Fui mormona

Fui mormona

 

Formación superficial

Mi nombre es Yazmín Brisas Oré Ramírez. Mi familia era católica, aunque mis padres no estaban entonces casados por la Iglesia, por unos problema de partidas de bautismo quemadas o perdidas. Dejaron el tema y se casaron por lo civil. Me dieron una educación católica: hice la secundaria en el colegio Presentación de María, de religiosas, recibí los sacramentos, la comunión y la confirmación. A los 19 años estudiaba derecho, iba a misa e incluso cantaba en el coro, pero mi formación y mi fe era muy superficial.

Yo había oído hablar de sectas demoníacas y satanistas, y mi papá me prevenía contra los testigos de Jehová que tocaban a menudo a la puerta. Pero nadie me había hablado de los mormones

 

Un entorno seguro

Yo tenía una amiga en mi colegio de monjas que era mormona. Me dijo: “Acompáñame un domingo a ver mi iglesia”. Así que un domingo me salté la misa para ir con ella a ver su iglesia. Y me gustó. La gente era muy acogedora: todos lo eran, las señoras, las chicas de mi edad, los chicos.

Tenían reuniones para jóvenes en las que hablaban sobre las virtudes. A otros jóvenes quizá les parecería aburrido, pero yo era una chica con pocas amistades. No me gustaba salir de fiesta, las fiestas no me llenaban. En cambio, esta gente, que parecía tan pura, virtuosa e inocente, sí que me llenaba.

Hoy que soy católica y adulta sé que tenemos que enfrentar el mal que hay en el mundo y en nuestras vidas, pero entonces, con 19 años, yo no quería enfrentarme a la realidad, no quería embarrarme. Yo quería protección, un entorno seguro, un grupo acogedor y virtuoso que me protegiese. Los mormones me ofrecían eso.

 

Dos chicos jóvenes hablando de Dios

Ellos me enviaron dos jóvenes misioneros a visitarme a mi casa y darme charlas dos días por semana. Eran dos chicos de mi edad, de 19 años, uno peruano y otro de los Estados Unidos. Yo les decía a mis padres que eran cristianos y amigos de mi amiga y que venían a hablar de Cristo y de Dios. Ellos, demasiado confiados, nos dejaban solos en el salón.

Yo estaba impresionada de que dos chicos de 19 años, de mi edad, me hablasen de Dios con pasión. Más aún, estaban dedicando 2 años de su vida joven sólo a eso, a hablar de Dios. Me sorprendía y admiraba: no conocía a nadie en la Iglesia católica que hiciese eso.

 

Joseph Smith y el “verdadero” cristianismo

En las primeras charlas te hablan del Libro de Mormón. Te dicen que la enseñanza plena cristiana se había perdido desde la muerte del apóstol Juan, y que no se ha recuperado hasta que un ángel, Moroni, revela al profeta Joseph Smith, hacia 1830, dónde está el Libro de Mormón con todas las enseñanzas perdidas.

Usan siempre las mismas citas de la Biblia para apoyar al Libro de Mormón. Los mormones enseñan, según su libro, que Jesús, al resucitar, se apareció y enseñó a los pobladores de América. Eso lo apoyan en la Biblia cuando Jesús dice: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor” (Jn 10, 16). Para justificar que además de la Biblia esté el Libro de Mormón citan Ezequiel 37, 15-17, que habla de “un palo de Judá” y “un palo de José, o Israel”, que Dios ha de unir. Ellos dicen que esos dos palos son dos libros: la Biblia y las escrituras de Mormón. Y sobre el profeta Smith citan Amós 3, 7: “El Señor no hará nada sin revelar sus secretos a sus siervos los profetas”.

 

Es bueno preguntar

En esa época yo escribía un diario, que aún conservo. Y apunté una idea que se me pasó por la cabeza: “Si ese Libro de Mormón es otro testamento, ¿por qué no hay pruebas arqueológicas? ¿por qué no hay papiros de él o pergaminos de él, como con la Biblia?”. Los mormones enseñan que el ángel se llevó el libro de láminas de oro que José Smith había leído y traducido al inglés. Pero, ¿por qué Dios hizo algo tan distinto a lo que hizo con la Biblia?

Me daba vergüenza preguntarles eso porque ¡ellos eran tan amables!

A la pregunta de por qué no tenemos los textos que el ángel reveló a José Smith, ellos responden citando la carta a los Hebreos: “La fe es certeza de lo que no vemos” (Hb 11, 1-2) y citando también su propio libro: “Hay muchas cosas de Dios que no las vas a ver”.

En realidad, como comprobé después siendo misionera mormona, a los jóvenes misioneros mormones no les enseñan muchas respuestas a las objeciones. Muy pronto responden a todo con esta frase: “Te invitamos a que ores a Dios esta noche y que Él te hable y verás que es verdad lo que enseñamos”.

Y oré esa noche. Y no sentí nada, Dios no me dijo nada. Y lo escribí así en mi diario, sinceramente.

Pero a ellos, sugestionada o por lo que sea, les dije: “Sí, siento que es verdad”. Yo quería pertenecer a ellos. Sólo me pedían ser buena, y yo quería ser buena, y pensaba que la Iglesia verdadera sería simplemente la obediente a las cosas buenas, virtuosas, y parecían ser ellos.

Era 2005. Acababa de morir Juan Pablo II, salía Benedicto XVI como nuevo Papa, y algunos me decían que si era feo, que vaya aspecto, que cómo iba a seguir yo en la Iglesia Católica.

 

Rebautizada mormona

En fin, en esa fase, después de 4 o 5 charlas, te invitan a bautizarte como mormón. Para eso, te hacen antes una entrevista previa. Debes decir que crees en el Libro de Mormón y que aceptas al profeta Joseph Smith. También te preguntan si has matado a alguien, si has abortado, si has tenido relaciones sexuales. Creo que ellos no quieren aceptar a cualquiera, a gente que ha tenido una vida muy poco virtuosa, excepto si son parientes de alguien. Pueden rechazarte. Me parece que a las personas con inclinaciones homosexuales las rechazan a todas o casi a todas, por ejemplo.

A mí me aceptaron y organizamos mi bautismo mormón. Mi papá no vino; les dijo que éramos católicos “de la Virgen y del Señor de los Milagros”. De mi familia sólo vino mi mama ¡y mi madrina del bautismo católico! Hoy digo, ¿qué barbaridad, no? Mi madre lloraba: “Hija, pero si yo te di los sacramentos en la Iglesia católica”. Y yo le respondía: “¿Prefieres que me vaya de discoteca cada sábado, por ahí?” Con eso la presionaba. Ellos me veían feliz, y veían que los jóvenes mormones parecían gente buena. Era una falsa elección: o ellos, o el mundo de la noche y las discotecas.

En el bautismo mormón entras en una piscinita de cuerpo completo, con una túnica blanca. Tú escoges qué hombre te bautiza: yo escogí a los dos misioneros que conocía. Te echan para atrás, como hacen los baptistas y otros protestantes, y te sumergen y dicen: “En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”, pero, atención, porque ellos no piensan que es un único Dios; para ellos son 3 dioses distintos. Según los mormones, a Joseph Smith se le aparecieron el Padre y el Hijo en un bosque. Hay un dibujo típico que lo ilustra, como dos cuerpos distintos. Cada vez que en el Antiguo Testamento se dice que Moisés vio la cara de Yavé, o que Dios señaló con su dedo, o dio la espalda al pueblo, etc., los mormones interpretan que Dios Padre tiene cuerpo, con dedos, cara, espalda, etc.

En cuanto empiezas a ir con los mormones, te animan a pasar con ellos mucho tiempo. Te hacen estar cómodo, es como tener otra familia. Ellos no creen que Dios habita en ti y te transforma y hace santo. No, ellos creen que por sus propias fuerzas serán perfectos, que ya lo están siendo, porque cada uno va a ser un dios. Y claro, esa perfección es imposible, pero esa es la fachada que intentan dar.

Son muy exigentes en el control de la sexualidad: cualquier encíclica católica sobre el tema es mucho más humana, más comprensiva. Ellos son más tajantes, te controlan demasiado, como un robot. A las chicas las animan a estudiar, sí, pero lo ideal que plantean es que enseguida se casen y que tengan muchos hijos.

 

Muchos manuales para estudiar

Una vez bautizado, te dan muchos manuales para estudiar, algo que haces cada domingo en su escuela dominical. Mi experiencia, y lo vi con otra gente poco dada a los estudios, es que los primeros meses al menos hay mucho interés y se leen los libros. Ellos ofrecían también un servicio para ayudar a encontrar y ayudar a la gente.

Enseguida te dan un “llamamiento”, que es un cargo. En mi caso era una función con jóvenes. Un año después me hicieron misionera de barrio: en tus ratos libres acompañas a los misioneros en sus visitas a las personas interesadas, que en su vocabulario se llaman “investigadores”. Los acompañantes sirven para hacerse amigos de los “investigadores” (es decir, las personas no mormonas), invitarles, tender lazos, etc.

También aprendí a rezar al estilo mormón, siguiendo un tríptico que lo explicaba. Hay que hacer una breve oración al levantarte, otra al acostarte y otra en cada comida. La estructura es siempre igual: “Padre Celestial, te damos gracias por tal cosa, te pedimos tal otra, en el nombre de Jesucristo”. En las comidas, das gracias por la comida. Se dice siempre “Padre Celestial”, no “Padre nuestro”.

 

El culto mormón

El domingo hay una reunión de unas tres horas. La llaman “reunión sacramental”. Se juntan todos los miembros de una zona. No hay un oficiante sino un par de conferenciantes o discursantes, los que les toque ese día. Uno habla del ayuno, otro del diezmo (un tema en que se insiste mucho). Otro día pueden hablar del bautismo de los muertos o del “sellamiento”, como llaman al matrimonio. Al final, siempre alguien “da testimonio”, pero eso no consiste en contar su experiencia sino simplemente en exponer, de una forma muy repetitiva, que dé seguridad, semana tras semana, que crees en Joseph Smith, en el Libro de Mormón y en su iglesia.

Después me tocó ser misionera en el extranjero. Es algo que todos han de hacer: 2 años los hombres; uno y medio, las mujeres. Se realiza poco antes de acabar tus estudios. Te mirarían muy mal si no lo haces. Normalmente uno se casa después. A las chicas les animan a casarse con jóvenes que ya han misionado, porque son más maduros en la fe.

Los misioneros mormones son, sobre todo, esos chicos y chicas jóvenes. También hay adultos ya jubilados que van como misioneros unos años al extranjero. Y hay además matrimonios mayores, a veces pre-jubilados, que pueden ser presidentes de misión. No hay misioneros “de por vida”. Tampoco hay “pastores”. Lo más parecido es el “obispo”, pero no se mantiene con los diezmos, sino con un oficio. Los diezmos son para mantener las “capillas” (centros locales) y el resto va todo a la central a Estados Unidos. Por eso no hay escándalos de pastores con vehículos caros o gustos lujosos.

 

Te quitan a tu hija… y debes pagar por ello

En 2006, yo llevaba ya un año y medio de miembro, y mi novio era un mormón peruano que ya había sido misionero. Quedamos en que yo haría la misión y quizá luego nos casaríamos. Él me animó a ir a la misión. Es caro: parte lo pagas tú, otra parte tus padres y otra la iglesia. Yo tenía ahorrados como 500 euros, mucho dinero para Perú, que gasté en esto. Mis padres debían comprometerse a 100 euros mensuales. Mi madre lloraba: les quitaban a la hija y además había que pagar por ello. Y había que comprar mucha ropa y materiales, gastos que impacientaban a mi mamá. “Es una vez en la vida”, le decía yo.

Primero me mandaron a Colombia casi un mes a formarme. Era como un internado donde estábamos muchos muchachos y muchachas de Perú, Colombia, Venezuela…

 

Entrenamiento del joven misionero mormón

Nos enseñaban cómo convencer a la gente, con unos vídeos, cómo hablar, qué hacer si te sale mal. Era muy pesado, pero yo estaba contenta. Te enseñaban las escrituras que hemos comentado y cómo responder las preguntas de los “investigadores” (la gente no mormona).

Los mormones no quieren que les refutes mucho; el mormón da sus citas, y si le hacen preguntas dicen lo de “récelo y verá que es verdad”. Ellos dicen que no tienen que perder tiempo refutando doctrinas. Apenas intentan tapar dudas con la Biblia o el Libro de mormón. Nos enseñaban a hablar sólo de Joseph Smith, de la nueva revelación completa, del Libro de Mormón.

Nos explicaban que la enseñanza cristiana se pervirtió con Constantino en el siglo IV, que se corrompió el cristianismo. Luego aprendí que esto lo tomaron de otros protestantes. Allí nos enseñaron que Calvino y Lutero apenas “prepararon” el camino para la recuperación del cristianismo, que llega con Joseph Smith.

 

La compañera inflexible

Llegué de misionera a Guayaquil, Ecuador, en marzo de 2007. Me pusieron una compañera chilena, de mi edad, muy reglista y exigente, que no admitía ningún decaimiento ni cansancio. Era hija de mormones, con 9 hermanos, crecida en familia mormona, no como yo. Los misioneros van en parejas, a todas horas excepto al baño. Espanta peligros, pero también “tentaciones”.

Cada día a las 6 y media de la mañana nos levantábamos a estudiar lo que hablaríamos en la calle. A las 9 y media salíamos, tratábamos a la gente, de pie, caminando, con el calor de Guayaquil. Un descanso para almorzar, y seguir hasta la noche. De noche nos arrodillábamos y rezábamos pidiendo más “investigadores”. Si nos peleábamos entre nosotras, ese era un momento para pedirnos perdón. Aunque los lunes era día de descanso y otros misioneros hacían turismo, ella me ponía a estudiar.

Y así, siendo misionera en Guayaquil, se quebró mi confianza en la fe mormona.

 

La anciana católica resistente

La primera “caída” fue por una señora de unos 75 años, que era muy católica, aunque uno de sus hijos era evangélico y el otro era obispo mormón. Este obispo nos insistía y mi compañera se había encaprichado con conquistarla, y le llevaba postres y la visitábamos mucho.

Cuando un católico se pone muy firme, nos habían enseñado en que hay que insistir en que la Iglesia católica ya no era de Cristo, que no lo era desde Constantino, que todo era malo desde entonces: las imágenes, la Virgen, el bautismo de niños, etc.

Y mi compañera insistía tanto que yo recordé mi propio pasado católico y me emocioné. Y se lo dije a ella, a la compañera chilena, llorando: “si convenzo a esta señora siento que estoy traicionando algo mío”, dije. Mi compañera quedó de piedra. “Es normal, hace poco que eres miembro, eres de familia católica, yo hablaré con la señora”, respondió ella. No sirvió de nada: la señora llegó a la entrevista bautismal por insistencia de su hijo y sin convencimiento, pero como dijo que no pensaba ni dejar de fumar (algo importante para los mormones), la rechazaron. Y la dejamos.

 

Evangélicos y testigos, ¡mucha Biblia!

El caso es que descubrí que casi no teníamos argumentos ni respuestas. Los testigos de Jehová nos ponían cabeza abajo, no aceptaban ni a Joseph Smith ni su libro y no estábamos preparadas para refutarles nada. Y también los evangélicos nos refutaban y yo pensaba: ¿somos misioneras, entrenadas, pero no sabemos responder cosas supuestamente básicas de la Biblia? Y empecé a dudar. Esa era mi segunda “caída”, ver que no teníamos respuestas. Y lloré otra vez: “estoy dudando de la fe”.

La misión, que debía reforzar mi fe mormona, la estaba destruyendo. Y me preguntaba: “¿Estaré haciendo bien al querer cambiarles su fe?, ¿tengo derecho a cambiar su vida? ¡Si hasta yo dudo!”

Yo ya me había empezado a fijar en cosas: que los mormones casi no usan la Biblia, que habían tenido poligamia en un pasado reciente, que había doctrinas ocultas. Y yo me di cuenta que me gustaban y me emocionaban las campanas en las iglesias católicas, y ver la gente que salía en procesión, devota del Divino Niño. Y la Virgen. Me preguntaba: “¡Cómo voy a decir que esto es malo y pagano!

Y en un encuentro con el obispo mormón le dije: “Siento que miento cuando hablo” y dije que quería dejar la misión. Pedí a mi compañera: “Dile al presidente de la misión que me vuelvo a mi país, que me siento un robot”.

 

Defendiendo al Papa

El presidente de la misión intentó disuadirme para que no marchase. Pero yo no le dije simplemente “añoro a mi familia” o “estoy cansada”. Yo defendí la Iglesia católica. Le dije que ya no quería hablar mal de la Iglesia católica, que yo pensaba bien del Papa, y que en la Iglesia católica hay santos y gente buena. Y eso le enfadó.

Él me insistió, afirmando que la Iglesia y el Papa son la Ramera de las Escrituras, que mis sentimientos venían del demonio, que si volvía al catolicismo mi vida sería un desastre en todos los sentidos. Durante una semana cada noche mi compañera me intentaba convencer; le daban instrucciones de cómo convencerme. Y le dije: “Sal de mi cuarto que me confundes”. Y esos días, después de varios años, empecé a rezar a la Virgen, a pedirle que me protegiera, porque mi compañera se ponía muy sectaria y tenía miedo de que llegara a pegarme. Me dije: “en cuanto llegue a Perú con mi familia, lo del mormonismo se va a acabar”. Ya sabía que no podría encajar.

 

De vuelta a casa: un año de insistencia

Al final me pagaron el vuelo a Perú. Y fui a mi casa. Allí los mormones me enviaron a mi novio, a los amigos, a mi mejor amigo. Yo dudaba. ¿Volver? Pero ahora ellos me daban miedo, no seguridad. Ya mi hermano me había dicho: es una secta. Insistieron casi un año. Pero yo ni les recibía, ni a mi antiguo novio: no quería recaer por amistad. Mis papás me dijeron: corta con todos ellos. Mis padres cobraron la fuerza que antes no habían tenido.

Estuve un buen tiempo aislada en mi casa, sólo con Internet, leyendo de gente que salía de sectas. Hablé con el párroco de mamá, pero sólo me dijo: “Bienvenida: no te sientas mal”. No me dio más formación. Yo necesitaba una atención especial, acababa de salir de un grupo muy cerrado e intenso.

Mis padres se estaban convirtiendo, avivando su fe católica en las catequesis del Camino Neocatecumenal, pero tampoco ellos me daban respuestas. Yo creía que la Iglesia católica era verdadera, y que la evangélica también lo era, porque leía muchos testimonios de ex-mormones en Internet que eran evangélicos. No había ningún “carisma” católico que me limpiase de mi experiencia mormona. Pero los pastores evangélicos tampoco me inspiraban confianza.

 

Los que sabían de sectas

Y un día mi madre me dio un folleto sobre sectas editado por los Apóstoles de la Palabra (www.apostolesdelapalabra.org), un apostolado católico muy basado en la apologética, en la defensa de la fe. Busqué su dirección. “Viven aquí en la esquina”, me dijeron. Llegué en bici, y allí estaban las hermanas Apóstoles de la Palabra. Mi historia les asombró. “Nunca nos había llegado alguien con esta necesidad. Ven con nosotras los sábados”, me invitaron. Y fui a sus charlas: entendí la enseñanza católica sobre las imágenes, Dios, la naturaleza de Cristo. Me dieron libros, todo bien explicado. Y ahora, cuando venían los mormones, ya no los rehuía: los enfrentaba, les sacaba la Biblia, les refutaba.

 

María y una vida nueva

Hoy, mirando al pasado, creo que lo que más me ayudó fue la presencia de la Virgen María, que he reconocido después. Al volver al catolicismo, vi películas sobre ella, le recé… María, creo, es lo que más me ha alegrado recuperar, y ella me ha atraído a través de sus imágenes.

Publiqué mi testimonio en algunas webs católicas, y conocí por Internet a quien hoy es mi esposo. Él también había estado cerca de los mormones por un amigo suyo y a mí me ayudó con argumentos y amistad. Él es español, de León. Después de tres años de novios “cibernéticos” nos casamos en Lima y ahora vivimos en Madrid. Somos catequistas de niños de Primera Comunión en la parroquia de San Romualdo. Y les damos pequeñas enseñanzas de una fe razonable, para defender la fe de la Iglesia de todo tipo de ataques.

La misa explicada por San Pío de Pietrelcina

La misa explicada por San Pío de Pietrelcina

 

Testimonio del P. Derobert, hijo espiritual del Padre Pío.

 

El Padre Derobert, hijo espiritual del Padre Pío, explica el sentido que tenía la Misa para el Santo de Pietrelcina: “Él me había explicado poco antes de mi ordenación sacerdotal que celebrando la misa había que poner el paralelo su cronología y la cronología de la Pasión de Cristo. Se trataba de comprender y de darse cuenta, en primer lugar, de que el sacerdote en el altar es Jesucristo. Y desde ese momento Jesús en su sacerdote revive indefinidamente su Pasión”.

Y este es el itinerario de la cronología y orden en paralelo de la Misa y de la Pasión:

1. Desde la señal de la Cruz hasta el Ofertorio: Es el tiempo de encuentro con Jesús en Getsemaní, sufriendo con Él ante la marea negra del pecado. Unirse a Él en el dolor de ver que la Palabra del Padre, que Él había venido a traernos, no sería recibida o sería recibida muy mal por los hombres. Y desde esta óptica hay que escuchar las lecturas de la Misa que están dirigidas personalmente a mí y a nosotros.

2. El Ofertorio: Evoca el arresto de Jesús. La Hora ha llegado…

3. El Prefacio: Es el canto de alabanza, entrega y agradecimiento que Jesús dirige al Padre que le ha permitido llegar a esta Hora.

4. Desde el comienzo de la plegaria eucarística hasta la consagración: Empezamos encontrándonos con Jesús en prisión para después hacer memoria y celebración de su atroz flagelación y coronación de espinas. Seguimos con su Vía Crucis, el camino de la cruz por las callejuelas de Jerusalén –imagen de todo el mundo y de toda la humanidad-, teniendo presentes en el “memento” a los que están allí, en la Misa, y a todos.

5. La consagración: Se nos da el cuerpo de Cristo, entregado de nuevo ahora. Es místicamente la crucifixión del Señor, y por eso el Padre Pío sufría atrozmente en este momento de la Misa, durante la consagración.

6. Las plegarias inmediatamente posteriores a la consagración: Nos unimos enseguida con Jesús en la Cruz y ofrecemos desde este instante al Padre el sacrificio redentor. Es el sentido de la oración litúrgica inmediatamente después de la consagración.

7. La doxología final, “Por Cristo, con Él y en Él…”: Corresponde al grito de Jesús “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu…”. Desde este momento, el sacrificio es consumado y aceptado por el Padre. Los hombres desde ahora ya no están separados de Dios, se vuelven a encontrar unidos. Y esa la razón por la que a continuación de la doxología se reza el Padre Nuestro.

8. La fracción del Pan: Marca la muerte de Jesucristo.

9. La intinción y posterior comunión: La intinción es el momento en que el sacerdote, habiendo quebrado la sagrada hostia, símbolo de la muerte, deja caer una partícula del Cuerpo de Cristo en el cáliz de su preciosa sangre. Marca el momento de la resurrección, pues el Cuerpo y la Sangre se reúnen de nuevo y a Cristo crucificado y resucitado a quien vamos a recibir en la comunión.

10. La bendición final de la Misa: Con ella el sacerdote marca a los fieles con la cruz de Cristo como signo distintivo y, a su vez, escudo protector contra las astucias del Maligno. Es también signo de envío y de misión como Jesucristo, tras su Pasión y ya resucitado, envío a sus apóstoles a hacer discípulos de todos los pueblos.

El P. Amatulli, a propósito de la dimisión del Papa Benedicto XVI

El P. Amatulli, a propósito de la dimisión del Papa Benedicto XVI:

El papa Benedicto XVI fue elegido de inmediato para sanear el aspecto doctrinal. Una vez cumplida esta misión, necesaria, urgente y molesta, no le queda más que cerrar el círculo para dejar a otro la tarea de emprender la reorganización del aspecto pastoral de la Iglesia, una tarea de dimensiones gigantescas, para la cual se necesitan otros hombros.
Un gran ejemplo de humildad, fortaleza y amor incondicional a la Iglesia.
Por este gesto más lo admiro.
P. Amatulli.

LOS CATÓLICOS: NUESTRA PREOCUPACION PRINCIPAL

LOS  CATÓLICOS

NUESTRA PREOCUPACION PRINCIPAL

 

Plan práctico de acción

para contrarrestar el avance de las sectas

 

Antes de preocuparnos por los que se salieron,

hagamos todo lo posible para que los que se encuentran dentro de la Iglesia no se salgan o dispersen por la acción destructiva de las sectas.

PRIMERA ETAPA

Elaborar un croquis o un mapa de cada ranchería, pueblito, cuadra, colonia o barrio, señalando con distintos colores las familias católicas, protestantes o no creyentes.

 

a) Detectar a los católicos practicantes, es decir, perseverantes, que llegan periódicamente a la Iglesia (capilla, grupo, asociación o movimiento), señalándolos con un color fuerte, por ejemplo, rojo.

b) Detectar a los católicos no practicantes, es decir, no perseverantes, que no se acercan a la Iglesia o lo hacen solamente con motivo de algún acontecimiento especial (fiesta patronal, boda, difunto, bautismo, quince años, etc.), señalándolos con un color más suave, por ejemplo, rosa.

c) Detectar a los hermanos separados, señalando cada grupo con un color diferente (testigos de Jehová, Mormones, Adventistas del Séptimo Día, pentecostales, etc.).

d) Detectar a los no creyentes, con otro color especial.

 

SEGUNDA ETAPA

Preparar gente capacitada para atender a las distintas categorías de personas, empezando por los católicos.

 

a) Católicos practicantes.

Es suficiente darles breves temas en la catequesis y presacramental, antes de la Santa Misa o la celebración de la Palabra, en la reunión del grupo, etc.

b) Católicos no practicantes.

Hay que visitarlos en su casa, tratando de aclararles la diferencia entre la Iglesia católica, fundada por Cristo, y las sectas, fundadas por hombres. Además, es importante ir aclarándoles las dudas que les vayan poniendo las sectas proselitistas. En la manera de lo posible, hay que ir despertando en ellos el deseo de acercarse más a Dios, acercándose más a la Iglesia.

c) Hermanos separados.

Contar por cada grupo con agentes de pastoral especializados.

d) No creyentes.

Mediante un sistema de visitas domiciliarias, tratar de acercar a los alejados y no creyentes, dándoles el primer anuncio de la salvación (Kerigma) a los que lo aceptan.

 

CONCLUSIÓN

Primero hay que atender a los que están dentro de la Iglesia, es decir a los católicos, sean practicantes o no.

Después hay que preocuparse por los que están fuera de la Iglesia, es decir los que se salieron de la Iglesia y se encuentran en los grupos proselitistas.

No vaya a suceder que, por querer convencer a los de afuera, descuidemos a los de adentro y los vayamos perdiendo.

DIALOGO SOBRE LAS IMÁGENES

DIALOGO SOBRE LAS IMÁGENES

–(Toc, toc, toc)… ¿Quién?  …Ah, Teodoro, pásale…   ¡De Biblia y corbata!, ¿ya eres pastor?

–Casi, casi.  Y tú Miguel, ¡siempre con tus ídolos! (al mirar una imagen en la pared).

–Corrección: ¡Imágenes!

–Pero la Biblia lo dice claramente, fíjate en Deuteronomio 4,15ss: Guardad, pues, mucho vuestras almas; pues ninguna figura visteis el día que Jehová habló con vosotros de en medio del fuego; para que no os corrompáis y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna, efigie de varón o hembra, figura de animal alguno que está en la tierra, figura de ave alguna alada que vuela por el aire, figura de animal que se arrastre sobre la tierra,… etc.

–«Como no vieron ninguna figura de Dios en el monte Horeb, no pueden hacerse ninguna imagen de Dios», eso se le dijo al pueblo de Israel, pero no a nosotros los cristianos, porque nosotros sí hemos visto una imagen de Dios: Jesucristo… Colosenses 1,15 dice: Él es imagen de Dios invisible.

–¡Las imágenes están prohibidas!, lo dice también  Ex 20, 4“No te hagas imagen alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en las aguas debajo de la tierra”

–Entonces ¿Por qué las usas?

–¿Yo?

–Usas cartera para el dinero ¿no?

–Pues sí.

–Préstamela para darte un ejemplo

–¿Para qué?

–Tú préstamela, que no te la voy a robar.

–Bueno…

–Aquí están algunos billetes… tienen imágenes, hasta imágenes… “muy conocidas”…aquí en este billete está Morelos, un sacerdote; en este otro, Sor Juana Inés de la Cruz, una monjita…son imágenes de gente católica…

–Pero se ocupan, son necesarias.

–O sea que estas imágenes sí sirven, mientras que ¿las imágenes de Cristo y de los santos no sirven?

–Bueno, sí usamos imágenes, pero no las adoramos.

–¡Nosotros tampoco!  Nosotros tampoco adoramos las imágenes.

–Claro que sí, las tocan, las besan, les ponen flores y hasta se inclinan frente a ellas.

–¿Tú no tocas a tu esposa? ¿No la besas? ¿No le llevas flores?

–Sí, pero no la adoro.

–Pues claro que no, porque no es Dios… a ella le da diarrea.  Así también nosotros, no adoramos a ninguna persona ni mucho menos a las imágenes, aunque les llevemos flores, las besemos o las toquemos.

–Pero ustedes se inclinan y hasta se hincan delante de ellas.

–Eso tampoco es adorar.  ¿Tú no has visto cómo saludan los japoneses?… (se inclina), es una simple costumbre que indica respeto, aceptación.  Ahora bien, según tú ¿Qué es adorar?

–Rendir culto.   Si el culto se le da a Dios es adoración verdadera, pero si se le da a algo que no es Dios, entonces es una adoración falsa, llamada también idolatría.

–¿O sea que para ti, sólo existe el culto de adoración?

–Claro.

–Pues entonces no te estás basando en la Biblia.   Porque en la Biblia existe un culto a Dios que llamamos «adoración» y otro culto que es de respeto, honor o veneración que se da las cosas o personas que no son Dios.

–Esa es la confusión católica.  Inventaron eso de la “veneración”.

–No.  No es así. …  Vayamos despacio para entendernos.   …Pienso que estamos de acuerdo en que es a Dios a quien hay que adorar ¿no es así?

–Sí, así es.  Adoramos a Dios porque sólo El es nuestro creador.

–¡Exactamente!, ¡muy bien dicho!, adorar es reconocer a alguien como el creador.  Así que cualquier signo de respeto u honor que se le de a alguien no es adoración, porque sabemos que no son el Creador.  Por ejemplo: si ves que el gobierno o cualquier autoridad le pone una corona de flores a la estatua de un héroe nacional, eso indica que se recuerda con honor y respeto a esa persona, nadie está pensando que era o que es Dios creador del universo, y mucho menos que la estatua lo sea.

–Bueno, la gente que no es cristiana podrá hacer lo que sea, pero nosotros debemos basarnos en la Biblia.

–Pues eso está en la Biblia.   En la Biblia hay culto de simple veneración o respeto a las personas; hay muchas citas.   Abre tu Biblia en el capítulo primero del Primer Libro  de los Reyes… versículo 16.  Léelo…

–«Betsabé hizo una inclinación y se postró ante el rey».

–Luego en el verso 23 vemos que entra el Profeta Natán y hace lo mismo, lee qué hizo el profeta:

— «entró donde el rey, se postró ante él, rostro en tierra».

–¿Tú crees que el profeta Natán, vaya a estar adorando al rey? …Tú sabes que no, porque este profeta fue quien valientemente le reclamó al rey su pecado de adulterio.  Así que es imposible que lo esté adorando, aunque esté hincado o postrado ante él,… con ello simplemente le muestra respeto o veneración.   Y te puedo mostrar muchas citas, donde se ve esa veneración a distintas personas:  Veneración a los propios padres:  Gen 48,12 y 1Re 2,19.  A los ángeles: Jos 5,14 y Num 22,31.   A los reyes («ungido de Yahveh»):  1 Sam 24,7-11.    A los profetas («santo hombre de Dios»): 2 Re 2,15 y 4,27.37.   Y hasta hay veneración a ciertos lugares y cosas sagradas (Ex 3,5; Jos 5,15; Ex 29,37; Ex 30,36; Heb9,3-5; etc.)

–Bueno, a las personas puede ser.

–No, no es que pueda ser, ¡es!  En la Biblia vemos veneración a los reyes, a los ángeles, a los profetas, etc.

–¿Pero por qué venerar a los “monos” … esas “cosas” que tienen?

Bájale una rayita a tu expresión, mejor digamos «imágenes»,  …la palabra “monos”  me suena despectiva.

–Pues eso son, simples estatuas o monos.  La misma Biblia lo dice en el salmo 115 y en salmo 135: «Los ídolos de las naciones son plata y oro, obra de manos de hombres.  Tienen boca y no hablan; tienen ojos y no ven; tienen orejas y no oyen.  Tampoco hay aliento en sus bocas.  Semejantes a ellos son quienes los hacen, y todos los que en ellos confían».   Y aquí está claro, quienes confían en las estatuas se hacen ciegos y sordos como las estatuas, y por eso no pueden entender la verdad.

–Calma, calma.  Al parecer, no te has fijado en lo que leíste: “Los ídolos de las naciones son plata y oro, etc…”  El texto dice: ídolos, no dice imágenes.  Y no es lo mismo una imagen que un ídolo.

–Para el caso es igual.

–¡No, no, no!  Una imagen es una representación de algo o de alguien: un dibujo, una estatua, un video, etc.  Y un ídolo es un dios hecho por el hombre o un falso dios.   Nosotros tenemos imágenes, no ídolos.  Tenemos la imagen o representación de Cristo y de algunas personas buenas que llamamos Santos y de la Virgen María.

–En el texto que te cité de la Biblia vimos que Dios rechaza los ídolos, correcto, pero en Deuteronomio 7,25-26 podemos ver que dice imágenes o esculturas, y también son rechazadas, míralo: «Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; no codiciarás plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación para Jehová tu Dios; y no traerás cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema; del todo la aborrecerás y la abominaras, porque es anatema».  ¡Eh! ¡¿Cómo la ves?!  Por eso las imágenes católicas que yo tenía las quemé, y otras la regalé.

–Si en ese texto te basaste para quemar las imágenes de los santos, pues entonces te voy a ayudar a seguir cumpliendo ese texto bíblico… quememos las imágenes que traes en tu cartera…(¡!)… (saca unos cerillos e intenta quemar los billetes de Teodoro)…  ¡Y luego seguiré contigo, porque la Biblia dice que tú eres imagen de Dios! (Gen 1,26)…

–¡No juegues, dame mi cartera!

–¡Tú eres el que está jugando!…  Porque me estás leyendo un texto que habla de ídolos y me  dices que habla de simples imágenes… Fíjate bien, el texto dice “esculturas –o imágenes– de sus dioses”; se está hablando de muchos dioses… entonces se está hablando de ídolos, porque sólo hay un solo Dios verdadero.    Allí no habla de quemar las simples imágenes.

–El segundo mandamiento de la ley de Dios dice: «No te harás imagen alguna».

–Eso decía para el pueblo de Israel.  Nosotros somos cristianos, y Cristo dice: «ustedes son mis amigos si cumplen lo que les mando» (Jn 15,14) y, aunque citó varias veces los mandamientos de Moisés (Mt 5,21ss; Lc 18,20) resulta que nunca citó ese mandato de las imágenes, ni las prohibió jamás.

Exodo 20:4 lo dice muy claro: no te harás ninguna “imagen” y, luego, el verso 5 dice «no les darás culto porque yo Jehová soy un Dios celoso».[1]

–Okey, Okey, vamos a Exodo 20,4 pero miremos bien su contexto: el versículo 3 dice: «no tendrás otros dioses delante de mí»; enseguida el verso 4: «no te harás imagen alguna».  Y luego «no les darás culto porque soy un Dios celoso».   Creo que podríamos explicar este texto con un ejemplo: …Tú estás casado…

–¡Orgullosamente casado!

–Bueno.  Supongamos que tu esposa trae una fotografía tuya en su bolso, ¿qué pensarías, está bien o no está bien?

–Está bien.  De hecho ella acostumbra llevar consigo una fotografía mía, y eso habla del amor que nos tenemos.

–Pero supongamos que un día ves que ella trae una fotografía que no es tuya, sino la de un hombre –digamos- bien parecido, pero no es ni su padre, ni su hermano, …sino de “otro”.  ¿qué pensarías?  …¿te pondrías celoso?

–Pues sí.

–Pues lo mismo nos está diciendo Dios aquí.  El verso tres dice que no nos vayamos con otro dios, puesto que no existe otro; el verso cuatro habla de no tener imágenes… pero de otros dioses… luego el verso 5: que no les demos culto porque Dios se pone celoso…  pues claro, Él sabe que sólo a Él le debemos nuestro amor y que fuera de El nos perderíamos.   Cfr. 2 Re 17,35-36. Se prohíbe la idolatría, irse con otro dios, no las simples imágenes.

–No, no lo creo, porque aquí en Éxodo 20 se están dando los diez mandamientos, y una cosa es el primero: no tendrás otros dioses, y otra cosa es el segundo: no te harás imagen alguna.   Por ello, no se puede poner el segundo mandamiento que prohíbe las imágenes como si fuera una coletilla del primero, aquí no aplica eso de «ver el contexto».

–Si sólo existiera esa cita bíblica sobre este tema, podría concederte el beneficio de la duda, pero resulta que:

1º Ya hemos visto varias partes bíblicas donde vemos repetida la prohibición de los ídolos, no de las simples imágenes.

2º Nuestras imágenes católicas no son ídolos, porque creemos en un solo Dios y, las imágenes son para acordarnos y acercarnos a Dios, no para alejarnos de El.

3º  Dios no puede contradecirse.

–Claro que no.

–¿Entonces por qué, unos capítulos más adelante, en este mismo libro del Exodo, Dios las manda hacer?

–No puede ser.

–Lee Éxodo 25,18

Harás dos querubines de oro; labrados a martillo, los harás en los dos extremos del propiciatorio.

–¿Cómo la ves? Y has de saber que esas imágenes fueron puestas en el lugar más santo del templo (Heb 9,3-5).

–Pero esas imágenes de querubines Dios las mandó hacer, no mandó hacer las imágenes que ustedes tienen.

–Hey, hey, hey, no digas cosas sólo por salirme al paso.   Tú bien sabes que todo lo que manda Dios en la Biblia es modelo para nosotros, ¿acaso Dios mandó hacer ese templo donde te congregas?  No, pero como Dios mandó hacer el templo de Jerusalén, eso es modelo para hacer un templo, por ejemplo.   Igual con las imágenes, Dios mandó hacer imágenes… las hacemos.[2]

–Humm…(diciendo “no” moviendo la cabeza).

–Veamos otro texto: Números 21,8.  Léelo.

–«Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá».   Bueno esa serpiente fue una imagen que se hizo ídolo.   Ve lo que dice 2Re 18,3-4.   Léelo:

–«Ezequías hizo lo recto a los ojos de Yahveh…quitó los altos, derribó las estelas, cortó los cipos y rompió la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque los israelitas le habían quemado incienso hasta aquellos días; se la llamaba Nejustán».

–¿Cómo la ves? Allí se nos da ejemplo, a los ídolos hay que destruirlos.

–Momento.  Una cosa fue lo querido por Dios en un principio, y otra que, la gente después haya confundido las cosas.  La imagen era buena, era una señal de salvación, lee Sab 16,5-7

–Nuestra Biblia no tiene ese libro de la “Sabiduría” (haciendo señal de entrecomillado a decir la palabra sabiduría).

–Cierto, les falta sabiduría… (sonriendo) …no, disculpa… mejor leo, leo:  «incluso cuando por mordeduras de sinuosas serpientes perecían, no persistió tu cólera hasta el fin.  Como advertencia se vieron atribulados por breve tiempo, pues tenían una señal de salvación… y el que a ella se volvía, se salvaba, no por lo que contemplaba, sino por ti, salvador de todos.   Aquí vemos algo importante, Dios usó una imagen para curar, para hacer milagros, El lo hizo y puede seguirlo haciéndolo, ¿quién puede impedírselo?[3]

–Ahí está el problema, ustedes los católicos creen que las imágenes están vivas.  Van y les piden a las imágenes y creen que ellas tienen poder.

–No estoy diciendo eso. Eso es lo que tú imaginas.  Parece que no me estás escuchando.

–Un ejemplo: mi ex-comadre Chencha se vino con nosotros porque se quemó su casa y, pudo escapar ella con sus perros y sus gatos, pero la imagen de María que tenía, se quemó todita, entonces se le cayó la venda de los ojos y se dio cuenta de que había vivido engañada: la imagen no tenía ningún poder.

–Aquí no vamos a hablar de lo que creía tu comadre Inocencia.

–¡Ex comadre!  Ahora es mi hermana.

–Como quieras.  Pero no es justo que juzgues lo que creemos los católicos basándote en lo que piensan los católicos más inocentes.   Lee nuestro «Catecismo» o este libro llamado «Magisterio de la Iglesia».  Aquí está lo que realmente enseñamos sobre las imágenes.   Cfr. Catecismo: 1159-1162 / Magisterio Dz 302-304; 984-988; etc.

–Aunque tuvieran alguna explicación, yo me pregunto: ¿Y para qué usar imágenes si podemos dirigirnos directamente a Dios?

–¿Y tú por qué usas la Biblia? ¿Me imagino que rezas con la Biblia?

–Claro que sí.  Uso la Biblia, oro con ella, la amo (y le da un beso).

–¡Idólatra! … ¿oras delante de la Biblia y la besas?

–¡Es la palabra de Dios!

–¡Pero no es Dios!, y tú mismo dices que sólo a Dios hay que adorar.  Así que tú mismo haces un culto de veneración o respeto a algo que llamas «Santa» Biblia (señalando el nombre de la Biblia de Teodoro).

–Uso la Biblia, pero yo le hablo a Dios.

–Pues lo mismo hacemos nosotros con las imágenes.   Leamos un texto del Magisterio: «deben tenerse y conservarse, señaladamente en los templos, las imágenes de Cristo, de la Virgen Madre de Dios y de los otros Santos y tributárseles el debido honor y veneración, no porque se crea que haya en ellas alguna divinidad o virtud, por la que deba dárseles culto, o que haya de pedírseles algo a ellas, o que haya que ponerse la confianza en las imágenes, como antiguamente hacían los gentiles, que colocaban su esperanza en los ídolos, sino porque el honor que se les tributa, se refiere a los originales que ellas representan; de manera que por medio de las imágenes que besamos y ante las cuales descubrimos nuestra cabeza y nos prosternamos, adoramos a Cristo y veneramos a los Santos, cuya semejanza ostentan aquellas».  ¿Está claro?

–Ese es un libro de los hombres.   A mí dímelo con la Biblia.

–Con la Biblia: Josué 7,6-7.   Léelo.

–Josué… se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel; … Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, …?

¡Allí está!…  Josué está orando postrado delante del arca de la alianza.   Y el arca de la alianza estaba conformada de una caja de madera de acacia recubierta de oro y de las imágenes de los querubines que estaban sobre ella.

–Pero él está orando a Dios.

–Pues lo mismo nosotros.   Cuando oramos delante de un crucifijo, delante de un altar o con la Biblia, oramos a Dios.   La imagen, el altar o la Biblia son sólo signos o símbolos que nos recuerdan a Dios.   El culto que se les da a esas cosas no es para la madera, el metal o el papel de que están hechas, sino para quien representan.

–A Cristo solamente debemos invocar, no a los santos, porque Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres: 1 Tm 2,5.

–Ese es otro tema: la intercesión de los santos.  Ahorita dediquémonos sólo a la licitud o no licitud, de usar imágenes en el culto.[4]

–En mi templo no hay imágenes, porque Cristo dijo en Jn 4,23-24: los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; … Dios es espíritu, y los que lo adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren… no dijo «con imágenes», sino en espíritu.

–Te estabas tardando en sacarme ese texto, pero te digo tres cosas, aguántame el corte:

1º En ese texto, no se está haciendo una contraposición entre espíritu e imágenes, las imágenes no se mencionan ni es el tema.

2º Jesús dice que se adorará a Dios en «espíritu y en verdad» para decirle a la Samaritana que en el futuro habrá una adoración interior verdadera, y ya no será necesario hacer la adoración en  los templos de Jerusalén o del monte Garizim, porque se hará desde el nuevo templo que será Cristo mismo (Jn2,19; Ap 21,22).   Y una segunda interpretación podría ser que la adoración se hará con el Espíritu santo, que es el Espíritu de la verdad (Jn 14,17; 15,26); o con el Espíritu Santo y Cristo, quien también es la verdad (Jn 14,6).   Pero aquí nada dice de que estén prohibidas las imágenes.

3ºTampoco puedo aceptar que Jesús esté hablando contra las imágenes, porque El mismo iba al templo de Jerusalén, a un templo lleno de imágenes…  según lo dice 1 Reyes capítulos 6 y 7.  Y en el capítulo 8, cuando se consagró ese templo, la gloria de Dios, en forma de nube, se hizo presente, llenando totalmente el templo…  O sea, ese templo con imágenes, fue algo realmente querido por Dios.

–Quizás en la antigüedad pudo ser útil ese templo, pero ahora, hoy en día, usar imágenes, sólo sirve para crear confusión idolátrica, …ya ves lo que pasó a mi hermanita Inocencia.   ¿No sería mejor que quitaran ustedes el uso de sus imágenes?

–No, no, no.  El uso de la imagen es algo connatural en nosotros: siempre estamos «imaginando», es decir, estamos creando imágenes mentales constantemente: al leer la Biblia, imaginamos las escenas que ahí se narran; al mirar el mundo vamos archivando millones de imágenes; al recordar a alguien, para inventar algo, para facilitar el aprendizaje y, hasta para divertirnos usamos imágenes en dibujos o videos.   Y Dios mismo se ha comunicado a los profetas con visiones, que son imágenes (Cfr. Dn 8,1ss; Ez 40,2ss; Ap 4,1ss; …).   Entonces, si usar imágenes es algo connatural a nosotros y las usamos para todo, ¡cómo no usar imágenes para darle gloria a Dios!

–Yo he escuchado a algunos católicos que dicen: «Vamos a adorar a la Virgen», y también cuando era niño mi abuela me llevaba al templo católico y señalando la imagen de un Cristo muerto me decía: «ahí está Dios».   Con esa forma de hablar, ¿cómo no pensar que son idólatras?[5]

–Estoy de acuerdo, sería muy conveniente hablar correctamente:  «Vamos a venerar a la Virgen», y decir ante el crucifijo «ahí está la imagen de Dios», pero en el lenguaje del amor ordinariamente no somos precisos… Por ejemplo: quizá tu mujer te ha dicho: «te adoro Teodoro», y no eres Dios.

–(Teodoro reflexivo) O sea que lo que hace que algo sea ídolo es más que todo mi actitud interior: si yo creo que alguna cosa es Dios entonces se convierte en ídolo, pero si no, no.

–Así es.  Recuerdas el becerro de oro que adoraron los israelitas…

–Fue destruido por Moisés.

–Fíjate, pero no fueron destruidas las estatuas de los doce bueyes que cargaban la gran vasija del agua de las purificaciones en el atrio del templo (Cfr. 1 Re 7,25 ó 2 Cro 4,4)… El problema no fue la edad del animal: que era becerro y no buey; ni que era de oro y no de bronce como aquellos, sino la actitud de las personas, que dijeron: «este es tu Dios, que te sacó de Egipto» (Cfr. Ex 32,8).

–Entiendo, …entiendo…   ¡Me gusta, me gusta platicar contigo!

–A mí también…   Dios te bendiga.

–Oyes, pero no sólo de Palabra de Dios vive el hombre, sácate una botanita…

–Es que nos apasionamos y ni me acorde de ofrecerte algo… ¡Oh! ya se me anda rompiendo la Biblia…

–Por el uso, por el uso.

 

 

 

 

NOTAS ADICIONALES:

 

~San Juan Damasceno defendía el uso de las imágenes en las iglesias diciendo: «lo que la Biblia es para las personas instruidas, lo es la imagen para los analfabetos; y lo que es la palabra para el oído, lo es la imagen para la vista».   (Defensa de los iconos, Discurso 1, PG 94,1248).  Resultan ser como el «catecismo de los pobres».

 

~Son expresión estética de la fe que profesa la Iglesia.
~Los primeros cristianos tenían imágenes en las catacumbas: el pez, Cristo como buen pastor (cargando una oveja sobre sus hombros), el pavo real (símbolo de inmortalidad) etc.
~En la Carta Apostólica «Duodecimum Seculum» el Papa Juan Pablo II habla sobre las imágenes,.. Entre otras cosas dice que sirven para sostener la oración y la devoción de los fieles… el honor tributado a la imagen va dirigido a quien representa…son útiles para los iletrados… También recordando a los iconoclastas de la antigüedad que querían destruir toda imagen (siglos V,VII y VIII), dice que su error estaba en poner en duda la visión cristiana de la realidad de la Encarnación: que Dios se ha hecho carne, visible, palpable (1 Jn 1,1; Col, 1,15; Jn 1,14; Jn 1,29), que así es su plan salvífico.
~Por esto último que cito del Papa, puedo preguntar: ¿si Dios ha querido hacerse visible y palpable, qué autoridad tenemos nosotros para querer “espiritualizar” el culto, prohibiendo las imágenes?
~También se suele acusar a los católicos por el hecho de llevar las imágenes en procesión… podemos citarles 2 Sam 6, donde el rey David y todo el pueblo llevan con música, cantos y baile el arca de la alianza.
~Como dicen que “adoramos” las imágenes porque las tocamos, besamos y nos inclinamos ante ellas… si eso es “adorar” para ellos, entonces podemos preguntarles: ¿Usted adora a Dios?… dirá que Sí… Entonces, ¿usted lo ha besado, lo ha tocado con sus manos?… Porque si no, entonces usted no adora a Dios (¡!)…o acaso usted ¿si besa y toca a su esposa? …entonces usted es un ¡idólatra! … Y si usted estuviera paralizado, como no podría inclinarse…jamás podría adorar a Dios (¡!)…

Así dejamos claro que «adorar» no es un conjunto de actitudes externas, sino una intensión o actitud interna, la cual es invisible para los demás.   Juzgan por apariencias.

 

~En cuanto a la veneración religiosa, es decir, el respeto dado a las cosas y personas relacionadas con Dios, sepan que, precisamente porque adoramos realmente a Dios, por eso es que también respetamos a todo lo que de un modo especial, se relaciona con El… los ángeles, la Virgen, el templo, el altar, la Biblia, las imágenes sagradas, etc.  Es decir, la veneración religiosa brota de la misma adoración verdadera a Dios.   Y si alguien dice que adora a Dios, pero no respeta a lo que de un modo especial se relaciona con El, entonces cabe preguntarse:  ¿qué tan verdadera es su adoración?

Anécdota: Saúl quería matar a David…, pero David guardando un respeto profundo a Dios, respetaba también a Saúl, llamándolo «ungido de Yahveh» (1 Sam 24,7-11).

 

~¿Por qué respetamos a las personas buenas llamadas “santos”?  Porque Dios se lució en ellos; son obra bellísima de la gracia de Dios… «al honrar esa obra de arte, honramos al Artista», ya que la santidad es obra en primer lugar de Dios: Gal 5, 22; Ez 36,25-27; Fil 2,13; 4,13; 1 Cor 15,10; Heb 13,20-21; etc.   Por eso los admiramos y tenemos sus imágenes, y esperamos anhelantes que Dios haga algo semejante en nuestras vidas.

 

~Los hermanos «esperados» gustan subrayar el valor de la palabra, y a los católicos nos gustan mucho las imágenes y los signos.   Pero no hay contradicción en el binomio PALABRA-IMAGEN, sino que se complementan: por la Palabra, la Biblia, que entra por el oído se nos lleva a la fe; y por las imágenes, las figuras y los signos, que entran por la vista se nos invita a la contemplación y al recuerdo de los misterios salvíficos.  Este sabio equilibrio lo vemos patente en la celebración de los Sacramentos, donde siempre hay Palabra y signo.

 

 

 

 

 


[1] Ningún esposo acusa a su esposa de infidelidad con una simple fotografía…la acusación se hace solo respecto de otro hombre… Dios no está enfermo para estar celoso, de simples imágenes de El…al contrario.  Un hombre se pone celoso de otro hombre, y Dios de otro dios; pero aquí con nosotros sólo El reina.  Tampoco podemos pensar que Dios esté celoso de sus propios hijos, cuando se invoca la intercesión de los santos, porque sería estar celoso de que sus hijos, como buenos hermanos, se quieran y ayuden entre sí, …un absurdo.

[2] Podemos agregar aquí:  Si hacer imágenes fuera algo intrínsecamente pecaminoso, Dios NUNCA mandaría hacerlas, ya que el pecado no es un acto arbitrario de Dios (que sea pecado cuando Dios quiere, y cuando no, no); el pecado es fruto del libertinaje del hombre.   Pecado, no es el mero hecho de hacer o tener imágenes, sino la idolatría, que sí es algo intrínsecamente pecaminoso y que Dios nunca mandaría.   ¿Y qué es la idolatría? Creer que una imagen es Dios o que es imagen de otro Dios.

 

 

[3] La imagen de la serpiente de bronce como «señal de salvación», también lo vemos en Jn 3,14 donde Cristo mismo se compara con aquella.

 

[4] Cfr. Estudio sobre 1 Tm 2,5 sobre la intercesión en video:   http://www.youtube.com/watch?v=3QH1a3Ol6eo

[5] Hasta en la misma Biblia se habla así: Jos 5,14… Josué “adoró” a un ángel… (aún en la Biblia protestante Reina-Valera).