La realidad eclesial a examen

La realidad eclesial a examen

PRESENTACIÓN GENERAL al libro
La realidad eclesial a la luz de la Palabra de Dios,
del padre Amatulli.

El padre Amatulli ha iniciado una serie de escritos bajo el título «La realidad eclesial a la luz de la Palabra de Dios». Publicados originalmente por separado, ahora se reúnen en este volumen.

Pues bien, en estos escritos el padre Amatulli nos sumerge en esta categoría tan suya, denominada precisamente «realidad eclesial» y lo hace desde una triple perspectiva, que vale la pena tener en cuenta, por su pertinencia en esta hora de gracia en la vida de la Iglesia.

La primera de ellas es eminentemente personal y nos permite asomarnos a su interioridad, para conocer de primera mano cómo está viviendo una etapa inédita en su vida, bajo el signo de la enfermedad, un cáncer de próstata que se ha extendido a sus huesos(cfr. p. 76).

El padre Amatulli nos comparte las lecciones que está asimilando, asociado a la Pasión de Nuestro Señor y nos explica, desde su experiencia, cómo sufrir con Cristo, no sólo desde la teoría y la reflexión teológica, sino desde su vivencia personal, dondeestá descubriendo cada día el valor salvífico del sufrimiento, libremente aceptado por amor a Cristo y unido íntimamente a Él.

Por otra parte, para el padre Amatulli, esta nueva etapa de su vida es un periodo de reflexión y sufrimiento purificador (cfr. p. 77; p. 147), después de un apostolado compulsivo que, sin embargo, se resiste a dejar del todo, pues en la medida de sus fuerzas sigue viajando a ciertos lugares y aceptando algunos compromisos. Además, sigue reflexionando y poniendo por escrito sus reflexiones. En realidad, su propósito es morir como un soldado valiente en el fragor de la batalla (cfr. p. 77).

Su experiencia personal se inscribe también en la «realidad eclesial» pues el padre Amatulli es un testigo privilegiado de la vida de la Iglesia, a la que ama entrañablemente, de manera tal que siempre ha manifestado la sollicitudo omnium Ecclesiarum (lapreocupación por todas las Iglesias), según la feliz expresión de San Pablo (cfr. 2Cor 11, 28).

La segunda perspectiva se dirige a cada católico en lo particular, invitándolo a tomar en serio nuestra fe cristiana, recordando que la meta final de nuestra existencia es la vida eterna, señalando el deber que tiene cada bautizado de ser un auténtico discípulo de Cristo, invitándonos a recorrer el itinerario completo de la piedad y religiosidad católica (cfr. pp. 139-141), que culmina en ser discípulos y misioneros de Cristo.

Desde esta perspectiva, nos hace distintos cuestionamientos, para examinar nuestra propia realidad. En efecto, la realidad eclesial atañe a cada uno de nosotros en lo personal. Se trata de hacer despertar la Iglesia en nuestras almas, de la cual cada uno de nosotros es una piedra viva (cfr. 1Pe 2, 5; 1Cor 12, 27). En realidad, la Iglesia no es algo ajeno a nosotros. Parodiando a san Pablo, podemos señalar que en ella “vivimos, nos movemos y existimos” (cfr. Hch 17, 28a).

La tercera perspectiva se refiere a la vida de la Iglesia como institución, presentando los cambios que la Iglesia requiere implementar para cumplir cabalmente con la misión que le encomendó su Divino Fundador. Es un tema que preocupa sensiblemente al padre Amatulli, pues percibe a una Iglesia en bancarrota, que pierde feligreses que se apartan para adherirse a los grupos proselitistas, o que pertenecen a ella sólo nominalmente. Son cambios necesarios, que urge implementar en la Iglesia. Aquí, nuevamente, el padre Amatulli pasa revista a distintos problemas que existen en la comunidad eclesial, aportando las soluciones que considera más oportunas.

Pues bien, este triple examen de la realidad eclesial debe hacerse a la luz de la Sagrada Escritura. En efecto, las Escrituras no sólo dan testimonio de Jesús (cfr. Jn 5, 39), sino que nos revelan el proyecto salvífico de Dios (1Tim 2, 4; Jn 3, 16; Jn 10, 10b), encomendado a la Iglesia (Ef 3, 9-10).

Para el padre Amatulli, lo que presenta la Biblia, especialmente en el Nuevo Testamento, es paradigmático para la Iglesia (cfr. 1Cor 10, 1-11), en todos los tiempos y lugares. La Sagrada Escritura es el espejo en que debemos mirarnos para descubrir silo que vivimos corresponde o no a la voluntad de Dios. Su propuesta: Todo debe ser examinado a la luz de la Sagrada Escritura (cfr. p. 171).

P. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap

Quetzaltenango, Guatemala;

a 22 y 23 de junio de 2017.

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