Tercer mito de los TdJ: Solamente 144 mil justos van al cielo.

Seis mitos de los testigos de Jehová
Tercer mito:

Solamente 144 mil justos van al cielo.
Por el P. Jorge Luis Zarazúa, fmap

Una larga cadena de mitos
En su revista quincenal La Atalaya del 1 de noviembre de 2009, los Testigos de Jehová presentan con extraordinaria concisión sus enseñanzas fundamentales y los ataques a la fe católica que les resultan más eficaces para confundir al católico que carece de una adecuada formación bíblica y una oportuna capacitación en apologética o defensa de la fe, tan necesaria en nuestros días.
Saltan a la vista en este número de La Atalaya las características de los Testigos de Jehová:
• su aparente cultura bíblica y profana, que tratan de mostrar presentando citas de los más variados documentos, libros y enciclopedias y pasajes bíblicos tomados de las más diversas traducciones de la Biblia, incluida su traducción propia, denominada Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras.
• su intento por disolver el cristianismo, negando las verdades fundamentales de la fe cristiana: la doctrina de la Santísima Trinidad, la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, la maternidad divina de María, la sobrevivencia del alma después de la muerte, la existencia del cielo y el infierno, la unicidad del cielo y la legitimidad de las imágenes sagradas. No extraña que en amplios sectores no se les considere cristianos, pues rechazan lo específico cristiano y se quedan en una interpretación muy pobre del Acontecimiento Cristo.
• su habilidad para presentar sofismas y falacias.

Tercer mito:
“Solamente 144 mil justos van al cielo”.

Formulación del mito: Según los testigos de Jehová, existen dos posibles destinos para los justos: el cielo, reservado a 144 mil justos, y la tierra, convertida en un paraíso, donde vivirán eternamente la mayoría de los justos, bajo el gobierno de Dios y de los 144 mil.

Origen del mito: Se debe a una mala interpretación de la Biblia, especialmente de textos del Antiguo Testamento.
¿Qué dice la Biblia?

1. La Biblia habla de una separación
    entre malos y buenos.
Así pasará al final de los tiempos: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los buenos y los arrojarán al horno ardiente. Allí será el llorar y el rechinar de dientes (Mt 13, 49-50).

2. Los malos irán al castigo eterno
    y los buenos a la vida eterna.
Entonces el rey dirá a los de la derecha: Vengan, benditos de mi Padre, a recibir el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. (…) Dirá después a los que estén a la izquierda: « ¡Malditos, aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles! (…) Y éstos irán a un suplicio eterno, y los buenos a la vida eterna.» (Mt 25, 34.41.45-46).

3. No se habla de una separación
    entre buenos y buenos.
Las parábolas del Reino presentes en Mt 13 (la parábola del trigo y la cizaña = Mt 13, 24-30 y la parábola de la red = Mt 13, 47-50) señalan la separación entre buenos y malos, entre justos y pecadores sin disposición a convertirse. No hay indicio de que existan cristianos de primera y de segunda clase, con un destino distinto.

4. Estamos llamados a una única esperanza, a una única vocación y a un solo destino.
Los capítulos 2 y 3 del libro del Apocalipsis son enfáticos al señalar un único destino para los que son fieles a Jesús: se les permitirá comer del árbol de la vida que está en el paraíso de Dios (Ap 2, 7); no padecerán la segunda muerte (Ap 2, 11b); recibirán el poder que Jesús recibió de su Padre (Ap 2, 26-28); sus nombres no serán borrados del libro de la vida (Ap 3, 5); serán columnas en el templo de Dios (Ap 3, 12); se sentarán en el trono de Jesús, junto a Él (Ap 3, 21), etc.
Se trata de imágenes para describir la vida eterna, el acceso a la Jerusalén celestial.
En este mismo sentido se puede presentar la parábola de los trabajadores de la viña (Mt 20, 1-16), que habla sobre la recompensa que espera a los que dejan todo para seguir a Jesús: se trata de un don, de un regalo inmerecido, que es igual para todos. De hecho, aunque fueron llamados a distinta hora, todos recibieron el mismo salario.
De hecho, la Sagrada Escritura afirma enfáticamente que los que creemos en Cristo hemos sido llamados a una misma esperanza:
Mantengan entre ustedes lazos de paz y permanezcan unidos en el mismo espíritu: un solo cuerpo y un mismo espíritu, pues ustedes han sido llamados a una misma vocación y una misma esperanza (Ef 4, 3-4).

5. Nuestra patria no está aquí:
    ¡Está en el cielo!
Es cierto que en el Antiguo Testamento el objeto de la promesa era la posesión de la tierra en la que el pueblo gozaría de una existencia libre según la justicia (Dt 6, 20-25), con desscendencia numerosa y larga vida. Pero en la Nueva Alianza el objeto de la promesa es el reino de los cielos, la vida eterna, la patria celestial.
Quienes así razonan demuestran que están buscando una patria. Pero si hubieran sentido nostalgia de lo que abandonaron, podrían haber vuelto allá. Por el contrario, aspiraban a una mejor, es decir, a la patria celestial. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios, porque les había preparado una ciudad (Hb 11, 14-16).
Esto se lo decimos apoyados en la Palabra del Señor: los que quedemos vivos hasta la venida del Señor no nos adelantaremos a los ya muertos; porque el Señor mismo, al sonar una orden, a la voz del arcángel y al toque de la trompeta divina, bajará del cielo; entonces resucitarán primero los que murieron en Cristo; después nosotros, los que quedemos vivos, seremos llevados juntamente con ellos al cielo sobre las nubes, al encuentro del Señor; y así estaremos siempre con el Señor (1Tes 4, 15-17).

En este pasaje, san Pablo habla de la parusía, de la Segunda Venida del Señor, y no habla de que sólo 144 mil irán al cielo. Señala que los que estén todavía vivos, se reunirán juntamente con los que resuciten y serán llevados junto a ellos al cielo.
Así el Señor cumplirá plenamente lo que nos prometió en la Última Cena:
En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así lo habría dicho, porque voy a prepararles un lugar. Cuando haya ido y les tenga preparado un lugar, volveré para llevarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes (Jn 14, 2-3).

6. ¡Somos ciudadanos del cielo!
De hecho, la Biblia señala lo siguiente:
«Nosotros somos ciudadanos del Cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo» (Fil 4,1).

Así, pues, la creencia de una futura separación entre buenos y buenos es un mito. No es una verdad presente en la Biblia.
Verdad: La Biblia habla de una separación entre malos y buenos; no entre buenos y buenos. Y promete la patria celestial, no un paraíso en la tierra.
«Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó por pensamiento de hombre cuáles cosas tiene Dios preparadas para los que le aman» (1 Cor 2,9).

Con relación al Paraíso terrenal, ya lo contemplaron y disfrutaron nuestros primeros padres. Así, pues: ¡Usted puede vivir para siempre en el paraíso celestial!

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2 comentarios

  1. No soy testigo de Jehová pero me pareció interesante tu articulo, pero después de leer y leer solo dices puras cantinfladas, bla bla bla y no llegas a nada. Mas bien me hiciste tener interés en hablar con uno de ellos.

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  2. Todas las sectas, incluso la suya tienen sus mitos. En si el cristianismo está lleno de muchos mitos, leyendas y cuentos. Es la base de las religiones. Al fin y al cabo, son todas un cuento.

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