LA NOCIÓN DE PARADIGMA

LA NOCIÓN DE PARADIGMA

Y SU UTILIDAD PARA ENTENDER

LA SITUACIÓN ACTUAL DE LA IGLESIA

La Historia de la Iglesia se nos presenta generalmente como una sucesión de hechos, datos y fechas, desconectados entre si, de tal manera que resulta difícil conocer y percibir las grandes revoluciones que han ocurrido en la Iglesia católica y el paso de un modelo de Iglesia a otro, más acorde con la realidad.

Pienso por ejemplo, en el surgimiento de una Iglesia misionera, como la surgida en Antioquía, tal como se presenta en los Hechos de los Apóstoles; el paso de una Iglesia judaizante, hacia una Iglesia más universalista, abierta al helenismo, no sin ciertos conflictos al interior de la comunidad eclesial; el ascenso del monacato en la Iglesia; la revolución de Cluny, que afectó significativamente al Papado; y la importancia de las órdenes mendicantes en la evangelización; la aceptación de los movimientos litúrgico, bíblico y ecuménico; el ascenso de las teologías de la liberación, por citar sólo algunos.

En la Iglesia del Siglo XX y Siglo XXI subsisten distintos modelos de Iglesia, distintos paradigmas, que parecen irreconciliables. Todavía es común en la Iglesia la disyuntiva progresistas-conservadores, que reflejan una serie de etiquetas que nos sobreponemos unos a otros, en lugar de iniciar una reflexión más seria y un conocimiento más profundo de las distintas posturas. Hoy pareciera que la tendencia dominante es la construcción de islas al interior de la comunidad eclesial, en lugar de tender puentes al interior de la Iglesia. Sólo se dialoga con los que son afines; hacia los demás hay franco rechazo, sin un debate de ideas y, en el peor de los casos, la más fría indiferencia.

En efecto, mientras se habla mucho de diálogo, pareciera que los posibles interlocutores evitan dialogar con los que disienten y tienen una perspectiva distinta de la realidad, autoexcluyéndose mutuamente y agrandando profundamente las distancias, en lugar de acortarlas.

El Movimiento Eclesial “Apóstoles de la Palabra” se encuentra extendido actualmente en unos 24 países, la mayoría de ellos en América Latina, más los Estados Unidos de Norteamérica, Italia, Portugal y España.

Pues bien, en todas estas naciones nos ha sorprendido, por un lado, un generalizado rechazo visceral a la Apologética y, por el otro, la idea de un acendrado ecumenismo, por lo menos en el discurso, puesto que está ausente en los hechos concretos. Además, hemos constatado la inexistencia de un debate donde las posiciones “consagradas” en tal o cual región (el ecumenismo, la teología de la liberación, la teología india, el Opus Dei, Legionarios de Cristo, SINE, renovación carismática, etc.) puedan ser puestas en discusión, no obstante todos los reveses que se han sufrido en América Latina, pero también en el Primer Mundo, donde las sectas han avanzado de una manera alarmante, el fracaso de los movimientos de liberación nacional y la creación de islas al interior de la comunidad eclesial, porque todos actúan como “bloque” y evitan actuar como “levadura en la masa”.

Otro fenómeno presente es la manía de querer “imponer” el propio modelo, eliminando a los demás de la manera más descarada.

En este contexto, considero que es importante la noción de paradigma (paradigma), utilizada por Thomas S. Kuhn en su célebre libro “La estructura de las revoluciones científicas”, puesto que se trata de una teoría que ha contribuido a distintas áreas del conocimiento, por lo que veo oportuno utilizar sus presupuestos para entender la situación actual de la Iglesia.

LA NOCIÓN DE PARADIGMA

Según Thomas S. Kuhn, el paradigma es “un modelo o ejemplo a seguir, por una comunidad científica, de los problemas que tiene que resolver y del modo como se van a dar las soluciones”.

Es decir, “un paradigma comporta una especial manera de entender el mundo, explicarlo y manipularlo”.

Estos modelos son “realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica”.

Este paradigma ofrece al que lo sigue:

q una base de afirmaciones teóricas y conceptuales,

q un cierto acuerdo entre los problemas urgentes a resolver,

q Unas técnicas de experimentación concretas

q unos supuestos metafísicos que encuadran y dirigen la investigación y sobre los que no hay ninguna duda aunque sean incomprobables.

Pues bien, uno de los paradigmas dominantes actualmente en la Iglesia católica es el paradigma ecuménico, que ha llegado más allá de los lineamientos sugeridos por el Concilio Ecuménico Vaticano II.

a) Afirmaciones teóricas y conceptuales del paradigma ecuménico

Una vez que la Iglesia católica en los documentos conciliares ha proclamado que existen semillas del Verbo en otras religiones y culturas y que hay muchos elementos de verdad y posibilidad de salvación en otras propuestas religiosas, se ha dado un fenómeno escalonado de afirmaciones y praxis muy particulares. Hemos pasado del triunfalismo católico que afirmaba “Fuera de la Iglesia no hay salvación” a un complejo de culpa por el cual nos consideramos “los malos de la película”.

Pues bien, ¿cuáles son estas afirmaciones?

q Todas las religiones son iguales. Se trata de caminos igualmente válidos de salvación. En la práctica se entiende que da lo mismo ser católico, que budista, musulmán, hinduista, nuevaeriano o hasta satanista. Pero se va más lejos aún al afirmar que tan mediador es Cristo Jesús, que Buda, Mahoma, Moisés o algún otro fundador de religión. Incluso, en el diálogo ecuménico evita discutirse muchos temas que puedan lastimar la sensibilidad de los hermanos separados y los miembros de otras religiones.

q La inutilidad de la Misión, vista como una intromisión en el camino que otros pueblos, culturas y religiones recorren hacia Dios. De manera generalizada se habla de la importancia del “testimonio” a secas, sin especificar en que consiste este dar testimonio. Lo importante es dar testimonio, se afirma por aquí y por allá, relativizando la predicación del Evangelio.

q Si la Misión pierde validez, ¿cuál es, pues, el papel específico de la Iglesia? La promoción humana. Se llega a decir: “Primero hay que hacer ciudadanos y después cristianos”, “No se puede evangelizar a alguien que tiene la panza vacía”. En algunas diócesis donde se buscaron aplicaciones concretas a estas ideas, algunos llegaron a afirmar “El obispo nos consiguió las tierras y los protestantes nos regalaron la fe”.

Continuará…

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