“Hi nati sunt illic”

“Este ha nacido allí”, dice el salmista. Y habla de ti y de mí. La Iglesia es nuestra casa, nuestra patria más íntima, el lugar sagrado donde tú y yo hemos nacido.
¿Recuerdas la fecha de tu bautismo? ¿Sabías que puedes ganar indulgencia plenaria si renuevas los compromisos bautismales el día del aniversario de tu bautismo, lo mismo que si los renuevas en la Vigilia Pascual?
¡Qué bello es pertenecer a la Iglesia! ¡Qué grandeza recibimos en el Bautismo, que nos inserta a Cristo y a su Iglesia?
¿Te has fijado lo que dice el Salmo 136?
5 Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;
6 que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén

en la cumbre de mis alegrías.

La que pertenece al Señor

La que pertenece al Señor

Eso significa el término griego “Kiriaké”, del que se derivan las palabras “Church” en inglés, y “Kirche” en alemán. Este término expresa el significado más profundo y el origen de la Iglesia, aquello que la caracteriza. La Iglesia pertenece al Señor. El Altísimo en persona la ha fundado (cfr. Sal 86; Mt 16, 18).

En este contexto te invito a orar, rezando pausadamente, saboreando cada frase, el Salmo 86:

Ant. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

Salmo 86

Él la ha cimentado sobre el monte santo,
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.

¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
“Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí.”

Se dirá de Sión: “Uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado.”

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
“Éste ha nacido allí.”
Y cantarán mientras danzan:
“Todas mis fuentes están en ti.”

Ant. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!