ENTREVISTA CON FRAY IGNACIO LARRAÑAGA

ENTREVISTA CON FRAY IGNACIO LARRAÑAGA

Fray GILBERTO HERNÁNDEZ GARCÍA, OFM *

Ignacio Larrañaga es un sacerdote franciscano capuchino, de origen español, que ha desarrollado una amplia labor animadora y evangelizadora durante más de 25 años en América Latina, Norteamérica y Europa, primordialmente a través de ese servicio eclesial conocido como Talleres de Oración y Vida, que datan de 1984, y que han beneficiado a cerca de diez millones de personas. El padre Larrañaga es autor de más de una docena de libros que han alcanzado numerosas ediciones y han sido traducidos a más de 10 idiomas.

– En su libro “Muéstranos tu Rostro”, usted coloca este epílogo de Karl Rahner: “El hombre del futuro será un místico que ha experimentado a Dios o no será nada” ¿Cómo percibe el fondo de esta sentencia hoy en día?

Yo pienso que en general vivimos hoy día una cultura, no digo atea, pero sí pagana, donde sólo interesa el bienestar, el dinero, la satisfacción, el hedonismo; pero esto no puede de ninguna manera ir por mucho tiempo, porque si no sobreviene el vacío existencial, y esto lleva, como quien dice al suicidio, porque, entonces, si nada tiene sentido ¿para qué vivir? Frente al futuro debe haber una especie de cambio en el modo de ser y de sentir del hombre en la sociedad futura. Lo que Ranher quiere decir es que en la Iglesia católica la religión es eminentemente doctrina, dogmas, teorias, teología, y si no es mística (la religión), trato personal con Dios, y si verdaderamente no hay experiencia de Dios, no habrá nada: la religión sería palabras vacías que no tienen sentido alguno. Entonces, o será experiencia personal de Dios o sencillamente esto no tiene razón de ser, son puras palabras que se andan de boca a boca.

– Parece que el mundo moderno es un supermercado de experiencias religiosas.

Hay una evidencia: hoy en día se experimenta un gran vacío de Dios y va suscitándose un hambre de Dios, un deseo de Dios pero confusa y oscuramente, sin saber exactamente qué es, entonces se está buscando algo que se asemeje a eso, de ahí vienen los movimientos como la New Age (Nueva Era), las religiones orientales y todas esas cosas que van viniendo como una especie de sustituto de este hambre de Dios que realmente la sociedad, sin darse cuanta, siente y piensa. No hay que especificar demasiado en la oferta musulmana o cristiana o budista, sino sencillamente “Dios”, vivo y verdadero, meta final y origen original de todo lo bueno y grande, Dios meta absoluta de todo, y esto es lo que ha olvidado esta cultura. La cultura moderna está sintiendo un gran vacío y no sabe de qué, pero en el fondo es de Dios mismo.

– Usted ha creado los Talleres de Oración y Vida. En este contexto del hambre de Dios que padece el hombre moderno, ¿cómo se inserta esta experiencia de los talleres? ¿Qué le ofrecen?

Este servicio eclesial, así llamado por la Santa Sede, llamado Talleres de Oración y Vida, ha llegado en estos 22 años a unos nueve o diez millones de personas que los han recibido y en general la impresión es que cambia la vida, y este cambio de vida significa que es una visión totalmente nueva, un modo de vivir el cristianismo, la vida, siguiendo las huellas de Cristo Jesús, pacientes como Jesús, bondadosos como Jesús.

– Concretamente ¿en qué consiste la experiencia de Talleres?

Es una propuesta global muy detallada. En primer lugar, se trata de que los asistentes aprendan a relacionarse con Dios de una manera variada, sistemática, metódica desde los primeros pasos hasta las alturas de la oración transformante u oración contemplativa. Otra finalidad es de qué manera evitar los traumas, las heridas de la vida, las angustias y tristezas, todo lo negativo del corazón, cómo eliminarlo y que todo esto no influya en el estado de ánimo de las persona. También pretenden la presentación estimulante, viva, vibrante, entusiasta de Jesucristo nuestro Señor como modelo de vida, con una pregunta que va en el fondo de todo: ¿Qué haría Jesús en mi lugar?; entonces proponemos un programa fascinante de ser humildes, pacientes, bondadosos, de sentir, de amar como Jesús lo hizo, modelo de vida en todo; es un programa de santificación cristificante. Finalmente, impulsamos a los participantes a comprometerse en una vida apostólica: amigos de Jesús, apóstoles de Jesús; esta es la finalidad que pretendemos con todo aquellos que vienen a los talleres: los devolvemos a la vida transformados en amigos del Señor, liberados de angustias y traumas, y verdaderamente hombres y mujeres de oración.

* Autor invitado – Franciscano mexicano – alvinxxi@yahoo.com.mx

LOS AÑOS PERDIDOS DE JESÚS

LOS AÑOS PERDIDOS DE JESÚS

 

Hay distintos autores que afirman que Jesús aprendió su doctrina y a realizar milagros en los más diversos lugares: Egipto, India, Nepal, el Tíbet, Cachemira, las Islas Británicas, con los esenios… Incluso hay quien afirma que estuvo con eventuales extraterrestres.

El origen de todas estas afirmaciones está en las especulaciones que se dan en torno a los llamados años ocultos de Jesús, que van desde los doce a los treinta años.

En efecto, hay un libro que afirma que Jesús no murió en la cruz y que después de recuperarse de la flagelación y la crucifixión se fue a vivir a Cachemira con María y Santo Tomás. Allá vivió, se casó, engendró varios hijos y, finalmente, murió allá y fue sepultado. Allá, dicen, está su tumba y viven hasta el día de hoy algunos descendientes suyos.

¿Qué decir al respecto?

 

1) Durante su vida oculta (12-30 años), Jesús no fue a Egipto, ni a la India, ni a las Islas Británicas.

Veamos el siguiente pasaje bíblico:

 

1 Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. 2 Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: “¿DE DÓNDE LE VIENE TODO ESTO? y ¿qué sabiduría es esta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? (Mc 6, 1-2).

 

Sus paisanos se sorprenden y se preguntan: “¿De dónde le viene todo esto?”. No dicen: “Seguramente lo aprendió en Egipto” o “Tal vez lo aprendió en la India”. No. Sus paisanos saben que él no ha viajado tan lejos, y que no ha tomado cursos especiales para hacer lo que hace. Saben que él es un artesano, el hijo de María y de José el carpintero:

 

55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María (…)? (Mt 13,55).

 

Es más, los habitantes de Jerusalén saben muy bien que Jesús no ha realizado estudios en el extranjero ni había ingresado en las escuelas rabínicas de Israel. Jesús no había hecho los estudios formales en el Beth a-Midrash, que hacían los fariseos y los miembros de otros grupos religiosos de su tiempo. Precisamente por eso se sorprenden de su sabiduría, sus conocimientos, sus acciones y su manera de enseñar:

 

14 Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. 15 Los judíos, asombrados, decían: “¿Cómo entiende de letras SIN HABER ESTUDIADO?” (Jn 7, 14-15).

 

Era pues algo conocido que Jesús no había asistido a las escuelas superiores, ni tenía doctorados. Es verdad que lo llamaban Rabbí (Maestro), pero este título no tenía entonces una significación netamente académica. De hecho, el que había hecho estudios superiores de teología recibía el título de escriba

 

2) Jesús vivió y creció en Nazaret.

Es algo que se deduce de una lectura atenta de la Sagrada Escritura, que nos informa que la Sagrada Familia fue a vivir en esta cuidad de Galilea después de la muerte de Herodes, hacia el año 4 d.C:

 

22 Al enterarse José de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y, avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea, 23 y FUE A VIVIR EN UNA CIUDAD LLAMADA NAZARET (Mt 2, 22-23).

 

Este aspecto es confirmado por san Lucas en su evangelio, quien dice específicamente que Nazaret es “su” ciudad:

 

39 Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, A SU CIUDAD DE NAZARET. 40 El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él (Lc 2, 39-40).

 

Palabras parecidas pone san Lucas después de narrar lo ocurrido cuando Jesús subió a Jerusalén a la edad de doce años:

 

51 Jesús bajó con ellos, vino a Nazaret y vivía sujetos a ellos (Lc 2, 51).

 

La Biblia señala que Nazaret es el lugar dónde Jesús vivió y creció, y que asistía con regularidad a la sinagoga de su ciudad:

 

16Vino a Nazaret, DONDE SE HABÍA CRIADO, entró, SEGÚN SU COSTUMBRE, en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura (Lc 4,16).

 

Conclusión

¿Qué hizo Jesús durante los años de su llamada vida oculta?

Siguiendo al Padre Ignacio Larrañaga en su libro “El Pobre de Nazaret”, podemos decir lo siguiente:

 

a) Trabajar con sus manos:

Jesús era carpintero; mejor aún, artesano. Un hombre que trabaja con sus manos en la madera, y probablemente también en el hierro y en la piedra. Dicen los historiadores que la mayoría de los carpinteros de Galilea, en aquellos tiempos, eran asalariados itinerantes, que no realizaban sus tareas mayormente en su propio taller, sino que deambulaban por los pueblos y sus alrededores, atendiendo a las necesidades de cada momento: arreglar una ventana, reforzar una puerta…

 

b) Convivir estrechamente con su pueblo:

En su trabajo itinerante Jesús convivió con tejedores, curtidores, herreros, alfareros, labradores, pescadores… Muchas de sus parábolas y de la manera de transmitir sus enseñanzas nos transmiten esta etapa de la vida de Jesús:

Durante su vida pública, para explicar el misterio del Reino de Dios, utilizará la sabiduría adquirida a través de la realidad cotidiana: siempre hay peligro de que una brizna de viruta se incruste en el ojo (Lc 6,41); antes de levantar una torre hay que calcular bien la hondura de los cimientos (Lc 14,28); cuando la cosecha supera todas las expectativas, hay que ver la manera de ampliar los graneros (Lc 12,18); sabe bien lo que sucede cuando se construye sobre arena (Lc 6,48).

Es decir, Jesús estuvo bien metido en la vida real de su pueblo, no en lejanas tierras: por eso entiende perfectamente de las faenas de la siembra (Lc 8,5); de la recolección de los frutos y de la vendimia (Mt 21,34); sabe de las redes barrederas, y que los peces gordos van al canasto y los chicos se devuelven al mar (Mt 13,47), y cómo y cuándo se paga a los jornaleros en la plaza al final del día (Mt 20,8).