La Corrección Fraterna

La Corrección Fraterna

Un espacio y una dinámica para favorecer la sana convivencia

y limar las asperezas al interior de los grupos apostólicos.

Cuando un grupo de personas convive, pueden surgir una serie de problemas, a causa del temperamento de cada uno de los integrantes o de la manera en que cada uno se siente en un momento determinado. No puede ser de otra manera. Si deseamos encontrar un grupo en el que no haya conflictos, lo más recomendable sería cambiar de planeta.

Sin embargo al interior de los grupos apostólicos no podemos resolver nuestros conflictos a la manera en que se nos plantea en las películas y las telenovelas. La violencia siempre genera más violencia.

En el caso de nosotros, católicos comprometidos, tenemos que encontrar formas más adecuada de resolver nuestros conflictos y limar asperezas, teniendo presentes las enseñanzas de Jesús y los Apóstoles en el Nuevo Testamento, especialmente en las Cartas del Apóstol San Pablo a diversas comunidades.

¿En qué consiste la corrección fraterna?

Consiste en un espacio calendarizado (cada mes o cada dos meses, según lo decidan todos de común acuerdo) al interior del grupo para presentar la propia situación y escuchar la situación de cada uno de los hermanos. Se inicia con una oración, en que se reflexionan algunos salmos y otros textos bíblicos adecuados, en un clima de comprensión, perdón y reconciliación.

No consiste en atacar o humillar a los hermanos. La perspectiva no es culpar al hermano por los conflictos que pudieran haberse suscitado, sino presentar la propia situación frente a toda la comunidad.

Puesto que somos una familia, la familia de los hijos de Dios, debemos tener una actitud de apertura, de escucha, de diálogo y de respeto. Hay que evitar siempre juzgar las intenciones del prójimo, puesto que no las conocemos suficientemente.

No poner etiquetas

Hay que evitar también ponerle etiquetas al prójimo. Por ejemplo, si en alguna ocasión el hermano llegó tarde a alguna charla o a otra actividad del apostolado, no caigamos en la tentación de decirle: “Tú siempre llegas tarde” o expresiones como la siguiente: “Tú nunca colaboras”. Más bien hay que señalar: “Tal día tú llegaste tarde y nos afectaste, porque no podíamos iniciar las charlas”, o algo parecido.

Pasos para la corrección fraterna

He aquí los pasos más significativos de la corrección fraterna, que deben hacerse en un clima de reflexión y con la finalidad de ayudar a cada uno de los hermanos. Cada grupo escoge la forma más adecuada de aplicarla. Puede hacerse por escrito o en forma hablada, o combinando los dos. Una manera muy eficaz consiste en hacerla como un momento de un retiro espiritual.

Como podrá notarse, se trata de pasos que hay que ir dando después de una atenta reflexión.

1. Señala lo que más te agrada (motiva, estimula, anima, etc.), en la manera de ser y de actuar de cada uno de los miembros de la comunidad.

Todos los seres humanos tenemos virtudes y cualidades. En la convivencia diaria podemos ir descubriéndolas en cada uno de los que nos rodean. Sin embargo también hay que decirlas al hermano. Además de hacerlas en el diálogo interpersonal, debemos hacerlo en este momento privilegiado, que llamamos corrección fraterna.

Por lo general, los seres humanos tendemos a fijarnos más en los defectos, que en las cualidades del hermano. ¿Por qué no decirle al hermano las cualidades que hemos descubierto en él? Seguramente le llenarán de ánimo y favorecerán su autoestima.

2. Señala lo que más te desagrada (molesta, saca de quicio o de onda, lo que te confunde, etc.), en la manera de ser o de actuar de cada uno de los miembros de la comunidad.

No debe hacerse en la línea de atacar al hermano. Se trata más bien de presentar la propia situación. Ejemplo: “Algo que me saca de quicio en tu manera de ser es que me hagas algunas bromas pesadas”. No se trata, pues, de poner el acento en el hermano, sino en nuestra manera de percibir las cosas. Seguramente el hermano hace ese tipo de bromas a otros miembros de la comunidad, sin ocasionarles el menor problema. Tal vez a ti te sacó de quicio porque tenías algún problema familiar, porque estabas fatigado o porque sencillamente en ese momento no estabas para bromas. Tu reacción, pues, no es sólo fruto de la actuación del hermano; también es producto de tu estado de ánimo, tu temperamento. ¿Te has fijado que, en  ocasiones, las mismas bromas que te molestan si son hechas por otra persona, no te provocan ningún conflicto?

En este primer paso yo presento lo que yo percibo, sin culpar al hermano. La ventaja es que él aprende también a distinguir que debe tratar de una manera distinta a cada uno de los miembros de la comunidad.

3. ¿Qué le sugieres a cada uno de los miembros de la comunidad para su bien y el bien de la comunidad?

Teniendo en cuenta lo que te agrada del hermano (primer paso) y lo que te saca de quicio en su manera de ser y actuar, le haces alguna sugerencia o recomendación. Puede ser animándolo a seguir actuando de la manera en que te agrada o pidiéndole que haga el esfuerzo en cambiar en alguna actitud que a ti te produce algún problema.

Sobra decir que debe hacerse teniendo en cuenta que la finalidad de esta dinámica es ayudar al hermano, no hacerlo sentir mal. No hay que pedirle, pues, cosas exageradas.

Al mismo tiempo, apunta las sugerencias que te hacen, no para conservarlas, sino para tenerlas en cuenta.

4. Señala a qué te comprometes para el bien de la comunidad.

Teniendo presente lo que te indicó cada uno de los miembros de la comunidad, tú haces el compromiso de tener en cuenta algunas de sus recomendaciones y sugerencias. Si son muchas, no es necesario que tomes en cuenta todas y cada uno de ellas. Sólo debes señalar aquellas que está más a tu alcance realizar. En este paso no se vale decir: Así soy ¿y qué?

Sin embargo es necesario tomar nota en alguna libreta, especialmente destinada para la corrección fraterna, de todo lo que te sugieren, para que lo vayas tomando en cuenta en tu manera de relacionarte con los demás.

Conclusión

Como puedes ver, se trata de una dinámica que puede ayudar a mejorar las relaciones entre todos los miembros de la comunidad. Se trata de una manera más evangélica para resolver los conflictos, que van a presentarse continuamente en nuestras relaciones con los que nos rodean. Es que no somos máquinas o robots, que puedan programarse. Somos seres humanos, hechos de barro y buenas intenciones, que a menudo se nos olvidan.

Hagan la prueba al interior de sus grupos y envíenos sus experiencias a la redacción de este boletín informativo, señalando en qué aspectos de su vida, personal y comunitaria, les ayudó a mejorar. No olviden que esta dinámica no sirve exclusivamente para los grupos apostólicos. También puede ayudar a mejorar la integración al interior de la propia familia o con los compañeros de trabajo. Esperamos tus comentarios.