Reflexiones sobre Verbum Domini. I

La proliferación de sectas

en el nuevo documento del Papa Benedicto XVI

De forma breve, pero sustanciosa, Verbum Domini, el nuevo documento pontificio, aborda el problema pastoral de la proliferación de sectas.

Por el P. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap

La Biblia,

corazón de la actividad eclesial

El 11 de noviembre de 2010 la Santa Sede presentó un nuevo documento pontificio. Se trata de la exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini, sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia. El documento es fruto de los trabajos del Sínodo sobre la Palabra de Dios, que se celebró en la Ciudad del Vaticano del 5 al 26 de octubre de 2008.

El objetivo de la exhortación, según el Santo Padre, es “indicar algunas líneas fundamentales para revalorizar la Palabra divina en la vida de la Iglesia, fuente de constante renovación, deseando al mismo tiempo que ella sea cada vez más el corazón de toda actividad eclesial” (Verbum Domini, 1).

Las sectas,

un problema pastoral

Pues bien, uno de los problemas pastorales puestos de relieve en la magna Asamblea sinodal fue el de la proliferación de sectas (Verbum Domini, 73).

¿Por qué representan un problema pastoral? La Asamblea sinodal, de cuyos trabajos emanó la exhortación apostólica, parece señalar que se debe a su proselitismo sistemático “en diferentes continentes” y la instrumentalización que hacen de la Biblia.

En efecto, en el Instrumentum laboris se señalaba que se debe prestar una especial atención “a las numerosas sectas, que actúan en diferentes continentes y se sirven de la Biblia para alcanzar objetivos desviados con métodos extraños a la Iglesia” (Instrumentum laboris, 56).

Más aún, se menciona a los grupos proselitistas entre las “dificultades que impiden el camino en el anuncio del Evangelio”, puesto que “impiden una correcta interpretación de la Biblia” (Instrumentum laboris, 43).

Y es que, señala el Sucesor de Pedro, estos grupos “difunden una lectura distorsionada e instrumental de la Sagrada Escritura” (Verbum Domini, 73).

La pureza de la fe

Ante esta realidad, una pregunta que se planteó en el Sínodo fue la siguiente: “¿Qué procedimientos pueden ser usados para sostener a la comunidad cristiana frente a las sectas?” (Lineamenta, Preguntas: Capítulo III).

Nótese la finalidad de estos procedimientos: deben ayudar a “sostener” a la comunidad cristiana frente al embate de los grupos proselitistas.

La respuesta, breve, pero significativa, de los Lineamenta señala que se debe prestar mayor atención “a la pureza de la Palabra de Dios, auténticamente interpretada por el Magisterio, frente a las numerosas sectas que usan la Biblia para otras finalidades con métodos ajenos a la Iglesia” (Lineamenta, 31).

Esta es precisamente la finalidad de la Nueva Apologética: poner al alcance de todos los fieles católicos la interpretación auténtica que de la Biblia hace el Magisterio de la Iglesia, puesto que los primeros destinatarios de la Nueva Apologética son, precisamente los católicos, particularmente los más alejados. En un segundo momento, la Nueva Apologética busca dialogar con los hermanos separados, que en su mayoría son excatólicos, para presentarles la interpretación auténtica de los pasajes bíblicos que les llevaron a abandonar la Iglesia.

La animación bíblica

de toda la pastoral

Se trata de la respuesta adecuada a este problema eminentemente pastoral, puesto que “allí donde no se forma a los fieles en un conocimiento de la Biblia según la fe de la Iglesia, en el marco de su Tradición viva, se deja de hecho un vacío pastoral, en el que realidades como las sectas pueden encontrar terreno donde echar raíces” (Verbum Domini, 73).

De hecho el Santo Padre es enfático, puesto que añade el adverbio “toda”, llegando a pedir la animación bíblica de toda la pastoral (Cfr. Verbum Domini, 73).

Esta animación bíblica de toda la pastoral no implica solamente añadir “algún encuentro en la parroquia o la diócesis, sino de lograr que las actividades habituales de las comunidades cristianas, las parroquias, las asociaciones y los movimientos, se interesen realmente por el encuentro personal con Cristo que se comunica en su Palabra” (Verbum Domini, 73).

Como puede verse, la propuesta del Sínodo está en plena consonancia con la propuesta del padre Amatulli, resumida en el lema “Biblia para todo y Biblia para todos; todo con la Biblia y nada sin la Biblia”. Pues bien, ¿cuáles son las “actividades habituales” de la vida eclesial? La santa Misa, la homilía, la catequesis, los encuentros de oración, los congresos, los retiros espirituales, las prácticas de piedad (rosario, vía crucis, hora santa, etc.), el pastoreo, la evangelización, las fiestas patronales, las reuniones de los movimientos apostólicos, etc.

¿Quiénes están llamados a ser los protagonistas y destinatarios de esta noble tarea? Toda la comunidad eclesial, de manera tal que “es necesario dotar de una preparación adecuada a los sacerdotes y laicos para que puedan instruir al Pueblo de Dios en el conocimiento auténtico de las Escrituras” (Verbum Domini, 73).

Vamos por buen camino

Como puede notarse, la labor que hacemos los Apóstoles de la Palabra y la propuesta que hacemos en el campo bíblico, apologético y catequético está en plena consonancia con lo que nos presentan el Santo Padre y los Padres sinodales. Adelante, pues, con mayor entusiasmo y una convicción más profunda.

Carta abierta a los Señores Curas acerca de la MISIÓN CONTINENTAL

Carta abierta a los Señores Curas acerca de la MISIÓN CONTINENTAL

 

Muy Señores Míos:

La gracia y la paz del Señor Jesús los acompañe siempre y los llene de santo celo por la causa del Evangelio.

El motivo de la presente es el deseo de compartir con ustedes algunas inquietudes acerca de nuestro papel en la Misión Continental, que ya está dando sus primeros pasos por todas partes. Como es fácil intuir, no se trata de un compromiso que tiene que ver solamente con los laicos comprometidos. Se trata de algo esencialmente eclesial, que por lo tanto exige la participación de todos: clero, laicado y vida consagrada. Además, una Misión de este tipo, para tener éxito, necesita tomar en cuenta todos los aspectos de la vida eclesial, no solamente el aspecto intimista de un mayor acercamiento a Dios de parte de los católicos alejados.

 

Estructuras de pecado

¿Qué podemos pensar al constatar el abandono generalizado de nuestras masas católicas? Parecen “ovejas sin pastor” (Mc 6, 34). Que algo anda mal entre nosotros. Alguien dirá: “¿Qué culpa tengo yo? Yo hago lo que puedo”. Así es, cuando se trata de algo que rebasa la responsabilidad de una determinada persona. En este caso se habla de pecado comunitario, en que nadie tiene la culpa y todos la tenemos.

Entonces, ¿por qué no hacemos a nivel de Iglesia el mismo tipo de análisis que acostumbramos hacer a nivel de Sociedad? En concreto, ¿qué pensamos cuando vemos a un grupo humano, una región o un país, sumido en la miseria y el abandono? ¿A quiénes en primer lugar responsabilizamos de la situación: a las masas populares o a las autoridades y las clases más pudientes? Pues bien, ¿por qué no hacemos lo mismo dentro de la Iglesia? ¿Acaso la Iglesia no es una sociedad y por lo tanto no está sujeta a los mismos riesgos que cualquier otro tipo de sociedad, donde los instalados y privilegiados del sistema no se preocupan y hasta se aprovechan de los demás?

 

Conversión institucional

Es lo que necesitamos con urgencia dentro de la Iglesia: algún signo visible, que hable a toda la comunidad católica de una actitud de conversión que venga desde arriba. Y vaya que en este aspecto hay mucho que hacer. Pensemos en el trato con los feligreses, en los malos testimonios de algunos hermanos, que manifiestan adiciones incompatibles con el ministerio, el manejo de los aranceles, etc.

Evidentemente esto no basta para crear un nuevo rostro de Iglesia, en que todos los feligreses sean debidamente atendidos y tomados en cuenta en el quehacer eclesial, a la luz de la Palabra de Dios. Para eso se necesitan cambios estructurales más profundos, que rebasan nuestras posibilidades concretas. De todos modos, en este momento y dadas las condiciones actuales en que nos encontramos, algo podemos hacer en esta línea y esto es lo que la comunidad cristiana espera con ansia de nosotros.

 

Encubrimientos

Ya es tiempo de acabar con ciertos rezagos clasistas del pasado, en que la casta sacerdotal parecía intocable, no obstante cualquier abuso que pudiera cometer en perjuicio de la comunidad cristiana. Ya en la sociedad existe una nueva sensibilidad al respecto, que no permite quedar indiferentes ante ciertos atropellos de parte de los que tendrían que dar ejemplo de equilibrio, ecuanimidad y justicia.

En la práctica, ¿qué pasa cuando un cura se porta mal y el pueblo se queja ante la autoridad competente? Que se le cambia de lugar, para que siga con lo mismo con otra gente. Así que, por lo general, para proteger a un cura desequilibrado, se sacrifican a enteras comunidades cristianas. En estos casos ¿por qué no se le suspende de una vez, hasta que no se rehabilite mediante un oportuno tratamiento y esté en condiciones de volver a asumir el cargo que le corresponde?

Que no se vaya a repetir el caso de los curas pederastas, que tanto daño han causado a la credibilidad de nuestra institución. Tenemos que convencernos de que toda paciencia tiene un límite y, al volverse insostenibles, en cualquier momento ciertas situaciones pueden explotar, con grave perjuicio de toda la comunidad cristiana.

 

Amenazas y castigos

Para que esto no suceda, a veces se acude a las amenazas: “Si me salgo de la parroquia, se van a quedar sin nada”; “Si no me obedecen, los voy a excomulgar”, a sabiendas de que no tienen ningún derecho para hacerlo y sin tener en cuenta si lo que piden los feligreses es algo correcto o incorrecto. Una prueba evidente de abuso de autoridad, que no admite razones: o rendición incondicional o castigo. Situaciones de otros tiempos, que aún persisten en algunos ambientes eclesiales y que es urgente desterrar una vez por todas como una muestra tangible de conversión de parte de la institución.

Y cuando ya se da el caso, se aplica el castigo: parroquias o pueblos sin atención pastoral durante algún tiempo como escarmiento por haberse rehusado a cumplir con los caprichos del señor cura. ¿Hasta cuándo?, me pregunto.

 

Católicos desprotegidos

Es un hecho que, con relación a la realidad eclesial, actualmente existen puntos de vista totalmente diferentes, según se vean las cosas desde la azotea o desde la calle. Los que miran las cosas desde la azotea, las ven muy esfumadas, todo color de rosa, que no compromete en nada. Con facilidad hablan de tolerancia, respeto y amor para con todos, como si viviéramos en el país de las maravillas.

Al contrario, los que miran las cosas desde la calle, las ven muy diferentes: constantes cuestionamientos de parte de la competencia, humillaciones y extrema inseguridad de parte del católico. Muchos, en la misma familia y entre los mismos parientes y compañeros de trabajo, cuentan con gente que ya se cambió de religión y no deja de molestar a cada rato con el pretexto de las imágenes, el bautismo de los niños y tantas cosas más.

Ante esta situación, me pregunto: “¿Qué nos está pasando? ¿Acaso no nos damos cuenta de que nuestros feligreses se encuentran totalmente desprotegidos ante los ataques sistemáticos y capilares de los grupos proselitistas, cuyos miembros a veces se encuentran en la propia familia? ¿Cómo es posible tratar de resolver el problema, aconsejándoles que simplemente no les hagan caso, les cierren la puerta o les hablen del amor de Dios? ¿Por qué no hacer todo lo posible por ayudar a nuestra gente a prepararse adecuadamente para poder vivir su fe con dignidad y sin zozobras en un mundo plural y tan conflictivo como el nuestro? ¿Acaso nuestros feligreses no tienen derecho a recibir una orientación precisa de parte de sus pastores, cuando la duda los atrapa y ya no saben qué hacer? ¿Es tan difícil darse cuenta de que la receta ecuménica no siempre es adecuada para enfrentar la problemática actual? ¿Por qué tanta fobia hacia la apologética, considerada como cosa del pasado?”

En realidad, nunca como ahora la apologética ha sido tan urgente y necesaria. De hecho, nunca como ahora el pueblo católico se ha encontrado tan cuestionado y atacado de parte de los que tienen otras creencias. Y nosotros, bien campantes con nuestro malentendido ecumenismo, abandonando a su suerte a nuestra gente y dejando cancha libre al lobo feroz. En lugar de buscar a la oveja perdida (Lc 15, 4-6) y fortalecer a la débil (Ez 34, 4), preferimos hablar de libertad (que cada una es libre de ir adonde quiera) y convencerlas de que en fin de cuentas el lobo no es tan malo como lo pintan y que en el fondo se trata de otro tipo de pastor (Cf. Jn 10. 10ss).

Pretendemos tapar el sol con un dedo, tratando de liquidar con pretextos ingenuos un problema demasiado grave, como si nuestros feligreses fueran tan torpes que no se dieran cuenta de que están siendo abandonados por sus pastores, que, en lugar de velar por el bien del rebaño (1Pe 5, 1ss; 2Pe 2, 1ss), están preocupados por quedar bien con todos y no meterse en problemas.

 

Pecado contra el Espíritu Santo

A veces me pregunto si no estamos pecando contra el Espíritu Santo. En realidad, ¿en qué consiste el pecado contra el Espíritu Santo? En encerrarse en uno mismo y rechazar toda evidencia en contra de la propia manera de actuar, pase lo que pase. El pecado que cometieron los “sabios y entendidos” del tiempo de Jesús, que, no obstante todos los “signos”, se resistieron hasta el final, con tal de no dar su brazo a torcer, causando el más grande desastre para su pueblo.

En nuestro caso, ¿qué estamos esperando para cambiar de rumbo? ¿Que primero toquemos fondo, permitiendo que poco a poco vayan desapareciendo por completo nuestras masas católicas, fagocitadas por la competencia? Mientras tantos, nos aprovechamos de ellas, dándoles comida chatarra y sacándoles lo necesario para los frijolitos y algo más.

 

¿Basta con el mandato?

Para despertar de este sueño (¿o pesadilla?), en que vivimos, tenemos la grande oportunidad de la “Misión Continental”. A condición de que la tomemos en serio y no limitemos nuestra participación a conferir el “mandato” a los laicos que se van a comprometer en ella, descargando sobre ellos toda responsabilidad al respecto.

Si queremos hacer las cosas en serio, no nos queda que imitar el ejemplo de Jesús, el misionero del Padre, que primero formó a sus discípulos, conviviendo con ellos (Mc 3, 14), y después los envió a evangelizar el mundo entero (Mc 16, 15), bien entrenados y con instrucciones bien precisas (Mt 10, 5ss; Lc 10, 2ss), imitando su ejemplo. (Ver “Listos para la Gran Misión”, un folleto que acabo de escribir acerca de la Misión Continental).

O todo se vuelve rutina y pura pantalla, sin una verdadera incidencia en la vida eclesial. Como en el pasado ya sucedió en distintas ocasiones.

 

Cambios urgentes

Además, si queremos arrancar con la Misión Continental bajo los mejores auspicios, considero de suma importancia poner en práctica de inmediato estas tres sugerencias:

  1. Desligar de toda tarea material (rifas, kermeses, tamales, etc.) a los laicos comprometidos con la evangelización. Que los demás se encarguen de este aspecto, no olvidando la recomendación de Jesús: “Que los muertos sepulten a sus muertos. Tú ve a anunciar el Reino de Dios” (Lc 9, 60).
  2. Desterrar de una vez de nuestros ambientes la mala costumbre, aún vigente en algún lugar, de buscar fondos económicos organizando fiestas con baile y borrachera. Que la autoridad competente intervenga con todo el peso de la ley para que esto no se vuelva a repetir por ninguna razón, tratando de no dar a nadie motivo para desacreditar nuestro ministerio.
  3. Que por lo menos el sacramento de la Confirmación administrado por el Obispo, se celebre en un clima de espiritualidad; es decir, durante un retiro espiritual. Que se delegue a algún presbítero para que administre este sacramento a los que quieren seguir con la costumbre actual de administrarlo en la fiesta patronal, caracterizada por la superficialidad y la dispersión.

 

Conclusión

Sin duda, y con toda razón, no faltará alguien entre ustedes que, al leer esta Carta Abierta, se sentirá molesto, convencido de estar haciendo todo lo que puede en orden a la Misión Continental. En este caso, no se preocupe. Siga adelante, sin desmayar. Posiblemente encontrará algún detalle que lo pueda ayudar a mejorar las cosas. Qué lo aproveche.

Para los demás, ciertamente estas sugerencias les podrán resultar de suma importancia, para el éxito de la Misión Continental. Sepan que cuentan con un recuerdo especial en mis oraciones, para que su compromiso misionero se vaya fortaleciendo cada día más por la acción del Espíritu y consiga frutos siempre más abundantes.

Unidos en la oración y en el mismo ideal misionero.

 

Tapachula, Chis., a 18 de enero de 2010.

 

Atentamente,

 

 

 

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P. Flaviano Amatulli Valente, fmap

Las cartas sobre la mesa

Un género que ha hecho historia

La carta abierta es un género literario y periodístico que ha hecho historia y es sumamente socorrido. Émile Zola lo utilizó a propósito del Caso Dreyfus, el 13 de enero de 1898, titulándolo «J’Acusse» (es decir «Yo acuso»), dirigiéndola a Félix Faure, presidente de Francia, y publicándola en el diario L’Aurore. Lo utilizó también Martin Luther King, el activista y mártir de los derechos civiles. Su Carta desde la Cárcel Birmingham, escrita el 16 de abril de 1963, es una apasionada declaración de su cruzada por la justicia y por la vida, y a favor de los derechos civiles.

Hasta Bill Gates, el co-fundador de Microsoft, ha hecho lo propio, enviando una carta abierta a los usuarios de computadoras (la célebre “Open Letter to Hobbyists”) a favor de aquellos que desarrollan el software y lamentando la piratería.

En el ámbito eclesiástico, Mons. Albino Luciani (nuestro querido Juan Pablo I, el Papa de la sonrisa) lo utilizó ampliamente cuando era Patriarca de Venecia, titulándolas “Ilustrísimos señores” y dirigiéndolas a los más dispares personajes de la historia y la ficción literaria (cuarenta destinatarios), desde Dickens a Goethe, pasando por Marconi, San Bernardino de Siena, Pinocho, Figaro, Teresa de Ávila, Teresa de Lisieux, María Teresa de Austria y, obviamente, Jesucristo (Cfr. Luciani, Albino, Ilustrísimos señores. Cartas del patriarca de Venecia, Biblioteca de autores cristianos, Madrid 1978, 325 pp.).

Un destinatario concreto: ¡la opinión pública!

¿Cuáles son los motivos para escribir una Carta Abierta? Pueden ser los siguientes: la intención de mostrar al público la opinión del autor sobre un tema particular, el deseo de comenzar el debate público sobre determinado tema, o el propósito de atraer a la opinión pública hacia cierta cuestión, con la intención de promover acciones concretas. Otra motivación, no menos importante, puede ser el humorismo.

Una cosa es cierta: si bien es innegable que las cartas abiertas tienen un destinatario concreto, se escriben con la finalidad de que sean leídas por una amplia audiencia, por lo que regularmente se dan a conocer a través de los medios de comunicación masiva, pues se quiere compartir el propio punto de vista a un extenso público, para generar opinión y poner sobre la mesa de discusión un asunto específico.

Pensando en voz alta

El P. Amatulli ha cultivado en varias ocasiones este género literario. Echemos una rápida mirada a este aspecto de su bibliografía.

El 4 de septiembre de 1974 escribió una carta abierta a algunos amigos sacerdotes de la Diócesis de Conversano, titulada “Pensando ad alta voce”, para contribuir con su granito de arena a la búsqueda de formas siempre más adecuadas de apostolado, proporcionando iniciativas oportunas, como favorecer el diálogo entre sacerdotes, especialmente en lo que se refiere a los problemas comunes que se presentan actualmente para la encarnación del mensaje de Cristo, un llamado a un sano pluralismo al interior de la Iglesia, sin integrismos ni radicalismos de ninguna especie, pero abiertos a los dones del Espíritu, para descubrir juntos formas nuevas de ser cristianos.

Algo parecido hizo en junio de 1975, en una carta abierta dirigida a sus compañeros de ordenación sacerdotal, en el décimo aniversario de tan importante acontecimiento (26 de junio de 1965). La carta se titula “Carissimi confratelli del ‘65” y quiere presentar, aunque sea brevemente, la experiencia de diez años de sacerdocio, algunos de estos vividos en América Latina. Allí da cuenta de sus estudios de periodismo en Bérgamo y su partida a México, para dirigir una revista de animación misionera, “Esquila Misional”; su labor apostólica en la periferia de la Ciudad de México, que le permitió discernir que el fundamento de una auténtica liberación no pueden ser ni Mao, ni Marx, ni ningún otro personaje, optando por Cristo y por la Palabra de Dios. Narra también su actividad entre los indígenas chinantecos, que inició a principios de 1972, su contacto cotidiano con la Palabra de Dios y su plena confianza en los otros, que lo lleva siempre a sugerir y jamás a imponer nada.

Una carta abierta muy significativa es la que escribió el 10 de octubre de 1969, con un título sumamente revelador: “Un esercito in marcia”, donde manifiesta su profunda convicción de la urgencia de preparar e impulsar a los laicos, a quienes considera insustituibles e indispensables para la Evangelización. Su confianza plena en los laicos se manifiesta en que llama a algunos de ellos a colaborar activamente en las dos revistas que dirige: “Esquila Misional” y “Aguiluchos”. Una visita por el sureste mexicano en agosto de 1969 le impacta profundamente, por la triste situación de muchas poblaciones y por la notable escasez de sacerdotes, que le hacen anhelar el día en que pueda dedicarse de lleno a la actividad evangelizadora, lo que le ayuda a tomar la decisión de dedicarse más de lleno al apostolado directo en el Vaso de Texcoco, en la periferia de la Ciudad de México. La experiencia lo ayuda a darse cuenta de la importancia del laicado, por lo que enfrenta el reto de capacitarlo para la evangelización, luchando contra la ignorancia religiosa y la inconstancia de muchos e impulsando las más variadas iniciativas: la buena prensa, la Virgen Peregrina, la proyección de filminas catequísticas, los círculos juveniles, la formación de líderes, etc. Aquí se va perfilando ya el futuro apóstol de la Palabra y su apuesta por el laicado, un auténtico ejército en marcha.

Poniendo puntos sobre las íes

Más recientemente, P. Amatulli ha escrito sendas cartas abiertas dirigidas a los Señores Obispos Mons. Samuel Ruiz García (1994) y Mons. Raúl Vera López, o.p. (1999).

La carta abierta dirigida a Mons. Ruiz, en ese entonces obispo residencial de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, se titula “Sr. Don Samuel Ruiz: No estoy de acuerdo con Usted” y fue dada a conocer el 22 de marzo de 1994. En ella el P. Amatulli le señala a Don Samuel que la manera que tiene de ver la liberación no ha dado buenos resultados, que en su diócesis no hay libertad, que algunos sacerdotes y religiosas han sido obligados a dejar la diócesis, que los laicos reciben amenazas en el sentido de privarlos de la recepción de los sacramentos si no aceptan la línea oficial, y que muchos agentes de pastoral se han metido directamente en la política partidista y en la lucha armada. La trascendencia de esta carta, a las pocas semanas de iniciarse el levantamiento zapatista, es significativa, aunque su difusión fue opacada por el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el 23 de marzo de 1994.

A Fray Raúl Vera López, op, en su calidad de obispo coadjutor de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, le escribió dos cartas abiertas, tituladas “De la esperanza a la paciencia y a la decepción” I y II Parte. La primera está fechada el 17 de febrero de 1999 y la segunda el 28 de febrero de ese mismo año. En ambas pide que no se nieguen los sacramentos a quienes no aceptan ciertas enseñanzas de algunos sacerdotes y catequistas de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, con una formación y mentalidad muy discutibles. Además, para poner el asunto en su justa perspectiva, pues Mons. Vera plantea, en una carta dirigida a Mons. Talavera, en su calidad de presidente de la Comisión Episcopal para el Apostolado de los Laicos, como si se tratara de un conflicto del Movimiento Eclesial “Apóstoles de la Palabra” y la diócesis, señala contactos de la diócesis en cuestión con el sandinismo, la eliminación sistemática del pluralismo al interior de la diócesis, que se caracterizó por el sistema de “partido único”, puesto que se prohibió la presencia de los diversos movimientos apostólicos, y la expulsión de los disidentes; se señala también que el proceso diocesano está completamente al margen del proceso que se vive, por lo general, en la Iglesia católica.

Estas tres cartas abiertas fueron publicadas en un libro titulado «Chiapas, Sectas y Evangelización», que trata ampliamente la cuestión de la Teología de la Liberación y la situación eclesial en la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, más la problemática del proselitismo religioso con el consiguiente éxodo de católicos, con líneas concretas para hacerle frente.

Preocupación por todas las Iglesias

La motivación de estas Cartas es una sincera preocupación por todas las Iglesias (Sollicitudo omnium Ecclesiarum, 2Cor 11, 28), apoyando a los que no tienen voz, ayudándolos a salir de la marginación eclesial, dando a conocer su situación, ignorada por amplios sectores de la Iglesia y la sociedad. Se trata, en suma, de ejercer el ministerio profético y de influir positivamente en la resolución de múltiples conflictos al interior de la comunidad eclesial, desde un punto de vista más evangélico, favoreciendo el diálogo sereno, en lugar del monólogo y la indiferencia, y practicando la corrección fraterna, incluso con los pastores de la Iglesia.

En este contexto se inscriben las cartas abiertas que presentamos en el segundo número de nuestra Revista “Café Teológico”, a saber: Carta Abierta a los Señores Curas, Carta Abierta a los Rectores de Seminario, Carta Abierta a los Maestros de Seminario y Carta Abierta a los Señores Obispos.

Ex abundantia cordis os loquitur

Presentación del libro más reciente del P. Amatulli,

titulado “¡Ánimo! Yo estoy con ustedes”‏

¡ANIMO! YO ESTOY CON USTEDES

¡ANIMO! YO ESTOY CON USTEDES

Ex abundantia cordis os loquitur

Un estilo ameno y sugestivo caracteriza a este nuevo libro del P. Amatulli. Es como una bocanada de aire fresco en el mar de la bibliografía católica contemporánea, en la que se privilegia un estilo académico, muy lejano de la sensibilidad contemporánea y de la formación específica y los intereses de amplios sectores del catolicismo.

Al leerlo no pude evitar pensar: “Realmente Jesús tiene razón: ‘De la abundancia del corazón habla la boca’ (Lc 6, 45c).” En efecto, en este libro están presentes los diversos temas que han preocupado y ocupado al P. Amatulli a lo largo de su vida y su ministerio; están presentes los aspectos que ha reflexionado largamente con el único afán de hacer todo lo posible para lograr que la Iglesia esté en condiciones de atender debidamente a todos y cada uno de los miembros del pueblo de Dios.

Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que este es el leitmotiv y la clave para interpretar toda su titánica actividad apostólica y su vasta producción literaria.

 

Historia magistra vitae

El estilo escogido por el P. Amatulli es el narrativo, donde él asume el papel del narrador y del cronista, que parece relatar a partir de sus recuerdos. Esto se nota en los tres relatos que componen el presente folleto, que inician respectivamente con estas frases tan sugerentes: “Recuerdo cuando vi a don Filemón por primera vez”, “Recuerdo cuando lo vi por primera vez”, refiriéndose al padre José Luis, y “Mis primeros recuerdos acerca de esta historia son muy vagos”, cuando alude a la historia de doña Raquel y sus tres hijos, Jorge, Felipe y Armando.

En este sentido, su folleto es una anamnesis, un traer a la memoria las vicisitudes que han vivido diversos personajes, significativos por su actividad pastoral y su papel en la comunidad eclesial, para aprender de ellas y sacar lecciones y aportaciones para la vida y el quehacer de la Iglesia.

No olvidemos que el P. Amatulli es un testigo privilegiado de la vida eclesial en las últimas décadas, particularmente en el posconcilio. Esto le permite remontarse a las alturas para ver los distintos modelos pastorales que se han propuesto y ensayado en el siglo XX, especialmente en América Latina, y examinar sus secuelas: el catolicismo preconciliar (representado por doña Raquel y don Filemón, el antiguo sinarquista), la aplicación polémica de las propuestas de las teologías de la liberación y la puesta en práctica, no siempre afortunada, de las directrices del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965), especialmente en el tema del ecumenismo, vivido tan ingenuamente en Iberoamérica.

Los géneros que habitualmente ha cultivado el P. Amatulli son el ensayo teológico-pastoral y el artículo de opinión. Pero el estilo que utiliza en este folleto le permite a nuestro autor presentar, con mayor contundencia, sus múltiples propuestas y planteamientos para hacer realidad un nuevo modelo de Iglesia y, por tanto, los elementos esenciales de su eclesiología y los métodos pastorales que sugiere para lograrlo.

Esto requiere, por tanto, saber leer entre líneas sus propuestas, sin dejar de disfrutar la interesante trama, pero sin dejarse atrapar por lo meramente anecdótico, olvidando lo que el autor quiere comunicarnos y proponernos para ser llevado a la práctica.

En este folleto, el P. Amatulli utiliza una forma de hablar plástica e penetrante. Usa imágenes, metáforas y simbolismos. Así pues, invito al lector a meditar en el significado más profundo de personajes como don Filemón, doña Raquel, Armando, el “convertido”, los padres José Luis, Felipe y Jorge, que representan distintas formas de entender y vivir la fe católica y de enfrentar los retos pastorales. Los invito también a profundizar en el significado más hondo de instituciones como “La Casona” y la congregación religiosa, que parecen representar, en distintos planos, a la parroquia, a la Iglesia universal y a sus instituciones, a veces en franca decadencia y otras en todo su esplendor. Analicemos también con ojo clínico las distintas situaciones que se presentan. Tal es el caso de la esquizofrenia, que no es exclusiva del padre Felipe, o del proceso de evangelización vivido por el padre José Luis. Los invito, por tanto, a leer entre líneas e ir más allá de lo evidente.

 

“Durus est hic sermo! Quis potest eum audire?”

Uno de los comentarios recurrentes sobre la más reciente producción literaria del P. Amatulli es que es muy dura. Por lo que sé, la actitud de nuestro autor entronca con una línea muy consistente en la tradición bíblica, que continúa a lo largo de la historia de la Iglesia. Está presente en la tradición profética (¿Quién no recuerda, a este propósito, el capítulo 34 del libro del profeta Ezequiel?), se desarrolla en los salmos, particularmente los de tipo penitencial, se halla presente en el Nuevo Testamento (es útil recordar, por ejemplo, las cartas a las siete comunidades cristianas de Asia menor que encontramos en los capítulos dos y tres del libro del Apocalipsis y algunas intervenciones de Jesús y san Pablo) y se prolonga en los escritos de los Padres, que lo han aplicado a la vida de la Iglesia.

Se trata de un género denominado admonición profética y lo encontramos, no sólo en la Biblia.  Lo utilizan san Agustín (véase, por ejemplo su Sermón sobre los pastores), san Máximo el Confesor, san Alberto Magno, san Buenaventura, por citar los más significativos. Lo hallamos en Dante (en el Canto 32 de su Purgatorio), Erasmo de Rotterdam (¿Cómo no recordar su célebre “Elogio de la locura”?), Santo Tomás Moro (ahí está a la mano su “Utopía”). Uno de los más representativos es, sin duda, Antonio Rosmini, con su polémico pero atinado “De las cinco llagas de la Iglesia. Tratado dedicado al clero”. Pues bien, el P. Amatulli aporta su palabra a esta venerable tradición de la Iglesia para seguir enriqueciéndola y contribuir a la reforma de la Iglesia. No aplica, por tanto, esa frase que dice: “Los trapos sucios se lavan en casa”.

 

Agenda

Presento aquí una lista no exhaustiva de los temas que presenta y las sugerencias que propone el P. Amatulli:

  • Diaconado permanente. Es uno de los temas más queridos por el P. Amatulli, que ve en los diáconos permanentes, por su equilibrio psicológico, su formación, su experiencia vital y su contacto más cercano con el pueblo de Dios, un elemento fundamental para la reestructuración pastoral que la Iglesia tanto necesita. Señala, al mismo tiempo, el invierno que vive en numerosas diócesis este ministerio tan necesario y pide que se promueva más ampliamente, señalando un oportuno perfil del diácono permanente.
  • La vida religiosa. Uno de los enigmas que más le intrigan desde hace tiempo es el papel de la vida religiosa, volcada en su compromiso con la justicia social y la problemática de los pobres, pero que olvida fácilmente los valores eminentemente espirituales y el anuncio explícito del Evangelio, optando generalmente por una presencia testimonial centrada en la promoción humana. Una cosa es cierta: muchas congregaciones religiosas parecen más partidos políticos, sindicatos o agrupaciones filantrópicas.
  • Evangelización. Es lo propio de la Iglesia. En este sentido, el P. Amatulli ha asimilado plenamente lo que escribió Pablo VI en su Evangelii Nuntiandi (1975): “Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa” (EN 14). En este tenor, el P. Amatulli señala que, como Iglesia, debemos dedicarnos a lo propio, que es la evangelización. Es lo que dice también el Santo Padre: “No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios” (EN 22).
  • Una nueva apologética y un sano ecumenismo. No son tareas excluyentes. Se trata de un doble esfuerzo para hacer posible la unidad entre los discípulos de Cristo: Unitatis redintegratio (restablecimiento de la unidad = Ecumenismo) y Unitatis praeservatio (preservación de la unidad = Apologética). Si el P. Amatulli promueve la Apologética no es por el afán de pelear, sino para fortalecer la fe de los católicos y detener la actual desbandada hacia otras propuestas religiosas.
  • Auténticos ciudadanos y hombres de fe. Es lo que se pretende formar, pues el drama de nuestro tiempo, como lo recordó en su momento Pablo VI, es el divorcio entre fe y vida.
  • El secreto paulino del éxito apostólico. “Lo que aprendiste de mí, confirmado por numerosos testigos, confíalo a hombres que merezcan confianza, capaces de instruir después a otros” (2Tim 2, 2). Es una prioridad: buscar colaboradores y formarlos integralmente, para hacer de ellos verdaderos agentes de pastoral. En este sentido conviene tener en cuenta la regla de oro del P. Amatulli: En lugar de trabajar por diez, pon diez a trabajar. Ministros laicos a tiempo completo. Sólidamente formados, metidos de lleno en la actividad evangelizadora, remunerados económicamente (Cfr. CIC 231 § 2 y 281 § 3) y protegidos con un marco jurídico específico.
  • Cuidado con las utopías fatuas. No a los estados alterados de conciencia en la actividad evangelizadora de la Iglesia ni a los coqueteos con las guerrillas.
  • Un trinomio imposible. Unir fama, dinero y salvación de las almas. Este es el sueño de Simón el Mago (Hch 8, 9-24), no el de los auténticos discípulos de Cristo.
  • Un trinomio necesario. Equilibrar el culto, la enseñanza y el pastoreo. En este aspecto, la postura del P. Amatulli se encuadra en la tradición joánica, para quien lo característico del pastoreo no es tanto el ejercicio de la autoridad o el poder que se ejerce sobre las ovejas, sino el conocimiento íntimo y profundo que se tiene de ellas. En efecto, el buen pastor conoce a cada una por su nombre y está dispuesto a dar la vida por ellas. Si una oveja se pierde, no escatima ningún esfuerzo para ir a buscarla.
  • Transparencia. No a la falta de transparencia en los asuntos eclesiales, particularmente en el aspecto económico.
  • Relaciones clero-laicado. Requieren un giro copernicano: El pastor al servicio de las ovejas, en un clima de respeto y corresponsabilidad, sin acaparamiento ni confusión de funciones, haciendo realidad la doctrina paulina del Cuerpo Místico de Cristo (1Cor 12, 4-31).
  • Análisis de la realidad eclesial. Hacer énfasis en lo propio: la dimensión espiritual, que permeará todas las áreas de la vida. Es necesario detectar las necesidades más apremiantes de nuestro pueblo para remediarlas.

 

Ressourcement y aggiornamento

Son los dos ejes de la propuesta teológico-pastoral del P. Amatulli. Se trata de un “retorno a las fuentes” (ressourcement) de nuestra fe, a la Sagrada Escritura, nuestra principal fuente de inspiración, y a la experiencia de las comunidades eclesiales de los primeros siglos del Cristianismo, cristalizada no sólo en los escritos de los Padres de la Iglesia, sino también en las instituciones a las que dieron origen, con una creatividad pastoral que tiene presente la fidelidad a Dios y su proyecto salvífico y la fidelidad al hombre concreto.

Al mismo tiempo se busca una “puesta al día” (aggiornamento) en las estructuras, prácticas y métodos de encuentro de la Iglesia con el hombre de hoy, con la finalidad de que Cristo sea comprendido por las nuevas generaciones, máxime ahora que vivimos este cambio de época que se ha dado en llamar postmodernidad y que el modelo eclesial predominante en el régimen de cristiandad ha manifestado grandemente su agotamiento.

Se trata, por tanto, de una asignatura pendiente, pues aún no hemos logrado que el pueblo católico entre en contacto con los bellísimos tesoros de nuestra Tradición bíblica y patrística para apropiárselas de forma tal que nutran, fortalezcan y orienten su vida de fe. En este contexto se inscribe la insistencia del P. Amatulli en señalar que la Palabra de Dios, contenida en la Biblia y en la Tradición, e interpretada auténticamente por el Magisterio de la Iglesia (DV 10), es para todos y debe estar al alcance de todos.

 

In mundo pressuram habetis,

sed confidite, ego vici mundum

Una lectura de este folleto no estaría completa sin la lectura del folleto precedente: “¡Alerta! La Iglesia se desmorona”. En efecto, este primer folleto es un análisis exhaustivo de la realidad eclesial y la presenta con toda su crudeza, no para desmoralizarnos. Es cierto, se presenta una Iglesia en franca bancarrota, pero no para sembrar desesperanza, sino para invitarnos a la reflexión y a la acción en un clima de corresponsabilidad.

Este nuevo folleto, con el sugestivo título “¡Ánimo! Yo estoy con ustedes” presenta la otra cara de la medalla y nos revela que Dios escribe derecho en renglones torcidos, por lo que, a pesar de un panorama tan desolador, la Iglesia sigue avanzando. De tantas experiencias fallidas quedan pepitas de oro, que nos hacen recordar que Dios nunca abandona a la Iglesia. El es el Emmanuel, el Dios que siempre está con nosotros (Is 7, 14; Mt 1, 21.23; 28, 20). Es, por tanto, una invitación a la esperanza. Escuchemos a través del P. Amatulli las palabras de Jesús:

 

“Les he dicho estas cosas para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).

 

Estimado lector: Espero que estas claves de lectura te ayuden a leer con mayor provecho este folleto. No olvides que nos interesa conocer tus comentarios y aportaciones.

 

Afectuosamente en Cristo,

 

P. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap

22 de julio de 2009, Memoria de santa María Magdalena.

 

Notas:

  • Ex abundantia cordis os loquitur = De la abundancia del corazón habla la boca (Lc 6, 45c).
  • Leitmotiv = asunto central, motivo recurrente. Es la idea central o que se repite insistentemente en una obra, en una conversación o en el transcurso de un hecho.
  • Historia magistra vitae = La historia es maestra de la vida (La frase es de Cicerón)
  • “Durus est hic sermo! Quis potest eum audire?” = “Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?”(Jn 6, 60)
  • Agenda = Cosas que se han de hacer.
  • Ressourcement y aggiornamento = “Volver a las fuentes” y “puesta al día”
  • In mundo pressuram habetis, sed confidite, ego vici mundum = En el mundo tendrán tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo (Jn 16, 33b).