicio de un nuevo milenio de vida cristiana. Los recursos son muchos, las amenazas son grandes pero las posibilidades son mayores. Esta historia humana, con todas sus limitaciones y errores, pero también con todos sus anhelos y realizaciones, debe ser siendo el horizonte de la salvación. Esta historia del hombre, con sus terrorismos clandestinos e institucionales, con los constantes enfrentamientos del hombre contra el hombre, con el maravilloso desarrollo y la incomprensible pobreza, con la presencia de Dios en Cristo, debe seguir siendo nuestra historia de salvación, con la presencia de Cristo y Dios, Debemos ser, con nuestros obispos, como lo indica el próximo Sínodo, servidores del Evangelio para la esperanza del mundo.

GRACIAS

LA NOCIÓN DE PARADIGMA

LA NOCIÓN DE PARADIGMA

Y SU UTILIDAD PARA ENTENDER

LA SITUACIÓN ACTUAL DE LA IGLESIA

La Historia de la Iglesia se nos presenta generalmente como una sucesión de hechos, datos y fechas, desconectados entre si, de tal manera que resulta difícil conocer y percibir las grandes revoluciones que han ocurrido en la Iglesia católica y el paso de un modelo de Iglesia a otro, más acorde con la realidad.

Pienso por ejemplo, en el surgimiento de una Iglesia misionera, como la surgida en Antioquía, tal como se presenta en los Hechos de los Apóstoles; el paso de una Iglesia judaizante, hacia una Iglesia más universalista, abierta al helenismo, no sin ciertos conflictos al interior de la comunidad eclesial; el ascenso del monacato en la Iglesia; la revolución de Cluny, que afectó significativamente al Papado; y la importancia de las órdenes mendicantes en la evangelización; la aceptación de los movimientos litúrgico, bíblico y ecuménico; el ascenso de las teologías de la liberación, por citar sólo algunos.

En la Iglesia del Siglo XX y Siglo XXI subsisten distintos modelos de Iglesia, distintos paradigmas, que parecen irreconciliables. Todavía es común en la Iglesia la disyuntiva progresistas-conservadores, que reflejan una serie de etiquetas que nos sobreponemos unos a otros, en lugar de iniciar una reflexión más seria y un conocimiento más profundo de las distintas posturas. Hoy pareciera que la tendencia dominante es la construcción de islas al interior de la comunidad eclesial, en lugar de tender puentes al interior de la Iglesia. Sólo se dialoga con los que son afines; hacia los demás hay franco rechazo, sin un debate de ideas y, en el peor de los casos, la más fría indiferencia.

En efecto, mientras se habla mucho de diálogo, pareciera que los posibles interlocutores evitan dialogar con los que disienten y tienen una perspectiva distinta de la realidad, autoexcluyéndose mutuamente y agrandando profundamente las distancias, en lugar de acortarlas.

El Movimiento Eclesial “Apóstoles de la Palabra” se encuentra extendido actualmente en unos 24 países, la mayoría de ellos en América Latina, más los Estados Unidos de Norteamérica, Italia, Portugal y España.

Pues bien, en todas estas naciones nos ha sorprendido, por un lado, un generalizado rechazo visceral a la Apologética y, por el otro, la idea de un acendrado ecumenismo, por lo menos en el discurso, puesto que está ausente en los hechos concretos. Además, hemos constatado la inexistencia de un debate donde las posiciones “consagradas” en tal o cual región (el ecumenismo, la teología de la liberación, la teología india, el Opus Dei, Legionarios de Cristo, SINE, renovación carismática, etc.) puedan ser puestas en discusión, no obstante todos los reveses que se han sufrido en América Latina, pero también en el Primer Mundo, donde las sectas han avanzado de una manera alarmante, el fracaso de los movimientos de liberación nacional y la creación de islas al interior de la comunidad eclesial, porque todos actúan como “bloque” y evitan actuar como “levadura en la masa”.

Otro fenómeno presente es la manía de querer “imponer” el propio modelo, eliminando a los demás de la manera más descarada.

En este contexto, considero que es importante la noción de paradigma (paradigma), utilizada por Thomas S. Kuhn en su célebre libro “La estructura de las revoluciones científicas”, puesto que se trata de una teoría que ha contribuido a distintas áreas del conocimiento, por lo que veo oportuno utilizar sus presupuestos para entender la situación actual de la Iglesia.

LA NOCIÓN DE PARADIGMA

Según Thomas S. Kuhn, el paradigma es “un modelo o ejemplo a seguir, por una comunidad científica, de los problemas que tiene que resolver y del modo como se van a dar las soluciones”.

Es decir, “un paradigma comporta una especial manera de entender el mundo, explicarlo y manipularlo”.

Estos modelos son “realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica”.

Este paradigma ofrece al que lo sigue:

q una base de afirmaciones teóricas y conceptuales,

q un cierto acuerdo entre los problemas urgentes a resolver,

q Unas técnicas de experimentación concretas

q unos supuestos metafísicos que encuadran y dirigen la investigación y sobre los que no hay ninguna duda aunque sean incomprobables.

Pues bien, uno de los paradigmas dominantes actualmente en la Iglesia católica es el paradigma ecuménico, que ha llegado más allá de los lineamientos sugeridos por el Concilio Ecuménico Vaticano II.

a) Afirmaciones teóricas y conceptuales del paradigma ecuménico

Una vez que la Iglesia católica en los documentos conciliares ha proclamado que existen semillas del Verbo en otras religiones y culturas y que hay muchos elementos de verdad y posibilidad de salvación en otras propuestas religiosas, se ha dado un fenómeno escalonado de afirmaciones y praxis muy particulares. Hemos pasado del triunfalismo católico que afirmaba “Fuera de la Iglesia no hay salvación” a un complejo de culpa por el cual nos consideramos “los malos de la película”.

Pues bien, ¿cuáles son estas afirmaciones?

q Todas las religiones son iguales. Se trata de caminos igualmente válidos de salvación. En la práctica se entiende que da lo mismo ser católico, que budista, musulmán, hinduista, nuevaeriano o hasta satanista. Pero se va más lejos aún al afirmar que tan mediador es Cristo Jesús, que Buda, Mahoma, Moisés o algún otro fundador de religión. Incluso, en el diálogo ecuménico evita discutirse muchos temas que puedan lastimar la sensibilidad de los hermanos separados y los miembros de otras religiones.

q La inutilidad de la Misión, vista como una intromisión en el camino que otros pueblos, culturas y religiones recorren hacia Dios. De manera generalizada se habla de la importancia del “testimonio” a secas, sin especificar en que consiste este dar testimonio. Lo importante es dar testimonio, se afirma por aquí y por allá, relativizando la predicación del Evangelio.

q Si la Misión pierde validez, ¿cuál es, pues, el papel específico de la Iglesia? La promoción humana. Se llega a decir: “Primero hay que hacer ciudadanos y después cristianos”, “No se puede evangelizar a alguien que tiene la panza vacía”. En algunas diócesis donde se buscaron aplicaciones concretas a estas ideas, algunos llegaron a afirmar “El obispo nos consiguió las tierras y los protestantes nos regalaron la fe”.

Continuará…

¿Apologética después del Vaticano II?

¿Apologética después del Vaticano II?

Una Nueva Apologética en consonancia con el magisterio de la Iglesia

Apóstoles de la Palabra

¿Apologética después del Vaticano II?

Una de las razones por la cual en algunos ambientes no es aceptada la Apologética es porque piensan que queremos practicarla o resucitarla tal como se practicaba antes del concilio Vaticano II. Donde en algunos casos era muy racional, combativa, triunfalista y un monólogo donde se quería vencer a un enemigo en la Fe. Además que se le veía como algo contrario al ecumenismo. La verdad es que hoy en día en muchos países se está practicando una nueva Apologética pero desde una perspectiva donde se ha incorporado la visión teológica del Vaticano II.

Veamos a continuación algunas de las características principales de ella y seguramente que estará de acuerdo con nosotros en promover la importancia de una nueva Apologética en todas las áreas de pastoral:

* Que surge de la vivencia del sacramento de la confirmación por el cual somos enriquecidos con el Espíritu Santo para ser testigos de Cristo y extender y defender la fe con obras y palabras. (Catecismo de la Iglesia No. 1285).

* Que sea un elemento integrante de la evangelización. (Catechesi Tradendae No. 18).

* Que no es monólogo sino al contrario, pues establece las bases para un sano diálogo. (Cfr. P. Flaviano Amatulli, La Iglesia y las sectas ¿pesadilla o reto? Pág. 269).

* Que al mismo tiempo que fortalece la identidad del católico está abierta a los valores y elementos de santidad existentes fuera del ámbito eclesial visible (Unitatis Redintegratio No. 3).

* Que no está ni contra las sectas ni con ellas. Más bien busca instruir con serenidad sobre las características y diferencias de las diversas sectas y sobre las respuestas a las injustas acusaciones contra la Iglesia. (Cfr. Documento de Santo Domingo CELAM No. 146).

* Que se injerta como una disciplina más dentro del conjunto teológico. (Pastores Dabo Vobis No. 51).

* Renovación de la Apologética que no busca pelear o condenar sino fortalecer la fe del católico capacitándolo a dar razones de su esperanza. (Cfr. El compromiso pastoral de la Iglesia frente a las sectas. Comisión doctrinal de la Conferencia del episcopado mexicano No. 55; 1 Pe 3,15).

* Que no es antagónica con el ecumenismo, sino que se complementa con el mismo. (Cfr. Apologética y Ecumenismo. Dos caras de la misma moneda. P. Flaviano Amatulli).

* Que no solamente ve el error en el otro, sino que al mismo tiempo se autocritica y descubre en el otro los signos de los tiempos. (Ut Unum Sint No. 34).

* Que une el valor del testimonio con la necesidad del anuncio explícito del Evangelio. (Evangelii Nuntiandi No. 22).

* Que defiende y promueve a la vez la riqueza espiritual que el Señor nos dejó pues sólo en la Iglesia católica se encuentra la plenitud de los medios de salvación establecidos por Jesucristo. (Cfr. Sínodo de América No. 282).

* Que no es triunfalista sino un profético anuncio de una verdad que se propone y penetra por la misma fuerza de la verdad con suavidad y firmeza en el alma. (Ut Unum sint No. 3).

* Que desarrolla principalmente toda una labor de pastoral preventiva. (cfr. El compromiso pastoral de la Iglesia frente a las sectas. Comisión doctrinal de la Conferencia del episcopado mexicano No. 61 y 70).

*Que se complementa con el ecumenismo, pues entre ambas líneas de pastoral no hay oposición sino complementariedad. El Ecumenismo busca restablecer la Unidad con los que ya se apartaron (Unitatis Redintegratio) y la Apologética busca preservar la unidad de los que todavía están en la Iglesia (Unitatis Praeservatio).

Es esta la Nueva Apologética que estamos proponiendo y promoviendo, en consonancia con el magisterio de la Iglesia.

Afectuosamente en Cristo Jesús,

Pbro. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap
Renato Leduc 231
Col. Toriello Guerra
14050 México, D.F.
Tel. 01 55 56655379
Fax 0155 56654793
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