El culto a la «Santa Muerte» en México: entre falsa religiosidad, ignorancia y violencia

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La difusión del culto a la «Santa Muerte» continúa en ascenso. Iniciado en los años 90’s en la república mexicana, se ha extendido en la vasta geografía de nuestro país y más allá de nuestras fronteras, interpelando a investigadores sociales, comunicadores y agentes de pastoral.
 
Por el P. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap
 
Falsa religiosidad, ignorancia religiosa y superstición
El culto a la así llamada «Santa Muerte» es un fenómeno complejo, que se enmarca en la religiosidad popular de fuerte impronta católica, en un marco de ruptura con la jerarquía eclesiástica, que combate frontalmente este culto en diversas alocuciones, aunque no de manera estructurada.
En efecto, como señala Kali Argyriadis[1], las ceremonias colectivas que se celebran en su honor se parecen mucho a los rituales católicos, en particular los llevados a cabo por aquellos a quienes podemos denominar “agentes para-eclesiales”[2] y que, generalmente, tienen una relación ambigua con la jerarquía de la Iglesia:
Los grupos de rezo, encabezados por un líder (en general el dueño del altar en cuestión o de la estatua principal), organizan rosarios en casa o tiendas particulares, desbordando a veces en el espacio callejero, en los cuales se recitan el Padre Nuestro y el Ave María, numerosas oraciones católicas (Pescador de hombres, Juntos como hermanos, Sáname Señor con tu espíritu…), transformando en particular las oraciones a la Virgen en oraciones a la Santa Muerte. También se recurre al cancionero popular de la misma forma (Amigo de Roberto Carlos transformado en Amiga; Te lo pido por favor de Juan Gabriel; Señora Señora, de Denisse de Kalafe; Yo quiero ser tu marido de Vicente Fernández…). A menudo, se les pide a los participantes que expresen públicamente su agradecimiento a la Santa en forma de “testimonios”, donde rinden cuenta de los milagros atribuidos a su poder[3].
Para sus devotos, la «Santa Muerte» es una figura polisémica y plurifuncional y cultivan hacia esta extraña figura una relación de interdependencia e inmanencia, dirigiéndose a la «Santa Muerte» como si se tratara de un ser querido o un pariente cercano, con una relación similar a la que cultivan con la Virgen de Guadalupe, Cristo, San Judas Tadeo, San Antonio de Padua y otros personajes del santoral católico. Contrario a lo que podría esperarse, no experimentan hacia la «Santa Muerte» el temor que inspira a las personas ajenas a este culto:
Como “abogada justa ante Dios” (ya que se lleva a todos sin distinción de clase, color o género), se le pide consuelo, intercesión y ayuda ante los infortunios de la vida; a cambio de fervor se espera de ella milagros. Sus devotos la aman profundamente, y cada uno proyecta sobre ella sentimientos y personalidades particulares. Como prueba de su fe, la tratan con gran cariño: le ponen ofrendas consideradas de su gusto (flores, romero, dulces, chocolates, manzanas, cigarros, licores…), la visten como una reina cambiando sus vestidos y coronas en cada ocasión ritual importante, besan su manto, le estrechan la mano, alaban su belleza, la cargan en procesiones, la mecen y bailan con ella en la parte festiva de las ceremonias. A veces, cuando se sienten desesperados, también la regañan o la amenazan[4].
Como sucede a menudo en la religiosidad popular católica no suficiente evangelizada y purificada, tal como pide el Magisterio de la Iglesia[5], en el culto a la «Santa Muerte» se realizan también rituales de purificación y curación, conocidos popularmente como limpias, y frecuentemente se le solicita trabajos de magia, inclusive trabajos ofensivos llamados de “magia negra”, aunque no todos sus devotos acepten o reconozcan hacerle este tipo de peticiones.
Conviene señalar que el culto a la «Santa Muerte» se ha nutrido de los más variados elementos, provenientes de la santería y otros ritos afro-americanos, de prácticas consideradas prehispánicas y de todo el fenómeno tan extendido del curanderismo y aún de la llamada New Age, de esoterismo, magia blanca y magia negra. Eso explica por qué los investigadores sociales de este fenómeno hablen del culto a la «Santa Muerte» como un “culto caníbal”[6], caracterizado por la “voracidad semiótica”[7], porque devora y fagocita los sentidos de otras tradiciones. Esto explica también su amplia difusión y su versatilidad.
Además de su voracidad simbólica, la expansión del culto a la «Santa Muerte» se explica por la lógica mercantil, pues el culto a la «Santa Muerte» se ha difundido gracias a estrategias de mercadeo y a promesas de prosperidad económica para sus devotos. Por otra parte, el dinamismo del ritual con que se da culto a la «Santa Muerte», que puede ser fácilmente reproducido y reelaborado según los intereses y necesidades particulares de los guías y los devotos, con un amplio margen de espontaneidad, emotividad y creatividad:
Los ritos varían de acuerdo con el devoto. Ahumar la imagen con un puro, ponerle un cigarro en la mano, ofrecerle un vaso de tequila o mezcal, colgarle rosarios al cuello, poner a sus pies armas, el escudo del equipo favorito de futbol, llenarla de billetes o joyas, acercarle la foto del amante codiciado, son algunas de las prácticas que podrían resumirse en el hecho de ofrecer a la Santa Muerte los placeres que el fiel desea para sí. Otros elementos y colores usados, manzanas, cuarzos, infusiones de plantas son más bien los que el esoterismo de los libros de oraciones y los altares virtuales (internet) han universalizado[8].
La creciente difusión en amplios sectores del catolicismo revela una profunda ignorancia religiosa, que cuestiona fuertemente la eficacia del proceso evangelizador. Como puede notarse fácilmente, muchas creencias y prácticas que se dan en el culto a la «Santa Muerte» se enmarcan en el terreno de la superstición, que es una creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón, como producto de ignorancia o de un vacío espiritual.
Aclarar las creencias populares es un desafío que se debe enfrentar para evangelizar adecuadamente. Sin duda es una tarea complicada pero entusiasmante que vale la pena enfrentar[9].
¿Es violento el culto a la «Santa Muerte»?
La impresión general que se tiene sobre el culto a la «Santa Muerte» es que se trata de un culto violento, al que mayormente se adscriben personas que se dedican al crimen organizado[10]. Se habla incluso de sacrificios humanos y se presenta a la «Santa Muerte» como la “santa” de los narcos y los criminales. Si bien esto es cierto en algunos casos, lo indiscutible es que también participan de este culto
«personas comunes, quienes no contribuyen a la violencia exacerbada como amas de casa, funcionarios, docentes, personas con negocio propio, etcétera; y quienes se han acogido a La Santa Muerte como una opción más a las lealtades que ya tienen, o bien ésta ha sustituido por entero a las anteriores»[11].
Sin embargo, no resulta difícil coincidir con Pilar Castells Ballarin en que, si bien es cierto que:
La Santa Muerte no abandera necesariamente la violencia exacerbada, pues quienes piden y legitiman muertes ajenas son pocos en relación con la gran masa de creyentes. Sin embargo, hay un elemento de violencia incluso en la relación individual más inocente con La Santa Muerte. En primer lugar porque la muerte perfila una amenaza a la vida, y ostentar a La Santa Muerte en el cuerpo impone temor o, al menos por instinto, una distancia o un interés distante y cargado de interrogantes. No ocurre la misma reacción con la imagen de la Guadalupana, por citar una figura amable. Por el contrario, La Santa Muerte ejercería una fuerte dosis de control social usando el miedo que pueda producir como revulsivo para quien la carga. Al mismo tiempo, frente a la percepción general de inseguridad, La Santa Muerte organizaría el espacio vital a favor de las demandas de sus creyentes[12].
Ahora bien, existen dos tipos de practicantes que tienen interés en propagar a la «Santa Muerte» como una figura violenta, investida incluso de una “máscara satánica”.
Estos devotos lo hacen porque les confiere un aura de poder provechosa para su actividad:
  1. los profesionales que comercializan los productos derivados del culto en los mercados, en tiendas especializadas y en internet. ¿Por qué este interés? Porque este espacio mercantil y competitivo estructura en parte la organización ritual del culto a la «Santa Muerte»;
  2. ciertos miembros de pandillas reinterpretarían a propósito la «Santa Muerte» como una intermediaria de Satanás a quien convendría ofrecer sacrificios humanos. Esto lo afirma Pilar Castells Ballarin, basándose en una entrevista con un miembro de la Mara Salvatrucha 13 realizada en 2006.
Paolino Acolla, por su parte, enuncia la hipótesis de que se trata de una estrategia deliberada de los narcos, que utilizarían esta imagen de la «Santa Muerte» como interfaz con la sociedad para fomentar el temor, al igual que las narcomantas, la mutilación de los cuerpos o la colocación de vídeos de ejecuciones y de torturas en la red[13].
Podemos concluir que hay personas que viven al margen de la legalidad y se acomodan muy bien con estas representaciones violentas de la «Santa Muerte», y a menudo las refuerzan a su conveniencia.
Conclusión
El culto a la «Santa Muerte» representa uno de los desafíos pastorales más urgentes por su crecimiento exponencial. Es necesario apuntar que, para una adecuada respuesta pastoral a este fenómeno, conviene tener presente que el culto a la «Santa Muerte» se inscribe en un contexto muy peculiar del catolicismo, especialmente del catolicismo mexicano, cuyas características más notorias son las siguientes:
  • Un proceso de diversificación religiosa. Aunque se trata de una tendencia global, en México y América Latina se presenta con estas peculiaridades: a) descenso del catolicismo; b) crecimiento geométrico de los grupos proselitistas y c) aumento exponencial de los que se declaran sin religión[14].
  • Ambigüedad de lo que hoy significa ser católico. Guillermo de la Peña ha señalado que “bajo el nombre de ‘católicos’ ahora se agrupan los ortodoxos, los populares, los fundamentalistas, los progresistas, los radicales, los carismáticos y, en tiempos recientes, se han sumado las variedades New Age”[15]. En términos parecidos se ha expresado Renée de la Torre en su investigación “El catolicismo: ¿un templo en el que habitan muchos dioses?”[16].
  • Tendencia a la desterritorialización de las comunidades de creyentes y a la desregulación parroquial, que motiva que la parroquia deje de ser el centro de la vida espiritual. Pues bien, esta tendencia favorece que aparezcan nuevas –o tradicionales– formas de organización religiosa que no se concentran en el espacio de control eclesial y que funcionan con otras rutinas y ritmos.
  • Tendencia a la desinstitucionalización e individuación. Es el fenómeno de los que se denomina cristianos sin Iglesia, que implica creer sin pertenecer. El sincretismo religioso y la religión a la carta constituyen una manifestación evidente de este debilitamiento de la creencia y de la pertenencia religiosa.
Como apunta Kali Argyriadis ya en el título de su ensayo, las personas que dan culto a la «Santa Muerte» se consideran católicas, apostólicas y no-satánicas. Esto nos da la pauta para iniciar de una manera más estructurada una labor de acercamiento pastoral a ellas.
El culto a la «Santa Muerte», como toda expresión de religiosidad popular, tiene los siguientes elementos: lo mágico (suprarracional, intuitivo), lo simbólico y lo imaginativo, lo místico (emotivo, vivencial), lo festivo y lo teatral (representativo, celebrativo), el humor y la crítica, lo comunal (asociativo) y lo político (lucha por la libertad). En síntesis, podemos decir que, como toda manifestación de religiosidad popular, manifiesta aspectos positivos y negativos.
En este contexto conviene recordar que, para la mayoría de los devotos, el superior jerárquico de la «Santa Muerte» es el Dios católico, como lo confirman los estudios etnográficos, que no se consideran como opositores a la Iglesia Católica o al Estado[17] y sienten especial devoción a la Virgen de Guadalupe, san Judas Tadeo y otros miembros del santoral católico, además de una reverencia especial a los ministros sagrados de la Iglesia católica. Urge, por tanto, una evangelización integral que los lleve a una plena adhesión a la fe católica. Se trata, por tanto, de una asignatura pendiente.
[1] Cfr. Kali Argyriadis, «Católicos, apostólicos y no-satánicos»: Representaciones contemporáneas en México y construcciones locales (Veracruz) del culto a la Santa Muerte, en Revista Religión y Cultura, Vol. VIII/Nº1/enero-junio 2014/ pp. 191-218.
[2] Por agentes para-eclesiales entendemos “instancias que administran los bienes simbólicos sin adscripción legítima oficial a la institución eclesial – aunque sin quebrar radicalmente con ella – y que reconfiguran de manera semi-autónoma los contenidos, circuitos y forma de la práctica religiosa” (Cfr. Hugo José Suárez Suárez, «Peregrinación barrial de la Virgen de San Juan de los Lagos en Guanajuato». Archives de sciences sociales des religions. 142:88, 2008.
[3] Cfr. Kali Argyriadis, «Católicos, apostólicos y no-satánicos»: Representaciones contemporáneas en México y construcciones locales (Veracruz) del culto a la Santa Muerte, en Revista Religión y Cultura, Vol. VIII/Nº1/enero-junio 2014/ pp. 191-218.
[4] Cfr. Kali Argyriadis, «Católicos, apostólicos y no-satánicos»: Representaciones contemporáneas en México y construcciones locales (Veracruz) del culto a la Santa Muerte, en Revista Religión y Cultura, Vol. VIII/Nº1/enero-junio 2014/ pp. 191-218.
[5] Cfr. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la Liturgia. Principios y Orientaciones. Ciudad del Vaticano 2002.
[6] Cfr. Juan Antonio Flores Martos, «La Santísima Muerte en Veracruz, México: vidas descarnadas y prácticas encarnadas», en Flores Martos, Antonio, Abad González, Luisa (coord.). Etnografías de la muerte y las culturas en América Latina. Cuenca. Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, p. 292.
[7] Cfr. Piotr Grzegorz Michalik, «Death with a Bonus Pack». Archives de sciences sociales des religions. 153:165, 2011.
[8] Blanca Estela Bravo Lara, «Bajo tu manto nos acogemos: devotos a la Santa Muerte en la zona metropolitana de Guadalajara». Revista Nueva Antropología. Vol.26 no.79 México jul./dic. 2013.
[9] Yo he intentado hacerlo de una manera popular y catequética. Cfr. Jorge Luis Zarazúa Campa, La Santa Muerte, el mal de ojo y otras supersticiones, Ediciones Apóstoles de la Palabra, México 32011, 144 pp.
[10] «La Santa Muerte como fenómeno clandestino, se generó por un grupo muy acotado de feligreses, de seres humanos despojados de su civilidad, de delincuentes menores, asesinos, rateros, gente humilde que por generaciones ha sido determinada por las enfermedades espirituales de la indiferencia», Raúl René Villamil Uriarte; José Luis Cisneros, «De la Niña Blanca y la Flaquita, a la Santa Muerte. (Hacia la inversión del mundo religioso)». El Cotidiano, núm. 169, septiembre-octubre, 2011, pp. 29-38.
[11] Pilar Castells Ballarin, «La Santa Muerte y la cultura de los derechos humanos». Revista LiminaR. Estudios sociales y humanísticos, año 6, vol. VI, núm. 1, junio de 2008, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, p. 14.
[12] Pilar Castells Ballarin, «La Santa Muerte y la cultura de los derechos humanos». Revista LiminaR. Estudios sociales y humanísticos, año 6, vol. VI, núm. 1, junio de 2008, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, p. 14.
[13] Cfr. Kali Argyriadis, «Católicos, apostólicos y no-satánicos»: Representaciones contemporáneas en México y construcciones locales (Veracruz) del culto a la Santa Muerte, en Revista Religión y Cultura, Vol. VIII/Nº1/enero-junio 2014/ pp. 191-218.
[14] Véase, por ejemplo INEGI, 2005, La diversidad Religiosa en México – XII Censo General de Población y Vivienda 2000, Aguascalientes, INEGI. Iguales tendencias se perciben en el XIII Censo General de Población y Vivienda 2010.
[15] Guillermo De la Peña, 2004, «El campo religioso, la diversidad regional y la identidad nacional en México», Relaciones, (Otoño), XXV-100.).
[16] En Patricia Fortuny (coord.), Creyentes y creencias en Guadalajara, Guadalajara, Ediciones CIESAS-CONACULTA-INAH, pp. 101-131.
[17] Cfr. Kali Argyriadis, «Católicos, apostólicos y no-satánicos»: Representaciones contemporáneas en México y construcciones locales (Veracruz) del culto a la Santa Muerte, en Revista Religión y Cultura, Vol. VIII/Nº1/enero-junio 2014/ pp. 196-197.
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