¿Por qué el Vaticano se interesa de Astrobiología?

PONTIFICIA ACADEMIA CIENCIAS: SEMINARIO ASTROBIOLOGIA

 

CIUDAD DEL VATICANO, 10 NOV 2009 (VIS).-Esta mañana, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, se presentaron las conclusiones de “Astrobiology”, la Semana de Estudio organizada por la Pontificia Academia de las Ciencias y el Observatorio Astronómico Vaticano.

 

Intervinieron en el acto el padre José Funes, S.I., director de la Specola Vaticana (Observatorio astronómico), los profesores Jonathan Lunine, del Departamento de Física de la Universidad romana de Tor Vergata (Italia); Chris Impey, del Departamento de Astronomía y del Observatorio de Steward, de la Universidad de Tucson (Arizona, EE.UU.) y Athena Coustenis, del Observatorio de París-Meudon, LESIA/CNRS (Francia).

 

“¿Por qué el Vaticano se interesa de Astrobiología?”, se preguntó el Padre Funes en su intervención, y respondió que si bien esta ciencia  abarque “un ámbito nuevo y todavía en estudio, las cuestiones de los orígenes de la vida y de su existencia en otros lugares del universo son muy interesantes y merecen gran atención, además de presentar implicaciones filosóficas y teológicas”.

 

“La astrobiología es el estudio de las relaciones de la vida con el resto del cosmos: sus temas principales abarcan el origen de la vida, sus antecedentes, la evolución de la vida en la tierra, sus perspectivas futuras fuera y dentro de este planeta. (…) La Semana de Estudio brinda a los científicos de diferentes disciplinas básicas la oportunidad de comprender cómo el trabajo en sus especialidades particulares puede repercutir en otros ámbitos. Esto es evidente, más que en ningún otro sector, en el estudio de cómo se formó la vida en la Tierra y evolucionó con los diversos cambios de ambiente”, explicó el profesor Lunine.

 

El profesor Impey observó que “si la biología no es una exclusividad de la Tierra, o si la vida en otros lugares es distinta de la nuestra, o si incluso llegamos a entrar en contacto con especies inteligentes en la inmensidad del espacio, las implicaciones para la imagen que tenemos de nosotros mismos serán profundas. Es muy oportuno que la Pontificia Academia de las Ciencias dé cabida a un encuentro sobre este tema fronterizo. La metodología y los argumentos pueden diferir, pero la ciencia y la religión consideran la vida como un logro especial en un vasto y en su mayor parte inhóspito universo. Hay un terreno fértil para el diálogo entre los expertos de astrobiología y los que quieren entender el significado de nuestra existencia en un universo biológico”.

 

La conferencia sobre la Semana de Estudio (6-10 noviembre, Casina Pío IV, Vaticano), terminó con la intervención de Athena Coustenis, dedicada a la exploración de otros planetas y sus sistemas

VATICANO II: El fin de la Contrarreforma

VATICANO II: El fin de la Contrarreforma

 

La convocación de este magno acontecimiento eclesial tuvo distintas lecturas y reacciones. Lo favorecieron y anticiparon diversos movimientos de renovación y se opusieron a él los sectores más inmovilistas y conservadores del catolicismo. Lo que hay que subrayar es que marcó el fin de la Contrarreforma.

El contexto en que se convocó el Concilio fue muy particular, a diferencia de los otros veinte concilios ecuménicos: la Iglesia estaba en paz, no había herejías en su interior y había algunos movimientos de renovación. No obstante, existían tensiones entre conservadores y progresistas.

El mundo estaba en una época de cambio muy vertiginosa, propio de la posguerra y del fin del colonialismo y de una urbanización creciente en el Norte Occidental.

En este contexto, el Concilio se planteó algunos objetivos, no para rechazar o condenar herejías. Su objetivo era el aggiornamento de la Iglesia, es decir, renovación y adaptación. Con G. Gutiérrez, podemos distinguir tres grandes objetivos del Concilio: a) apertura de la Iglesia al mundo moderno; b) la unidad de los cristianos (ecumenismo) y c) Ser la Iglesia de los pobres.

Pablo VI definió así los objetivos del Concilio: profundización de la naturaleza de la Iglesia, renovación interna de la Iglesia, reunión de los cristianos separados y diálogo de la Iglesia con el mundo.

En este magno evento, convocado “por una repentina inspiración de Dios”, estuvieron presentes unos 2500 obispos y teólogos de capital importancia: Congar, Chenu, De Lubac, Daniélou, Ranher, Schillebeeckx, Philips, entre muchos otros, cuyo influjo fue decisivo para la orientación del Concilio.

Las tendencias presentes en el Concilio fueron muy claras. Desde el principio estuvo la idea de que la Curia Romana no impusiera la línea a seguir. También desde el principio se evidenciaron dos grupos: la mayoría (progresistas) y la minoría (tradicionalistas). La mayoría era sensible a las realidades del mundo y a las necesidades de adaptación y estaba abierta al diálogo ecuménico, era partidaria de una teología pastoral basada en la Escritura y no tenían mucho interés en formulaciones exactas de doctrina y desconfiaban de la excesiva centralización de la Iglesia.

Hubo 4 sesiones conciliares que concluyeron con la promulgación de 16 documentos: 4 constituciones, 9 decretos y 3 declaraciones. Un hecho relevante fue el levantamiento de la excomunión mutua entre Roma y Constantinopla (6 de diciembre de 1965).