Los grupos proselitistas: Empresas religiosas

Lo que importa es aumentar el grupo y hacer más rentable el “business” (negocio). No interesa la fidelidad a Cristo, a su Evangelio y a su Iglesia. Por eso hay tantos grupos proselitistas. Es la ley de la demanda y la oferta.

La religión como asunto público
Antiguamente cada pueblo tenía “su” religión. Esta representaba el alma del pueblo y expresaba sus valores más profundos, sus enigmas y aspiraciones. Cualquier atentado contra la religión era considerado como un atentado contra el mismo pueblo y, por lo tanto, el culpable se hacía merecedor de los más grandes castigos.
En Grecia por ejemplo, el grande filósofo Sócrates (470-399 a.C) fue condenado a muerte por un motivo religioso. Al enseñar a los jóvenes a razonar, los empujaba a “dudar” de ciertas creencias religiosas, lo que le mereció la muerte.

Persecución
Roma de por sí se consideraba tolerante en campo religioso hacia todos los pueblos sometidos. Les permitía seguir con sus “dioses”, a condición de que aceptaran la superioridad de la religión romana, en la que la misma Roma era considerada como divinidad suprema.
Cuando el general Pompeyo (63 a.C.) anexó a Roma la provincia de Judea, se presentó el problema religioso, puesto que los judíos se rehusaban a reconocer a otro dios que no fuera Yavé. Sin embargo pronto se solucionó el problema, puesto que de por sí los judíos no eran proselitistas, sintiéndose satisfechos por ser solamente ellos el “pueblo elegido”. Por eso Roma con facilidad les permitió que siguieran con sus creencias religiosas, puesto que no representaban ningún peligro para los demás.
El problema se hizo grande, cuando apareció el cristianismo, con un ansia misionera incontenible. A Roma le pareció que esto podía representar un serio peligro para el futuro del imperio, puesto que la nueva religión miraba a socavar los mismos cimientos del estado, representados por su religión. Por eso respondió con una feroz persecución, que duró casi trescientos años con continuos altibajos.

Religión oficial
Por fin, el año 313 d.C. el emperador Constantino decretó la libertad de culto, al constatar la inutilidad de la persecución, puesto que de todos modos la nueva religión prosperaba cada día más y al darse cuenta de que lograba formar a ciudadanos honestos y laboriosos, amantes de la patria y el progreso.
Fue tanto el entusiasmo por hacerse cristiano, que en poco tiempo casi todos los ciudadanos romanos se integraron a la Iglesia, quedando pocos seguidores del antiguo culto. Estos normalmente habitaban en los pueblitos alejados de la civilización. Desde entonces se empezó a utilizar la palabra “pagano” (pagus = aldea) en el sentido de no cristiano.
Teniendo presente esta nueva realidad, pronto el catolicismo fue considerado como religión oficial del imperio. Al caer este (476 d.C.) y surgir los nuevos reinos, que tomaron su lugar, se siguió considerando el catolicismo como religión oficial.
Basándose en la antigua costumbre de considerar la religión como un asunto público y no privado, poco a poco se llegó a formular el siguiente principio jurídico: “Cuius regio, eius et religio” (= de quien es la región, del mismo es la religión), según el cual, el súbdito estaba obligado a tener la religión del rey. Donde el rey era católico, todos estaban obligados a ser católicos; donde el rey era luterano, todos estaban obligados a ser luteranos; donde el rey era anglicano, todos estaban obligados a ser anglicanos, etc. Para los que no querían obedecer se aplicaba pena de muerte.

Libertad religiosa
En las regiones católicas, normalmente no hubo grandes problemas al respecto. Donde sí hubo grandes problemas, fue en los países gobernados por reyes protestantes o anglicanos. Siguiendo el principio luterano de la libre interpretación de la Biblia pronto empezaron a surgir grupos de creyentes inconformes con la religión oficial, provocando una fuerte represión de parte de los gobierno.
Para escapar de la persecución y poder vivir su fe en paz, muchos huyeron a las colonias inglesas de Norteamérica. Estando allí gente que por lo general estaba huyendo de la persecución a causa de su fe, establecieron el principio de la libertad religiosa, que, al independizarse Estados Unidos de Inglaterra, se volvió en ley.
Ya de por sí en Europa muchos pensadores estaban luchando en la misma dirección. De esta manera, poco a poco el principio de la libertad religiosa se fue abriendo paso hasta volverse en un principio universal, con raras excepciones, especialmente en campo musulmán.

Explosión de los grupos proselitistas
Hasta aquí todo parece lógico y positivo. El problema surgió cuando se empezó a considerar la religión como un “negocio” cualquiera, una empresa de tipo comercial, hecha de demanda y oferta, mercadotecnia y búsqueda del “lucro” como elemento determinante.
Ya no importa el sentido de la fidelidad a Cristo, su Evangelio y su Iglesia. Lo que importa es aumentar la membresía, conquistar a la gente a como dé lugar y recaudar bienes lo más posible.
Evidentemente en todo el asunto no faltan personas serias, que buscan a Dios sinceramente; sin embargo, la impresión general es que los fundadores y dirigentes de los grupos proselitistas parecen más empresarios que profetas, más expertos en sicología y en oratoria que en Biblia y ascética.

Regreso a lo sagrado
Después del fracaso de las ideologías y el aburrimiento causado por la búsqueda insaciable del placer, estamos asistiendo a un fenómeno general de regreso a lo sagrado y lo espiritual. Sin embargo, dicho regreso no se está realizando por el camino de las iglesias históricas en el apego a lo racional y revelado, sino como respuesta del mismo hombre a su anhelo de seguridad y búsqueda de sentido a la vida, incursionando en todo, desde la Biblia hasta las religiones orientales, el paganismo, el esoterismo, el ocultismo, la gnosis, la sicología, etc.
Por eso, hoy en día el católico tiene que hacerse más crítico hacia el fenómeno religioso, tomando conciencia de los riesgos que implican un acercamiento a dicho fenómeno sin una preparación específica al respecto. El hecho es que muchos, que al principio parecían muy tolerantes en campo religioso, después de haber adherido ingenuamente a uno de estos nuevos grupos, se volvieron extremadamente sectarios, fanáticos y ferozmente anticatólicos.
¿Qué hubiera pasado si, antes de meterse “a ciegas” en alguno de estos nuevos sistemas religiosos, hubieran conocido algo acerca de la propia Iglesia? Sin duda, no se hubieran dejado convencer tan fácilmente.

Conclusión
Los grupos proselitistas no son tan buenos como parecen a primera vista o nos quieren dar a entender. En ellas hay de todo: buena fe, búsqueda de sentido a la vida, espiritualidad, superación de ciertas actitudes negativas…, pero al mismo tiempo hay también engaño, explotación, alienación y búsqueda de poder.
Por lo tanto, si de veras estamos comprometidos con el hombre concreto, no podemos prescindir de un atento análisis de este fenómeno, que bajo el manto de una profunda religiosidad esconde los intereses más variados, a veces totalmente contrarios a los ideales que se proclaman con las palabras.

¿Murió la Virgen María?

¿Murió la Virgen María?

Por el P. Miguel Ángel Vega León

MARIANO CON SU GUITARRA ENSAYABA PARA EL CORO: Niña que nació limpia de pecado, niña que no murió, sino fue llevaba hacia Dios…
EN ESO LLEGA TOMAS, como siempre, con su laptop bajo el brazo:
―¿Por qué dices que la Virgen no murió? Ella sí murió; si murió Cristo, ¿por qué no Ella?
―Cristo murió porque era el Salvador, la misma Biblia dice que «era necesario» (Lc 24,26). Pero no así con la Virgen. Porque la muerte es consecuencia del pecado (Rom 5), pero nuestra Madre es Inmaculada, así que no tenía por qué morir.
–Pero desde antiguo ya se hablaba de su muerte
 — Se hablaba más bien de la «Dormición» de la Virgen, queriendo decir con ello, que no murió.
― ¡Me gusta tu amor a la Virgen! Pero quiero citarte a nuestro querido Papa Juan Pablo II, de feliz memoria. Deja abrir mi laptop… busco en el periódico del Vaticano… escribo: … murió la virgen María. …Aquí está… en su Catequesis del 25 de junio de 1997 dice el Papa:
–Pero fíjate: el mismo título que pone aquí el Osservatore Romano es «La Dormición de la Madre de Dios».
―No, Mariano, no te aferres a una palabra, veamos el conjunto del documento para que concluyas lo que realmente significa “dormición”. ¿No recuerdas que la misma Biblia dice que los muertos están «dormidos»?
―No me aferro sólo a eso. Hay más Tomás… por ejemplo: yo asisto mucho a la Santa Misa y nunca he oído que se hable de la muerte de la Virgen, al contrario… ya oíste el canto que me estoy aprendiendo: Niña que no murió.
―Mariano, Mariano… Yo sé que tú eres profundo. Razonemos la fe, hagamos teología.
― ¿Y qué quieres que reflexione? El que no haya muerto va muy bien con los demás privilegios que Ella tiene: Inmaculada, Madre de Dios, siempre Virgen. Ya te dije que siendo inmaculada no tenía por qué morir; que al ser Madre de Dios, pues menos. Me faltaría sólo explicarte la consecuencia de su Virginidad: el Catecismo actual de la Iglesia dice que es Virgen «incluso en el parto», en los números 499 y 510; entonces ¿Cómo es posible que aquélla que en el parto superó todos los límites de la naturaleza, se pliegue ahora a sus leyes y su cuerpo inmaculado se someta a la muerte?
―Oh, qué bueno que lo dices, porque el Papa Juan Pablo II, en la mencionada Catequesis, cita a san Juan Damasceno, quien a su vez se hizo la misma pregunta, y el mismo Santo se responde: Ciertamente, era necesario que se despojara de la parte mortal para revestirse de inmortalidad, puesto que el Señor de la naturaleza tampoco evitó la experiencia de la muerte. …
―Presta tu laptop para ver de una buena vez todo lo que dijo el Papa Juan Pablo.
―Calma, calma, mejor yo te lo voy diciendo. Sobre lo que me dijiste de la consecuencia de ser Inmaculada, el Papa Juan Pablo escribe aquí: “El hecho de que la Iglesia proclame a María liberada del pecado original por singular privilegio divino, no lleva a concluir que recibió también la inmortalidad corporal. La Madre no es superior al Hijo, que aceptó la muerte, dándole nuevo significado y transformándola en instrumento de salvación. ” … Ahora yo te preguntaría Mariano: ¿Qué es amar?
―Lo puedo decir en una palabra, amar es «morir».
―Muy bien. Entonces, si la Virgen, aún teniendo el derecho a no morir ¿no te parece que Ella habría renunciado a ese derecho para sufrir juntamente con su Hijo y parecerse en todo a Él? …
―…Estoy llegando a una conclusión: …si acaso murió la Virgen, Ella murió por amor.
―¡Epale, no te adelantes! ¿Por qué eres tan listo? Me robas la idea con la que pienso terminar: morir de amor. El obispo Bossuet así explicaba la Asunción, escucha, escucha… dice: el amor divino trae consigo un despojamiento y una soledad inmensa…porque es necesario desnudarse de todo para ir a Dios, y que no haya nada que nos retenga. Y la raíz profunda de tal separación es esos tremendos celos de Dios, que quiere estar solo en un alma (“si alguno ama a su padre o a su madre o a sus hermanos más que a Mí, no es digno de Mí”). Ya podemos comprender esa soledad inmensa que pide un Dios celoso. Quiere que se aniquile todo lo que no es El. Y, sin embargo, se oculta y no da a ninguno un punto de donde asirlo materialmente, de tal modo que el alma, desprendida por una parte de todo, y por otra, no encontrado aquí el medio de poseer a Dios efectivamente, cae en debilidades y desfallecimientos inconcebibles. Y cuando el amor llega a su perfección, el desfallecimiento llega hasta la muerte. El alma, desprendida de todo anhelo de lo superfluo, es impulsada y atraída hacia Dios con una fuerza infinita, y es esto lo que le da la muerte; porque de un lado, se arranca de todos los objetos sensibles, y por otro, el objeto que busca es tan inaccesible aquí, que no puede alcanzarlo. No lo ve sino por la fe, es decir: no lo ve; no lo abraza, sino en medio de sombras y como a través de las nubes, es decir, que no tiene de dónde asirlo. Y el amor frustrado se vuelve contra sí mismo y se hace a sí mismo insoportable… Así, no fue otra la causa de la muerte de María que… la vivacidad de su amor”.
―Así, sí me gusta la muerte de María. Casi, casi, más que reclamar el milagro de que no muriera, debo decir que fue más bien milagro que siguiera viviendo después de que ascendió su Bien Amado… su Dios y su todo. De seguro Ella estaba siempre muriendo, siempre llamando a su Amado con un anhelo mortal… hasta que un día el Señor vino por Ella… y el corazón le explotó.
―¡Ah Mariano, te pareces a Bossuet! ¡Qué bien lo dices! …Porque si santa Teresa decía «muero porque no muero», y san Pablo llegó a expresar «deseo partir y estar con Cristo», ¿podríamos siquiera imaginar la tensión hacia Dios en el corazón de Ella? …
―Ahora sí termina lo que estabas citando del querido Juan Pablo II.
―“¿Es posible que María de Nazaret haya experimentado en su carne el drama de la muerte? Reflexionando en el destino de María y en su relación con su Hijo Divino, parece legítimo responder afirmativamente: dado que Cristo murió, sería difícil sostener lo contrario por lo que se refiere a su Madre”. …María, implicada en la obra redentora y asociada a la ofrenda salvadora de Cristo, pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad”. O sea que, imitando a Cristo, Ella tomó también sobre sí nuestro castigo y nuestra muerte. Da finalmente, el Papa otro motivo “la experiencia de la muerte enriqueció a la Virgen: habiendo pasado por el destino común a todos los hombres, es capaz de ejercer con más eficacia su maternidad espiritual con respecto a quienes llegan a la hora suprema de la vida”.
―Tomás, amigo… No creí que podría compartir tu punto de vista. Pero ¿y ahora qué hago con mi canto de “Niña que no murió”?
―El “no murió” sería metafórico…como fue el caso de Elías, y el caso de Henoc. Con el “no murió” se expresa su especial grandeza. Pero la liturgia es algo serio y quizá no todos entiendan la metáfora… No sé tú ―cantando como Luis Miguel―, pero yo… lo cambiaría. Bye.

La proliferación de sectas

La proliferación de sectas
en el nuevo documento del Papa Benedicto XVI

De forma breve, pero sustanciosa, Verbum Domini, el nuevo documento pontificio, aborda el problema pastoral de la proliferación de las sectas.

Por el P. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap

La Biblia,
corazón de la actividad eclesial
El 11 de noviembre de 2010 la Santa Sede presentó un nuevo documento pontificio. Se trata de la exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini, sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia. El documento es fruto de los trabajos del Sínodo sobre la Palabra de Dios, que se celebró en la Ciudad del Vaticano del 5 al 26 de octubre de 2008.
El objetivo de la exhortación, según el Santo Padre, es “indicar algunas líneas fundamentales para revalorizar la Palabra divina en la vida de la Iglesia, fuente de constante renovación, deseando al mismo tiempo que ella sea cada vez más el corazón de toda actividad eclesial” (Verbum Domini, 1).

Las sectas,
un problema pastoral
Pues bien, uno de los problemas pastorales puestos de relieve en la magna Asamblea sinodal fue el de la proliferación de sectas (Verbum Domini, 73).
¿Por qué representan un problema pastoral? La Asamblea sinodal, de cuyos trabajos emanó la exhortación apostólica, parece señalar que se debe a su proselitismo sistemático “en diferentes continentes” y la instrumentalización que hacen de la Biblia.
En efecto, en el Instrumentum laboris se señalaba que se debe prestar una especial atención “a las numerosas sectas, que actúan en diferentes continentes y se sirven de la Biblia para alcanzar objetivos desviados con métodos extraños a la Iglesia” (Instrumentum laboris, 56).
Más aún, se menciona a los grupos proselitistas entre las “dificultades que impiden el camino en el anuncio del Evangelio”, puesto que “impiden una correcta interpretación de la Biblia” (Instrumentum laboris, 43).
Y es que, señala el Sucesor de Pedro, estos grupos “difunden una lectura distorsionada e instrumental de la Sagrada Escritura” (Verbum Domini, 73).

La pureza de la fe
Ante esta realidad, una pregunta que se planteó en el Sínodo fue la siguiente: “¿Qué procedimientos pueden ser usados para sostener a la comunidad cristiana frente a las sectas?” (Lineamenta, Preguntas: Capítulo III).
Nótese la finalidad de estos procedimientos: deben ayudar a “sostener” a la comunidad cristiana frente al embate de los grupos proselitistas.
La respuesta, breve, pero significativa, de los Lineamenta señala que se debe prestar mayor atención “a la pureza de la Palabra de Dios, auténticamente interpretada por el Magisterio, frente a las numerosas sectas que usan la Biblia para otras finalidades con métodos ajenos a la Iglesia” (Lineamenta, 31).
Esta es precisamente la finalidad de la Nueva Apologética: poner al alcance de todos los fieles católicos la interpretación auténtica que de la Biblia hace el Magisterio de la Iglesia, puesto que los primeros destinatarios de la Nueva Apologética son, precisamente los católicos, particularmente los más alejados. En un segundo momento, la Nueva Apologética busca dialogar con los hermanos separados, que en su mayoría son ex católicos, para presentarles la interpretación auténtica de los pasajes bíblicos que les llevaron a abandonar la Iglesia.

La animación bíblica
de toda la pastoral
Se trata de la respuesta adecuada a este problema eminentemente pastoral, puesto que “allí donde no se forma a los fieles en un conocimiento de la Biblia según la fe de la Iglesia, en el marco de su Tradición viva, se deja de hecho un vacío pastoral, en el que realidades como las sectas pueden encontrar terreno donde echar raíces” (Verbum Domini, 73).
De hecho el Santo Padre es enfático, puesto que añade el adverbio “toda”, llegando a pedir la animación bíblica de toda la pastoral (Cfr. Verbum Domini, 73).
Esta animación bíblica de toda la pastoral no implica solamente añadir “algún encuentro en la parroquia o la diócesis, sino de lograr que las actividades habituales de las comunidades cristianas, las parroquias, las asociaciones y los movimientos, se interesen realmente por el encuentro personal con Cristo que se comunica en su Palabra” (Verbum Domini, 73).
Como puede verse, la propuesta del Sínodo está en plena consonancia con la propuesta del padre Amatulli, resumida en el lema “Biblia para todo y Biblia para todos; todo con la Biblia y nada sin la Biblia”. Pues bien, ¿cuáles son las “actividades habituales” de la vida eclesial? La santa Misa, la homilía, la catequesis, los encuentros de oración, los congresos, los retiros espirituales, las prácticas de piedad (rosario, vía crucis, hora santa, etc.), el pastoreo, la evangelización, las fiestas patronales, las reuniones de los movimientos apostólicos, etc.
¿Quiénes están llamados a ser los protagonistas y destinatarios de esta noble tarea? Toda la comunidad eclesial, de manera tal que “es necesario dotar de una preparación adecuada a los sacerdotes y laicos para que puedan instruir al Pueblo de Dios en el conocimiento auténtico de las Escrituras” (Verbum Domini, 73).

Vamos por buen camino
Como puede notarse, la labor que hacemos los Apóstoles de la Palabra y la propuesta que hacemos en el campo bíblico, apologético y catequético está en plena consonancia con lo que nos presentan el Santo Padre y los Padres sinodales. Adelante, pues, con mayor entusiasmo y una convicción más profunda.

Por el P. Jorge Luis Zarazúa Campa
jorgeluiszarazua@hotmail.com
https://zarazua.wordpress.com

COMO LAS OLAS DEL MAR

COMO LAS OLAS DEL MAR

Una visión ingenua

del éxodo de católicos hacia las sectas

Por el P. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap

Como las olas

Hay sacerdotes y agentes de pastoral que tienen una visión sumamente ingenua del problema pastoral que representa el éxodo de católicos hacia los más variados grupos proselitistas. Lo comparan al fenómeno de las olas marinas, que van y vienen recurrentemente: “La apologética ya no está de moda. Es una pérdida de tiempo. Es cierto que muchos dejan la Iglesia, pero después de cuatro o cinco años se dan cuenta de su error y regresan. Se parecen a las olas del mar, que siempre vuelven a la playa”.

Tendencias dominantes

¿Por qué decimos que se trata de una visión ingenua? Porque parece ignorar las tendencias puestas de manifiesto por diversas investigaciones y confirmadas por los más variados censos de población y vivienda a lo largo y ancho del continente americano.

¿Cuáles son estas tendencias?

  1. a) Crecen exponencialmente los grupos proselitistas por el ingreso de nuevos integrantes procedentes del catolicismo.

  2. b) Crece el número de los que se dicen católicos, pero que ya no tienen sentido de pertenencia a la Iglesia y cultivan pocos vínculos con ella. Es fácil constatarlo en la asistencia a la misa dominical.

  3. c) Crece el número de los que se declaran ya sin religión.

  4. d) Decrece proporcionalmente el catolicismo.

¿Retorno espontáneo?

Es cierto que hay ex católicos que regresan a la Iglesia. Pero conviene apuntar que aquellos que regresan no lo hacen así porque sí. Regresan porque encontraron sitios en internet, libros, folletos y material didáctico impreso, audiovisual y multimedia que les ayudaron a aclarar las múltiples dudas sembradas en sus mentes y corazones por el proselitismo sistemático de los grupos no católicos.

Regresan porque conocieron a alguien con la capacitación oportuna para resolver sus interrogantes e inquietudes acerca de la Iglesia católica y la Sagrada Escritura. En muchos casos no se trata, por tanto, de un regreso espontáneo, al estilo del hijo pródigo (Lc 15, 11-31). Lo más común es que sea el resultado del esfuerzo continuo que diversas personas e instituciones hacen en campo bíblico y apologético y en una perspectiva evangelizadora.

Por lo general se trata de iniciativas hechas a título personal, sin el apoyo concreto de las estructuras eclesiales y muchas veces nadando contracorriente, entre la indiferencia, el rechazo y la oposición.

¿Qué pasaría si se implementara una pastoral específica con estas características, con el apoyo decidido de las diócesis, decanatos, parroquias, seminarios, centros de formación para laicos y otras instituciones eclesiales?

¿Qué pasaría si además de esta necesaria pastoral de retorno, se implementara una pastoral preventiva que frenara desde ahora el éxodo masivo de católicos, aprovechando al máximo las estructuras eclesiales, especialmente la catequesis presacramental? Bien lo dice un refrán popular: “Más vale prevenir que lamentar”.

Pastoral de búsqueda y conquista

Por otra parte, es necesario pasar de una pastoral meramente cultual y de conservación a una pastoral de búsqueda y conquista, según el modelo que nos plantea Jesús en la parábola de la oveja perdida (Mt 18, 10-14; Lc 15, 1-7) y en el Gran Mandamiento de la Misión que nos dejó antes de volver al Padre (Mt 28, 18-20; Mc 16, 15).

Conclusión

El éxodo masivo de católicos a las más variadas propuestas religiosas no es un asunto sin importancia. De la respuesta que demos a esta problemática puede depender el futuro de la fe católica en nuestro Continente.

A trabajar, pues, conscientes de que lo que hacemos es algo trascendental para la vida de toda la Iglesia.

Reflexiones sobre Verbum Domini. I

La proliferación de sectas

en el nuevo documento del Papa Benedicto XVI

De forma breve, pero sustanciosa, Verbum Domini, el nuevo documento pontificio, aborda el problema pastoral de la proliferación de sectas.

Por el P. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap

La Biblia,

corazón de la actividad eclesial

El 11 de noviembre de 2010 la Santa Sede presentó un nuevo documento pontificio. Se trata de la exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini, sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia. El documento es fruto de los trabajos del Sínodo sobre la Palabra de Dios, que se celebró en la Ciudad del Vaticano del 5 al 26 de octubre de 2008.

El objetivo de la exhortación, según el Santo Padre, es “indicar algunas líneas fundamentales para revalorizar la Palabra divina en la vida de la Iglesia, fuente de constante renovación, deseando al mismo tiempo que ella sea cada vez más el corazón de toda actividad eclesial” (Verbum Domini, 1).

Las sectas,

un problema pastoral

Pues bien, uno de los problemas pastorales puestos de relieve en la magna Asamblea sinodal fue el de la proliferación de sectas (Verbum Domini, 73).

¿Por qué representan un problema pastoral? La Asamblea sinodal, de cuyos trabajos emanó la exhortación apostólica, parece señalar que se debe a su proselitismo sistemático “en diferentes continentes” y la instrumentalización que hacen de la Biblia.

En efecto, en el Instrumentum laboris se señalaba que se debe prestar una especial atención “a las numerosas sectas, que actúan en diferentes continentes y se sirven de la Biblia para alcanzar objetivos desviados con métodos extraños a la Iglesia” (Instrumentum laboris, 56).

Más aún, se menciona a los grupos proselitistas entre las “dificultades que impiden el camino en el anuncio del Evangelio”, puesto que “impiden una correcta interpretación de la Biblia” (Instrumentum laboris, 43).

Y es que, señala el Sucesor de Pedro, estos grupos “difunden una lectura distorsionada e instrumental de la Sagrada Escritura” (Verbum Domini, 73).

La pureza de la fe

Ante esta realidad, una pregunta que se planteó en el Sínodo fue la siguiente: “¿Qué procedimientos pueden ser usados para sostener a la comunidad cristiana frente a las sectas?” (Lineamenta, Preguntas: Capítulo III).

Nótese la finalidad de estos procedimientos: deben ayudar a “sostener” a la comunidad cristiana frente al embate de los grupos proselitistas.

La respuesta, breve, pero significativa, de los Lineamenta señala que se debe prestar mayor atención “a la pureza de la Palabra de Dios, auténticamente interpretada por el Magisterio, frente a las numerosas sectas que usan la Biblia para otras finalidades con métodos ajenos a la Iglesia” (Lineamenta, 31).

Esta es precisamente la finalidad de la Nueva Apologética: poner al alcance de todos los fieles católicos la interpretación auténtica que de la Biblia hace el Magisterio de la Iglesia, puesto que los primeros destinatarios de la Nueva Apologética son, precisamente los católicos, particularmente los más alejados. En un segundo momento, la Nueva Apologética busca dialogar con los hermanos separados, que en su mayoría son excatólicos, para presentarles la interpretación auténtica de los pasajes bíblicos que les llevaron a abandonar la Iglesia.

La animación bíblica

de toda la pastoral

Se trata de la respuesta adecuada a este problema eminentemente pastoral, puesto que “allí donde no se forma a los fieles en un conocimiento de la Biblia según la fe de la Iglesia, en el marco de su Tradición viva, se deja de hecho un vacío pastoral, en el que realidades como las sectas pueden encontrar terreno donde echar raíces” (Verbum Domini, 73).

De hecho el Santo Padre es enfático, puesto que añade el adverbio “toda”, llegando a pedir la animación bíblica de toda la pastoral (Cfr. Verbum Domini, 73).

Esta animación bíblica de toda la pastoral no implica solamente añadir “algún encuentro en la parroquia o la diócesis, sino de lograr que las actividades habituales de las comunidades cristianas, las parroquias, las asociaciones y los movimientos, se interesen realmente por el encuentro personal con Cristo que se comunica en su Palabra” (Verbum Domini, 73).

Como puede verse, la propuesta del Sínodo está en plena consonancia con la propuesta del padre Amatulli, resumida en el lema “Biblia para todo y Biblia para todos; todo con la Biblia y nada sin la Biblia”. Pues bien, ¿cuáles son las “actividades habituales” de la vida eclesial? La santa Misa, la homilía, la catequesis, los encuentros de oración, los congresos, los retiros espirituales, las prácticas de piedad (rosario, vía crucis, hora santa, etc.), el pastoreo, la evangelización, las fiestas patronales, las reuniones de los movimientos apostólicos, etc.

¿Quiénes están llamados a ser los protagonistas y destinatarios de esta noble tarea? Toda la comunidad eclesial, de manera tal que “es necesario dotar de una preparación adecuada a los sacerdotes y laicos para que puedan instruir al Pueblo de Dios en el conocimiento auténtico de las Escrituras” (Verbum Domini, 73).

Vamos por buen camino

Como puede notarse, la labor que hacemos los Apóstoles de la Palabra y la propuesta que hacemos en el campo bíblico, apologético y catequético está en plena consonancia con lo que nos presentan el Santo Padre y los Padres sinodales. Adelante, pues, con mayor entusiasmo y una convicción más profunda.

¿Tuvo María más hijos?

¿Tuvo María más hijos?

Análisis de pasajes bíblicos.

Colaboración de Anwar Javier Tapias Lakatt, Colombia

El tema de María ha dividido a católicos y protestantes. Uno de esos puntos de diferencia es la virginidad perpetua de María. Según la Iglesia Católica, María sólo tuvo a Jesús pero los protestantes argumentan con la Biblia que sí tuvo más hijos.

Cuando me encuentro con un protestante, sea evangélico, testigo de Jehová o adventista, y quiero ponerme en una tónica fundamentalista, se molestan. Siempre comienzo la conversación con la pregunta: ¿Dice la Biblia que María tuvo más hijos o más bien dice que Jesús tuvo más hermanos? Según ellos, yo no puedo colocarme en esa perspectiva (y pensar que ellos son los que toman todo al pie de la letra). Pero objetivamente, no es lo mismo, ya que por ejemplo podrían ser hijos de José y no de María. La verdad es que ninguno de ellos tuvo más hijos. Con un sencillo análisis genealógico y de gramática griega lo demostraremos.

Primero analicemos las citas usadas por los protestantes para decir que María tuvo más hijos. Es bueno decir antes que en NINGUNA cita se usa la expresión hijos de María, que es lo que los protestantes argumentan, pero en todo caso sigamos su argumentación.

“¿No es el hijo del carpintero? ¿No se llama  María su madre? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿No están todas viviendo entre vosotros? (Mt 13, 55-56)

En ninguna parte dice hijos de María, lo que dice es hermanos de Jesús, pero fácilmente se demostrará quien es la madre de estos personajes.

“Oye, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están afuera y preguntan por ti” (Mc 3, 32)

Cuando les pregunto a los protestantes, que por qué no creen en el purgatorio, me dicen: esa palabra no está en la Biblia. Yo les diría que, entonces María no tuvo más hijos, porque la expresión “hijos de María” o “María tuvo más hijos” tampoco aparece en la Biblia. En este caso, ellos sí recurren a otras artimañas para asegurar esto.

“Después de esto, Jesús bajó a Cafarnaún y con él su madre, sus hermanos y sus discípulos” (Jn 2, 12)

“Todos ellos perseveraban en la oración y con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” (Hch 1, 14)

¿Por qué no decir: María, la madre de Jesús, y sus otros hijos? Que cada uno responda.

“Pero no vi a ningún otro apóstol, sino a Santiago, hermano del Señor”. (Gal 1, 18)

Parece que uno de los nombres mencionados en Mateo vuelve a aparecer. Entonces ¿Será que sí es otro hijo de María?

Además de estas citas se valen de dos mas. En la primera, la expresión hasta qué, hace pensar que después sí sucediera lo que se está narrando:

“Y no la conoció hasta que dio a luz un hijo al que José le puso el nombre de Jesús” (Mt 1, 25)

En la segunda, la expresión primogénito hace pensar que como fue el primero debieron haber más hijos.

“Y dio a luz a su primogénito” (Lc 2, 7)

Con las citas anteriores cualquier cristiano poco versado caería en el error de creer que María tuvo más hijos. Ahora llega nuestro turno de mostrar la verdad.

La cultura judía es una cultura patriarcal. En ella prima la autoridad paterna, y esta autoridad toma atribuciones lingüísticas tales que al referirse a un hermano de sangre toque aclarar: los hijos de mi padre, ya que decir hermano solamente pude referirse a cualquier grado de parentesco como: tío, sobrino, primo, etc. Esto ocurre porque en la lengua hebrea no existe la palabra tío, primo u otra. Veamos algunas referencias bíblicas:

“Abram tomó a Saray, su esposa, y a Lot, hijo de su hermano” (Gn 12, 5)

Aquí se ve claro que Abram es tío de Lot; sin embargo, mas adelante lo llamará su hermano:

“Así pues, Abram le dijo a Lot: Mira, es mejor que no haya peleas entre nosotros, ni entre mis pastores y los tuyos, puesto que somos hermanos.” (Gn 13, 8).

Existe un ejemplo en Deuteronomio, que puede iluminar sobre la diferencia gramatical entre hermanos de sangre.

“Maldito el que se acuesta con su hermana, hija de su padre o de su madre” (Deu 27, 22)

El autor tiene que especificar “hijo de” ya que decir solamente “hermanos” no indica ningún grado de consanguinidad específico.

Otro texto que puede hacer entender a los protestantes la diferencia entre hijos de madre y hermanos la encontramos en el salmo 69. Una vez en la página web de un protestante anticatólico encontré que argumentaban contra la virginidad de María usando este salmo el cual dice:

“Me volví como un extraño para mis hermanos, y como un advenedizo para los hijos de mi madre” (Sal 69,8).

Según este protestante, este salmo es mesiánico por lo que dice en el verso 10: “Me devora el celo de tu casa” de la cual hacen mención los evangelios en (Juan 2, 17). De aquí él deduce que Jesús sí menciona a sus hermanos de sangre. Realmente hay que tener una mente muy estrecha para pensar eso; ya que mirando el verso seis dice:

“Tú sabes, oh Dios, si me he extraviado, pues no te están escondidos mis pecados” (Sal 69, 6).

¿Tendremos acaso que llegar a pensar que Jesús pecó? Más bien diremos que hay unos versos mesiánicos pero que otros no. Lo que realmente importa de este texto es como hay una diferencia entre hermanos e hijos de madre, ya que el autor hace la distinción entre ambos.

Con esta explicación basada en gramática y citas del Antiguo Testamento debería bastar para mostrar que las referencias de los hermanos de Jesús no implica que sean hijos de María; pero aun así analicemos cuáles son esos supuestos hermanos.

Antes de entrar con los supuestos hermanos analicemos las expresiones antes mencionadas: hasta qué y primogénito.

Según el texto de Mateo, después que María dio a luz, daría a pensar que sí tuvo relaciones con José. La verdad es que el sentido en griego y hebreo es diferente al español. Para nosotros, hasta qué, indica una acción que se da posteriormente, mientras que para los judíos indica una acción que no sucede hasta dicho momento, sin mencionar lo que pueda suceder después. Con textos del Antiguo Testamento lo demostraremos.

“Y Micol, hija de Saúl no tuvo hijos hasta el día de su muerte” (2 Sam 6, 23).

Con una óptica protestante debería decir que Micol tuvo hijos después de muerta; porque como dicen que hasta su muerte indica lo que se hará en el futuro, entonces: una muerta dio a luz. Si se analiza bien la cita anterior, veremos que en la cultura judía, la expresión “hasta que”, hace mención a lo que ha ocurrido hasta cierta fecha, sin mencionar nada después. Igual sucedió con María. Mateo menciona que hasta el momento del nacimiento de Jesús, María era virgen; no está indicando nada de que esa condición virginal se perdiera después.

Ahora, vemos en Lucas una expresión sobre la primogenitura de Cristo. Muchos creen que primogénito significa el primero de varios, pero sólo indica el primero, sin importar si habrá más.

“Hijos de Moisés: Guerson y Eliezer. Hijos de Eliezer: Rejabías, el primogénito. Eliezer no tuvo más hijos, pero los hijos de Rejabías fueron numerosos” (1 Cro 23, 15-17).

Como se puede apreciar, Eliezer tuvo su primogénito, que fue su único hijo. Pensar que María tuvo más hijos porque a Jesús se le llame primogénito es no conocer las Escrituras, y pensar que somos los católicos los que supuestamente no las conocemos.

Ahora si llegaremos a conocer a los “hermanos” de Jesús:

El primer texto que usan los protestantes para argumentarle hijos a María es:

“¿No es el hijo del carpintero? ¿No se llama  María su madre? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿No están todas viviendo entre vosotros? (Mt 13, 55-56)

Ya dijimos antes, que en ninguna parte se dice: hijos de María.

Miremos los cuatro nombres y memoricémoslos: SANTIAGO (Versión católica y de los testigos de Jehová) o JACOBO (Versión Reina Valera), JOSE, SIMON Y JUDAS.

Lleguemos a conocer quién es la madre de estos cuatro hermanos.

Comenzando por Mateo, lleguemos al momento de la cruz:

“Estaban también allí, muchas mujeres… de las cuales eran María Magdalena, y María madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo”  (Mt 27, 55.56)

De este texto podemos sacar lo siguiente:

· No se hace mención de María la madre Jesús.

·  Se menciona una María, madre de José y Santiago

·   Se menciona la madre de los hijos de Zebedeo: Santiago y Juan (Mt 10, 3)

De esto, vemos que Santiago el “hermano” de Jesús no es el mismo Santiago, hermano de Juan. ¿Pero esta madre será María? Ya en Mateo, esta mujer se presenta a Jesús, a pedirle los primeros puestos para sus hijos(Mt 20, 20-28). Vemos que no le dice hijo a Jesús, ni presenta a sus hijos como hermanos del mismo. Esta María no es la Virgen María

¿Entonces? ¿Esta María mencionada ahora será la misma del capítulo trece?. Lo que se puede analizar es que si María (la de Jesús) en verdad es madre de Santiago y José, Mateo no la nombre como madre de Jesús, sino como madre de los otros dos, esto es muy sospechoso.

Si leemos rápidamente los tres evangelios sinópticos, cuando Jesús escoge a sus doce discípulos vemos, que menciona a un Santiago, hijo de Alfeo, seguido de Judas Tadeo.

Si ya descartamos que Santiago el hermano de Juan sea el mismo del capítulo trece, nos queda demostrar si este hijo de Alfeo, en verdad es hermano de Jesús.

Pasemos a Marcos:

Marcos es el único que nos muestra la única parte en donde a Jesús se le llama: Hijo de María (Mc 6, 3), de ahí que nos cueste mucho creer la expresión protestante: los otros hijos de María, pues de Jesús la Biblia lo dice una sola vez, mientras los protestantes lo atacan todos los días.

“…entre las cuales estaban: María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé” (Mc 15, 40).

Vemos que ahora aparece Salomé, y vuelven a salir Jacobo y José. En este texto volvemos a observar a María magdalena, NO APARECE María, la de Jesús, y vuelve a aparecer una María, madre de Santiago y José.

Juan nos dará una gran pista para entender este misterio:

“Estaban junto a la cruz de Jesús, su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofás, y María Magdalena” (Jn 19, 25). Miremos varias cosas: POR FIN APARECE MARIA, y sigue apareciendo otra María, ahora como esposa de Cleofás.

·        En todos los evangelios aparece María Magdalena

·        Sólo en Juan aparece la Virgen María

·        Pero vemos que siempre aparece una María, como madre de Santiago y José, o como esposa de Cleofás ¿Será la misma?

La respuesta la analizamos de la siguiente manera:

1. Santiago aparece como hermano de Jesús, y hermano de Judas, José y Simón

2.  La carta a los Gálatas nos menciona a un Santiago, hermano del Señor (1,18). Como se habla de Jerusalén, debe ser Santiago el Obispo. Este, llamado el menor, como dice Marcos (6,3), fue al mismo tiempo apóstol de Cristo. Como Jesús sólo tuvo dos llamados Santiago; y sabemos que uno es hijo de Zebedeo, y murió por Herodes; este otro debe ser el hijo de Alfeo.

3. Lucas (16,6) nos muestra que Santiago, hijo de Alfeo, es hermano de Judas Tadeo. Y sabemos que este Judas fue el autor de la Carta de Judas, la cual dice:  “Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo” (Jud 1, 1). Vemos que Judas se presenta como hermano de Santiago. En Mateo 13 aparecen un Judas y un Santiago, como hermanos de Jesús. Pero en su carta, Judas se proclama hermano de Santiago PERO NO de Jesús, de quien se llama siervo.

4.  De lo anterior concluimos que el Judas que aparece en Mateo 13, es el autor de la carta, y este no se proclama hermano de Jesús, mientras que si de Santiago, que también aparece como hermano de Jesús, y es el que Pablo vio en Jerusalén, autor de la Carta de Santiago. El nombre de Alfeo, su padre, es en arameo la traducción de Cleofás en griego. Con esto se demuestra que:

o       La María que aparece en la cruz como madre de Santiago y José, es la misma que aparece como esposa de Cleofás.

o       Cleofás es lo mismo que Tadeo, por tanto Judas también es hermano de Santiago y José, que aparecen en Mateo. Y se corrobora en la carta de Judas, donde menciona a su hermano santiago, pero no se dice igual de Jesús. Además, el Simón mencionado aparece en (Mt 10, 3) y (Hch 1,13)

+ Como la madre de estos nombres es hermana de la Virgen María, ellos son parientes de Jesús, mas no hermanos directos de sangre.

+ Entendiendo que entre los judíos no existía palabras para los parientes, no esta mal que a estos primos de Jesús, se les llamara hermanos.

Ahora, miremos otros argumentos para no creer en los “otros hijos de María”:

· Si Jesús tuvo más hermanos, debió entregarles a María a estos hermanos; pero lo que hace es dársela a Juan, hijo de Zebedeo. En la cultura judía, una mujer no debía quedar sin marido ni hijo, y si esto pasaba, alguien debía acogerla.

· En la cultura judía, un hermano menor no podía aconsejar a uno mayor, y a Jesús, sus hermanos le aconsejan que vaya a Jerusalén (Jn 7, 3), siendo que él es el primero

· En la anunciación, María no sabe como concebirá a Jesús, pues ella dice:

“¿Cómo será esto, pues no conozco varón?” (Lc 1, 34) Si María hubiera pretendido tener relaciones matrimoniales con José o con cualquier otro hombre más adelante, esta pregunta sería absurda. María desde siempre pensó en ofrecerle su virginidad a Dios, pues de lo contrario, al decirle el ángel que daría a luz, ella se hubiera imaginado tenerlo con José; pero su respuesta demuestra su firmeza en mantenerse virgen. Miremos el caso de Sara: cuando Dios le promete un hijo en su vejez, ella no pregunta cómo sería eso, pues obviamente ella supuso que lo tendría con Abraham; mientras que María no pensó así. Al contrario preguntó porque su ideal era ser virgen por amor del Reino de Dios (Mt 19, 12).

Si un hermano protestante ha sido honesto leyendo en su Biblia este estudio, debe reconocer que María siempre ha sido Virgen. Esta doctrina fue explicitada en forma de dogma en el Concilio de Letrán en el año 649, donde se expresa: “María fue virgen antes del parto, durante el parto, y después del parto”. También expresa el Concilio Vaticano II: … cuando la madre de Dios, llena de alegría muestra a los pastores y a los magos a su Hijo primogénito, que lejos de disminuir consagró su integridad virginal. (Lumen Gentium, cap. 8, 57)

“Dios no ha creado el universo”, márketing para el libro de Hawking

“Dios no ha creado el universo”, márketing para el libro de Hawking
Una sana provocación, considera un decano de Filosofía

ROMA, jueves, 9 septiembre 2010 (El Observador).- Dios no ha creado el universo. Esta afirmación del libro del famoso físico Stephen Hawking, se ha convertido en un debate mundial de esta semana, dando una publicidad enorme a su libro “The Grand Design” (se espera que esté en las librerías a partir de hoy, 9 de septiembre).

Por tal motivo hemos entrevistado al padre Rafael Pascual L.C., decano de Filosofía del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum (Roma) y director de un máster en Ciencia y Fe sobre esta obra que está para ser conocida por el público.

— ¿Cuáles son las primeras impresiones que le produce el anticipo que se ha filtrado a la prensa sobre la reciente obra de Hawking?

–P. Rafael Pascual: Sinceramente, me parecen un recurso publicitario antes del lanzamiento de un nuevo producto. Me parece que hay mucha retórica. Si siguiéramos el mismo tono, se podría responder como hizo un famoso político en otro contexto: ¿y quién es  Stephen Hawking?

Pero creo que, más allá de la retórica, hay que aceptar la nueva provocación de Hawking e incluso agradecérsela, pues como dijo hace mucho Aristóteles, tenemos que ser agradecidos no sólo con los que dicen la verdad, sino también con los que yerran, pues nos estimulan a buscar con más esfuerzo la verdad. Obviamente habrá que esperar a la lectura del libro para saber lo que realmente dice y cuáles son sus argumentos.

— ¿Es posible que la astronomía, la física y las demás ciencias empíricas lleguen un día a desvelar lo que hasta hoy ha sido considerado como el “secreto” de los inicios?

–P. Rafael Pascual: Creo que habría que comenzar diciendo que una cosa es hablar del inicio del universo, en sentido científico, y otra del origen del universo, que va más allá de lo que puede decir la ciencia. En el fondo es la famosa cuestión que el mismo Hawking recordaba en el libro que lo lanzó al gran público: ¿por qué existe algo y no más bien nada?, o dicho más poéticamente, ¿por qué el mundo se toma la fatiga de existir? No creo que la ciencia sea capaz de dar una respuesta a esta pregunta.

–Si la ciencia consigue explicar cómo empezó todo, ¿ya no tendría sentido hablar de Dios?

–P. Rafael Pascual: No creo, por lo mismo que acabo de decir. Quizá no es del todo cierto lo que suele decirse de que la ciencia explica el cómo, mientras que la filosofía y la religión dan el porqué. También la ciencia busca los porqués de los fenómenos, sólo que lo hace en su propio ámbito, que es el estrictamente físico.

Pero no es competente, por su propia índole, de lo que va más allá de dicho campo y de lo que sobrepasa el horizonte de lo experimental, lo cual no quiere decir que no exista nada más allá. Dios no entra propiamente en el horizonte de las ciencias, y por eso las ciencias simplemente no pueden pronunciarse al respecto.

–Entonces, ¿dónde queda Dios?

–P. Rafael Pascual: Dios queda donde siempre. En el fondo creo que Hawking cae en el mismo error que Newton, o mejor, lleva la posición de Newton a su consecuencia lógica. El problema es que inicia de un falso punto de partida. En efecto, ya lo decía Laplace, la ciencia no tiene necesidad de la hipótesis de Dios, en contra de la introducción de Dios por parte de Newton en la explicación de la mecánica del universo, pero eso no quiere decir que Dios no exista, sino que se encuentra en otro orden, en otro nivel más allá del científico, al que puede llegar sólo la filosofía y la teología.

— Por lo tanto, ¿qué podemos pensar de quienes creen que la ciencia puede llegar a excluir un lugar para Dios en la comprensión del mundo?

–P. Rafael Pascual: Yo diría que debería pedirse que respeten el ámbito de la propia competencia. Es como si un teólogo que no fuera experto en la materia comenzara a pontificar sobre física cuántica, y dijera que el dualismo onda-partícula demuestra que Dios existe, o cosas por el estilo.

Por Jaime Septién