¿Murió la Virgen María?

¿Murió la Virgen María?

Por el P. Miguel Ángel Vega León

MARIANO CON SU GUITARRA ENSAYABA PARA EL CORO: Niña que nació limpia de pecado, niña que no murió, sino fue llevaba hacia Dios…
EN ESO LLEGA TOMAS, como siempre, con su laptop bajo el brazo:
―¿Por qué dices que la Virgen no murió? Ella sí murió; si murió Cristo, ¿por qué no Ella?
―Cristo murió porque era el Salvador, la misma Biblia dice que «era necesario» (Lc 24,26). Pero no así con la Virgen. Porque la muerte es consecuencia del pecado (Rom 5), pero nuestra Madre es Inmaculada, así que no tenía por qué morir.
–Pero desde antiguo ya se hablaba de su muerte
 — Se hablaba más bien de la «Dormición» de la Virgen, queriendo decir con ello, que no murió.
― ¡Me gusta tu amor a la Virgen! Pero quiero citarte a nuestro querido Papa Juan Pablo II, de feliz memoria. Deja abrir mi laptop… busco en el periódico del Vaticano… escribo: … murió la virgen María. …Aquí está… en su Catequesis del 25 de junio de 1997 dice el Papa:
–Pero fíjate: el mismo título que pone aquí el Osservatore Romano es «La Dormición de la Madre de Dios».
―No, Mariano, no te aferres a una palabra, veamos el conjunto del documento para que concluyas lo que realmente significa “dormición”. ¿No recuerdas que la misma Biblia dice que los muertos están «dormidos»?
―No me aferro sólo a eso. Hay más Tomás… por ejemplo: yo asisto mucho a la Santa Misa y nunca he oído que se hable de la muerte de la Virgen, al contrario… ya oíste el canto que me estoy aprendiendo: Niña que no murió.
―Mariano, Mariano… Yo sé que tú eres profundo. Razonemos la fe, hagamos teología.
― ¿Y qué quieres que reflexione? El que no haya muerto va muy bien con los demás privilegios que Ella tiene: Inmaculada, Madre de Dios, siempre Virgen. Ya te dije que siendo inmaculada no tenía por qué morir; que al ser Madre de Dios, pues menos. Me faltaría sólo explicarte la consecuencia de su Virginidad: el Catecismo actual de la Iglesia dice que es Virgen «incluso en el parto», en los números 499 y 510; entonces ¿Cómo es posible que aquélla que en el parto superó todos los límites de la naturaleza, se pliegue ahora a sus leyes y su cuerpo inmaculado se someta a la muerte?
―Oh, qué bueno que lo dices, porque el Papa Juan Pablo II, en la mencionada Catequesis, cita a san Juan Damasceno, quien a su vez se hizo la misma pregunta, y el mismo Santo se responde: Ciertamente, era necesario que se despojara de la parte mortal para revestirse de inmortalidad, puesto que el Señor de la naturaleza tampoco evitó la experiencia de la muerte. …
―Presta tu laptop para ver de una buena vez todo lo que dijo el Papa Juan Pablo.
―Calma, calma, mejor yo te lo voy diciendo. Sobre lo que me dijiste de la consecuencia de ser Inmaculada, el Papa Juan Pablo escribe aquí: “El hecho de que la Iglesia proclame a María liberada del pecado original por singular privilegio divino, no lleva a concluir que recibió también la inmortalidad corporal. La Madre no es superior al Hijo, que aceptó la muerte, dándole nuevo significado y transformándola en instrumento de salvación. ” … Ahora yo te preguntaría Mariano: ¿Qué es amar?
―Lo puedo decir en una palabra, amar es «morir».
―Muy bien. Entonces, si la Virgen, aún teniendo el derecho a no morir ¿no te parece que Ella habría renunciado a ese derecho para sufrir juntamente con su Hijo y parecerse en todo a Él? …
―…Estoy llegando a una conclusión: …si acaso murió la Virgen, Ella murió por amor.
―¡Epale, no te adelantes! ¿Por qué eres tan listo? Me robas la idea con la que pienso terminar: morir de amor. El obispo Bossuet así explicaba la Asunción, escucha, escucha… dice: el amor divino trae consigo un despojamiento y una soledad inmensa…porque es necesario desnudarse de todo para ir a Dios, y que no haya nada que nos retenga. Y la raíz profunda de tal separación es esos tremendos celos de Dios, que quiere estar solo en un alma (“si alguno ama a su padre o a su madre o a sus hermanos más que a Mí, no es digno de Mí”). Ya podemos comprender esa soledad inmensa que pide un Dios celoso. Quiere que se aniquile todo lo que no es El. Y, sin embargo, se oculta y no da a ninguno un punto de donde asirlo materialmente, de tal modo que el alma, desprendida por una parte de todo, y por otra, no encontrado aquí el medio de poseer a Dios efectivamente, cae en debilidades y desfallecimientos inconcebibles. Y cuando el amor llega a su perfección, el desfallecimiento llega hasta la muerte. El alma, desprendida de todo anhelo de lo superfluo, es impulsada y atraída hacia Dios con una fuerza infinita, y es esto lo que le da la muerte; porque de un lado, se arranca de todos los objetos sensibles, y por otro, el objeto que busca es tan inaccesible aquí, que no puede alcanzarlo. No lo ve sino por la fe, es decir: no lo ve; no lo abraza, sino en medio de sombras y como a través de las nubes, es decir, que no tiene de dónde asirlo. Y el amor frustrado se vuelve contra sí mismo y se hace a sí mismo insoportable… Así, no fue otra la causa de la muerte de María que… la vivacidad de su amor”.
―Así, sí me gusta la muerte de María. Casi, casi, más que reclamar el milagro de que no muriera, debo decir que fue más bien milagro que siguiera viviendo después de que ascendió su Bien Amado… su Dios y su todo. De seguro Ella estaba siempre muriendo, siempre llamando a su Amado con un anhelo mortal… hasta que un día el Señor vino por Ella… y el corazón le explotó.
―¡Ah Mariano, te pareces a Bossuet! ¡Qué bien lo dices! …Porque si santa Teresa decía «muero porque no muero», y san Pablo llegó a expresar «deseo partir y estar con Cristo», ¿podríamos siquiera imaginar la tensión hacia Dios en el corazón de Ella? …
―Ahora sí termina lo que estabas citando del querido Juan Pablo II.
―“¿Es posible que María de Nazaret haya experimentado en su carne el drama de la muerte? Reflexionando en el destino de María y en su relación con su Hijo Divino, parece legítimo responder afirmativamente: dado que Cristo murió, sería difícil sostener lo contrario por lo que se refiere a su Madre”. …María, implicada en la obra redentora y asociada a la ofrenda salvadora de Cristo, pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad”. O sea que, imitando a Cristo, Ella tomó también sobre sí nuestro castigo y nuestra muerte. Da finalmente, el Papa otro motivo “la experiencia de la muerte enriqueció a la Virgen: habiendo pasado por el destino común a todos los hombres, es capaz de ejercer con más eficacia su maternidad espiritual con respecto a quienes llegan a la hora suprema de la vida”.
―Tomás, amigo… No creí que podría compartir tu punto de vista. Pero ¿y ahora qué hago con mi canto de “Niña que no murió”?
―El “no murió” sería metafórico…como fue el caso de Elías, y el caso de Henoc. Con el “no murió” se expresa su especial grandeza. Pero la liturgia es algo serio y quizá no todos entiendan la metáfora… No sé tú ―cantando como Luis Miguel―, pero yo… lo cambiaría. Bye.

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