AGORA El fraude de Amenábar

 

AGORA
El fraude de Amenábar
 
Director:  Alejandro Amenábar
Intérpretes:  Rachel Weisz, Max Minghella, Oscar Isaac y Rupert Evans
Nacionalidad:  España-Malta, 2009
Fecha estreno:  09/10/2009
Duración: 
 
El fraude de Amenábar

Como hiciera con Mar adentro, Alejandro Amenábar se reinventa y cuenta una historia real a su manera, sin preocuparse de transmitir la verdad. Ahora la persona mitificada es Hipatia, una astrónoma y filósofa del siglo IV asesinada en Alejandría por una multitud violenta.

Cinematográficamente hablando, suponiendo que este apartado interese a alguien (dada la polémica suscitada por esta película), Agora es una película mal resuelta enmarcada  en unos impresionantes decorados creados en Malta que se han llevado la mitad del presupuesto de la película (50 millones de euros). Y ello se debe a que resulta una película fría, con diálogos pobres y secuencias científicas que caen en la pedantería en muchas ocasiones. Salvo la figura de Orestes, el resto de los personajes, incluido Hipatia, parece que tienen poco que decir para rebatir sus teorías por más que la protagonista principal (a la que describen tolerante, como no podía ser de otra manera) sea claramente un “alter ego” de Amenábar al declararse atea y creyente de la filosofía…

Pero, evidentemente, la pregunta del millón es si esta película es anticristiana. Claramente sí, desde el momento en  que los cristianos (llamados parabolanos en la película) son mostrados como los más violentos y peligrosos de la turbulenta Alejandría, a la par que machistas y  contrarios al progreso, la cultura  y  la razón; eso sin contar que lucen el aspecto físico e indumentaria de los talibanes actuales…Porque, aquí radica, el principal meollo de toda la película: Agora es un compendio de tópicos progres. A saber: Jesús era magnífico pero no sus seguidores y  la civilización  antigua era un prodigio de ilustración “de no haberse dado ese traspiés que fue la Edad media y la caída del Imperio Romano, y de no haberse paralizado el mundo durante 500 años”, dice Amenábar

Con estos prejuicios, era lógico que Amenábar haya ido a la yugular de lo que denomina  el fanatismo de la intolerancia religiosa. Lo curioso es que para ello tenga que volver la vista atrás y no refleje los integrismos actuales: ¿será por miedo?

Como bien recogía Hispanidad en el artículo de Pablo Ginés del pasado día 6 de octubre, la Hipatia que retrata el director español no es la real, otra cosa es que a los espectadores se les advierta de que se encuentran ante un peplum con tanta ausencia  de base histórica como el entretenido Gladiator. 

Para: Los que quieran ver una historia del mundo antiguo con mucha tergiversación y poca base real

Juana Samanes

A propósito de Twilight. Conversación con Ana Belén Chávez Estrella

Estimada Ana Belén:
(…)
Con relación a la película, como dices, es una novela de amor entre teenagers (adolescentes) norteamericanos, pero con la peculiaridad de que uno de ellos es un vampiro “vegetariano”, que lucha contra un fuerte impulso por extraerle la sangre a su amada.

Voy a leer los libros de la saga para ver qué más cuestiones tiene, especialmente porque me llama la atención el gusto contemporáneo por este tipo de temáticas: vampiros, magos, brujas, etc.; es decir, el gusto por lo oscuro.

¿Sabías de la conversión a la fe católica de una popular escritora, Ann Rice (http://www.annerice.com/)?
Ella ha escrito novelas que se han llevado a la pantalla grande (Entrevista con el Vampiro, por ejemplo) y ha contribuido mucho para este tipo de novelas y películas y en general a la subcultura gótica contemporánea.
Pues bien, ahora está escribiendo sobre Jesús.

A mí me ha llamado la atención que los temas que los cristianos católicos hemos descuidado, están siendo retomados por el ser humano que es un hombre profundamente religioso. Cuando la Iglesia descuida aspectos importantes, estos reaparecen en el mundo laico, al margen de la Iglesia.

Cuando la Iglesia descuida la razón y se centra en el dogmatismo, el ser humano toma conciencia de la importancia de la razón humana y de sus inmensas posibilidades. Ahora que estamos más imbuidos por el racionalismo, resurge la emotividad y el sentido de lo sagrado en todas las cosas (ecología, New Age, etc). Cuando la praxis de la confesión sacramental es decuidada, surge el psicoanálisis y todas las terapias donde la oralidad tiene mucha importancia.
Cuando la Iglesia descuida el papel de los ángeles y de los santos y cuando la Jerarquía parecía hasta avergonzarse de este tipo de doctrinas, surge el culto a los ángeles y a pseudo santos y sus imágenes, no sólo al margen de la Iglesia sino en franca competencia frente a ella.

En fin, en el caso de la película, surge el tema de la inmortalidad, a la que estamos llamados en Cristo. Pero si no se tiene el sentido de la vida, la inmortalidad es una carga y no una bendición, como lo nota muy bien Edward Cullen; la inmortalidad y la posesión de poderes sobrehumanos son más bien una fuente de infelicidad, para uno mismo y para los seres humanos.
El ser humano está deseoso de inmortalidad y de capacidades que nos hagan mejores seres humanos, pero hemos dejado de predicar esto en nuestras iglesias. Ya no insistimos en que Dios quiere que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Ya hablamos poco de que Él quiere darnos vida eterna

Espero algunos comentarios tuyos al respecto.

Twilight

Twilight

El cine y la literatura siguen conjugándose para presentar mundos posibles. Es el caso de la película “Twilight”, estrenada recientemente en México, en un guión basado en una novela salida de la pluma de Stephanie Meyer, que se ha convertido en un auténtico best seller.

El domingo 25, después de un grato paseo por las Grutas de Cacahuamilpa, asistí al cine, acompañado por algunos seminaristas Apóstoles de la Palabra.

La película me resultó interesante porque me confirmó algunas tendencias recientes en las historias relacionadas con los vampiros, especialmente el hecho de que ya no se les combata con elementos y sacramentales tomados del catolicismo.

Espero tus impresiones sobre esta película.

Más allá de los sueños

Elementos escatológicos presentes en la película

“Más allá de los sueños”

 

Más allá de los sueños, película protagonizada por Robin Williams, es una película con una fuerte impronta judeocristiana por los elementos esenciales de la escatología intermedia y futura, que implica la inmortalidad del alma y la doctrina de la retribución, de una recompensa post-mortem.

La muerte es considerada, no como el final de la existencia humana, sino como una etapa que asegura la posibilidad de vivir en un estado de felicidad creativa en un cielo personal, aunque con posibilidad de interactuar con otros “huéspedes”, especialmente familiares y amigos, o una vida de malaventuranza, por lo general eterna, aunque con una remota, pero viable posibilidad de pasar a un estado paradisiaco.

El cielo está representado como una situación de plenitud de múltiples anhelos, por lo general insatisfechos durante la etapa terrenal. Al parecer persisten situaciones no resueltas, referentes a las siempre complejas relaciones personales. No se trata, por tanto, de algo dado, sino que depende de la propia sensibilidad y de los propios anhelos de plenitud de cada persona.

En este contexto, el infierno es representado con una acumulación sistemática de seres humanos, como si fueran vegetales o trabajados en serie, pero con un solitario mundo interior donde los otros no tienen cabida, especialmente en el mundo caótico construido por los suicidas, donde se rumia el propio dolor, mientras se regodea en el sufrimiento. En fin, para la mayoría de los habitantes de la “Galaxia Infierno”, se trata de un egoísmo definitivo, de una cerrazón insuperable, sin escapatoria posible.

La única mención sobre Dios que recuerdo se da en la pregunta del protagonista a Albert “¿Y dónde está Dios?”. Respuesta: “En algún lugar, gritando que nos ama y preguntándose por qué no lo escuchamos”. Así que, parece ser que está ausente la noción de la visión de Dios, la visio beatifica, elemento esencial de la fe cristiana, que hunde sus raíces en las Sagradas Escrituras.

Sin embargo, por lo menos en la experiencia del protagonista, el paso al estado futuro se logra sólo al aceptar la propia muerte. Mientras se logra esto, que llega a experimentarse como un sueño, se es un “alma en pena”, si es lícito el uso de la expresión. Claro que hay personas que ayudan en este proceso, en la película que nos ocupa se trata de amigos y/o familiares ya fallecidos.

Un elemento extraño a la impronta judeo-cristiana lo constituye la reencarnación, presentada no sólo como posible, sino como un hecho incontrastable. Claro que también aparece como algo ajeno a la tradición orientalista de donde procede. La reencarnación se presenta como fruto de una decisión personal y como una forma de colaborar para que sigan naciendo los seres humanos. Se presenta, pues, una visión muy occidentalizada de la reencarnación, muy al estilo de la New Age y sus precursores.

En efecto, se nos presenta como algo positivo, deseado, digno de ser tomado en cuenta y no como se presenta en el mundo oriental, donde el esfuerzo ascético de muchos reencarnacionistas va encaminado a escapar del incesante ciclo de reencarnaciones y no de la búsqueda de reencarnarse incesantemente en pos del crecimiento personal.

En el caso de los protagonistas de esta trágica historia, el deseo de reencarnarse implicaría que el paraíso no es tan pleno como podría pensarse, por lo que la reencarnación es algo deseable, para vivir y revivir las relaciones interpersonales, especialmente de pareja.

Otro dato importante: la noción resurrección está ausente en la película, que opta por la reencarnación, como posibilidad de hacer mejor las cosas. Falta igualmente la dimensión cristológica y eclesiológica de la vida futura.

En fin, se trata de un collage sumamente interesante, por el uso abundante de los efectos especiales y el manejo de situaciones humanas, que tiene el mérito de ayudarnos a replantearnos muchas preguntas sobre el contenido de nuestra fe y la mejor manera de comunicarlo en la predicación, en la evangelización y en la catequesis.

GHOST WHISPERER Almas perdidas

IDEAS ESCATOLÓGICAS

PRESENTES EN LA CULTURA POSMODERNA

 

LA SERIE DE TELEVISIÓN

 GHOST WHISPERER

 

Qué ocurre con nosotros después de la muerte es una pregunta planteada desde los orígenes de la humanidad. Tal vez nos la hemos planteado infinidad de veces y mil veces la hemos respondido, como lo prueban las múltiples visiones al respecto, presentes en las diversas culturas y religiones del mundo.

Algo salta a la vista. Una buena parte de la humanidad ha creído en la sobrevivencia del alma después de la muerte. El tema de las ánimas en pena es recurrente en el imaginario colectivo, narrado de mil formas y circunstancias, sea alrededor del fuego del hogar en las sociedades tradicionales, esencialmente agrícolas, sea en la literatura, sea en programas de radio como el popular “La mano peluda” y en los sitios y blogs presentes en la súper carretera de la información.

 

El cine no ha sido la excepción. Las ánimas en pena, que no pueden cruzar al otro lado, ha sido el tema de populares trabajos cinematográficos como Ghost, la sombra del amor, Sexto sentido, Casper y un sinfín de películas de los más diversos países y los más variados directores.

Ese es también el tema de una serie televisiva titulada Ghost Whisperer, que presenta a aquellos que ya han muerto pero que no pueden o no quieren pasar “al otro lado” pues tienen todavía asuntos pendientes que resolver. Melinda Gordon, la protagonista, tiene el don o la capacidad de poder ver el alma de los ya fallecidos, de hablar con ellos y ha asumido la difícil tarea de ayudarlos a entrar en contacto con sus seres queridos y hacer posible la resolución de los asuntos pendientes que le impiden al difunto cruzar al otro lado.

 

La trama es muy sencilla. Personas fallecidas hablan con Melinda Gordon y le dan a conocer la problemática a enfrentar. Melinda Gordon trata de ponerse en contacto con la persona que el ya fallecido le indica. Viene la incredulidad por parte del interpelado, que desaparece, no sin algunas dificultades, cuando Melinda Gordon transmite palabras, situaciones, acontecimientos sólo conocidos por los interesados. Se dicen frases que manifiestan sentimientos hasta que finalmente el difunto se despide, no sin antes acariciar al ser querido, que parece percibir el leve roce de una mano. El ya fallecido camina un poco, hasta que desaparece, lo cual indica que ya ha pasado al otro lado. El que todavía está vivo, queda gratamente reconfortado por la experiencia.

A veces la información es demasiado intensa y difusa como para comprenderla, esto provoca al escepticismo de los vivos y a la confusión de Melinda. Pero cuando es capaz de ayudar tanto a los vivos como a los muertos, Melinda recuerda que este talento sobrenatural es un regalo para la humanidad y que es su deber ayudar a todos los fallecidos a contactar con aquellos que les han sobrevivido.

 

El tema recurrente son las relaciones interpersonales, rotas o deterioradas por las más diversas circunstancias. La solución va encaminada a sanar esas relaciones, a veces con décadas de deterioro: malos entendidos, rupturas tormentosas, palabras que no se han dicho, crímenes no resueltos que involucran a los seres queridos. Hay quienes tratan de ayudar a sus seres queridos, revelándoles la existencia de algún testamento o de algo que les ayude a vivir decorosamente.

Una cosa es cierta: la serie televisiva nos dice más sobre esta vida que sobre la vida futura. Nos presenta que el alma sobrevive después de la muerte, de que los ya fallecidos llevan consigo todo el cúmulo de experiencias y recuerdos, de que es posible entrar en contacto con el alma de los difuntos (no hay sesiones de espiritismo ni nada parecido) a través de las personas que tienen el don o la sensibilidad para verlos.

 

Por otra parte, pareciera que las almas de los difuntos vagan por este mundo, hasta que resuelven los asuntos pendientes. Pueden ser años, meses o semanas. No parece haber un límite al respecto. Al parece esto depende de que el ya fallecido considere que ha llegado el momento de despedirse y marcharse. Nos revela, por tanto, que permanecen los sentimientos afectivos después de la muerte, la propia personalidad, la memoria e incluso la voluntad y el entendimiento.

Al parecer no se trata de personas que vuelven, sino de aquellos que no se han ido del todo, de aquellos que aún no cruzan al otro lado, que, por cierto, nunca se nos muestra. Sólo se supone que es un lugar agradable, porque no se nota que lo perciban como algo tenebroso, algo que les permitirá seguir cerca de sus seres queridos, aunque de manera diferente a esa etapa intermedia que abarca desde su muerte hasta su paso al otro lado que, como hemos dicho antes, puede ser a los pocos días o semanas o años después.

Lo que más nos revela la serie televisiva es lo relacionado a lo difícil que resultan las relaciones interpersonales en esta vida. Son tan complicadas que algunos desean retrasar su partida hacia el otro lado para resolver asuntos considerados importantes en la perspectiva de la muerte y al parecer descuidados debido al ajetreo propio de la vida cotidiana, que impide atender los asuntos verdaderamente importantes por la lucha constante por la supervivencia en las sociedades modernas. 

El título en español es significativo, pues lo han traducido como “Almas perdidas”. Si la has visto, ¿estarías dispuesto a compartirme tus impresiones? Así lo espero.