LA JERARQUÍA EN LA IGLESIA

LA JERARQUÍA EN LA IGLESIA

 

El hecho que todos seamos hermanos, no quiere decir que todos somos iguales en la Iglesia. Claramente Cristo quiso que algunos tuvieran autoridad sobre otros, como guías de los demás e instrumentos de unidad.

En la Iglesia pasa lo mismo que en una familia. Todos se consideran hermanos con relación a Dios, el padre común. Pero entre los miembros de la misma familia, algunos son padres y otros son hijos. Así en la Iglesia todos somos hermanos frente a Dios, pero entre nosotros mismos algunos representan a Cristo como cabeza y por eso gozan de una autoridad especial para el bien de todos los demás miembros de la Iglesia.

Esto está muy claro en la Biblia. Por lo tanto, no podemos seguir a Cristo, rechazando lo que él estableció. La fe exige la obediencia a la voluntad de Dios. Por esta razón, es un error decir: «Yo creo en Cristo y basta». Si crees en Cristo, tienes que aceptar SU Iglesia como él la quiso y la estableció, y no forjarte otra idea de Iglesia, ajena a la Biblia, como algo puramente espiritual e indefinible, para después sentirte con el derecho de fundar tu propia iglesia.

 

LOS DOCE APÓSTOLES

Mientras por un lado Jesús hablaba a las muchedumbres (Lc 5,1) e instruía a los discípulos (Mc 3,33-34), por el otro escogió a doce hombres, a quienes llamó apóstoles (enviados), a cuya formación dedicó muchos cuidados.

 

Entonces Jesús subió al cerro y llamó a los que él quiso, y vinieron a él. Así constituyó a los Doce, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, dándoles poder para echar a los demonios (Mc 3,13-15).

 

El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí (Jn 13,20).

 

El que a ustedes oye, a mí me oye (Lc 10,16).

 

A estos Doce les dio poderes especiales para:

 

Anunciar su Evangelio

Todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra. Por eso vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que les he encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo (Mt 28,18-20).

 

Aquí vemos claramente como solamente algunos tienen el poder de predicar oficialmente la Palabra de Dios, contando con su asistencia y garantía. Cristo no dio el poder y la misión de predicar a todos los que quisieran.

En esto hay una gran divergencia entre la enseñanza de Cristo, completamente aceptada y vivida por la Iglesia Católica, y la manera de pensar y actuar de los hermanos separados. Según éstos, lo importante es predicar la Palabra de Dios y por lo tanto todos tienen derecho de enseñar lo que piensan sobre tal o cual parte de la Biblia. Precisamente esta idea equivocada los ha llevado hacia la división y la confusión en la doctrina.

La Iglesia Católica, al contrario, fiel a la voluntad de su fundador, siempre ha reconocido a los sucesores de los apóstoles el derecho de enseñar con autoridad, estableciendo la verdadera interpretación del dato revelado. En realidad, Jesús asegura acompañar «hasta el fin del mundo» la predicación de los apóstoles, que se iba a realizar precisamente mediante sus sucesores.

 

Celebrar el culto de la Nueva Alianza

Después tomó el pan, y dando gracias lo partió y se lo dio, diciendo: «Este es mi cuerpo que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de la Cena, hizo lo mismo con la copa. Dijo: «Esta copa es la Alianza Nueva sellada con mi sangre, que va a ser derramada por ustedes» (Lc 22,19-20).

 

Celebrar la Cena del Señor representa el centro del culto para el Nuevo Pueblo de Dios, «hasta que Cristo vuelva» (1 Cor 11,26). Y esto se va a realizar mediante los apóstoles y sus sucesores. En realidad, Jesús no dio el poder a todos los que creyeran en él, para realizarla.

También aquí notamos una gran diferencia entre la enseñanza de Cristo, que es vivida al pie de la letra por la Iglesia Católica, y la práctica de muchos grupos separados. Entre estos, algunos de plano ni mencionan la Cena del Señor, como si se tratara de algo insignificante; otros aceptan y celebran la Cena del Señor, pero le dan un sentido diferente, como si se tratara de un puro recuerdo y nada más. De todos modos, no tiene validez, puesto que no cuentan con los sucesores de los apóstoles para realizarla.

 

Guiar al Pueblo de Dios

Yo les digo: todo lo que aten en la tierra, será considerado atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, será considerado desatado en el cielo (Mt 18,18).

 

¿En qué consiste este poder? En declarar lo que está permitido y lo que no está permitido; admitir a la comunidad cristiana (comunión) o separar de ella (excomunión). Abarca también el poder de perdonar los pecados cometidos después del bautismo.

 

Jesús les volvió a decir: «La paz esté con ustedes. Así como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes». Dicho esto, sopló sobre ellos: «Reciban el Espíritu Santo; a quienes ustedes perdonen, queden perdonados, y a quienes no libren de sus pecados, queden atados» (Jn 20,21-23).

 

Los hermanos separados prefieren no mencionar estos textos bíblicos, que según ellos confieren demasiado poder a los hombres. Ni modo. Son Palabra de Dios y la Iglesia Católica desde un principio las ha aceptado así como suenan.

Puesto que se refieren al bien de la Iglesia de todos los tiempos y no solamente al bien de la Iglesia primitiva, es lógico que se hayan trasmitido a los colaboradores y sucesores de los apóstoles, como vemos en el caso de la excomunión y sucesiva reintegración a la comunidad cristiana que encontramos en 1 Cor 5 y 2 Cor 2,1-11.

 

PEDRO

Como jefe de los apóstoles y de toda la Iglesia, Jesús puso a Pedro.

 

Cambio de nombre

Se llamaba Simón y Jesús le cambia el nombre en Cefas =Pedro.

 

De hoy en adelante te llamaras Cefas,

es decir Pedro (Jn 1,42).

 

¿Y por qué Jesús le cambia el nombre a Simón? Para indicar su nueva identidad o misión, como por ejemplo: Yahvé = yo soy (Ex 3 14); Abraham = Padre de muchas naciones (Gen 17,5); Israel = Fuerza de Dios (Gen 32,28); Jesús = Salvador (Mt 1,21), etc.

 

Roca

¿Y cuál será la misión de Pedro? Ser la roca visible sobre la cual Jesús fundará su Iglesia. De hecho Cefas quiere decir piedra, roca, peña.

 

Tú eres Pedro (= Cefas)

y sobre esta piedra (= Cefas)

edificaré mi Iglesia (Mt 16,18).

 

¿Y por qué Jesús le pone este nombre a Simón y no le pone otro? Porque Jesús es la roca (1Pe 2,8; Rom 9,33) o piedra angular (Ef 2,20), que está a la base de la Iglesia. Pues bien, cuando Jesús se vaya de este mundo, quiere que Pedro tome su lugar, como piedra que tenga unida toda la Iglesia, empezando por los mismos apóstoles, que también son fundamento de la Iglesia.

 

Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Jesucristo mismo la principal piedra angular (Ef 2,20).

 

El muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos había los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero (Ap 21,14).

 

Aunque cada uno de los doce apóstoles es cimiento de la Iglesia, entre ellos destaca Pedro, que tiene el lugar de Cristo, la roca o piedra angular. Además, siendo Pedro el jefe del Nuevo Pueblo de Dios, recibe el nombre de roca, como Abraham (Is 51,1-2), el jefe del Antiguo Pueblo de Dios.

 

Toda autoridad

El mismo Jesús le entregó a Pedro toda autoridad.

 

Yo te daré las llaves del Reino de los cielos: todo lo que ates en la tierra será atado en el cielo, y lo que desates en la tierra será desatado en los cielos (Mt 16,19).

 

Pastor supremo

Y lo hizo también pastor supremo del rebaño, con la misión de guiar y fortalecer a los hermanos en la fe.

 

Después que comieron, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Este contestó: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús dijo: Apacienta mis corderos.

Y le preguntó por segunda vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro volvió a contestar: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Cuida mis ovejas.

Insistió Jesús por tercera vez: Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería. Le contestó: Señor, tú sabes todo, tú sabes que te quiero. Entonces Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas (Jn 21,15-17).

 

Simón, mira que Satanás ha pedido permiso para sacudirlos a ustedes como se hace con el trigo; pero yo he rogado por ti para que tu fe no se venga abajo.

Tú, entonces, cuando hayas vuelto, tendrás que fortalecer a tus hermanos (Lc 22,31-32).

 

De hecho San Pedro actuó siempre como jefe de los apóstoles y de toda la Iglesia (Hech 2,14; 15,1-29; Gál 1,18; 2,2. 9-10, etc.).

A este propósito, véase también: «Pedro», p. 347.

 

 

 

En resumen, Cristo es «piedra», «pastor supremo del rebaño» y cuenta con «todo el poder» que le da el Padre.

Al subir al cielo, quiere que otro tome su lugar para dirigir la Iglesia. Este es Simón, a quien hace «piedra» (= Pedro), «pastor supremo del rebaño» y guía que actúa con «toda autoridad».

 

COLABORADORES

Y SUCESORES DE LOS APOSTOLES

Los poderes de los apóstoles no tenían que desaparecer con su muerte, puesto que se trataba de un regalo que Cristo quiso hacer a su Iglesia para siempre (Mt 18,18; Lc 22,19; 1 Cor 11,26; etc.).

Por eso los apóstoles empezaron a establecer a sus colaboradores, mediante la imposición de las manos (2Tim 1,6-7). Son los presbíteros y los obispos encargados de cuidar las comunidades cristianas, que se iban formando a raíz de su predicación (Hech 14,23; 20,17; 1 Pe 5,1-11).

Notamos como al principio se usaban indistintamente las palabras «presbítero» u «obispo» (Hech 20,17-28; Tit 1,5-7). Notamos al mismo tiempo cómo los apóstoles se reservaban la autoridad suprema que trasmitían solamente a algunos colaboradores de mayor confianza (1Tim 3,1-15; 5,22; Tit 1,5; 3,10-11). Con el tiempo a estos se les dio el nombre de obispos y contaron con los mismos poderes de los apóstoles para anunciar la Palabra de Dios con autoridad, gozando de la asistencia del Espíritu Santo, realizar el culto, especialmente la Cena del Señor, y apacentar al Pueblo de Dios.

 

El Espíritu Santo los ha puesto como obispos

para apacentar la Iglesia (Hech 20,28).

 

Después de los obispos y presbíteros, los apóstoles establecieron como colaboradores a los diáconos, encargándolos más bien de las cosas materiales, sin excluir la predicación (Hech 6,1-6; 7,3-47; 8,4-8; Filip 1,1; 1Tim 3,8-13).

 

JEFES ACTUALES DE LA IGLESIA

Actualmente, el Papa tiene el lugar de San Pedro; los obispos tienen el lugar de los apóstoles (viviendo los mismos apóstoles, vemos cómo Tito y Timoteo mandaban sobre los demás presbíteros); los presbíteros o sacerdotes son los colaboradores de los obispos, como al principio de la Iglesia los presbíteros (u obispos) eran colaboradores de los apóstoles; y los diáconos siguen desempeñando las mismas funciones de los antiguos diáconos.

 

FALSOS PASTORES

Todos los demás, por haberse separado de la Iglesia Católica, la única fundada por Cristo y que por lo tanto goza de toda la autoridad y asistencia del Espíritu Santo aseguradas por Cristo, no cuentan con los auténticos pastores que Cristo estableció para «su» Iglesia.

Una vez apartados del tronco, cada grupo «inventó» su organización hasta hacerse bola, sin que sus pastores cuenten con aquellos poderes que Cristo entregó a los apóstoles y estos a sus colaboradores y sucesores.

La misma Biblia habla de falsos apóstoles:

 

Yo conozco tus obras y tus trabajos y sé que sufres pacientemente. No puedes tolerar a los malos, sometiste a prueba a los que se llaman a sí mismos apóstoles y los hallaste mentirosos (Ap 2,2).

 

Algunos judíos ambulantes que echaban los demonios, trataron de invocar el Nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos y decían: «Te mando salir en el Nombre de Jesús, a quien Pablo predica».

 

Entre ellos estaban los hijos de un sacerdote judío llamado Escevas. Pero, un día que entraron y se atrevieron a hacerlo, el espíritu malo les contestó: «Conozco a Jesús y sé quien es Pablo; pero ustedes, ¿quiénes son?» Y el hombre que tenía el espíritu malo se lanzó sobre ellos, los sujetó a ambos y los maltrató, de manera que tuvieron que huir desnudos y heridos (Hech 19,13-16).

 

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