Más allá de los sueños

Elementos escatológicos presentes en la película

“Más allá de los sueños”

 

Más allá de los sueños, película protagonizada por Robin Williams, es una película con una fuerte impronta judeocristiana por los elementos esenciales de la escatología intermedia y futura, que implica la inmortalidad del alma y la doctrina de la retribución, de una recompensa post-mortem.

La muerte es considerada, no como el final de la existencia humana, sino como una etapa que asegura la posibilidad de vivir en un estado de felicidad creativa en un cielo personal, aunque con posibilidad de interactuar con otros “huéspedes”, especialmente familiares y amigos, o una vida de malaventuranza, por lo general eterna, aunque con una remota, pero viable posibilidad de pasar a un estado paradisiaco.

El cielo está representado como una situación de plenitud de múltiples anhelos, por lo general insatisfechos durante la etapa terrenal. Al parecer persisten situaciones no resueltas, referentes a las siempre complejas relaciones personales. No se trata, por tanto, de algo dado, sino que depende de la propia sensibilidad y de los propios anhelos de plenitud de cada persona.

En este contexto, el infierno es representado con una acumulación sistemática de seres humanos, como si fueran vegetales o trabajados en serie, pero con un solitario mundo interior donde los otros no tienen cabida, especialmente en el mundo caótico construido por los suicidas, donde se rumia el propio dolor, mientras se regodea en el sufrimiento. En fin, para la mayoría de los habitantes de la “Galaxia Infierno”, se trata de un egoísmo definitivo, de una cerrazón insuperable, sin escapatoria posible.

La única mención sobre Dios que recuerdo se da en la pregunta del protagonista a Albert “¿Y dónde está Dios?”. Respuesta: “En algún lugar, gritando que nos ama y preguntándose por qué no lo escuchamos”. Así que, parece ser que está ausente la noción de la visión de Dios, la visio beatifica, elemento esencial de la fe cristiana, que hunde sus raíces en las Sagradas Escrituras.

Sin embargo, por lo menos en la experiencia del protagonista, el paso al estado futuro se logra sólo al aceptar la propia muerte. Mientras se logra esto, que llega a experimentarse como un sueño, se es un “alma en pena”, si es lícito el uso de la expresión. Claro que hay personas que ayudan en este proceso, en la película que nos ocupa se trata de amigos y/o familiares ya fallecidos.

Un elemento extraño a la impronta judeo-cristiana lo constituye la reencarnación, presentada no sólo como posible, sino como un hecho incontrastable. Claro que también aparece como algo ajeno a la tradición orientalista de donde procede. La reencarnación se presenta como fruto de una decisión personal y como una forma de colaborar para que sigan naciendo los seres humanos. Se presenta, pues, una visión muy occidentalizada de la reencarnación, muy al estilo de la New Age y sus precursores.

En efecto, se nos presenta como algo positivo, deseado, digno de ser tomado en cuenta y no como se presenta en el mundo oriental, donde el esfuerzo ascético de muchos reencarnacionistas va encaminado a escapar del incesante ciclo de reencarnaciones y no de la búsqueda de reencarnarse incesantemente en pos del crecimiento personal.

En el caso de los protagonistas de esta trágica historia, el deseo de reencarnarse implicaría que el paraíso no es tan pleno como podría pensarse, por lo que la reencarnación es algo deseable, para vivir y revivir las relaciones interpersonales, especialmente de pareja.

Otro dato importante: la noción resurrección está ausente en la película, que opta por la reencarnación, como posibilidad de hacer mejor las cosas. Falta igualmente la dimensión cristológica y eclesiológica de la vida futura.

En fin, se trata de un collage sumamente interesante, por el uso abundante de los efectos especiales y el manejo de situaciones humanas, que tiene el mérito de ayudarnos a replantearnos muchas preguntas sobre el contenido de nuestra fe y la mejor manera de comunicarlo en la predicación, en la evangelización y en la catequesis.

GHOST WHISPERER Almas perdidas

IDEAS ESCATOLÓGICAS

PRESENTES EN LA CULTURA POSMODERNA

 

LA SERIE DE TELEVISIÓN

 GHOST WHISPERER

 

Qué ocurre con nosotros después de la muerte es una pregunta planteada desde los orígenes de la humanidad. Tal vez nos la hemos planteado infinidad de veces y mil veces la hemos respondido, como lo prueban las múltiples visiones al respecto, presentes en las diversas culturas y religiones del mundo.

Algo salta a la vista. Una buena parte de la humanidad ha creído en la sobrevivencia del alma después de la muerte. El tema de las ánimas en pena es recurrente en el imaginario colectivo, narrado de mil formas y circunstancias, sea alrededor del fuego del hogar en las sociedades tradicionales, esencialmente agrícolas, sea en la literatura, sea en programas de radio como el popular “La mano peluda” y en los sitios y blogs presentes en la súper carretera de la información.

 

El cine no ha sido la excepción. Las ánimas en pena, que no pueden cruzar al otro lado, ha sido el tema de populares trabajos cinematográficos como Ghost, la sombra del amor, Sexto sentido, Casper y un sinfín de películas de los más diversos países y los más variados directores.

Ese es también el tema de una serie televisiva titulada Ghost Whisperer, que presenta a aquellos que ya han muerto pero que no pueden o no quieren pasar “al otro lado” pues tienen todavía asuntos pendientes que resolver. Melinda Gordon, la protagonista, tiene el don o la capacidad de poder ver el alma de los ya fallecidos, de hablar con ellos y ha asumido la difícil tarea de ayudarlos a entrar en contacto con sus seres queridos y hacer posible la resolución de los asuntos pendientes que le impiden al difunto cruzar al otro lado.

 

La trama es muy sencilla. Personas fallecidas hablan con Melinda Gordon y le dan a conocer la problemática a enfrentar. Melinda Gordon trata de ponerse en contacto con la persona que el ya fallecido le indica. Viene la incredulidad por parte del interpelado, que desaparece, no sin algunas dificultades, cuando Melinda Gordon transmite palabras, situaciones, acontecimientos sólo conocidos por los interesados. Se dicen frases que manifiestan sentimientos hasta que finalmente el difunto se despide, no sin antes acariciar al ser querido, que parece percibir el leve roce de una mano. El ya fallecido camina un poco, hasta que desaparece, lo cual indica que ya ha pasado al otro lado. El que todavía está vivo, queda gratamente reconfortado por la experiencia.

A veces la información es demasiado intensa y difusa como para comprenderla, esto provoca al escepticismo de los vivos y a la confusión de Melinda. Pero cuando es capaz de ayudar tanto a los vivos como a los muertos, Melinda recuerda que este talento sobrenatural es un regalo para la humanidad y que es su deber ayudar a todos los fallecidos a contactar con aquellos que les han sobrevivido.

 

El tema recurrente son las relaciones interpersonales, rotas o deterioradas por las más diversas circunstancias. La solución va encaminada a sanar esas relaciones, a veces con décadas de deterioro: malos entendidos, rupturas tormentosas, palabras que no se han dicho, crímenes no resueltos que involucran a los seres queridos. Hay quienes tratan de ayudar a sus seres queridos, revelándoles la existencia de algún testamento o de algo que les ayude a vivir decorosamente.

Una cosa es cierta: la serie televisiva nos dice más sobre esta vida que sobre la vida futura. Nos presenta que el alma sobrevive después de la muerte, de que los ya fallecidos llevan consigo todo el cúmulo de experiencias y recuerdos, de que es posible entrar en contacto con el alma de los difuntos (no hay sesiones de espiritismo ni nada parecido) a través de las personas que tienen el don o la sensibilidad para verlos.

 

Por otra parte, pareciera que las almas de los difuntos vagan por este mundo, hasta que resuelven los asuntos pendientes. Pueden ser años, meses o semanas. No parece haber un límite al respecto. Al parece esto depende de que el ya fallecido considere que ha llegado el momento de despedirse y marcharse. Nos revela, por tanto, que permanecen los sentimientos afectivos después de la muerte, la propia personalidad, la memoria e incluso la voluntad y el entendimiento.

Al parecer no se trata de personas que vuelven, sino de aquellos que no se han ido del todo, de aquellos que aún no cruzan al otro lado, que, por cierto, nunca se nos muestra. Sólo se supone que es un lugar agradable, porque no se nota que lo perciban como algo tenebroso, algo que les permitirá seguir cerca de sus seres queridos, aunque de manera diferente a esa etapa intermedia que abarca desde su muerte hasta su paso al otro lado que, como hemos dicho antes, puede ser a los pocos días o semanas o años después.

Lo que más nos revela la serie televisiva es lo relacionado a lo difícil que resultan las relaciones interpersonales en esta vida. Son tan complicadas que algunos desean retrasar su partida hacia el otro lado para resolver asuntos considerados importantes en la perspectiva de la muerte y al parecer descuidados debido al ajetreo propio de la vida cotidiana, que impide atender los asuntos verdaderamente importantes por la lucha constante por la supervivencia en las sociedades modernas. 

El título en español es significativo, pues lo han traducido como “Almas perdidas”. Si la has visto, ¿estarías dispuesto a compartirme tus impresiones? Así lo espero.