El diálogo entre católicos y protestantes entra en una nueva fase

El diálogo entre católicos y protestantes entra en una nueva fase

Afirma el cardenal Kasper, al presentar un libro sobre los 40 años de diálogo

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 15 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- El diálogo oficial entre la Iglesia católica y las comunidades protestantes históricas -anglicana, luterana, reformada y metodista- está entrando en una nueva fase, tras cerrar la primera etapa que recorre los últimos cuarenta años, desde el final del Concilio Vaticano II hasta hoy.

Así lo señaló el presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (CPPUC), el cardenal Walter Kasper, al presentar, este jueves en la Sala de Prensa de la Santa Sede, un libro que reúne y presenta los resultados de ese diálogo.

“Con este libro, nos encontramos en el fin de una primera etapa que ha estado llena de frutos, y al mismo tiempo, estamos entrando en una nueva fase, que auguramos será tan fructuosa y se podrán resolver los difíciles problemas que quedan pendientes”, declaró.

El volumen, realizado por el Consejo Pontificio para la Promoción en colaboración con esas comunidades protestantes, se titula “Harvesting the Fruits. Basic Aspects of Christian Faith in Ecumenical Dialogue” (Recogiendo los frutos. Aspectos básicos de la fe cristiana en el diálogo ecuménico).

El CPPUC ha analizado, durante dos años, el diálogo con las principales comunidades protestantes, porque éstas fueron las primera en establecer un diálogo oficial con la Iglesia católica tras el Concilio.

Logros

Ahora, afirmó el cardenal Kasper, es el momento de hacer balance de la situación del diálogo, y añadió: “Nosotros mismos estamos gratamente sorprendidos por cuanto se ha logrado en estos años”.

Respecto a la recogida de los frutos del diálogo, a los que se refiere el título del libro, el cardenal Kasper indicó que “se trata de una recogida verdaderamente muy rica, que supera las numerosas polémicas y grandes problemas históricos de la Reforma”.

“Esto -prosiguió- puede representar una clara respuesta a opiniones que se están difundiendo, a veces también en la Curia Romana, o a la injustificada acusación de que el ecumenismo con las autoridades protestantes no había cosechado frutos hasta ahora y nos había dejado con las manos vacías”.

“No queremos que la riqueza de los resultados conseguidos sea olvidada y que se deba recomenzar desde cero”, dijo.

Comportamiento ecuménico”

“Deseamos iniciar un proceso de recepción de estos ricos frutos en el cuerpo de la misma Iglesia para llegar a un nuevo tipo de comportamiento ecuménico”, reveló.

El cardenal Kasper señaló que actualmente, en el ámbito ecuménico, como en todos los demás, se producen rápidos cambios en Occidente.

En este sentido, indicó que, tras el entusiasmo de los primeros años tras el Concilio, hoy se experimenta en el diálogo ecuménico un cierto cansancio.

“Sin embargo, la nueva sobriedad instaurada puede ser también un signo de mayor madurez” – indicó-. Probablemente, el camino ecuménico será más largo de lo que parecía después del Concilio”.

El libro constata los que las comunidades eclesiales en diálogo desde el Concilio Vaticano II han cambiado a lo largo de estos cuarenta años.

“Quizás nuestros interlocutores ya no son los mismos, son más diversos que los que encontramos durante y después del Concilio -explicó-. Hay fragmentaciones internas, nuevos problemas en el campo de la ética, problemas desconocidos en el pasado”.

Y prosiguió: “También en la Iglesia católica ha habido cambios; a veces nuestros documentos son difíciles de digerir para nuestros interlocutores”.

“Con este libro queremos fomentar un nuevo impulso -afirmó-. Ilustrando los numerosos resultados positivos de estos cuarenta años, queremos mostrar que somos capaces de conseguir cualquier cosa si seguimos comprometidos con el ecumenismo”.

El volumen pone de relieve, por primera vez, los resultados de los cuatro diálogos bilaterales con esas cuatro confesiones protestantes, agrupados por temas, para permitir la comparación y una visión más clara del alcance de lo logrado en cuarenta años de diálogo.

El libro también dedica un espacio a las zonas de convergencia ecuménica que podrían ayudar en el proceso de recepción de los resultados en las distintas confesiones.

Sobre los problemas por resolver, el cardenal explica: “Hemos identificado problemas en la hermenéutica, en la antropología, en la eclesiología y también en la comprensión de la Eucaristía”.

Simposio en 2010

Las Iglesia católica y las comunidades protestantes tienen la intención de organizar un simposio, en febrero de 2010, en el que debatirán el futuro del ecumenismo occidental, anuncio el cardenal.

El libro presentado este jueves en el Vaticano servirá de base para las conversaciones de ese encuentro.

Además del cardenal Kasper, en la rueda de prensa intervino también monseñor Mark Langham, oficial del CPPUC y uno de los principales colaboradores del purpurado en la elaboración del libro.

Monseñor Langham destacó que el cardenal Kasper “ha querido dar a conocer de esta manera el fruto de cuarenta años de diálogo ecuménico a una nueva generación que creció en el post-concilio y probablemente no conoce a fondo lo que se ha logrado”.

Temas de diálogo

El oficial explicó que el libro se estructura en cuatro capítulos: “Fundamentos de nuestra fe común”, “Salvación, justificación y santificación”, “La Iglesia”, y “Bautismo y Eucaristía”.

Aplicando la metodología del mismo diálogo ecuménico, el primer capítulo aborda las bases comunes a todas las partes en diálogo.

El segundo se ocupa de una cuestión central para la Reforma -la salvación, la justificación y la santificación-, en la que “se ha logrado un acuerdo significativo que constituye un hito en las relaciones ecuménicas”, explicó monseñor Langham.

Sin embargo, añadió, “quedan todavía cuestiones que requieren ulteriores aclaraciones, como la que se refiere a la función de la doctrina de la justificación en el seno de la eclesiología entera”.

El tercer capítulo, el más largo, examina la misión, autoridad y ministerio de la Iglesia, partiendo de la manera como estos aspectos están presentados en las declaraciones comunes cristianas en estos años.

“En este sentido, las polémicas y malentendidos del siglo XVI han sido reexaminadas y en parte superadas”, dijo el experto, aunque permanecen los problemas en cuestiones centrales como “qué es” o “dónde está” la Iglesia.

En opinión de monseñor Langham, “esto demuestra que la relación entre los elementos espirituales y concretos que definen la Iglesia deberá ser estudiada de manera más profunda”.

En el cuarto capítulo se habla, por ejemplo, de la controversia sobre la Eucaristía que existió durante la Reforma, sobre la que “gracias a un intenso diálogo y sobre todo a un renovado énfasis sobre la función del Espíritu Santo, ha sido posible llegar a una importante convergencia”, afirmó el oficial.

De todas maneras, añadió, “se deberán estudiar ulteriormente algunas cuestiones sobre ese sacramento, así como el carácter de sacrificio de la Misa, la presencia real del Señor en la Eucaristía y el significado de “transubstanciación””.

En el capítulo final, el cardenal Kasper aborda la síntesis de los cuatro diálogos y la importancia de todo lo logrado.

[Por Patricia Navas]

¡Se me subió el muerto!

¡Se me subió el muerto!

 

Algunas veces, en nuestras giras apostólicas por diversas parroquias, no falta alguien que se acerca para hacer una consulta: «¡Padre, fíjese que se me subió el muerto y no sé qué hacer!»

¿Qué es eso de que «se me subió el muerto»? Las señales para reconocerlo son inequívocas: sucede cuando estás dormido y de repente te despiertas sin poder moverte. Nada. No puedes mover ni un brazo ni una pierna, y ni siquiera puedes hablar. Extrañamente puedes respirar con dificultad, pues sientes una opresión en el pecho (y en todo el cuerpo) y de ahí que algunos digan «se me subió un muerto», pues es como si tuvieras un cuerpo invisible cubriéndote.

Pues bien, ¿a qué se debe? Aunque no lo creas, esto tiene una explicación médica. Se le llama Parálisis del sueño. ¿En qué consiste? Al momento de dormirnos, nuestro cerebro se va desenchufando poco a poco y no de golpe. Las ondas cerebrales empiezan a funcionar de manera diferente, y pasamos por diferentes etapas. Eso es claro de ver, pues cuando alucinamos por algo o estamos adormilados, nuestro cuerpo no responde igual porque nuestro cerebro no está al 100%. Bueno, pues sucede que cuando nos dormimos, nuestro cerebro anda en capacidad muy baja, y cuando nos despertamos de golpe o porque hay algún ruidito que nos moleste, el cerebro tarda en arrancar del todo, y nuestro cuerpo no responde como debiera. Esa es la razón por la que no nos podemos mover. No por algún muerto travieso.

¿Qué se puede hacer cuando uno se encuentra consciente durante la parálisis del sueño?

a) Tranquilizarse, el miedo no hará más que prolongar este desagradable estado;

b) Respirar profundamente, la parálisis del sueño no controla la respiración;

c) Mover los ojos, la parálisis tampoco controla los ojos;

d) Intentar mover los dedos, tanto de las manos como de los pies. El movimiento producido será real, y puede ayudar a despertarse;

e) Realizar un movimiento brusco.

RENOVARSE O MORIR

RENOVARSE O MORIR. HE AHÍ EL DILEMA

El primer paso para resolver cualquier problema es el reconocimiento de su naturaleza específica y hacer los cambios oportunos.

Por el P. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap

 

https://zarazua.wordpress.com

 

El más reciente libro del P. Flaviano Amatulli Valente, titulado “CAMBIAR O MORIR. LA IGLESIA ANTE EL FUTURO” es una aplicación muy interesante del método ver, juzgar y actuar, empleado en diversos documentos eclesiásticos.

“Este método —dice el Documento de Aparecida, n. 19— nos permite articular, de modo sistemático, la perspectiva creyente de ver la realidad; la asunción de criterios que provienen de la fe y de la razón para su discernimiento y valoración con sentido crítico; y, en consecuencia, la proyección del actuar como discípulos misioneros de Jesucristo”.

El P. Amatulli lo resume en estas interrogantes: ¿Dónde estamos? ¿Adónde vamos? ¿Por cuáles caminos queremos llegar?, que señalan el itinerario de este folleto, dividido en tres partes, que corresponden a los tres momentos del método ver, juzgar y actuar.

 

VER

Un modelo eclesial agotado

Echando un vistazo al índice podemos tener una idea clara de la lectura de la realidad que hace el P. Amatulli. Como sabemos, lo que privilegia el P. Amatulli es la realidad eclesial, pero sin infravalorar la realidad en sus aspectos socio-económicos y políticos.

Es la mirada del pastor, siempre dispuesto a dar la vida por las ovejas (Jn 10, 11); es el examen minucioso del misionero llamado a anunciar las insondables riquezas de Cristo (Ef 3,8); es la exploración que realiza el presbítero, llamado a cuidar el rebaño que el Espíritu Santo le encomendó (Hch 20, 28).

¿Qué es lo que observa al analizar la compleja realidad eclesial desde la perspectiva de quien está consciente de haber sido llamado a anunciar la Buena Noticia (1Cor 1, 17)?

El abandono pastoral en que se encuentran amplios sectores del Pueblo de Dios; la profunda ignorancia religiosa de las masas católicas, el autoritarismo que se niega a desaparecer en una institución con una estructura piramidal, donde la autoridad se ejerce de modo discrecional; la corrupción, la explotación, el poco respeto a los derechos humanos y a la dignidad de la persona, que también están presentes en la relaciones entre los miembros de la Iglesia, puesto que el pensamiento autoritario se cristaliza en formas autoritarias de gobierno.

He aquí un párrafo revelador:

De hecho, en la Iglesia se habla más de obediencia que de búsqueda o concertación, de unidad que de diversidad, de monopolio que de libre competencia. Basta ver el asunto de la catequesis. Texto único, sin importar las diferencias existentes entre los distintos destinatarios, que viven en ambientes muy diferentes o cuentan con diferente tipo de compromiso cristiano (católicos de la masa y católicos integrados a los grupos apostólicos). Yo mando y ya. Lo que vale es la ley, no la persona (Cambiar o Morir. La Iglesia ante el Futuro, p. 9).

 

¿Qué más se observa cuando se mira con los ojos del pastor, para quien la salus animarum es la ley suprema de todo el quehacer eclesial (Código de Derecho Canónico, c. 1752)? Un panorama bastante desolador con respecto a la religiosidad popular, a contracorriente de lo que dicen los documentos eclesiales.

“La piedad popular —dice el Documento de Aparecida, n. 264— es una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia y una forma de ser misioneros, donde se recogen las más hondas vibraciones de la América profunda”.

De acuerdo, pero la religiosidad popular no representa el non plus ultra del catolicismo, la forma más acabada de vivir la fe católica. Como lo reconocen diversos documentos eclesiales: “hay que evangelizarla o purificarla”. Es que se trata, en muchos casos, de un auténtico paganismo con pantalla cristiana, pero que es intocable en vistas a su utilidad para llenar las arcas de la Iglesia y acrecentar las finanzas del clero.

También salta a la vista el éxodo masivo de católicos hacia las más variadas propuestas religiosas, la vocación de suicidio de algunos sectores de la Iglesia, que están volcados en una forma ingenua de vivir el ecumenismo y el diálogo interreligioso, mientras dejan al pueblo católico en el más absoluto desamparo.

En suma, se observa un catolicismo en bancarrota. ¿La causa? El problema es multicausal, pero una cosa es cierta: existe actualmente un modelo eclesial agotado.

Es inútil que nos hagamos ilusiones: nos encontramos en caída libre y nadie sabe cuándo nos vamos a parar. Templos que se cierran, parroquias que se juntan, seminarios vacíos, órdenes y congregaciones religiosas de puros ancianos, gente que cada día más se va alejando de nosotros sin despedirse siquiera. Hay que estar ciegos para seguir pensando que todo anda bien en nuestra casa, mientras tratamos de apuntalar un andamio que ya se nos está cayendo encima a la vista de todos.

Es inútil tratar de maquillar, camuflar o esconder una realidad eclesial, extremadamente precaria. Lo mejor es tomar conciencia de ella y tratar de intervenir con sentido de responsabilidad y audacia cristiana. De otra manera, me temo que, de seguir así, nuestro changarrito poco a poco se va a reducir a los mínimos términos (Cambiar o Morir. La Iglesia ante el Futuro, p. 19-20).

 

Juzgar

El plan de Dios

El proyecto salvífico de Dios es la medida para calificar la realidad eclesial, para descubrir qué tanto nos falta para llegar a la meta que Dios nos propone. Pues bien, ¿cuál es el proyecto de Dios para su pueblo? Vida abundante en Cristo y su Iglesia (Jn 10, 10b; 1Tim 3, 15).

Por eso, en esta segunda parte, el P. Amatulli nos presenta a Cristo y a la Iglesia católica como lo que realmente son: a Cristo como el único salvador del mundo (Hch 4, 12; Jn 14, 6) y a la Iglesia como un camino privilegiado de salvación.

Por lo tanto, ser discípulo de Cristo en la Iglesia fundada por Él, representa lo máximo para el ser humano, un enorme privilegio, que hay que agradecer a Dios constantemente. Es otra manera, muy diferente, de pensar, vivir y situarse en el mundo. Es otra manera de ver el más allá y prepararse al encuentro definitivo con Dios. Es otra manera de establecer, vivir y sentir la propia relación con la divinidad: “Miren qué amor tan grande nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!” (1Jn 3, 1) (Cambiar o Morir. La Iglesia ante el Futuro, p. 27).

 

Además, en este contexto, el P. Amatulli nos ayuda a descubrir con nuevos ojos la excelencia de la fe católica, que no es una invención humana, sino algo que viene de Dios. Al mismo tiempo, a la luz de la Sagrada Escritura, nos lleva a examinar diversas imágenes de la Iglesia que presentan lo que Dios quiere para su pueblo, el sueño que debe hacerse realidad en la historia de la salvación.

En efecto, la Iglesia está llamada a ser el rebaño de Dios, donde las ovejas estén seguras y tranquilas, bajo el cuidado de un pastor dispuesto a dar la vida para protegerlas; la viña, donde Dios es el viñador, que la cuida de la mejor manera posible para que dé frutos; la familia y el templo de Dios.

Este es el ideal. Pero, ¿cuál es la realidad concreta? Ovejas dispersas y errantes (Ez 34, 5-6); viña que, en lugar de dar uvas, da racimos amargos (Is 5, 2); y templo en que se honra a Dios solamente con los labios (Is 29, 13).

¿La culpa? De todos, pero de una manera especial de:

• los encargados, que se adueñan de la viña (Lc 20, 9-19);

• los malos pastores, que se apacientan a sí mismos y descuidan a las ovejas (Ez 34, 2), volviéndose mercenarios (Jn 10, 12; Os 4, 6);

• los mayordomos, que, en lugar de proporcionar a la servidumbre el alimento a su debido tiempo, se aprovechan de su cargo para tener una vida disoluta, descuidando gravemente su deber (Mt 24, 49; Lc 12, 45) (Cambiar o Morir. La Iglesia ante el Futuro, p. 33).

 

Y todo esto se debe a que existe en la Iglesia una verdadera casta sacerdotal, poco sensible a las necesidades espirituales del pueblo, y que dedica mucho tiempo a buscar y conservar privilegios.

 

Actuar

Hacia un Nuevo Modelo de Iglesia

¿Qué hacer para acortar las distancias entre el plan de Dios y la situación actual de la Iglesia? Una restructuración general de la vida de la Iglesia. La idea-fuerza que sugerirá las estrategias a seguir es muy sencilla, pero desafiante: luchar para garantizar la atención personalizada de todos y cada uno de los bautizados.

• Estructurar la comunidad cristiana, haciendo de ella una comunidad de servidores, en la que todos están llamados a dar y recibir, y donde esté garantizado el pastoreo y la evangelización, donde se viva la autoridad como un servicio y no como poder y privilegio y se pueda garantizar la celebración eucarística a todas y cada una de las comunidades, resolviendo la falta de ministros ordenados para confeccionar la Eucaristía. Esto implica también la presencia de ministros no ordenados, para quienes es necesario un marco jurídico que les dé un mínimo de garantías y salvaguarde su dignidad como agentes de pastoral, al mismo tiempo que contemple recompensarlos económicamente.

• Descentralizar el culto, delegando funciones y haciendo realidad en la praxis el concepto de Iglesia doméstica, al mismo tiempo que la capilla se vuelve en lugar de encuentro y celebración cultual a nivel de pueblo en general y de los diversos grupos humanos (asociaciones, gremios, etc.), favoreciendo que la celebración de la fe se haga más cercana al pueblo y, por lo tanto, más participativa, mientras se da un mayor margen de intervención a los laicos comprometidos.

• Reorganizar el proceso formativo, superando el desfase cultural y utilizando los moldes culturales contemporáneos (psicología, oratoria, comunicación, literatura, etc.), equilibrando el aspecto intelectual y el aspecto práctico, viendo la formación como un camino de fe y no como un medio para transmitir meros conocimientos. Por otra parte, teniendo presente la realidad latinoamericana, es importante implementar cursos de Biblia y apologética para enfrentar el proselitismo religiosos y formar auténticos discípulos y misioneros de Cristo.

• Organizar la misión, haciendo realidad la evangelización de nuestro pueblo, mediante un anuncio acompañado siempre del testimonio y la oración, dirigido a todos, sin excepción. Para lograrlo, es necesario favorecer el surgimiento de un carisma especial, el carisma misionero, cuya tarea es ensanchar los confines de la comunidad cristiana y cuyos destinatarios son los católicos alejados o no practicantes y los no católicos, sean ateos, indiferentes religiosamente, ex católicos o miembros de otra religión. Evidentemente, es algo que supone el don de Dios, ciertas dotes naturales, una debida preparación teórica y muchos ensayos con entrenamiento práctico. Sólo así será posible que la Misión Continental no se quede en el papel y en uno más de múltiples intentos fallidos.

• Impulsar los carismas, evitando el clericalismo, que consiste en acaparamiento de funciones de parte del clero. Es tiempo de volver al estilo que vivieron las primeras comunidades cristianas, impulsando, como ocurrió en la Iglesia primitiva, los más variados carismas. Para hacerlo realidad es insustituible la labor de las asociaciones y movimientos apostólicos, en un clima de sana competencia y espíritu de colaboración.

• Crear una cultura católica, aprendiendo a manejar el lenguaje cultural actual (novela, cuento, telenovela, película, teatro, etc.) y haciendo realidad una organización al estilo empresarial y utilizando los innumerables recursos de la tecnología moderna.

• Informes oficiales. Se requiere un formato más adecuado, con los indicadores que permitan conocer la situación real en que se encuentra la parroquia, el decanato, la diócesis, etc., y favorezca una adecuada organización pastoral.

 

Concientizar la Iglesia

y alentar la esperanza

Es la tarea de este folleto y de los recientes libros publicados por el P. Amatulli: La Iglesia y las Sectas, México 1993; La Iglesia ante la Historia, México 2004; Hacia un Nuevo Modelo de Iglesia, México 2006; Documento de Aparecida. Extracto operativo, México 2007; Charlas de Sobremesa entre Curas, México 2007; Inculturar la Iglesia, México 2008; ¡Alerta! La Iglesia se desmorona, México 2008; Vino nuevo en odres nuevos, de próxima aparición.

 

Es algo realmente triste: por lo general, el clero y la vida consagrada, que tendrían que representar la vanguardia en la acción evangelizadora de la Iglesia, se han vuelto en el principal factor de resistencia ante el cambio. Es que representan los más favorecidos en el actual modelo eclesial. Por eso su visión de la realidad es muy diferente, se niegan a reconocer su fracaso pastoral y se cierran ante la perspectiva del cambio.

El laicado, al contrario, por lo general ve con buenos ojos el esfuerzo que se está haciendo por profundizar la realidad eclesial y anhela el cambio. Pues bien, para alentar esta esperanza, no dejo de pensar, escribir y correr por todos lados, luchando para que no se apague la llama que aún humea (Is 42, 3) (Cambiar o Morir. La Iglesia ante el Futuro, p. 62).

Los jóvenes: obreros del Evangelio

Los jóvenes: obreros del Evangelio

Voluntariado Misionero Apóstoles de la Palabra

Fortalecer la fe de los católicos  

y dar a conocer a todos la Sagrada Escritura

 

Quienes son

Son jóvenes y muchachas, orgullosos de ser católicos, que aman la Palabra de Dios y desean fortalecer la fe de sus hermanos utilizando abundantemente la Biblia.

Para lograrlo, forman pequeñas comunidades cristianas, realizan visitas domiciliarias, imparten charlas, cursos y retiros espirituales, distribuyen literatura católica formativa, haciendo uso abundante del canto y las obras de teatro.

 

Finalidad

Es hacer de los jóvenes verdaderos “obreros del Evangelio”, teniendo presente que la cosecha es abundante y los misioneros son pocos (cfr. Lc 10, 2). La experiencia dice que los jóvenes católicos pueden dedicar parte de su tiempo y su entusiasmo para llevar el Evangelio a los más necesitados.

 

Modalidades

-Un  año de servicio a tiempo completo.

Después de cuatro meses de formación y capacitación teórica y práctica, los jóvenes hacen la promesa de servir a la Iglesia durante un año a tiempo completo. Esto implica dejar la propia casa e ir a los lugares más necesitados del anuncio del Evangelio.

La formación que reciben les permite ser rezanderos, celebradores de la Palabra, catequistas y misioneros parroquiales. Al concluir la promesa, pueden renovar su compromiso o regresar a la propia parroquia para colaborar en la evangelización de sus comunidades.

Esta modalidad es, de una manera especial, para los jóvenes que quieren discernir mejor la vocación. En este caso, los jóvenes con inquietudes de ingresar al seminario o las jóvenes con inquietudes hacia la vida consagrada, pueden integrarse, respectivamente, a la Fraternidad Misionera Apóstoles de la Palabra o al Instituto Misionero Apóstoles de la Palabra.

 

-Menos de un año.

Es para los jóvenes que no pueden regalar un año completo al servicio de la Iglesia por motivos de trabajo o de estudio. Después del periodo formativo, hacen la promesa por el tiempo que consideren oportuno (seis meses, por ejemplo).

 

-Jóvenes que estudian o trabajan.

Aprovechan algunas tardes, los fines de semana, las vacaciones y el tiempo disponible para capacitarse y realizar apostolado. Por lo menos dedican un fin de semana al mes para estudio, retiro espiritual y convivencia fraterna y otro fin de semana para distribuir literatura formativa de casa en casa y en las misas dominicales.

 

Nuestros centros de formación

Los centros de formación están ubicados en los siguientes lugares:

 

MUJERES

Calle La Rosas, 79 Lote 10 Mza. 12

Col. Agrícola La Venta

21210 Acapulco, Gro.

Tel. 01744/403-25-27

 

Niños Héroes # 18

Entre Felipe Ángeles y Fco. I. Madero

Col. Sta. Cruz de las Huertas

45410 Tonalá, Jal (Guadalajara)

Tel. 01/33/3691-2521

 

Av. 3 de Octubre

entre 15 de Septiembre y 10 de Mayo

Col. Guadalupe Xonacatepec, Puebla, Pue.

Tel. 01 22 2218 9545

 

Col. Moderna

Sección La Mediana

A. P. # 136 Tuxtepec, Oax.

Tel. 01/287/871-7071

 

VARONES

Calle Las Parotas S/N Col. Nuevo Amanecer

41100 Chilapa de Álvarez Gro.

Tel: 01 756 475 30 84

 

16 de Septiembre #1304

Col. Centro

72000 Puebla, Pue.

Tel. 01/222/232 40 40

 

Av. Yucatán Nº 43

Barrio Las Flores

68400 Loma Bonita, Oax.

 

Calle 62 S/N por 85 y 87

Col. Nueva Santa Isabel

97370 Kanasin, Yucatán

Cel. 045/999/991 58 05

 

MUJERES  Y VARONES

Calle José Martí Nº 123

Col. Reforma Agraria

68000 Oaxaca, Oax.

Tel: 01/951/516 20 07

 

Diagonal S. Pedro de Verona Mártir

Avenida Central 6

29770 Bochil, Chiapas

Tel: 01/ 91965301509 (Parroquia)

Cel. 045919/100 96 21

 

¿Por qué dice la Biblia que los borrachos “no heredarán el Reino de Dios”?

¿Por qué dice la Biblia

que los borrachos “no heredarán el Reino de Dios”?

 

El Reino de Dios es el mundo como lo quiere Dios, un mundo donde se vive la voluntad de Dios, sintetizada en que debemos amar a Dios con todo nuestro corazón, nuestra mente, nuestra alma y nuestras fuerzas, y al prójimo como a nosotros mismos (Cfr. Mc 12, 29).

Pues bien, nuestra participación en el Reino de Dios, aunque tiene su realización plena en la eternidad junto a Dios, la vivimos desde ahora, en nuestra vida cotidiana.

Teniendo presente todo esto, retomemos lo que dice san Pablo en su carta a los Gálatas, resaltando el problema de emborracharse:

19 Las acciones que proceden de los bajos instintos son manifiestas: fornicación, indecencia, libertinaje, 20 idolatría, superstición, enemistades, peleas, envidia, cólera, ambición, discordias, sectarismos, 21 celos, borracheras, comilonas y cosas semejantes. Les prevengo, como ya los previne, que quienes hacen esas cosas no heredarán el Reino de Dios (Gál 5, 19-21).

 

En la carta a los Gálatas, san Pablo considera que la persona humana es como un campo de batalla, donde dos fuerzas opuestas libran un combate: las fuerzas del instinto (san Pablo dice, literalmente, “las obras de la carne”) y la fuerza del Espíritu con su fruto, el amor, y todo lo que éste trae consigo: alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí mismo (cfr. Gál 5, 22-24).

Para san Pablo (y lo experimentamos en la vida cotidiana), el instinto mata la libertad y conduce a la esclavitud; por eso nos invita a dejar una serie de vicios que nos alejan del proyecto salvífico de Dios, de su Reino.

Pues bien, en Gál 5, 19-21 san Pablo presenta una lista de vicios, que podemos dividir en dos categorías:

a) los vicios que pisotean y destruyen la libertad del otro, de nuestro prójimo, haciendo imposible la convivencia humana: violencia, envidias, divisiones, ambición, etc.

b) las pasiones que encadenan a la persona a la tiranía del sexo y a los excesos del alcohol y la comida: fornicación, desenfrenos, borracheras y comilonas.

Por eso en Gál 6, 8, san Pablo afirma lo siguiente:

8 Quien siembra para los bajos instintos, de ellos cosechará corrupción; quien siembra para el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna (Gál 6, 8).

 

La experiencia de las borracheras, algo frecuente en nuestro pueblo, es causa de esclavitud para quien se emborracha y motivo de innumerables sufrimientos para sus seres queridos.

Debido al abuso de bebidas embriagantes, el ser humano, llamado a construir paraísos y a alegrar la vida de los demás, construye infiernos, donde sufre más la propia familia: violencia física y verbal, pobreza, hambre y tantas cosas más, que favorecen que haya relaciones conflictivas y destructivas que dañan seriamente a la esposa y a los hijos, además de la autodestrucción que la embriaguez constante trae consigo.

Por el P. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap

La formación intelectual del sacerdote

La formación intelectual del sacerdote

 

Este artículo de Barrajón me parece pertinente, pues presenta las motivaciones más profundas para la formación permanente del presbítero, aunque el artículo insiste en la formación intelectual, partiendo de la encíclica Pastores dabo vobis, particularmente de los números 51-56 y 72. El tema está englobado en la reflexión sobre la identidad y la misión del sacerdote, elemento importante para la renovación, siempre necesaria, de la Iglesia.

Por ser hombre, dice Barrajón, el sacerdote está llamado a formar su inteligencia, abierta ésta a la verdad completa. Es más, la inteligencia firma parte de la humanidad del sacerdote, que debe ponerla al servicio de Cristo y de la Iglesia. Implica, también, la búsqueda incesante de la verdad.

Además, el sacerdote está llamado a predicar el Evangelio de la verdad y a Cristo, que es la verdad misma. Se trata del servicio de la verdad, que está íntimamente ligado al servicio de la caridad, por lo que es un deber irrenunciable. Esto requiere estudio, no sólo en el caso del sacerdote sino en el caso del candidato al sacerdocio, quienes deben dedicar algún tiempo al estudio para la eficacia en el apostolado.

Esto que siempre ha sido necesario, es urgente en las circunstancias actuales, en un mundo donde crece la influencia del relativismo, que alimenta la cultura actual, por lo que el sacerdote debe caracterizarse por ser el hombre de la verdad, el hombre de la inteligencia perspicaz, el creador de cultura humanista; lo que requiere de una será preparación intelectual, que le permita ser un interlocutor de este mundo al que debemos evangelizar, máxime ahora que se requiere evangelizar la cultura, para que ésta responda a la vocación divina del hombre.

 

Comentario. Pienso que Barrajón trata un tema de grandísima actualidad. En este sentido, me gustaría aportar algunas reflexiones y experiencias. He iniciado, junto con algunos integrantes de mi comunidad, algo denominado Café Teológico. Se trata de un espacio para reflexionar sobre los desafíos de la sociedad actual, que parte del acercamiento a diversos temas y la discusión en grupo. Es un ejercicio mensual, que resulta sumamente revelador, porque nos permite estar al día y enfrentar los retos pastorales con mayor eficacia.

Por otra parte, he iniciado en la ciudad de México y en la ciudad de Puebla un grupo parecido, pero con énfasis en la cultura. El objetivo de estos encuentros es tratar de entender la cultura actual, leyendo la literatura contemporánea, mirando el cine actual y acercándose a otros géneros como el teatro y las artes plásticas en general. El reto a enfrentar es aprender a expresarse en la cultura contemporánea, utilizando el teatro, la novela, el cuento, la poesía, etc.

Evidentemente, la formación intelectual requiere tiempo y esfuerzo, por lo que es conveniente programar los tiempos y las actividades. Otro elemento importante: la participación del laicado es imprescindible. Ellos están más sumergidos en la cultura actual, pues no están en el gueto que representan instituciones como los seminarios y los centros de formación eclesiásticos.

El artículo me ayudó a fundamentar más estas inquietudes y suscitar el interés de trabajar con mayor intensidad en mi formación intelectual. El estudio no es tiempo perdido. Es una herramienta para el sacerdote del tercer milenio, que se manifestará en una mejor planeación y una más amplia eficacia pastoral, que partirá de un mayor conocimiento de la cultura contemporánea.

 

BIBLIOGRAFÍA

 Barrajón, Pedro, La formación intelectual del sacerdote, en Ecclesia XVI, ene-mar, 2002, 43-62.

Síntesis de la Piedad Popular en el Documento de Aparecida

Síntesis de la Piedad Popular en el Documento de Aparecida

El Documento de Aparecida, en los números 258 al 265 nos presenta lo relacionado a la piedad popular. Se trata de ricas aportaciones para comprender la riqueza de la religiosidad popular, a la que se nos presenta como el precioso tesoro de la Iglesia en América Latina, un tesoro que se tiene que promover y proteger en tanto que es expresión de la fe católica y un catolicismo profundamente inculturado. El DA nos señala las expresiones de la piedad popular, que constituyen verdaderas profesiones de fe, entre las que destaca la veneración a Cristo Crucificado, María, las imágenes y las peregrinaciones.

A través de ella se vive la experiencia de un misterio que nos supera. No se trata de una espiritualidad de masas; es una espiritualidad comunitaria, con amplios espacios a la vivencia personal, en tanto que nos posibilita la vivencia de la fe y la integración de lo .

Debemos valorar la piedad popular positivamente, puesto que ha sido sembrada por el Espíritu Santo, por lo que constituye un importante punto de partida para llevar la fe de nuestro pueblo a la madurez a la que ha sido llamado. Además, la piedad popular tiene una fecundidad sorprendente, que facilita la actividad misionera y nos hace tener presente la primacía de la acción del Espíritu Santo y que Dios siempre es el que toma la iniciativa de llamar a los hombres y, por tanto, la primacía de la Gracia.

¿Cómo enriquecerla? Indudablemente, nutriéndola de la savia evangélica, de la fuerza de la Palabra de Dios, de tal manera que también se llegue a la recepción de los Sacramentos, especialmente los Domingos y a la vivencia de la caridad.